«Ilustre y muy magnífico señor: Ayer lúnes, al medio dia, llegamos

acá en el Bonao, y luego á la hora Carvajal habló largamente á toda

esta gente, y su habla fué tan allegada al servicio de Dios y de Sus

Altezas y de vuestra señoría, que Salomon ni doctor ninguno no hallara

enmienda ninguna, y como quiera que la mayor parte desta gente hayan

mas gana de guerra que de paz, á los tales no les parece bien, mas los

que no querian errar á vuestra señoría, sino servirle, les pareció que

era razon y justa cosa todo lo que Carvajal decia, los cuales eran

Francisco Roldan, y Gamez, y Escobar, y dos ó tres otros, los cuales

juntamente acordaron que fuese el Alcaide y Gamez á besar las manos á

vuestra señoría y á concertar cosa justa y posible, por excusar y matar

el fuego que se va encendiendo, más de lo encendido; y acordado esto,

que ya queriamos cabalgar, y yo con ellos, porque á todos les pareció

que yo debia volver con Carvajal y ellos; en aquel instante vinieron

todos á requerir á Francisco Roldan y á Gamez, que habian acordado que

no fuesen, sino que por escrito llevase Carvajal lo que pedian; y si en

aquello vuestra señoría viniese, que aquello se hiciese, y otra cosa

no. Y yo, señor, por lo que debe criado á su señoría, suplico á vuestra

señoría concierte con ellos en todo caso, especialmente para que se

vayan á Castilla, como ellos piden, porque otramente creo cierto que no

se harian los hechos de vuestra señoría como era de razon, y querria,

porque me parece que lo que dicen es verdad, que se han de pasar los

más á ellos; y así me parece que se vá mostrando por la obra, que

despues que yo pasé para ir á vuestra señoría se les han venido unos

ocho, y diciéndoles que por qué no se acercan allá, que ellos saben

que se pasarán más de 30; y esto les ha dicho García, aserrador y otro

valenciano que se han pasado con ellos. Y yo, cierto, creo que despues

de los hidalgos y hombres de pró que vuestra señoría tiene junto con

sus criados, que aquellos que los terná vuestra señoría muy ciertos

para morir en su servicio, y la otra gente de comun yo pornia mucha

duda. Y á esta causa, señor, conviene al estado de vuestra señoría

concierte su ida de una manera ú otra, pues ellos lo piden, y quien

otra cosa á vuestra señoría consejare no querrá su servicio ó vivirá

engañado, y si en algo de lo dicho he errado, será por dolerme del

estado de vuestra señoría viéndolo en tan gran peligro, no haciendo

iguala con esta gente; y quedo rogando á Nuestro Señor dé seso y

saber á vuestra señoría, que las cosas se hagan á su sancto servicio y

con acrecentamiento y dura del estado de vuestra señoría. Fecha en el

Bonao, hoy mártes, á 16 de Octubre.—Miguel Ballester.»

Esta es su carta, y bien parece que era catalan, porque hablaba

imperfectamente, pero hombre virtuoso y honrado y de voluntad sincera y

simple; yo le cognoscí mucho.

CAPÍTULO CLIV.

Vista esta carta y la relacion que Carvajal dió, grande fué el angustia

que el Almirante recibió, y él sintió bien claro ser verdad que tenia

pocos consigo que en la necesidad le siguiesen, porque, haciendo alarde

para si conviniese ir al Bonao á prender á Francisco Roldan, no halló

70 hombres que dijesen que harian lo que les mandase, de muchos de los

cuales no tenia confianza, sino que al mejor tiempo le habian de dejar;

y de los otros, uno se hacia cojo, y otro enfermo, y otro se excusaba

con decir que tenia con Francisco Roldan su amigo y otro su pariente,

por manera que ningun favor ni consuelo de alguna parte tenia.

