13 Y viendo de lejos una higuera, que tenia hojas, vino [á ver] si quizá

hallaria en ella alga, y como vino á ella, nada halló sino hojas: porque no

era tiempo de higos.

14 Entonces Jesus respondiendo, dijo á la higuera: Nunca mas nadie coma de

tí fruto para siempre. Y [esto] oyeron sus discípulos.

15 Vienen pues á Jerusalem; y entrando Jesus en el templo, comenzó á echar

fuera á los que vendian y compraban en el templo: y trastornó las mesas de

los monederos, y las sillas de los que vendian palomas.

16 Y no consentia que alguien llevase vaso por el templo.

17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito, que mi casa, casa de oracion

será llamada de todas las gentes? y vosotros la habeis hecho cueva de

ladrones.

18 Y oyéron[lo] los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban

como le matarian: porque le tenian miedo, por cuanto toda la compañía estaba

fuera de si de su doctrina.

19 Mas como fué tarde, Jesus salió de la ciudad.

20 Y PASANDO por la mañana, vieron que la higuera se habia secado desde las

raices.

21 Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, hé aquí, la higuera que

maldijiste se ha secado.

22 Y respondiendo Jesus, les dice: Tened fé de Dios.

23 Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere á este monte:

Quítate, y échate en la mar; y no dudare en su corazon, mas creyere que será

hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho.

24 Por tanto os digo, que todo lo que orando pidiéreis, creed que [lo]

recibireis, y os vendrá.

25 Y cuando estuviéreis orando, perdonad, si teneis alga contra alguno, para

que vuestro Padre que [está] en los cielos, os perdone á vosotros vuestras

ofensas.

26 Porque si vosotros no perdonáreis, tampoco vuestro Padre que [está] en

los cielos, os perdonará vuestras ofensas.

27 Y VOLVIERON á Jerusalem; y andando él por el templo, vienen á él los

príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos,

28 y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas, y quién te ha dado esta

facultad para hacer estas cosas?

29 Y Jesus entonces respondiendo, les dice: Os preguntaré tambien yo una

palabra, y respondedme, y os diré con qué facultad hago estas cosas:

30 ¿El bautismo de Juan, era del cielo, ó de los hombres? respondedme.

31 Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo,

dirá: ¿Por que pues no le creisteis?

32 Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo: porque todos tenian de

Juan, que verdaderamente era profeta.

33 Y respondiendo, dicen á Jesus: No sabemos. Entonces respondiendo Jesus,

les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas.

CAPITULO 12

1 Y COMENZÓ á hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó

con seto, y le hizo un foso, y edificó una torre, y la arrendó á labradores,

y se partió lejos.

2 Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para que tomase de los

labradores del fruto de la viña:

3 mas ellos tomándole le hirieron, y le enviaron vacío.

4 Y volvió á enviarles otro siervo: mas [ellos] apedreándole, le hirieron en

la cabeza, y volvieron á enviarle afrentado.

5 Y volvió á enviar otro, y á aquel mataron: y á otros muchos, hiriendo unos

y matando á otros.

6 Teniendo, pues, aun un hijo suyo amado, le envió tambien á ellos el

postrero, diciendo: Porque tendrán en reverencia á mi hijo.

7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero, venid,

matémosle, y la herencia será nuestra.

8 Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña.

9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá á estos

labradores, y dará su viña á otros.

10 ¿Ni aun esta escritura habeis leido: La piedra que condenaron los que

edificaban, esta es puesta por cabeza de esquina:

11 por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos?

12 Y procuraban prenderle: mas temian la multitud, porque entendian que

decia a ellos aquella parábola: y dejándole se fueron.

13 Y ENVIAN á él algunos de los Fariséos y de los Herodianos, para que le

tomasen en [alguna] palabra.

14 Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, ya sabemos que eres hombre de

verdad; y no te cuidas de nadie: porque no miras á la apariencia de hombres,

antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿es lícito dar tributo á César, ó

no? ¿daremos, ó no daremos?

15 Entonces él como entendia la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me

tentais? traedme la moneda para que la vea.

16 Y ellos se la trajeron; y les dice: ¿Cuya es esta imágen, y esta

inscripcion? Y ellos le dijeron: De César.

17 Y respondiendo Jesus, les dijo: Dad lo que [es] de César, á César; y lo

que [es] de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello.

