veneran en la iglesia de los santos Fausto, Januario y Marcial, hoy
parroquia de S. Pedro, y que no fueron descubiertas hasta el año 1575,
por hallarse debajo de tierra, en una urna de piedra franca; otro tanto
puede conjeturarse respecto de las imágenes de _Nuestra Señora de la
Alegría_, que solo reapareció por los años de 1640 al hundir un tabique
en la ermita de Rocamador del hospital de S. Hipólito: de _Nuestra
Señora de los Remedios_, que fué hallada al tiempo de la reconquista por
unos cautivos cristianos en una heredad de la Sierra, y cedida por el
rey S. Fernando al convento de Trinitarios calzados; y de algunas otras.
[464] En la misma parroquia de S. Andrés, arriba mencionada, hay una
lápida, cuya inscripcion copiada á la letra con toda su bárbara
sencillez dice así: FINO DON PERO PEREZ VILLAMMAR ALCALDE DEL REY EN
CORDOBA EN DIEZ E SIETE DIAS DE FEBRERO. E. MCC DOYS FERIA SEXTA.
MAESTRE DANIEL ME FECIT. DEUS LO BENDIGA. AMEN. Esta lápida, que
corresponde al año de Cristo de 1164, está colocada en la haz del muro á
la parte esterior junto á la portada de la iglesia, á unos cinco piés
sobre el terreno que fué antiguo cementerio de la misma; y prueba dos
cosas: 1.º que en 1164 y bajo el imperio de los almohades, aun duraba la
grey mozárabe en Córdoba, con algunas de sus basílicas y con sus
autoridades privativas; 2.º que la decoracion arquitectónica de esta
parroquia es anterior á aquel tiempo, puesto que para colocar la lápida
allí hubo que encajarla con gran trabajo en la sillería que acompaña á
la portada, cortando hasta cuatro sillares á cincel y á boca de escoda;
lo que seguramente no se hubiera hecho si aquella fachada fuera
posterior al epitáfio.
[465] S. Martin de Soure, cautivado en Portugal, murió entonces (año
1147) en una mazmorra de Córdoba, donde estaba con otros varios
cautivos. Los mozárabes le enterraron en la basílica de _Sta. María_.
Esta basílica cree Gomez Bravo fuese la que hoy se conserva junto á la
_Corredera_ con el nombre de _Nuestra Señora del Socorro_; y añade «que
se mantendria á espensas de los cautivos cristianos.» No vemos la razon
por qué habian de mantener los cautivos esta iglesia habiendo en la
ciudad cristianos libres que podian hacerlo; pues á pesar de la gran
persecucion tenian en los años posteriores, como acabamos de demostrar,
otras basílicas para el culto, alcaldes nombrados por el rey castellano,
y libertad suficiente para consagrarles honrosas lápidas
conmemoraticias.
Sirva esta nota de ilustracion complementaria á la que estendimos al pié
de la página 209, de la cual pudieran algunos colegir que con la
persecucion del año 1125 no habia quedado en pié mas basílica que la de
_Sta. María_.
Esta basílica, dice Al-Makkarí (t. I, lib. III, cap. IV), era la
principal de los cristianos, y á ella acudian peregrinos de lejanas
tierras. El poeta árabe Ibn Shoheyd entró una noche en ella, vióla toda
engalanada, llena de luces, cubierto el pavimento de ramas de mirto, en
el momento de celebrarse en ella alguna solemne funcion, y salió
escandalizado de las sagradas ceremonias de que habia sido testigo.
Cuáles fueran estas no podemos decirlo, porque su narracion parece
referirse al Santo Sacrificio, y al mismo tiempo habla de una funcion
nocturna. «Estaban, dice, revestidos los sacerdotes con ricas vestiduras
de seda, de varios y alegres colores, y adelantábanse á adorar á Jesus;
y si se encaminaban hácia la marmórea fuente, era solo para sacar agua
de ella en el hueco de la mano. Levantóse luego uno de ellos y se colocó
en medio, y tomando el cáliz se dispuso á consagrar el vino; aplicó al
licor sus ardientes labios, rojos como los de una doncella, y su
fragancia le cautivó el sentido; pero cuando libó la deliciosa copa, su
dulzura y suavidad le sumergieron en un profundo arrobamiento.»
[466] La de la catedral.
