tomándolos, se apartó aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama
Bethsaida.
11 Lo cual como las compañías entendieron, le siguieron; y él los recibió, y
les hablaba del reino de Dios: y sanó los que tenian necesidad de cura.
12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron:
Despide las compañías, para que yendo á las aldeas, y heredades de al
rededor, vayan y hallen viandas: porque aquí estamos en lugar desierto.
13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos mas de
cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda
esta compañía.
14 Y estaban como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos:
Hacedlos recostar por mesas de cincuenta en cincuenta.
15 Y así lo hicieron; y recostáronse todos.
16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los
bendijo; y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las
compañías.
17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos,
doce esportones.
18 Y ACONTECIÓ, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y
les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las compañías que soy?
19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y
otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado.
20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simon
Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
21 Entonces él amenazándolos, les mandó que á nadie dijesen esto,
22 diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y ser
desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los
Escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer dia.
23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí
mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame.
24 Porque cualquiera que quisiere salvar su alma, la perderá; y cualquiera
que perdiere su alma por causa de mí, este la salvará.
25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda
él á sí mismo, ó corra peligro de sí?
26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo
del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los
santos ángeles.
27 Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no
gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
28 Y ACONTECIÓ que despues de estas palabras, como ocho dias, tomó á Pedro,
y á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar.
29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su
vestido blanco y resplandeciente.
30 Y hé aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y
Elías,
31 que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de
cumplir en Jerusalem.
32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como
despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro,
bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para tí, y una
para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decia.
34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron
temor entrando ellos en la nube.
35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado, á él oíd.
36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por
aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian vista.
37 Y ACONTECIÓ el dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran
compañía le salió al encuentro;
38 y hé aquí, que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote
que veas á mi hijo que tengo único:
39 y hé aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza con
espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole:
40 y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta
cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? trae tu hijo acá.
42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus
riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió á su padre.
43 Y TODOS estaban fuera de sí en la grandeza de Dios, y maravillándose
todos de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos:
44 Poned vosotros en vuestras orejas estas palabras: porque ha de acontecer
que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
45 Mas ellos no entendian esta palabra: y les era encubierta para que no la
entendiesen; y temian de preguntarle de esta palabra.
46 ENTONCES entraron en disputa, cual de ellos seria el mayor.
47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y
le puso junta á sí,
48 y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe;
y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió: porque el que
fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande.
49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos vista á uno que echaba
fuera demonios en tu nombre, y se lo defendimos, porque no [te] sigue con
nosotros.
50 Jesus le dijo: No [le] defendais, porque el que no es contra nosotros,
por nosotros es.
51 Y ACONTECIÓ [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido
arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.
52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una
ciudad de los Samaritanos, para aderezarle [allí.]
53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba á Jerusalem.
54 Y viendo [esto] sus discípulos, Jacobo y Juan dijeron: Señor, ¿quieres
que digamos que descienda fuego del cielo, y los consume, como hizo Elías?
55 Entonces volviendo él, les riñó, diciendo: Vosotros no sabeis de qué
espíritu sois:
56 porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las vidas de los
hombres, mas para salvar[las.] Y se fueron á otra aldea.
57 Y ACONTECIÓ que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, [yo] te
seguiré donde quiera que fueres.
58 Y le dijo Jesus: las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos
nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y
entierre á mi padre.
60 Y Jesus le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé,
anuncia el reino de Dios.
61 Entonces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor: mas déjame que me despida
primero de los que están en mi casa.
62 Y Jesus le dijo: ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es
apto para el reino de Dios.
CAPITULO 10
1 Y DESPUES de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, los cuales
envió de dos en dos, delante de sí á todas las ciudades y lugares á donde él
habia de venir.
2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos; por
tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies.
3 Andad, hé aquí, yo os envio como á corderos en medio de lobos.
4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y á nadie saludeis en el camino.
5 En cualquier casa donde entráreis, primeramente decid: Paz [sea] á esta
casa.
6 Y si hubiere allí algun hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si
no, se volverá á vosotros.
7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren: porque
el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa.
