1 Y ACONTECIÓ, que estando él junto al lago de Gennezaret, las compañías se

derribaban sobre él por oir la palabra de Dios.

2 Y vió dos navíos que estaban cerca de la orilla del logo; y los

pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.

3 Y entrado en uno de estos navíos, el cual era de Simon, le rogó que le

desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el navío las

compañías.

4 Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Lleva en alto mar, y echad vuestras

redes para tomar.

5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche,

nada hemos tomado: mas en tu palabra echaré la red.

6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se

rompia.

7 E hicieron señas á los compañeros que [estaban] en el otro navío, que

viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos navíos de tal manera que

se anegaban.

8 Lo cual viendo Simon Pedro, se derribó de rodillas á Jesus, diciendo:

Salte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador.

9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que [estaban] con él, de la

presa de los peces que habian tomado:

10 y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedéo, que eran compañeros de

Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas: desde ahora tomarás hombres.

11 Y como llegaron á tierra los navíos, dejándolo todo, le siguieron.

12 Y ACONTECIÓ que estando en una ciudad, hé aquí un hombre lleno de lepra,

el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo: Señor,

si quisieres, puedes limpiarme.

13 Entonces extendiendo la mano le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y

luego la lepra se fué de él.

14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas vé, (dice), muéstrate al

sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para que les conste.

15 Empero el hablar de él andaba mas; y se juntaban muchas compañías á oir,

y ser sanadas por él de sus enfermedades.

16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.

17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y Fariséos y doctores de la

ley estaban sentados, los cuales habian venido de todas las aldeas de

Galiléa, y de Judéa, y Jerusalem; y la virtud del Señor estaba allí para

sanarlos.

18 Y hé aquí, unos hombres, que traian en una cama un hombre que estaba

paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y ponerle delante de él.

19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima

de la casa, y por el tejado le bajaron con la cama en medio, delante de

Jesus.

20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son

perdonados.

21 Entonces los escribas y Fariséos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es

este que habla blasfemias? ¿quien puede perdonar pecados, sino solo Dios?

22 Jesus entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les

dijo: ¿Qué pensais en vuestros corazones?

23 ¿cuál es mas fácil; decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir:

Levántate, y anda?

24 pues porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de

perdonar pecados, (dice al paralítico): Á tí digo : Levántate, toma tu cama;

y véte á tu casa.

25 Y luego levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que

estaba echado, se fué á su casa glorificando á Dios.

26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor,

diciendo: Que hemos visto maravillas hoy.

27 Y DESPUES de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví,

sentado al banco [de los públicos tributos,] y le dijo: Sígueme.

28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió.

29 E hizo Leví gran banquete en su casa, y habia mucha compañía de

publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.

30 Y los escribas y los Fariséos murmuraban contra sus discípulos, diciendo:

¿Por qué comeis y bebeis con los publicanos y pecadores?

31 Y respondiendo Jesus, les dijo: los que están sanos no han menester

médico, sino los que están enfermos:

32 no he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores á penitencia.

33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas

veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariséos; y tus discípulos

comen y beben?

34 Y él les dijo: ¿Podeis hacer que los que son de bodas ayunen, entre tanto

que el esposo está con ellos?

35 empero vendrán dias cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán

en aquellos dias.

36 Y les decia tambien una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en

vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo

nuevo.

37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo

romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.

38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se

conserve.

39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El

viejo es mejor.

CAPITULO 6

1 Y ACONTECIÓ que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del

primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, fregándolas con las

manos.

2 Y algunos de los Fariséos les dijeron: ¿Por qué haceis lo que no es lícito

hacer en sábados?

3 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Ni aun esto habeis leido, que hizo David

cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?

4 ¿cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y

comió, y dió tambien á los que [estaban] con él; los cuales no era lícito

comer, sino á solos los sacerdotes?

5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

6 Y aconteció tambien en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñó;

y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca.

7 Y le acechaban los escribas y los Fariséos, si sanaria en sábado, por

hallar de qué le acusasen.

8 Mas él sabia los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenia la mano

seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pié.

9 Entonces Jesus les dice: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en sábados

bien hacer, ó mal hacer? ¿hacer salva [una] persona, ó matarla?

10 Y mirándolos á todos al rededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él

lo hizo así, y su mano fué restituida sana como la otra.

11 Y ellos fueron llenos de locura, y hablaban los unos á los otros qué

harian á Jesus.

12 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que fué al monte á orar, y pasó la noche

orando á Dios.

13 Y como fué de dia, llamó á sus discípulos; y escogió doce de ellos, los

cuales tambien llamó Apóstoles:

14 á Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y

Juan, Felipe y Bartolomé,

15 Matéo y Tomás, y Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon, el que se llama

Zeloso,

16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que tambien fué el traidor.