[467] Córdoba, tan afamada en otros tiempos por sus joyantes sederías,
por sus vistosos guadamecíes, por sus delicadas obras de platería, por
la abundante esportacion que hacia de sus mercaderías, de sus granos,
aceites y otros frutos, á Italia, á Flandes, á las Indias, ve hoy
arruinadas su industria y su agricultura, y no esporta mas que barriles
de aceitunas, jabon, cordelería, cintas, zapatos y sombreros para las
ferias de Andalucía y Estremadura.
[468] Entiéndase de la época de Fernando VII.
[469] Dos de estas recordamos, la de la puerta de Sevilla, y otra que se
halla entre la puerta de Almodovar y la de Gallegos, frente al convento
que fué de la Victoria.
[470] Supónese que se abrió aquel postigo para introducir ganado en la
ciudad durante el cerco que le tenia puesto S. Fernando, y que habiendo
logrado algunos soldados cristianos meterse entre el ganado,
contribuyendo luego á que se tomase la Ajarquía, el rey moro cuando lo
supo esclamó: _¡bien escusada era allí aquella puerta!_ (_Memorias de la
ciudad de Córdoba, M. S. de la Real Academia de la Hist. D. 129, relato
1.º_)
[471] _Historia general de la M. N. y M. L. Ciudad de Córdoba y de sus
nobilísimas familias_, atribuida al Dr. Andrés de Morales. Lib. VI, cap.
I.--M. S. de la Real Academia de la Historia.
[472] Véase su lámina, donde por equivocacion se estampó el nombre de
_puerta de Sevilla_. Sobre su dovelage hay un cartelon de mediano gusto
con una inscripcion que dice: _Reinando la sacra, católica y real
magestad del rey D. Felipe nuestro señor, segundo de este nombre_.
[473] Hoy ermita de Sta. Quiteria, en la calle de los Judíos. Véase la
pág. 223.
[474] De las puertas interiores de la ciudad que dividian la Almedina y
la Ajarquía señala tres Ambrosio de Morales, además de la del Sol y de
la del Rincon: el _portillo de la calle de la Feria_, el _de la
Fuenseca_, y la _puerta del Hierro_. De esta última hallamos mencion en
Al-Makkarí y en Ben Adzarí bajo el mismo nombre (_babu-l-hadid_), y en
algunos documentos posteriores á la reconquista. La _puerta del Hierro_
se designa en la donacion de S. Fernando á los religiosos de Sto.
Domingo como punto próximo al solar que se les adjudica para fundar el
convento de S. Pablo; y por el mismo instrumento se comprueba que la
huerta enclavada en el mismo se llamaba _del Almezo_ y se estendia á
toda la manzana. _Feria. M. S. cit. fol. 32._
[475] Sin duda empezó á tener origen esta tradicion cuando estaba ya
formada la falsa creencia de haber tenido la ciudad otro asiento
distinto del que hoy tiene, al pié de la Sierra, en el campo vulgarmente
llamado de _Córdoba la vieja_. Estractaremos el relato que de ella hace
Al-Makkarí.
«Habitaba en la fortaleza de Almodovar un rey, que yendo un dia de caza,
soltó tras una perdiz un halcon muy querido que tenia, en una floresta
donde despues andando el tiempo vino á formarse la ciudad de Córdoba. La
perdiz acosada se metió en un espeso zarzal: el halcon persiguiéndola se
entró tambien en él; pero viendo el rey al cabo de largo rato que su
pajaro favorito no parecia, mandó á sus monteros cortar aquella maleza y
sacarlo. Al practicar esta operacion aparecieron los chapiteles de un
grande edificio soterrado, y el rey, que era hombre entendido y
emprendedor, mandó que inmediatamente se desmontára todo el terreno que
le cubria. Hiciéronse las escavaciones con felicidad, y salió á luz un
soberbio palacio, cuyos fundamentos se internaban en el agua sobre un
sólido cimiento de argamasa puesto segun el arte de los antiguos. El rey
lleno de gozo lo hizo restaurar con arreglo á su forma primitiva;
residió en él largas temporadas, y poco á poco fueron al rededor
levantándose otros edificios, principio y núcleo de la ciudad de
Córdoba, donde permaneció la descubierta maravilla como morada perpétua
de los reyes que le sucedieron.»
[476] El historiador Aben Hayyán (fol. 14) menciona además la _puerta
cerrada_ (_bábo-s-suddá_), en cuyo arco se pusieron en tiempo de
Abde-r-rahman III garfios ó escarpias para clavar las cabezas de los
criminales y reos de lesa magestad.
