llevó mucho pueblo tras sí: pereció tambien aquel, y todos los que
consintieron con él, fueron derramados.
38 Y ahora os digo, dejáos de estos hombres, y dejádlos: porque si este
consejo, ó esta obra, es de los hombres, se desvanecerá.
39 Mas si es de Dios, no la podreis deshacer: porque no parezca que quereis
repugnar á Dios.
40 Y consintieron con él: y llamando á los apóstoles, habiendolos azotado,
les denunciaron que no hablasen en el nombre de Jesus, y los soltaron.
41 Mas ellos iban gozosos de delante del concilio, de que fuesen tenidos por
dignos de padecer afrenta por el nombre de Jesus.
42 Y todos los dias no cesaban en el templo, y por las casas, enseñando, y
predicando el evangelio de Jesu Cristo.
CAPITULO 6
1 EN aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuracion
de los Griegos contra los Hebréos, de que sus viudas eran menospreciadas en
el ministerio cuotidiano.
2 Así que los doce, convocada la multitud de los discípulos, dijeron: No es
justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas:
3 considerad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio,
llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra:
4 y nosotros instaremos en la oracion, y en el ministerio de la palabra.
5 Y plugo este parecer á toda la multitud; y eligieron á Estévan, varon
lleno de fé y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Procoro, y á Nicanor, y á
Timon, y á Parmenas, y á Nicolás extranjero de Antioquía.
6 A estos presentaron en presencia de los apóstoles: los cuales orando les
pusieron las manos encima.
7 De manera que la palabra del Señor crecia; y el número de los discípulos
se multiplicaba mucho en Jerusalem: mucha compañía de los sacerdotes tambien
obedecia á la fé.
8 EMPERO Estévan, lleno de fé y de potencia, hacia prodigios y milagros
grandes en el pueblo.
9 Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos,
y Cirenéos, y Alejandrinos, y de los que eran de Cilicia, y de Asia,
disputando con Estévan.
10 Mas no podian resistir á la sabiduría, y al Espíritu con que hablaba.
11 Entonces sobornaron á unos que dijesen que le habian oido hablar palabras
blasfemas contra Moisés y Dios.
12 Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos, y á los escribas; y
arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio.
13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar
palabras blasfemas contra el lugar santo y la ley:
14 porque le hemos oido decir: Que este Jesus Nazareno destruirá este lugar,
y mudará las tradiciones que nos dió Moisés.
15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos
en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
CAPITULO 7
1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así?
2 Y él dijo: Varones, hermanos, y padres, oíd. El Dios de gloria apareció á
nuestro padre Abraham estando en Mesopotamia, antes que morase en Charan,
3 y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven á la tierra que te
mostraré.
4 Entonces salió de la tierra de los Chaldéos, y habitó en Charan: y de
allí, muerto su padre, le traspasó á esta tierra, en la cual vosotros
habitais ahora.
5 Y no le dió posesion en ella, ni aun una pisada de un pié: mas le prometió
que se la daria en posesion, y á su simiente despues de él, no teniendo [aun]
hijo.
6 Y le habló Dios así: Que su simiente seria extranjera en tierra ajena, y
que los sujetarian en servidumbre, y que los maltratarian, por cuatrocientos
años:
7 mas á la nacion á quien serán siervos, yo [la] juzgaré, dijo Dios: y
despues de esto saldrán, y me servirán en este lugar.
8 Y le dió el concierto de la circuncision: y así engendró á Isaac, y le
circuncidó al octavo dia: é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas.
9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á Joseph para Egipto: mas
Dios era con él;
10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la
presencia de Pharaón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre
Egipto, y sobre toda su casa.
11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Chanaán, y grande
tribulacion: y nuestros padres no hallaban alimentos.
12 Y como oyese Jacob que habia trigo en Egipto, envió á nuestros padres la
primera vez.
13 Y en la segunda, Joseph fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de
Pharaón el linaje de Joseph.
14 Y enviando Joseph, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en
setenta y cinco personas.
15 Así descendió Jacob en Egipto, donde murió él, y nuestros padres,
16 los cuales fueron traspasados á Sichém, y fueron puestos en el sepulcro
que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemór, [hijo] de
Sichém.
17 Mas como se acercó el tiempo de la promesa la cual Dios habia jurado á
Abraham, creció el pueblo, y se multiplicó en Egipto,
18 hasta que se levantó otro rey, que no conocia á Joseph.
