Fueron, y subieron luego en un navío; y aquella noche no tomaron nada.
4 Y venida la mañana, Jesus se puso á la ribera; mas los discípulos no
entendieron que era Jesus.
5 Así que díceles: ¿Mozos, teneis algo de comer? Respondiéronle: No.
6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del navío, y hallareis.
Entonces echaron, y no la podian en ninguna manera sacar, por la multitud de
los peces.
7 Dijo entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesus, á Pedro: El Señor es.
Entonces Simon Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque
estaba desnudo, y echóse á la mar.
8 Y los otros discípulos vinieron con el navío (porque no estaban lejos de
tierra, sino como doscientos codos), trayendo la red de peces.
9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de
ellas, y pan.
10 Díceles Jesus: Traed de los peces que tomasteis ahora.
11 Subió Simon Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces,
ciento y cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió.
12 Díceles Jesus: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos le osaba
preguntar: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.
13 Así que viene Jesus, y toma el pan, y dáles, y asimismo del pez.
14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesus se manifestó á sus discípulos,
habiendo resucitado de los muertos.
15 Pues como hubieron comido, Jesus dijo á Simon Pedro: ¿Simon, [hijo] de
Jonás, me amas mas que estos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele:
Apacienta mis corderos.
16 Vuélvele á decir la segunda vez: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas?
Respóndele: Si, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.
17 Dícele la tercera vez: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas? Entristecióse
Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le dice: Señor, tú sabes
todas las cosas: tú sabes que te amo. Dícele Jesus: Apacienta mis ovejas:
18 de cierto, de cierto te digo, [que] cuando eras mas mozo, te ceñias, é
ibas donde querias: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te
ceñirá otro, y te pasará donde no querrias.
19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte habia de glorificar á Dios.
Y dicho esto, dícele: Sígueme.
20 Vuelto Pedro, ve á aquel discípulo, al cual amaba Jesus que seguia, el
que tambien se habia recostado á su pecho en la cena, y [le] habia dicho:
Señor, quién es el que te ha de entregar?
21 Así que, como Pedro vió á este, dice á Jesus: ¿Señor, y este qué?
22 Dícele Jesus: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué [se te
da] á tí? sígueme tú.
23 Salió pues este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no habia de
morir: y Jesus no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que
[yo] venga, ¿qué á tí?
24 ESTE es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió
estas cosas, y sabemos que su testimonio es verdadero.
25 Y hay tambien otras muchas cosas que hizo Jesus, que si se escribiesen
cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrian los libros que se
habrian de escribir. Amen.
LOS
ACTOS DE LOS APOSTOLES.
CAPITULO 1
1 HEMOS hablado primero, ¡oh Teófilo! de todas las cosas que Jesus comenzó á
hacer, y á enseñar,
2 hasta el dia que, habiendo dado mandamientos por Espíritu Santo á los
apóstoles que escogió, fué recibido arriba:
3 á los cuales, despues de haber padecido, se presentó vivo en muchas
pruebas, apareciéndoles por cuarenta dias, y hablándoles del reino de Dios.
4 Y juntándolos, les mandó, que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen
la promesa del Padre, que oisteis, [dice,] de mí.
5 Porque Juan á la verdad bautizó en agua, mas vosotros sereis bautizados en
Espíritu Santo no muchos dias despues de estos.
6 Entonces los que se habian juntado le preguntaron, diciendo: ¿Señor,
restituirás el reino á Israél en este tiempo?
7 Y les dijo: No es vuestro saber los tiempos, ó las sazones que el Padre
puso en su sola potestad:
8 mas recibireis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y
me sereis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo
último de la tierra.
9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndole ellos, fué alzado, y una nube le
recibió, y le quitó de sus ojos.
10 Y estando [ellos] con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él
iba, hé aquí, dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos;
11 los cuales tambien les dijeron: Varones Galiléos, ¿qué estais mirando al
cielo? este Jesus que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá,
como le habeis visto ir al cielo.
12 Entonces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el
cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado.
13 Y entrados, subieron al cenadero, donde estaban Pedro y Jacobo, Juan y
Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Matéo, Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon
el Zeloso, y Judas [hermano] de Jacobo.
