24 tomando á estos, santifícate con ellos, y gasta con ellos para que raigan

sus cabezas: y que todos entiendan que no hay nada de lo que de tí han oido

por fama; mas que tú tambien andas, guardando la ley:

25 empero cuanto á los que de los Gentiles han creido, nosotros hemos

escrito: y determinamos, que no guarden nada de esto: solamente que se

abstengan de lo que fuere sacrificado á los ídolos, y de sangre, y de

ahogado, y de fornicacion.

26 Entonces Pablo, tomando á aquellos varones, santificado el dia siguiente,

entró en el templo, denunciando ser cumplidos los dias de la santificacion,

hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos.

27 Y como se acaban los siete dias, unos Judíos de Asia, como le vieron en

el templo, alborotaron todo el pueblo, y le echaron mano,

28 dando voces: Varones Israelitas ayudad: este es el hombre que por todas

partes enseña á todos contra el pueblo, y la ley, y este lugar; y aun ademas

de esto ha metido los Gentiles en el templo, y ha contaminado este santo

lugar.

29 (Porque antes habian visto Trófimo Efesio en la ciudad con él, el cual

pensaban que Pablo habia metido en el templo.)

30 Así que toda la ciudad se alborotó, y se hizo un concurso de pueblo: y

tomando á Pablo le traian [arrastrando] fuera del templo, y luego las puertas

fueron cerradas.

31 Y procurando ellos de matarle, fué dado aviso al tribuno de la compañía,

que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada.

32 El cual luego tomando soldados y centuriones, corrió á ellos. Y ellos

como vieron al tribuno y á los soldados, cesaron de herir á Pablo.

33 Entonces llegando el tribuno, le prendió, y le mandó atar con dos

cadenas; y le preguntó quién era, y qué habia hecho.

34 Y otros daban voces de otra manera en la compañía: y como no podia

entender nada de cierto á causa del alboroto, le mandó llevar al real.

35 Y como llegó á las gradas, aconteció que fué llevado á cuestas de los

soldados á causa de la violencia del pueblo.

36 Porque multitud de pueblo venia detrás dando voces: Mátale.

37 Y como comenzaron á meter á Pablo en el real, dice al tribuno: ¿Me sera

lícito hablarte algo? Y él dijo: ¿Griego sabes?

38 ¿no eres tú aquel Egipcio que levantaste una sedicion antes de estos

dias, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?

39 Entonces Pablo le dijo: Yo de cierto soy hombre Judío, vecino de Tarso,

ciudad no oscura de Cilicia: empero ruégote que me permitas que hable al

pueblo.

40 Y como él se lo permitió, Pablo estando en pié en las gradas, hizo señal

con la mano al pueblo: y hecho grande silencio, habló en lengua Hebréa,

diciendo:

CAPITULO 22

1 VARONES hermanos, y padres, oíd la razon que ahora os doy.

2 (Y como oyeron que les hablaba en lengua Hebréa, le dieron mas silencio:)

y dijo:

3 Yo de cierto soy Judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta

ciudad á los piés de Gamaliél, enseñado conforme á la verdad de la ley de la

patria, zeloso de la ley, como todos vosotros sois hoy.

4 Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en

cárceles varones y mujeres,

5 como tambien el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los

ancianos: de los cuales aun tomando cartas á los hermanos, iba á Damasco,

para traer tambien presos á Jerusalem á los que estuviesen allí, para que

fuesen punidos.

6 Mas aconteció, que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como á mediodía,

de repente me rodeó mucha luz del cielo;

7 y caí en el suelo, y oí una voz que me decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me

persigues?

8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesus el

Nazareno, á quien tú persigues.

9 Y los que estaban conmigo, vieron á la verdad la luz, y se espantaron: mas

no oyeron la voz del que hablaba conmigo.

10 Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé á Damasco,

y allí te será dicho todo lo que te conviene hacer.

11 Y como yo no veia por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano

por los que estaban conmigo, vine á Damasco.