17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus

discípulos, y grande multitud de pueblo de toda Judéa, y de Jerusalem, y de

la costa de Tyro y de Sidón, que habian venido á oirle, y para ser sanados de

sus enfermedades;

18 y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos: y eran

sanos.

19 Y toda la compañía procuraba, de tocarle: porque salia de él virtud, y

sanaba á todos.

20 Y ALZANDO él los ojos á sus discípulos, decia: Bienaventurados los

pobres: porque vuestro es el reino de Dios.

21 Bienaventurados los que ahora teneis hambre: porque sereis hartos.

Bienaventurados los que ahora llorais: porque reireis.

22 Bienaventurados sereis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os

esparcieren, y [os] denostaren, y rayeren vuestro nombre como malo, por el

Hijo del hombre.

23 Gozáos en aquel dia, y alegráos: porque, hé aquí, vuestro galardon [es]

grande en los cielos: porque así hacian sus padres á los profetas.

24 Mas ¡ay de vosotros ricos! porque teneis vuestro consuelo.

25 ¡Ay de vosotros, los que estais hartos! porque tendreis hambre. ¡Ay de

vosotros, los que ahora reís! porque lamentareis y llorareis.

26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros!

porque así hacian sus padres á los falsos profetas.

27 Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos: haced bien á

los que os aborrecen.

28 Bendecid á los que os maldicen; y orad por los que os calumnian.

29 Y al que te hiriere en la mejilla, dále tambien la otra; y del que te

quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.

30 Y á cualquiera que te pidiere, dá; y al que tomare lo que [es] tuyo, no

vuelvas á pedir.

31 Y como quereis que os hagan los hombres, hacedles tambien vosotros así.

32 Porque si amais á los que os amen, ¿qué gracias tendreis? porque tambien

los pecadores aman á los que los aman.

33 Y si hiciéreis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendreis?

porque tambien los pecadores hacen lo mismo.

34 Y si prestáreis á aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias

tendreis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir

otro tanto.

35 Amad pues á vuestros enemigos; y haced bien, y emprestad, no esperando de

ello nada; y será vuestro galardon grande, y sereis hijos del Altísimo:

porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos.

36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso.

37 No juzgueis, y no sereis juzgados: no condeneis, y no sereis condenados:

perdonad, y sereis perdonados:

38 dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en

vuestro regazo: porque con la misma medida que midiéreis, os será vuelto á

medir.

39 Y les decia una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán

ambos en el hoyo?

40 El discípulo no es sobre su maestro: mas cualquiera que fuere como el

maestro, será perfecto.

41 ¿Por qué miras la paja que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que

[está] en tu propio ojo no consideras?

42 ¿O cómo puedas decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja

que [está] en tu ojo, no mirando tú la viga que [está] en tu ojo? Hipócrita,

echa fuera primero de tu ojo la viga; y entonces mirarás de echar fuera la

paja que [está] en el ojo de tu hermano.

43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que

hace buen fruto.

44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las

espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.

45 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca bien; y el mal hombre

del mal tesoro de su corazon saca mal: porque de la abundancia de su corazon

habla su boca.

46 ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no haceis lo que digo?

47 Todo aquel que viene á mi, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os

ensenare á quien es semejante.

48 Semejante es al hombre que edifica una casa, que cavó y ahondó, y puso el

fundamento sobre piedra; y habiendo avenida, el rio dió con ímpetu en aquella

casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre piedra.

49 Mas el que oyó, y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa

sobre tierra sin fundamento, en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó:

y fué grande la ruina de aquella casa.

CAPITULO 7

1 Y COMO acabó todas sus palabras en oidos del pueblo, entró en Capharnaum.

2 Y el siervo de un centurion enfermo se iba muriendo, el cual él tenia en

estima.

3 Y como oyó de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que

viniese y librase á su siervo.

4 Y viniendo ellos á Jesus, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es

digno de concederle esto:

5 que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga.

6 Y Jesus fué con ellos: mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió

el centurion amigos á él, diciéndole: Señor, no tomes trabajo, que no soy

digno que entres debajo de mi tejado:

7 por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí: mas manda con la

palabra, y mi criado será sano.

8 Porque tambien yo soy [hombre] puesto en potestad, que tengo debajo de mí

soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo:

Haz esto, y [lo] hace.

9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las compañías

que le seguian: Os digo, [que] ni aun en Israel, he hallado tanta fé.

10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo

que habia estado enfermo.

11 Y aconteció despues, que [él] iba á la ciudad que se llama Nain, é iban

con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.

12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, hé aquí, que sacaban un

difunto, unigénito á su madre, la cual tambien era viuda; y habia con ella

grande compañía de la ciudad.

13 Y como el Señor la vió, fué movido á misericordia de ella, y le dice: No

llores.