18 Entonces vienen á él los Saducéos, que dicen que no hay resurreccion, y

le preguntaron, diciendo:

19 Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y

dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y despierte

simiente á su hermano.

20 Fueron, pues, siete hermanos; y el primero tomó mujer; y muriendo, no

dejó simiente.

21 Y la tomó el segundo, y murió; y ni aquel tampoco dejó simiente; y el

tercero, de la misma manera.

22 Y la tomaron los siete; y tampoco dejaron simiente: á la postre murió

tambien la mujer.

23 En la resurreccion, pues, cuando resucitaren, ¿mujer de cuál de ellos

será? porque los siete la tuvieron por mujer.

24 Entonces respondiendo Jesus, les dice: ¿No errais por eso, porque no

sabeis las Escrituras, ni la potencia de Dios?

25 Porque cuando resucitaran de los muertos, ni maridos tomarán mujeres, ni

mujeres maridos: mas son como los ángeles que [están] en los cielos.

26 Y de los muertos que hayan de resucitar, ¿no habeis leido en el libro de

Moisés, como le habló Dios en el zarzal, diciendo: Yo [soy] el Dios de

Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?

27 No es Dios de muertos, mas Dios de vivos: así que vosotros mucho errais.

28 Y llegándose uno de los escribas, que los habia oido disputar, y sabia

que les habia respondido bien, le preguntó: ¿Cuál era el mas principal

mandamiento de todos?

29 Y Jesus le respondió: El mas principal mandamiento de todos [es:] Oye

Israél, el Señor nuestro Dios, el Señor, uno es:

30 amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de

todo tu pensamiento, y de todas tus fuerzas: este es el mas principal

mandamiento.

31 Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo, como á tí mismo. No

hay otro mandamiento mayor que estos.

32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es

Dios, y no hay otro fuera de él;

33 y que amarle de todo corazon, y de todo entendimiento, y de toda el alma,

y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, mas es que todos

los holocaustos y sacrificios.

34 Jesus entonces viendo que habia respondido sábiamente, le dice: No estás

lejos del reino de Dios. Y ninguno le osaba ya preguntar.

35 Y respondiendo Jesus decia, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los

escribas que el Cristo es hijo de David?

36 Porque el mismo David dijo por Espíritu Santo: Dijo el Señor á mi Señor:

Asiéntate á mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés.

37 Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de dónde pues es su hijo? Y mucha

compañía le oia de buena gana.

38 Y LES decia en su doctrina: Guardáos de los escribas, que quieren andar

con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas,

39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las

cenas:

40 que tragan las casas de las viudas, y ponen delante que hacen largas

oraciones: estos recibirán mayor juicio.

41 Y estando sentado Jesus delante del arca de la ofrenda, miraba como el

pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho.

42 Y como vino una viuda pobre, echó dos minutos que son un cuarto.

43 Entonces llamando á sus discípulos, les dice: De cierto os digo, que esta

viuda pobre echó mas que todos los que han echado en el arca:

44 porque todos han echado de lo que les sobra: mas esta de su pobreza echó

todo lo que tenia, todo su alimento.

CAPITULO 13

1 Y SALIENDO del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué

piedras, y qué edificios.

2 Y Jesus respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará

piedra sobre piedra que no sea derribada.

3 Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron

aparte Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andres:

4 Dínos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal [habrá] cuando todas las

cosas han de ser acabadas?

5 Y Jesus respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad que nadie os engañe:

6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy [el Cristo;] y

engañarán á muchos.

7 Mas cuando oyéreis de guerras, y de rumores de guerras, no os turbeis:

porque conviene hacerse [así,] mas aun no [será] el fin.

8 Porque gente se levantará contra gente, y reino contra reino; y habrá

terremotos en cada lugar, y habrá hambres, y alborotos: principios de dolores

[serán] estos.

9 Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en concilios, y en

sinagogas: sereis azotados; y delante de presidentes y de reyes sereis

llamados por causa de mi, por testimonio á ellos.

10 Y á todas las gentes conviene que el Evangelio sea predicado antes.

11 Y cuando os trajeren entregándoos, no premediteis que habeis de decir, ni

[lo] penseis: mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad: porque no

sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu Santo.

12 Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se

levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.

13 Y sereis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta

el fin, este será salvo.

