Llegado el Almirante á este dicho puerto de Sancto Domingo, todos sus

amigos y criados salieron al desembarcadero, á esperarlo, con D. Diego,

su hermano; con su venida hobieron grande alegría y placer, puesto

que todo con gran tristeza, de partes dél y tambien dellos mezclado,

porque creyendo que venia á descansar de sus tan grandes trabajos, via

por delante cuanto para su descanso le faltaba, porque la Providencia

divina tenia ordenado, que no sólo sus angustias y fatigas no se

le acabasen, pero que de nuevo otras más duras y aflictivas, y de

mayores desconsuelos y ménos sufribles se le aparejasen. Quiso ver la

informacion y proceso que el Adelantado contra los alzados habia hecho,

y las causas de su rebelde porfía, y, no contento con ella, deliberó

de hacer otra por sí mismo; la cual yo vide y cognoscí muchos de los

testigos, y todos confirmaron que nunca habian visto ni oido que el

Adelantado hubiere hecho injuria ni mal tratamiento á Francisco Roldan,

sino siempre honra y hacer mucha cuenta dél, y lo mismo afirmaron de

los que con él se alzaron, y como, estando el Adelantado ausente en la

provincia y reino de Xaraguá, se rebelaron é hicieron los desatinos y

alborotos que arriba referimos, en los capítulos donde hablamos de su

alzamiento. Desde á pocos dias que el Almirante llegó á este puerto

y lugar, que entónces era villa y agora es ciudad, llegaron los tres

navíos y la carabela que el Adelantado habia enviado para buscarlos. El

uno dió en unos bajos y perdió el gobernario, y vino muy maltratado;

y, porque se detuvieron muchos dias por las corrientes y vientos

contrarios, perdiéronse cuasi todos los bastimentos que traian. Con

la relacion que los Capitanes trujeron de como Francisco Roldan les

habia tomado los 40 hombres, y se habia más ensoberbecido y maleado,

rescibió el Almirante doblado pesar y vídose muy atribulado; comenzó á

pensar si pudiese traerlos por bien perdonándoles su maldad, mayormente

que le dijeron algunos de los que allí estaban, que, sin alguna duda

Francisco Roldan, sabiendo que su señoría era venido, se vernia á

poner en sus manos, porque habian escrito algunas cartas á sus amigos

que fuesen intercesores, venido el Almirante, para que lo perdonase,

y que se queria meter por sus puertas como criado, y de quien habia

recibido siempre muchas honras y mercedes. En esto llega de Xaraguá

Alonso Sanchez Carvajal, y rectificó la pertinacia de Francisco Roldan,

diciendo lo que con él habia pasado. Como Francisco Roldan entendió

que ya no podia tardar en venir el Almirante, ó por ventura, luego

que supo que era venido, porque él tenia amigos en esta villa que le

avisaban de todo lo nuevo que sucedia, ó porque tenia sus espías de

indios ó de cristianos, y los indios vuelan donde quiera que están con

nuevas, acordó de se acercar con buena parte de su gente á esta villa;

