23 Respondió Jesus, y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi

Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada.

24 El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habeis oido,

no es mia, sino del Padre que me envió.

25 Estas cosas os he hablado estando con vosotros.

26 Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi

nombre, aquel os enseñará todas las cosas, y os acordará todas las cosas que

os he dicho.

27 La paz os dejo: mi paz os doy: no como el mundo [la] da, yo os [la] doy:

no se turbe vuestro corazon, ni tenga miedo.

28 Habeis oido como yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amáseis,

ciertamente os gozariais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre

mayor es que yo.

29 Y ahora os [lo] he dicho antes que se haga, para que cuando se hiciere,

creais.

30 Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo,

mas no tiene nada en mí.

31 Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió

el mandamiento, así hago. Levantáos, vamos de aquí.

CAPITULO 15

1 YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el Labrador.

2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará; y todo aquel que lleva

fruto, le limpiará, para que lleve mas fruto.

3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado.

4 Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de si

mismo, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuviéreis en mí.

5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, este

lleva mucho fruto, porque sin mí nada podeis hacer.

6 El que en mí no estuviere, será echado fuera como [mal] pámpano, y se

secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden.

7 Si estuviéreis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, todo lo que

quisiéreis, pedireis, y os será hecho.

8 En esto es glorificado mi Padre, [en] que lleveis mucho fruto, y seais mis

discípulos.

9 Como el Padre me amó, tambien yo os he amado: estad en mi amor.

10 Si guardáreis mis mandamientos, estareis en mi amor: como yo tambien he

guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor.

11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro

gozo sea cumplido.

12 Este es mi mandamiento: Que os ameis los unos á los otros, como [yo] os

amé.

13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su alma por sus amigos.

14 Vosotros sois mis amigos, si hiciéreis las cosas que yo os mando.

15 Ya no os diré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas

os he dicho amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os he hecho

notorias.

16 No me elegisteis vosotros [á mí;] mas yo os elegí á vosotros, y os he

puesto para que vayais, y lleveis fruto; y vuestro fruto permanezca: para que

todo lo que pidiéreis del Padre en mi nombre [él] os lo dé.

17 Esto os mando: Que os ameis los unos á los otros.

18 Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á

vosotros.

19 Si fuérais del mundo, el mundo amaria lo que es suyo: mas porque no sois

del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo.

20 Acordáos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su

señor: si á mí me han perseguido, tambien á vosotros perseguirán: si han

guardado mi palabra, tambien guardarán la vuestra.

21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre: porque no conocen á aquel

que me ha enviado.

22 Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tuvieran pecado: mas

ahora no tienen excusa de su pecado.

23 El que me aborrece, tambien á mi Padre aborrece.

24 Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningun otro ha hecho, no

tendrian pecado: mas ahora, y [las] han visto, y aborrecen á mí, y á mi

Padre.

25 Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin

causa me aborrecieron.

26 Empero cuando viniere aquel Consolador, el cual yo os enviaré del Padre,

el Espíritu de verdad, el cual precede del Padre, él dará testimonio de mí.

27 Y vosotros dareis testimonio, porque estais conmigo desde el principio.

CAPITULO 16

1 ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandaliceis.

2 Os echarán de las sinagogas: antes la hora viene, cuando cualquiera que os

matare, pensará que hace servicio á Dios.

3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, ni á mí.

4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordeis de

ello, que yo os lo habia dicho: esto empero no os lo dije al principio,

porque [yo] estaba con vosotros.

5 Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Dónde

vas?

6 Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha llenado vuestro

corazon.

7 Empero yo os digo la verdad, que os es necesario que yo vaya: porque si yo

no fuese, el Consolador no vendria á vosotros: mas si [yo] fuere, os le

enviaré.

8 Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de

juicio.

9 De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí:

10 y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me vereis mas:

11 mas de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya es juzgado.

12 Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no [las] podeis llevar.

13 Mas cuando viniere aquel Espíritu de verdad, [él] os guiará á toda

verdad: porque no hablará de sí mismo, mas todo lo que oyere hablará; y las

cosas que han de venir os hará saber.

14 El me glorificará, porque tomará de mio, y os [lo] hará saber.

15 Todo lo que tiene el Padre, mio es: por eso dije que tomará de mio, y os

[lo] hará saber.

16 Un poquito, y no me vereis; y otra vez un poquito, y me vereis: porque yo

voy al Padre.

