Partidos estos navíos con los mensajeros ó procuradores del Almirante,

que fueron los dos Alcaides, Ballester y Barrantes, de mí bien

cognoscidos, y los de Francisco Roldan, que no ménos cognoscí, con

quien es de creer que se alargó en escribir sus quejas y ofensas, que

partieron cuasi al principio de Octubre; á los 19 del dicho mes vino

Francisco Roldan al Almirante con un memorial de toda la gente que

habia andado con él, y entónces áun estaba en su compañía, que eran 102

personas, y díjole que todos querian vecindad, y que la escogian en

Xaraguá, donde habian harto más reinado que el Rey natural de aquella

provincia, Behechio; y era la razon, porque allí, como algunas veces

se ha dicho, era cuasi la corte real de toda esta isla, donde en la

policía, y en la lengua, y en la conversacion, y en la hermosura de

las gentes, hombres y mujeres, y en los aires, y amenidad y templanza

de la tierra, á todas las provincias desta isla (aunque todas son

admirables y dignísimas), excedia, y así, en aquella más que en las

otras (puesto que tambien en todas), habia grande aparejo para vivir

desenfrenadamente los pecadores hombres, zabullidos en vicios. Por

entónces no quiso el Almirante darle licencia para se avecindar, porque

temió quizá, que estando juntos no moviesen algun motin ó rebelion,

como despues algo desto paresció y decirse ha. Avecindáronse algunos

en el Bonao, y de aquí se comenzó allí la villa del Bonao; otros en la

Vega, en medio della, donde tenia Guarionex, Rey della, que llamaban

el guaricano, media legua abajo de la fortaleza que se nombraba la

Concepcion, frontero cuasi hácia el Norte de la sierra, á la ribera

del rio que llamaron Verde; á otros dió vecindad en Santiago, seis

leguas de allí en la misma Vega, hácia el Norte, derechamente donde

al presente está. A estos que se avecindaban repartia el Almirante

tierras en los mismos términos y heredades de los indios, y de las

mismas heredades y labranzas hechas y trabajadas por los indios, que

tenian para sustentacion suya y de sus mujeres y hijos, repartia entre

ellos, á uno 10.000, á otro 20.000, á otro más, á otro ménos, montones

ó matas, como si dijésemos, tantas mil cepas de viña; sólo en esto

diferia, porque las cepas de las viñas son perpetuas ó cuasi, pero las

matas no duran ni dan más de fruto de pan, y esto puede durar uno y

dos y hasta tres años, que pueden comer dello, como ya arriba dejamos

dicho. Y este repartimiento destas labranzas y tierras, dábalas el

Almirante por sus cédulas, diciendo que daba á fulano en el Cacique

fulano tantas mil matas, ó montones, que es lo mismo, y lo peor y

miserando que es y era, de donde comenzó la tiránica pestilencia, como

arriba se dijo, del repartimiento que despues llamaron encomiendas,

que decia en la cédula «que mandaba que aquel Cacique fulano é sus

gentes le labrasen aquellas tierras», esto era, que acabadas aquellas

matas y montones de comer, le plantasen otras, sin señalar número ni

cuento ni medida; y á los que señalaba y daba de las labranzas de los

indios ya plantadas, daba solo tierras y los indios que se las hiciesen

y plantasen en ellas, y juntaba dos españoles ó tres en compañía, y

aplicábales tal Cacique que les hiciese las dichas labranzas de comun,

y despues el provecho dellas repartiesen. De aquí nacieron entre los

españoles unas sanctas é inmaculadas compañías. Esta licencia dada

por el Almirante teníanse ellos cargo de gastar aquellas labranzas en

las minas, forzando á los indios que fuesen á coger oro, aunque les

pesase, puesto que no iban sin otra licencia expresa del Almirante,

dada por escrito, que decia que se daba licencia desde tal mes á tal

mes, despues pedian que se les acrecentase la dicha licencia, en tal

dia á tantos de tal mes se le acrecentó la licencia á fulano para

coger oro hasta tal mes. Dada la licencia y señalado que tal Cacique

hiciese las labranzas de fulano, español, de tal manera del Cacique

y de su pueblo ó pueblos ó gente aquel hidalgo español se apoderaba,

como si se los dieran todos por esclavos, ó por mejor decir, si fueran

bestias cazadas y habidas del campo, no haciendo más cuenta del

Cacique y señor natural que de sus vasallos; azotes, palos, cortar

las orejas, y á otros matarlos si en tantito dellos se enojaban ó no

