Dice, allende lo susodicho, que ha de trabajar de tornar á asentar

la gente desta isla, en que tornen á la obediencia y que paguen los

tributos que solian pagar, y que Dios perdone á los que en la corte y

en Sevilla fueron causa de tardar él tanto en se despachar, porque si

él viniera con tiempo, como pudiera venir dentro de un año, y mucho

ántes, ni se alzaran los indios, ni dejaran de pagar los tributos

como los pagaban, porque siempre yo dije (dice él), que era necesario

de andar sobre ellos tres ó cuatro años, hasta que lo tuvieran bien

en uso, porque se debia de creer que se les haria fuerte. Mira que

duda, digo yo, y añido, que aunque acá se hallara ántes, no dejara

de haber los inconvenientes que hobo, y quizá mayores, porque tenia

Dios determinado de lo afligir y quitarle el cargo, pues con tanta

opresion y jactura destas gentes, que no le debian nada, dél usaba;

donde tambien añide, haciendo relacion de que esta isla se iba en

los mantenimientos mejorando, porque los ganados iban creciendo y

los españoles haciéndose al pan de la tierra, que lo querian más que

al de trigo, dice que agora tenian vida muy descansada, segun la

pasada, porque ellos no trabajaban ni hacian cosa, sino que los indios

lo trabajaban y hacian todo, casas y todo, y cuanta hacienda era

necesaria, y que no habia necesidad de otra cosa sino de gente que los

tuviese subyectos, por que si ellos viesen que éramos pocos, alzarian

la obediencia, y ellos nos siembran el pan y los ajes y todo otro

mantenimiento suyo, y el Adelantado tiene aquí más de 80.000 matas de

yuca, de que hacen el pan, plantadas. Estas son palabras del Almirante.

Dijo que hacian pozos, porque como estaba junto á la mar este pueblo,

de la otra, como agora está desta, banda, no tenian agua dulce de rio,

sino salada, y por eso hacian pozos, no para beber, porque es algo

salobre ó gruesa, sino para el servicio de casa; para beber tenian

una fuente, de que tambien hoy beben los que no tienen algibes, que

es buen agua. Es aquí de notar, que estos fueron los principios de

donde nació poco á poco el repartimiento que agora llaman encomiendas,

y, por consiguiente, la total perdicion de todas estas tan infinitas

naciones; porque como se enseñaron los españoles, áun los labradores,

y que venian asoldados para cavar y labrar la tierra y sacar el oro

de las minas (como arriba queda dicho), á haraganear y andar el lomo

enhiesto, comiendo de los sudores de los indios, usurpando cada uno por

fuerza tres y cuatro y diez que le sirviesen, por la mansedumbre de los

indios que no podian ni sabian resistir (y, segun dice el Almirante

en una destas cartas), Francisco Roldan y su gente alzada, traian más

de 500 indios, y cuando se mudaban de una parte á otra, serian más de

1.000 para llevarles las cargas, y los que estaban con el Adelantado, y

despues de venido el Almirante, hacian lo mismo por aquella semejanza;