19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres,
que pusiesen á peligro [de muerte] sus niños, para que cesase la generacion.
20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado
tres meses en casa de su padre.
21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Pharaón le tomó, y le crió por
su hijo.
22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los Egipcios: y era
poderoso en sus dichos y hechos.
23 Y como se le cumplió el tiempo de cuarenta años, le vino en voluntad de
visitar á sus hermanos los hijos de Israél.
24 Y como vió á uno que era injuriado, le defendió, é hiriendo al Egipcio,
vengó al injuriado.
25 Pero él pensaba que sus hermanos entendian, que Dios les habia de dar
salud por su mano: mas ellos no lo hablan entendido.
26 Y el dia siguiente riñiendo ellos, se les mostró, y los metia en paz,
diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriais los unos á los otros?
27 Entonces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te
ha puesto [á tí] por príncipe y juez sobre nosotros?
28 ¿quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio?
29 A esta palabra Moisés huyó: y se hizo extranjero en tierra de Madián,
donde engendró dos hijos.
30 Y cumplidos cuarenta años, el ángel del Señor le apareció en el desierto
del monte de Sinaí, en fuego de llama de un zarzal.
31 Entonces Moisés mirando, fué maravillado de la vision: y llegándose para
considerar, fué hecha á él voz del Señor:
32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios
de Jacob: mas Moisés temeroso no osaba mirar.
33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus piés, porque el lugar en que
estás tierra santa es:
34 he visto, he visto la afliccion de mi pueblo que está en Egipto, y el
gemido de ellos he oido, y he descendido para librarlos: ahora pues ven, te
enviaré á Egipto.
35 A este Moisés, al cual habian rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por
príncipe y juez? á este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del
ángel que le apareció en el zarzal.
36 Este los saco, haciendo prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en
el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años.
37 Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israél: Profeta os
levantará el Señor Dios vuestro, de vuestros hermanos, como yo; á él oireis.
38 Este es el que estuvo en la congregacion en el desierto con el ángel que
le hablaba en el monte de Sinaí, y con nuestros padres: y recibió las
palabras de vida para darnos.
39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer: antes le desecharon; y se
apartaron de corazon á Egipto,
40 diciendo á Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros: porque á
este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos que le ha
acontecido.
41 Y entonces hicieron el becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en
las obras de sus manos se holgaron.
42 Mas Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo,
como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y
sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israél?
43 antes trajisteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios
Remphan, figuras que os hicisteis para adorarlas: os trasportaré pues de ese
cabo de Babilonia.
44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto,
como les ordenó Dios, hablando á Moisés, que le hiciese segun la forma que
habia visto.
45 El cual recibido, metieron tambien nuestros padres con Josué en la
posesion de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres,
hasta los dias de David.
46 El cual halló gracia delante de Dios, y pidió de hallar tabernáculo al
Dios de Jacob.
47 Y Salomón le edificó casa.
48 Mas el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como el profeta
dice:
49 El cielo es mi trono; y la tierra el estrado de mis piés: ¿qué casa me
edificareis? dice el Señor: ¿ó cual es el lugar de mi reposo?
50 ¿no hizo mi mano todas estas cosas?
51 Duros de cerviz, é incircuncisos de corazon y de oidos: vosotros resistís
siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres [así] tambien vosotros.
52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron nuestros padres? y mataron á los
que antes denunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habeis
sido entregadores y matadores:
53 que recibisteis la ley por disposicion de ángeles, y no la guardasteis.
54 Y oyendo estas cosas regañaban de sus corazones, y crujian los dientes
contra él.
55 Mas él estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió
la gloria de Dios, y á Jesus que estaba á la diestra de Dios,
56 y dice: Hé aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á
la diestra de Dios.
57 Entonces [ellos] dando grandes voces, taparon sus orejas; y arremetieron
unánimes contra él.
58 Y echándole fuera de la ciudad le apedreaban: y los testigos pusieron sus
vestidos á los piés de un mancebo que se llamaba Saulo.
59 Y apedrearon á Estévan, invocando él, y diciendo: Señor Jesus, recibe mi
espíritu.
60 Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les pongas este pecado.
Y habiendo dicho esto, durmió en el Señor.
CAPITULO 8
1 Y SAULO consentia en su muerte. Y en aquel dia fué hecha una grande
persecucion en la Iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos
por las tierras de Judéa y de Samaria, salvo los apóstoles.