14 Todos estos perseveraban unánimes en oracion y ruego con las mujeres, y
con María la madre de Jesus, y con sus hermanos.
15 Y EN aquellos dias Pedro, levantándose en medio de los discípulos, dijo:
(y era la compañía junta como de ciento y veinte por nombre: )
16 Varones, hermanos, convino que se cumpliese esta escritura, la cual dijo
antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fué el guia de
los que prendieron á Jesus;
17 el cual era contado con nosotros, y tenia suerte en este ministerio.
18 Este pues adquirió el campo del salario de iniquidad, y colgándose
reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.
19 Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel
campo sea llamado en su propia lengua Hacéldama, que es, Campo de Sangre.
20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su
habitacion, y no haya quien more en ella. Tambien: Tome otro su obispado.
21 Conviene, pues, que de estos varones, que han estado juntos con nosotros
todo el tiempo que el Señor Jesus entró y salió entre nosotros,
22 comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el dia que fué tomado arriba
de [entre] nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurreccion.
23 Y señalaron á dos, á Joseph, que se llama Barsabas, que tiene por
sobrenombre el Justo, y á Matías.
24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra
cual escoges de estos dos,
25 para que tome la suerte de este ministerio, y del apostolado, del cual
rebeló Judas, por irse á su lugar.
26 Y les pusieron las suertes; y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado
con los once apóstoles.
CAPITULO 2
1 COMO se cumplieron los dias de las siete semanas, estaban todos unánimes
juntos.
2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que
venia [con ímpetu,] el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.
3 Y les aparecieron [unas] lenguas repartidas como de fuego, que se asentó
sobre cada uno de ellos.
4 Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras
lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen.
5 (Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos de todas las
naciones que [están] debajo del cielo.)
6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud: y estaban confusos, porque
cada uno les oia hablar su propia lengua.
7 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos á los otros:
Veis, ¿no son Galiléos todos estos que hablan?
8 ¿cómo, pues, los oímos nosotros [hablar] cada uno en su lengua en que
somos nacidos?
9 Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judéa,
y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia,
10 en Frigia y en Panfilia, en Egipto, y en las partes de Africa que están
de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, y Judíos, y convertidos,
11 Cretenses, y Arabes: los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas
de Dios.
12 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos á los otros:
¿Qué quiere ser esto?
13 Mas otros burlándose, decian: Que están [estos] llenos de mosto.
14 Entonces Pedro poniéndose en pié con los once, alzó su voz, y les habló,
diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitais en Jerusalem, esto os sea
notorio, y oíd mis palabras:
15 porque estos no están borrachos, como vosotros pensais, siendo la hora de
las tres del dia.
16 Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel:
17 Y será en los postreros dias, (dice Dios,) derramaré de mi Espíritu sobre
toda carne; y vuestros hijos, y vuestras hijas profetizarán, y vuestros
mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños:
18 y de cierto sobre mis siervos, y sobre mis criadas en aquellos dias
derramaré de mi Espíritu; y profetizarán:
19 y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra,
sangre, y fuego, y vapor de humo:
20 el sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el
dia del Señor grande y manifiesto:
21 y será, que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22 Varones Israelitas, oíd estas palabras: Jesus Nazareno, varon aprobado de
Dios entre vosotros en maravillas, y prodígios, y señales que Dios hizo por
él en medio de vosotros, como tambien vosotros sabeis:
23 este, por determinado consejo y providencia de Dios entregado, tomándo[le
vosotros,] le matasteis con manos inícuas, crucificándole.
24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era
imposible ser detenido de ella.
25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: porque le
tengo á la diestra, no seré removido:
26 por lo cual mi corazon se alegró, y mi lengua se gozó, y aun mi carne
descansará en esperanza:
27 que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu Santo que vea
corrupcion:
28 me hiciste notorios los caminos de la vida: me llenarás de gozo con tu
presencia.
29 Varones, hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que
murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el dia de hoy.
30 Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le habia Dios
jurado, que del fruto de su lomo cuanto á la carne, le levantaria el Cristo,
que se asentaria sobre su silla:
31 viéndolo antes, habló de la resurreccion del Cristo, que su alma no haya
sido dejada en el infierno, ni su carne haya visto corrupcion.
