cornado.
CAPITULO 13
1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los Galiléos,
cuya sangre Pilato habia mezclado con sus sacrificios.
2 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Pensais que estos Galiléos, porque han
padecido tales cosas, hayan sido mas pecadores que todos los Galiléos?
3 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así.
4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Silóe, y los
mató, ¿pensais que ellos fueron mas deudores que todos los hombres que
habitan en Jerusalem?
5 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así.
6 Y decia esta parábola: Tenia uno una higuera plantada en su viña; y vino á
buscar fruto en ella, y no halló.
7 Y dijo al viñero: Hé aquí, tres años ha que vengo á buscar fruto en esta
higuera, y no [lo] hallo: córtala, ¿por qué ocupará aun la tierra?
8 El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que
[yo] la escave, y la estercole.
9 Y si hiciere fruto, [bien;] y si no, la cortarás despues.
10 Y ENSEÑABA en una sinagoga en sábados.
11 Y hé aquí, una mujer que tenia espíritu de enfermedad diez y ocho años, y
andaba agoviada que en ninguna manera podia mirar arriba.
12 Y como Jesus la vió, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu
enfermedad.
13 Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
14 Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, enojado que Jesus hubiese
curado en sábado, dijo á la compañía: Seis dias hay en que es menester obrar:
en estos pues venid, y sed curados; y no en dia de sábado.
15 Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros
no desata en sábado su buey, ó su asno del pesebre, y le lleva á beber?
16 Y á esta hija de Abraham, que hé aquí, que Satanás la habia ligado diez y
ocho años. ¿no convino desatarla de esta ligadura en dia de sábado?
17 Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo
el pueblo se gozaba de todas las cosas que gloriosamente eran por él hechas.
18 Y decia: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?
19 Semejante es al grano de la mostaza, que tomándole el hombre le metió en
su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande; y las aves del cielo hicieron
nidos en sus ramas.
20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé al reino de Dios?
21 Semejante es á la levadura, que tomándola la mujer, la esconde en tres
medidas de harina hasta que todo sea leudado.
22 Y PASABA por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando á
Jerusalem.
23 Y le dijo uno: ¿Señor, son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
24 Porfiad á entrar por la puerta angosta: porque [yo] os digo, que muchos
procurarán de entrar, y no podrán;
25 despues que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y
comenzareis á estar fuera, y tocar á la puerta, diciendo: Señor, Señor,
ábrenos; y respondiendo [él,] os dirá: No os conozco de donde seais.
26 Entonces comenzareis á decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en
nuestras plazas enseñaste.
27 Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de donde seais: apartáos de mí todos
los obreros de iniquidad.
28 Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viéreis á Abraham, y á
Isaac, y á Jacob y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser
echados fuera.
29 Y vendrán [otros] del oriente, y del occidente, y del norte, y del
mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.
30 Y hé aquí, que son postreros, los que eran los primeros; y que son
primeros, los que eran los postreros.
31 AQUEL mismo dia llegaron unos de los Fariséos, diciéndole: Sal, y véte de
aquí: porque Herodes te quiere matar.
32 Y les dice: Id, y decid á aquella zorra: Hé aquí, echo fuera demonios y
acabo sanidades hoy y mañana, y trasmañana soy consumado:
33 empero es menester que hoy, y mañana, y trasmañana camine: porque no es
posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son
enviados á tí, ¿cuántas veces quise juntar tus hijos, como el ave sus pollos
debajo de sus alas, y no quisiste?
35 Hé aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo, que no me vereis,
hasta que venga [tiempo] cuando digais: Bendito, el que viene en nombre del
Señor.
CAPITULO 14
1 Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariséos un sábado
á comer pan, ellos le acechaban.
2 Y hé aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él.
3 Y respondiendo Jesus, dijo á los doctores de la ley, y á los Fariséos,
diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?
4 Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y le envió.
5 Y respondiendo á ellos, dijo ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá
en [algun] pozo, y [él] no le sacará luego en dia de sábado?