8 Y en cualquier ciudad donde entráreis, y os recibieren, comed lo que os
pusieren delante;
9 y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha allegado á
vosotros el reino de Dios.
10 Mas en cualquier ciudad donde entráreis, y no os recibieren, saliendo por
sus calles, decid:
11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos en
vosotros: esto empero sabed que el reino de los cielos se ha allegado á
vosotros.
12 Y os digo, que los de Sodoma tendrán mas remision aquel dia, que aquella
ciudad.
13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tyro, y en Sidón
fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya dias ha, que
sentados en cilicio y ceniza, hubieran hecho penitencia:
14 por tanto Tyro y Sidón tendrán mas remision que vosotras en el juicio.
15 Y tú, Capharnaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los
enfiernos serás bajada.
16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí
desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.
17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se
nos sujetan en tu nombre.
18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo:
19 hé aquí, [yo] os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los
escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará:
20 mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujeten: mas
antes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Te confieso,
oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas los
sábios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así
te agradó.
22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el
Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo
le quisiere revelar.
23 Y vuelto particularmente á sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos
que ven lo que vosotros veis:
24 porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros
veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.
25 Y HÉ aquí, [que] un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo:
Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
26 Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees?
27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de
toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu
prójimo, como á tí mismo.
28 Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi
prójimo?
30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y
cayó en ladrones; los cuales le despojaron, é hiriéndole, se fueron,
dejándole medio muerto.
31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole,
se pasó del un lado.
32 Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó
del un lado.
33 Y un Samaritano, que iba camino, viniendo cerca de él, y viéndole, fué
movido á misericordia;
34 y llegándose, le vendó las heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole
sobre su cabalgadura, le llevó al meson, y le cuidó.
35 Y otro dia partiéndose, sacó dos dineros y los dió al huesped, y le dijo:
Cuídale; y todo lo que de mas gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré.
36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que
cayó en ladrones?
37 Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesus le dijo: Vé,
y haz tú lo mismo.
38 Y ACONTECIÓ, que yendo, entró él en una aldea; y una mujer llamada Marta
le recibió en su casa.
39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los
piés de Jesus oia su palabra.
40 Marta empero se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice:
Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? díle, pues, que
me ayude.
41 Respondiendo Jesus entonces, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y
con las muchas cosas estás turbada:
42 empero una cosa es necesaria: mas María escogió la buena parte, la cual
no le será quitada.
CAPITULO 11
1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus
discípulos le dijo: Señor, enseñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus
discípulos.
2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro, que estás en los cielos,
sea tu nombre santificado. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad como en el
cielo [así] tambien en la tierra.
3 El pan nuestro de cada dia dános[le] hoy.
4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos
los que nos deben. Y no nos metes en tentacion: mas líbranos de mal.
5 Les dijo tambien: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media
noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
6 porque un mi amigo ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle
delante;
7 y él dentro respondiendo, diga, No me seas molesto: la puerta está ya
cerrada, y mis niños están conmigo en la cama: no puedo levantarme, y darte?
8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su
importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y os será
abierto.
10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca,
es abierto.
11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?
¿ó, si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?
12 ¿ó, si [le] pidiere un huevo, le dará un escorpion?
13 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros
hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que
le pidieren de él?
14 TAMBIEN echó fuera un demonio, el cual era mudo; y aconteció, que salido
fuera el demonio, el mudo habló, y las compañías se maravillaron.
15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa
fuera los demonios.
16 Y otros, tentando, pedian de él señal del cielo.
17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino
dividido contra sí mismo es asolado, y casa cae sobre casa.
18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí, ¿cómo estará en pié su
reino? porque decis, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios.
19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos, en
quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces.
20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de
Dios ha llegado á vosotros.
21 Cuando el fuerte armada guarda su palacio, en paz está lo que posee.
22 Mas si otro mas fuerte que él sobreviniendo le venciere, [le] toma todas
sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no apaña, derrama.
24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos
buscando reposo, y no hallándo[le], dice: Me volveré á mi casa, de donde
salí.
25 Y viniendo, la halla barrida y adornada.
26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados
habitan allí; y son las postreras del tal hombre peores que las primeras.