Por esta necesidad extrema que padecia, y por el ánsia que tenia de

asentar la tierra, y que los indios tornasen á pagar los tributos,

injustamente impuestos, como arriba se dijo, por enviar dineros á los

Reyes y suplir, con rentas que acá tuviesen, los gastos que en proveer

las cosas desta isla hacian, todo cuanto razonablemente los alzados le

pidiesen, estaba para concederlo aparejatísimo; luego, pues, ordenó

dos cosas, la una, puesto que fué la postrera, y pónese aquí primera

por ser más general, y es, que hizo una carta de seguro general que

todas las personas que se hobiesen llegado y seguido á Francisco Roldan

en las diferencias pasadas, y el dicho Francisco Roldan, juntamente ó

apartada, que quisiesen venir á servir á Sus Altezas como de ántes,

pudiesen venir juntamente ó cada uno de por sí, que él, como Visorey

de Sus Altezas, y en su nombre los aseguraba sus personas y bienes, y

les prometia de no entender en cosa alguna de los casos pasados hasta

el dia de la fecha; y en los casos venideros, si acaesciesen, les

prometia que la justicia se habria humana y piadosamente con ellos, y

les daba licencia que los que quisiesen irse á Castilla, cada y cuando

ellos quisiesen irse, y les daria sus libranzas de los sueldos que se

les debiesen; los cuales viniesen á gozar deste seguro dentro de diez y

seis dias, y los que estuviesen primeros, siguientes, y si estuviesen

algunos dellos distantes más de 30 leguas, fuesen obligados á venir

dentro de treinta dias; donde no viniesen dentro los dichos términos,

juntos ó cada uno por sí, que procederia contra ellos por la guisa que

hallase que cumplia al servicio de Sus Altezas y á su justicia. Y mandó

que se apregonase públicamente y estuviese fijada la dicha carta de

seguro en la puerta de la fortaleza. Fué hecha en esta ciudad de Sancto

Domingo, que estaba entónces de la otra parte del rio, viernes, 9 dias

de Noviembre de 1498.

Lo segundo que proveyó fué, que envió otra carta de seguro particular

al dicho Roldan y á los que con él viniesen, del tenor que se la envió

el dicho Roldan, y decia así: «Yo D. Cristóbal Colon, Almirante del

Océano, Visorey y Gobernador perpétuo de las islas y tierra firme

de las Indias, por el Rey é la Reina nuestros señores, é su Capitan

general de la mar y del su Consejo: Por cuanto entre el Adelantado, mi

hermano, y el Alcalde Francisco Roldan y su compañía ha habido ciertas

diferencias en mi ausencia, estando yo en Castilla, é para dar medio

en ello de manera que Sus Altezas sean servidos, es necesario que el

dicho Alcalde venga ante mí é me faga relacion de todas las cosas,

segun que han pasado, caso que yo de algo dello esté informado por el

dicho Adelantado. E porque dicho Alcalde se recela por ser el dicho

Adelantado, como es, mi hermano, por la presente, doy seguro en nombre

de Sus Altezas al dicho Alcalde y á los que con él vinieren aquí á

Sancto Domingo, donde yo estó, por venida y estada y vuelta al Bonao,

donde él agora está, que no será enojado ni molestado por cosa alguna,

ni de los que con él vinieren durante el dicho tiempo; lo cual prometo

y doy mi fe y palabra, como caballero, segun uso de España, de lo

cumplir y guardar este dicho seguro, como dicho es; en firmeza de lo

cual, firmé esta escritura de mi nombre. Fecha en Sancto Domingo á 26

dias del mes de Octubre.—El Almirante.»

