Cuanto á sospechar que podia ser que el Paraíso terrenal estuviera en

parte de aquella region, tampoco el Almirante opinaba fuera de razon,

supuestas las novedades y mudanzas que se le ofrecian, mayormente, la

templanza y suavidad de los aires, y la frescura, verdura y lindeza

de las arboledas, la disposicion graciosa y alegre de las tierras,

que cada pedazo dellas parece un paraíso, la muchedumbre y grandeza

impetuosa de tanta agua dulce, cosa tan nueva; la mansedumbre y bondad,

simplicidad, liberalidad, humana y afable conversacion, blancura y

compostura de la gente. De lo cual dice así: «La Sacra Escriptura

significa que Nuestro Señor hizo el Paraíso terrenal, y en él puso

el árbol de la vida, y dél sale una fuente de donde resultan en este

mundo cuatro rios principales, Ganges y Euphrates, Tígris y Nilo. Yo

no hallo ni jamás he hallado escritura de latinos ni de griegos que

certificadamente diga el sitio en este mundo del Paraíso terrenal,

ni he visto en ninguna mapamundi, salvo situado con autoridad de

argumento; algunos le ponian allí donde son las fuentes del Nilo en

Etiopía, mas otros anduvieron todas estas tierras, y no hallaron

conformidad dello en la temperancia del cielo, en la altura hácia el

cielo, porque se pudiese comprender que era allí. Algunos gentiles

quisieron decir, por argumentos, que él era en las islas Fortunadas,

que son las Canarias, etc.; Sant Isidro, y Beda, y Strabon y el Maestro

de la «Historia escolástica,» y Sant Ambrosio, y Scoto, y todos los

santos teólogos conciertan que el Paraíso está en el Oriente. Ya dije

lo que yo hallaba deste hemisferio y de la hechura, y creo que si yo

pasara por debajo de la línea equinoccial, que en llegando allí, en

esto más alto, que hallara muy mayor temperancia y diversidad en las

estrellas y en las aguas, no porque yo crea que allí donde es el altura

del estremo sea navegable, ni agua, ni que se pueda subir allá, porque

creo que allí es el Paraíso terrenal, á donde no puede llegar nadie,

salvo por voluntad divina; y creo que esta tierra que agora mandaron

descubrir Vuestras Altezas, sea grandísima, y haya otras muchas en el

Austro, donde jamás se hobo noticia. Yo no tomo quel Paraíso terrenal

sea en forma de montaña alta, áspera, como el escribir dello nos

amuestra, salvo que sea en el colmo, allí donde dije la figura del

pezon de la pera, y que poco á poco, andando hácia allí desde muy

léjos, se va subiendo á él, y creo que pueda salir de allí esa agua,

bien que sea léjos, y venga á parar allí, de donde yo vengo, y faga

este lago. Grandes indicios son estos del Paraíso terrenal, porque

el sitio es conforme á la opinion destos santos é sacros teólogos,

y asimismo las señales son muy conformes, que nunca jamás leí ni oí

que tanta cantidad de agua dulce fuese así, dentro é vecina de la

salada, y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia; y si de

allí del Paraíso no sale, parece aún mayor maravilla, porque no creo

que se sepa en el mundo de rio tan grande y tan fondo.» Todas estas

son palabras del Almirante, con su humilde, y falto de la propiedad de

vocablos, estilo, como que en Castilla no habia nacido, por las cuales

no parece muy oscuro, el Almirante no ser poco experimentado en la

lectura divina y de historias antiguas y doctrina de santos doctores,

y de autores tambien profanos. Para mostrar de esto algo, y para que

se vea que no irracionablemente, sino con probables y razonables

motivos, podia opinar y sospechar, al ménos, estar por aquella tierra

firme, ó cerca, ó léjos della, la region donde está situado el Paraíso

terrenal, cuatro cosas cerca dello quiero aquí, declarando algunas

que toca el Almirante, decir: la una, lo que por los autores, de la

altura del Paraíso terrenal, se dice; la otra, en qué sitio region ó

parte de la tierra está, ó si en isla ó en tierra firme; la tercera,

de la grandeza ó tamaño y capacidad dél; la cuarta, de las calidades

(algunas, empero), que al propósito hacen, que tenia y hoy tiene.