12 Entonces un Ananías, varon pio conforme á la ley, que tenia [tal]

testimonio de todos los Judíos que allí moraban,

13 viniendo á mí, y presentándose, me dijo: Saulo hermano, recibe la vista.

Y yo en aquella hora le miré.

14 Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado, para que

conocieses su voluntad, y vieses á aquel Justo, y oyeses la voz de su boca:

15 porque has de ser testigo suyo á todos los hombres de lo que has visto y

oido:

16 ahora pues, ¿por qué te detienes? levántate, y bautízate, y lava tus

pecados, invocando su nombre.

17 Y me aconteció, vuelto á Jerusalem, que orando en el templo, fuí

arrebatado fuera de mí,

18 y le ví que me decia: Dáte priesa, y sal prestamente fuera de Jerusalem:

porque no recibirán tu testimonio de mí.

19 Y yo dije: Señor, ellos saben que yo encerraba en cárcel, y heria por las

sinagogas á los que creian en tí:

20 y cuando se derramaba la sangre de Estévan tu testigo, yo tambien estaba

presente, y consentia á su muerte, y guardaba las ropas de los que le

mataban.

21 Y me dijo: Vé, porque yo te tengo que enviar lejos á los Gentiles.

22 Y le oyeron hasta esta palabra: entonces alzaron la voz, diciendo: Quita

de la tierra á un tal hombre: porque no conviene que viva.

23 Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas, y echando polvo al aire,

24 mandó el tribuno que le llevasen al real: y mandó que fuese examinado con

azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.

25 Y como le ataron con correas, Pablo dijo al centurion que estaba

presente: ¿Os es lícito azotar á un hombre Romano, sin ser condenado?

26 Y como el centurion oyó [esto,] fué al tribuno, y le dió aviso, diciendo:

¿Qué has de hacer? porque este hombre es Romano.

27 Y viniendo el tribuno le dijo: Dime, ¿eres tú Romano? Y él dijo: Sí.

28 Y respondió el tribuno: Yo con mucha suma alcancé esta ciudad. Entonces

Pablo dijo: Y yo aun soy nacido.

29 Así que, luego se apartaron de él los que le habian de atormentar: y aun

el tribuno tambien tuvo temor, entendido que era Romano, por haberle atado.

30 Y el dia siguiente queriendo saber de cierto la causa por qué era acusado

de los Judíos, le soltó de las prisiones, y mandó venir á los príncipes de

los sacerdotes, y á todo su concilio: y sacando á Pablo, le presentó delante

de ellos.

CAPITULO 23

1 ENTONCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos,

yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el dia de

hoy.

2 El príncipe de los sacerdotes, Ananías, entonces mandó á los que estaban

delante de él que le hiriesen en la boca.

3 Entonces Pablo le dijo: Te herirá Dios, pared blanqueada; ¿y tú estás

sentado juzgándome conforme á la ley, y contra la ley me mandas herir?

4 Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?

5 Y Pablo dijo: No sabia, hermanos, que era él príncipe de los sacerdotes:

que escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.

6 Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saducéos, y la otra de

Fariséos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo Fariséo soy, hijo de

Fariséo: de la esperanza y de la resurreccion de los muertos soy yo juzgado.

7 Y como hubo dicho esto, fué hecha disension entre los Fariséos y los

Saducéos: y la multitud fué dividida.

8 (Porque los Saducéos dicen que no hay resurreccion, ni ángel, ni espíritu:

mas los Fariséos confiesan ambas cosas.)

9 Y se levantó un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de

los Fariséos, contendian, diciendo: Ningun mal hallamos en este hombre: que

si espíritu le ha hablado, ó ángel, no repugnemos á Dios.

10 Y habiendo grande disension, el tribuno teniendo temor que Pablo no fuese

despedazado de ellos, mandó venir una compañía de soldados y arrebatarle de

en medio de ellos, y llevarle al real.

11 Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confia, Pablo:

que como has testificado de mí en Jerusalem, así te conviene testificar

tambien en Roma.

12 Y venido el dia, algunos de los Judíos se juntaron, y prometieron debajo

de maldicion, diciendo, que ni comerian ni beberian hasta que hubiesen muerto

á Pablo.