2 Y cuidaron de Estévan [algunos] varones pios, é hicieron gran llanto sobre
él.
3 Entonces Saulo asolaba la Iglesia, entrando por las casas: y trayendo
varones y mujeres, los entregaba en la cárcel.
4 Mas los que eran esparcidos, pasaban [por la tierra] anunciando la palabra
del Evangelio.
5 ENTONCES Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á
Cristo.
6 Y las compañías escuchaban atentamente unánimes las cosas que decia
Felipe, oyendo y viendo las señales que hacia.
7 Porque muchos espíritus inmundos salian de los que los tenian, dando
grandes voces: y muchos paralíticos, y cojos eran sanados.
8 Así que habia gran gozo en aquella ciudad.
9 Entonces [habia] un varon llamado Simon, el cual habia sido antes mágico
en aquella ciudad, y habia engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algun
grande.
10 Al cual oian todos atentamente desde el mas pequeño hasta el mas grande,
diciendo: Este es virtud de Dios, la grande.
11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los habia entontecido
mucho tiempo.
12 Mas como creyeron á Felipe, que les anunciaba el evangelio del reino de
Dios, y el nombre de Jesu Cristo, se bautizaban, varones y mujeres.
13 Simon entonces, creyó él tambien: y bautizándose, se llegó á Felipe: y
viendo los milagros y grandes maravillas que se hacian, estaba atónito.
14 Oyendo pues los apóstoles, que estaban en Jerusalem, que Samaria habia
recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan.
15 los cuales venidos, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu
Santo:
16 porque aun no habia descendido en alguno de ellos, mas solamente eran
bautizados en el nombre de Jesus.
17 Entonces les pusieron las manos encima, y recibieron el Espíritu Santo.
18 Y como vió Simon que por la imposicion de las manos de los apóstoles se
daba el Espíritu Santo, les presentó dineros,
19 diciendo: Dádme tambien á mí esta potestad: que á cualquiera que pusiere
las manos encima, reciba el Espíritu Santo.
20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don
de Dios se gane por dinero:
21 no tienes tú parte ni suerte en este negocio: porque tu corazon no es
recto delante de Dios:
22 arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será
perdonado este pensamiento de tu corazon:
23 porque en hiel de amargura, y en prision de maldad veo que estás.
24 Respondiendo entonces Simon, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que
ninguna cosa de estas, que habeis dicho, venga sobre mí.
25 Y ellos habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á
Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaban el Evangelio.
26 EMPERO el ángel del Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate, y vé hácia
el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza: la cual es
desierta.
27 El entonces se levantó, y fué: y hé aquí un Etíope, eunuco, gobernador de
Candaces, reina de los Etíopes, el cual era [puesto] sobre todos sus tesoros,
y habia venido á adorar á Jerusalem,
28 se volvia, sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.
29 Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro.
30 Y acudiendo Felipe, le oyó que leia al profeta Isaías; y dijo: ¿Mas
entiendes lo que lees?
31 Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que
subiese, y se sentase con él.
32 Y el lugar de la Escritura que leia, era este: Como oveja á la muerte fué
llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su
boca:
33 en su humillacion su juicio fué quitado: mas su generacion, ¿quién la
contará? porque es quitada de la tierra su vida.
34 Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote, ¿de quién el profeta
dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno?
35 Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando de esta Escritura, le
anunció el evangelio de Jesus.
36 Y yendo por el camino, vinieron á una agua; y le dijo el eunuco: Hé aquí
agua, ¿qué impide que yo no sea bautizado?
37 Y Felipe dijo: Si crees de todo corazon, bien puedes. Y respondiendo
[él,] dijo: Creo que Jesu Cristo es el Hijo de Dios.
38 Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco:
y le bautizó.
39 Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe, y no
le vió mas el eunuco: y se fué su camino gozoso.
40 Felipe empero se halló en Azoto: y pasando anunciaba el Evangelio en
todas las ciudades hasta que vino á Cesaréa.
CAPITULO 9
1 Y SAULO, aun resoplando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor,
vino al príncipe de los sacerdotes,
2 y demandó de él cartas para Damasco á las sinagogas, para que si hallase
algunos varones, ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem.
3 Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco,
súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo.
4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?
5 Y [él] dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesus á quien tu
persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijon.
6 El temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le
[dice:] Levántate, y entra en la ciudad; y te se dirá lo que te conviene
hacer.
7 Y los varones que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo á la verdad
la voz, mas no viendo á nadie.
