"La gran característica del sistema constitucional inglés--el principio

de su crecimiento, el secreto de su construcción--dice Stubbs, es el

desarrollo continuado de las instituciones representativas desde el

primer estado elemental, en que son empleados para propósitos locales y

en la más simple forma, hasta aquel en que el parlamento aparece como la

concentración de toda la maquinaria local y provincial, el depositario

de los poderes de los tres estados del reino".

En la Francia del siglo XVIII fue una calamidad aguda y pasajera, porque

todo volvió a reacomodarse al centralismo tradicional; pero en la

América latina, donde el cambio de régimen tuvo lugar también exabrupto,

la ineducación política para el _self government_ asumió las

proporciones de calamidad continental crónica, porque la

desconcordancia entre la constitución escrita y las costumbres

existentes, entre el carácter fundamentalmente flaco de iniciativa,

arbitrario y autoritario del habitante, irrespetuoso de la libertad

ajena por estar educado en el régimen católico dinástico de la

imposición y la sumisión forzadas, y el carácter esencialmente

democrático de las nuevas formas políticas traídas de Norte América, que

dejaban al descubierto toda esa incapacidad de conducirse que el régimen

paternal acrecienta por el desuso en el rebaño y encubre por el exceso

de gobierno, obligó a suplementar los poderes limitados del nuevo

régimen con los ilimitados del antiguo, hasta convertir a los nuevos

estados libres en simples despotismos democráticos, como lo fueron las

repúblicas italianas de la Edad Media.

El antecedente de esta incapacidad para el _self government_ y el de la

barbarie, la ferocidad, la crueldad y el terror consecutivos estaban en

la madre patria, donde el espíritu humano estuvo por más largo tiempo y

más diametralmente alejado del sentimiento de la moral humana y de la

idea de las instituciones libres, por el "deber sagrado de sumisión

pasiva al altar y al trono" creado y encarnado por el catolicismo, y

Robertson, en el lugar citado, los describe así:

"El principal efecto de la inquisición se ve en España, donde el período

sarraceno había sido de grandes fuentes de nuevo pensamiento y

conocimientos. Cuando fue permanentemente introducida en 1236, fue

recibida por una gran parte de la población con temor y disgusto, y el

primer gran inquisidor fue asesinado en Aragón. Es un error suponer que

había algo en el carácter español, especialmente favorable a sus

métodos. La ortodoxia española es un producto manufacturado y representa

el triunfo, bajo circunstancias especiales, del elemento fanático que

pertenece a todas las naciones".

"Se calcula que en 36 años, 200.000 vidas fueron destruidas por la

inquisición española. Sus métodos fueron la negación de todo principio

de justicia. Todo testimonio, incluyendo el de los criminales, niños y

aun idiotas, era válido contra la persona acusada, mientras sólo era

oído en su favor el de los insospechables; todos los procedimientos eran

estrictamente secretos; los falsos informes eran rara vez castigados, y

el principio general era que todo acusado debía ser de alguna manera

culpable, siendo la inquisición, como el papa, infalible. La cámara de

torturas difícilmente podía fallar en suministrar las pruebas que se

querían. Ningún reinado semejante de terror y horror ha ocurrido en

ningún otro período de la historia de Europa; y solamente en las

prácticas de los buscadores de brujas entre los salvajes puede encontrar

paralelo su atrocidad sistemática".

"Después del fracaso de la Invencible Armada contra Inglaterra, los

inquisidores decidieron que la causa de la ira divina era su indebida

tolerancia de la herejía, y un millón de moros reacios fueron

miserablemente arrojados de la España, como lo habían sido un siglo

antes 160.000 judíos. En un solo auto de fe, en Salamanca, fueron

quemados 6.000 volúmenes".

"Como toda civilización subsiste por el juego de la variación

intelectual, la España fue entonces despojada de una gran parte de sus

recursos mentales y materiales; y a la larga el continuado trabajo de la

inquisición consolidó la detención de su brillante literatura por

siglos, manteniéndola desprovista de ciencia mientras el resto de la

Europa la estaba acumulando. Introduciendo la inquisición la Iglesia

había destruido la civilización específica de la Francia meridional; y

de allí adelante aplicando la máquina a la civilización de España la

redujo a la inanición".