acudian á hacer tan presto lo que se les mandaba; si los Caciques y

señores tenian hijas, luego con ellas eran abarraganados, y desta

manera estuvieron todos, yo presente, muchos años. Eran de todos los

indios, por temor violentísimo, adorados, y, como de los demonios,

delante dellos temblaban, y guay de aquellos que se huian, ó, como

los españoles decian en su lenguaje, se alzaban, porque luego iban á

buscarlos y guerrearlos, y hacian en ellos crueles matanzas, y los que

á vida se tomaban vendian por esclavos, y destos iban á Castilla los

navíos cargados; y porque Francisco Roldan no era el postrero en deseo

de ser rico y querer aprovecharse, pidió al Almirante que le hiciese

merced de las tierras que estaban en cierta parte, cerca de la Isabela,

que se llama el Bauruco, tierra de cierto Cacique, y de las labranzas

que en ellas estaban, porque dijo que ántes que se levantase eran

suyas. De ver fuera si las labró él ó los esclavos moros de su padre, y

tambien qué poder tenia el Almirante para darle las tierras ó labranzas

ó haciendas ajenas de los tristes indios; pero no embargante todo

esto, el Almirante se las dió en 29 de Octubre como hacia á los otros.

Dióle tambien otras labranzas que estaban hechas por los indios en una

tierra ó pago, en que habia hecho una estancia que en Castilla creo que

llamaran casería, ó cortijo, ó heredad, donde se hacian las labranzas y

dellas el pan, y se criaban gallinas, y hacian huertas, y todo lo demas

que era menester para tener hacienda ó heredad los españoles, y buena

vida, excepto los ganados que se tenian en otra parte; pienso que esta

estancia era hecha en nombre del Rey, y con este título mandaban á los

indios que la labrasen, y pusiéronle nombre Esperanza. Concedióle más

el Almirante al Roldan, que el Cacique y señor que habia desorejado

Alonso de Hojeda, como se dijo en el cap. 93, y su gente se las

labrasen; veis aquí como se va entablando aquella tan justa gobernacion

que llamaron repartimiento, y despues las honestas encomiendas. Dice

aquí el Almirante, que todo esto hacia y daba para que hobiese tiempo

de saber de Sus Altezas, qué es lo que mandaban hacer dél y de su

compañía, pues, como prometieron, no se apartaban. Dióle asimismo dos

vacas, y dos becerros, y dos yeguas, y veinte puercas, todo de lo del

Rey, para comenzar á criar, porque se lo pedia, y áun creo que fueron

dos pavos de los de Castilla; y no le osaba negar nada. Pero lo que más

él pretendió por hinchir mejor las manos, y le concedió el Almirante,

fué aquel gran rey Behechio con sus gentes y vasallos, en la provincia

de Xaraguá, donde él, como dije, habia más que Behechio reinado, porque

aunque por allí no habia oro, tenia infinitas gentes que pudiera enviar

á las minas, donde todos los matara y cogiera entónces mucho dello, si

del estado que como Rey tenia tan presto el hilo no se le cortara.

Partióse de aquí de Santo Domingo, para visitar, la tierra adentro, con

licencia del Almirante, la cual Dios sabe con qué corazon se la daba,

y, llegando al Bonao, instituyó por Alcalde de aquella provincia, en

su lugar, á Pedro de Riquelme, uno de los más á él llegados de los con

él alzados, reservando para sí la jurisdiccion en lo criminal, y que,

siendo necesario prender alguno en los criminales casos, lo prendiese y

enviase á la fortaleza de la Concepcion, donde, hasta que él mandase lo

que se habia de hacer, con prisiones le guardasen; cosa muy temeraria,

y que él no podia hacer, aunque en la verdad se le hobiera dado el

oficio jurídica y voluntariamente por el Almirante, cuanto más que

ni en lo uno ni en lo otro tenia ni podia nada. Mucho sintió esto el

Almirante, porque le usurpaba la superioridad de Visorey y Gobernador,

y en la capitulacion y concierto hecho, y la provision á él dada, no

se le habia concedido sino que sólo fuese Alcalde, y no que criase á

otros Alcaldes. El Riquelme trabajaba, despues de ido Roldan, de hacer

una fortaleza en un lugar fuerte en aquella provincia del Bonao, lo

que debia ser artificio de ambos para se hacer más fuertes, cuando

fuera menester, contra el Almirante; contradíjole un Pedro de Arana,

hombre muy honrado, tio de D. Hernando, segundo hijo del Almirante,

y escribiólo al Almirante, é yo vide la carta: luego el Almirante le

envió á mandar que no hiciese cosa en ello hasta que se lo mandase.