13 Y eran mas de cuarenta los que habian hecho esta conjuracion:

14 los cuales se fueron á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos,

y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldicion, que no hemos de

gustar nada hasta que hayamos muerto á Pablo:

15 ahora pues vosotros con el concilio haced saber al tribuno, que le saque

mañana á vosotros, como que quereis entender de él alguna cosa mas cierta; y

nosotros, antes que él llegue, estamos aparejados para matarle.

16 Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, vino, y

entró en el real, y dió aviso á Pablo.

17 Y Pablo llamando á uno de los centuriones, dice: Lleva á este mancebo al

tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.

18 El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo

llamándome, me rogó que trajese á tí este mancebo, que tiene algo que

hablarte.

19 Y el tribuno tomándole de la mano, y apartándose aparte con él, le

preguntó: ¿Qué es lo que tienes de que darme aviso?

20 Y él dijo: los Judíos han concertado rogarte que mañana saques á Pablo al

concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa mas cierta:

21 mas tú no los creas: porque mas de cuarenta varones de ellos le asechan,

los cuales han hecho voto, debajo de maldicion, de no comer ni beber hasta

que le hayan muerto: y ahora están apercibidos esperando tu promesa.

22 Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que á nadie dijese

que le habia dado aviso de esto.

23 Y llamados dos centuriones, les mandó que apercibiesen doscientos

soldados, que fuesen hasta Cesaréa, y setenta de á caballo con doscientos

lanceros, que le acompañasen desde las tres horas de la noche;

24 y que aparejasen cabalgaduras para en que poniendo á Pablo, le llevasen

en salvo á Felix el presidente:

25 escribiendo una carta que en suma contenia esto:

26 Claudio Lisias á Felix gobernador excelente, salud.

27 A este varon, tomado de los Judíos, y que le comenzaban á matar, libré

yo, sobreviniendo con una compañía de soldados, entendiendo que era Romano:

28 y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de

ellos:

29 y hallé que le acusaban de [algunas] cuestiones de la ley de ellos, y que

ningun crímen tenia digno de muerte, ó de prision:

30 mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habian aparejado los Judíos,

en la misma hora le envié á tí: y he denunciado tambien á los acusadores que

traten delante de tí lo que tienen contra él. Bien tengas.

31 Y los soldados tomando á Pablo, como les era mandado, le trajeron de

noche á Antipatria.

32 Y el dia siguiente, dejando á los de á caballo que fuesen con él, se

volvieron al real.

33 Y como llegaron á Cesaréa, y dieron la carta al presidente, presentaron

tambien á Pablo delante de él.

34 Y el presidente, leida la carta, preguntó de qué provincia era: y

entendiendo que de Cilicia:

35 Te oiré, dice, cuando vinieren tambien tus acusadores. Y mandó que le

encarcelasen en la audiencia de Herodes.

CAPITULO 24

1 Y CINCO dias despues descendió el príncipe de los sacerdotes Ananías, con

los ancianos, y Tértulo un orador: y comparecieron delante del presidente

contra Pablo.

2 Y citándole, Tértulo comenzó de acusar, diciendo:

3 Como [sea así que] por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas

sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, siempre y en todo lugar

lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelente Felix.

4 Empero por no impedirte mas largamente, ruégote que nos oigas brevemente

conforme á tu equidad.

5 Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de

sediciones á todos los Judíos por todo el mundo: y príncipe de la sediciosa

secta de los Nazarenos.

6 El cual tambien tentó á violar al templo: y prendiéndole le quisimos

juzgar conforme á nuestra ley.

7 Mas entreviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia le quitó de

nuestras manos;

8 mandando á sus acusadores que viniesen á tí: del cual tú mismo juzgando,

podrás entender todas estas cosas de que le acusamos.

