sí el reino, y volver.
13 Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y les dijo: Negociad
entre tanto que vengo.
14 Empero sus ciudadanos le aborrecian; y enviaron tras de él una embajada,
diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros.
15 Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á
aquellos siervos, á los cuales habia dado el dinero, para saber lo que habia
negociado cada uno.
16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
17 Y él le dice: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel,
tendrás potestad sobre diez ciudades.
18 Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
19 Y tambien á este dijo: Tú tambien sé sobre cinco ciudades.
20 Y vino otro, diciendo: Señor, hé aquí tu mina, la cual he tenido guardada
en un pañizuelo:
21 porque tuve miedo de tí, que eres hombre recio: tomas lo que no pusiste,
y siegas lo que no sembraste.
22 Entonces [él] le dijo : Mal siervo, de tu boca te juzgo: sabias que yo
era hombre recio, que quito lo que no puse, y que siego lo que no sembré:
23 ¿por qué pues no diste mi dinero al banco: y yo viniendo lo demandara con
el logro?
24 Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que
tiene las diez minas.
25 Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
26 Porque [yo] os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado: mas al
que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
27 Y tambien á aquellos mis enemigos, que no querian que yo reinase sobre
ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.
28 Y DICHO esto, iba delante subiendo á Jerusalem.
29 Y aconteció, que llegando cerca de Bethphage, y de Bethania, al monte que
se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,
30 diciendo: Id á la aldea que está delante, en la cual como entráreis,
hallareis un pollino atado, en el cual ningun hombre jamás se ha sentado:
desatadle, y traedle.
31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué [le] desatais? le direis así: Porque
el Señor le ha menester.
32 Y fueron los que habian sido enviados, y hallaron, como [él] les dijo.
33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatais
el pollino?
34 Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester.
35 Y le trajeron á Jesus; y echando [ellos] sus vestidos sobre el pollino,
pusieron encima á Jesus.
36 Y yendo él, tendian sus capas por el camino.
37 Y como llegasen ya cerca de la descendida del monte de las Olivas, toda
la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran
voz por todas las maravillas que habian visto,
38 diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en cielo, y
gloria en lo altísimo.
39 Entonces algunos de los Fariséos de la compañía le dijeron: Maestro,
reprende á tus discípulos.
40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras
clamarán.
41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,
42 diciendo: Porque tambien tú, si conocieses, á lo menos en este tu dia, lo
que [toca] á tu paz: mas ahora está encubierto de tus ojos.
43 Por lo cual vendrán dias sobre tí, que tus enemigos te cercarán con
baluarte; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho;
44 y te derribarán á tierra, y á tus hijos, los que están dentro de tí; y no
dejarán sobre tí piedra sobre piedra: por cuanto no conociste el tiempo de tu
visitacion.
45 Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendian y
compraban en él,
46 diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oracion es: mas vosotros la
habeis hecho cueva de ladrones.
47 Y enseñaba cada dia en el templo: mas los príncipes de los sacerdotes, y
los escribas, y los príncipes del pueblo procuraban matarle.
48 Y no hallaban que hacerle: porque todo el pueblo estaba suspenso
oyéndole.
CAPITULO 20
1 Y ACONTECIÓ un dia, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando
el Evangelio, se juntaron los príncipes de los sacerdotes, y los escribas,
con los ancianos,
2 y le hablan, diciendo: Dínos ¿con qué potestad haces estas cosas: ó quién
es el que te ha dado esta potestad?
3 Respondiendo entonces Jesus, les dijo: Os preguntaré yo tambien una
palabra; respondedme:
4 ¿El bautismo de Juan, era del cielo, ó de los hombres?
5 Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; dirá;
¿Por qué pues no le creisteis?
6 Y si dijéremos: De los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están
ciertos que Juan era profeta.
7 Y respondieron, que no sabian de donde [habia sido.]
8 Entonces Jesus les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.
9 Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y la
arrendó á labradores, y se ausentó por muchos tiempos.
10 Y al tiempo envió un siervo á los labradores, para que le diesen del
fruto de la viña; y los labradores hiriéndole, le enviaron vacío.
11 Y volvió á enviar otro siervo: mas ellos á este tambien herido y
afrentado, le enviaron vacío.