CAPÍTULO CLXII.

Quiero aquí volver el rayo de la consideracion, ántes que pase

adelante, á la infalible y menuda providencia de Dios y sabiduría

sempiterna, la cual, puesto que parece que no habla, clamores da,

empero, en las plazas y en las puertas de las ciudades, en medio de las

compañas, y en todas partes y lugar levanta su voz, como dice Salomon

en el primero de sus «Proverbios,» ¿en qué habia ofendido de nuevo el

Almirante, salido de Castilla con mucha gracia de los Reyes, y con

poderes, favores y mercedes más abundantes, de camino haber descubierto

la tierra de Paria, principio de toda la gran tierra firme de este

orbe, con perlas y oro, con tan inmensos sudores, peligros y trabajos?

Despues de llegado á esta isla, donde pensaba resollar y consolarse,

halló materia de tanta tristeza y amarguras, sabido el levantamiento

de Francisco Roldan, sin haber sido causa del; con cuanta diligencia,

paciencia, solicitud, sufrimiento y cuidado trabajó de asegurarlo,

perdiendo tanto de su autoridad, recibiendo muchos descomedimientos de

los alzados, disimulando muchos defectos de los que consigo estaban,

dignos de castigar, padeciendo cada dia nuevos temores de que los que

tenia consigo le habian de dejar, como se ha contado. El dolor que

sufria por el enojo que habian de recibir los Reyes, que era lo que

más le solia atormentar, el disfavor que le habia de crecer de parte

de los émulos y adversarios grandes que tenia en la corte sin por qué

ni para qué, á los cuales, con estos reveses, se les ofrecia ocasion

para, del todo, como lo hicieron, poderlo derrocar; finalmente, con

su mucha prudencia y perseverante sufrimiento, hobo de concluir el

reducimiento de Francisco Roldan. ¿En qué, pues, ofendió, y á quién de

los españoles que allá estaban, y á los Reyes, desirvió despues que de

aquí salió hasta que tornó acá, y en los trabajos y cuidado que tuvo,

miéntras duró el atraimiento y reduccion de Roldan, que á 21 de Mayo

estuviese leyendo, con angustia de su ánima, la carta de Alonso Sanchez

de Carvajal, de como Roldan no cumplia el asiento de irse en las dos

carabelas con sus alzados á Castilla, y que aquí, el mismo año, mes y

dia, firmasen los Reyes las provisiones para quitarle la gobernacion,

y por consiguiente le sucediesen (sacada la muerte), todos los otros

desastrados é infelices males y daños, y que no bastasen para mover á

los Reyes, á no del todo derrocarle, los servicios tan irrecompensables

pasados, y este de agora tan grande, como fué haber descubierto la

tierra firme y oro de nuevo hallado en ella, y más las perlas que hasta

entónces no habian parecido, y pudieran esperar que tambien habian de

haber de allí otras piedras y cosas preciosas? Esta cuestion no tiene

otra respuesta que cuadre, sino que la divina sapiencia, en esto que á

nosotros parece, parecia que callaba, y, en deponerle del estado que

le habian dado, clamaba y levantaba su voz en las plazas, que no por

los daños é injusticias que hacia á los cristianos (porque dado que le

habian acusado de muchos que habia justiciado de ántes, quizá lo habian

bien merecido, y eran 10 ó 12, ó quizá no tantos), sino por las grandes

injusticias, y guerras, y imposicion de tributos, y agravios y no por

persona humana, ni con haber ni riquezas del mundo, recompensables,

que habia hecho á los indios, y actualmente hacia y tenia propósito

de hacerles, con la granjería que trataba, de querer hinchir toda la

Europa de estos inocentes indios, inícuamente hechos esclavos, aunque á

él parecia que con intincion santa, y es cierto, yo creer, quél creia

que no erraba. Por esta, digo, causa, verdaderamente no fué en mano de

los Reyes, los cuales sin duda, como agradecidos Príncipes, le amaban,

sino por voluntad y disposicion divina, el regimiento de este orbe, que

muy bien al principio merecido tenia, le quitaron de las manos. ¡Oh

