que queria llevar en busca de alguna de las islas de los caníbales
para proveerse de agua, de que tenia gran necesidad, y da la vuelta
sobre la tierra que habian visto, hácia un cabo que parecia estar al
Poniente, al cual llamó cabo de la Galera, por una peña grande que
tenia que desde léjos parecia galera que iba á la vela; llegaron allí á
hora de completas; vieron buen puerto, sino que era hondo y pesóle al
Almirante, por no poder en él entrar, siguió su camino á la punta que
habia visto, que era hácia el Austro siete leguas, y no halló puerto.
En toda la costa halló que las arboledas llegaban hasta la mar, la
cosa mas hermosa que ojos vieron. Dice que esta isla debe ser grande;
gente pareció, y una canoa cargada dellos de léjos, que debian estar
pescando, fuéronse huyendo á tierra á unas casas que allí parecian; la
tierra era muy labrada y alta, y hermosa. Miércoles, 1.º de Agosto,
corrió la costa abajo hácia el Poniente, cinco leguas, y llegó á una
punta, donde surgió con todos tres navíos, y tomaron agua de fuentes y
de arroyos; hallaron rastro de gente, instrumento de pescar, y rastro
de cabras, pero no eran sino de venados, que hay mucho por aquellas
tierras; dice que hallaron lignaloes, y palmares grandes, y tierras muy
hermosas, de que sean dadas infinitas gracias á la Sancta Trinidad;
estas son sus palabras. Vido muchas labranzas por luengo de costa, y
muchas poblaciones; vido desde allí, hácia la parte del Sur ó Austro,
otra isla, que el luengo della iba más de 20 leguas; y bien pudiera
decir 500, porque esta es la tierra firme, de la cual, como vido un
pedazo, parecióle que seria isla, á esta puso nombre la isla Sancta.
Dice aquí, que no quiso tomar algunos indios por no escandalizar
la tierra. Del cabo de la Galera á la punta donde tomó el agua, que
creo que la nombró la Punta de la Playa, dice que, habiendo sido gran
camino, y corríase leste gueste (debe decir de Levante á Poniente se
andaba), no habia puerto en todo aquel camino, pero era tierra muy bien
poblada y labrada, y de muchas aguas y arboledas muy espesas, la cosa
más hermosa del mundo, y los árboles hasta la mar. Es aquí de saber,
que cuando los árboles de la tierra llegan hasta la mar, es señal que
aquella costa de mar no es brava, porque cuando es brava, no hay árbol
por allí ninguno, escombrado arenal. La corriente surgente, que es la
que viene de arriba, y la montante, que es la que para arriba sube de
abajo, dice que parece ser grande. La isla que le queda al Sur, dice
ser grandísima, porque va ya descubriendo la tierra firme, aunque no
estimaba sino que isla era. Dice que vino á buscar puerto de luengo
de la isla de la Trinidad, jueves, 2 dias de Agosto, y llegó hasta el
Cabo de la isla de la Trinidad, que es una punta, á la cual puso por
nombre la Punta del Arenal, que está al Poniente; por manera que ya era
entrado en el Golfo que llamó de la Ballena, donde padeció gran peligro
de perder todos los navíos, y él aún no sabia que estaba cercado de
tierra, como se verá. Este Golfo es cosa maravillosa, y peligrosa por
el rio grandísimo que entra en él, que se llama Yuyaparí, la última
sílaba luenga, este viene de más de 300 y creo que de 400 leguas, y las
300 se han ido por él arriba, dello con nao, y dello con bergantines,
y dello con grandes canoas; y como sea grandísimo el golpe del agua
que trae siempre, mayormente en este tiempo de Julio y Agosto, en que
por allí el Almirante andaba, que es tiempo de muchas aguas, como en
Castilla por Octubre y Noviembre, y así queria naturalmente salir á
la mar, la mar con su ímpetu grande, de su misma naturaleza, querria
quebrar en la tierra, y como aquel Golfo esté cercado de tierra
firme por una parte, y por otra la isla de la Trinidad, y así sea
estrechísimo para tan impetuoso poder de aguas contrarias, es necesario
que cuando se junten, haya entre ellas terrible pelea, y peligrosísimo
para los que allí se hallaren, el combate. Dice aquí que la isla de la