[477] El palacio episcopal fué reedificado á mediados del siglo XV por
el obispo D. Sancho de Rojas y Sandoval, y entonces subsistió el
pasadizo, y por consiguiente el muro de donde arrancaba. D. Alonso de
Aguilar lo incendió pocos años despues, y vuelto á reedificar por el
obispo D. Pedro Solier, dejó el pasadizo intacto. Hácia la mitad del
siglo XVI lo amplió D. Leopoldo de Austria, sin demoler dicho muro. En
1622 el obispo Mardones lo prolongó con una nueva y suntuosa edificacion
hácia el norte, y entonces se demolió el pasadizo árabe dejando en pié
el muro primitivo.
Segun la descripcion que hace Aben Hayyán (fol. 26) puede creerse que
este muro del palacio episcopal servia al alcázar árabe como de muralla
por levante. «Abdalla, dice, hizo abrir una puerta nueva fuera de su
alcázar y próxima á él, á la cual concurrian las gentes en dias marcados
á reclamar justicia (_bábo-l-ádal_). Entre ella y el alcázar mandó
construír una galería de piedra sillería, cubierta de cristales, la
cual... comunicaba por fin con la maksurah de la gran mezquita.» Así
pues, la galería ó pasadizo se componia de dos trozos, uno del alcázar á
la _puerta de la Justicia_, y otro de esta puerta á la mezquita; y este
segundo trozo sería probablemente el que se conservó hasta el siglo
XVII. Y la puerta de la Justicia estaria en el muro que es hoy fachada
del palacio del Obispo.
[478] Despues de arrojado al rio el cadáver de S. Eulogio, estaba por la
noche de centinela en la torre _de la Vela_ un soldado de Ecija, el
cual, acosado de la sed, se pasó á beber al caz que por encima del muro
llevaba el agua á los baños del Califa; y estando allí vió en el rio una
gran claridad, y observó que encima del cuerpo del santo mártir, que
sobrenadaba, se hallaban como suspensos en el aire unos ángeles con
blancas vestiduras sacerdotales, salmodiando dulcemente. ¡Qué asunto
para un artista de fé! Véase la vida y muerte de S. Eulogio escrita por
Paulo Alvaro.
[479] Habiamos pensado dar al lector un estrado de las piezas referentes
á la causa formada al célebre inquisidor Luzero con motivo de sus
sanguinarios escesos; pero nos vemos precisados á retirarlo por su
escesivo volúmen. Debidas á la bondad de los señores canónigos de
Córdoba, que nos las permitieron copiar en el archivo de la santa
iglesia catedral, las conservamos por si se presenta ocasion de darles
cabida entre las memorias de la santa iglesia de Sevilla referentes al
arzobispo que se hallaba de inquisidor general de España en tiempo de
Luzero, canónigo tambien de aquella catedral. Las cartas que ambos
cabildos secular y eclesiástico escribieron á reyes y personages de
estos reinos y de fuera de ellos implorando su proteccion contra aquel
monstruo de iniquidad, forman en el _libro de las Tablas_ de dicho
_Archivo_ una coleccion sumamente curiosa (_Caj. A_). No lo son menos
los documentos del _Caj. I, leg.ª 7 y 10_, entre los cuales hay un
memorial entregado á los condes de Cabra á nombre de diferentes personas
que habian los agentes de Luzero llevado presas á los alcázares para que
declarasen crímenes de que jamás habian tenido ni remota idea. En un
libretillo (núm. 296) se hacen al rey bajo la forma de memorial
interesantes revelaciones: se le dice que el alcázar estaba hecho _cueva
de traiciones y maldades_, y despues de referirle los atentados que en
él cometian Luzero, el licenciado Lafuente, y otros, se suplica con el
mayor ahinco á S. A. vaya á Córdoba á poner remedio, seguros los que
esponen de que si el rey accediese á ello, habia de mandar que en el
sitio del _Marrubial_, donde aquellos inicuos jueces habian hecho quemar
á ciento siete cristianos inocentes, y luego á otros veintisiete mas,
_se hiciese casca de mártires_.
[480] El sencillo monumento erigido por Ambrosio de Morales en el
_Campillo_ desapareció en tiempo de la invasion francesa. El P. Roa y
otros escritores han publicado los versos que á los mártires de Córdoba
consagró en él el famoso cronista de Felipe II, y recientemente ha
publicado un periódico de Madrid la version que de los mismos ha hecho
en elegantes endecasílabos castellanos nuestro buen amigo el Sr. D.
Francisco de Borja Pavon, natural y vecino de aquella ciudad, anticuario
tan erudito cuanto modesto.