32 A este Jesus resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la
promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís.
34 Porque David no subió á los cielos: empero él dice: Dijo el Señor á mi
Señor, Asiéntate á mi diestra,
35 hasta que ponga tus enemigos [por] estrado de tus piés.
36 Sepa pues certísimamente toda la casa de Israél, que á este ha hecho Dios
el Señor y el Cristo, á este Jesus que vosotros crucificasteis.
37 Entonces oídas estas cosas, fueron compungidos de corazon, y dijeron á
Pedro, y á los otros apóstoles: Varones, hermanos, ¿qué haremos?
38 Y Pedro les dice: Haced penitencia,* y bautícese cada uno de vosotros en
el nombre de Jesu Cristo para perdon de los pecados; y recibireis el don del
Espíritu Santo: {* Arrepentíos, ó, endmendáos.}
39 porque á vosotros es [hecha] la promesa, y á vuestros hijos, y á todos
los que están lejos: á cuales quiera que el Señor nuestro Dios llamare.
40 Y con otras muchas palabras testificaba, y [los] exhortaba, diciendo: Sed
salvos de esta perversa generacion.
41 Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados: y fueron
añadidas [á la Iglesia] aquel dia como tres mil personas.
42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunion, y en el
partimiento del pan, y en las oraciones.
43 Y toda persona tenia temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por
los apóstoles.
44 Y todos los que creian estaban juntos; y tenian todas las cosas comunes.
45 Y vendian las posesiones y las haciendas, y las repartian á todos, como
cada uno habia menester.
46 Y perseverando unánimes cada dia en el templo, y partiendo el pan en las
casas, comian juntos con alegria y con sencillez de corazon,
47 alabando á Dios, y teniendo gracia acerca de todo el pueblo. Y el Señor
añadia cada dia á la Iglesia los que habian de ser salvos.
CAPITULO 3
1 PEDRO y Juan subian juntos al templo á la hora de la oracion de las nueve.
2 Y un varon, que era cojo desde el vientre de su madre, era traido; al cual
ponian cada dia á la puerta del templo, que se dice la Hermosa, para que
pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3 Este como vió á Pedro y á Juan que comenzaban á entrar en el templo, [les]
rogaba para haber limosna.
4 Y Pedro con Juan poniendo los ojos en él, dijo: Mira á nosotros.
5 Entonces él estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo.
6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro: mas lo que tengo, eso te doy: en el
nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, levántate, y anda.
7 Y tomándole por la mano derecha, le levantó: y luego fueron afirmados sus
piés y tobillos.
8 Y saltando, se puso en pié, y anduvo, y entró con ellos en el templo,
andando y saltando, y alabando á Dios.
9 Y todo el pueblo le vió andar, y alabar á Dios.
10 Y le conocian, que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del
templo, la Hermosa: y fueron llenos de miedo y de espanto de lo que le habia
acontecido.
11 Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que habia sido sanado, todo el pueblo
concurrió á ellos al portal que se llama de Salomón atónitos.
12 Lo cual viendo Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué
os maravillais de esto? ¿ó por qué poneis los ojos en nosotros como si con
nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á este?
13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres,
ha glorificado á su Hijo Jesus, al cual vosotros entregasteis, y negasteis
delante de Pilato, juzgando él que habia de ser suelto.
14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese
un hombre homicida;
15 y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los
muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
16 Y en la fé de su nombre, á este que vosotros veis y conoceis, ha
confirmado su nombre: y la fé que por él [es], ha dado á este esta sanidad en
presencia de todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, [yo] sé que por ignorancia [lo] habeis hecho, como
tambien vuestros príncipes.
18 Empero Dios lo que habia antes anunciado por boca de todos sus profetas,
que su Cristo habia de padecer, así lo ha cumplido.
19 Así que arrepentíos, y convertíos, para que sean raidos vuestros pecados:
pues que los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor son venidos:
20 el cual os ha enviado á Jesus el Cristo, que os ha sido antes anunciado:
21 al cual cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la
restauracion de todas las cosas: del cual habló Dios por boca de todos sus
profetas que han sido desde el siglo.