Trinidad es grande, porque desde el cabo de la Galera hasta la Punta
del Arenal, donde al presente estaba, dice que habia 35 leguas; digo
yo que hay más de 45, como verá el que lo quisiere ver por las cartas
del marear, puesto que no tiene agora aquellos nombres escritos en
las cartas, porque ya se han olvidado, y verlo hán, considerando el
camino que el Almirante trujo hasta llegar allí, é por qué parte vido
la primera tierra della, y de allí dónde fué á parar, y así coligirá
cual llamó el cabo de la Galera, y cual la Punta del Arenal. No es de
maravillar que el Almirante no tasase puntualmente las leguas de la
isla, porque iba bajándola pedazo á pedazo. Mandó salir en esta Punta
del Arenal y fin de la isla, hácia el Poniente, la gente en tierra
para que se holgasen y recreasen, porque venian cansados y fatigados,
los cuales hallaron la tierra muy hollada de venados, aunque ellos
creian que eran cabras. Este jueves, 2 de Agosto, vino de hácia
Oriente una gran canoa, en que venian 25 hombres, y llegados á tiro de
lombarda dejaron de remar, y á voces dijeron muchas palabras; creia
el Almirante, y yo así lo creo, que preguntarian qué gente eran, así
como suelen los otros de las Indias, á lo cual respondieron, no con
palabras, sino mostrándoles ciertas bacinetas de laton, y otras cosas
lucias, para que se llegasen á la nao, con meneos y señas halagándoles.
Acercáronse algo, y despues venian arredrados del navío; y, como no
se quisiesen allegar, mandó el Almirante subir al castillo de popa
un tamborino, y á los mancebos de la nao que bailasen, creyendo
agradarles, pero no lo sintieron así, ántes como vieron tañer y bailar,
tomáronlo por señal de guerra, y como si fuera desafiarlos; dejaron
todos los remos y echaron mano á sus arcos y flechas, embrazó cada uno
su tablachina, y comenzaron á tirarles una buena nubada de flechas.
Visto esto por el Almirante, mandó cesar la fiesta de tañer y bailar, y
sacar sobre cubierta algunas ballestas, y tirarles con dos ballestas,
no más de para asombrarlos; los cuales, luego, tiradas las flechas, se
fueron á una de las dos carabelas, y, de golpe, sin temor, se pusieron
debajo la popa, y el piloto de la carabela, sin temor tambien alguno,
se descolgó de la popa abajo, y entróse con ellos en la canoa con
algunas cosas que les dió; y entre ellas dió un sayo y un bonete á uno
dellos que parecia hombre principal. Ellos le tornaron en ella, y, como
en reagradecimiento de lo que les habia dado, por señas, le dijeron
que se fuese á tierra y que allí le traerian de lo que ellos tenian.
Él aceptó que iria y ellos se fueron á tierra; el Piloto entró en la
barca y fué á pedir licencia al Almirante á la nao, y desque vieron que
no iba derecho á ellos, no lo esperaron más, y así se fueron y nunca
más el Almirante ni otro los vido. Por haberse así alterado y enojado
del tamborino y de los bailes, parece que aquello debian de tener entre
sí por señal de guerra. Díjome un criado del Almirante, que se llamó
Bernaldo de Ibarra, que vino este viaje allí con él, y me lo dió por
escrito, y hoy lo tengo de su letra en mi poder, que vino al navío del
Almirante un señor y Cacique desta isla de la Trinidad, que traia una
diadema de oro en la cabeza, y váse al Almirante que tenía una gorra
de carmesí, é hácele acatamiento é besa su diadema, y con la otra
mano quita la gorra al Almirante y él pónele la diadema, y él puso en
su cabeza la gorra de carmesí quedando muy rico y muy contento. Dice
aquel Almirante, que estos todos eran mancebos, y muy bien dispuestos
y ataviados, aunque no creo que traian mucha seda ni brocado, de lo
cual, tambien creo que los españoles y el Almirante más se gozaran,
pero venian ataviados de arcos y flechas y tablachinas; no eran tan
bazos como otros, ántes más blancos que otros que hobiese visto en
estas Indias, y de muy buenos gestos y hermosos cuerpos, los cabellos
largos y llanos, cortados á la guisa de Castilla, traian la cabeza