Cerca de lo primero, esta es sentencia comun de todos los doctores, que

es el más alto lugar de la tierra, y así lo dice Damasceno, libro II,

cap. 2.º, _De ortodoxa fide: In Oriente quidem omni terra celsior_,

etc. Strabo, que fué hermano de Beda, sobre el «Génesis,» é pónese

en la glosa ordinaria, dice, que tan alto, que llega al cielo de la

Luna: _Locus remotissimus pertingens usque ad circulum Lunæ_, etc;

y el Maestro de las historias, en el cap. 13, sobre el «Génesis,»

afirma lo mismo; el Maestro de las Sciencias, en el II, distincion

17, lo refiere. Muchas sentencias y diversas, nacieron de la altura

del Paraíso, pero la verdadera es, que pues la Sagrada Escritura no

explica cuanta sea, ninguno puede naturalmente definirla, y por esto

lo que se ha de tener es, que tanta es su altura, cuanta convenia á

la buena y salubre vivienda de los hombres en el Paraíso; esta era la

templanza del lugar, que delectablemente allí se viviese, esto que ni

hubiese calor ni afligiese el frio, sino que estas calidades fuesen

reducidas á el medio, de donde procediese la sanidad, y las cosas que

allí hobiese no se corrompiesen, ó no fácilmente fuesen corrompidas. La

corrupcion se hace por la accion de la contrariedad, y, para impedir

esta contrariedad, necesario era no estar el Paraíso en lugar de accion

vehemente para causar contrariedad; y porque en el fuego hay extremo

de contrariedad, que es el gran calor, y en el aire tambien caliginoso

hay extremo de contrariedad, que es gran frio, y en la tierra, puesto

que no hay extremo de contrariedad, sino una mezcla de frio y calor por

la incidencia y reflexion de los rayos del sol, y por esta causa hay

alguna templanza, pero es poca, y es con accion de contrariedad, por

esta razon ni pudo ponerse el Paraíso terrenal que llegase al cielo

de la luna, porque el elemento del fuego que llega al cóncavo de la

luna quemara todas las cosas y á todo el Paraíso terrenal, ni tampoco

ponerse entre el aire turbio y caliginoso, por la mucha frialdad, que

todo tambien lo mortificara. En la tierra estuviera con ménos daño,

porque hay en ella un poco de templanza, pero todavía por la mucha

accion de contrariedad, muy presto en ella las cosas se corrompen,

porque este lugar de nuestra habitacion tiene el aire turbulento, por

los vapores y exhalaciones que salen de la tierra y del agua, por

lo cual no puede haber mucha sanidad en él. Fué, luego, necesario

dar tal sitio y lugar al Paraíso donde no hobiese alguna accion de

contrariedad, pero mayor y menor temperancia y serenidad; este lugar,

no es otro sino la tercera region del aire, que está luego sobre la del

aire caliginoso y turbio, porque allí hay poca accion de contrariedad,

la que basta para alguna generacion y corrupcion. Que este lugar se

pueda, como es dicho, persuadir el Paraíso donde esté situado, conviene

á saber, la tercera region del aire, parece así, porque otros montes

hay en la tierra que llegan hasta allí; uno es, aquel tan nombrado y

celebratísimo, y así admirable en altura, Olimpo, el cual es tan alto

que parece llegar al cielo, y por esta causa, entre los griegos, el

nombre del cielo y el del monte Olimpo, uno no más es, y así, la cumbre

dél, llaman las gentes de aquella tierra, cielo; dice Olimpo, cuasi

_olo lampus_, que quiere decir, cielo. Deste dice Sant Isidro, libro

XIV, cap. 8º, de las «Etimologías,» que Olimpo es un monte de Macedonia

demasiadamente alto, que las nubes se vean debajo dél; del cual canta

Virgilio: _Et nubes excesit Olimpus_, y así parece que aquel monte suba

sobre las nubes que están en la segunda region del aire, ó en el aire

caliginoso; y más, se dice, que todas las pasiones y turbulencias del

aire sobrepuje, por lo cual los filósofos que allí subian á contemplar