[481] El anónimo parisiense (códice de mucha autoridad entre los
arabistas) dice que cuando Moguen tomó á Córdoba no habia ya puente, y
hubo que vadear el rio, ó pasarlo á nado; que As-samh ben Malek edificó
el que hoy existe, con autorizacion del califa Omar, el cual le permitió
emplear en su construccion los sillares de la antigua muralla; y que las
brechas abiertas en esta se rellenaron con ladrillo por no haberse
hallado á mano piedra á propósito (Año 101 de la Egira.).
[482] Véase la lámina _Córdoba desde el castillo de la Carraola_.
[483] De aquí vino el llamarse despues _Campo de la verdad_ aquel gran
llano que está al otro lado del rio al mediodia de la ciudad. _Historia
de Córdoba_, M. S. citado de la Real Academia de la Historia, H. 12,
tomo II, pág. 343 y siguientes.
[484] La de los santos mártires Fausto, Januario y Marcial, que se llamó
luego de _S. Pedro_; la de los santos patronos de Córdoba Acisclo y
Victoria, y la de Sta. Olalla extramuros de la ciudad.
[485] Asi debió suceder con las de _S. Andrés_, _Sta. Marina_, _la
Magdalena_, _S. Lorenzo_, _Santiago_, _S. Nicolás de la villa,_ y las
demas que creemos existían antes de la reconquista.
[486] Véase la lámina _Iglesia de Sta. Marina_.
[487] Véase la lámina _Iglesia de S. Lorenzo_.
[488] Véase la nota de la pág. 349 en sus últimos párrafos.
[489] Véase en la lámina de Detalles correspondiente el _Roseton de S.
Miguel_.
[490] Esta torre fué edificada por el obispo D. Iñigo Manrique,
comenzada segun tradicion en 1494, y terminada, segun la inscripcion
gótica que se puso en ella, en 1496. La tradicion refiere que el alcaide
de los Donceles D. Diego Fernandez de Córdoba, cuya casa, vecina á esta
iglesia, recibia molestias de los albañiles que fabricaban la torre,
despues de haber inútilmente reclamado del obispo la suspension de la
obra, fué una noche con sus criados y peones, y hundió todo lo que los
operarios tenian fabricado. Sabedor el prelado del caso, mandó levantar
la fábrica de nuevo. Cuanto trabajaban los albañiles de dia, otro tanto
deshacian por la noche el caballero y su gente. Mediaron conminaciones,
y viendo D. Iñigo Manrique que el alcaide no hacia caso, le declaró
descomulgado. Hubo recurso al rey, luego al consejo con demanda formal
interpuesta por el caballero; y durante su resolucion la obra estuvo
parada. Concluido el pleito, se dió sentencia á favor del obispo, y
mandó el tribunal se siguiese la fábrica de la torre, previniendo á los
maestros que la dirigian que se pusiesen en las ochavas de su cuerpo
principal, mirando á la casa de D. Diego Fernandez de Córdoba, dos
efigies en ademan de postradas, cargando sobre sus espaldas el peso de
la fábrica restante, y que debajo de ellas se grabasen estas palabras: á
un lado PACIENCIA, y al otro OBEDIENCIA: dando á entender al caballero y
á sus sucesores la paciencia que habian de prestar en sufrir las vistas
de la nueva torre, y la obediencia debida á la Iglesia.
Así se cumplió. Hoy se ven las referidas figuras en aquellas dos
esquinas, sirviendo como de remate á dos medias pirámides que arrancan
de la base de las mismas ochavas; y para mayor efecto las pintan de
colores. Véase la lámina _Torre de S. Nicolás de la villa_.
[491] No desagradará al lector una noticia sumaria de los principales
conventos y casas de las órdenes militares establecidos en Córdoba
despues de la reconquista, con espresion de los años en que se fundaron,
sitios en que se establecieron, y personages que á ello cooperaron.
Fueron antes que otros atendidos los _padres de Sto. Domingo_, que
acompañaban al ejército del santo rey confesando y auxiliando en todo á
los soldados. Dióseles en 1236 solar espacioso junto á la _puerta del
Hierro_ para fundar el convento de S. Pablo.
Siguieron los _padres de S. Francisco_, instalados por el mismo rey, no
se sabe en qué año, fuera del antiguo muro divisorio (_cerca de la
puerta de la Pescadería_, dice Feria. M. S. citado), no lejos del
convento de S. Pablo en la misma calle de la Feria.