27 Y aconteció, que diciendo [él] estas cosas, una mujer de la compañía
levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y las
tetas que mamaste.
28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la
guardan.
29 Y juntándose las compañías á él, comenzó á decir: Esta generacion mala
es: señal busca, mas señal no le será dado, sino la señal de Jonás profeta.
30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del
hombre á esta generacion.
31 La reina del austro se levantará en juicio con los hombres de esta
generacion, y los condenará: porque vino de los fines de la tierra á oir la
sabiduria de Salomón: y hé aquí, mas que Salomón en este lugar.
32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la
condenarán: porque á la predicacion de Jonás hicieron penitencia; y hé aquí,
mas que Jonás en este lugar.
33 Nadie pone en oculto el candil encendido, ni debajo del almud; sino en el
candelero, para que los que entran, vean la lumbre.
34 El candil del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambien todo
tu cuerpo será resplandeciente: mas si fuere malo, tambien tu cuerpo será
tenebroso.
35 Mira pues, si la lumbre que en tí hay, es tinieblas.
36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte
de tiniebla, será todo luciente como cuando un candil de resplandor te
alumbra.
37 Y DESPUES que hubo hablado, le rogó un Fariséo que comiese con él; y
entrado Jesus, se sentó á la mesa.
38 Y el Fariséo como [lo] vio, se maravilló de que no se lavó antes de
comer.
39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariséos lo de fuera del vaso y
del plato limpiais: mas lo que está dentro de vosotros, está lleno de rapiña
y de maldad.
40 Locos, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo tambien lo de dentro?
41 Empero lo que resta, dad limosna: y hé aquí, todo os será limpio.
42 Mas ¡ay de vosotros Fariséos! que diezmais la menta, y la ruda, y toda
hortaliza: mas el juicio y la caridad de Dios pasais [de largo.] Empero estas
cosas era menester hacer, y no dejar las otras.
43 ¡Ay de vosotros Fariséos! que amais las primeras sillas en las sinagogas,
y las salutaciones en las plazas.
44 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! que sois como sepulcros
que no se parecen, y los hombres que andan encima no [lo] saben.
45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando
dices esto, tambien nos afrentas á nosotros.
46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros tambien, doctores de la ley! que cargais los
hombres con cargas que no pueden llevar: mas vosotros, ni aun con un dedo
tocais las cargas.
47 ¡Ay de vosotros! que edificais los sepulcros de los profetas, y los
mataron vuestros padres.
48 Cierto dais testimonio que consentis en los hechos de vuestros padres:
porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificais sus sepulcros.
49 Por tanto la sabiduría de Dios tambien dijo: Enviaré á ellos profetas y
apóstoles, y de ellos [á unos] matarán, y [á otros] perseguirán.
50 Para que de esta generacion sea demandada la sangre de todos los
profetas, que ha sido derramada desde la fundacion del mundo:
51 desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacharías que murió entre el
altar y la casa: así os digo, será demandada de esta generacion.
52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que [os] tomasteis la llave de la
ciencia: vosotros no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.
53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariséos comenzaron á
apretarle en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas,
54 acechándole, y procurando de cazar algo de su boca para acusarle.
CAPITULO 12
1 EN esto juntándose muchas compañías, tanto que unos á otros se hollaban,
comenzó á decir á sus discípulos: Primeramente guardáos de la levadura de los
Fariséos, que es hipocresía.
2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que
no haya de ser sabido.
3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, en lumbre serán oidas; y
lo que hablasteis al oido en las camaras, será pregonado en los tejados.
4 Mas os digo, amigos mios: No temais de los que matan el cuerpo, y despues
no tienen mas que hagan:
5 mas os enseñaré á quien temais: Temed á aquel que despues que hubiere
muerto, tiene potestad de echar en el quemadero: así os digo: A este temed.
6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas, y uno de ellos no está
olvidado de Dios?
7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza, todos están contados. No temais
pues: de mas estima sois [vosotros] que muchos pajarillos.
8 Pero os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres,
tambien el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.
9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los
ángeles de Dios.
10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será
perdonado: mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será
perdonado.
