Transformados así los ideales directrices de la conducta individual,

esclarecida y reafirmada esa tendencia natural primaria del espíritu a

estimar a los individuos según el bien que produzcan para los demás

hombres, que no ha suscitado los tiranos y los usureros, pero sí los

mártires de las ciencias y las artes, los héroes de la libertad, de la

justicia, de la fraternidad, de la filantropía, los exploradores, los

inventores, los educadores, los pensadores, los músicos, los poetas, los

conspiradores, los patriotas, el bienestar del individuo, que hasta

ahora "depende de lo que se anexa, absorbe o apropia, dependerá de lo

que irradie", como dice Hubbard, y entonces el plano en que se desliza

la conducta personal en la sociedad habrá invertido su inclinación de la

iniquidad a la rectitud, del egoísmo al altruismo, de la soberbia a la

benevolencia, de la insolencia a la cortesía, de la hipocresía a la

sinceridad, de la mentira a la verdad, y habrá llegado para el común de

las gentes esa situación de las almas superiores en todos los tiempos,

desde Sócrates, Platón, Jesús, Epicteto y Marco Aurelio, hasta el

filósofo de Massachussets, que la describe así: "Todo hombre tiene

cuidado de que no le engañe su vecino. Mas llega un día en que se cuida

de no trampear él a su vecino".

EL PORVENIR

En el siglo XIX la vida humana ha sido alargada en diez años por la

supresión de las epidemias, tanto y tan inútilmente suplicada a Dios,

puesto que dependía del adelanto de las ciencias humanas que él no podía

crear y difundir, y de las obras de salubridad que él no podía

construir; por la disminución de la miseria que dependía de la libertad

política, de los métodos económicos y de las máquinas que él no podía

inventar; por la disminución de la imbecilidad humana mediante la

educación y la instrucción, que Dios no puede hacer y que están haciendo

las escuelas y las universidades.

"El cuerpo, que es el irreconciliable enemigo del alma en la doctrina

cristiana" está recibiendo ahora, hasta de los creyentes en la virtud

póstuma, de la mugre y de las llagas, atenciones que el gran Pascal

hubiera considerado pecaminosas.

En el último siglo la pena de muerte ha sido gradualmente restringida, y

reducidas las prisiones en número y en grado de mortificación a la mitad

de lo que fueron en el precedente, y la tendencia está pronunciada en el

sentido de transformarlas en reformatorios por el trabajo y la

instrucción, mientras una educación más racional acabe por hacerlas

innecesarias, pues "las malas pasiones no son, como dice Manuel Ugarte,

carne del hombre, sino enfermedad adquirida del ambiente en la niñez".

Cuando la felicidad humana era poca y la infelicidad era mucha, aquélla

alcanzaba apenas para unos cuantos acaparadores y ésta sobraba para el

resto de los hombres. Por efecto de los trabajos de las ciencias y las

artes liberales que suprimen progresivamente la segunda, y de las

reivindicaciones del pueblo que extienden periódicamente la primera, la

educación de la inteligencia y de los sufrimientos, el bienestar y la

dicha, podrán alcanzar para todos los hombres y las mujeres, y aun

sobrar algo para los animales inferiores que también lo necesitan.

"El misterio de la justicia, que antes estaba en manos de los dioses,

resulta estar en el corazón del hombre, que contiene al mismo tiempo la

pregunta y la respuesta, y que quizás algún día se acordará de ésta",

dice Maeterlinck.

"Llegará a ser materia de asombro, dice Spencer, que haya existido

gentes que encontraran admirable disfrutar sin trabajar, a costa de los

que trabajaban sin disfrutar", y sir Oliver Lodge encuentra ya extraño

que un individuo pueda vender un pedazo de la Inglaterra para su

beneficio particular.