los sitios y cursos de las estrellas, no podian vivir en aquel monte

sino llevaban consigo esponjas con agua bien imbuidas y empapadas, de

las cuales chupando y atrayendo á sí el agua, dice que espesaban el

aire para lo atraer y poder respirar y vivir, porque por su sotileza

de aquel aire superior y puro, no se podia atraer para respirar ó

resollar, y así no podian los hombres vivir, ni las aves pudieran

allí volar, por no poder sostener el peso del cuerpo dellas; así lo

dice Sant Agustin sobre el _Genesi, ad literam_, cap. 14, en la obra

imperfecta. Esto se trata tambien en el libro _De propietatibus rerum_,

libro XIV, cap. 29, hablando del monte Olimpo, y alega al Maestro

de las Historias, y no señala en qué lugar. Y que este monte Olimpo

trascienda el aire caliginoso parece por un cierto argumento, porque

allí ni hay jamás viento ni lluvias, y estaba en él un templo dedicado

á Júpiter, donde, cuando se ofrecian los sacrificios, escribian

ciertas letras en la ceniza ó en el polvo, y cuando volvian otro año,

al tiempo de hacer las ceremonias de los sacrificios, se hallaban las

mismas letras en la ceniza, sin haberse deshecho, lo que no pudiera

ser si viento ó lluvia allí cayera; así lo toca Sant Agustin, donde

dije arriba, y más largo lo dice Solino en su Polistor, cap. 13, y

así parece que el monte Olimpo sobrepuja las impresiones del aire

caliginoso y oscuro, y por consiguiente, llega á la tercia region del

aire, que es toda serena, y con todo eso, no es tanta su altura que

no pudiesen subir á él los filósofos á especular y los sacerdotes á

ofrecer sacrificios. Y no solamente Olimpo, monte, sobrepuja las nubes,

pero tambien el monte Athos en Macedonia ó en Tracia, del cual dice

el mismo Solino en el cap 21, y Pomponio Mela, libro II, cap. 2.º,

que es más alto que el lugar de donde descienden las lluvias, y este

lugar es la media region del aire, de tal manera que: _capit opinio

fidem quod de aris quas in vertice sustinet, non abluitur cinis sed

quo relinquitur aggere manet_. Y tiene otra cosa que se tiene por una

de las maravillas del mundo, que llega con su sombra hasta la isla

Lemno, una de las del Archipiélago, que está dél 86 millas, que son más

de 28 leguas. _Quod non frustra inter miracula notaverunt cum Athos

Lemno sex et octoginta millibus pasuum separaretur._ Lo mismo dice Sant

Isidro, libro XIV, cap. 8.º de las «Etimologías». Y, cierto, la isla

de Tenerife en las Canarias, y la isla del Pico en las de los Azores,

no creo que son muy ménos altas que las dichas, como quiera que las

veamos, á lo ménos la del Pico, 40 leguas en la mar, y mucho más alta

la cumbre dellas que las nubes, y que parecen por debajo dél. Pues si

estas sierras ó montes ya dichos llegan á la tercera region del aire,

que es toda serena y suave, no es difícil cosa de creer y conceder que

el Paraíso terrenal suba encima de los vientos y de las lluvias en la

region tercera del aire, al cual, con más razon podemos dar mayor

altura que á los montes comunes de que ya tenemos cierta noticia.

Finalmente, es de concluir que el Paraíso terrenal está en lo más

alto de toda la tierra, y sobrepuja todos los otros altos montes por

altos que sean, donde las aguas del Diluvio no pudieron llegar, ó por

su altura, ó porque no convino que llegasen, las cuales sobrepujaron

15 codos á todos los más altos, parece. _Génesis_, 7. Pues trayendo

lo dicho al propósito, como el Almirante considerase la tierra no ser

esférica del todo, como ya se probó, y la necesidad del lugar ó altura

del Paraíso, pudo imaginar el dicho monte ó lugar ser como el pezon de

la pera, como lo más alto de toda la tierra, puesto que la semejanza de

las cosas en todas las particularidades no se pueda ni deba guardar,

porque de otra manera, una cosa no seria semejante á otra sino ella

misma.