cuan léjos y distantes, son los pensamientos y juicios de los hombres,

de los del eterno é inmenso Dios! ¡Cuán engañosa ó engañable, incierta

y variable suele salir la sentencia de nuestro parecer! ¡Cuán cierta é

infalible, la provision universal de la divina sapiencia, que por una

parte permitiendo y disimulando calle, y por otra parte, obrando hable,

por otra, callando parece que aprueba, por otra, castigando, cuando

ménos los hombres ofenden y más seguros están, sin duda reprueba, por

otra, quitándonos las ocasiones de ofenderle, á los que no sienten por

qué el azote les viene, concede señalado bien para que lastar tanto

en esta ó en la otra vida no tengan, y á los que por don de su gracia

lo entienden, misericordiosamente consuela! Así creo que se hobo, en

disponer el estado del Almirante, la divina Providencia, porque cuando

le permitia y disimulaba los males que á los indios hacia, parecia que,

callando se los aprobaba, y él, así creo que lo creia, pero cuando

ménos ofendia y en mayores angustias estaba, juntamente con enviarle

algun castigo, le quitó la ocasion certísima y veemente de su damnacion

eterna, si mucho tiempo más se lo disimulara. De aquí es de creer

piadosamente, y dello hay hartas conjeturas, que como Nuestro Señor le

concedió tener buena voluntad, y que todo lo que hacia y obraba parece

que lo enderezaba finalmente al honor divino, que despues le diese

cognoscimiento para que sintiese, que, por los grandes pecados que

cometió contra estas gentes, y daños gravísimos, que con su ignorancia

no excusable, les hizo, privacion de su estado (aunque no por sentencia

pronunciada en contradictorio juicio, sino por voluntad de los Reyes),

y las otras calamidades con todo lo demas, le vino. Y este es el primer

principio, por el cual, de los celestiales bienes y de nuestra final

salvacion, supuesta la gracia divina, nos hacemos dignos. Teniendo

ya determinado los Reyes de quitarle la gobernacion, no creo que

perpétuamente, y firmado las provisiones á 21 de Mayo de aquel año de

1499, como dije, solamente movidos por las nuevas que tuvieron, que

él escribió en los cinco navíos, de que llegado á esta isla halló que

Francisco Roldan era levantado, puesto que creo tambien que debiera

de escribir Francisco Roldan ó sus amigos, llegaron estos dos navios

postreros, donde fueron los mensajeros, por cerca de Navidad. Los del

Almirante hacen relacion á los Reyes del levantamiento y desobediencia

de Francisco Roldan, y de los que le siguieron ser hombres facinerosos,

viciosos, robadores, violentos, ladrones, forzadores de mujeres

casadas, corrompedores de vírgenes, homicidas, falsos, perjuros,

fementidos; de los robos, muertes, daños grandes y escándalos que

en toda esta isla habian hecho, y de los trabajos y peligros que,

sobre esto, el Adelantado, y despues el Almirante, padecieron. Los

de Roldan, por el contrario, dieron del Almirante y de sus hermanos

terribles quejas, llamándolos tiranos, injustos, crueles, que por

cosas fáciles atormentaban los españoles, los degollaban, ahorcaban,

azotaban, cortaban manos, sediendo la sangre castellana como capitales

enemigos, deservidores de los Reyes, y que no procuraban sino alzarse

con el imperio destas Indias, y daban esta conjetura: que no dejaban

cojer el oro de las minas por haberlo todo ellos, y otras muchas

abominaciones que afirmaban contra ellos para excusar su alzamiento y

desvergüenza, diciendo que por estas causas se absentaron y apartaron

dellos. Cerca de lo que yo sentí y entiendo de todo esto, abajo diré

mi sentencia. Oidos los clamores y quejas de ambas partes, los Reyes,

de lo que habian proveido y aún estaban proveyendo, en ningun cosa se

arrepintieron, ántes se confirmaron en su propósito, y muchas otras

cosas para el remedio, segun juzgaron ser necesario, proveyeron.

CAPÍTULO CLXIII.