22 Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará
profeta de vuestros hermanos, como yo: á él oireis, [haciendo] conforme á
todas las cosas que os hablare:
23 y será, [que] cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será
desarraigada del pueblo.
24 Y todos los profetas desde Samuél, y en adelante, todos los que han
hablado, han prenunciado estos dias.
25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del concierto que Dios
concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán
benditas todas las familias de la tierra.
26 A vosotros primeramente Dios, levantando á su Hijo Jesus, le envió que os
bendijese, para que cada uno se convierta de su maldad.
CAPITULO 4
1 Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado
del templo, y los Saducéos,
2 pesándoles de que enseñasen el pueblo, y anunciasen en el nombre de Jesus
la resurreccion de los muertos.
3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el dia siguiente:
porque era ya tarde.
4 Mas muchos de los que habian oido el sermon creyeron: y fué hecho el
número de los varones, como cinco mil.
5 Y aconteció el dia siguiente, que los príncipes de ellos se juntaron, y
los ancianos, y los escribas, en Jerusalem;
6 y Annás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan, y Alejandro, y
todos los que eran del linaje sacerdotal;
7 y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en
qué nombre habeis hecho vosotros esto?
8 Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y
ancianos de Israél:
9 pues que somos hay demandados acerca del beneficio [hecho] á un hombre
enfermo, [es á saber,] de qué manera este haya sido sanado;
10 sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israél, que en el
nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, el que vosotros crucificasteis, y Dios le
resucitó de los muertos, en esto este está en vuestra presencia sano:
11 este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es
puesta por cabeza de esquina:
12 y en ningun otro hay salud: porque no hay otro nombre debajo del cielo,
dado á los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres
sin letras é idiotas, se maravillaban; y los conocian que habian estado con
Jesus.
14 Y viendo al hombre que habia sido sanado, que estaba con ellos, no podian
decir nada en contra.
15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferian entre
sí,
16 diciendo: ¿Qué hemos de hacer á estos hombres? porque cierto señal
manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en
Jerusalem, y no lo podemos negar.
17 Todavía, porque no se divulgue mas por el pueblo, amenacémosles que no
hablen de aquí adelante á hombre ninguno en este nombre.
18 Y llamándolos les denunciaron que en ninguna manera hablasen, ni
enseñasen en el nombre de Jesus.
19 Entonces Pedro y Juan respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo
delante de Dios obedecer antes á vosotros que á Dios:
20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oido.
21 Ellos entonces no hallando en qué castigarlos, los enviaron
amenazándoles, por causa del pueblo: porque todos glorificaban á Dios de lo
que habia sido hecho.
22 Porque el hombre en quien habia sido hecho este milagro de sanidad, era
de mas de cuarenta años.
23 Sueltos [ellos,] vinieron á los suyos, y contaron lo que los príncipes de
los sacerdotes, y los ancianos les habian dicho.
24 los cuales habiéndolo oido, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron:
Señor, tú eres el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todas las
cosas que en ellas están:
25 que en Espíritu Santo por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué
han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas?
26 asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno
contra el Señor, y contra su Cristo.
27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu Santo Hijo
Jesus, al cual ungiste, Herodes, y Poncio Pilato, con los Gentiles, y los
pueblos de Israél,
28 para hacer lo que tu mano y tu consejo antes habian determinado que habia
de ser hecho.
29 Y ahora, Señor, pon los ojos en sus amenazas, y da á tus siervos que con
toda confianza hablen tu palabra:
30 que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean
hechos por el nombre de tu Santo Hijo Jesus.
31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló: y
todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con
confianza.
32 Y DE la multitud de los que habian creido era un corazon y un alma; y
ninguno decia ser suyo algo de lo que poseian, mas todas las cosas les eran
comunes.
33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurreccion del Señor Jesus con
gran esfuerzo: y gran gracia era en todos ellos.
34 Que ningun necesitado habia entre ellos: porque todos los que poseian
heredades ó casas, vendiéndolas, traian el precio de lo vendido,
35 y le depositaban á los piés de los apóstoles, y era repartido á cada uno
como tenia la necesidad.