y así se vino hácia la provincia del Bonao, donde hay una muy fértil

y graciosa vega muy llena y poblada de gente de indios, abundantísima

de comida y pan caçabí, donde ya estaban algunos cristianos poblados

y despues se pobló la villa del Bonao. Esta provincia dista de Sancto

Domingo 20 leguas, y de la Vega grande, digo, de la fortaleza de la

Concepcion, que está en la Vega, 10. Y porque el Almirante deseaba

por todas las vías y maneras que le fuesen posibles, quitar tan gran

escándalo y turbacion como halló en esta isla, reduciendo aquellos á

toda paz y obediencia suya, porque siempre temblaba, en la verdad,

de que los Reyes supiesen cosa de esta isla de que hobiesen pesar, y

via cada dia descrecer la estima desta su negociacion destas Indias,

que tantos sudores y angustias le habian costado, y descreciendo la

estima, como tenia tantos adversarios junto á los oidos de los Reyes,

de necesidad habian de menguar los favores y socorros reales, los

cuales menguando todo su estado se habia de deshacer; pensó comenzarlo

desta manera. Ya está dicho arriba, que el mayor deseo que reinaba en

todos los que en esta isla estaban, de nuestra nacion, era que se les

diese licencia para se ir á Castilla, y que el juramento que más se

usaba fué, «así Dios me lleve á Castilla», porque estaban por fuerza,

contra su voluntad, y no se les daba licencia, por que no quedase la

isla sola y los indios no matasen los pocos que quedaran, si alguno

quisiera de voluntad quedar con el Almirante; así que, para dar alegría

á todos los que habia en ella, y por consiguiente á los alzados con

Francisco Roldan, mandó el Almirante pregonar en 12 dias de Setiembre,

siguiente al mes de Agosto que él habia llegado, que en nombre de Sus

Altezas daba licencia á todos los que se quisiesen ir á Castilla, y

que les daria los bastimentos necesarios y navíos en que fuesen. Fué

grande alegría la que todos, chicos y grandes, recibieron en este

pueblo, y por toda la isla despues que lo supieron, mayormente que

habia en este puerto de Sancto Domingo ocho ó diez navíos, los seis que

el Almirante habia sacado consigo de Sant Lúcar y las dos carabelas

que envió primero, y otra ó otras dos que el Adelantado aquí tenia;

destos estaban cinco ya cuasi despachados y de camino para Castilla,

y dos las vergas dalto, como dicen, ó al ménos muy propincuos á la

partida, conque el Adelantado estaba para ir á proseguir lo que el

Almirante dejaba comenzado de la tierra de Paria, para descubrir toda

la tierra firme. Fué avisado el Almirante como Francisco Roldan venia

hacia la fortaleza de la Concepcion de la Vega, y hácia el Bonao,

donde tenian haciendas algunos de los de su cuadrilla. Avisó luego el

Almirante al Alcaide della, que se llamaba Miguel Ballester, persona,

como arriba me acuerdo haber dicho, muy honrada y venerable, porque

bien viejo y lleno de canas, que estuviese sobre aviso teniendo en la

fortaleza buen recaudo, y que, viniendo Francisco Roldan, de su parte

le hablase, que él habia recibido mucho enojo de que él, á quien habia

dejado en tan preeminente cargo de la justicia, que habia de tener y

poner á los demas en paz y sosiego, anduviese de la manera que andaba

con tanto escándalo, por sí, en daño y confusion de toda la isla, de

donde gran deservicio resultaba á los Reyes; pero que no embargante

todo lo acaecido, que él lo queria dar como si no hobiera pasado, y

que le rogaria que se viniese á él, que él le recibiria como á criado

que habia siempre amado como el más que todos, y todos eran dello

testigos, y que si le parecia ser necesario que le enviase seguro, que

lo escribiese él y se lo enviaria, conforme á su voluntad, firmado. El

dicho Alcaide rescibió esta carta del Almirante, y fué al Bonao y no

halló nada; tornóse á su fortaleza, y supo en la Vega como venian, uno

que se llamaba Gomez, y Riquelme, y Adriano, que eran los principales,

que cada uno traia gente, y Francisco Roldan venia por otra parte á la

Vega con los demas, todos los cuales se habian de juntar en casa de

Riquelme, que la tenia en el Bonao. Todo esto respondió el Alcaide al

Almirante, y que él haria lo que más le mandaba, venidos que fuesen; y

yo tengo en mi poder hoy, originalmente, esta respuesta ó carta.

CAPÍTULO CLI.