12 Y volvió á enviar al tercer siervo: mas ellos tambien á este echaron
herido.
13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? enviaré mi Hijo amado:
quizá cuando á este vieren, tendrán respeto.
14 Mas los labradores viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el
heredero: venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra.
15 Y echándole fuera de la viña, le mataron. ¿Qué pues les hará el señor de
la viña?
16 Vendrá, y destruirá á estos labradores; y dará su viña á otros. Y como
ellos [lo] oyeron, dijeron: Guarda.
17 Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que
condenaron los edificadores, esta fué por cabeza de esquina?
18 Cualquiera que cayere sobre aquella piedra será quebrantado: mas sobre el
que la piedra cayere, le desmenuzará.
19 Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano
en aquella hora, mas tuvieron miedo del pueblo: porque entendieron que contra
ellos habia dicho esta parábola.
20 Y ACECHÁNDOLE, enviaron espiones que se simulasen justos, para tomarle en
palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del
presidente:
21 los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas
bien; y que no tienes respeto á persona, antes enseñas el camino de Dios con
verdad:
22 ¿nos es lícito dar tributo á César, ó no?
23 Mas él, entendida la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentais?
24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imágen, y la inscripcion? Y
respondiendo, dijeron: De César.
25 Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de
Dios, á Dios.
26 Y no pudieron reprender su dicho delante del pueblo: antes maravillados
de su respuesta, callaron.
27 Y llegándose unos de los Saducéos, los cuales niegan haber resurreccion,
le preguntaron,
28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere
teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante
simiente á su hermano.
29 Fueron pues siete hermanos y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.
30 Y la tomó el segundo, el cual tambien murió sin hijos.
31 Y la tomó el tercero: asimismo tambien todos siete; y no dejaron
simiente, y murieron.
32 Y á la postre de todos murió tambien la mujer.
33 En la resurreccion, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete
la tuvieron por mujer.
34 Entonces respondiendo Jesus, les dijo: los hijos de este siglo se casan,
y [ellas] son dadas en casamiento:
35 mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo, y de la
resurreccion de los muertos, ni [ellos] se casan, ni [ellas] son dadas en
casamiento.
36 Porque no pueden ya mas morir: porque son iguales á los ángeles, y son
hijos de Dios, cuando son hijos de la resurreccion.
37 Y que los muertos hayan de resucitar, Moisés aun lo enseñó junto al
zarzal, cuando dice al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de
Jacob.
38 Porque Dios no es [Dios] de muertos, mas de vivos: porque todos viven
[cuanto] á él.
39 Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.
40 Y no osaron mas preguntarle algo.
41 Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?
42 Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi
Señor: Asiéntate á mi diestra,
43 entre tanto que pongo tus enemigos [por] estrado de tus piés.
44 Así que David le llama Señor, ¿cómo pues es su hijo?
45 Y OYÉNDOLO todo el pueblo, dijo á sus discípulos:
46 Guardáos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las
salutaciones en las plazas: y las primeras sillas en las sinagogas: y los
primeros asientos en las cenas:
47 que engullen las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga
oracion: estos recibirán mayor condenacion.
CAPITULO 21
1 Y MIRANDO, vió los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de la
limosna.
2 Y vió tambien á una viuda pobrecilla, que echaba allí dos minutos.
3 Y dijo: De verdad os digo, que esta viuda pobre echó mas que todos:
4 porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios:
mas esta de su pobreza echó todo su sustento que tenia.
5 Y Á unos que decian del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y
dones, dijo:
6 Estas cosas que veis, dias vendrán, que no quedará piedra sobre piedra que
no sea destruida.
7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal
[habrá] cuándo estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?
8 El entonces dijo: Mirad, no seais engañados: porque vendrán muchos en mi
nombre, diciendo: Yo soy; y el tiempo está cerca: por tanto no vayais en pos
de ellos.
9 Empero cuando oyéreis de guerras y sediciones, no os espanteis: porque es
menester que estas cosas acontezcan primero: mas no luego [será] el fin.
10 Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino;
11 y habrá grandes terremotos en cada lugar, y hambres, y pestilencias; y
habrá prodigios, y grandes señales del cielo.