36 Entonces Joses, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre
Barnabás, que declarado es, hijo de consolacion, Levita, natural de Cipro,
37 como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y le depositó á
los piés de los apóstoles.
CAPITULO 5
1 UN varon llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesion,
2 y defraudó del precio, sabiéndolo tambien su mujer; y trayendo una parte,
la depositó á los piés de los apóstoles^.
3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazon á que mintieses
al Espíritu Santo, y defraudáses del precio de la heredad?
4 quedándose, ¿no se te quedaba á tí? y vendida, ¿no estaba en tu potestad?
¿por qué pusiste esto en tu corazon? no has mentido á los hombres, sino á
Dios.
5 Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y fué hecho un
gran temor sobre todos los que lo oyeron.
6 Y levantándose los mancebos, le tomaron: y sacándole, le sepultaron.
7 Y pasado espacio como de tres horas, tambien su mujer entró, no sabiendo
lo que habia acontecido.
8 Entonces Pedro le dijo: Díme: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella
dijo: Sí, en tanto.
9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del
Señor? hé aquí á la puerta los piés de los que han sepultado á tu marido: y
te sacarán á [sepultar.]
10 Y luego cayó á los piés de él, y espiró: y entrados los mancebos, la
hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto á su marido.
11 Y fué hecho un gran temor en toda la Iglesia, y en todos los que oyeron
estas cosas.
12 Y POR las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios
en el pueblo; y estaban todos unánimes en el portal de Salomón.
13 Y de los otros, ninguno se osaba juntar con ellos: con todo eso el pueblo
los alababa grandemente.
14 Y los que creian en el Señor se aumentaban mas, así de varones como de
mujeres.
15 Tanto, que echaban los enfermos por las calles, y los ponian en camas y
en lechos, para que viniendo Pedro, á lo menos su sombra tocase á alguno de
ellos.
16 Y aun de las ciudades vecínas concurria multitud á Jerusalem, trayendo
enfermos, y atormentados de espíritus inmundos: los cuales todos eran
curados.
17 ENTONCES levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que
estaban con él, que es la herejía de los Saducéos, fueron llenos de zelo.
18 Y echaron mano á los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública.
19 Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y
sacándolos, dijo:
20 Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las cosas de esta
vida.
21 [Ellos] entonces, como oyeron, entraron por la mañana en el templo, y
enseñaban. Viniendo pues el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con
él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israél; y
enviaron á la cárcel, para que fuesen traidos.
22 Y como vinieron los servidores no los hallaron en la cárcel, y vueltos,
dieron aviso,
23 diciendo: Cierto la cárcel hallamos cerrada con toda diligencia, y los
guardas que estaban delante de las puertas: mas como abrimos, á nadie
hallamos dentro.
24 Entonces como oyeron estas palabras el pontífice, y el magistrado del
templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban que seria hecho de ellos.
25 Y viniendo uno, les avisó: Hé aquí, los varones que echasteis en la
cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo.
26 Entonces el magistrado fué con los servidores, y los trajo sin violencia,
porque tenian miedo del pueblo, de ser apedreados.
27 Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: entonces el príncipe
de los sacerdotes les preguntó,
28 diciendo: ¿No os denunciamos denunciando, que no enseñáseis en este
nombre? y hé aquí, habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, ¿y quereis
echar sobre nosotros la sangre de este hombre?
29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Obedecer es menester á
Dios mas que á los hombres.
30 El Dios de nuestros padres levantó á Jesus, al cual vosotros matasteis
colgándole en el madero:
31 á este enalteció Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á
Israél penitencia y remision de pecados:
32 y nosotros le somos testigos de estas cosas, y tambien el Espíritu Santo,
el cual ha dado Dios á los que le han obedecido.
33 Ellos oyendo [esto] regañaban, y consultaban de matarlos.
34 Entonces levantándose en el concilio un Fariséo, llamado Gamaliél, doctor
de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los
apóstoles,
35 y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos
hombres en lo que habeis de hacer.
36 Porque antes de estos dias fué un Teudas, diciendo que era alguien; al
cual se allegaron un número de varones, como cuatrocientos, el cual fué
matado: y todos los que le creyeron, fueron disipados, y vueltos en nada.