14 Y acercándose, tocó las andas; y los que [le] llevaban, pararon, y dice:

Mancebo, á tí digo, levántate.

15 Entonces, volvióse á sentar el que habia sido muerto, y comenzó á hablar;

y le dió á su madre.

16 Y tomó á todos temor, y glorificaban á Dios, diciendo: Que profeta grande

se ha levantado entre nosotros; y, que Dios ha mirado su pueblo.

17 Y salió esta fama de él por toda Judéa, y por toda la tierra de al

rededor.

18 Y DIERON las nuevas á Juan de todas estas cosas sus discípulos; y llamó

Juan unos dos de sus discípulos,

19 y envió á Jesus, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó

esperaremos á otro?

20 Y como los varones vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha

enviado á tí, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á

otro?

21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades, y plagas, y de

espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.

22 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que

habeis visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son

limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado

el Evangelio.

23 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.

24 Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las

compañías: Qué salisteis á ver al desierto? [¿alguna] caña que es agitada del

viento?

25 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] hombre cubierto de vestidos

delicados? Hé aquí, que los que están en vestido precioso, y en delicias, en

los palacios de los reyes están.

26 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] profeta? Tambien os digo, y aun mas

que profeta.

27 Este es de quien está escrito: Hé aquí, envio mi ángel delante de tu faz,

el cual aparejará tu camino delante de tí.

28 Porque [yo] os digo [que] entre los nacidos de mujeres, no hay mayor

profeta que Juan el Bautista: mas el mas pequeño en el reino de los cielos es

mayor que él.

29 Y todo el pueblo oyéndo[le,] y los publicanos, justificaron á Dios,

bautizándose con el bautismo de Juan.

30 Mas los Fariséos, y los sábios de la ley, desecharon el consejo de Dios

contra sí mismos, no siendo bautizados de él.

31 Y dice el Señor: ¿Á quién pues compararé los hombres de esta generacion,

y á qué son semejantes?

32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los

unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os

endechamos, y no llorasteis.

33 Porque vino Juan el Bautista que ni comia pan, ni bebia vino, y decís:

Demonio tiene.

34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Hé aquí, un hombre

comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

36 Y LE rogó uno de los Fariséos, que comiese con él. Y entrado en casa del

Fariséo, se sentó á la mesa.

37 Y hé aquí, una mujer que habia sido pecadora en la ciudad, como entendió

que estaba á la mesa en casa de aquel Fariséo, trajo un [vaso de] alabastro

de ungüento;

38 y estando detrás á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus

piés, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus piés, y

ungía[los] con el ungüento.

39 Y como vió [esto] el Fariséo que le habia llamado, dice en sí, diciendo:

Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál es la mujer que le toca; que

es pecadora.

40 Entonces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte.

Y él le dice: Dí, Maestro.

41 Un acreedor tenia dos deudores: el uno le debia quinientos denarios, y el

otro cincuenta:

42 y no teniendo ellos de qué pagar, soltó [la deuda] á ambos: dí, pues,

¿cuál de estos le amará mas?

43 Y respondiendo Simon, dijo: Pienso que aquel al cual soltó mas. Y él le

dijo: Rectamente has juzgado.

44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no

diste agua para mis piés; y esta ha regado mis piés con lágrimas, y

limpiádo[los] con los cabellos de su cabeza.

45 No me diste beso: esta desde que entré no ha cesado de besar mis piés.

46 No ungiste mi cabeza con óleo; y esta ha ungido con ungüento mis piés.

47 Por lo cual te digo, [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó

mucho: mas al que se perdona poco, poco ama.

48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados.

49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre

sí: ¿Quién es este, que tambien perdona pecados?

50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz.

CAPITULO 8

1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas

predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce con él;

2 y algunas mujeres que habian sido curadas [de él] de malos espíritus, y de

enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete

demonios;

3 y Juana mujer de Chuzas, procurador de Herodes; y Susanna, y otras muchas

que le servian de sus haciendas.

4 Y COMO se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad

vinieron á él, dijo por una parábola:

5 Uno que sembraba salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte]

cayó junto al camino, y fué hollada, y las aves del cielo la comieron.

6 Y otra [parte] cayó sobre piedra; y nacida, se secó, porque no tenia

humedad.

7 Y otra [parte] cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la

ahogaron.

8 Y otra [parte] cayó en buena tierra; y cuando fué nacida, llevó fruto á

ciento [por uno.] Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir,

oiga.

9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola.

10 Y él dijo: Á vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios:

mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no

entiendan.

11 Es pues esta parábola: La simiente es la palabra de Dios.

12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen; y luego viene el

diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no se salven creyendo.

13 Y los de sobre piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra

con gozo: mas estos no tienen raices: que á tiempo creen, y en el tiempo de

la tentacion se apartan.