y porque no se les pasasen á Roldan, todo esto y mucho más, y otras

cosas peores, como eran violencias y matanzas, é infinitos desafueros,

disimulaban, y no les osaban ir á la mano. Despues, cuando Roldan se

redujo á la obediencia del Almirante, como quedaban del holgar y de

la libertad que traian, y, de ser servidos de los indios y mandarles,

mal vezados, comenzó Roldan á pedir al Almirante que tuviese por

bien de que el rey Behechio, que, andando alzado el Roldan, lo tenia

por sus tiranías amedrentado y hacia lo que queria dél con su gente,

tuviese cargo de le hacer sus labranzas, como abajo, placiendo á Dios,

se verá; ni poco ni mucho, como dicen, sino el rey Behechio, siendo

de los mayores Reyes y señores de toda esta isla, y la corte de toda

ella, como arriba en el cap. 114 se dijo, lo cual el Almirante no le

pudo negar, porque todo estaba reciente y vedriado y en peligro, al

ménos duraba el temor, y no sin causa, que no hobiese otra rebelion,

y tambien hobo principio esta iniquidad, de aplicar el Almirante ó

el Adelantado, como se dijo arriba, ciertos Caciques y señores que

tuviesen cargo de hacer las labranzas y mantenimientos á las fortalezas

y pueblos de los españoles, como parece en las 80.000 matas ó montones

que arriba dijo el Almirante que habia hecho plantar el Adelantado

aquí, cerca de Sancto Domingo, y tenia cargo deste servicio, creo que

un gran Cacique y señor, cuya tierra y señorío era cinco ó seis leguas

de aquí, la costa arriba hácia el Oriente, y llamábase Agueybana,

y otros hacian que tuviesen cargo de enviar gente á las minas, así

que despues de cesada la rebelion, mayormente cuando se comenzaron

á avecindar y hacer pueblos, cada uno de ambas partes, así los que

habian seguido á Roldan, como los que permanecido en la obediencia del

Almirante, aunque fuese un gañan, y de los desorejados y homicianos

que, por sus delitos, se habian desterrado de Castilla para acá, pedian

que les diesen tal señor y Cacique con su gente para que le labrasen

sus haciendas ayudase á granjear; y por le agradar y tener contento

y seguro el Almirante, y porque asentase en la tierra sin sueldo del

Rey, lo que él mucho deseaba y trabajaba, se lo concedia liberalmente,

y á este fin enderezaba lo que en estas cartas de agora, con los cinco

navíos, escrebia á los Reyes, que les suplicaba tuviesen por bien de

que la gente que acá estaba se aprovechase un año ó dos, hasta que

este negocio de las Indias se levantase, porque ya se enderezaba; y

cerca desto dice así: «Suplico á Vuestras Altezas tengan por bien que

esta gente se aproveche agora un año ó dos, fasta que este negocio

esté en pié, que ya se endereza, que ven agora que esta gente de la

mar y casi toda la de la tierra están contentos, y salieron agora

dos ó tres Maestres de navíos que pusieron á la puerta cédulas para

quién se queria obligar á les dar 1.500 maravedís en Sevilla, que

les llevarian allí tantos esclavos y les farian la costa, y la paga

seria de los dineros que dellos se sacasen. Plugo mucho á la gente

toda, y yo lo acepté por todos y les protesto de les dar la carga, y

así vernán y traerán bastimentos y cosas que son acá necesarias, y se

aviará este negocio, el cual agora está muy perdido, porque la gente

no sirve, ni los indios pagan tributo con esto que pasó y mi absencia,

ni el Adelantado pudo más hacer, porque no tenia nadie consigo que no

fuese en tal guisa que no se podia fiar, que todos se congojaban y

maldecian, diciendo que eran cinco años que estaban acá y que no tenian

para una camisa. Agora les he ensanchado la voluntad y les parece

que lleva razon lo que les digo, que serán pagados presto, y podrán

llevar su paga adelante.» Estas son sus palabras. Y en otra cláusula dá

por nuevas buenas á los Reyes, que ya todos los españoles no querian

estar por sueldo del Rey, sino avecindarse, y porque lo hiciesen, les

ayudaba en cuanto podia á costa de los desventurados indios; así que,

por lo dicho, parece que el aprovecharse la gente que acá estaba,

española, era darles esclavos para que enviasen á Castilla á vender,