Andando en estos tratos, porque los cinco navíos no traian demora, por

concierto que se suele hacer cuando les fletan, si no un mes, dentro

del cual quedó el Almirante de despacharlos, y por esperar cada dia

que se concluyera el concierto de que se trataba y el Almirante tanto

deseaba, con venir Francisco Roldan y su compañía á la obediencia y

sosiego que debian, los habia detenido diez y ocho dias más por enviar

á los Reyes buenas nuevas de quedar la isla pacífica y dispuesta para

tornar á enhilar los tributos en los indios della, que era lo que

mucho dolia y deseaba, como está dicho, el Almirante; y los navíos

tambien habia cargado de esclavos, de los cuales se morian muchos

y los echaban á la mar por este rio abajo, lo uno, por la grande

tristeza y angustia de verse sacar de sus tierras y dejar sus padres y

mujeres y hijos, perder su libertad, y cobrar su servidumbre, puestos

en poder de gente inhumana y cruel, como estimaban, y con justísima

razon, los cristianos, y que los llevaban á donde y de donde jamás

habian de volver; lo otro, por la falta de los mantenimientos, que

no les daban sino un poco de caçabí seco, que, para sólo y sin otra

cosa, es intolerable, y áun agua no les daban cuanta habian menester

para remojarlo, porque, para el viaje tan largo, á los marineros no

faltase; lo otro, porque como metian mucha gente y la ponian debajo

de cubierta, cerradas las escotillas, que es como si en una mazmorra

cerrasen todos los agujeros, juntamente con las ventanas, y la tierra

caliente, y debajo de cubierta arden los navíos como vivas llamas,

del ardor y fuego que dentro tenian, sin poder resollar, de angustia

y apretamiento de los pechos se ahogaban; y desta manera han sido

infinitos el número de las gentes destas Indias que han perecido, como

en el libro III, si place á Dios, será relatado. Así que, por las

razones susodichas fué constreñido el Almirante á despachar los dichos

cinco navíos de indios cargados, los cuales fueron en tal hora, que,

de su llegada á Castilla y de la relacion que á los Reyes hizo por sus

mismas cartas el Almirante, luego se originó y proveyó que perdiese su

estado, y le sucedieron mayores amarguras y disfavores y desconsuelos

que hasta entónces habia padecido trabajos; no, cierto, por lo que

habia ofendido á Francisco Roldan ni á los que con él andaban alzados,

sino por las injusticias grandísimas, y no oidas otras tales, que

contra estas inocentes gentes cometia y habia perpetrado, y, por su

ejemplo, Francisco Roldan y los demas, quizá fué causa ocasional que

perpetrasen. Porque, por ventura y áun sin ventura, si él no hubiera

impuesto los tributos violentos é intempestivos, é para estas gentes

más que insoportables, los Reyes desta isla y súbditos suyos no

desamaran su venida y estada de los cristianos en sus tierras, ni

exasperados de las vejaciones y fatigas que padecian, por defenderse

de quien los oprimia, no se pusieran en armas, si armas se podian

decir las suyas, y no más armillas de niños, por título que se alzaban

á quien no debian nada, él no les hiciera guerras, en las cuales,

comenzaron y mediaron y perfeccionaron diversas maneras, y muy nuevas,

de crueldades en estos corderos, los cristianos, y para presumir

más de sí, como se vian contra las gallinas gallos tan aventajados,

crecíanles con la cruel ferocidad los ánimos, ni quizá cayera en él

tanta ánsia de enviar, de indios hechos esclavos tan malamente, los

navíos cargados; y así, lo primero cesante, lo último con lo del medio

cesara, y, todo cesando, quizá no permitiera Dios que Francisco Roldan

ni los demas rebeldes y tiranos contra él se levantaran, ni cometieran

en estas mansas y humildes gentes tantos y tan grandes extragos, lo

cual, no obstante él, floreciera y gozara felicemente del estado que

misericordiosamente (como él siempre recognoscia y confesaba, y por

ello á Dios alababa), le habia concedido, que al fin permitió, para su

salvacion, cierto, segun creo, por las dichas causas fuese dél privado.

Pero es de haber gran lástima que no advirtiese cual fuese de sus

angustias y caimiento en la estima y nombre deste su negocio de las

Indias, y de sus disfavores y adversidades, la causa; porque si la

sintiera, no hay duda sino que, como era de buena intincion y deseaba

no errar, y todo lo enderezaba á honor de Dios, y, como él siempre

decia, de la Sanctísima Trinidad, todo lo enmendara, y tambien la

bondad divina su sentencia y castigo ó lo revocara ó lo templara.

CAPÍTULO CLV.