"La humanidad está creciendo en inteligencia, en paciencia, en

benevolencia--en amor", dice Hubbard. Los hombres de bien empiezan a

encontrar en los afectos del hogar y de la amistad alegrías y

satisfacciones bastantes para sentirse ampliamente compensados de todas

sus virtudes en la tierra. Con el adelanto de la inteligencia, la bondad

y la sensatez humanas; con la creciente abundancia de producciones en

perspectiva por el desarrollo de las artes y las ciencias; que acabarán

por suprimir la ignorancia, el vicio, el crimen, el dolor y la miseria;

con la atenuación progresiva de las desigualdades del presente, que son

el fruto de las iniquidades del pasado, por el mejoramiento incesante de

la capacidad moral del individuo, se perfila en lontananza un tipo de

hombre superior, que, sabiendo extraer del lado noble de la naturaleza

humana todo el bienestar a que aspire, no sentirá la necesidad de que

sus buenas acciones sean premiadas con recompensas desproporcionadas, ni

castigadas con penas eternas los que le causen males pasajeros.

La materia de la religión, que es la necesidad de castigar en un mundo

imaginario los males impunes del mundo real, y de premiar en otra vida

las bondades no gratificadas en ésta, está viniendo a menos

constantemente por el progreso moral de la especie humana, y se puede

prever desde ahora que, cuando todas las acciones malas sean castigadas

o perdonadas, y todas las buenas sean premiadas aquí, Dios se quedará

sin tener nada que hacer allá, y a menos que se empeñe en ser más malo

que los hombres, castigando lo que éstos olvidan, y dándoles, _quand

même_, recompensas a que no aspiren, se verá obligado a clausurar

definitivamente el purgatorio, el infierno y el cielo, dejando sin

empleo a todos sus ministros en la tierra.

Y recién entonces podrán los hombres vivir inexplotados y en paz, y ser

dichosos, en este mundo y en los otros.

Las ideas capitales de la civilización en el momento que pasa

LA VIDA Y EL BIENESTAR

En el siglo XIV, en el que 25:000.000 de habitantes--casi la mitad de la

población de Europa--sucumbieron de la peste negra, los peligros que

asediaban permanentemente al habitante, provenían de los poderes

sobrenaturales a los que les eran atribuidas las sequías, las

inundaciones, las epidemias, los terremotos, las pestes, las cosechas y

los triunfos de la guerra.

Tres horas diarias de pensamiento y de acción, en término medio por cada

hombre y cada mujer, estaban empleadas en precaverse de los males y

asegurarse los bienes individualmente, y un ejército permanente de

teólogos en la más radical ignorancia de la higiene la agricultura, la

pedagogía y la mecánica, estaba dedicado a asegurar el bienestar general

por procedimientos místicos, percibiendo en compensación,

coercitivamente, el diez por ciento de la producción ajena y

voluntariamente otro tanto en donativos.

Era como si cada persona llevase sobre sus espaldas una plancha de plomo

de diez a veinte kilos de peso, para asegurarse la posibilidad de

andar, suponiéndola imposible sin esa carga, y la diferencia más

importante entre los colonizadores anglosajones y latinos del nuevo

mundo fue el mayor gasto inútil de éstas en el seguro de vida, por el

mayor empleo y el mayor costo de los servicios espirituales obligatorios

e indispensables para estar "en gracia de Dios" y a cubierto de los

demonios. Se explicaría así el ningún resultado de la libertad política

para labrar el bienestar general, hasta que sobrevino por la instrucción

pública el descreimiento, que llevó a emplear en mejoras agrícolas el

dinero que se malograba en la compra de indulgencias, y en médico y

boticas lo que se gastaba en pagar curaciones imaginarias a los santos.

Que la multiplicación de los templos y de los teólogos en una región no

tiene influencia de ninguna clase sobre los caracteres del suelo y del

clima, ni sobre la criminalidad, ni suprime los terremotos y los

tiranos, ni detiene las epidemias ni las pestes, cualquier persona

sensata podría observarlo; pero el que mostraba síntomas de sensatez era

perseguido a muerte por los poderes públicos, y el mismo Blas Pascal,

que se hacía torturar las carnes con un cilicio, para asegurarse la

salud a la moda del tiempo, no se vio libre de persecuciones.