los cuales llevaban los Maestres á 1.500 maravedís, y que les darian

de comer; y negra comida seria la que ellos les darian, pues lo es

siempre la que suelen dar á los pasajeros de su misma nacion. Item, el

aprovechamiento tambien era dar Reyes y señores con sus gentes á los

desorejados y desterrados (por ser dignos de muerte por sus pecados),

que, sacada la crisma y ser bautizados, eran muy mejores que no ellos,

para que les sirviesen haciendo sus labranzas y haciendas, y en todo

cuanto ellos querian y decian que habian menester; concedida licencia

que tal Cacique ó señor á este fulano le hiciese tantas labranzas,

porque no se le daban para más, ellos se apoderaban y señoreaban tanto

dellos, que á cabo de un mes eran ellos los Caciques y los Reyes, y

temblaban los mismos señores delante dellos; de aquí tambien usurpaban

enviarlos á las minas que les sacasen oro, y en todos los otros

servicios de que juzgaban poder cebar sus codicias y ambiciones.

De las vejaciones y aperreamientos y maltratarlos en todo género de

rigor y austeridad, no quiero aquí decir más de lo que abajo se dirá;

finalmente, todo el interese y utilidad temporal de los españoles,

ponia en la sangre y sudores, y al cabo en perdicion y muerte desta

gente desmamparada, y aunque, segun parece, la intincion del Almirante

debia ser darles licencia para que les hiciesen las labranzas por algun

tiempo, y no para más, pues dice á los Reyes que tengan por bien que

sean aprovechados un año ó dos, en tanto que la negociacion estaba en

pié ó se levantaba, pero como al Almirante, luego quitaron el cargo

y gobernacion, y sucedió otro, como parecerá, ellos se encaminaron

y apoderaron tanto de aquella licencia y posesion tiránica, que los

sucesores en esta gobernacion, no de quitarla ni limitar, ántes

cumplirla y confirmarla y estragarla más de lo que estaba, y hacerla

universal, estudiaron. Y así, parece claro, de dónde y cuando tuvo su

orígen y principio, y cuan sin pensarlo aquesta pestilencia vastativa

de tan gran parte del linaje humano, que tanta inmensidad de gentes ha

estirpado, el dicho repartimiento y encomiendas, digo, en el cual se

encierran, y para sustentarlo se han cometido, todos los males, como

claramente parecerá abajo. Tambien consta de lo arriba relatado, que

nunca se dieron los indios á los españoles para que los enseñasen,

sino para que se sirviesen dellos, y de sus sudores, y angustias, y

trabajos se aprovechasen; porque manifiesto es, que, pues el Almirante

decia á los Reyes que enviasen devotos religiosos, más para reformar

la fe en los cristianos que para á los indios darla, que cognoscia

el Almirante no ser, los tan pecadores cristianos, para doctrinar y

dar la fe á los indios, capaces; luego no se los daba sino para que

adquiriesen con ellos las riquezas porque rabiaban. Lo mismo hicieron

los siguientes gobernadores, los cuales no ignoraban la vida que acá

siempre hicieron los españoles, y sus vicios públicos y malos ejemplos,

que siempre fueron de hombres bestiales, y si cuando se los daban les

decian que con cargo que en las cosas de la fe los enseñasen, no era

otra cosa sino hacer de la misma fe y religion cristiana, sacrílego

y inesplicable escarnio; y merecieran los mismos gobernadores que los

hicieran, no cuatro sino catorce cuartos. Todo esto, placiendo á Dios,

se cognoscerá mucho mejor en el lib. II y más abajo.

CAPÍTULO CLVII.

Suplicaba encarecidamente á los Reyes muchas veces, y en todas sus

cartas, que mandase á las personas que en Sevilla tenian cargo de las

cosas destas Indias, que las favoreciesen, ó al ménos, que no las

estorbasen ni infamasen, y esto creo yo que decia principalmente por

el dicho D. Juan Rodriguez de Fonseca, que ya era Obispo de Badajoz, y

de los otros oficiales; y, cierto, yo siempre oí y creí, y algo ví al

dicho Obispo, haber sido y ser contrario á las cosas del Almirante, no

sé con qué espíritu ni por qué causa, puesto que oí que dijo un dia el

Almirante, cuando supo que era ya Obispo: «Dovos á Dios (este era su

comun hablar), no seais fator de las Indias y non vos faran Obispo.»