17 Entonces dijeron [algunos] de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es esto

que nos dice: Un poquito, y no me vereis; y otra vez, un poquito, y me

vereis: porque yo voy al Padre?

18 Así que decian: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? no entendemos lo que

habla.

19 Y conoció Jesus que le querian preguntar, y les dijo: ¿Preguntais entre

vosotros de esto que dije: Un poquito, y no me vereis; y otra vez, un

poquito, y me vereis?

20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros llorareis y lamentareis, y el

mundo se alegrará: vosotros empero sereis tristes, mas vuestra tristeza será

vuelta en gozo.

21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora: mas despues

que ha parido un niño, ya no se acuerda de la apretura por el gozo de que

haya nacido un hombre en el mundo.

22 Tambien pues vosotros ahora á la verdad teneis tristeza: mas otra vez os

veré, y se gozará vuestro corazon, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.

23 Y aquel dia no me preguntareis nada. De cierto, de cierto os digo, que

todo cuanto pidiéreis á [mi] Padre en mi nombre, os [lo] dará.

24 Hasta ahora nada habeis pedido en mi nombre: pedid, y recibireis, para

que vuestro gozo sea cumplido.

25 Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os

hablaré por proverbios, mas claramente os anunciaré de mi Padre.

26 Aquel dia pedireis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por

vosotros:

27 porque el mismo Padre os ama, por cuanto vosotros me amasteis, y habeis

creido que yo salí de Dios.

28 Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al

Padre.

29 Dícenle sus discípulos: Hé aquí, ahora hablas claramente, y ningun

proverbio dices.

30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no has menester que nadie

te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios.

31 Respondióles Jesus: ¿Ahora creeis?

32 Hé aquí la hora viene, y ya es venida, que sereis esparcidos cada uno por

su cabo, y me dejareis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.

33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengais paz: en el mundo

tendreis apretura: mas confiad, yo he vencido al mundo.

CAPITULO 17

1 ESTAS cosas habló Jesus, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la

hora viene, glorifica á tu Hijo, para que tambien tu Hijo te glorifique á tí.

2 como le has dado la potestad de toda carne, para que á todos los que le

diste, les dé vida eterna.

3 Esta empero es la vida eterna, que te conozcan solo Dios verdadero, y al

que enviaste, Jesu Cristo.

4 Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que

hiciese.

5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú acerca de tí mismo de aquella gloria que

tuve acerca de tí antes que este mundo fuese.

6 He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran,

y me los diste, y guardaron tu palabra.

7 Ahora han [ya] conocido que todas las cosas que me diste, son de tí.

8 Porque las palabras que me diste, les he enseñado; y ellos [las]

recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de tí, y han creido que tú

me enviaste.

9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste,

porque tuyos son.

10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido

glorificado en ellas.

11 Y ya no estoy en el mundo: mas estos están en el mundo, que yo á tí

vengo. Padre santo, guárdalos por tu nombre; á los cuales me has dado, para

que sean una cosa, como tambien nosotros.

12 Cuando [yo] estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba por tu nombre,

á los cuales me diste: yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió sino el

hijo de perdicion, para que la Escritura se cumpliese.

13 Mas ahora vengo á tí, y hablo esto en el mundo, para que tengan gozo

cumplido en sí mismos.

14 Yo les enseñé tu palabra, y el mundo los aborreció: porque no son del

mundo, como tampoco yo soy del mundo.

15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17 Santifícalos con tu verdad: tu palabra es la verdad.

18 Como tú me enviaste al mundo, tambien yo los he enviado al mundo.

19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que tambien ellos sean

santificados con verdad.

20 Mas no ruego solamente por ellos; sino tambien por los que han de creer

en mí por la palabra de ellos.

21 Para que todos sean una cosa: como tú, ¡oh Padre! en mí, y yo en tí; que

tambien ellos en nosotros sean una cosa: para que el mundo crea que tú me

enviaste.

22 Y yo la gloria que me diste, les he dado: para que sean una cosa, como

tambien nosotros somos una cosa:

23 yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa, y que el

mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como tambien á mí me

has amado.

24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos esten

tambien conmigo: para que vean mi gloria que me has dado, por cuanto me has

amado desde antes de la constitucion del mundo.

25 Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido; y estos

han conocido que tú me enviaste.

