No bastándonos nosotros mismos para ser á la vez tantas cosas, vientos
de todos los cuadrantes, trepidaciones, oscilaciones, remos, velas,
capitán, timonel y tripulación, fuímos al airecillo del balcón, que á
ella se le ocurrió abrir de par en par, pusímonos á distancia para ver
desde lejos nuestra embarcación, realizando así el concierto de la
realidad y la idealidad, (que ¡las pobres...! viven desconcertadas en el
mundo...), siendo realidad el barco visto, siendo idealidad las tiernas
despedidas que dirigíamos á los imaginarios tripulantes.