Y como tuvo el Almirante acá tantos desabridos, mayormente despues

que vino Juan Aguado, debíanselo de decir ó escribir al Obispo (si,

empero, lo uno y lo otro es verdad, que puede ser que no lo sea), y

de allí haberle tomado, como dicen, ojeriza. Quiero decir, que pudo

ser no ser por aquella causa ni con mal espíritu, pero de que justa ó

injustamente el Obispo le desfavoreciese, yo no dudo; y tambien que el

Obispo, como era hombre de linaje y de generoso ánimo, y de los Reyes

muy privado y crecia cada dia en mayor estado, bastábale tomar opinion

siniestra, sin otra causa y con título de que los Reyes gastaban y

no se aprovechaban, para menospreciar ó no tener en la estima que

debiera los trabajos del Almirante; por lo cual, dice á los Reyes el

Almirante así: «Suplico á Vuestras Altezas manden á las personas que

entienden en Sevilla en esta negociacion, que no le sean contrarios

y no la impidan, porque ella estuviera más preciosa si mi dicha

acertara á que allí hobiera persona en el cargo deste negocio, que lo

tuviera amor, ó al ménos que no fuera contra ello y no se pusiera á

lo destruir é lo difamar, y favorecer á quien otro tanto hacia, y ser

contrario á quien decia bien dello, que, como se ve, la buena fama es

aquella que despues de Dios hace las cosas, y yo he sido culpado en el

poblar, en el tratar de la gente y en otras cosas muchas, como pobre

extranjero envidiado, de lo cual todo se veia el contrario, y que era

por voluntad, y con malicia, y atrevimiento, como ya parece en muchas

cosas.» Estas son sus palabras. Escribió tambien á sus Altezas, como

tenia aparejados tres navíos para enviar al Adelantado á la tierra de

Paria que dejaba descubierta, y que estuviese por allá seis meses,

dentro de los cuales, cierto, creyó que hiciera el Adelantado gran

descubrimiento, y llevar al cabo la costa hasta la Nueva España, ó al

ménos bien cerca, y partiérase con los cinco navíos juntamente el mismo

dia, segun dice, sino por esperar la resolucion del concierto en que

andaba con Roldan, porque el Adelantado era muy esforzado y hombre de

guerra, y hasta que Roldan fuese reducido, no convenia al Almirante ni

al bien de toda esta isla que estuviese ausente. Finalmente, concluyó

sus cartas, y con ellas envió á los Reyes, un envoltorio en que iban

unos pañezuelos de aquellos pintados que traian los indios de Paria,

que dejaba descubierta, y ciertas perlas, y creo, segun entendí de

otras partes, no de carta ni relacion del Almirante, fueron las perlas

que envió 160 ó 170, y ciertas piezas de oro y el envoltorio sellado;

y aquí dice, que aunque las perlas y oro que de allí envia sea en

cantidad poco, pero por la calidad las envia, pues, hasta entónces,

ninguno vido llevar perlas del Poniente; y así quiere dar á entender,

que se deben tener en mucho. Envió tambien á los Reyes la pintura ó

figura de la tierra que dejaba descubierta, con las islas distintas que

cerca estaban, y, por escrito, todo su viaje. Por esta pintura ó debujo

que á los Reyes envió de la dicha tierra de Paria, y por los rumbos y

caminos que desde las islas de Cabo Verde habia llevado, vino Alonso

de Hojeda y ordenó su viaje hasta dar en la isla de la Trinidad y la

tierra firme de Paria, y allí halló rastro y nuevas del Almirante,

como el mismo Hojeda confiesa y depone en su dicho juramentado, segun

arriba en el cap. 140 habemos declarado, y no segun Américo, parece que

quiso aplicarse á sí el descubrimiento de la dicha tierra firme, Paria,

de donde provino poner nombre á la dicha tierra firme, América, los

escritores que escriben fuera de España, lo cual, como allí se probó,

es muy grande engaño. Con las cartas y la figura ó pintura y relacion

de aquel viaje, y del estado en que todo lo de acá quedaba, se hicieron

los dichos cinco navíos, á la vela, á 18 de Octubre de 1498, en los

cuales, sospecho yo, que irian cartas de Francisco Roldan y de otras

personas muchas, que eran sus amigos ocultos ó públicos, llenas de

quejas del Adelantado que no hicieron al Almirante y á su estado, poco

daño.