En esas condiciones de la vida medioeval, ningún progreso era posible,

porque la imbecilidad humana era igual a la capacidad humana, y

gravitando más duramente allí donde el clima era menos clemente, la

insurrección empezó en los arenales del Brandemburgo, y prosperó en la

Alemania del Norte, desde que los príncipes vieron en la Reforma el

medio de apoderarse de los cuantiosos y codiciados bienes de las

iglesias, que producían el empobrecimiento universal por el expendio del

consuelo universal.

Del mismo modo en Inglaterra, la necesidad de contener las extracciones

de dinero a Roma, (ascendentes en la Francia del siglo XVI a 700.000

escudos anuales), que enflaquecían al país para retornar en reliquias e

indulgencias, indujo a prescindir del milagro, substituido por "la

angustia mental" que inutilizó el domingo inglés, y a confiar en el

"self-help", que paulatinamente trasladó al hombre del rol pasivo al rol

activo, de la devoción a la acción, desalojando a la Providencia en la

política y en la producción, para iniciar esa prodigiosa transformación

de la agricultura rutinaria en la agricultura científica, que culmina en

Norte América.

El remanente de riqueza retenido para las necesidades nacionales por la

supresión del "drenage del ahorro para la expiación del pecado", vino a

ser para las naciones del Norte de la Europa Central, que habían sido

hasta entonces las más pobres, el comienzo de una prosperidad creciente

hasta nuestros días, particularmente acelerada con el refuerzo del

"self-help" por el empleo del vapor, que "es casi un inglés", como dijo

Emerson.

La civilización medioeval consistió en el empleo de las fuerzas

sobrenaturales captadas por procedimientos teológicos para la defensa de

la vida, y la civilización moderna consiste en el empleo de las fuerzas

naturales captadas por procedimientos físico-químicos. Los países

musulmanes y los cristianos del Oriente, Armenia y Abisinia han quedado

fieles al primer plan, y los cristianos del Occidente han empleado

simultáneamente los dos, en proporciones tan diferentes, que en la

actualidad, mientras la América del Norte tiene diez escuelas por cada

iglesia y cuatro caballos de vapor por cada habitante, la Rusia y mucha

parte de la América del Sur tienen todavía diez iglesias por cada

escuela nacional y un décimo de H. P. por habitante. Nosotros tenemos

cerca de cuatro escuelas por cada iglesia (5.000 y 1.290).

Hasta el siglo XVIII, la enseñanza primaria, secundaria y universitaria

estaban arregladas para conferir al educando un poder indirecto sobre el

ambiente por la consecuencia de la gracia divina y el patronato de los

santos, a fin de que éstos cambiaran o predispusieran los fenómenos

naturales en manera favorable a los intereses personales del respectivo

devoto, y la enseñanza arreglada para conferir al hombre un poder

directo sobre los recursos ambientes por medio de los instrumentos, las

máquinas y los procedimientos científicos, sólo empezó a acentuarse

desde los comienzos del siglo XIX. Se inicia entonces francamente la

decadencia de las ciencias sobrenaturales y el desarrollo creciente de

las ciencias naturales, y de sus aplicaciones a la defensa de la vida y

la sociedad, al ensanche de la producción y de las comunicaciones, al

mejoramiento de las relaciones entre los individuos y entre los pueblos

por la comunidad de artes y de ciencias, aun en la disparidad de

creencias, y el carbón de piedra engorda prodigiosamente a los más

mientras los otros siguen enflaqueciendo por el empleo del milagro,

"costoso y de rendimiento incierto".

