IV.

Ya, sin saberlo, para el momento de las despedidas éramos muchos:

primero que todos, el inseparable compañero de diabluras; enlazadas,

detrás, en su contínuo abrazo la madre dilecta y la hija predilecta; más

atrás, empujando para ponerse por delante, los dos más endiablados

botafuegos que el sol de las Antillas ha ingerido en corazones y cabezas

de muchacho. Faltaba sólo uno: es uno que ya está camino del porvenir,

que es un camino muy áspero, muy cuesta arriba, muy sin horizonte, muy

sin luz, sobre todo, en la América del Sud. Y suspiramos.

Antología portorriqueña: Prosa y verso · 第 89 / 146 题