CAPÍTULO CLVIII.

Volviendo la pluma á contar el trato de Francisco Roldan y sus

secuaces, recibida pues la carta del Almirante, Roldan, segun el cap.

155, salió del Bonao con algunos de los de su compañía, y vino aquí

á Sancto Domingo con su poca vergüenza, debajo del seguro, á hablar

con el Almirante, y segun pareció (porque no concluyó nada), más para

sacar gente que se le pasase, que para dar órden y concierto en su vida

desordenada. No pude saber lo que con su venida, cuando pareció ante

su amo y señor, el Almirante, y lo que dijo, ni como el Almirante le

rescibió, porque de creer es que pasarian cosas notables. Finalmente,

hablaron y trataron de concierto y de medios, y de creer es que él

dió las quejas que tenia ó fingia tener del Adelantado, y que el

Almirante le satisfaria á todas ellas y exhortaria á la obediencia y

reconciliacion del Adelantado, y ofreceria largamente cuantos honestos

partidos hallar pudiese, para verlo á él reducido y á la isla asentada,

como parece por muchas cartas que ántes y despues desta vista le

escribió el Almirante, algunas de las cuales, y las respuestas del

mismo Francisco Roldan, de su nombre firmadas, he tenido é leido en

mis manos. Despues de muy bien entre ambos, y delante de muchos de

los que aquí estaban personas principales, platicado, pidiendo Roldan

cosas que graves eran al Almirante, y respondídole lo que parecia

razonable, quedó que lo platicaria con su compañía, y, segun lo que

acordasen, su señoría lo sabria, y así se tornó al Bonao. Porque no

se enfriase lo que tanto el Almirante deseaba concluir, envió con él

un mayordomo suyo que se llamaba Diego de Salamanca, hombre cuerdo y

bien honrado; llegados, trataron dello, y al fin acuerdan de enviar

al Almirante ciertos capítulos muy indiscretos, no honestos, sino de

hombres que no se daban mucho por vivir en paz y sosiego, ántes no

querian dejar la vida que tenian de desmandados. El Almirante, desque

los vió, cognoscido su atrevimiento y presuncion, no quiso aceptarlos,

porque ni á su honra, ni autoridad, ni á servicio de los Reyes era

cosa conveniente ni razonable, y para dárselo á entender, acordó

enviar al susodicho Alonso Sanchez de Carvajal, señalándole razones

claras y evidentes, por las cuales demostraba no ser cosa honesta ni

servicio de los Reyes que él aquellos capítulos firmase; pero que

mirasen cuanto él pudiese, salvo su honor y el servicio de los Reyes,

firmar, firmaria de buena gana, y les haria todo el bien y tratamiento

que debiese pidiendo cosas razonables. Fué Carvajal á la Concepcion,

donde ya estaban y trataban de tomar la fortaleza cercando al Alcaide,

para lo cual dicen que habian tirádole el agua; pero llegado Carvajal,

moderáronse. Trató con Francisco Roldan y con los principales, y al

cabo con todos, y concluyeron ciertos capítulos, el fin de los cuales,

y que más deseaba el Almirante, fué, que se fuesen á Castilla por

quitar de sí y desta isla gente ya tan corrupta y desmandada, con