Porque el Almirante, ántes que se fuese á Castilla, el año de 96,

por Marzo, ó el Adelantado, despues del Almirante ido, allende los

tributos que los reyes y gentes suyas daban, ó quizá por tributos

principales (porque esto no lo pude averiguar), imponia á ciertos Reyes

y señores que tuviesen cargo de hacer las labranzas de los pueblos de

los cristianos españoles, y les sirviesen con toda su gente para su

mantenimiento y otros servicios personales, de aquí hobo orígen la

pestilencia del repartimiento y encomienda que ha devastado y consumido

todas estas Indias, como se verá, placiendo á Dios, en los libros

siguientes. Cuando estos servicios cesaban los Reyes y sus gentes de

dar, porque no los podian sufrir ó porque no los querian dar, porque se

veian privados de su libertad y puestos en dura servidumbre, allende

mil otras ordinarias vejaciones y aflicciones crueles y bestiales, é

importunos tratamientos que de los cristianos cada hora padecian, luego

los tenian por rebeldes y que se alzaban, y, por consiguiente, luego

era la guerra tras ellos; y, muertos los que en ellas con increible

inhumanidad se mataban, todos los que se podian tomar á vida se hacian

esclavos, y esta era la principal granjeria del Almirante, con que

pensaba y esperaba suplir los gastos que hacian los Reyes sustentando

la gente española acá, y ofrecia por provechos y rentas á los Reyes,

y por manera de que se aficionasen mercaderes á venir con mercadurías

y gente á vivir acá, sin que quisiesen sueldo del Rey, ni de darlo

á alguno hobiese necesidad. La segunda granjeria, decia, que era el

brasil que habia en la provincia de Yaquimo, que es en esta costa

del Sur, 80 ó pocas ménos leguas de aquí de Sancto Domingo, la costa

abajo; y de ambas á dos granjerías escribió á los Reyes, agora con

estos cinco navíos, que abajo diremos, que despachó, que de 4.000

esclavos y de otros 4.000 quintales de brasil le habian certificado

que se habrian 40 cuentos, y que fuesen 20 cuentos sería gran cosa;

y dice así en aquella carta el trasumpto, de la cual, escrito de su

misma mano, tengo en mi poder. «De acá se pueden, con el nombre de la

Santísima Trinidad, enviar todos los esclavos que se pudiesen vender,

y brasil, de los cuales, si la informacion que yo tengo es cierta,

me dicen que se podrán vender 4.000, y que, á poco valer, valdrán 20

cuentos, y 4.000 quintales de brasil, que pueden valer otro tanto, y

el gasto puede ser aquí seis cuentos; así que, á prima haz, buenos

serian 40 cuentos, si esto saliese así. Y cierto la razon que dan

á ello parece auténtica, porque en Castilla y Portugal, y Aragon y

Italia, y Sicilia, y las islas de Portugal, y Aragon y las Canarias,

gastan muchos esclavos, y creo que de Guinea ya no vengan tantos;

y que viniesen, uno destos vale por tres, segun se ve, é yo, estos

dias que fuí á las islas de Cabo Verde, de donde la gente dellas

tienen gran trato en los esclavos, y de contino envian navíos á los

rescatar, y están á la puerta, yo ví que por el más ruin demandaban

8.000 maravedís, y estos, como dije, para tener en cuenta, y aquellos

no para que se vean. Del brasil, dicen que en Castilla, Aragon, Génova

y Venecia hay grande suma, en Francia y en Flandes y en Inglaterra;