14 Empero cuando viéreis la abominacion de asolamiento, que fué dicha por el

profeta Daniél, que estará donde no debe, (el que lee, entienda,) entonces

los que [estuvieren] en Judéa huyan á los montes;

15 y el que [estuviere] sobre la casa, no descienda á la casa, ni entre para

tomar algo de su casa;

16 y el que estuviere en el campo, no torne atrás, [ni aun] á tomar su capa.

17 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos dias!

18 Orad pues que no acontezca vuestra huida en invierno.

19 Porque serán aquellos dias [una] afliccion, cual nunca fué desde el

principio de la creacion [de las cosas] que crió Dios, hasta este tiempo, ni

será.

20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos dias, ninguna carne se

salvaria: mas por causa de los escogidos, que él escogió, acortó aquellos

días.

21 Y entonces si alguno os dijere: Hé aquí, aquí está el Cristo; ó hé aquí,

allí [está,] no [le] creais:

22 porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas; y darán señales y

prodigios, para engañar, si se pudiese hacer, aun á los escogidos.

23 Mas vosotros mirad: hé aquí, os lo he dicho antes todo.

24 Empero en aquellos dias, despues de aquella afliccion, el sol se

oscurecerá, y la luna no dará su resplandor.

25 Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que [están] en los

cielos serán conmovidas.

26 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha

potestad y gloria.

27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro

vientos, desde el un cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.

28 De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se hace tierna, y

brota hojas, conoceis que el verano está cerca.

29 Así tambien vosotros cuando viéreis hacerse estas cosas, conoced que está

cerca á las puertas.

30 De cierto os digo, que no pasara esta generacion que todas estas cosas no

sean hechas.

31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca pasarán.

32 Empero de aquel dia, y de la hora, nadie sabe ni aun los ángeles que

están en el cielo, ni el mismo Hijo, sino el Padre.

33 Mirad, velad, y orad: porque no sabeis cuando será el tiempo.

34 Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dió á sus siervos

su hacienda, y á cada uno cargo, y al portero mandó que velase:

35 velad pues, porque no sabeis cuando el señor de la casa vendrá; á la

tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana;

36 porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.

37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos [las] digo: Velad.

CAPITULO 14

1 Y ERA la pascua, y [los dias] de los panes sin levadura dos dias despues,

y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas como le

prenderian por engaño, y le matarian.

2 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto del

pueblo.

3 Y estando él en Bethania en casa de Simon el leproso, y sentado á la mesa,

vino una mujer teniendo un [vaso de] alabastro de ungüento de nardo espique

de mucho precio, y quebrando el alabastro se lo derramó en la cabeza.

4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha

hecho esta perdicion de ungüento?

5 porque podia esto ser vendido por mas de trescientos denarios, y darse á

los pobres. Y bramaban contra ella.

6 Mas Jesus dijo: Dejadla: ¿por qué la fatigais? buena obra me ha hecho:

7 que siempre tendreis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les

podreis hacer bien: mas á mí no siempre [me] tendreis:

8 esta, lo que pudo, hizo: porque ha prevenido á ungir mi cuerpo para la

sepultura:

9 de cierto os digo, que donde quiera que fuere predicado este Evangelio en

todo el mundo, tambien esto que ha hecho esta, será dicho para memoria de

ella.

10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino á los príncipes de los

sacerdotes, para entregarsele.

11 Y ellos oyéndolo se holgaron, y prometieron que le darian dineros. Y

buscaba oportunidad como le entregaria.

12 Y EL primer dia [de la fiesta] de los panes sin levadura, cuando

sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vamos á

aparejarte, para que comas la pascua?

13 Y envia dos de sus discípulos, y les dice: Id á la ciudad, y os

encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua, seguidle;

14 y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está

el aposento donde tango que comer la pascua con mis discípulos?

15 Y él os mostrará un gran cenadero aparejado, aderezad para nosotros allí.

16 Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y hallaron como les

habia dicho, y aderezaron la pascua.

17 Y llegada la tarde, vino con los doce.

18 Y como se sentaron á la mesa, y comiesen, dice Jesus: De cierto os digo,

que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar.

19 Entonces ellos comenzaron á entristecerse, y á decirle cada uno por sí:

¿[Seré] yo? y el otro: ¿[Seré] yo?

20 Y él respondiendo, les dijo: Uno de los doce que moja conmigo en el

plato:

21 á la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito: mas ¡ay de

aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera, si no

fuera nacido el tal hombre.

22 Y estando ellos comiendo, tomó Jesus el pan, y bendiciendo partió, y les

dió, y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo.