Por este tiempo, en aquestos dos navíos ó en otros que envió poco

despues, escribió el Almirante á los Reyes una carta muy larga, en la

cual hizo un epílogo y abreviatura de todas las cosas que le habian

acaecido despues que vino y estuvo en la corte, y propuso su empresa

ante los Reyes de descubrir estas Indias, hasta estos presentes dias,

de la cual quiero aquí referir algunos pedazos, porque me parece

convenir é testificar con él mismo muchas cosas de las arriba dichas,

y tambien porque sepan las quejas que de su fortuna y adversarios, con

razon, tenia, y las razones y disculpas que para ello traia. Hablando

de su venida deste viaje tercero que hizo, y de como llegó á esta

isla Española y halló levantado á Roldan, entre otras cosas, dice:

«Despues que vine, y, con tanta gente y poderes de Vuestras Altezas,

él se mudase de su primero propósito y dijese esto, yo quisiera salir

á él, más hallé que era la verdad, que la mayor parte de la gente que

yo tenia eran de su bando; y como fuese gente de trabajo, y yo para

trabajo los hobiese asueldado, este Roldan y los que con él eran, y

los otros que ya estaban de su parte, tuvieron forma de los emponer

que se pasasen con ellos porque no trabajarian y ternian rienda suelta

y mucho comer y mujeres, y, sobre todo, libertad á hacer todo lo que

quisieren; é así, fué necesario que yo disimulase, y en fin, vine en

concierto que yo les diese, de las tres carabelas que habia de llevar

el Adelantado á descubrir, las cuales estaban de partida, las dos,

y cartas para Vuestras Altezas de bien servido y su sueldo, y otras

cosas muchas deshonestas; é así se las envié allá al cabo del Poniente

desta isla, allí donde ya tenian su asiento; é así he estado siempre

en fatiga, de que yo vine hasta hoy dia, que es el mes de Mayo del

99, porque áun no se ha ido, y tiene allá los navíos, y cada dia me

hacen saltos y enojos: nuestro Señor lo remedie como fuere su servicio.