Haciéndose á la vela los cinco navíos á 18 dias del mes de Octubre de

aquel año de 498, en los cuales fué mi padre á Castilla, desta isla, y

pasaron grandes trabajos y peligros, fueron, como es dicho, cargados

de indios hechos esclavos; y serian por todos 600, y, por los fletes

de los demas, dió á los Maestres 200 esclavos. En ellos escribió el

Almirante á los Reyes muy largo, en dos cartas, haciéndoles relacion de

la rebelion de Francisco Roldan y de los con él alzados, de los daños

que habian hecho y hacian por la isla, haciendo robos y violencias, y

que mataba á los que se les antojaba por no nada, tomando las mujeres

ajenas y hijas, y otros muchos males perpetrando por donde andaban; y

escribióles que le habian dicho, que cuasi toda la parte del Poniente

desta isla, que es la donde reinaba el rey Behechio, que se llamaba

Xaraguá, tenian muy alborotada y maltratada: y no dudo yo dello y que

era mucho más que podia ser la fama. En todas las cartas que escribia,

decia que esta tierra era la más fértil y abundosa que habia en el

mundo, y para todos los vicios aparejada, y, por tanto, propia para

hombres viciosos y haraganes; y en todo decia gran verdad, porque

despues que se hicieron á la tierra los españoles, saliendo de las

enfermedades que por fuerza los habia de probar, no por ser enferma,

como arriba en el cap. 88 dijimos, sino por ser los aires más sotiles,

y las aguas más delgadas, y los manjares de otras calidades, y en fin,

por estar de las nuestras tan distantes, andando de pueblo en pueblo,

y de lugar en lugar, comian á discrecion, tomaban los indios para su

servicio, que querian, y las mujeres que bien les parecia, y hacíanse

llevar á cuestas en hombros de hombres en hamacas, de las cuales ya

dije qué tales son; tenian sus cazadores que les cazaban, y pescadores

que les pescaban, y cuantos indios querian, como recuas, para les

llevar las cargas, y sobre todo, de puro miedo, por las crueldades

que en los tristes indios hacian, eran reverenciados y adorados, pero

no amados, ántes aborrecidos como si fueran demonios infernales; y

porque esta vida el Almirante sabia que aquí los españoles vivian,

y hallaban en la tierra para ello aparejo cuanto desear podian, con

razon juzgaba que era la mejor del mundo para hombres viciosos y

haraganes. Entre otras viciosas desórdenes que en ellos abominaba, era

comer los sábados carne, á lo cual no podia irles á la mano, por cuya

causa suplicaba á los Reyes en muchas cartas, que enviasen acá algunos

devotos religiosos, porque eran muy necesarios, más para reformar la

fe en cristianos que para á los indios darla, y dice así: «Acá son muy

necesarios devotos religiosos para reformar la fe en nos, más que por

la dar á los indios, que ya sus costumbres nos han conquistado y les

hacemos ventaja; y con esto un letrado, persona experimentada para

la justicia, porque sin la justicia real creo que aprovecharán los

religiosos poco.» Estas son sus palabras. Y en otra carta dice á los

Reyes: «Presto habrá vecinos acá, porque esta tierra es abundosa de

todas las cosas, en especial de pan y carne; aquí hay tanto pan de lo

de los indios, que es maravilla, con el cual está nuestra gente más

sanos que con el de trigo, y la carne es, que ya hay infinitísimos

puercos y gallinas, y hay unas alimañas que son atanto como conejos,

y mejor carne, y dellos hay tantos en toda la isla, que un mozo indio

con un perro trae cada dia 15 ó 20 á su amo; en manera que no falta

sino vino y vestuario, en lo demas es tierra de los mayores haraganes

del mundo; é nuestra gente en ella, no hay bueno ni malo que no tenga

dos y tres indios que le sirvan, y perros que le cacen, y bien que no

sea para decir, y mujeres atan fermosas, que es maravilla. De la cual

costumbre estoy muy descontento, porque me parece que no sea servicio

de Dios, ni lo puedo remediar, como del comer de la carne en sábado,

y otras malas costumbres que no son de buenos cristianos; para los