23 Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, les dió; y bebieron de él

todos.

24 Y les dice: Esto es mi sangre del Nuevo Testamento, que por muchos es

derramada:

25 de cierto os digo, que no beberé mas del fruto de la vid hasta aquel dia,

cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios.

26 Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de las Olivas.

27 Jesus entonces les dice: Todos sereis escandalizados en mi esta noche,

porque escrito está: Heriré al pastor, y serán derramadas las ovejas:

28 mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa.

29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo.

30 Y le dice Jesus: De cierto te digo, tú, hoy, esta noche, antes que el

gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.

31 Mas él mucho mas decia: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré.

Tambien todos decian lo mismo.

32 Y VIENEN al lugar que se llama Gethsemane, y dice á sus discípulos:

Sentáos aquí, entre tanto que oro.

33 Y toma consigo á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y comenzó á atemorizarse, y

á angustiarse.

34 Y les dice: De todas partes está triste mi alma hasta la muerte: esperad

aquí, y velad.

35 Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró, que si fuese

posible, pasase de él aquella hora:

36 y dijo: Abba, Padre, todas las cosas son á tí posibles: traspasa de mí

este vaso: empero no lo que yo quiero, sino lo que tú.

37 Y vino, y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simon, duermes? ¿no has

podido velar una hora?

38 velad, y orad, no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad [es]

presto, mas la carne enferma.

39 Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras.

40 Y vuelto, los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos estaban

cargados, y no sabian que responderle.

41 Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya, y descansad: basta: la hora

es venida: hé aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los

pecadores:

42 levantáos, vamos: hé aquí, el que me entrega está cerca.

43 Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él

mucha compañía con espadas y bastones, de parte de los príncipes de los

sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos.

44 Y el que le entregaba les habia dado señal comun, diciendo: Al que yo

besare, aquel es: prendedle, y llevadle seguramente.

45 Y como vino, se llegó luego á él, y le dice: Maestro, Maestro, y le besó.

46 Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron.

47 Y uno de los que estaban allí, sacando el cuchillo, hirió al siervo del

sumo pontífice, y le cortó la oreja.

48 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Como á ladron, habeis salido con espadas

y con bastones á tomarme?

49 cada dia estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis.

Mas, para que se cumplan las Escrituras.

50 Entonces dejándole todos [sus discípulos] huyeron.

51 Empero un mancebillo le seguia cubierto de una sábana sobre [el cuerpo]

desnudo; y los mancebillos le prendieron.

52 Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo.

53 Y TRAJERON á Jesus al sumo pontífice; y se juntaron á él todos los

príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas.

54 Empero Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo

pontífice; y estaba sentado con los servidores, y calentándose al fuego.

55 Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban [algun]

testimonio contra Jesus, para entregarle á la muerte: mas no hallaban.

56 Porque muchos decian falso testimonio contra él: mas sus testimonios no

concertaban.

57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:

58 Nosotros le hemos oido decir: Yo derribaré este templo, que es hecho de

manos, y en tres dias edificaré otro hecho sin manos.

59 Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos.

60 El sumo pontífice entonces, levantándose en medio, preguntó á Jesus,

diciendo: ¿No respondes algo? ¿qué atestiguan estos contra tí?

61 Mas él callaba, y nada respondió. El sumo pontífice le volvió á

preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, Hijo del Bendito?

62 Y Jesus le dijo: Yo soy; y vereis al Hijo del hombre asentado á la

diestra de la potencia [de Dios,] y que viene en las nubes del cielo.

63 Entonces el pontífice, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué mas tenemos

necesidad de testigos?

64 oido habeis la blasfemia: ¿qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser

culpado de muerte.

65 Y algunos comenzaron á escupir en él, y cubrir su rostro, y á darle

bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herian de bofetadas.

66 Y estando Pedro en el palacio abajo, vino una de las criadas del sumo

pontífice;

67 y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesus el

Nazareno eras.

68 Mas él negó, diciendo: No [le] conozco, ni sé lo que te dices. Y se salió

fuera á la entrada, y cantó el gallo.

69 Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á los que estaban allí:

Este es de ellos.

70 Mas él negó otra vez. Y poco despues otra vez los que estaban allí,

dijeron á Pedro: Verdaderamente eres de ellos; porque eres Galiléo, y tu

habla es semejante.

71 Y él comenzó á anatematizarse y jurar: No conozco á este hombre que

decis.