Muy altos Príncipes, cuando yo vine acá, traje mucha gente para la

conquista destas tierras, los cuales recibí todos por importunidad,

diciendo ellos que servirian en ello muy bien y mejor que nadie, y

era al revés, segun despues se ha visto; porque no venian, salvo con

creencia que el oro que se decia que se hallaba, y especerías, que

era á coger con pala, é las especias que eran dellas los lios hechos

liados, y todo á la ribera de la mar, que no habia más salvo hecharlo

en las naos, tanto los tenia ciegos la cudicia: é no pensaban, que,

bien que hobiere oro, que sería en minas, y los otros metales, y las

especias en los árboles, y que el oro seria necesario de cavarlo, y

las especias cogerlas y curarlas. Lo cual todo les predicaba yo en

Sevilla, porque eran tantos los que querian venir, é yo les cognoscia

su fin, que hacia decirles esto, y todos los trabajos que suelen sufrir

los que van á poblar nuevamente tierras de muy léjos. Á lo cual todos

me respondian que á eso venian, y por ganar honra en ello, más como

fuese el contrario, como yo dije, ellos, en llegando acá, que vieron

que yo les habia dicho la verdad, é, que su cudicia no habia lugar de

hartarse, quisiéranse volver luego, sin ver que fuera imposible de

conquistar y señorear esto, y porque yo no se lo consentí, me tomaron

odio, y no tenian razon, pues que por importunidad los habia traido y,

hablado claro que yo venia á conquistar, y no por volver luego como

aquel que ya habia visto otras semejantes, y que tenia cognoscida su

intincion; y asimismo me tomaron odio porque yo no los consentia ir por

la sierra adentro, derramados de dos en dos, ó tres en tres, y algunos

solos, por lo cual los indios habian muerto muchos, á esta causa, por

andar así derramados, y mataran más si yo no le remediara, como dije,

y llegara su osadía á tanto, que me echaran sin debate de la tierra,

si Nuestro Señor no lo proveyera. Rescibí en esto grande pena, así

como en los bastimentos que yo les habia de proveer; y algunos que no

podian dar de comer en Castilla á un mozo, querrian tener acá seis é

siete hombres, y que yo se los gobernase y pagase sueldo, que no habia

razon ni justicia que los hiciese satisfechos. Otros habian venido sin

sueldo, digo (bien la cuarta parte), escondidos en las naos, á los

cuales me fué necesario de contentar así como los otros; en manera,

que, desde entónces, en mayor pena con los cristianos que con los

indios, y hoy en dia no acabo, ántes por una parte se ha doblado y por

otra se me alivia. Dóblaseme por este ingrato desconocido, Roldan, que

vivia conmigo y los que con él son, á los cuales yo tenia hecha tanta

honra, y á este Roldan (que no tenia nada), dado en tan pocos dias,

que tenia ya más de un cuento, y á estotros que agora nuevamente se

fueron allegando de Castilla, dado dineros y buena compañía, así que

estos me tienen en pena; de otra parte estoy aliviado, porque la otra

gente siembran y tienen ya muchos bastimentos, é saben ya la costumbre

de la tierra, é se comienza á gustar de la nobleza della y fertilidad,

muy al contrario de lo que hasta aquí se decia: que creo que no haya

tierra en el mundo tan aparejada para haraganes como esta, é muy mejor

para quien quisiere ayuntar hacienda, como despues diré, por no salir

del propósito. Así que nuestra gente que vino acá, visto que no podian

hinchir su cudicia, la cual era desordenada, y áun tanto que muchas

veces he pensado y creido, que ella haya sido causa que Nuestro Señor

nos haya cubierto el oro y las otras cosas; porque luego que acá salí

al campo hice experimentar á los indios cuanto dello podian coger,

y hallé que algunos que sabian bien dello cogian en cuatro dias una

medida que cabia una onza y media, y así tenia yo asentado con todos

los desta provincia de Cibao, y les aplacia de dar de tributo cada

persona, hombre y mujer, de catorce años arriba hasta setenta, una

medida destas que yo dije de tres en tres lunas, y le cogí yo este

tributo hasta que fuí á Castilla, así que esto tengo yo imaginado que

la cudicia haya sido causa que se pierda. Mas estoy muy cierto que

Nuestro Señor, por su piedad, no mirará á nuestros pecados, é que en

viendo tiempo para ello, luego lo volverá con ventaja; la cual gente

nuestra, despues que vido que su parecer no les salia como tenian

imaginado, siempre despues estaban con congoja para se volver á España,

é así les daba yo lugar que fuesen en cada pasaje, y por mi desdicha,

bien que de mi hobiesen recibido mucha honra y buen tratamiento, ellos,

en llegando allá, decian de mí peor que de un moro, sin dar á ello

ninguna razon, y me levantaron mil testimonios falsos, y dura esto

hoy en dia: mas Dios Nuestro Señor, el cual sabe bien mi intencion

y la verdad de todo, me salvará, ansí como hasta aquí hizo, porque

hasta hoy no ha habido persona contra mí con malicia que no le haya él

castigado, y por esto es bien de echar todo el cuidado en su servicio,

que él le dará gobierno. Allá dijeron que yo habia asentado el pueblo

en el peor lugar de la isla, y es el mejor della, y dicho de boca de

todos los indios de la isla; y estos que esto decian, muchos dellos no

habian salido fuera del cerco de la villa un tiro de lombarda: no sé

qué fe podian dar dello. Decian que morian de sed, y pasa el rio allí

junto por la villa, áun no tan léjos como de Sancta María, en Sevilla,

al rio; decian que este lugar es el más doliente, y es el más sano;