9 Y añadieron los Judíos, diciendo estas cosas ser así.

10 Entonces Pablo, haciéndole señal el presidente que hablase, respondió:

Porque sé que muchos años ha que eres gobernador de esta nacion, con buen

ánimo satisfaré por mí:

11 que tú puedes entender que no ha mas de doce dias que subí á adorar á

Jerusalem:

12 y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo

concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad:

13 ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan:

14 esto empero te confieso, que conforme á aquel camino que llaman secta,

así sirvo al Dios de mi patria, creyendo todas las cosas que en la ley, y en

los profetas están escritas:

15 teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurreccion de los muertos,

así de justos é injustos, que ellos esperan:

16 y por esto yo procuro tener conciencia sin escrúpulo siempre acerca de

Dios, y acerca de los hombres:

17 mas pasados muchos años, vine á hacer limosnas y ofrendas á mi nacion,

18 cuando me hallaron santificado en el templo, (no con multitud, ni con

alboroto,) unos Judíos de Asia:

19 los cuales convenia que fueran presentes delante de tí, y acusar, si

contra mí tenian algo:

20 ó estos mismos digan, si hallaron en mí alguna cosa mal hecha cuando yo

estuve en el concilio;

21 sino de esta sola voz que clamé estando entre ellos: Que de la

resurreccion de los muertos soy hoy juzgado de vosotros.

22 Entonces oidas estas cosas, Felix les paso dilacion, diciendo: Despues

que sea mas informado de esta secta, cuando descendiere el tribuno Lisias,

acabaré de conocer de vuestro negocio.

23 Y mandó al centurion, que Pablo fuese guardado suelto [de las prisiones,]

y que no defendiese á ninguno de sus familiares de servirle, ó venir á él.

24 Y algunos dias despues, viniendo Felix con Drusilla su mujer, la cual era

Judía, llamó á Pablo, y oyó de él la fé que es en Cristo.

25 Y disputando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio

venidero, espantado Felix, respondió: Ahora véte: mas en teniendo oportunidad

te llamaré:

26 esperando tambien con esto, que de parte de Pablo le serian dados

dineros, porque le soltase: por lo cual haciéndole venir muchas veces,

hablaba con él.

27 Mas cumplidos los dos años, Felix recibió por sucesor á Porcio Festo; y

queriendo Felix ganar la gracia de los Judíos, dejó preso á Pablo.

CAPITULO 25

1 FESTO pues, entrado en la provincia, tres dias despues subió de Cesaréa á

Jerusalem.

2 Y vinieron á él el príncipe de los sacerdotes, y los principales de los

Judíos contra Pablo, y le rogaron,

3 pidiendo gracia contra él, que le hiciese traer á Jerusalem, poniéndole

asechanzas para matarle en el camino.

4 Mas Festo respondió que Pablo era guardado en Cesaréa, y que él se

partiria presto.

5 los que de vosotros pueden, dice, desciendan juntamente, y si hay algun

crímen en este varon, acúsenle.

6 Y deteniéndose entre ellos no mas de diez dias, venido á Cesaréa, el

siguiente dia se asentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traido.

7 El cual venido, le rodearon los Judíos que habian venido de Jerusalem,

poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podian

probar,

8 dando Pablo razon: Que ni contra la ley de los Judíos, ni contra el

templo, ni contra César he pecado en algo.

9 Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo á Pablo,

dijo: ¿Quieres subir á Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas delante

de mí?

10 Y Pablo dijo: Al tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado:

á los Judíos no he hecho injuria ninguna, como tú sabes muy bien:

11 porque si alguna injuria, ó cosa alguna digna de muerte he hecho, no

rehuso de morir: mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie

puede darme á ellos: á César apelo.

12 Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has

apelado? á César irás.

13 Y PASADOS algunos dias, el rey Agripa y Bernice vinieron á Cesaréa á

saludar á Festo.

14 Y como estuvieron allí muchos dias, Festo declaró al rey de Pablo,

diciendo: Un varon ha sido dejado preso por Felix,

15 por el cual, como vine á Jerusalem, vinieron á mí los príncipes de los

sacerdotes y los ancianos de los Judíos pidiendo condenacion contra él.

16 A los cuales respondí, no ser costumbre de los Romanos dar alguno á

condenacion, antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y

haya lugar de defenderse de la acusacion.