26 Y yo les hice notorio tu nombre, y [le] haré notorio: para que el amor,

con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

CAPITULO 18

1 COMO Jesus hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el

arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesus, y sus

discípulos.

2 Y tambien Judas, el que le entregaba, sabia aquel lugar, porque muchas

veces Jesus se juntaba allí con sus discípulos.

3 Judas pues tomando una compañía [de soldados,] y criados de los pontífices

y de los Fariséos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas.

4 Empero Jesus, sabiendo todas las cosas que habian de venir sobre él, salió

delante, y les dijo: ¿A quién buscais?

5 Respondiéronle: A Jesus Nazareno. Díceles Jesus: Yo soy. Y estaba tambien

con ellos Judas el que le entregaba.

6 Y como les dijo: Yo soy: volvieron atrás, y cayeron en tierra.

7 Volvióles pues á preguntar: ¿A quién buscais? Y ellos dijeron: A Jesus

Nazareno.

8 Respondió Jesus: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si á mí buscais, dejad

ir á estos:

9 para que se cumpliese la palabra que habia dicho: Que los que me diste,

ninguno de ellos perdí.

10 Entonces Simon Pedro, que tenia cuchillo, le sacó, é hirió á un siervo

del pontífice, y le cortó la oreja derecha; y el siervo se llamaba Malco.

11 Jesus entonces dijo á Pedro: Mete tu cuchillo en la vaina: ¿el vaso que

el Padre me ha dado, no le tengo de beber?

12 Entonces la compañía [de los soldados,] y el tribuno, y los servidores de

los Judíos prendieron á Jesus, y le ataron.

13 Y le trajeron primeramente á Annás, porque era suegro de Caifás, el cual

era pontífice de aquel año.

14 Y era Caifás el que habia dado el consejo á los Judíos, que era necesario

que un hombre muriese por el pueblo.

15 Y seguia á Jesus Simon Pedro, y otro discípulo; y aquel discípulo era

conocido del pontífice, y entró con Jesus al patio del pontífice.

16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta: y salió aquel discípulo que era

conocido del pontífice, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro.

17 Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú tambien de los

discípulos de este hombre? Dice él: No soy.

18 Y estaban en pié los siervos y los criados que habian allegado las

ascuas, porque hacia frio, y se calentaban: y estaba tambien con ellos Pedro

en pié calentándose.

19 Y el pontífice preguntó á Jesus de sus discípulos, y de su doctrina.

20 Jesus le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he

enseñado en la sinagoga, y en el templo, donde se juntan todos los Judíos; y

nada he hablado en oculto:

21 ¿qué me preguntas á mí? pregunta á los que han oido, qué les haya [yo]

hablado: hé aquí, estos saben lo que yo he dicho.

22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió una

bofetada á Jesus, diciendo: ¿Así respondes al pontífice?

23 Respondióle Jesus: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien,

¿por qué me hieres?

24 Así le envió Annás atado á Caifás pontífice.

25 Estaba pues Pedro en pié calentándose: y le dijeron: ¿ No eres tú de sus

discípulos? El negó, y dijo: No soy.

26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel á quien Pedro habia

cortado la oreja, le dice: ¿No te ví yo en el huerto con él?

27 Y negó Pedro otra vez; y luego el gallo cantó.

28 Y llevan á Jesus de Caifás á la audiencia: y era por la mañana; y ellos

no entraron en la audiencia por no ser contaminados, mas que comiesen [el

cordero de] la Pascua.

29 Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusacion traeis contra

este hombre?

30 Respondieron, y le dijeron: Si este no fuera malhechor, no te le

hubiéramos entregado.

31 Díceles entonces Pilato: Tomádle vosotros, y juzgádle segun vuestra ley.

Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie.

32 Para que se cumpliese el dicho de Jesus que habia dicho, dando á entender

de que muerte habia de morir.

33 Así que Pilato volvióse á entrar en la audiencia, y llamó á Jesus, y le

dijo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos?

34 Respondióle Jesus: ¿Dices tú esto de tí mismo, ó te lo han dicho otros de

mí?

35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? tu gente, y los pontífices, te han

entregado á mí: ¿qué has hecho?

36 Respondió Jesus: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi

reino, mis servidores pelearian para que [yo] no fuera entregado á los

Judíos: ahora pues mi reino no es de aquí.