12 Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán,
entregándo[os] á las sinagogas, y á las cárceles, trayéndoos á los reyes, y á
los presidentes, por causa de mi nombre.
13 Y os será [esto] para testimonio.
14 Poned pues en vuestros corazones de no pensar antes cómo hayais de
responder.
15 Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir, ni
contradecir todos los que se os opondrán.
16 Mas sereis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y
amigos; y matarán de vosotros.
17 Y sereis aborrecidos por todos, por causa de mi nombre.
18 Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.
19 En vuestra paciencia poseereis vuestras vidas.
20 Y cuando viéreis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su
destruccion ha llegado.
21 Entonces los que estuvieren en Judéa, huyan á los montes; y los que
[estuvieren] en medio de ella, váyanse; y los que en las [otras] regiones, no
entren en ella.
22 Porque estos son dias de venganza, para que se cumplan todas las cosas
que están escritas.
23 Mas, ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias! porque
habrá apretura grande sobre [esta] tierra, é ira en este pueblo.
24 Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos por todas las
naciones; y Jerusalem será hollada de los Gentiles, hasta que los tiempos de
los Gentiles sean cumplidos.
25 Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en
la tierra apretura de gentes por la confusion del sonido de la mar, y de las
ondas;
26 secándose los hombres á causa del temor, y de la esperanza de las cosas
que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los
cielos serán conmovidas.
27 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en la nube, con potestad
y majestad grande.
28 Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras
cabezas: porque vuestra redencion está cerca.
29 Y les dijo tambien una parábola: Mirad la higuera, y todos los árboles:
30 cuando ya meten, viéndolos, de vosotros mismos entendeis que el verano
está ya cerca:
31 así tambien vosotros, cuando viéreis hacerse estas cosas, entended que
está cerca el reino de Dios.
32 De cierto os digo, que no pasará esta generacion, hasta que todo sea
hecho.
33 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
34 Y mirad por vosotros; que vuestros corazones no sean cargados de
glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente
sobre vosotros aquel dia.
35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de
toda la tierra.
36 Velad, pues, orando á todo tiempo, que seais tenidos dignos de evitar
todas estas cosas que han de venir, y de estar en pié delante del Hijo del
hombre.
37 Y ENSEÑABA entre dia en el templo; y de noche saliendo, estábase en el
monte que se llama de las Olivas.
38 Y todo el pueblo venia á él por la mañana, para oirle en el templo.
CAPITULO 22
1 Y ESTABA cerca el dia de la fiesta de los panes sin levadura, que se llama
la Pascua.
2 Y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas procuraban como le
matarian: mas tenian miedo del pueblo.
3 Y entró Satanás en Judas, que tenia por sobrenombre Iscariote, el cual era
uno del numero de los doce.
4 Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados,
de cómo se le entregaria.
5 los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.
6 Y prometió; y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin las
compañías.
7 Y VINO el dia de los panes sin levadura, en el cual era menester matar [el
cordero de] la Pascua.
8 Y envió á Pedro, y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos [el cordero de] la
Pascua, para que comamos.
9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?
10 Y él les dijo: Hé aquí, como entráreis en la ciudad, os encontrará un
hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare;
11 y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde
está el aposento donde tengo de comer [el cordero de] la Pascua con mis
discípulos?
12 Entonces él os mostrará un gran cenadero aderezado, aparejad allí.
13 Y yendo [ellos] halláronlo todo como les habia dicho; y aparejaron [el
cordero de] la Pascua.
14 Y como fué hora, se sentó á la mesa; y con él los doce apóstoles.
15 Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros este [cordero de
la] Pascua antes que padezca:
16 porque os digo, que no comeré de él, hasta que sea cumplido en el reino
de Dios.
17 Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, dijo: Tomad esto, y partid
entre vosotros.
18 Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de
Dios venga.
19 Y tomando el pan, habiendo hecho gracias, partió, y les dió, diciendo:
Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.
20 Asimismo tambien [tomó y les dió] el vaso, despues que hubo cenado,
diciendo: Este vaso [es] el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros
se derrama:
21 con todo eso, hé aquí, la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.
22 Y á la verdad el Hijo del hombre va segun lo que está determinado: empero
¡ay de aquel hombre por el cual es entregado!