así que, destas dos cosas, segun su parecer, se pueden sacar estos

40 cuentos, sino hubiese falta de navíos que viniesen por esto, los

cuales creo, con el ayuda de Nuestro Señor, que no habrá, si una vez

se ceban en este viaje.» Y un poco más abajo dice: «así que aquí hay

estos esclavos y brasil, que parece cosa viva, y aún oro, si place á

Aquel que lo dió y lo dará cuando viere que convenga, etc.;» y más

abajo dice: «acá no falta para haber la renta que encima dije, salvo

que vengan navíos muchos para llevar estas cosas que dije, y yo creo

que presto será la gente de la mar cebados en ello, que agora los

Maestres y marineros (de los cincos navíos habia de decir), van todos

ricos y con intencion de volver luego y llevar los esclavos á 1.500

maravedís la pieza, y darles de comer, y la paga sea de los mesmos, de

los primeros dineros que dellos salieren; y bien que mueran agora, así

no será siempre desta manera, que así hacian los negros y los canarios

á la primera, y áun aventajen estos (quiere decir que los indios hacen

ventaja á los negros), que uno que escape no lo venderá su dueño por

dinero que le den, etc.» Estas son sus palabras, puesto que defectuosas

cuanto á nuestro lenguaje castellano, el cual no sabia bien, pero más

insensiblemente dichas; y cosa es de maravillar, como algunas veces

arriba he dicho, que un hombre, cierto no puedo decir sino bueno de

su naturaleza, y de buena intincion, estuviese tan ciego en cosa tan

clara; bien se me podia responder no ser maravilla que él se cegase,

pues se cegaron tantos letrados que los Reyes cabe si tenian, en no

alumbrarlo á él y reprenderle tanta ceguedad como tenia, en poner el

principal fundamento de las rentas y provechos temporales de los Reyes

y suyos, y de los españoles, y la prosperidad deste su negocio que

habia descubierto, en la cargazon de indios inocentes (mejor diria en

la sangre), malísima y detestablemente hechos esclavos como si fueran

piezas, como él los llama, ó cabezas de cabras, como las que dijimos en

el cap. 131 que habia monteses en las islas de Cabo Verde, y hinchir á

Castilla, y á Portugal, y Aragon y Italia, y Sicilia, é las islas de

Portugal y de Aragon, y las Canarias, donde dicen que gastan muchos

esclavos; hinchir, digo, tantos reinos y provincias de indios con la

dicha justicia y sanctidad hechos esclavos, y no tener escrúpulo de que

se muriesen al presente algunos (y es cierto que de cada 100, á cabo

de un año, no escapaban 10), porque así morian, dice él, los negros y

los canarios, ¿qué mayor ni más supina insensibilidad y ceguedad que

esta? Y lo bueno dello es, que dice que, con el nombre de la Sanctísima

Trinidad se podian enviar todos los esclavos que se pudiesen vender

en todos los dichos reinos; y muchas veces creí que aquesta ceguedad

y corrupcion aprendió el Almirante y se le pegó de la que tuvieron y

hoy tienen los portogueses en la negociacion, ó por verdad decir,

execrabilísima tiranía en Guinea, como arriba, hablando della, se

vido. Deste paso y de otros muchos en esta materia y granjería de

esclavos que se dél, tuve para mí por averiguado que deseaba que los

tristes inocentes indios dejasen de acudir con los tributos y servicios

personales que les imponia, ó se huyesen ó alzasen, como él y los

demas decian, y hoy dicen los españoles, ó resistiesen á él y á los

demas cristianos, como justísimamente podian y debian hacerlo, como

contra sus capitales hostes y manifiestos enemigos, por tener ocasion

de hacerlos esclavos y cargar todos los navíos dellos, y engrosar y

prosperar su granjería; y porque los letrados que estaban á par de los

Reyes, que eran obligados á no ignorar tan gran tiranía y abyeccion

y perdicion del linaje humano, habiéndose cometido á los Reyes, como

á cristianísimos, aquesta parte dél tan sin número para atraerla y

convertirla á Cristo, no alumbraron á Sus Altezas de la verdad y de

la justicia; los Reyes no se lo reprendieron, pero proveyó por otra

vía y con otra color, quitárselo de las manos al Almirante, la divina

Providencia, el negocio, porque con tan vehemente vendimia no asolase

en breve toda esta isla, sino que quedase algo para que se fuesen al

infierno muchos otros matadores destas gentes, cayendo de ojos en tan

lamentable ofendículo. He traido todo lo dicho en este capítulo para

que se suponga á lo que agora quiero decir, y lo que dijere á lo que se

dirá en el siguiente capítulo, y es: que porque cierto Cacique y gente

suya, no se si el dedicado al servicio de la fortaleza de la Vega, ó á

otra parte donde habia cristianos españoles, cesó de servir ó de traer

la comida ó tributos, ó las cosas que les eran impuestas, ó se fué á

los montes huyendo, ó no quiso más venir, luego, como el Almirante

desembarcó, que lo supo, envió gente allá, y traenle una buena presa

ó cabalgada de inocentes, para echar en estos cinco navíos, que agora

cargar de esclavos y despachar para Castilla queria, y enviarlos á no

dudosa, sino certísima, carnecería.

CAPÍTULO CLII.

Venido Francisco Roldan, y Pedro de Gamez, y Adrian de Muxica y

otras principales, al Bonao, á la casa del Riquelme, donde se habian

concertado juntar, fué luego el Alcaide Miguel Ballester á hablarles,

como el Almirante le habia escrito, el cual les habló todo lo que

convenia, ofreciéndoles de parte del Almirante todo perdon y buen

tratamiento y olvido de todos los yerros pasados, exhortándolos con

todas las razones que pudo, poniéndole convenientes é inconvenientes,

y daños y escándolos delante, y cuanto, de la reduccion y obediencia

dellos al Almirante, los Reyes serian servidos, y deservidos de lo

contrario; pero el Francisco Roldan y los demas mostraron venir de

otro propósito, diciéndole palabras, contra el Almirante, desvariadas,

y de gran soberbia obstinada; entre las cuales fueron, que no venian

á buscar paz sino guerra, y que él tenia al Almirante y á todo su

estado en el puño para sostenerle ó deshacerle, que ninguno le hablase

en cosa que tocase á hacer concierto y partido, hasta tanto que el

Almirante le enviase la cabalgada que habia hecho llevar de indios

presos por esclavos, porque él los tenia, so su mamparo y palabra,

asegurados, y á él pertenecia el librarlos de quien tanto agravio les

hacia injustamente; por eso, que luego se los enviasen, sino que haria

y conteceria. Bien hay que notar aquí, como se dijo arriba en el cap.