8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos no veia á nadie:
así que llevándole por la mano, le metieron en Damasco,
9 donde estuvo tres dias sin ver; y no comió, ni bebió.
10 Habia entonces un discípulo en Damasco, llamado Ananías, al cual el Señor
dijo en vision: Ananías. Y él respondió: Hé aquí estoy, Señor.
11 Y el Señor le [dijo:] Levántate, y vé á la calle que se llama la Derecha,
y busca en casa de Judas á Saulo, llamado él de Tarso: porque hé aquí él ora:
12 y ha visto en vision un varon llamado Ananías, que entra, y le pone la
mano encima para que reciba la vista.
13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oido á muchos de este varon,
cuantos males ha hecho á tus santos en Jerusalem,
14 y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender á
todos los que invocan tu nombre.
15 Y le dijo el Señor: Vé; porque instrumento escogido me es este para que
lleve mi nombre en presencia de gentes, y de reyes, y de los hijos de Israél;
16 porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre.
17 Ananías entonces fué, y entró en la casa: y poniéndole las manos encima,
dijo: Saulo, hermano, el Señor Jesus, que te apareció en el camino por donde
venias, me ha enviado para que recibas la vista, y seas lleno de Espíritu
Santo.
18 Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió luego la vista: y
levantándose fué bautizado.
19 Y como comió, fué confortado. Y estuvo Saulo con los discípulos que
estaban en Damasco, por algunos dias.
20 Y luego [entrando] en las sinagogas predicaba á Cristo, que este era el
Hijo de Dios.
21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decian: ¿No es este el que
asolaba en Jerusalem á los que invocaban este nombre: y á eso vino acá para
llevarlos presos á los príncipes de los sacerdotes?
22 Empero Saulo mucho mas se esforzaba, y confundia á los Judíos que moraban
en Damasco, afirmando que este es el Cristo.
23 Y como pasaron muchos dias, hicieron consejo en uno los Judíos de
matarle.
24 Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo: empero [ellos]
guardaban las puertas de dia y de noche, para matarle.
25 Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro
metido en una espuerta.
26 Y como Saulo vino á Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos:
mas todos tenian miedo de él, no creyendo que era discípulo.
27 Entonces Barnabas, tomándole, le trajo á los apóstoles; y contó, como
habia visto al Señor en el camino, y que le habia hablado, y como en Damasco
habia hablado confiadamente en el nombre de Jesus.
28 Y entraba y salia con ellos en Jerusalem.
29 Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor Jesus, y disputaba con los
Griegos: mas ellos procuraban de matarle.
30 Lo cual como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesaréa, y le
enviaron á Tarso.
31 Las Iglesias entonces por toda Judéa, y Galiléa, y Samaria, tenian paz, y
eran edificadas, andando en el temor del Señor: y con consuelo del Espíritu
Santo eran multiplicadas.
32 Y ACONTECIÓ, que Pedro andándolos á todos, vino tambien á los santos que
habitaban en Lydda.
33 Y halló allí á uno que se llamaba Eneas, que habia ya ocho años que
estaba en cama, que era paralítico.
34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesu Cristo te sana: levántate, y házte [tu
cama.] Y luego se levantó.
35 Y viéronle todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, los cuales se
convirtieron al Señor.
36 Entonces en Joppe habia una discípula llamada Tabitha, que declarado
quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras, y de limosnas que hacia.
37 Y aconteció en aquellos dias, que enfermando, murió: la cual despues de
lavada, la pusieron en un cenadero.
38 Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro
estaba allí, le enviaron dos varones, rogándole: No te detengas de venir
hasta nosotros.
39 Pedro entonces levantándose, vino con ellos: y como llegó, le llevaron al
cenadero, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrándole las
túnicas y los vestidos que Dorcas les hacia, cuando estaba con ellas.
40 Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró: y vuelto al
cuerpo, dijo: Tabitha, levántate. Y ella abrió los ojos: y viendo á Pedro, se
volvió á asentar.
41 Y dándole él la mano, la levantó: entonces llamando los santos y las
viudas, la presentó viva.
42 Esto fué notorio por toda Joppe: y creyeron muchos en el Señor.
43 Y aconteció que se quedó muchos dias en Joppe, en casa de un cierto Simon
curtidor.
CAPITULO 10
1 Y HABIA un varon en Cesaréa llamado Cornelio, centurion de la compañía que
se llamaba la Italiana,
2 pio, y temeroso de Dios, con toda su casa, y que hacia muchas limosnas al
pueblo, y que oraba á Dios siempre.