"La ganancia neta por el protestantismo consiste en la disrupción de la

tiranía espiritual centralizada. Las grietas en la estructura dieron

espacio para el aire y la luz, en un tiempo en que nuevas corrientes

empezaban a soplar y nueva luz a brillar. Veinte años antes del cisma de

Lutero, Colón había descubierto el nuevo mundo. Copérnico, muerto en

1543, dejó su enseñanza al mundo en que el protestantismo acababa de

establecerse. Al principio del siglo siguiente, Kepler y Galileo

empezaron a extender los soñados viejos límites del universo. La era

moderna estaba en pleno desarrollo; y con ella el cristianismo empezó la

de su declinación".

"Es evidente que desde mediados del siglo XVII las ciencias físicas por

su propio método y carácter minaron la teología. En ellas fue posible la

prueba racional y la convicción inteligente, en lugar de la eterna

esterilidad del debate teológico sobre proposiciones irracionales. En la

segunda mitad del siglo XIX, finalmente la balanza del pensamiento

filosófico ha sido abrumadoramente hostil a las creencias cristianas, y

es significativo el hecho de que en estos tiempos su defensa se apoya

más frecuentemente sobre su utilidad que sobre su verdad". (Es decir, se

vuelve al punto de vista de Polibio).

"Se ha dicho con amplia verdad que mientras la Grecia con su disciplina

dialéctica, exhortaba a los hombres a concordar recíprocamente sus

creencias, y la Iglesia cristiana les manda conformarlas a sus dogmas,

el espíritu moderno requiere que se acomoden a los hechos. Tal espíritu

promovió primero, y fue después inmensamente promovido por el estudio de

las ciencias naturales".

Hablando siempre _grosso modo_, podríamos decir que la Grecia creó, con

las bellas letras y las bellas artes, la levadura del progreso material

e intelectual. Roma el derecho civil; la Palestina el misticismo y la

teología sobre la doctrina de la caída del hombre en el Paraíso por la

pérdida de la inocencia, que coloca el estado de perfección en el

comienzo de la especie, y que es exactamente el reverso de la teoría

moderna de la evolución o del progreso incesante y continuo, y que la

Inglaterra ha creado, por otras vías y en el mismo transcurso del

tiempo, las instituciones representativas, de que disfrutan en la

actualidad todos los pueblos civilizados, en la medida de su capacidad

para las necesidades y las tendencias del tiempo, como diría Emerson.

La verdad, que era buscada por adivinación en la antigüedad

grecorromana, y por inspiración o revelación en la antigüedad judía y

cristiana, es buscada por la observación en la Edad Media.

La libertad y la ciencia, las dos palancas de la civilización liberal,

que por su incompatibilidad con la teoría cristiana del mundo han

tardado seis siglos en constituirse, que en sólo 30 años han levantado a

la categoría de gran potencia al Japón, donde fueron precedidas por lo

otro en 300 años sin fruto, fuera del natural rosario de mártires, y que

en otros 30 ó 40 levantarán a la China, la libertad y la ciencia

provienen de la inteligencia humana que se ha ejercitado en los terrenos

vedados por las religiones, del pensamiento que ha brotado contra las

prohibiciones de la Iglesia, hasta desarmarla y civilizarla un poco a

ella también, obligada hoy bajo la ley común a buscar por la seducción

lo que antes obtenía por la tortura.

Y desde que el espíritu humano empezó en Europa a desbordar el dogma,

lecho de Procusto en que lo mantenían las iglesias cristianas, todas las

instituciones medioevales, políticas, económicas y sociales estuvieron

condenadas a desaparecer o a transformarse en sentido democrático, según

el rumbo de las concepciones filosóficas y la seducción permanente de

aquellas primeras y gloriosas repúblicas de la antigüedad, que

alumbraron los destinos de la especie humana con tan refulgentes

resplandores de pensamiento, de belleza, de gracia y de libre energía

creadora.

Pero la evolución fue felizmente anticipada por la obra larga, paciente

y perseverante del pueblo inglés, que a fines del siglo XVII había

logrado ya forjar todos los resortes políticos necesarios para dar al

organismo gubernamental la consistencia, la suavidad, la fuerza, la

elasticidad y la capacidad de superar dificultades, que faltaron en las

democracias griegas, en la república romana y en los imperios

medioevales.

Aun antes de estallar en Francia, al influjo de las ideas políticas

inglesas, el gran sacudimiento que derribó al inmutable derecho divino

para levantar en su lugar la soberanía del pueblo sobre "los derechos

del hombre", estaba ya construida y en operación "la obra más admirable

que haya sido creada en una hora determinada por el genio y la voluntad

del hombre", según la frase de Gladstone, la constitución

norteamericana, por cuyo medio se ha improvisado en un siglo la más

libre, la más grande, próspera y feliz nación del mundo, porque "la

república americana ha comprendido, dice Renan, que la educación

intelectual y moral va por 3|4 y más aún, en la formación del hombre, y

que trabajar en la instrucción y en la educación de los ciudadanos, es

crear valores a la patria".