bien que toda esta tierra es la más sana y de más aguas y mejores

aires, que otra que sea debajo del cielo, y se debe creer que es así,

pues que en un paralelo y en una distancia de la línea equinoccial

con las islas de Canaria: las cuales en esta distancia son conformes,

mas no en las tierras, porque son todas sierras secas y altísimas,

sin agua, ni sin fruto y sin cosa verde, las cuales fueron alabadas

de sábios por estar en tan buena temperancia, debajo de tan buena

parte del cielo, distantes de la equinoccial, como ya dije, mas esta

Española es grandísima, que boja más que España, y muy llena de vegas,

y campiñas, y montes, y sierras, y rios grandísimos, y otras muchas

aguas y puertos, como la pintura della, que aquí irá, hará manifiesto,

y toda populatísima de gente muy industriosa; así que creo que debajo

del cielo no hay mejor tierra en el mundo. Dijeron que no habia

bastimentos, y hay carne y pan y pescado, y de otras muchas maneras,

en tanta abundancia, que despues de llegar acá, peones que se traen de

allá para trabajar acá, que no quieren sueldo, y se mantienen á ellos

y á indios que les sirven, y como se puede tomar por este Roldan, el

cual va al campo, y es más de un año, con 120 personas, las cuales

traen más de 500 indios que los sirven, é á todos los mantienen con

mucha abundancia. Dijeron que yo habia tomado el ganado á la gente que

lo trujo acá, y no trajo nadie dello, salvo yo ocho puercas, que eran

de muchos; y porque estos eran personas que se querian volver luego á

Castilla y las mataban, yo se lo defendí porque multiplicasen, mas no

que no fuesen suyas, de que se ve agora que hay acá dellos sin cuento,

que todos salieron desta casta, y los cuales yo truje en los navíos y

les hice la costa, salvo el primer gasto, que fué 70 maravedís la pieza

en la isla Gomera. Dijeron que la tierra de la Isabela, adonde es el

asiento, que era muy mala y que no daba trigo; yo lo cogí y se comió

el pan dello, y es la más fermosa tierra que se pueda cudiciar: una

vega de 14 leguas de largo y dos de ancho, y tres y cuatro, entre dos

sierras, y un rio muy caudaloso que pasa al luengo por medio della, y

otros dos, no grandes, así como muchos arroyos que de la sierra vienen

á ellos, ni por pan de trigo cura nadie, porque estotro es mucho y

mejor para acá y se hace con ménos trabajo. De todo esto me acusaban

contra toda justicia, como ya dije, y todo esto era porque Vuestras

Altezas me aborreciesen á mí y al negocio; mas no fuera así si el

autor del descubrir dello fuera converso, porque conversos, enemigos

son de la prosperidad de Vuestras Altezas y de los cristianos, mas

echaron esta fama y tuvieron forma que llegase á se perder del todo; y

estos que son con este Roldan, que agora me da guerra, dicen que los

más son dellos. Acusáronme de la justicia, la cual siempre hice con

tanto temor de Dios y de Vuestras Altezas, más que los delincuentes

sus feos y brutos delitos, por los cuales Nuestro Señor ha dado en el

mundo tan fuerte castigo, y de los cuales tienen aquí los Alcaldes los

procesos. Otros infinitos testimonios dijeron de mí y de la tierra,

la cual se ve que Nuestro Señor la dió milagrosamente, y la cual es

la más hermosa y fértil que haya debajo del cielo, en la cual hay oro

y cobre, y de tantas maneras de especias y tanta cantidad de brasil,

del cual, sólo con esclavos, me dicen estos mercaderes, que se puede

haber cada año 40 cuentos, y dan razon dello, porque es la carga ahí

más de tres veces tanto cada año; y en la cual puede vivir la gente

con tanto descanso, como todo se verá muy presto. Y creo, que, segun

las necesidades de Castilla y la abundancia de la Española, se haya de

venir á ella muy presto de allá grande pueblo, y será el asiento en la

Isabela, adonde fué el comienzo, porque es el más idóneo lugar y mejor

que otro ninguno de la tierra, como se debe de creer pues que Nuestro

Señor me llevó allí milagrosamente, que fué que no pude ir atras ni

adelante con las naos, salvo descargar y hacer asiento; y la cual razon

me movió á escribir esta escritura, por la cual dirán algunos que no

era necesario de relatar fechos pasados, y los ternán por prolijos

y son tan breves, mas yo comprendí que todo era necesario, así para

Vuestras Altezas, como para otras personas que habian oido el maldecir

con tanta malicia y engaño, lo cual se ha dicho sobre cada cosa de las

escritas, y no solamente de las personas que fueron de acá, é más, con

mucha crueldad, de algunos que no salieron de Castilla, los cuales

tenian facultad de probar su malicia al oido de Vuestras Altezas, y

todo con arte, y todo por me hacer mala obra, por envidia, como pobre

extranjero; mas en todo me ha socorrido y socorre Aquel que es eterno,

el cual siempre ha usado misericordia conmigo, pecador muy grande.»

Todo lo dicho es del Almirante, y dice más abajo, describiendo ciertas

sierras: «Estas sierras, ambas, son pobladas y eran populatísimas

cuando yo vine acá, y se han algo despoblado, porque la gente dellas

probaron guerra conmigo y nuestro Señor me dió victoria siempre, las

cuales sierras, ambas, lo más dello son labradas y de preciosas tierras

fertilísimas, etc.»

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 29 / 40 段