Y ¡qué barco...! Cuando lo echamos al mar en la jofaina llena de agua, y
promovíamos con los dedos un oleaje, era de ver cómo la leve embarcación
cabeceaba; orzaba, se iba de bolina; y ya con el viento en popa que
salía de nuestro aliento, ya con furioso mar de proa, que producíamos
agitando la jofaina, se balanceaba gallardamente, ó se estremecía de
proa á popa, ó amenazaba írsenos á pique.