EVOLUCIÓN INTELECTUAL DE LAS SOCIEDADES[11]

SUMARIO:--_La barbarie._--_Cómo se realiza el progreso._--_Las

civilizaciones antiguas._--_Las civilizaciones medioevales._--_La

civilización moderna._--_Evolución de la moral._

Cuando la expedición al desierto las barrió definitivamente por la

superioridad del rémington sobre la lanza,--en 1879, el mismo año en que

Edison descubría la luz eléctrica por incandescencia en el vacío,--las

tribus de pastores seminómades que poblaban la Pampa como ocupantes de

territorios en común no conocían el derecho de propiedad individual

sobre la tierra, pero sí sobre la choza y los enseres domésticos. Cada

tribu tenía un jefe: el _cacique_ y varios hechiceros para expulsar del

cuerpo de los enfermos a los malos espíritus; cada grupo de hombres de

lanza un capitanejo, éstos y aquél vitalicios y electivos en razón del

prestigio adquirido. Su alimento predilecto era la carne de caballo, y

en más de tres siglos de contacto no siempre hostil, con los pobladores

europeos circunstantes, sólo habían asimilado de ellos el caballo, la

vaca, la oveja, la lanza y el cuchillo. Aunque había mediado un

considerable cruzamiento con los cautivos de origen europeo, los

prisioneros que fueron incorporados al ejército como soldados tardaban

en aprender la instrucción del recluta doble tiempo que los más rudos

campesinos, atrasados éstos de diez siglos y aquéllos de veinte en la

evolución mental que culmina en el Mago de Menlo Pak.

Todavía más primitiva es la situación de las tribus del Chaco, que

subsisten de la caza, la pesca y los frutos silvestres, con dioses

rudimentarios, pero sin ganados, porque el mal de cadera no ha permitido

la aclimatación del caballo.

En la época de César, y según sus referencias, la Inglaterra estaba

poblada por tribus pastoras, que vivían principalmente de leche, queso y

carne, de expediciones predatorias sobre sus vecinos, emprendidas por

guerreros voluntarios bajo la dirección de jefes accidentales, por

aquéllos elegidos o aceptados, y considerando como su mayor gloria la

amplitud del desierto intermediario con las otras tribus que les

garantía contra ataques repentinos.

Es decir, que los indígenas del Chaco se encuentran hoy,

aproximadamente, en la misma situación en que se encontraron los de la

Gran Bretaña y los de la Antigua Grecia 2.000 y 4.000 años atrás,

respectivamente.

El proceso de evolución cerebral que asciende en los vertebrados desde

el pez sin las células de la memoria, y para el que todo es imprevisto

aunque ocurra por la milésima vez, hasta el hombre con las células del

raciocinio, se prolonga en el segundo desde el salvaje primitivo, con

inteligencia rudimentaria, hasta el inventor, el filósofo, el artista y

el astrónomo de nuestros días, que puede predecir para millares de años

los inofensivos eclipses que aterrorizaban a nuestros ignorantes

antepasados.

La continuidad del trabajo cerebral en unas mismas sencillas

operaciones, lo hace rutinario, automático, casi instintivo. Si ningún

cambio interviene por las complicaciones ulteriores de la existencia

para extender el campo de las operaciones mentales, éstas continúan en

el mismo grado de actividad o de inacción en las generaciones sucesivas,

por los siglos de los siglos, con la cooperación reducida al estado

rudimentario de la crianza de los hijos y la procuración de alimentos

sobre la producción espontánea del suelo, apenas más desenvuelta en lo

segundo que las de los rebaños de ganado o las bandadas de pájaros

sociables. Tal es el caso de los indios del Chaco que aun andan en

cueros.

Las células del pensamiento tienen, sin duda, más trascendencia, pero

están sometidas a las mismas leyes de crecimiento que las de la

locomoción o de la digestión. La extensión de su desarrollo, depende

también, de la del campo, del tiempo y del grado de ejercitación en el

individuo y en la familia o el grupo, correspondiendo muy

probablemente, una variedad particular de células a cada variedad

particular de aptitudes y pudiendo algunas suplirse recíprocamente.