17 Así que habiendo venido juntos aca, sin ninguna dilacion el dia siguiente

sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.

18 Y estando presentes sus acusadores, ningun crímen le opusieron de los que

yo sospechaba.

19 Solamente tenian ciertas cuestiones acerca de su supersticion contra él,

y de un cierto Jesus difunto, el cual Pablo afirmaba vivir.

20 Y yo dudando en cuestion semejante, dije, si queria ir á Jerusalem, y

allá ser juzgado de estas cosas.

21 Mas apelando Pablo á ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que

le guardasen, hasta que le envie á César.

22 Entonces Agripa dijo á Festo: Yo tambien querria oir á [ese] hombre. Y él

dice: Mañana le oirás.

23 Y otro dia viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrado en el

auditorio con los tribunos, y los varones mas principales de la ciudad,

mandándolo Festo, fué traido Pablo.

24 Entonces Festo dice: Rey Agripa, y todos los varones que estais aquí

juntos con nosotros, veis á este, por el cual toda la multitud de los Judíos

me ha demandado en Jerusalem y aquí, dando voces que no conviene que viva

mas.

25 Mas yo hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo

apelando á Augusto, he determinado de enviarle.

26 Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor, por lo cual le he

sacado á vosotros, y mayormente á tí, oh rey Agripa, para que hecha

informacion, tenga que escribir.

27 Porque fuera de razon me parece enviar un preso, y no informar de las

causas.

CAPITULO 26

1 ENTONCES Agripa dijo á Pablo: Se te permite hablar por tí. Pablo entonces

extendiendo la mano, comenzó á dar razon de sí, [diciendo:]

2 Acerca de todas las cosas de que soy acusado de los Judíos, oh rey Agripa,

me tengo por dichoso, de que delante de tí me haya hoy de defender.

3 Mayormente sabiendo tú todas las costumbres y cuestiones que hay entre los

Judíos: por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

4 Mi vida pues, desde la mocedad, la cual desde el principio fué en mi

nacion en Jerusalem, todos los Judíos la saben:

5 los cuales tienen ya conocido, que yo desde el principio, si quieren

testificarlo, conforme á la mas perfecta secta de nuestra religion he vivido

Fariséo.

6 Y ahora por la esperanza de la promesa que hizo Dios á nuestros padres soy

llamado en juicio.

7 A la cual nuestras doce tribus, sirviendo perpétuamente de dia y de noche,

esperan que han de venir: de la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado

por los Judíos.

8 ¿Cómo se juzga cosa increible entre vosotros que Dios resucite los

muertos?

9 Yo ciertamente habia pensado de hacer contra el nombre de Jesus el

Nazareno muchas cosas contrarias.

10 Lo cual tambien hice en Jerusalem, y yo encerré en cárceles á muchos de

los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes; y cuando

eran matados, yo dí mi voto.

11 Y muchas veces por las sinagogas castigándolos, les forcé á blasfemar: y

enfurecido sobre manera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades

extrañas.

12 Donde aun yendo á Damasco con potestad y comision de los príncipes de los

sacerdotes,

13 en mitad del dia, oh rey, vi en el camino una luz que sobrepujaba el

resplandor del sol, la cual me rodeó, y á los que iban conmigo.

14 Y habiendo caido todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y

decia en lengua Hebráica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? dura cosa te

es dar coces contra los aguijones.

15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesus, á quien té

persigues:

16 mas levántate, y pónte sobre tus piés: porque por eso te he aparecido,

para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de las que

te mostraré;

17 librándote de este pueblo, y de los Gentiles, á los cuales ahora te

envio,

18 para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas á la

luz, y de la potestad de Satanás á Dios, para que reciban por la fe que es en

mí, remision de pecados, y suerte entre los santificados.

19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fuí rebelde á la vision celestial:

20 antes, primeramente á los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda

la tierra de Judéa, y á los Gentiles, anunciaba que se enmendasen y se

convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de conversion.