6 Y no le podian replicar á estas cosas.
7 Y dijo una parábola á los convidados, atento como escogian los primeros
asientos á la mesa, diciéndoles:
8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te asientes en el primer
lugar: porque podrá ser que otro mas honrado que tú sea convidado de él;
9 y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga: Da lugar á este; y
entonces comiences con vergüenza á tener el postrer lugar.
10 Mas cuando fueres llamado, vé, asiéntate en el postrer lugar; porque
cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás
gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.
11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla
será ensalzado.
12 Y decia tambien al que le habia convidado: Cuando haces comida ó cena, no
llamas á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á tus vecinos
ricos: porque tambien ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha paga.
13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los
ciegos;
14 y serás bienaventurado: porque no te pueden pagar: mas te será pagado en
la resurreccion de los justos.
15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le
dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.
16 El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y llamó á muchos.
17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid,
que ya todo está aparejado.
18 Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado un
cortijo, y he menester de salir, y verle: te ruego que me tengas por
excusado.
19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; te
ruego que me tengas por excusado.
20 Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir.
21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces el padre
de la familia, enojado dijo su siervo: Vé presto por las plazas, y por las
calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.
22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.
23 Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos, y por los vallados, y
fuerzalos á entrar, para que se llene mi casa;
24 porque [yo] os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados,
gustará mi cena.
25 Y MUCHAS compañías iban con él; y volviéndose les dijo:
26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é
hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambien su vida, no puede ser mi
discípulo.
27 Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mi, no puede ser mi
discípulo.
28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero
sentado los gastos, si tiene [lo que ha menester] para acabar[la?]
29 Porque despues que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos
los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él,
30 diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.
31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose
primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene
contra él con veinte mil?
32 De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz,
enviándole embajada.
33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que
posee, no puede ser mi discípulo.
34 Buena es la sal: mas si la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?
35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena: en la calle la echan.
Quien tiene oidos para oir, oiga.
CAPITULO 15
1 SE llegaban á él todos los publicanos, y pecadores á oirle.
2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores
recibe, y con ellos come.
3 Y él les dice esta parábola, diciendo:
4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas,
no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta
que la halle?
5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso;
6 y viniendo á casa, junta á los amigos, y á los vecinos, diciéndoles: Dadme
el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido.
7 Os digo, que así habrá gozo en el cielo de un pecador que se enmienda,
[mas que] de noventa y nueve justos, que no han menester enmendarse.
8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere la una dracma, no
enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia, hasta
hallar[la?]
9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas, y las vecinas, diciendo:
Dadme el parabien: porque he hallado la dracma que habia perdido.
10 Así os digo, que hay gozo en los ángeles de Dios de un pecador que se
enmienda.
11 Tambien dice: Un hombre tenia dos hijos;
12 y el mas mozo de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la
hacienda que [me] pertenece. Y [él] les repartió la hacienda.
13 Y despues de no muchos dias, juntándolo todo el hijo mas mozo, se partió
lejos, á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo
perdidamente.
14 Y despues que lo hubo todo desperdiciado, vino una grande hambre en
aquella provincia; y comenzóle á faltar.
15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le
envió á su cortijo, para que apacentase los puercos.
16 Y deseaba henchir su vientre de las mondaduras que comian los puercos;
mas nadie se [las] daba.
17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen
abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18 me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el
cielo, y contra tí:
19 ya no soy digno de ser llamado tu hijo: hazme como á uno de tus
jornaleros.
20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, le vió su
padre, y fué movido á misericordia; y corriendo á él, se derribó sobre su
cuello, y le besó.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí: ya no
soy digno de ser llamado tu hijo.
22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle;
y poned anillo en su mano, y zapatos en sus piés;
23 y traed el becerro grueso, y matadle; y comamos, y hagamos banquete:
24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido: se habia perdido, y es
hallado. Y comenzaron á hacer banquete.
25 Y su hijo el mas viejo estaba en el campo, el cual como vino, y llegó
cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
26 y llamando uno de los siervos, le preguntó qué era aquello.
27 Y él le dijo: Tu hermano es venido; y tu padre ha muerto el becerro
grueso, por haberle recibido salvo.