La ejercitación de las células psíquicas de la corteza cerebral en las

generaciones sucesivas, produce un _aumento subjetivo_ del número y un

ensanche del manto que las contiene, por medio de repliegues o

circunvoluciones, generalmente transmisibles en germen de posibilidades

a la descendencia, y un _ensanche objetivo_ en las construcciones, los

instrumentos, los métodos, las ideas, las leyes y las costumbres, que

constituyen el medio ambiente y punto de partida, igual o diferente, en

que se desenvuelven los individuos y las generaciones posteriores, forma

en que la inteligencia humana es exportable y en gran parte accesible a

los ignorantes y a los pobres de espíritu, siendo, además la propiedad

colectiva de las ideas el paliativo principal de la propiedad individual

de las cosas.

El progreso, que vale para todos, pues los mismos que excomulgan o

maldicen a la ciencia que lo ha producido, se aprovechan de sus

resultados, disfrutando, desde luego, su parte de los quince años en que

ha alargado la duración media de la vida, el progreso, por lo tanto,

depende de las posibilidades mentales transmitidas y del ambiente que

las desenvuelve, pues, la aptitud heredada sin la ocasión para

manifestarse, es como si no existiera, y la ocasión tampoco puede

despertar aptitudes que no existen. Sin incentivos, sin alicientes, la

capacidad de inventar no pasará de la condición pasiva a la condición

activa, del estado latente al estado patente, o pasará sólo en el género

y en la medida en que los haya. Es por esto que han preparado la

arquitectura y la credulidad, y no se han desarrollado la música, la

escultura, la pintura y el espíritu crítico entre los musulmanes; es por

esto que la capacidad de inventar se ha desenvuelto entre los cristianos

en todos los órdenes de las necesidades presentes, desde que la

filosofía moderna rompió las barreras eclesiásticas que la tenían

confinada en el orden de las necesidades futuras. Carlos Aldao ha dicho

que "los de origen español no hemos inventado un clavo para aumentar el

bienestar del hombre". Pero no fue porque nos faltaran aptitudes sino

porque las teníamos ocupadas en sacar ánimas del purgatorio.

Porque el desenvolvimiento de las aptitudes individuales depende de las

oportunidades generales y éstas dependen uniformemente de las

condiciones comunes de la vida y particularmente de las instituciones

sociales que, siendo diferentes en especie o en grado, de una nación a

otra, despiertan principalmente un orden particular de aptitudes, o de

inclinaciones que la caracterizan. Y lo que llamamos "el genio de un

pueblo", es el conjunto de las aptitudes suscitadas preferentemente por

los ideales en él predominantes. Alentadas las que concuerdan con ellos,

desalentadas las que difieren, y prolongado en las generaciones

sucesivas este doble proceso de selección y de exclusión combinadas, se

llega a la uniformidad de los móviles de la conducta sobre las pautas

establecidas, y del mismo modo que en los ganados, sacrificando a los

que no salen del color preferido, se consigue uniformar en este a todo

el rebaño, así, quedando sin aplicación las aptitudes que no tienen

oportunidad en las agrupaciones humanas, éstas se uniforman sobre las

que la tienen, y el carácter nacional queda determinado por las

oportunidades nacionales.

Definiéndolos por sus características, Swift dijo que "el inglés es un

animal político y el francés un animal social", y así era en esa época

en que los poderes políticos estaban universalmente insumidos en los

militares, y sólo en Inglaterra las instituciones comunales y la vida

parlamentaria habían preservado la oportunidad política, que suscita las

aptitudes políticas, al lado de la oportunidad religiosa, que había

desalojado a las de la civilización grecorromana, de tal modo que la

energía mental, encauzada en esos dos canales, sólo produjo caudillos y

santos, castillos y conventos, la literatura caballeresca y

eclesiástica. Y no existiendo la vida política en Francia, no había más

posibilidades de aplicación para las aptitudes personales que la guerra,

la devoción y la galantería, por lo que, a ellos como a nosotros, a la

caída del viejo régimen, les faltaron las aptitudes para el nuevo, que

no eran improvisables, porque se necesitan años, por lo menos, para

deshacer o rehacer en el espíritu la obra de los siglos.

Viceversa, creando nuevas oportunidades para el pensamiento y la acción,

se despiertan nuevas aptitudes, y la serie correspondiente de

capacidades sin aplicación, encontrando abierta su vía, entra en

actividad. Es lo que ha hecho la civilización liberal, aumentando

progresivamente las profesiones instruidas, que eran sólo tres en la

civilización cristiana: predicador, abogado y médico, y que hoy llegan a

cincuenta y siete, según el cómputo de Hubbard.