cuales, acá aprovecharia mucho algunos devotos religiosos, más para

reformar la fe en los cristianos que para darla é los indios; ni yo

jamás lo podré bien castigar, salvo si de allá se me envia gente, en

cada pasaje 50 ó 60, y yo envie allá otros tantos de los haraganes y

desobedientes, como agora fago, y este es el mayor y mejor castigo, y

con ménos cargo del ánima, que yo, vea, etc.» Esto todo repite en otras

cartas, como via que cada dia se iban corrompiendo más la vida mala y

nefanda de los españoles; y en la verdad, como fueron grandes quejas y

debialas de llevar Juan Aguado, de quien en el cap. 107 hicimos larga

mencion, de que habia tratado mal los españoles, ahorcando ó azotando

muchos, como en fin deste libro ó al principio del segundo, placiendo

á Dios, se verá, y tambien por estar levantado Francisco Roldan y los

demas, estaba acobardado y no osaba corregir las malas costumbres ni

castigar ó impedir los delitos y obras pésimas, de robos y crueldades,

que tambien cometian en los indios los españoles que le seguian, como

los de Francisco Roldan, y así llora mucho esto en sus cartas, y en una

dice: «Yo he sido culpado en el poblar, en el tratar de la gente, y en

otras cosas muchas, como pobre extranjero envidiado, etc.» Dice en el

poblar, porque le imputaban por malo haber poblado el primer pueblo

en la Isabela, como si él hobiera visto y andado toda esta isla, y de

industria escoger aquel por el peor lugar; nunca él hobiera herrado en

otra cosa sino en aquello, porque él vino á dar allí con los 17 navíos,

cansados y molidos del viaje de Castilla, y los caballos y bestias que

traia, y toda la gente afligida y medio enferma de tan luengo viaje,

no acostumbrado, y tan nunca en la mar, sin ver tierra tantos dias,

hasta entónces hombres se haber hallado; y es muy excelente y graciosa

tierra, y harta digna de ser poblada, y más propincua y frontera de las

minas de Cibao, por lo cual, cierto, más merecia gracias que serle á

mal poblar imputado, sino que, segun le desfavorecian, los que podian

hacerle daño de todo cuanto podian hechaban mano.

Escribió tambien á los Reyes en la angustia en que quedaba con el

levantamiento y rebelion de Francisco Roldan, y en los tratos que por

atraerlo á obediencia y servicio de Sus Altezas andaba; escribió más

á los Reyes, que porque decia Francisco Roldan que no tenia necesidad

de perdon, porque no tenia culpa, y que el Almirante era hermano del

Adelantado y era juez sospechoso, que trabajaba de concertar con él que

fuese á Castilla, y que Sus Altezas fuesen los jueces; y que cuanto

á la pesquisa é informacion sobre esto, para enviar á Sus Altezas,

para que se hiciese con ménos duda y sospecha, estuviesen á hacerla

presentes Alonso Sanchez de Carvajal con quien tenia pláticas, y el

Alcaide Miguel Ballester, y esta pesquisa fuese á Castilla, y Roldan

y sus compañeros enviasen un mensajero á la corte, y en tanto que

volviese respuesta de los Reyes, se viniesen á servir como de ántes

solian, y si esto no querian, que se fuesen á la isla de Sant Juan,

que estaba cerca de aquí, porque no anduviesen destruyendo esta isla,

como robando de continuo la tenian destruida. Dice más, que si estos

Alcaides no venian en concierto, para que cesasen tantos males, que

habia de trabajar de poner diligencia para los destruir; yo sospecho

que esta cláusula y palabra, dió más prisa á los Reyes para enviar muy

más presto á quitarle el cargo, creyendo que como le habian acusado de

riguroso y cruel en la ejecucion de la justicia, que, si él pudiese,

habia de hacer grandes estragos en aquellos rebeldes. Dice asimismo en

una de sus cartas á los Reyes así: «Siempre temí del enemigo de nuestra

sancta fe en esto, porque se ha puesto á desbaratar este tan grande

negocio con toda su fuerza; él fué tan contrario en todo, ántes que se

descubriese, que todos los que entendian en ello lo tenian por burla;