CAPÍTULO CXLIII.

Cuanto á lo segundo que propuse decir, en qué sitio ó region ó parte de

la tierra, ó si en isla ó tierra firme, puesto sea el Paraíso terrenal,

decimos: que en qué lugar ó debajo de qué parte del cielo sea su

sitio, cierta, determinada y precisamente, nadie de los que vivimos y

vivieron ántes de nos, miéntras vivian, ni lo sabemos ni lo supieron,

sino fuesen aquellos á quien la divina voluntad quiso revelarlo, porque

la Escritura divina no lo declara. Y por esta causa de incertidumbre,

hubo diversas opiniones, no sólo entre gentiles, pero tambien entre

católicos. Lo que la Escritura Sancta dice, es esto: _Plantaverat auten

dominus Deus Paradisum voluptatis, à principio_ «Génesis. II.» Algunos

exponen _à principio_, por en el Oriente, porque de allí comienza el

movimiento del cielo que primero se mueve, ó que se llama _primum

mobile_. De aquí entienden que el Paraíso sea situado en Oriente, y

así lo dice Sant Isidro, cap. 3.º del libro XIV, de las «Etimologías:»

_Paradisus est locus in Orientis partibus constitutus, cujus vocabulum

ex græco in latinum vertitur, hortus. Porro hebraice Edem dicitur,

quod in nostra lingua delitiæ interpretatur, quod utrumque junctum

facit hortum delitiarum_, etc. San Juan Damasceno, _De ortodoxa fide_,

libro II, cap. 2.º, _inter cetera_, dice: _Hic locus divinus est

Paradisus, Dei manibus in Edem, id est delitiis el voluptate, plantatus

in Oriente quidem omni terra celsior_, etc. La «Historia scolástica,»

en el cap. 13, sobre el Génesis: _Plantavit Deus Paradisum herbis

et arboribus insitum, à principio creationis, scilicet cum aparuit

árida, et germinare terram fecit. Vel à principio id est à prima orbis

parte unde alia translatio habet Paradisum. In Edem ad Orientem. In

Edem, id est delitiis: à principio id est ad Orientem est autem locus

amenissimus longo terræ et maris tractu á nostra habitabili zona

secretus_, etc. Strabo tambien á lo mismo concuerda: _Paradisus est

locus in Oriente positus, interjecto Oceano et montibus appositis,

à regionibus quas incolunt homines secretus et remotissimus._ Lo

mismo afirma Josefo, libro I, cap. 2.º, _De Antiquitatibus_: _Dicit

autem etiam Deum plantasse ad Orientem Paradisum_, etc. Todas estas

sentencias pretenden ser su asiento en las partes de Oriente, y ser

secretísimo y apartado de toda poblacion de hombres por mucha lejura

de tierra y de mar que esté en medio. Sancto Tomás dice en la primera

parte, cuestion CII, art. 1.º, y en otros lugares, que convenientemente

se afirma estar puesto el Paraíso terrenal en el Oriente, porque es de

creer que en el más notable lugar de la tierra esté situado, y este es

el Oriente, como sea la diestra parte del cielo, segun el Filósofo,

en el libro II, _De cœœœlo et mundo_, y la diestra es más noble que

la siniestra, y así, fué cosa conveniente que Dios allí lo pusiese.

Estas son palabras de Sancto Tomás. Cerca de este punto es de notar,

que, en cualquiera sitio que el Paraíso esté, se puede entender estar

al Oriente; la razon es, porque cualquiera punto en la tierra se puede

entender estar al Oriente, por respecto y en comparacion del cielo,

ó por respecto de diversos sitios de la tierra, sino es por respecto

de los dos polos, por ser inmovibles ó movibles; y por eso, por decir

estar al Oriente, no por eso se determina cierto y preciso lugar de la

tierra en que tenga su sitio el Paraíso. Otros hobo que tuvieron por

opinion que estaba el Paraíso terrenal en alguna parte del Occidente,

y este fué error de los gentiles que siguieron los versos y ficciones

de los poetas, los cuales afirmaron estar en las islas de Canaria,

por lo cual las llamaron Fortunadas y Bienaventuradas, cuasi diciendo

que los que en ellas vivian eran felices y bienaventurados. Así lo

testifica Sant Isidro en el libro XIV, cap. 6.º, de las Etimologias:

_Fortunatarum insulæ vocabulo suo significant omnia fere bona quasi

felices et beatæ fructuum ubertate: sua enim natura pretiosarum poma

silvarum parturiunt, fortuniis vitibus juga colium vestiuntur. Ad

herbarum vicem messis et olus vulgo est, unde gentilium error et

secularium carmina poetarum, propter soli fecunditatem, easdem esse

Paradissum putaverunt_, etc. Estas son sus palabras. Hesiodus, poeta

que segun Plinio, en principio del libro XIV de la «Natural Historia,»

fué el primero que dió preceptos ó reglas de agricultura, hace mencion

que en las islas Canarias estaba el Paraíso, que llamaban los gentiles

los Campos Elíseos, como arriba en el capítulo 20 largamente dijimos.

Strabo, en el principio de su «Geografía,» hace la misma mencion destas

islas Canarias, y tambien que en España, por su fertilidad, ponia

Homero y tambien Platon los dichos Campos Elíseos, que llamamos el

Paraíso. Pero podrá preguntar alguno, ¿como adivinaban los gentiles

nuestro Paraíso por la suavidad y amenidad ó templanza y aspecto

favorable de los cielos, que trataban de los Campos Elíseos, donde

creian ir las ánimas de los que en esta vida justamente vivian?

Responde Gregorio Nacianceno, en la oracion octava sobre la muerte de

Sant Basilio y Eusebio, en el libro XII _De Evangelica preparatione_,

que los griegos, y señaladamente Platon, aquello y otras muchas cosas

tomaron de los libros de Moisén y de nuestra antigua Sagrada Escritura.

_Sapientes (inquit Gregorius), qui fuissent in Eliseos Campos receptos

aserebant terram sicilicet inmortalem, quo nomine appellabant

nostrum Paradisum ex Mosaicis libris edocti: licet in apellando eo

discreparent, Campum Elisium vel pratum herbosum illum vocantes_, etc.

Pero dejado el lugar ó el sitio del Paraíso que aquestos decian, gran

diferencia es la que hay entre la felicidad del Paraíso á las islas

de Canaria, que llamaban Fortunadas, porque aunque muchas cualidades

se cuentan por los antiguos dellas, fué por la gran licencia que los

poetas se tomaron de fingir muchas más de las que en la verdad eran; lo

cual se averigua, lo uno, por lo poco que las alaba de bienaventuradas

Solino en el capítulo último de su Polistor, donde dice, que mucho

más dice la fama que por sus nombres en la verdad tienen: _De harum

nominibus expectari magnum mirum iror, sed infra famam vocabuli res

est_, y referidas algunas buenas calidades suyas, dice al cabo:

_Ideoque non penitus ad nuncupationem suam congruere insularum

calitatem_. Y así, no son aquellas islas del nombre de Paraíso dignas,

y por esto parece claro, los muy antiguos ninguna noticia haber tenido

destas Indias sino fuese atinando, porque, si la tuvieran, con muy

mayor razon pusieran en ellas los Campos Elíseos que en las islas

de Canaria, ni en España, pues es manifiesta la ventaja, como cien

mil partes á una, que á todas las del mundo, en felicidad, templanza

de aires, aspecto de los cielos, aguas, frutas, frescura, suelo,

disposicion de la misma tierra y otras naturales riquezas hacen estas

Indias, como arriba en muchos capítulos ha parecido, y es harto buen

argumento; y porque allí, donde el Almirante andaba, era maravillosa la

frescura y temperancia de aires, y alegría de la tierra, cielo, aguas y

arboledas, que por los ojos via, no era mucho que por allí concibiese,

aunque habia navegado hácia el Poniente (puesto que tambien sentia ser

el fin de Oriente), estar, no los Campos Elíseos como los gentiles,

sino, como católico, el terrenal Paraíso.

CAPÍTULO CXLIV.

Historia de las Indias (vol. 2 de 5) · 第 22 / 40 段