atada con un pañezuelo de algodon tejido de labores y colores, el cual
creia el Almirante que era almaizar; otro destos pañezuelos, dice, que
traian ceñido, y se cobijaban con él en lugar de pañetes; dice que no
son negros, puesto que estan cerca de la equinoccial, sino de color
indio, como todos los otros que ha hallado. Son de muy linda estatura,
andan desnudos, son belicosos, traen los cabellos muy largos como las
mujeres en Castilla, traen arcos y flechas con plumas, y al cabo dellas
un hueso agudo con espina, como un anzuelo, y traen tablachinas, lo que
hasta aquí no habia visto; y segun de las señas y meneos que hacian,
dice que, lo pudo comprender, ellos creian que venia el Almirante de la
parte del Sur, por lo cual juzgaba que á la parte del Sur debia haber
tierras grandes, y decia bien, pues tan grande es la tierra firme que
gran parte ocupa del Sur. La templanza desta tierra, dice que es muy
grande, y muéstralo, segun él, la color de la gente y los cabellos que
son todos correntios, y el arboleda muy espesa, que en toda parte hay;
dice que es de creer, que pasada la comarca, 100 leguas al Oeste de
los Azores, que muchas veces ha dicho que hace mudamiento el cielo, y
la mar, y la templanza, y esto, dice, es manifiesto, porque aquí donde
estaba, tan llegado á la equinoccial, cada mañana dice que habia frio,
y era el sol en Leon. Dice gran verdad, porque yo que escribo esto, he
estado allí ó cerca de allí, é habia menester ropa las noches y las
mañanas, en especial por Navidad. Las aguas corrian al Poniente más
que el rio de Sevilla, crecia y menguaba el agua de la mar 65 pasos
y más, que en Barrameda, que podian poner á monte carracas; dice que
aquella corriente va tan recia por ir entre aquellas dos islas, la
Trinidad y la que llamó Santa, y despues adelante llamó isla de Gracia.
Y dice isla á tierra firme, porque ya entraba por entrambas, que estan
apartadas dos leguas, que es como un rio, como parece por la carta;
hallaron fuentes de las desta Española, y los árboles y las tierras,
y la templanza del cielo; en esta Española, pocas frutas se hallaron
de las naturales de la tierra. La templanza mucha más es la de aquella
tierra que no la desta Española sino es en las minas de Cibao y en
algunas otras provincias della, como ya arriba queda dicho. Hallaron
ostias ú ostras muy grandes, pescado infinito, papagayos grandes como
pollas; dice que en esta tierra y en toda la tierra firme son los
papagayos mayores que ninguno de los destas islas, y son verdes, la
color muy clara como blancaza, pero los de las islas son más verdes,
y color algo más oscuro; tienen todos los de la tierra firme los
pescuezos de color amarillo como manchas, y las puntas de arriba de las
alas con manchas coloradas, y algunas plumas amarillas por las mismas
alas; los de estas islas, ninguna cosa tienen amarilla, los pescuezos
tienen colorados á manchas; los de esta Española, tienen un poco blanco
encima del pico; los de Cuba tienen aquello colorado y son más lindos;
los de la isla de Sant Juan, creo que tiran á los desta isla, y no he
mirado si tambien los de Jamáica; finalmente, parece que son en algo
diferentes los de cada isla. En esta tierra firme, donde agora está el
Almirante, hay una especie de papagayos que creo que no hay en otra
parte, muy grandes, poco ménos que gallos, todos colorados con algunas
plumas, en las alas, azules y algunas prietas; estos jamás hablan, no
tienen otra cosa de que se goce dellos, sino de la vista, en lo demas
son desgraciados; llámanse por los indios guacamayas: todos los demas
es cosa maravillosa lo que parlan, si no son los muy chiquitos, que se
llaman xaxaues, como arriba dijimos.
CAPÍTULO CXXXIV.
Estando en esta Punta del Arenal, que es fin de la isla de la Trinidad,
vido hácia el Norte, cuarta del Nordeste, á distancia de 15 leguas, un
cabo ó punta de la misma tierra firme y esta fué la que se llama Paria.