28 Entonces [él] se enojó, y no queria entrar. El padre entonces saliendo,
le rogaba [que entrase.]
29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [ha que te]
sirvo, que nunca he traspasado tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito
para que haga banquete con mis amigos:
30 mas despues que vino este tu hijo, que ha engullido tu hacienda con
rameras, le has matado el becerro grueso.
31 El entonces le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas
son tuyas:
32 mas hacer banquete y holgar[nos] era menester: porque este tu hermano
muerto era, y revivió: habíase perdido, y es hallado.
CAPITULO 16
1 Y DECIA tambien á sus discípulos: Habia un hombre rico, el cual tenia un
mayordomo; y este fué acusado delante de él, como disipador de sus bienes.
2 Y le llamó, y le dice: ¿Qué [es] esto [que] oigo de tí? da cuenta de tu
mayordomía: porque ya no podrás mas ser mayordomo.
3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita
la mayordomía: cavar, no puedo: mendigar, tengo vergüenza:
4 [yo] se lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me
reciban en sus casas.
5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero:
¿Cuánto debes á mi señor?
6 Y él dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacion, y siéntate
presto, y escribe cincuenta.
7 Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo.
Y él le dijo: Toma tu obligacion, y escribe ochenta.
8 Y alabó el señor al mayordomo malo, por haber hecho prudentemente: porque
los hijos de este siglo mas prudentes son que los hijos de luz en su género.
9 Y yo os digo: Hacéos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando
faltáreis, seais recibidos en las moradas eternas.
10 El que es fiel en lo muy poco, tambien en lo mas es fiel; y el que en lo
muy poco es injusto, tambien en lo mas es injusto.
11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿lo que es verdadero,
quién os lo confiará?
12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿lo que es vuestro, quién os lo
dará?
13 Ningun siervo puede servir á dos señores: porque, ó aborrecerá al uno y
amará al otro, ó se allegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis
servir á Dios, y á las riquezas.
14 Y oían tambien los Fariséos todas estas cosas, los cuales eran avaros; y
burlaban de él.
15 Y les dice: Vosotros sois los que os justificais á vosotros mismos
delante de los hombres: mas Dios conoce vuestros corazones: porque lo que los
hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominacion.
16 La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es
anunciado, y quienquiera hace fuerza contra él.
17 Empero mas fácil cosa es perecer el cielo y la tierra, que perderse una
tilde de la ley.
18 Cualquiera que envia á su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que
se casa con la enviada del marido, adultera.
19 Y habia un hombre rico, que se vestia de púrpura y de lino fino, y hacia
cada dia banquete espléndidamente.
20 Habia tambien un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la
puerta de él, lleno de llagas,
21 y deseando hartarse de las migajas que caian de la mesa del rico y aun
los perros venian, y le lamian las llagas.
22 Y aconteció, que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno
de Abraham: y murió tambien el rico, y fué sepultado.
23 Y en el infierno, alzando sus ojos, estando en los tormentos, vió á
Abraham lejos, y á Lázaro en su seno.
24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y
envia á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua:
porque soy atormentado en esta llama.
25 Y le dijo Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y
Lázaro tambien males: mas ahora este es consolado, y tú atormentado:
26 y además de todo esto, una grande sima está confirmada entre nosotros y
vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de
allá pasar acá.
27 Y dijo: Ruégote^, pues, padre, que le envies á la casa de mi padre:
28 porque tengo cinco hermanos, para que les proteste, porque no vengan
ellos tambien á este lugar de tormento.
29 Y Abraham le dice: A Moisés, y á los profetas tienen, óiganlos.
30 El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los
muertos, se enmendarán.
31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés, y á los profetas, tampoco se
persuadirán, Si alguno se levantare de los muertos.
CAPITULO 17
1 Y Á sus discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos: mas ¡ay de
aquel por quien vienen!
2 Mejor le fuera, si una muela [de un molino] de asno le fuera puesta al
cuello, y fuera echado en la mar, que escandalizar uno de estos pequeñitos.