117, que si este Francisco Roldan y los que con él andaban robando

los indios, y destruyendo por su parte toda la isla, se movieran

contra el Almirante, _bona fide_, solamente por celo de la justicia,

ó de librar aquellos sus prójimos de la servidumbre injusta en que el

Almirante los condenaba, y de la muerte cierta que habian de padescer

llevándolos á vender á Castilla, justísima fuera su guerra contra él,

y merescieran que en esta vida los Reyes se lo agradecieran y hicieran

mercedes, y en la otra que Dios les remunerara con eterno galardon; y

así tuvieran mucha razon de no querer tomar partido ni asiento de paz

y amistad con el Almirante, hasta que les enviara y restituyera en su

libertad todos los indios de aquella cabalgada. Pero como Francisco

Roldan y todos los que con él andaban eran, cierto, tiranos y rebeldes

á su verdadero y jurídico superior, el Almirante, y no pretendian sino

libertad por andar triunfando de los indios y de toda la isla, señores

y súbditos, y gozar en sus vicios sin que hobiese quien les fuese á la

mano, y buscar ocasiones y colores para justificar y dorar su rebelion

y desobediencia, ni excusaban sus grandes pecados que, contra los

indios, robándolos y afligiéndolos por otras mil partes y vías y contra

el Almirante y sus mandamientos, que era su propio juez y superior,

cometian; ni podian dorar ni colorar la causa que alegaban de no venir

en concierto y partido, que se les diese la cabalgada por alguna vía.

Tomada ocasion y color de su nueva pertinacia deste pedir la cabalgada

(digo nueva pertinacia, porque los amigos que tenia con el Almirante

le habian con instancia suplicado que les perdonase, y creia que se

acercaban para más presto venir á su obediencia y besarle las manos),

acuerda Roldan y otros tres, los principales, que eran propiamente

criados del Almirante y ganaban su sueldo, de se desistir y renunciar

el ser sus criados y el sueldo que ganaban, alegando muchos achaques, y

estos fueron Roldan, y Adriano, y Pedro Gamez, y Diego de Escobar, los

cuales le escribieron la siguiente carta:

«Ilustre y muy magnífico señor: Vuestra señoría sabrá que por las cosas

pasadas entre el Adelantado é mí, Francisco Roldan, é Pedro Gamez, é

Adrian de Muxica, é Diego de Escobar, criados de vuestra señoría, é

otros muchos que en esta compañía están, fué necesario de nos apartar

de la ira del Adelantado, é segun los agravios habiamos rescibido, la

gente que acá está proponia de ir contra él para le destruir; é mirando

el servicio de vuestra señoría, los dichos Pedro de Gamez, é Adrian

de Muxica, é Diego de Escobar, é Francisco Roldan, hemos trabajado de

sostener en concordia y en amor toda la gente que en esta compañía

está, poniéndoles muchas razones é diciendo cuanto complia al servicio

del Rey é de la Reina, nuestros señores, no se entendiese en cosa

ninguna, hasta que vuestra señoría viniese, porque entendíamos, que,

venido que fuese, miraria la razon que ellos é nosotros teniamos de nos

apartar, é con muchas razones que aquí no se dicen, hemos estado á una

parte de la isla esperando su venida, é agora, há ya más de un mes que

vuestra señoría está en la tierra y no nos ha escrito, mandándonos qué

es lo que hubiésemos de hacer; por lo cual creemos está muy enojado de

nosotros, é por muchas razones que se nos han dicho que vuestra señoría

dice de nosotros, deseándonos maltratar é castigar, no mirando cuanto

le hemos servido en evitar algun daño que pudiera hallar hecho. É pues

que así es, hemos acordado, por remedio de nuestras honras é vidas, de

no nos consentir maltratar, lo cual no podemos hacer limpiamente si

fuésemos suyos, por ende suplicamos á vuestra señoría nos mande dar

licencia, que de hoy en adelante no nos tenga por suyos, é así, nos

despedimos de la vivienda que con vuestra señoría teniamos asentada,

aunque se nos hace muy grave, pero ésnos forzado por cumplir con

nuestras honras. Nuestro Señor guarde y prospere el estado de vuestra

señoría como por él es deseado. Del Bonao, hoy miércoles, 17 dias del

mes de Octubre de 98 años.—Francisco Roldan.—Y por Adrian de Muxica,

Francisco Roldan.—Pedro de Gamez.—Diego de Escobar.»