23 Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos seria el
que habia de hacer esto.
24 Y fué entre ellos una contienda, quién de ellos parecia [que habia de]
ser el mayor.
25 Entonces él les dijo: los reyes de los Gentiles se enseñorean de ellos; y
los que sobre ellos tienen potestad son llamados bienhechores:
26 mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el
mas mozo; y el que es príncipe, como el que sirve:
27 porque, ¿cuál es mayor, el que se asienta á la mesa, ó el que sirve? ¿no
es el que se asienta á la mesa? y yo soy entre vosotros como el que sirve:
28 empero vosotros sois los que habeis permanecido conmigo en mis
tentaciones:
29 yo pues os ordeno el reino, como mi Padre me lo ordenó [á mí]:
30 para que comais y bebais en mi mesa en mi reino; y os asenteis sobre
tronos juzgando á las doce tribus de Israel.
31 Dijo tambien el Señor: Simon, Simon, hé aquí, [que] Satanás os ha pedido
para zarandaros como á trigo:
32 mas yo he rogado por tí que tu fé no falte; y tú vuelve alguna vez y
confirma á tus hermanos.
33 Y él le dijo: Señor, aparejado estoy á ir contigo, y á cárcel, y á
muerte.
34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no dará hoy voz antes que [tú]
niegues tres veces que me conoces.
35 Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos,
¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.
36 Y les dijo: Pues ahora el que tiene bolsa, tóme[la;] y tambien la
alforja; y el que no tiene, venda su capa y compre espada:
37 porque os digo, que aun es menester que se cumpla en mi aquello que está
escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que [está escrito] de mí,
[su] cumplimiento tiene.
38 Entonces ellos dijeron: Señor, hé aquí, dos espadas [hay] aquí. Y él les
dijo: Basta.
39 Y SALIENDO, se fué, como solia, al monte de las Olivas; y sus discípulos
tambien le siguieron.
40 Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entreis en tentacion.
41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas,
oró,
42 diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí: empero no se haga mi
voluntad, mas la tuya.
43 Y le apareció un ángel del cielo, esforzándole.
44 Y puesto en agonía, oraba mas intensamente; y fué su sudor como gotas de
sangre, que descendian hasta la tierra.
45 Y como se levantó de la oracion, y vino á sus discípulos, los halló
durmiendo de tristeza.
46 Y les dijo: ¿Qué dormis? levantáos, y orad que no entreis en tentacion.
47 Estando aun hablando él, hé aquí, la compañía, y el que se llamaba Judas,
uno de los doce, iba delante de ellos; y se llegó á Jesus, para besarle.
48 Entonces Jesus le dijo: ¿Judas, con beso entregas al Hijo del hombre?
49 Y viendo los que estaban con él lo que habia de ser, le dijeron: Señor,
¿heriremos á cuchillo?
50 Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le
quitó la oreja derecha.
51 Entonces respondiendo Jesus, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja,
le sanó.
52 Y Jesus dijo á los que habian venido á él, [de] los príncipes [de] los
sacerdotes, y [de] los magistrados del templo, y [de] los ancianos: ¿Como á
ladron habeis salido con espadas y con bastones?
53 habiendo estado con vosotros cada dia en el templo, no extendisteis las
manos en mí: mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
54 Y PRENDIÉNDOLE, le trajeron, y metiéronle en casa del príncipe de los
sacerdotes. Y Pedro le seguia de lejos.
55 Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos al
rededor, se sentó tambien Pedro entre ellos.
56 Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en
él, dijo: Y este con él era.
57 Entonces él lo negó, diciendo: mujer, no le conozco.
58 Y un poco despues viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo:
Hombre, no soy.
59 Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente tambien
este era con él: porque es Galiléo.
60 Y Pedro dice: Hombre, no sé que te dices. Y luego, estando aun él
hablando, el gallo cantó.
61 Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro; y Pedro se acordó de la palabra
del Señor, como le habia dicho: Antes que el gallo dé voz me negarás tres
veces.
62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.
63 Y los hombres que tenian á Jesus, burlaban de él, hiriéndo[le.]
64 Y cubriéndole herian su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza,
¿quién es el que te hirió?