que les diese el Almirante dos navíos en el puerto de Xaraguá, bien

aparejados, con bastimentos, y que les dejase á cada uno un esclavo y

las mancebas que tenian preñadas y paridas en lugar de los esclavos que

se les habian de dar, y que les diese carta de bien servidos ó haber

servido bien, y se les restituyesen algunos bienes que se les habian

tomado y otras cosas semejantes. El Almirante se las otorgó y firmó

con que no recibiesen más españoles en su compañía de todos cuantos

habia en la isla, y que dentro de cincuenta dias se embarcarian, y

que no llevarian esclavo alguno por fuerza de los que se les habian

de dar á merced, y que darian cuenta y razon á las personas que el

Almirante enviase al dicho puerto de lo que en los navíos metiesen, y

les entregarian todo lo que tuviesen de la hacienda del Rey. Firmólo

todo esto Roldan en nombre de todos los de su compañía en sábado, 17

de Noviembre de 1498, pero porque el Almirante estaba en esta villa

de Sancto Domingo y los capítulos se hicieron en la Vega ó Concepcion

con Alonso Sanchez de Carvajal y Diego de Salamanca, y habian de venir

á que el Almirante los firmase, dijo Roldan, que cuanto á no admitir

más gente en su compañía, lo firmaba con condicion, que, dentro de diez

dias, le viniese la respuesta de como el Almirante lo firmaba, lo cual

hizo á 21 del dicho mes. Envióles dentro de los diez dias la respuesta

y firmados los capítulos, y ellos partiéronse para Xaraguá, diciendo,

que iban á aparejar su partida, puesto que segun pareció, no tenian tal

pensamiento; por ventura, el Roldan era el que lo queria, y los otros

no. El Almirante, por el ánsia que tenia de verse libre de tan gran

impedimento, para lo que queria y entendia hacer en la gobernacion y

asiento desta isla, y tornar á hacer tributarios á los indios della,

suspendió la ida del Adelantado á descubrir la tierra firme, que dejaba

comenzada, como no tenia más de aquellos tres navíos, y mandó luego

aderezar los dos, sacado dellos lo que tenia el Adelantado aparejado

para su viaje, y puesto lo que les era obligado por la capitulacion á

dar, y porque supo que algunos de aquellos de la compañía de Roldan

decian que no querian ir á Castilla, mandó hacer un seguro muy cumplido

y general, diciendo y prometiendo, que todos los que no quisiesen

ir á Castilla y quedarse en esta isla, á sueldo, si sueldo del Rey

quisiesen ganar, darles vecindad si se quisiesen avecindar; y por cosas

y embarazos que ocurrieron, no se pudieron despachar los navíos hasta

Enero del año siguiente de 1499. Mandó que Carvajal se fuese á Xaraguá

por tierra, que, entretanto que los navíos llegaban, entendiese con él

Francisco Roldan, en su despacho y aparejo para su partida. Partióse

tambien el Almirante para la Isabela y la tierra dentro, á visitar

la tierra y asegurar las gentes y disponerlas para que tornasen á

servir con los tributos que solian, para ellos muy sabrosas nuevas.