Esta es á la letra su carta, la cual originalmente tuve yo en mi poder

firmada de sus nombres y propias firmas.

CAPÍTULO CLIII.

Hablado que hobo el Alcaide Ballester á Roldan y á su gente alzada,

vínose para esta ciudad de Sancto Domingo á dar cuenta al Almirante de

la respuesta que dieron, y, por ventura, trujo él la dicha su carta.

Desque el Almirante supo la respuesta y cognosció no concordar con lo

que los amigos de Roldan le habian rogado y suplicado y certificado,

que queria venirse á él, y tambien porque habian dicho al Alcaide

Ballester, que no querian que alguno viniese á ellos, ni tratase

con ellos de parte del Almirante, sino Alonso Sanchez de Carvajal,

comenzó el Almirante á sospechar vehementemente contra la fidelidad

del Carvajal, y los que con el Almirante estaban, lo mismo, acumulando

muchos indicios y conjeturas que parecian concluir é averiguar lo que

sospechaban; y uno fué, no haber hecho tanto como parece que debiera,

en no recobrar los 40 hombres, que de los que traia de Castilla se

le habian pasado; lo segundo, por muchas pláticas que ambos habian

tenido en el navío, estando juntos, y refrescos que le habia dado; el

tercero, porque habia, segun parece por una carta que el Almirante

escribió á los Reyes, habia procurado traer poder para ser acompañado

del Almirante, como Juan Aguado debia de haber referido muchas quejas

de los malos tratamientos que decian que habia hecho á los cristianos,

y debia entónces, quizá, desto algo tratarse, y donde quiera que el

Carvajal se hallaba, dijeron que se jactaba, publicando que venia por

acompañado del Almirante; lo cuarto, porque idos los dos Capitanes con

los tres navíos, y el Carvajal quedado para se venir por tierra á esta

ciudad, envió Francisco Roldan con él cierta gente, y con ella por

capitan á Pedro de Gamez, que era de los principales con quien habia

mucho hablado y comunicado, cuando estuvo en los navíos, para que le

acompañasen y guardasen, hasta seis leguas desta ciudad, por los indios

que habia en el camino; lo quinto, porque se dijo que el mismo Carvajal

indujo y provocó al Roldan y á los demas á que se viniesen hácia el

Bonao, para que si el Almirante se tardase ó nunca viniese, que el

Carvajal, como acompañado del Almirante, y Francisco Roldan, como

Alcalde mayor, gobernasen esta isla, aunque pesase al Adelantado; lo

sexto, porque venidos al Bonao, se carteaba con el Roldan, y los demas,

y les enviaba cosas de las traidas de Castilla; lo sétimo, porque

decian que no querian que interviniese otro con ellos sino Carvajal,

y áun que lo tomarian por Capitan. Todos estos indicios parecian ser

eficaces para dél sospechar; pero con todo esto, el Almirante, creyendo

que pues era caballero haria como bueno, y tambien porque no podia

más, porque se lo pedian ellos, acordó enviarlo juntamente con el

Alcaide Ballester, para que les hablase de su parte y redujese á la

razon, proponiéndoles los bienes que dello se siguirian y los daños del

contrario delante; y ántes que supiese la respuesta de los dos escribió

la presente carta á Francisco Roldan:

«Caro amigo: Rescibí vuestra carta luego que aquí llegué. Despues de

haber preguntado por el señor Adelantado y D. Diego, pregunté por vos

como por aquel en quien tenia yo harta confianza, é dejé con tanta

certeza de haber bien de temporar y asentar todas cosas que menester

fuesen, y no me supieron dar nuevas de vos, salvo que todos á una

voz me dijeron, que de algunas diferencias que acá habian pasado que

por ello deseábades mi venida, como la salvacion del ánima; y yo,

ciertamente, así lo creí, porque áun lo viera con el ojo y no creyera

que vos habíades de trabajar hasta perder la vida, salvo en cosa que

á mí cumpliese, y á esta causa fablé largo con el Alcaide, con mucha

certeza que, segun las palabras que yo le habia dicho y os dijo, que

luego verníades acá. Allende la cual venida, creí ántes desto que

aunque acá se hobiesen pasado cosas más graves de las que estas puedan

ser, que áun bien no llegaria, cuando seríades conmigo á me dar cuenta

con placer de las cosas de vuestro cargo, así como lo hicieron todos

los otros á quien cargo dejé, y como es de costumbre y honra dellos;

veramente, si en ello habia impedimentos por palabras que le farian

por escrito, y que no era menester seguro ni carta: y que fuera así,

yo dije, luego que aquí llegué, que yo aseguraba á todos que cada uno

pudiese venir á mí y decir lo que les placia, y de nuevo lo torno

á decir y los aseguro. Y cuanto á lo otro que decís de la ida de

Castilla, yo á vuestra causa y de las personas que están con vos,

creyendo que algunos se querrian ir, he detenido los navíos diez y

ocho dias más de la demora, y detuviera más, salvo que los indios que

llevan les daban gran costa y se les morian; paréceme que no os debeis

creer de ligero y debeis mirar á vuestras honras más de lo que me dicen

que faceis, porque no hay nadie á quien más toque, y no dar causa que

las personas que os quieren mal acá ó en vuestra tierra, hayan en qué

decir, y evitar que el Rey é la Reina, nuestros señores, no hayan enojo

de cosas en que esperaban placer. Por cierto, cuando me preguntaron por

las personas de acá, en quien pudiese tener el señor Adelantado consejo

y confianza, yo os nombré primero que á otro, y les puse vuestro

servicio tan alto, que agora estoy con pena que con estos navíos haya

de oir lo contrario; agora ved que es lo que se puede ó convenga al

caso, y avisadme dello pues los navíos partieron. Nuestro Señor os haya

en su guarda. De Sancto Domingo á 20 de Octubre.»

Esto contiene aquella carta, por la cual parece que otra debiera el

Almirante haber recibido de Roldan, la cual no vino á mis manos.

Llegados el alcaide Ballester y Alonso Sanchez de Carvajal al Bonao,

hablóles Carvajal muy elocuentemente á todos, y con tanta eficacia,

que movió á Francisco Roldan y á los más principales á que fuesen á

hablar al Almirante, donde todo se concluyera y asosegara sin duda,

segun se creia; pero como la gente que traia, toda por la mayor parte,

no tomaba placer de dejar la vida haragana y libre que traia, por ser

gente viciosa y baja, mayormente los que habia tomado en Xaraguá, de

los condenados que el Almirante habia enviado, ya que queria Roldan

y los demas venir aquí á Sancto Domingo con Carvajal y el Almirante,

saltan todos con voces altas, diciendo, «que juraban á tal que no

habia de ser así, y que no habian de consentir que fuesen Roldan ni

los demas, sino que si concierto se habia de hacer fuese allí público

á todos, pues á todos tocaba»; porfiando Carvajal y el Alcaide por

meterlos en razon por algunos dias, al cabo no aprovecharon nada.

Finalmente, acordó Roldan de escribir al Almirante, como quisiera

venir con Carvajal á le hacer reverencia él y otros de su compañía y

que los demas no le consintieron que fuese, pero que porque él tenia

que el Adelantado, ó otro por él, le haria alguna afrenta ó daño, no

embargante el seguro que de palabra le enviaba, y porque las cosas

despues de hechas, dijo él, no tienen remedio, por tanto, que le

enviase un seguro firmado de su nombre, la forma del cual él enviaba

escrito para él y para algunos mancebos de los que él tenia consigo y

habia de traer; y allende desto, Carvajal y otros de los principales

criados del Almirante, tomasen la fe y palabra fuerte y firme al

Adelantado, que él, ni otra persona por él, les hará mal ni daño ni

enojo alguno durante el seguro, y lo firmasen de sus nombres, y con

esto así concedido, él vernia á besarle las manos y á hacer todo lo que

mandase en el negocio, y que veria cuanto dél sería servido en ello.

Con esta carta que debia traer Carvajal escribió el alcaide Ballester

al Almirante la siguiente carta, cuyos traslados originales y firmados

de sus propios nombres, tengo yo en mi poder; la cual dice así:

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 25 / 40 段