72 Y el gallo cantó la segunda vez; y Pedro se acordó de las palabras que

Jesus le habia dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres

veces: y comenzó á llorar.

CAPITULO 15

1 E LUEGO por la mañana, hecho consejo, los sumos sacerdotes con los

ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, trajeron á Jesus atado,

y le entregaron á Pilato.

2 Y le preguntó Pilato: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiendo él, le

dijo: Tú lo dices.

3 Y le acusaban los príncipes de los sacerdotes mucho.

4 Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? mira cuán

muchas cosas atestiguan contra tí.

5 Mas Jesus ni aun con eso respondió, que Pilato se maravillaba.

6 Empero en el dia de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que

pidiesen.

7 Y habia uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de la

revuelta, que en una revuelta habian hecho muerte.

8 Y la multitud, dando voces, comenzó á pedir como siempre les habia hecho.

9 Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Quereis que os suelte al rey de los

Judíos?

10 Porque conocia que por envidia le habian entregado los príncipes de los

sacerdotes.

11 Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les

soltase antes á Barrabás.

12 Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues quereis que haga de

él que llamais rey de los Judíos?

13 Y ellos volvieron á dar voces: Crucifícale.

14 Mas Pilato les decia: ¿Pues, qué mal ha hecho? Y ellos daban mas voces:

Crucifícale.

15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó

á Jesus, azotado, para que fuese crucificado.

16 Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es á saber, á la

audiencia; y convocan toda la cuadrilla,

17 y le visten de púrpura, y le ponen una corona tejida de espinas;

18 y comenzaron á saludarle: Tengas gozo, rey de los Judíos.

19 Y le herian su cabeza con una caña, y escupian en él, y le adoraban

hincadas las rodillas.

20 Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la [ropa de] púrpura, y

le vistieron sus propios vestidos; y le sacan para crucificarle.

21 Y cargaron á uno que pasaba, (Simon Cirenéo, padre de Alejandro y de

Rufo, que venia del campo,) para que llevase su cruz.

22 Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado quiere decir, lugar de la

Calavera.

23 Y le dieron á beber vino mirrado; mas él no le tomó.

24 Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando

suertes sobre ellos, qué llevaria cada uno.

25 Y era la hora de las tres cuando le crucificaron.

26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.

27 Y crucificaron con él dos ladrones, uno á su mano derecha, y otro á su

mano izquierda.

28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y con los inícuos fué contado.

29 Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah!

que derribas el templo de Dios, y en tres dias le edificas:

30 sálvate á tí mismo, y desciende de la cruz.

31 Y de esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo,

decian unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á si mismo no puede

salvar:

32 el Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y

creamos. Tambien los que estaban crucificados con él, le denostaban.

33 Y cuando vino la hora de las seis, fueron hechas tinieblas sobre toda la

tierra, hasta la hora de las nueve.

34 Y á la hora de las nueve exclamó Jesus á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi,

¿lamma sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mio, Dios mio, ¿por qué

me has desamparado?

35 Y oyéndole unos de los que estaban [allí,] decian: Hé aquí, á Elías

llama.

36 Y corrió uno, y llenando de vinagre una esponja, y poniéndola en una

caña, le dió de beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías á quitarle.

37 Mas Jesus, dando una grande voz, espiró.

38 Entonces el velo del templo se partió en dos de alto á bajo.

39 Y el centurion, que estaba delante de él, viendo que habia espirado así

clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios.

40 Y tambien estaban [algunas] mujeres mirando de lejos: entre las cuales

era María Magdalena, y María de Jacobo el menor, y la madre de Joses, y

Salomé;

41 las cuales, estando aun él en Galiléa le habian seguido, y le servian; y

otras muchas que juntamente con el habian subido a Jerusalem.

42 Y CUANDO fué la tarde, porque era la preparacion, es saber, la víspera

del sábado,

43 Joseph de Arimathéa, senador noble, que tambien esperaba el reino de

Dios, vino, y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus.

44 Y Pilato se maravilló, si ya fuese muerto; y hacienda venir al centurion,

le preguntó, si era ya muerto.

45 Y entendido del centurion, dió el cuerpo á Joseph.

46 El cual compró una sábana, y quitado, le envolvió en la sábana, y le puso

en un sepulcro que era cortado de piedra; y revolvió la piedra á la puerta

del sepulcro.

Reina Valera New Testament of the Bible 1858 · 第 7 / 38 段