despues la gente que vino conmigo acá, que del negocio y de mí dijeron

mil testimonios, y agora se trabajó allá, que hubiese tanta dilacion é

impedimentos á mi despacho, y poner tanta cizaña á que Vuestras Altezas

hobiesen de temer la costa, la cual podia ser ya tan poca ó nada, como

será, si place á Aquel que lo dió y que es superior dél y de todo el

mundo, y el cual le sacará al fin por qué hizo el comienzo, y del cual

se ve tan manifiesto que le sostiene y aumenta, que es cierto, si se

mirasen las cosas que acá han pasado, se podria decir como y tanto como

del pueblo de Israel.» Quiere decir, que así como los hijos y pueblos

de Israel eran incrédulos contra Moisén y Aaron, así todos los que

dudaron y creyeron ser burla y de poco fruto el descubrimiento destas

Indias y desta negociacion; y añide más. «Podria yo todo replicarlo,

mas creo que no hace mengua, porque hartas veces los he escrito bien

largo, como agora, de la tierra que nuevamente dió Dios este viaje á

Vuestras Altezas, la cual se debe creer que es infinita, de la cual y

desta deben tomar grande alegría y darle infinitas gracias, y aborrecer

quien diz que no gasten en ello, porque no son amigos de la honra de

su alto Estado; porque allende de las tantas ánimas que se pueden

esperar que se salvarán, de que son Vuestras Altezas causa, y que es el

principal del caudal desto (y quiero fablar á la vana gloria del mundo,

la cual se debe tener en nada, pues que la aborrece Dios poderoso), y

digo que me respondan quién leyó las historias de griegos y romanos, si

con tan poca cosa ensancharon su señorío tan grandemente, como agora

hizo Vuestra Alteza aquel de la España con las Indias. Esta sola isla,

que boja más de 700 leguas; Jamáica, con otras 700 islas, y tanta

parte de la tierra firme, de los antiguos muy cognoscida y no ignota,

como quieren decir los envidiosos ó ignorantes, y despues desto, otras

islas muchas y grandes de aquí hácia Castilla, y agora esta, que es

de grande excelencia, de la cual creo que se haya de hablar entre

todos los cristianos por maravilla, con alegría. ¿Quién dirá, seyendo

hombre de seso, que fué mal gastado, y que mal se gasta lo que en ello

se despende? ¿qué memoria mayor en lo espiritual y temporal quedó ni

pueda más quedar de Príncipes? Yo soy atónito y pierdo el seso cuando

oigo y veo que esto no se considera, y que nadie diga que Vuestras

Altezas deban hacer caudal de plata ó oro, ó otra cosa valiosa, salvo

de proseguir tan alta y noble empresa, de que habrá Nuestro Señor

tanto servicio, y los sucesores de Vuestras Altezas y sus pueblos

tanto gozo: mírenlo bien Vuestras Altezas, que, á mi juicio, más le

relieva (relieva dice por importa) que hacian las cosas de Francia

ni de Italia.» Estas todas son sus palabras, y, en verdad, dignas de

mucha consideracion, porque llenas de prudencia y de verdad, y testigos

de pecho harto virtuoso, y de muy recta intincion, y hiciera grandes

cosas y fruto inestimable en estas tierras, si no ignorara que estas

gentes no le debian nada á él ni á otra persona del mundo, sólo porque

los descubrió, aunque casi atinaba y confesaba el fin de haber podido

jurídicamente volver acá, que no era otro que el bien destas gentes,

salud y conversion; y finalmente ayudó á quél errase los disfavores que

tenia de muchos, por zaherir los gastos que los Reyes hacian, y por

excusarlos ó recompensarlos.

CAPÍTULO CLVI.

El cual trata del principio ó principios de donde hobo su orígen

y procedió el repartimiento de los indios, que llamaron despues

encomiendas, que han destruido estas Indias, donde se prueba que nunca

los indios jamás se dieron para que los españoles los enseñasen, sino

para que se sirviesen dellos y aprovechasen.

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 26 / 40 段