Y allá iba la nave por el mar de la jofaina al embate de los vientos del
balcón, desapareciendo ya sin duda en alta mar, porque apenas veíamos un
punto. Un punto fijo que se mira es un imán que se pone á la atención,
al sentimiento y al deseo. De tal modo pendíamos del punto, que
estábamos efectivamente presenciando el alejamiento de la nave.
--Y ¿para dónde irá?... hubo una voz.
--Y ¿cómo se llamará? hubo otra voz.
--Yo quiero que se llame lo que parece.
--¿Qué parece?
--Una gaviota.
--Pues yo quiero que se llame _Cuba Libre_.
--¡Silencio!... El nombre de la víctima no se pronuncia en casa de los
cómplices.
--¡Verdad! "Cuba libre", en la América del Sud, suena como "Creta" en la
Europa del Norte.
Ya estaba convenido: se llamaba _La Gaviota_, y navegaba con rumbo á
Cuba libre.
Entonces hubo una algarada de alegría que acabó en una algazara de
entusiasmo. Todos querían embarcarse para Cuba.
La verdad es que, así á la lejanía, y desde la oscura penumbra, cielo
cerrado, atmósfera de hielo, soledad de desierto, desde donde la
contemplábamos, la radiante nave, bañada á fondo por el sol, sostenida
en un mar libre, caminando hacia la luz, era una tentación.
* * * * *
Ya estábamos en dirección á bordo, cuando un portazo dió al traste con
el mar, con el barco y con el propósito de embarque.
Una vez, caminando por una de esas costas, desde lejos habíamos visto
como un esqueleto negro abandonado á la orilla de la playa. Al
acercarnos, ¡qué triste! todos nos compungimos, era el esqueleto de un
barco, era el testimonio de un naufragio.
La aflicción al imaginar la agonía de los náufragos, no fué más íntima
que la sentida ahora al ver el naufragio del barco de papel.
El que primero llegó al lugar de la catástrofe, leyó en voz alta "La
Gaviota."
--¿Cómo es eso? ¿Tenía el nombre en la borda, como las goletas de
verdad?
--Creo que no, porque esto parece, por los dobleces, que era quilla....
--¡Deja ver...!
Y poniendo con precaución sobre la mesa el húmedo papel, la
interpeladora leyó, como leyendo para sí: "_La Gaviota_, de Fer...."
Y levantando inquieta la cabeza, interpeló á la chiquitina:
--¿Dé dónde tomaste ese papel?
Á lo cual, rehuyendo bulto y responsabilidad, contestó la amenazada:
--¡Fué papá!
Y yo, confuso y asustado con el susto de la pequeñuela, balbucí, una
excusa:
--Lo encontré ahí.
--¡Pues buena la hemos hecho!...
Y riéndose á risotada al ver mi facha de delincuente honrado:
--Pero papá, si éste era el artículo literario que yo le recomendaba....
--"Et voila comme
une femme abîme un homme,"
murmuré yo, acariciando la cabellera de mi sobornadora; acordándome de
una canción de boulevard, en los tiempos aquellos en que París me
sonreía.
--Y ¿qué vamos ahora á hacer?
--¡Qué hemos de hacer! continuar el viaje, dije yo con honrada
convicción, y defendiendo el derecho que mi cómplice tenía á proseguir
el juego.
--Pero si ya no hay goleta....
--Pero aquí hay papel....
¡Vaya si fué grito! No tuve más remedio que soltar el papel que había
cogido, al oir:
--¡No! ¡no! ¡que ese es el pedazo que queda del artículo de R....!
--Pues entonces....
Y me encontré cara á cara con el íntimo tonto que todos encontramos en
el primer repliegue de nuestra segunda circunvolución frontal, cada vez
que no sabemos lo que hemos de hacer.
Contra ese desorientado.... (¿qué es el hombre más que un íntimo tonto
que va desorientado por el mundo?)
Decía, que contra el sublime desorientado no hay como el único orientado
de este mundo, el niño, que siempre sabe lo que quiere hacer, y que,
entonces, queriendo nuevo barco, me miraba con chispas en los ojos....
(porque eran ella y él, los dos chiquitines). Á cien chispas por ojo,
eran cuatrocientas chispas eléctricas, que no digo á un desorientado, á
todo Oriente hubieran sido capaces de poner en movimiento.
Y cuando roto el papel, y hecho otro barco, y vaciado otro mar, volvimos
á navegar en la jofaina con la imaginación, y la amiga de la autora del
artículo descuartizado, me preguntaba:
--Y ¿qué le vamos á decir?
--Dile, le dijo, que así como no hay vuelta á la patria como la que se
hace en un buque imaginario, en barco de papel, en sueño de despiertos,
con las velas del deseo, con el vapor de la imaginación, con las
valvulaciones del corazón, por el mar de la esperanza, bajo el cielo de
la caridad, bajo el ala de la inocencia, así no hay artículo literario
ni composición poética ni obra de arte, que no valga más en la región de
lo impalpable, que en la mísera región de lo palpado.
Chile, 1897.