3 Este vió en vision manifiestamente, como á la hora de las nueve del dia,
que un ángel de Dios entraba á él, y le decia: Cornelio.
4 Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo:
Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria en la presencia de Dios:
5 envia pues ahora varones á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por
sobrenombre Pedro:
6 este posa en casa de un Simon curtidor, que tiene su casa junto á la mar:
este te dirá lo que te conviene hacer.
7 E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un
soldado temeroso del Señor, de los que se llegaban á él:
8 á los cuales, despues de habérselo contado todo, los envió á Joppe.
9 Y un dia despues, yendo ellos camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro
subió á la azotea á orar, cerca de la hora de las seis.
10 Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer, y aparejándole
ellos, cayó sobre él un exceso de entendimiento.
11 Y vió el cielo abierto, y que descendia á él un vaso, como un gran
lienzo, que [atado] de los cuatro cantos era bajado del cielo á la tierra:
12 en el cual habia [de] todos los animales de cuatro piés de la tierra, y
fieras, y reptiles, y aves del cielo.
13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata, y come.
14 Entonces Pedro dijo: Señor, no: porque ninguna cosa comun, é inmunda, he
comido jamás.
15 Y volvió la voz á decirle la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo
ensucies.
16 Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el
cielo.
17 Y estando Pedro dudando dentro de sí, qué seria la vision que habia
visto, hé aquí, los varones que habian sido enviados de Cornelio, que
preguntando por la casa de Simon, llegaron á la puerta.
18 Y llamando, preguntaron, si un Simon, que tenia por sobrenombre Pedro,
posaba allí.
19 Y estando Pedro pensando en la vision, le dijo el Espíritu: Hé aquí, tres
varones te buscan:
20 levántate pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he
enviado.
21 Entonces Pedro descendiendo á los varones que le eran enviados de
Cornelio, dijo: Hé aquí, yo soy el que buscais: ¿qué es la causa por qué
habeis venido?
22 Y ellos dijeron: Cornelio, el centurion, varon justo, y temeroso de Dios,
y que tiene testimonio de toda la nacion de los Judíos, ha recibido respuesta
por un santo ángel, de hacerte venir á su casa, y oir de [tí algunas] cosas.
23 Entonces metiéndolos dentro, los hospedó: y el dia siguiente levantándose
se fué con ellos: y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe.
24 Y otro dia despues entraron en Cesaréa. Y Cornelio los estaba esperando,
habiendo llamado sus parientes, y los amigos mas familiares.
25 Y como Pedro entró, Cornelio le salió á recibir: y derribándose á sus
piés, adoró.
26 Y Pedro le levantó, diciendo: Levántate, que yo mismo soy hombre.
27 Y hablando con él, entró: y halló á muchos que se habian juntado.
28 Y les dijo: Vosotros sabeis, que es abominable á un varon Judío juntarse,
ó llegarse á extranjero: mas me ha mostrado Dios, que á ningun hombre llame
comun ó inmundo:
29 por lo cual llamado, he venido sin dudar: así que pregunto, ¿por qué
causa me habeis hecho venir?
30 Entonces Cornelio dijo: Cuatro dias ha que á esta hora yo estaba ayuno: y
á la hora de las nueve estando orando en mi casa, hé aquí, un varon se puso
delante de mí en vestido resplandeciente,
31 y dijo: Cornelio, tu oracion es oida, y tus limosnas han venido en
memoria en la presencia de Dios:
32 envia pues á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre
Pedro: este posa en casa de Simon, un curtidor junto á la mar, el cual
venido, te hablará.
33 Así que, luego envié á tí: y tú has hecho bien viniendo: ahora, pues,
todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oir todo lo que Dios
te ha mandado.
34 Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace
acepcion de personas:
35 sino que de cualquiera nacion, que le teme y obra justicia, se agrada.
36 Envió palabra Dios á los hijos de Israél, anunciando la paz por Jesu
Cristo: este es el Señor de todos.
37 Vosotros sabeis que la cosa ha sido hecha por toda Judéa: que comenzando
desde Galiléa, despues del bautismo que Juan predicó:
38 á Jesus de Nazaret, como le ungió Dios de Espíritu Santo, y de potencia,
que anduvo haciendo bienes, y sanando todos los oprimidos del diablo: porque
Dios era con él.