3 Mirad por vosotros. Si pecare contra tí tu hermano, repréndele; y si se
arrepintiere, perdónale.
4 Y si siete veces al dia pecare contra tí, y siete veces al dia se volviere
á tí, diciendo: Pésame: perdónale.
5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fé.
6 Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fé como un grano de mostaza, direis á
este sicomoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedeceria.
7 ¿Y cuál de vosotros tiene un siervo que ara, ó apacienta, que vuelto del
campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?
8 ¿No le dice antes: Adereza que cene, y arremángate, y sírveme hasta que
haya comido y bebido; y despues de esto come tú y bebe?
9 ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le habia sido mandado? Pienso
que no.
10 Así tambien vosotros, cuando hubiéreis hecho todo lo que os es mandado,
decid: Siervos inútiles somos: porque lo que debiamos de hacer hicimos.
11 Y ACONTECIÓ, que yendo él^ á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de
Galiléa.
12 Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro [diez] hombres leprosos,
los cuales se pararon de lejos;
13 y alzaron la voz, diciendo: Jesus, Maestro, ten misericordia de nosotros.
14 los cuales como él vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y
aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.
15 Entonces el uno de ellos, como se vió que era limpio, volvió,
glorificando á Dios á gran voz.
16 Y se derribó sobre su rostro á sus piés, haciéndole gracias: y este era
Samaritano.
17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿y los
nueve, dónde [están?]
18 ¿no hubo quien volviese, y diese gloria á Dios, sino este extranjero?
19 Y le dijo: Levántate, véte: tu fé te ha salvado.
20 Y PREGUNTADO de los Fariséos, cuando habia de venir el reino de Dios, les
respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto;
21 ni dirán: Héle aquí, ó héle allí: porque, hé aquí, el reino de Dios entre
vosotros está.
22 Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando deseareis ver uno de los
dias del Hijo del hombre, y no le vereis.
23 Y os dirán: Héle aquí, ó héle allí. No vais ni sigais.
24 Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo
del cielo resplandece hasta la [otra] que está debajo del cielo, así tambien
[será] el Hijo del hombre en su dia:
25 mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta
generacion.
26 Y como fué en los dias de Noé, así tambien será en los dias del Hijo del
hombre:
27 comian, bebian, [maridos] tomaban mujeres, y mujeres maridos, hasta el
dia que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.
28 Asimismo tambien como fué en los dias de Lot: comian, bebian, compraban,
vendian, plantaban, edificaban:
29 mas el dia que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y
destruyó á todos:
30 como esto será el dia que el Hijo del hombre se manifestará.
31 En aquel dia, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no
descienda á tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
32 Acordáos de la mujer de Lot.
33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la
perdiere, la salvará.
34 Os digo, que aquella noche estarán dos en una cama: el uno será tomado, y
el otro será dejado.
35 Dos [mujeres] estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será
dejada.
36 Dos estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado.
37 Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? y él les dijo: Donde
[estuviere] el cuerpo, allá se juntarán tambien las águilas.
CAPITULO 18
1 Y LES dijo tambien una parábola, que es menester orar siempre, y no
cansarse,
2 diciendo: Habia un juez en una ciudad, el cual ni temia á Dios, ni
respetaba hombre.
3 Habia tambien en aquella ciudad una viuda, la cual venia á él, diciendo:
Defiéndeme de mi adversario.
4 Mas él no quiso por tiempo: mas despues de esto, dijo dentro de sí: Aunque
ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre;
5 todavia, porque esta viuda me es molesta, la defenderé, porque al fin no
venga y me muela.
6 Y dijo el Señor: Oid lo que dice el mal juez:
7 ¿y Dios no defenderá á sus escogidos que claman á él dia y noche, aunque
sea longánimo acerca de ellos?
8 os digo que los defenderá presto: empero el Hijo del hombre, cuando
viniere, ¿hallará fé en la tierra?
9 Y dijo tambien á unos, que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á
los otros, esta parábola:
10 Dos hombres subieron al templo á orar, el uno Fariséo, y el otro
publicano.