65 Y decian otras muchas cosas injuriándole.
66 Y COMO fué de dia, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes
de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio,
67 diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no
creereis;
68 y tambien si os preguntare, no me respondereis, ni [me] soltareis:
69 mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la
potencia de Dios.
70 Y dijeron todos: ¿Luego tú Hijo eres de Dios? Y él les dijo: Vosotros
[lo] decís, que yo soy.
71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué mas testimonio deseamos? porque nosotros lo
hemos oido de su boca.
CAPITULO 23
1 LEVANTÁNDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato.
2 Y comenzaron á acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte
nuestra nacion, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo
el Rey.
3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y
respondiéndole él, dijo: Tú [lo] dices.
4 Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las compañías:
Ninguna culpa hallo en este hombre.
5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda
Judéa, comenzando desde Galiléa hasta aquí.
6 Entonces Pilato, oyendo de Galiléa, preguntó si [este] hombre era Galiléo.
7 Y como entendió que pertenecia al señorío de Herodes, le remitió á
Herodes, el cual tambien estaba en Jerusalem en aquellos dias.
8 Y Herodes, viendo á Jesus, se holgó mucho: porque habia mucho que le
deseaba ver: porque habia oido de él muchas cosas; y tenia esperanza que le
veria hacer alguna señal.
9 Y le preguntaba con muchas palabras: mas él nada le respondió.
10 Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los escribas acusándole con
gran porfía.
11 Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una
ropa rica: y le volvió á enviar á Pilato.
12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo dia: porque
antes eran enemigos entre sí.
13 Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los
magistrados, y el pueblo,
14 les dijo: Me habeis presentado á este por hombre que aparta al pueblo; y
hé aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en
este hombre de aquellas de que le acusais:
15 y ni aun Herodes: porque os remití á él; y hé aquí, que ninguna cosa
digna de muerte se le ha hecho:
16 le soltaré pues castigado.
17 Y tenia necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
18 Y toda la multitud dió voces á una, diciendo: Mata á este, y suéltanos á
Barrabás:
19 el cual habia sido echado en la cárcel por una sedicion hecha en la
ciudad, y una muerte.
20 Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesus.
21 Mas ellos volvian á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.
22 Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿qué mal ha hecho este? ninguna
culpa de muerte he hallado en él: le castigaré pues, y le soltaré.
23 Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado; y las
voces de ellos, y de los príncipes de los sacerdotes crecian.
24 Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedian.
25 Y les soltó á aquel que habia sido echado en la cárcel por sedicion y una
muerte, al cual habian pedido y entregó á Jesus á la voluntad de ellos.
26 Y LLEVÁNDOLE, tomaron á un Simon, Cirenéo, que venia del campo, y le
pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesus.
27 Y le seguia grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le
lloraban, y lamentaban.
28 Mas Jesus, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloreis á
mí: mas lloráos á vosotras mismas, y á vuestros hijos.
29 Porque, hé aquí, que vendrán dias, en que dirán: Bienaventuradas las
estériles, y los vientres que no engendraron, y las tetas que no criaron.
30 Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros; y los
collados: Cubridnos.
31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?
32 Y llevaban tambien con él otros dos malhechores á matar con él.
33 Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron
allí; y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.
34 Mas Jesus decia: Padre, perdónalos: porque no saben lo que hacen. Y
partiendo sus vestidos, echaron suertes.
35 Y el pueblo estaba mirando; y burlaban de él los príncipes con ellos,
diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si este es el Mesías, el
escogido de Dios.
36 Escarnecian de él tambien los soldados, llegándose, y presentándole
vinagre,
37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á tí mismo.
38 Y habia tambien un título escrito sobre él con letras griegas, y romanas,
y hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.
39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si
tú eres el Cristo, sálvate á tí mismo, y á nosotros.
40 Y respondiendo el otro, le riñó, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios,
estando en la misma condenacion?
41 y nosotros á la verdad, justamente [padecemos,] porque recibimos lo que
merecieron nuestros hechos: mas este ningun mal hizo.
42 Y dijo á Jesus: Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu reino.
43 Entonces Jesus le dijo: De cierto te digo, que hoy serás conmigo en el
Paraiso.