21 Por causa de esto los Judíos tomándome en el templo, tentaron de matarme.

22 Mas ayudado de la ayuda de Dios persevero hasta el dia de hoy, dando

testimonio á chicos y á grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los

profetas y Moisés dijeron que habian de venir:

23 que el Cristo habia de padecer, que [habia de ser] el primero de la

resurreccion de los muertos, que habia de anunciar luz á este pueblo, y á los

Gentiles.

24 Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo á gran voz dijo: Estás

loco, Pablo: las muchas letras te tornan loco.

25 Y Pablo: No estoy loco, (dice,) excelente Festo, sino que hablo palabra

de verdad, y de templanza:

26 porque el rey sabe estas cosas, delante del cual tambien hablo

constantemente: porque no pienso que ignora nada de esto, que esto no ha sido

hecho por rincones:

27 ¿crees, rey Agripa, á los profetas? yo sé que crees.

28 Entonces Agripa dijo á Pablo: Por poco me persuadirás que me haga

Cristiano.

29 Y Pablo dijo: Deseo delante de Dios, que por poco y por mucho, no

solamente tú, mas tambien todos los que hay me oyen, fuéseis hechos tales

cual yo soy, excepto estas prisiones.

30 Y como hubo dicho estas cosas se levantó el rey, y el presidente, y

Bernice, y los que se habian asentado con ellos.

31 Y como se apartaron aparte, hablaban los unos á los otros, diciendo: Que

ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prision, hace este hombre.

32 Y Agripa dijo á Festo: Podia este hombre ser suelto, si no hubiera

apelado á César.

CAPITULO 27

1 MAS como fué determinado que habiamos de navegar para Italia, entregaron á

Pablo, y á algunos otros presos á un centurion llamado Julio, de la compañía

Augusta.

2 Así que embarcándonos en un navío Adrumetino, nos partimos, estando con

nosotros Aristarco Macedonio de Tesalónica, para navegar junto á los lugares

de Apia.

3 Y otro dia llegamos á Sidón, y Julio tratando á Pablo humanamente, le

permitió, que fuese á los amigos para ser de ellos bien tratado.

4 Y alzando [velas] de allí, navegamos bajo de Cipro: porque los vientos

eran contrarios.

5 Y habiendo pasado la mar que está junto á Cilicia y Panfilia, venimos á

Mira, que es [ciudad] de Licia.

6 Y hallando allí el centurion un navío Alejandrino, que navegaba á Italia,

nos puso en él.

7 Y navegando muchos dias despacio, y habiendo apenas llegado delante de

Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto á Salmón.

8 Y costeándola apenas, venimos á un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca

del cual estaba la ciudad de Laséa.

9 Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegacion, porque ya era

pasado el ayuno, Pablo amonestaba,

10 diciendo: Varones, [yo] veo que con incomodidad y mucho daño, no solo de

la cargazon y del navío, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la

navegacion.

11 Mas el centurion creia mas al maestro y al piloto, que á lo que Pablo

decia.

12 Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron de pasar aun

de allí, [por ver] si pudiesen tomar á Phenice, é invernar allí, que es un

puerto de Creta al ábrego y al poniente.

13 Y ventando el austro, pareciéndoles que ya tenian lo que deseaban,

alzando [velas] tenian de cerca la costa de Creta.

14 Mas no mucho despues dió en ella un viento repentino que se llama

Euroaquilo.

15 Y siendo arrebatado de él el navío, que no podia resistir contra el

viento, dejado [el navío á los vientos] eramos llevados.

16 Y llevados de la corriente hácia una pequeña isla que se llama Clauda,

apenas pudimos ganar el esquife,

17 el cual tomado, usaban de remedios ciñiendo el navío: y teniendo temor

que no diesen en la sirte, bajadas las velas, eran así llevados.

18 Y habiendo sido atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente dia

echaron á la mar.

19 Y al tercer dia nosotros con nuestras manos echamos las obras muertas del

navío.

20 Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos dias, y viniendo una

tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud.

Reina Valera New Testament of the Bible 1858 · 第 21 / 38 段