Pero el caso más gracioso es el del Japón, al que los misioneros

europeos trataban de convertir al cristianismo, pretendiendo que de él

procedía la superioridad de las naciones occidentales, y que, en vez de

eso, se convirtió él solo, en cuarenta años al liberalismo, declinando

el ofrecimiento gratuito de las ciencias sagradas y de los instrumentos

mágicos del Occidente, las biblias, los catecismos y las vidas de

santos, las imágenes, las reliquias y los escapularios milagrosos para

llevarse, en lugar de ellos, las ciencias profanas y los instrumentos

mecánicos, y sobre la higiene y la despreocupación de la muerte, que ya

tenía, implantó las escuelas, los laboratorios, los ferrocarriles, los

vapores, los correos y telégrafos, compró acorazados, fabricó sabios,

pólvora, cañones y fusiles a la europea, y derrotó a la santa Rusia por

agua y por tierra, con milagros y todo.

Ni objetiva ni subjetivamente puede haber mejoramiento sin cambio del

estado precedente. Y, en efecto, la circunstancia que más ha contribuido

al adelanto de las sociedades antiguas, es la misma que determina en

primer término el progreso de las modernas: lo que John M. Robertson,

completando el concepto de Buckle, llama "la variación intelectual".

Los dos focos de la civilización americana, originados por la fertilidad

del suelo en las dos regiones tropicales, con dos cosechas por año,

aunque habían alcanzado a elaborar algunas construcciones permanentes,

en templos, por supuesto, y a cierto desarrollo político y social, no

habían llegado a ponerse en contacto, ni a difundirse mayormente, hasta

la época del descubrimiento, por la falta del caballo, del buey, del

elefante y del camello, que tanto contribuyeron en el viejo mundo a

facilitar la circulación de los productos y de las ideas, y las

invasiones que desempeñaron para la inteligencia humana el oficio

destructor y fecundante a la vez, de las tormentas atmosféricas sobre el

suelo.

Hallándose lejos y aisladas de todas las corrientes de la civilización

antigua, y hasta que fueron puestas en contacto con ellas por la

conquista romana, no entraron en la vía del progreso las poblaciones

autóctonas de la Gran Bretaña, y hallándose las tribus helénicas en

contacto con los egipcios y fenicios, y al mismo tiempo en aislamiento

relativo por el Mediterráneo, que les permitía importar su cultura para

implantarla y cultivarla en el propio suelo, bajo las propias

instituciones políticas, tan semejantes a las teutónicas, en opinión de

Freeman, como si procedieran de un origen común; en una situación

excepcionalmente ventajosa para defenderse de los extraños y apropiarse

sus adelantos, los griegos espigaron en los dominios ajenos,

seleccionando los materiales existentes, para formar una nueva cultura

superior a todas las concurrentes, que sus proscriptos, sus mercaderes y

sus colonos llevaron al Archipiélago, a Italia, a Cartago y a Marsella,

al Epiro y a la Macedonia, y los soldados de Alejandro al Asia y al

Egipto.

Empezando con una organización política, social y militar que superaba

en mucho a las ventajas de la situación geográfica de la Grecia, y

beneficiados con sus progresos intelectuales, los romanos la subyugaron

porque les había cedido su superioridad sin adquirir la de ellos, y

adueñada de las más altas conquistas del entendimiento humano, Roma

conquista en seguida todos los países circundantes, y se queda señora

del mundo antiguo, colindando con la plena barbarie en todos los rumbos.

Se ha dicho que "ser el mejor entre los presentes es la manera más

segura de empeorar", y, en efecto, el individuo se encuentra entonces en

la situación de un cuerpo de elevada temperatura en medio de otros que

la tienen baja. Cediéndole calor o cultura, y no recibiendo de ellos

sino lo inverso, el enfriamiento o la incultura, no hace más que

levantar la ajena, si acaso, y rebajar la propia. Es la conocida

influencia del ambiente, particularmente notoria en el individuo de la

ciudad que se hace campechano residiendo en el campo, y la del campesino

que se urbaniza residiendo en la ciudad, la del maestro de escuela que,

dando y no recibiendo instrucción, se embrutece en la noble y fecunda

tarea de "desasnar a las gentes", pues, como el domador de bestias a

quien algo se le pega siempre de las bestias, como el barrendero que se

ensucia limpiando las calles, a fuerza de transmitir saber a los que no

lo tienen, suele agotarse hasta quedar "ignorant comme un maître

d'école", a menos de reponerse constantemente por el libro, las revistas

y los periódicos, que desempeñan en nuestros días el oficio de las

vestales antiguas, manteniendo inextinguible la actividad mental, que es

el fuego sagrado de la civilización liberal.

La transformación de las razas en América · 第 8 / 11 段