El Almirante, creyendo que era otra isla distinta, púsola nombre la
isla de Gracia; la cual, dice que va al Oeste, que es el Poniente, y
que es altísima tierra, y dijo verdad, porque por toda aquella tierra
firme van grandes cordilleras de sierras muy altas. Sábado, 4 dias de
Agosto, determina ir á ver la isla de Gracia, y levantó las anclas y
dió las velas de la dicha Punta del Arenal, donde surgido estaba; y por
aquella como angostura, por donde entró en el golfo de la Ballena (no
era más de dos leguas, porque de una parte la Trinidad y de otra la
tierra firme), salia el agua dulce muy corriente. Vino de hácia la del
Arenal, de la isla de la Trinidad, una tan gran corriente, por la parte
del Sur, como pujante avenida (y era del poder grande del rio Yuyaparí
que al Sur está, y el áun no lo via), con tan grande estruendo y ruido
que á todos espantó, del cual no pensaron escapar; y como el agua del
mar resistió, viniendo por el contrario, se levantó la mar, haciendo
una muy gran loma y muy alta, la cual levantó la nao y púsola encima de
la loma, cosa que nunca jamás ni oyó ni vido, y al otro navío alzó las
anclas, que áun debia de tener echadas, y echólo más á la mar, y con
las velas anduvo hasta que salió de la dicha loma. Plugo á Dios que no
les hizo daño, dice aquí el Almirante, y, cuando escribió este caso á
los Reyes, dijo: «Áun hoy en dia tengo el miedo en el cuerpo, que no me
trabucó la nao cuando llegó debajo della; por este gran peligro puse
á esta boca nombre, la Boca de la Sierpe.» Llegado á la tierra firme
que via por aquella parte, y creia que era isla, vido cabe aquel Cabo
dos isletas en medio de otra boca, que hacen aquel Cabo de la tierra
firme, el cual llamó cabo Boto por ser grueso y romo, y otro cabo de la
Trinidad que nombró Boto; la una isleta nombró el Caracol, la otra el
Delfin. Esta estrechura de la Punta ó cabo de la Punta de Paria, y el
cabo Boto de la Trinidad, no tiene sino cinco leguas, y están en medio
las dichas isletas; por la cual estrechura y el ímpetu del gran rio
Yuyaparí, é las olas procelosas de la mar, hacen esta entrada y salida
en grande manera peligrosa, y porque el Almirante con trabajo y peligro
suyo tambien, lo experimentó, llamó aquella entrada angostura la Boca
del Drago, y así se llama comunmente hoy. Fué de luengo de costa de la
tierra firme de Paria, quél creia ser isla, y la nombró isla de Gracia,
hácia la parte del Oeste, á buscar puerto. Desde la Punta del Arenal,
que es el un cabo de la Trinidad, como se dijo, y está la vuelta del
Sur, hasta el otro cabo Boto, que es de la misma isla de la Trinidad,
que está á la mar, dice el Almirante haber 26 grandes leguas, y por
aquesta parte parece ser el ancho de la dicha isla, y están los dichos
cabos Norte y Sur. Habia grandes hileros de corrientes, el uno al
contrario del otro; sobrevenian muchos aguaceros como era el tiempo de
las aguas, como arriba dijimos. La isla de Gracia es, como está dicho,
tierra firme, y dice el Almirante que es tierra altísima y toda llena
de árboles, que llega hasta la mar; esto porque como aquel golfo está
cercado de tierra, no hay resaca ni olas que quiebren en la tierra
como donde están descubiertas las playas. Dice que, estando á la punta
ó cabo della, vido una isla altísima al Nordeste, que estaría dél 26
leguas, púsole nombre la Bellaforma, porque debia tener de léjos buen
parecer, pero todo esto es la tierra firme, que como se mudaba con
los navíos de una parte á otra dentro del golfo, cercado de tierra,
hacíanse algunas abras que parecian hacer distincion de tierras que
estuviesen apartadas, y estas llamaba el Almirante islas, porque ansí
lo juzgaba. Navegó, domingo, 5 de Agosto, cinco leguas de la punta
del cabo de la Paria, que es el cabo oriental desta isla de Gracia;
vido muy buenos puertos, juntos unos de otros, y casi toda esta mar
dice que es puerto, porque está cercada de islas y no hace ola alguna.