37 Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesus: Tú dices que

yo soy rey: yo para esto soy nacido, y para esto he venido al mundo, [es á

saber,] para dar testimonio á la verdad: todo aquel que es [de la parte] de

la verdad, oye mi voz.

38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, volvió á los

Judíos, y les dice: Yo no hallo en él algun crímen:

39 empero vosotros teneis costumbre, que [yo] os suelte uno en la Pascua:

¿quereis pues que os suelte al rey de los Judíos?

40 Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á este, sino á

Barrabás. Y este Barrabás era ladron.

CAPITULO 19

1 ASÍ que entonces tomó Pilato á Jesus, y le azotó.

2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y la pusieron sobre su

cabeza, y le vistieron de una ropa de grana,

3 y decian: Tengas gozo, Rey de los Judíos; y le daban de bofetadas.

4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo: Hé aquí, os le traigo

fuera, para que entendais que ningun crímen hallo en él.

5 Así salió Jesus fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y

díceles [Pilato:] Hé aquí el hombre.

6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes. y los servidores, dieron

voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomádle vosotros,

y crucificadle: porque yo no hallo en él crimen.

7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y segun nuestra ley debe

morir, porque se hizo Hijo de Dios.

8 Pues como Pilato oyó esta palabra, tuvo mas miedo.

9 Y entró otra vez á la audiencia, y dijo á Jesus: ¿De dónde eres tú? Mas

Jesus no le dió respuesta.

10 Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad

para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?

11 Respondió Jesus: Ninguna potestad tendrias contra mí, si [esto] no te

fuese dado de arriba: por tanto el que á tí me ha entregado, mayor pecado

tiene.

12 Desde entonces procuraba Pilato de soltarle: mas los Judíos daban voces,

diciendo: Si á este sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace

rey, á César contradice.

13 Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera á Jesus, y se sentó en el

tribunal, en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebráico Gabbatha.

14 Y era la víspera de la Pascua, y como á las seis horas: entonces dijo á

los Judíos: Hé aquí vuestro Rey.

15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A

vuestro Rey tengo de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey,

sino á César.

16 Así que entonces se le entregó para que fuese crucificado: y tomaron á

Jesus, y le llevaron.

17 Y llevando la cruz para sí, vino al lugar que se dice el lugar de la

Calavera, y en hebráico Gólgotha:

18 donde le crucificaron, y con él otros dos, de una parte y de otra, y

Jesus en medio.

19 Y escribió tambien Pilato un título, el cual puso encima de la cruz: y el

escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.

20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba

crucificado Jesus, era cerca de la ciudad: y era escrito en hebráico, y en

griego, y en latin.

21 Y decian á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas: Rey de los

Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos.

22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesus, tomaron sus vestidos, é

hicieron cuatro partes (á cada soldado una parte), y la túnica era sin

costura, toda tejida desde arriba;

24 y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella

cuya será: para que se cumpliese la Escritura que dice: Partieron para sí mis

vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados ciertamente

hicieron esto.

25 Y estaban junto á la cruz de Jesus su madre, y la hermana de su madre,

María, mujer de Cleofas, y María Magdalena.

26 Y como vió Jesus á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba

presente, dice á su madre: Mujer, hé ahí tu hijo.

27 Y luego dice al discípulo: Hé ahí tu madre. Y desde aquella hora el

discípulo la recibió consigo.

28 Despues, sabiendo Jesus que todas las cosas eran ya cumplidas, para que

la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.

29 Estaba pues [allí] un vaso lleno de vinagre. Entonces ellos llenaron una

esponja de vinagre, y revuelta con hisopo se la llegaron á la boca.

30 Y como Jesus tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y bajada la cabeza, dió

el espíritu.

31 Entonces los Judíos, porque los cuerpos no quedasen en la cruz en el

sábado, porque [entonces] era la víspera [de la Pascua,] porque era el gran

dia del sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen

quitados.

32 Y vinieron los soldados, y á la verdad quebraron las piernas al primero,

y al otro que habia sido crucificado con él:

33 mas como vinieron á Jesus, como le vieron ya muerto, no le quebraron las

piernas.

34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego

salió sangre y agua.

35 Y el que lo vió da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe

que dice verdad, para que vosotros tambien creais.

36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura:

Hueso no quebrantareis de él.

