«La informacion que de aquestas partes del Brasil se puede dar, padres

y hermanos carísimos, es que tiene esta tierra 1.000 leguas de costa,

poblada de gente que anda desnuda, así mujeres como hombres, tirando

algunas partes muy léjos, donde yo estoy, á donde las mujeres andan

vestidas al traje de gitanas, con paños de algodon, por la tierra

ser más fria que esta, la cual aquí es muy templada, de tal manera,

que el invierno no es frio ni caliente, y el verano, aunque sea más

caliente, bien se puede sufrir; empero, es tierra muy húmeda, por las

muchas aguas que llueve en todo tiempo, muy á menudo, por lo cual los

árboles y las hierbas están siempre verdes, y por aquesto es la tierra

muy fresca. En parte es muy áspera, por los montes y matas que siempre

están verdes; hay en ella diversas frutas, que comen los de la tierra,

aunque no sean tan buenas como las de allá, las cuales tambien creo

se darian acá si se plantasen, porque veo darse parras, uvas, y áun

dos veces en el año, empero, son pocas, por causa de las hormigas, que

hacen mucho daño, así en esto como en otras cosas. Cidras, naranjas,

limones, dánse en mucha abundancia, y higos tan buenos como los de

allá; el mantenimiento comun de la tierra es una raíz de palo, que

llaman mandioca, del cual hacen una harina de que comemos todos, y da

tambien mijo (este debe ser maíz), el cual, mezclado con la harina,

hace un pan que excusa el de trigo. Hay mucho pescado, y tambien

marisco, de que se mantienen los de la tierra, y mucha caza de matos y

gansos, que crian los indios; bueyes, vacas, ovejas, cabras y gallinas,

se dan tambien en la tierra, y hay dellos mucha copia. Los gentiles

son de diversas castas, unos se llaman goyaneces, otros carijos; este

es un gentío mejor que hay en esta costa, á los cuales fueron, no há

muchos años, dos frailes castellanos á los enseñar, y tan bien tomaron

su doctrina que tenian ya casas de recogimiento para mujeres, como

monjas, y otra de hombres, como de frailes, y esto duró mucho tiempo,

hasta que el demonio llevó allí una nao de salteadores y captivaron

muchos dellos. Trabajamos por recoger los salteados, y algunos tenemos

ya para los llevar á su tierra, con los cuales iba un padre de los

nuestros. Hay otra casta de gentiles, que se llama caymures, y es

gente que habita por los montes; ninguna comunicacion tienen con los

cristianos, por lo cual se espantan cuando nos ven, y dicen que somos

sus hermanos, por cuanto traemos barba como ellos, la cual no traen

todos los otros, ántes se rapan hasta las pestañas, y hacen agujeros en

los bezos y ventanas de las narices, y ponen unos huesos en ellos que

parecen demonios, y así, algunos, principalmente los hechiceros, traen

el rostro lleno dellos. Estos gentiles son como gigantes, traen un arco

muy fuerte en la mano, y en la otra un palo muy grueso, con que pelean

con los contrarios, y fácilmente los despedazan, y huyen para los

montes, y son muy temidos entre todos los otros. Los que comunican con

nosotros, hasta agora, son dos castas, unos se llaman tupeniques y los

otros tupinambas. Estos tienen casas de palmas muy grandes, y dellas

en que posarán 50 indios casados con sus mujeres é hijos. Duermen en

redes de algodon, sobre sí, junto de los fuegos, que en toda la noche

tienen encendidos, así por el frio, porque andan desnudos, como tambien

por los demonios, que dicen huir del fuego, por la cual causa traen

tizones de noche cuando van fuera. Esta gentilidad á ninguna cosa

adora, ni cognosce á Dios, solamente á los truenos llaman tupana, que

es como quien dice cosa divina; y así, nos no tenemos otro vocábulo más

conveniente, para los traer al cognoscimiento de Dios, que llamarle

Padre Tupana. Solamente, entre ellos, se hacen unas ceremonias de la

manera siguiente: de ciertos en ciertos años, vienen unos hechiceros

de luengas tierras, fingiendo traer santidad, y, al tiempo de su

venida, los mandan á limpiar los caminos y vánlos á recibir con danzas

y fiestas segun su costumbre, y, ántes que lleguen al lugar, andan las

mujeres de dos en dos por las casas, diciendo públicamente las faltas

que hicieron á sus maridos, y unas á otras pidiendo perdon dellas; en

llegando el hechicero, con mucha fiesta, al lugar, éntrase en una casa

oscura, y pone una calabaza que trae en figura humana, en parte más

conveniente para sus engaños, y mudando su propia voz, como de niño,

y junto de la calabaza, les dice, que no curen de trabajar ni vayan á

la roca, que el mantenimiento por sí crescerá y que nunca les faltará

que comer y que por sí vendrá á casa, y que las aguijadas se irán á

cavar, y las flechas se irán al monte por caza para su señor, y que

han de matar muchos de sus contrarios, y captivarán muchos para sus

comeres, y promételes larga vida, y que las viejas se han de tornar

mozas, y que las hijas que las den á quien quisieren; y otras cosas

semejantes les dice y promete, con que los engaña, de manera, que

creen haber dentro, en la calabaza, alguna cosa santa y divina, que

les dice aquellas cosas. Y acabando de hablar el hechicero, comienzan

á temblar, principalmente las mujeres, con grandes temblores en su

cuerpo que parecen demoniadas, como de cierto lo son, echándose en

tierra, espumando por las bocas, y en aquesto les suade el hechicero

que entónces les da santidad; y á quien esto no hace tiénenlo á mal, y

despues le ofrecen muchas cosas, y en las enfermedades de los gentiles

usan tambien estos hechiceros de muchos engaños y hechicerías. Estos

son los mayores contrarios que acá tenemos, y hacen creer algunas

veces á los dolientes que nosotros les metemos en el cuerpo cuchillos,

tijeras y cosas semejantes, y que con esto los matamos. En sus guerras,

aconséjanse con ellos, allende de agüeros que tienen de ciertas aves;

cuando captivan alguno, tráenle con grande fiesta, con una soga á la

garganta, y dánle por mujer la hija del principal ó cualquiera otra

que más le contenta, y pónenlo á cebar como puerco, hasta que lo han

de matar, para lo cual se ajuntan todos los de la comarca á ver la

fiesta, y, un dia ántes que lo maten, lávanlo todo, y el dia siguiente

lo sacan y pónenlo en un terrero, atado por la cintura con una cuerda,

y viene uno dellos muy bien ataviado, y le hace una plática de sus

antepasados, y, acabada, el que está para morir le responde, diciendo,

que de los valientes es no temer la muerte, y que él tambien matara

muchos de los suyos, y que acá quedaban sus parientes que lo vengarán,

y otras cosas semejantes, y, muerto, córtanle luego el dedo pulgar,

porque con aquel tiraba las flechas, y lo demas hacen en pedazos para

lo comer asado ó cocido. Cuando muere alguno de los suyos, pónenles

sobre las sepulturas platos llenos de viandas, y una red en que ellos

duermen, muy bien lavada, esto porque creen, dicen, que despues que

mueren, tornan á comer y descansar sobre su sepultura; échanlos en

cuevas redondas, y si son principales, hácenlos una choza de palma.

No tienen cognoscimiento de gloria ni infierno, solamente dicen, que,

despues de morir, van á descansar á un buen lugar, y en muchas cosas

guardan la ley natural. Ninguna cosa propia tienen que no sea comun,

y lo que uno tiene ha de partir con los otros, principalmente si son

cosas de comer, de las cuales ninguna cosa guardan para otro dia, ni

curan de atesorar riquezas. A sus hijos ninguna cosa dan en casamiento,

ántes los yernos quedan obligados á servir á sus suegros; cualquier

cristiano que entra en sus casas, dánle á comer de lo que tienen y

una red lavada en que duerma. Son castas las mujeres á sus maridos;