Luego los _Trinitarios Calzados_ (en 1236). Dióles el rey, además del
solar donde permanece hoy todo desfigurado su convento, la milagrosa
imágen de Nuestra Señora de los Remedios, hallada por los mozárabes
cautivos.
Vienen despues: _Nuestra Señora de la Merced_, de época incierta,
fundado extramuros en la antigua ermita de Sta. Eulalia.--_S. Agustin_,
establecido en 1296 en los Visos; luego por bula pontificia (en 1312)
entraron sus religiosos en la ciudad, y estuvieron en el alcázar hasta
el 1325, en que D. Alfonso XI para ampliar su palacio los estableció
donde se ve su convento ahora.--Los _santos mártires Acisclo y
Victoria_, monasterio de benedictinos erigido sobre la basílica antigua
de los mismos santos (en 1297) por el P. Fr. Rodrigo de Ordoñez,
conventual del de S. Pedro de Gumiel. Contribuyó á su fábrica el rey D.
Fernando IV. Desierto desde el año 1527 por haber ido faltando los
Cistercienses que lo poblaban, fué cedido en 1530 á los padres Dominicos
del monasterio de Scala Coeli, los cuales lo reedificaron. El rey Felipe
II, noticioso de que su iglesia amenazaba ruina, dió una copiosa limosna
para restaurarla. Eran sus patronos los condes de Torres-Cabrera.--_S.
Francisco de la Arrizafa_, fundado en 1417 por D. Fernando de Rueda,
extramuros de la ciudad, al pié de la Sierra, en la famosa Ruzafa de
Abde-r-rahman I. Eran sus patronos los condes de Hornachuelos, señores
de la Albayda.--_S. Gerónimo de la Sierra_, erigido por el obispo
Gonzalez Deza (en 1408) en el Alcor de la Sierra, en el sitio llamado
Valparaiso, en terreno cedido sobre el campo de _Córdoba la vieja_ por
D. Martin Fernandez de Córdoba, alcaide de los Donceles, y su piadosa
madre D.ª Inés de Pontevedra. La ciudad de Córdoba dió á los padres
Gerónimos las ruinas del castillo de _Córdoba la vieja_ para que las
aprovechasen en la edificacion de su monasterio.--_S. Francisco del
Monte_, fundado (en 1394) en la Sierra por Martin Fernandez de Andújar,
caballero de Córdoba, en una heredad suya, á peticion de D. Enrique III
y la reina D.ª Catalina; y trasladado al sitio que hoy ocupa en 1413. En
uno de los altares de su iglesia se veneraba la imágen de _Nuestra
Señora de la Esperanza_ hallada entre las ruinas del famoso y antiguo
monasterio Armilatense. El arco de la portería de este convento estaba
sostenido por dos columnas de jaspe blanco que segun tradicion fueron
sacadas de las mismas ruinas.--Y siguen otros de no poca importancia
fundados en los siglos XVI y XVII.
Las órdenes militares se instalaron en Córdoba en el año 1237. La de _S.
Juan de Jerusalen_ en una mezquita de la Almedina (hoy _S. Juan de los
Caballeros_):--la de _Santiago_ en un solar de la calle de Sta. Ana
(tambien en la Almedina). No sabemos cuál sea;--la de _Calatrava_ en las
_Tendillas de Calatrava_ (hoy _casa de la Encomienda_, donde se
conservan preciosos fragmentos arábigos); la de _Alcántara_ en las
_casas de Séneca_ (hoy religiosas del _Corpus Christi_), en la Almedina,
cerca del muro divisorio. Se fundó como convento hospital y oratorio de
la regla de S. Benito, y conserva hoy su memoria la cuesta de este
nombre;--el _Orden Teutónico_ en la calle de la Madera, en la Almedina.
Se estinguió este órden en España en 1310, y en el año 1481 su casa
convento de Córdoba estaba ya arruinada;--el _Temple_ en la Ajarquía, en
un solar contiguo á la parroquia de Santiago. De sus casas solo existen
insignificantes reliquias en la calle llamada _del Claustro_.
Los conventos de religiosas mas notables eran: el de _S. Clemente_,
fundado por D. Alonso X en 1261 en una huerta suya, en la Ajarquía, y
luego por el mismo rey trasladado á Sevilla;--el de _Sta. Clara_,
fundado en 1264 por el arcediano Diaz Sandoval en la iglesia de Sta.