Como el poder actual de las naciones depende de la proporción de fuerzas

naturales que han puesto al servicio de la vida nacional, por el cultivo

y el empleo de la inteligencia humana, la "Reina del Océano" en el siglo

XVI, no tiene hoy ni escuadra, y el más remoto país, que era entonces

desconocido, pero que ya practicaba por una feliz intuición de la

ciencia moderna el aseo personal, ha llegado a ser una de las grandes

potencias de la era presente, en sólo cuarenta años de no emplear

ninguna parte de los recursos fiscales en pagar auxilios imaginarios y

de invertirlos íntegramente en la apropiación de las energías naturales,

primer caso en el mundo de aplicación de los métodos modernos de vida

con prescindencia casi absoluta de los métodos medioevales.

En cambio, parece que, por compensación o por la urgencia de recuperar

el tiempo perdido, los pueblos que se despiertan más tarde del

supernaturalismo al racionalismo, se despiertan más completamente. Así

la Francia, así el Portugal, que han expulsado a los frailes, cuando

Inglaterra no puede todavía establecer la enseñanza laica y obligatoria

que tienen aquéllas, porque la resisten los obispos y sus hechuras en la

Cámara de los Lores, y se ve aventajada por los norteamericanos y los

franceses en las industrias que requieren una mayor inteligencia en el

obrero.

Del mismo modo, parece también que la más cristiana de todas las

virtudes cristianas, que es la imprevisión espontánea en el salvaje,

deliberada en el anacoreta, es reemplazada por la más anticristiana, que

es la previsión, con mayor empuje en los pueblos que llegan más tarde a

practicarla.

No obstante la conminación evangélica a vivir como el lirio del valle y

el pájaro del bosque, sin pensar en el mañana, sin sembrar y sin

guardar, fue posible el ahorro desde que cesó la costumbre de invertir

el dinero sobrante de esta vida en la otra y se le ocupó entonces en la

industria o el comercio y en préstamos a los gobiernos extranjeros. Y el

capital inglés, el primeramente formado, fomentó el progreso de todo el

mundo y particularmente en la América del Sur que sin él estaría aún en

la barbarie.

Luego, a proporción que los franceses dejaban de preocuparse de las

tribulaciones de los antepasados para atender a las de los

descendientes, la Francia que había sido, al estallar la gran

Revolución, el país de menos capitales y de más bellas deudas, pasando

de un extremo al otro y yendo hasta economizar el número de hijos para

aumentarles la dote, ha llegado a ser el país que tiene más capitales y

más préstamos a cobrar.

Las otras naciones, donde el ahorro ha seguido aplicándose a la

obtención de las energías sobrenaturales para asegurar la salud de los

vivos y el bienestar de los muertos, Rusia, España, Turquía, Portugal,

Austria-Hungría, no han pasado aún de las condiciones de prestatarios a

la de prestamistas.

LA VIDA Y LA SALUD

(_El costo de las velas_)

Enjaezado por una manera particular de concebir la vida y sus

incidencias, el individuo está determinado en el curso de su existencia

por sus respectivos arneses mentales, llevando las riendas, de

ordinario, las necesidades sobrenaturales en el que las padece, las

naturales en todos y alternativamente los gustos, los vicios, las

virtudes, el amor o el odio preponderantes en cada momento dado. Toda la

diferencia con el caballo de tiro está en que uno lleva los arneses por

fuera y a la vista y el otro los lleva por dentro e invisibles, salvo,

por supuesto, los que llevan el duplicado del espíritu en el traje

profesional.

Diferencias mentales insignificantes de individuo a individuo, se hacen

enormes cuando son, por acumulación, diferencias de millones a millones

de individuos. Muchas hebras de paja reunidas detienen el paso de un

elefante y muchas menudencias acumulativas detienen la marcha de una

nación.

En su forma originaria, el misticismo era la subordinación de la salud

del cuerpo a la salud del alma, de modo que toda disminución de aquello

debía importar necesariamente un mejoramiento de la vida.

El espíritu práctico, que fue la característica del pueblo romano en la

antigüedad, resurgió en oposición al espíritu místico y llegó a ser una

característica de los pueblos que se plegaron a la Reforma,

particularmente de los anglosajones, mientras el espíritu medioeval

continuó siendo la característica de los pueblos que quedaron fieles al

misticismo medioeval.