tienen memoria del diluvio, empero, falsamente, porque dicen, que,

cubriéndose la tierra de agua, una mujer con su marido subieron en

un pino, y despues de menguadas las aguas descendieron, y de aquestos

procedieron todos los hombres y mujeres. Tienen muy pocos vocablos para

les poder bien declarar nuestra fe, mas con todo, dámossela á entender

lo mejor que podemos, y algunas cosas los declaramos por rodeos. Están

muy apegados con las cosas sensuales; muchas veces me preguntan, si

Dios tiene cabeza, y cuerpo, y mujer, y si come, y de qué se viste, y

otras cosas semejantes. Dicen ellos, que Sancto Tomás, á quien llaman

Zome, pasó por aquí; esto les quedó por dicho de sus antepasados, y que

sus pisadas, están señaladas cabe un rio, las cuales yo fuí á ver por

más certeza de la verdad, y ví, con los propios ojos, cuatro pisadas

muy señaladas, con sus dedos, las cuales, algunas veces, cubre el rio

cuando hinche; dicen tambien, que cuando dejó estas pisadas iba huyendo

de los indios que le querian flechar, y llegando allí, se le abrió el

rio y pasara por medio dél, sin se mojar, á la otra parte, y de allí

fué para la India: asimismo cuentan, que cuando le querian flechar

los indios, las flechas se volvian para ellos, y los montes le hacian

camino por do pasase. Otros cuentan esto como por escarnio. Dicen

tambien, que les prometió que habia de tornar otra vez á verlos, ¡él

los vea del cielo y sea intercesor por ellos á Dios, para que vengan

en cognoscimiento suyo y reciban la sancta fe, como esperamos!» Todas

estas son palabras de la dicha carta de los predicadores portugueses.

CAPÍTULO CLXXVI.

Por esta carta, en el capítulo precedente referida, parecen algunas

malas costumbres de estas gentes, aunque otras hobo en el mundo más

depravadas, como arriba en el capítulo 7.º y en otros mostramos

bien largo; agora digamos el fructo que Dios sacó, por medio de sus

ministros, de aquellos que crió con ánimas racionales, capaces de su

bienaventuranza, y por consiguiente, del medio para alcanzalla, que

es la fe y doctrina cristiana, refiriendo otras cartas ó pedazos de

cartas; y dice así otra carta: «La gracia y amor de Nuestro Señor

sea siempre en nuestro contino favor y ayuda, amen. Por algunas

cartas que el año pasado os escribimos, os dimos larga informacion

destas partes del Brasil, y de algunas cosas que Nuestro Señor, por

sus siervos, que, por la santa obediencia, de esas partes han sido

enviados, ha querido obrar, los cuales, al presente, estan repartidos

por diversas Capitanías desta costa; ya de las cosas quel Señor, por

cada uno dellos, obra, sereis por sus cartas sabidores, solamente os

quiero yo dar cuenta de lo que en la Bahía se ha acontecido despues

que los postreros navíos se han partido, y tambien desta Capitania

de Perambuco, adonde habia pocos dias quel padre Nobrega y yo somos

llegados. Primeramente, sabreis quel padre Nobrega ha llegado á

esta Bahía de visitar y correr las Capitanías, y luego ordenó quel

padre Navarro fuese al puerto Seguro, á trasladar las oraciones y

sermones en la lengua desta tierra, con algunos buenos intérpretes,

las cuales trasladó bien; y es mucho para dar alabanzas al Señor,

viéndole predicar, en lo cual á todos nos lleva la ventaja, y en esto

tenemos todos mucha falta en carecer de la lengua y no saber declarar

á los indios lo que queremos, por falta de intérpretes. Muchos de los

gentiles piden el agua del baptismo, mas el padre Nobrega ha ordenado,

que primero se les hagan los catecismos y exhorcismos, hasta tanto que

cognoscamos en ellos firmeza y que de todo corazon crean en Cristo,

y tambien que primero enmienden sus malas costumbres; son tales los

baptizados que perseveran, que es mucho para dar gracias á Nuestro

Señor, porque, aunque deshonrados y vituperados de los suyos, no dejen

de perseverar en nuestra obediencia y crecer en buenas costumbres.