Catalina (antigua basílica de S. Jorge: luego mezquita). Para ampliacion
de su fábrica compró el fundador al infante D. Luis, las casas labradas
por su padre S. Fernando para Juana de Poitiers;--el de _Sta. María de
las Dueñas_, del Cister, fundado en 1372 por el señor de Luque D. Egas
Venegas en sus casas propias (colacion del Salvador);--el de _Sta.
Cruz_, fundado en 1465 en las casas de su morada (colacion de S. Pedro)
por el P. Fr. Francisco Miranda en nombre de los señores Pedro Gutierrez
de los Rios, veinticuatro de Córdoba, y Teresa Zurita, su mujer; quienes
ofrecieron costearlo para que Dios sacase con vida al Pedro Gutierrez de
las justas que iba á mantener con Suero de Quiñones sobre el paso de los
peregrinos por el puente de Orbigo;--el de _Sta. Marta_, edificado en
1468 por el P. Fr. Pedro de Córdoba en las casas de Cárdenas (donde aun
subsiste).
[492] Véanse las láminas _Hospital de Espósitos_, y _Detalles de la
fachada_ del mismo.
[493] Véase la lámina _Capilla del hospital del cardenal_.
[494] Cada uno en una calle de las que llevan el nombre del _Baño_
(_alta_ y _baja_).
[495] Véase acerca de esta diferencia la pág. 299.
[496] Véase la lámina que la representa.
[497] En la calle de _Carniceros_, casa núm. 7, en la de _las Cabezas_,
núm. 16, en la de _la Pierna_, en la plaza de S. Andrés: ejemplos que
recordamos en este momento; lo que equivale á citar uno entre mil.
[498] _Afranc_, propiamente _Francia_; pero los árabes aplicaban este
nombre á todos los dominios cristianos que caían al norte de sus
provincias en España; así como llamaban _Andalús_ á toda la tierra que
ellos aquí enseñoreaban.
[499] Ya hemos tenido alguna vez ocasion de advertir que la prohibicion
alcoránica de aplicar las artes plásticas á la representacion de seres
animados se infringia muy á menudo en esta época tan brillante del
califado.
En la descripcion de Azzahra que emprendemos, seguimos fielmente las
noticias que hemos recogido en las historias compiladas por Al-Makkarí,
en la _Historia de Almagreb_ de Ben Adzarí, y en estractos de otras que
bondadosamente nos ha comunicado el Sr. Gayangos. De todas ellas hemos
formado un conjunto, descartando las especies en que hay
contradicciones. Parecerá exagerado este relato, pero si se observa que
otras descripciones de aquellas historias (las de la mezquita de
Córdoba, por ejemplo) han resultado exactas, tal vez el lector depondrá
su incredulidad para admirar solamente tanta grandeza.
[500] Las rentas del estado cordobés eran: 5,480,000 dinares de oro de
las contribuciones de las provincias; 765,000 de los zocos y mercados de
Córdoba; el quinto del botin cogido al enemigo, y las capitaciones
impuestas á los mozárabes y judíos, que duplicaban aquellos ingresos.
[501] Véase en Al-Makkarí la curiosa descripcion de la que envió el
emperador Constantino á Abde-r-rahman III.
[502] Ben Hayyán dice que An-nasír recibió al enviado de Constantino en
el _pabellon embovedado_, lo cual induce á creer que no habia mas que un
pabellon con bóveda, que probablemente seria el central, llamado tambien
_pabellon circular_, _pabellon dorado_, y _salon de los califas_.
[503] La carta de Constantino al califa (dice Ben Hayyán) venia escrita
en vitela azul celeste con caractéres de oro: dentro de ella, en
caractéres de plata, una lista de los presentes que enviaba el
emperador. La carta tenia un sello de oro de cuatro mitcales de peso,
con la imágen del Mesías en un lado, y los retratos de Constantino y su
hijo en el otro. Estaba metida en una bolsa de tejido de plata, y esta
en una caja de oro con el retrato de Constantino admirablemente
esmaltado: todo encerrado en un estuche con funda de seda y oro.
[504] Este cementerio estaba en el recinto de los alcázares de Córdoba.
[505] No nos ha sido posible rastrear el verdadero nombre de este
obispo, pues entre los prelados toledanos tampoco hallamos ninguno con
el nombre esencialmente arábigo de _Kasím_. Otro tanto podemos decir del
obispo que trajo de Asia las dos célebres fuentes del palacio que vamos
describiendo, á quien los historiadores árabes llaman _Rabí_. Véase la
nota 3 de la pág. 173.