Llamaba islas á las partes que se le abrian de tierra firme, porque no
hay más de sola la isla de la Trinidad, y tierra firme, que cercan á
este golfo quél dice agora mar. Envió á tierra las lanchas, y hallaron
pescado y fuego, y rastro de gente, y una casa grande descubierta; de
allí anduvo ocho leguas, donde halló puertos buenos. Esta parte desta
isla de Gracia dice ser tierra altísima y hace muchos valles, y todo
debe de ser poblado, dice él, porque lo vido todo labrado; los rios
son muchos, porque cada valle tiene el suyo de legua á legua; hallaron
muchas frutas y unas como uvas y de buen sabor, y mirabolanos muy
buenos, y otras como manzanas, y otras, dice, como naranjas y lo de
dentro es como higos; hallaron infinitos gatos paules; las aguas, dice,
las mejores que se vieron. Esta isla, dice, es toda llena de puertos,
esta mar es dulce, puesto que no del todo, sino salobre como la de
Cartagena; más abajo dice que es dulce como la del rio de Sevilla, y
esto causaba cuando topaba con alguna hilera del agua de la mar, que
salobraba la del rio. Navegó á un ancon, lúnes, 6 dias de Agosto, cinco
leguas, donde salió y vido gente, y vino luego una canoa con cuatro
hombres á la carabela que estaba más cercana á tierra, y el piloto
della llamó los indios como que queria ir á tierra con ellos, y, en
allegando y entrando, anególes la canoa, y ellos andando nadando,
cogió y trújolos al Almirante. Dice que son de la color de todos los
otros de las Indias; traen dellos los cabellos muy largos, otros así
como nosotros, ninguno hay tresquilado como en la Española y en las
otras tierras. Son de muy linda estatura, y todos sobrecrecidos;
traen el miembro genital atado y cubierto, y las mujeres van todas
desnudas, como sus madres las parieron. Esto dice el Almirante, pero
yo he estado, como arriba dije, cerca de aquella tierra, 30 leguas,
pero nunca vide que las mujeres no tuviesen sus vergüenzas, al ménos,
cubiertas; debe de querer decir el Almirante, que andaban como sus
madres las parieron cuanto á lo demas del cuerpo. Estos indios, dice
el Almirante, luego que aquí fueron, diles cascabeles y cuentas, y
azúcar, y los invié á tierra, á donde estaba dellos una gran batalla,
y despues que supieron el buen tratamiento todos querian venir á los
navíos; vinieron los que tenian canoas, y fueron muchos, y á todos
se les hizo buen acogimiento, y se les mostró amorosa conversacion,
dándoles de las cosas que les agradaban; preguntábales el Almirante,
y ellos respondian, pero no se entendian; trujéronles pan y agua, y
unos brebajes, como vino verde; andan muy ataviados de arcos, flechas
y tablachinas y las flechas traen casi todos con hierba. Mártes, 7 de
Agosto, vinieron infinitos indios por mar y por tierra, y todos traian
de su pan y maíz, y cosas de comer, y cántaros de brebaje, dello blanco
como leche, de sabor de vino; dello verde, y dello de color colorado;
cree que todo sea de frutas. Lo más ó todo hacen de maíz, sino que
el maíz es blanco y morado y colorado, de aquí viene ser el vino de
diversas colores; el verde, no sé de qué se haga. Traian todos sus
arcos y flechas con hierba, muy á punto; no se daban nada por cuentas,
dieran cuanto tuvieran por cascabeles, y otra cosa no demandaban.
Hacian mucho por el laton; esto es cierto que lo estimaban mucho, y
daban en esta Española por un poco de laton cuanto les pidieran de
oro, que tuvieran, y así creo que fué siempre en todas estas Indias,
á los principios; llamábanlo turey, cuasi venido del cielo, porque al
cielo llamaban tureyro; hallan en él no se qué olor que á ellos mucho
les agrada. Aquí dice ahora el Almirante que todo cuanto les daban, de
Castilla, lo olian luego que se lo daban. Trajeron papagayos de dos
ó tres maneras, en especial de los muy grandes que hay en la isla de
Guadalupe, dice él, con la cola larga; trajeron pañizuelos de algodon
muy labrados y tejidos, con colores y labores como los llevan de
Guinea, de los rios á la Sierra Leona, sin diferencia, y dice que no
debe comunicar con aquellos, porque hay de aquí donde él agora está,
allá, más de 800 leguas; abajo dice que parecen almayzares.
CAPÍTULO CXXXV.