Y acentuándose con el andar del tiempo la nueva tendencia, se ha llegado

en el más práctico de los pueblos modernos a hacer de la religión misma

un instrumento de sugestión mental para la salud corporal, en la llamada

"Christian Science" de Mrs. Eddy.

En virtud de la doctrina de la expiación del pecado por el sufrimiento,

y en repudio de las costumbres paganas, el desaseo fue erigido en virtud

religiosa, y más tarde Mahoma estableció las abluciones como una

práctica religiosa.

Con esto, en la lucha por la salud, este elemento de superioridad quedó

de parte de los musulmanes, que conquistaron dos grandes porciones de la

Europa, estableciendo en ellas una civilización más alta que la que

habían desalojado.

Esa ventaja fue después contrarrestada y superada por el mayor

desenvolvimiento de las ciencias y las artes entre los cristianos, al

influjo del racionalismo naciente, con más fuerza o contra menores

resistencias en algunas regiones, en manera que dos o tres siglos más

tarde las naciones cristianas de Europa eran muy desigualmente

poderosas.

En el siglo XII, la defensa de la salud se realizaba por las oraciones y

los amuletos en el Oriente; por las oraciones y las reliquias en el

Occidente. La Reforma, que fue un movimiento de carácter económico para

la abolición del comercio de indulgencias y reliquias, descalificó el

milagro para descalificar el vehículo de la extorsión, y por esta

coyuntura pudo renacer la higiene pagana en la fórmula del "mens sana in

corpore sano", por el baño y los sports, a punto de que puede decirse

que la higiene por métodos naturales renació protestante y anglo-sajona

principalmente.

Cuando los enfermos sanaban por milagro solamente, tenían razón de ser y

no existían la higiene y la terapéutica, que estaban condenadas por la

Iglesia en defensa de la castidad y de la taumaturgia respectivamente;

la mortalidad igualaba a la natalidad y el crecimiento vegetativo de las

poblaciones era nulo o insignificante, estando la salud de los vivos

encomendada a la voluntad de los muertos en la heroicidad o la santidad.

Decreció en cambio la población de alimañas y parásitos externos, de los

inquilinos del desaseo, colaboradores inconscientes de la salvación

medioeval, con el empleo del jabón y de la camisa visible y lavable que

inventó Burmmel, novedades que se han abierto camino muy lentamente allí

donde el sentir de los teólogos había encontrado su complemento popular

en el viejo refrán "chancho limpio nunca engorda".

Definiendo la nueva manera de realizar la defensa de la vida contra la

insalubridad ambiente, los norteamericanos decían que "la civilización

de un país se mide por el consumo de jabón", y consiguientemente, la

incivilización debía medirse por el consumo de velas a los santos para

el mismo objeto.

Cuando el milagro era el agente exclusivo para la conservación de la

salud, la mortalidad excedía del 30 por mil, y en razón de la enorme

mortalidad infantil, el término medio de la vida humana no pasaba de

quince años, que se han doblado primeramente para los anglosajones,

porque la higiene experimental ha hecho descender la mortalidad a cerca

de 15 por mil, mientras excede todavía del veinticinco en la cepa

española. Calculando para ésta un promedio de 20:000.000 de habitantes

en el siglo XIX, y tomando la cifra sajona para la gente que ha muerto

inevitablemente, y su diferencia con la cifra española e

hispanoamericana para la que ha muerto evitablemente, la higiene mística

nos habría costado veinte millones de vidas, prematuramente aniquiladas

en el siglo en que se ha consolidado la higiene racional.

Y a continuar en la misma relación, otros veinte millones de vidas, con

otros dos mil millones de pesos se perderán, evitablemente, en

holocausto a la fe en la higiene y la terapéutica sobrenaturales.