El pueblo gentil, al principio, nos daba poco crédito, y le parecia

que les mentiamos y engañábamos, que los padres y tambien los legos,

ministros de satanás, que al principio á esta tierra vinieron, les

predicaban y decian por interés de sus abominables rescates; agora que

comienzan á cognoscer la verdad y ver el continuo amor con que los

padres los tratan y conversan (los padres llama aquí los predicadores),

y el trabajo que por la salvacion de sus ánimas resciben, van cayendo

en la cuenta y quieren ser cristianos con muy mayor voluntad y más

firme intencion que al principio. Tambien Nuestro Señor ha mostrado

cosas, y muestra cada dia, por donde se van desengañando á no nos

tener en la cuenta que ántes tenian; los cristianos que permanecen

son tan nuestros, que contra sus naturales hermanos pelearan por nos

defender, y están tan subjetos, que no tienen cuenta con padres ni

parientes; saben muy bien las oraciones, y tienen mejor cuenta con los

domingos y fiestas que otros muchos cristianos. En nuestra casa se

disciplinan todos los viérnes, y algunos de los nuevamente convertidos

se vienen á disciplinar con grandes deseos. En la procesion de la

Semana Santa se disciplinaron algunos, así de los nuestros como de los

nuevos convertidos, y de aquí adelante se comenzarán á confesar con

el padre Navarro en su lengua, porque hay ya muchos que lo quieren y

desean. Estos han de ser un fundamento grande para todos los otros se

convertir; ya empiezan á ir por las aldeas con los padres, predicando

la fe y desengañando á los suyos de las malas costumbres en que viven.