14 Y lo que cayó entre espinas, estos son los que oyeron; mas idos son

ahogados de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida,

y no llevan fruto.

15 Y lo que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto

retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia.

16 Ninguno empero que enciende el candil, le cubre con [algun] vaso, ó le

pone debajo de la cama: mas le pone en un candelero, para que los que entran,

vean la lumbre.

17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa

escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz.

18 Mirad pues como oís: porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á

cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener será quitado de él.

19 Y VINIERON á él su madre y hermanos, y no podian llegar á él por causa de

la multitud.

20 Y le fué dada aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera, que

quieren verte.

21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que

oyen la palabra de Dios, y la hacen.

22 Y ACONTECIÓ un dia [que] él entró en un navío con sus discípulos, y les

dijo: Pasemos de la otra parte del lago; y subieron.

23 Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el

lago; y se llenaban, y peligraban.

24 Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: Maestro, maestro, [que]

perecemos. Y despertado él, riño al viento y á la tempestad del agua, y

cesaron: y fué hecha grande bonanza.

25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y [ellos] temiendo, fueron

maravillados, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este, que aun á los

vientos y al agua manda, y le obedecen?

26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa.

27 Y saliendo él á tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que

tenia demonios ya de muchos tiempos; y no vestia vestido, ni estaba en casa,

sino por los sepulcros.

28 El cual como vió á Jesus, exclamó, y postróse delante de él, y dijo á

gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus Hijo del Dios Altísimo? ruégote que no

me atormentes.

29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de

muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos: mas

rompiendo las prisiones era agitado del demonio por los desiertos.)

30 Y le preguntó Jesus, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion:

porque muchos demonios habian entrado en él.

31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo.

32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte, y le

rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.

33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos: y el hato de

ellos se arrojó de un despeñadero en el logo, y se ahogó.

34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo,

dieron aviso en la ciudad y por las heredades.

35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus; y hallaron

sentado al hombre, del cual habian salido los demonios, vestido, y en seso, á

los piés de Jesus; y tuvieron temor.

36 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia sido salvado aquel

endemoniado.

37 Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al rededor le

rogaron, que se fuese de ellos: porque tenian gran temor. Y él subiendo en el

navío se volvió.

38 Y aquel hombre, del cual habian salido los demonios, le rogó para estar

con él: mas Jesus le despidió, diciendo:

39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y

él se fué, predicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho

con él.

40 Y ACONTECIÓ que volviendo Jesus la compañía le recibió: porque todos le

esperaban.

41 Y hé aquí, un varon llamado Jairo, el cual tambien era príncipe de la

sinagoga vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su

casa:

42 porque una hija única que tenia, como de doce años, se estaba muriendo. Y

yendo, le apretaba la compañía.

43 Y una mujer que tenia flujo de sangre ya hacia doce años, la cual habia

gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno habia podido ser curada,

44 llegándose por las espaldas tocó el borde de su vestido: y luego estancó

el flujo de su sangre.

45 Entonces Jesus dijo: ¿Quién [es] el que me ha tocado? Y negando todos,

dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y

oprime, y dices: ¿quién [es] el que me ha tocado?

46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien^: porque yo he conocido que ha salido

virtud de mí.

47 Entonces como la mujer vió que no se escondia, vino temblando, y

postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa

porque le habia tocado, y como luego habia sido sana.

48 Y él le dijo: Confia, hija, tu fe te ha salvado: vé en paz.

49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle:

Tu hija es muerta: no des trabajo al Maestro.

50 Y oyéndo[lo] Jesus le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.

51 Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro, y á

Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.

52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él dijo: No lloreis: no es muerta, mas

duerme.

53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta.

54 Y él, echados todos fuera, y trabándola de la mano, clamó, diciendo:

Moza, levántate.

55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen

de comer.

56 Y sus padres estaban fuera de sí, á los cuales él mandó, que á nadie

dijesen lo que habia sido hecho.

CAPITULO 9

1 Y JUNTANDO sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los

demonios, y que sanasen enfermedades.

2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos.

3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni varas, ni alforja, ni pan,

ni dinero, ni tengais dos vestidos:

4 y en cualquiera casa que entráreis, quedad allí, y salid de allí:

5 y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el

polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos.

6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldeas anunciando el Evangelio,

y sanando por todas partes.

7 Y OYÓ Herodes el tetrarca todas las cosas que hacia, y estaba en duda,

porque decian algunos: Que Juan ha resucitado de los muertos;

8 y otros: Que Elias habia aparecido; y otros: Que algun profeta de los

antiguos habia resucitado.

9 Y dijo Herodes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo

oigo tales cosas? Y procuraba verle.

Reina Valera New Testament of the Bible 1858 · 第 9 / 38 段