Dejó por su Teniente aquí en Sancto Domingo á su hermano D. Diego,

con su instruccion de lo que habia de hacer. Partidos los dos navíos,

dióles una dura tormenta que les hizo mucho daño, en especial al

uno, por manera que se recogieron al puerto Hermoso, que está, deste

de Sancto Domingo, 16 leguas, ó al de Azua, que está 20 ó pocas más,

donde no pudieron reformarse para proseguir su viaje hasta Marzo y

fin dél, y como ni el Roldan ni todos, ó al ménos los más dellos,

tenian poco deseo de ir á Castilla, porque temian ser castigados por

los Reyes, tomaron achaque de haber sido libres del asiento dado, y

no ser obligados á cumplirlo, diciendo ser pasado el término de los

cincuenta dias, é haber quedado por culpa é industria del Almirante,

porque los queria engañar é buscar maneras para prenderlos, y otras

alegaciones harto frívolas y desvariadas, y muy claramente contrarias

de la intencion y fin del Almirante, como no desease cosa más que

reducirlos, ó echarlos desta isla; y en todas estas dilaciones gastaba

bastimentos y ocupaba gente, y cesaba de enviar al Adelantado, y se

impedia de muchas cosas que hacer deseaba, mayormente asentar los

tributos en los Caciques é indios. Esto no podia hacer ni otra cosa de

provecho estando toda la isla turbada y desasosegada, estando ellos

levantados y cometiendo en los indios cada dia tantos insultos y

tantos daños; ¿en qué juicio podia caer que se pusiese el Almirante,

en quedar, que enviaria los navíos con tantos gastos á Xaraguá, 200

y más leguas por la mar, donde ellos estaban fuertes y eran señores,

y despues, de industria, detenerlos y retardarlos? Bien parece claro

que ellos eran los que andaban con cautelas mañosas, procrastinando

y vacilando, ó engañando. Esto escribió, afirmándolo, Alonso Sanchez

de Carvajal, que con ellos trataba su despacho, el cual les hizo

requirimiento en forma, delante de Francisco de Garay, á quien dió

poder y crió para esto el Almirante por escribano; pero ellos, como

moros sin Rey, no curaron. Dice así Alonso de Carvajal en su carta,

la cual firmada de su firma, tuve en mis manos: «Juntos Francisco

Roldan y su compañía, yo acabé de cognoscer su voluntad, que era de no

ir á Castilla por agora en estos navíos, y en fin de muchas pláticas

pasadas entre ellos y mí, le requerí por ante Francisco Garay, y dije,

como yo iba allí por mandado de vuestra señoría, á cumplir con él y

con ellos, etc.» Estas son sus palabras. Escribió todo esto y la poca

verdad que guardaban, y como huian de concierto, al Almirante; á 15

de Mayo, el Almirante escribió una carta á Roldan y otra á Adrian de

Muxica, con toda modestia, rogándoles y amonestándoles, que se quitasen

de tan dañosa opinion como seguian, porque cesasen tantos escándalos,

que se destruia la isla y cesaba el servicio de los Reyes, y otras

muchas cosas buenas que moverlos podian; pero el Roldan, como serpiente

sorda á los consejos, respondió al Almirante una carta harto arrogante

y llena de presuncion, que le besaba las manos por su consejo, pero

que no tenia necesidad dél, y otras cosas que mostraban su esencion y

temeridad. Despues, dice Carvajal en aquella carta, que pasaron muchas

cosas que por vía de consejo les dijo, que mirasen los daños que hacian

en la tierra, y que les convenia tomar medios y reducirse; dice, que

se persuadieron, y que dijeron que les placia, trataron dellas, pero

ninguno, sino los que ellos daban, les agradaban. Pidieron una carabela

para que enviasen sus mensajeros á los Reyes, concedióselo, de partes

del Almirante, Alonso Sanchez de Carvajal, y venido, que se lo diesen

por escrito, no quisieron, diciendo, que él no tenia poderes para ello.

Finalmente, partiéndose Carvajal por tierra para aquí, donde ya estaba

de vuelta de la tierra dentro el Almirante, y mandó á los dos navíos

que se tornasen á este puerto de Sancto Domingo, salió Roldan con él

á comer donde Carvajal comiese, despues no quiso llegar tanto léjos;

apeáronse debajo de una sombra, y, hablando mucho en ello, dijo Roldan

que queria tomar el consejo que muchas veces le habia dado, y que le

enviase el Almirante un seguro firme con provision Real y sellado con

el Real sello, y otro firmado de algunas personas principales que

con el Almirante estaban, y que él iria á hablar con el Almirante, y

concluiria el medio y concierto para que esto del todo se acabase, y

que esto le decia en secreto, que no lo supiese nadie. Plúgole dello

mucho á Carvajal, y quedó de enviárselo.

CAPÍTULO CLIX.

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 27 / 40 段