37 Y otra vez otra Escritura dice: Verán [á aquel] al cual traspasaron.

38 Pasadas estas cosas, rogó á Pilato Joseph de Arimathéa, el cual era

discípulo de Jesus, mas secreto, por miedo de los Judíos, que [él] quitaria

el cuerpo de Jesus: lo cual permitió Pilato. Entonces [él] vino, y quito el

cuerpo de Jesus.

39 Entonces vino tambien Nicodemo, el que habia venido á Jesus de noche

antes, trayendo un compuesto de mirra y de aloés, como cien libras.

40 Y tomaron el cuerpo de Jesus y envolviéronle en lienzos con especias,

como es costumbre de los Judíos sepultar.

41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el

huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no habia sido puesto alguno.

42 Allí pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque

aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesus.

CAPITULO 20

1 Y EL primer [dia] de los sábados, María Magdalena vino de mañana, siendo

aun oscuro, al sepulcro, y vió la piedra quitada del sepulcro.

2 Entonces corrió, y vino á Simon Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba

Jesus, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos donde le

han puesto.

3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro.

4 Y corrian los dos juntos: mas el otro discípulo corrió mas presto que

Pedro, y vino primero al sepulcro.

5 Y bajándose [á mirar,] vió los lienzos puestos: mas no entró.

6 Vino pues Simon Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los

lienzos puestos,

7 y el sudario que habia sido [puesto] sobre su cabeza, no puesto con los

lienzos, sino aparte en un lugar envuelto.

8 Entonces pues entró tambien el otro discípulo, que habia venido primero al

monumento; y vió, y creyó.

9 Porque aun no sabian la Escritura, que era menester que él resucitase de

los muertos.

10 Y volvieron los discípulos á los suyos.

11 Empero María estaba llorando al sepulcro fuera, y estando llorando bajóse

[á mirar] el sepulcro.

12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la

cabecera, y el otro á los piés, donde el cuerpo de Jesus habia sido puesto.

13 Y le dijeron: ¿Mujer, por que lloras? Díceles: Han llevado á mi Señor, y

no sé donde le han puesto.

14 Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vió á Jesus que estaba [allí:]

mas no sabia que era Jesus.

15 Dícele Jesus: ¿Mujer, por qué lloras? ¿á quien buscas? Ella, pensando que

era el hortelano, le dice: Señor, si tú le has llevado, dime donde le has

puesto, y yo le llevaré.

16 Dícele Jesus: María. Volviéndose ella, dícele: Rabboni, que quiere decir,

Maestro.

17 Dícele Jesus: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas vé á

mis hermanos; y díles: Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, á mi Dios, y á

vuestro Dios.

18 Vino María Magdalena dando las nuevas á los discípulos: Que habia visto

al Señor, y estas cosas me dijo.

19 Y como fué tarde aquel dia, el primero de los sábados, y las puertas

estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los

Judíos, vino Jesus: y púsose en medio, y les dijo: Paz tengais.

20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado: entonces los

discípulos se gozaron, viendo al Señor.

21 Entonces díceles otra vez: Paz tengais: como me envió el Padre, así

tambien yo os envio.

22 Y como hubo dicho esto, sopló, y les dijo: Tomad el Espíritu Santo:

23 á los que soltáreis los pecados, les son sueltos: á los que los

retuviéreis, serán retenidos.

24 Empero Tomás uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos

cuando Jesus vino.

25 Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo:

Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el

lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

26 Y ocho dias despues estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos

Tomás: vino Jesus, las puertas cerradas, y se puso en medio, y dijo: Paz

tengais.

27 Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano,

y méte[la] en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.

28 Entonces Tomás respondió, y le dice: Señor mio, y Dios mio.

29 Dícele Jesus: Porque me has visto, ¡oh Tomás! creiste: bienaventurados

los que no vieron, y creyeron.

30 TAMBIEN muchas otras señales hizo Jesus en presencia de sus discípulos,

que no están escritas en este libro.

31 Estas empero son escritas, para que creais que Jesus es el Cristo, Hijo

de Dios; y para que creyendo, tengais vida en su nombre.

CAPITULO 21

1 DESPUES se manifestó Jesus otra vez á sus discípulos á la mar de Tiberias:

y se manifestó de esta manera:

2 Estaban juntos Simon Pedro, y Tomás, que se dice el Dídimo y Nathanaél, el

que era de Cana de Galiléa, y los [hijos] de Zebedéo, otros dos de sus

discípulos.

Reina Valera New Testament of the Bible 1858 · 第 16 / 38 段