Muchas cosas en particular pudiera escribir, que, por mi grande frieza

y por no pensar haber de ser yo el escriptor, no las escribo, así

por no las tener en la memoria, como por no las saber estimar por

falta de caridad. Grande es la envidia que los gentiles tienen á estos

nuevos convertidos, porque ven cuan favorecidos son del Gobernador y

de otras principales personas, y si quisiésemos abrir la puerta al

baptismo, cuasi todos se vernian, lo cual no hacemos si no cognoscemos

ser aptos para eso, y que vienen con devocion y contricion de las

malas costumbres en que se han criado, y tambien, porque no tornen

á retroceder, sino que queden contentos y firmes. Mucho más fructo

se pudiera hacer si hobiera obreros, así que mucha es la mies que se

pierde por falta de segadores. Entre otras cosas, os quiero contar una

de un principal desta tierra, el cual há algunos dias que pedia el agua

del baptismo, y porque tenia dos mujeres no se la queriamos dar, aunque

sabiamos que la una dellas no la tenia sino para se servir della; un

dia con gran priesa y eficacia pidió el baptismo, al cual baptizó el

padre Navarro, y de ahí á seis ó siete dias enfermó de cámaras, y se

iba consumiendo hasta que cognosció que habia de morir, y dos noches

ántes que muriese envió á llamar al padre Navarro para lo acompañar y

enseñar como habia de morir, y decíale que nombrase muchas veces el

nombre de Jesus y de Sancta María, Nuestra Señora, y él tambien decia

con el padre estos santos nombres, hasta perder la habla, y, ántes

que la perdiese, vistió una ropa que tenia y mandó á los suyos que le

enterrasen con ella y en sagrado, como era costumbre de los cristianos,

y dió el espíritu á Dios, estando el padre Navarro diciendo misa por

él, por lo cual no se pudo hallar presente á su muerte. Dijo una su

hermana, que se halló presente á su muerte, al padre Navarro, que le

habia dicho el muerto, ántes que perdiese el habla: «hermana, ¿no

veis?» y ella respondió que no veia nada, y tornándole á preguntar lo

mismo, ella respondió de la misma manera, hasta que él, con grande

alegría, le dijo: «veo, hermana mia, los gusanos holgando en la tierra,

y en los cielos grandes alegrías y placeres, quédate enhorabuena,

que me quiero ir»; y así acabó. Enterrámoslo en una iglesia que

teniamos hecha para los nuevamente convertidos. Este nos ha dado

entrada en esta tierra, y en su manera de vivir no era fuera de la

ley natural y de razon; quedó un hermano suyo por principal, el cual

há por nombre Simon, y el muerto don Juan, con el cual metemos acá en

vergüenza á los malos cristianos, porque es muy virtuoso y fuera de

las costumbres de los otros, y tambien su mujer y hijos, los cuales

nos tiene prometidos para que los enseñemos, y, por falta de casa y

mantenimientos, no lo podemos hacer.» Dice más abajo: «Ya comienzan

los hijos de los gentiles á huir de sus padres y venirse á nos, y, por

más que hacen, no los pueden apartar de la conversacion de los otros

niños, y vino un niño descalabrado y sin comer un dia todo, huyendo de

su padre, á nos. Cantan todos una misa cada dia, y ocúpanse en otras

cosas semejantes. Es tan grande el temor en algunos destas aldeas, y

reverencia que tienen á los padres, que no osan abiertamente comer

carne humana; de manera, que están estos gentiles, principalmente

los de la Bahía, aparejados para se hacer en ellos grande fruto, mas

estamos acá tan pocos, y tan repartidos, y las necesidades son tantas

entre los cristianos, á las cuales somos más obligados á acudir, que

no sé como sufrís, carísimos hermanos, estar tanto tiempo en esa

casa, estando acá tantas necesidades esperando por vos, etc.» Otras

muchas y notables cosas dice aquesta carta, que por no alargar mucho,

no las quiero referir. Otro de aquellos predicadores dice así en