"La principal industria de la Edad Media, dice Seignobos, era la cría de

abejas por la cera para alumbrar las iglesias, y la miel para endulzar

los vinos". En Rusia, donde el pueblo analfabeto es el 97 % y se sigue

practicando la defensa de la salud por medio de las velas de cera, de

cada mil niños, 495 mueren antes de los 5 años. En dos años de

administración norteamericana, la mortalidad, que era de 132 0|00 bajo

la dominación española, descendió a 22 0|00 en Cuba[9].

Según las informaciones telegráficas de Santiago de Chile, el mes pasado

han perecido allí setecientos niños de menos de un año, pero todo el

horror de este hecho queda fuera de los arneses mentales del

hispanoamericano, como estuvieron antes fuera del alcance de sus

sentimientos la tortura, la servidumbre, la esclavitud, el despotismo,

la ignorancia y la miseria consecutiva.

Para el modo de ver de un teólogo soltero, esos niños habrían ido

derechamente al cielo o al limbo, según que estuviesen bautizados, y

"san" se acabó. La pérdida que ello importa para el país y para la raza,

siendo una ganancia para el cielo, no se toma en cuenta, pues para el

que tiene arneses de ir al otro mundo, judío, cristiano, musulmán, etc.,

los intereses de este mundo quedan fuera de la respectiva carretera,

cuando las anteojeras son muy grandes y puede aún llegar al punto de

destino sin haber dado un paso en este planeta. Vale decir que, en un

solo mes y de una sola procedencia, la población de aquellos parajes se

habrá aumentado con 700 párvulos a perpetuidad por consignación

eclesiástica.

LA RELIGIÓN Y LA CIENCIA

El objetivo de la ciencia es la vida que transcurre en el mundo natural,

y el de la teología es la que transcurre y la que no transcurre, y está

en primer término.

Como la vida y las leyes naturales son las mismas en todas partes, hay

una sola ciencia verificable de la vida y más de cuatro mil religiones o

ciencias inverificables de la vida y de la muerte.

Si la salvación depende de no comer jamón o de no beber alcohol, o de

beber tres gotas diarias de orines de vaca sagrada, o de no comer vaca

profana en día viernes, son asuntos que están fuera de la ciencia

positiva, porque los problemas imaginarios sólo pueden ser planteados y

resueltos por las ciencias imaginarias.

Porque la mente tiene el privilegio de salir de la realidad, construirse

realidades mentales, poblar con ellas el mundo natural, y arreglar a

ellas la conducta personal, pudiendo desacertar en mayor o menor medida,

lo que tendrá una influencia más o menos desfavorable sobre el sujeto y

sus alrededores y ninguna sobre su teología, pues todo el mal que de

ésta resulte será considerado como una fatalidad inevitable o como

infinitamente inferior a los bienes inverificables. Por esto la ciencia

es buscada como el pan, en razón de las utilidades reales que

proporciona a todo el que la use, y la religión se hereda como el color

de la piel y se la aguanta, por mucho que reduzca las posibilidades

individuales y nacionales, por las utilidades imaginarias que

proporciona al que la cree y que no proporciona al que no la cree y que

por esto no la busca, ni la quiere o la repudia.

La vida puede ser reducida o rebajada en diferente porcentaje por un

andamiaje de terrores y esperanzas ilusorias o por la disminución de los

sentidos o del intelecto, o por las dos desgracias juntas, y el saldo

será diferente pero la conformidad será igual, correspondiendo a cada

diferente plan de vida un coeficiente de duración diferente también.

"La mente que va paralela con las leyes de la naturaleza estará en la

corriente de los acontecimientos, y fortalecida con las fuerzas de

éstas", dice Emerson. Y la que no vaya paralela no será fortalecida, y

la que vaya en contra será debilitada por ellas, pues el hombre puede

hacer su verdad y extraviarse con ella, pero no puede hacer la verdad

del mundo exterior y extraviarlo en la misma dirección.

La transformación de las razas en América · 第 5 / 11 段