11 El Fariséo en pié oraba consigo de esta manera: Dios, te hago gracias,
que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como
este publicano.
12 Ayuno dos veces en la semana: doy diezmos de todo lo que poseo.
13 Mas el publicano estando lejos, no queria, ni aun alzar los ojos al
cielo: mas heria su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí, pecador.
14 Os digo que este descendió á su casa [mas] justificado que el otro:
porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será
ensalzado.
15 Y TRAIAN á él los niños para que los tocase, lo cual viéndolo los
discípulos, les reñian.
16 Mas Jesus llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los
impidais: porque de tales es el reino de Dios:
17 de cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como
un niño, no entrará en él.
18 Y LE preguntó un príncipe, diciendo: ¿Maestro bueno, qué haré para poseer
la vida eterna?
19 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices, bueno? ninguno hay bueno sino solo
Dios:
20 los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás
falso testimonio: Honra á tu padre, y á tu madre.
21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
22 Y Jesus oido esto, le dijo: Aun una cosa te falta: todo lo que tienes,
véndelo, y dálo á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y vén, sígueme.
23 Entonces él, oidas estas cosas, fué muy triste, porque era rico mucho.
24 Y viendo Jesus que se habia entristecido mucho, dijo: ¡Cuán
dificultosamente entrarán en el reino de Dios, los que tienen dineros!
25 Porque mas fácil cosa es entrar un cable por un ojo de una aguja, que un
rico entrar al reino de Dios.
26 Y los que [lo] oian, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?
27 Y él les dijo: Lo que es imposible acerca de los hombres, posible es
acerca de Dios.
28 Entonces Pedro dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te
hemos seguido.
29 Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, ó
padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,
30 que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero
la vida eterna.
31 Y JESUS tomando [aparte] los doce, les dijo: Hé aquí, subimos á
Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los
profetas del Hijo del hombre.
32 Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y
escupido;
33 y despues que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer dia
resucitará.
34 Mas ellos nada de estas cosas entendian, y esta palabra les era
encubierta; y no entendian lo que se decia.
35 Y ACONTECIÓ, que acercándose él de Jericó, un ciego estaba sentado junto
al camino mendigando,
36 el cual como oyó la compañía que pasaba, preguntaba qué era aquello.
37 Y le dijeron, que Jesus Nazareno pasaba.
38 Entonces dió voces, diciendo: Jesus, Hijo de David, ten misericordia de
mí.
39 Y los que iban delante, le reñian que callase: mas él clamaba mucho mas:
Hijo de David, ten misericordia de mí.
40 Jesus entonces parándose, mandó traerle á sí. Y como él llegó, le
preguntó^.
41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.
42 Y Jesus le dijo: Ve: tu fé te ha hecho salvo.
43 Y luego vió, y le seguia, glorificando á Dios: y todo el pueblo como vió
[esto,] dió alabanza á Dios.
CAPITULO 19
1 Y ENTRADO, pasó adelante á Jericó.
2 Y hé aquí, un varon llamado Zachéo el cual era príncipe de los publicanos,
y era rico.
3 Y procuraba ver á Jesus quién fuese; y no podia á causa de la multitud,
porque era pequeño de estatura.
4 Y corriendo delante, se subió en un árbol cabrahigo, para verle: porque
habia de pasar por allí.
5 Y como vino á aquel lugar Jesus, mirando le vió, y le dijo: Zachéo, dáte
priesa, desciende: porque hoy es menester que pose en tu casa.
6 Entonces él descendió á priesa, y le recibió gozoso.
7 Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que habia entrado á posar con
un hombre pecador.
8 Entonces Zachéo, puesto en pié, dijo al Señor: Hé aquí, Señor, la mitad de
mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo
con los cuatro tantos.
9 Y Jesus le dijo: Hoy ha sido salva esta casa: por cuanto tambien él es
hijo de Abraham.
10 Porque el Hijo del hombre vino á buscar, y á salvar lo que se habia
perdido.
11 Y OYENDO ellos estas cosas, prosiguiendo [él,] dijo una parábola, por
cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego habia de ser
manifestado el reino de Dios.