otra: «En estas partes, despues que acá estamos, carísimos padres y

hermanos, se ha hecho mucho fruto. Los gentiles, que parece que ponian

la bienaventuranza en matar sus contrarios y comer carne humana, y

tener muchas mujeres, se van mucho enmendando, y todo nuestro trabajo

consiste en los apartar desto, porque todo lo demas es fácil, pues no

tienen ídolos, aunque hay entre ellos algunos que se hacen santos, y

les prometen salud y victoria contra sus enemigos. Con cuantos gentiles

tengo hablado en esta costa, en ninguno hallé repugnancia á lo que le

decia, todos quieren y desean ser cristianos, pero dejar sus costumbres

les parece áspero; van, con todo, poco á poco, cayendo en la verdad,

hácense muchos casamientos entre los gentiles, los cuales, en la Bahía

están junto á la ciudad y tienen su iglesia cabe una casa á donde nos

recogemos. Estos determinamos tomar por medio de otros muchos, los

cuales esperamos, con la ayuda del Señor, hacer cristianos, etc.» Otro

en otra carta dice: «Fuimos á una aldea de los gentiles y procuramos

que se ayuntasen todos, y, despues de juntos, les hicimos una plática

por una lengua, y acabada les enseñamos la doctrina cristiana, y

queriéndonos dellos despedir, yo les hice primero santiguar, y viendo

las piedras preciosas que traian en los bezos y en el rostro, les

dije, como riendo, que les estorbaban á se persignar, lo cual, ellos,

tomaron de veras, y siendo de mucho precio, las echaron á donde nunca

más parecieron, lo cual me consoló mucho. El dia del Angel se determinó

que se baptizasen los que quisiesen, y baptizamos muchos, así hombres

como mujeres, y cuasi nos faltaban nombres de santos para dar á cada

uno el suyo. Entre ellos baptizamos un hechicero, asaz viejo, y le

pusimos por nombre Amaro.» Otro dice, en otra epístola, estas palabras:

«Despues desto nos fuimos dar con los indios á sus aldeas, que estaban

cuatro ó cinco leguas de ahí, y, yendo, hallamos haciendo el camino

por donde habiamos de ir, y quedaron muy tristes porque no lo tenian

acabado; llegando al aldea, se vino el principal de ahí y me llevó por

fuerza á su casa, y luego se hinchió la casa de indios, y otros que

no cabian quedaron fuera, y trabajaron mucho por me ver. Considerad

vos, hermanos mios en Cristo, lo que mi ánima sentiria, viendo tantas

ánimas perdidas por falta de quien las socorriese; algunas pláticas

les hice aparejándolos para el cognoscimiento de la fe, y les dije,

por la tristeza que mostraban por me yo haber luego de ir, que no

iba sino á verlos, y que otras muchas veces los visitaria si tuviese

tiempo, etc.» Estas son las palabras. Otras muchas cosas notables se

dicen en las susodichas cartas, y en otras que no he querido relatar

por dar fin á esta relacion y testimonio de los portugueses, tocante

á la prueba desta verdad, conviene á saber, que estas gentes gentiles

destas nuestras Indias, son naciones humanas, razonables, dóciles,

conversables con otros hombres, reducibles á toda ley de razon y

convertibles á nuestra santa fe católica, si se les propone por el

modo que la razon natural dicta y enseña que debe ser propuesta y

persuadida, á los principios, cualquiera cosa nueva, mayormente difícil

á los hombres racionales, los cuales naturalmente son aptos y nacidos

para ser atraidos á la virtud por bien, por blandura y mansedumbre, y

desta propiedad humana y universal ninguna nacion del mundo excluyó

la divina Providencia, por bárbaros, brutos, y agrestes y corruptos

en costumbres que sean, con que sean hombres; y esto más copiosa

é irrefragablemente pareció arriba, por razones, y parecerá en el

discurso desta historia, por obras y por ejemplos tan patentes y tan

sin número, que no se pueda más dudar dello, que dudar que todos los

hombres desciendan de Adan.

CAPÍTULO CLXXVII.

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 36 / 40 段