11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades,
no esteis solícitos cómo, ó qué hayais de responder, ó qué hayais de decir.
12 Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será
menester decir.
13 Y LE dijo uno de la compañía: Maestro, dí á mi hermano que parta conmigo
la herencia.
14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez, ó partidor sobre
vosotros?
15 Y les dijo: Mirad, y guardáos de avaricia: porque la vida del hombre no
consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16 Y les dijo una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico habia
llevado muchos frutos;
17 y [él] pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo donde
junte mis frutos?
18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores; y
allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;
19 y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes en depósito para muchos
años: repósate, come, bebe, huélgate.
20 Y le dijo Dios: ¡Loco! esta noche vuelven á pedir tu alma; ¿y lo que has
aparejado, cuyo será?
21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
22 Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No esteis solícitos de
vuestra vida, qué comereis; ni del cuerpo, qué vestireis.
23 La vida mas es que la comida; y el cuerpo, que el vestido.
24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan: que ni tienen
cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta: ¿cuánto de mas estima sois vosotros
que las aves?
25 ¿Quién de vosotros podrá con [su] solicitud añadir á su estatura un codo?
26 Pues si no podeis aun lo que es menos, ¿para qué estareis solícitos de lo
demás?
27 Considerad los lirios, como crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que
ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el campo, y mañana es
echada en el horno, ¿cuánto mas á vosotros, [hombres] de poca fé?
29 Vosotros, pues, no procureis qué hayais de comer, ó qué hayais de beber,
y no andeis elevados:
30 porque todas estas cosas las gentes del mundo las buscan: que vuestro
Padre sabe que habeis menester estas cosas.
31 Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
32 No temais, oh manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino.
33 Vended lo que poseeis, y dad limosna: hacéos bolsas que no se envejecen,
tesoro en los cielos que nunca falte: donde ladron no llega, ni polilla
corrompe.
34 Porque donde está vuestro tesoro, allí tambien estará vuestro corazon.
35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestros] candiles encendidos;
36 y vosotros, semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver
de las bodas; para que cuando viniere y tocare, luego le abran.
37 Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando el señor viniere,
hallare velando: de cierto os digo, que [él] se ceñirá, y hará que se sienten
á la mesa, y pasando les servirá.
38 Y aunque venga á la segunda vela, y aunque venga á la tercera vela, y los
hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
39 Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora habia de
venir el ladron, velaria ciertamente, y no dejaria minar su casa.
40 Vosotros, pues, tambien estad apercibidos: porque á la hora que no
pensais, el Hijo del hombre vendrá.
41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó tambien
á todos?
42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor
pondrá sobre su familia, para que en tiempo les dé [su] racion?
43 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare
haciendo así.
44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.
45 Mas si el tal siervo dijere en su corazon: Mi señor se tarda de venir y
comenzare á herir los siervos y las criadas, y á comer, y á beber, y á
borrachear,
46 vendrá el señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora
que [él] no sabe; y le apartará, y pondrá su suerte con los infieles.
47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no [se]
apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.
48 Mas el que no entendió, é hizo por qué ser azotado, será azotado poco,
porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y
al que encomendaron mucho, mas será de él pedido.
49 Fuego vine á meter en la tierra, ¿y qué quiero, si ya está encendido?
50 Empero, de bautismo me es necesario ser bautizado, ¡y cómo me angustio
hasta que sea cumplido!
51 ¿Pensais que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo: mas disension.
52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra
dos, y dos contra tres.
53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre: la
madre contra la hija, y la hija contra la madre: la suegra contra su nuera, y
la nuera contra su suegra.
54 Y decia tambien á las compañías: Cuando viéreis la nube que sale del
poniente, luego decis: Agua viene; y es así.
55 Y cuando sopla el austro, decis: Que habrá calor; y lo hay.
56 ¡Hipócritas! Sabeis examinar la faz del cielo y de la tierra, ¿y este
tiempo, cómo no lo examinais?
57 ¿Mas por qué aun de vosotros mismos no juzgais lo que es justo?
58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino de
librarte de él, porque no te traiga al juez, y el juez te entregue al
alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.