diligentes conservadores de las memorias sagradas de Córdoba. Pero no
son solo razones de autoridad las que nos inclinan á su sentir. La sana
crítica no buscará en vano fundamentos que persuadan la grande
antigüedad de los referidos templos. Sea el primero esa como marca ó
señal gloriosa que parece providencialmente conservada en ellos para que
puedan en todo tiempo ser reconocidos; á saber, el desmoche ó demolicion
de sus torres acaecido bajo las sangrientas persecuciones de Mohammed,
hecho singularmente notable que S. Eulogio testifica en dos de sus
obras. Han trascurrido siglos y siglos; pudo la brillante época de S.
Fernando haber erigido en su lugar nuevas torres, y aun parecia
necesario hacerlo; las basílicas sin embargo han subsistido con sus
torres desmochadas, como en memoria de aquella tempestad terrible
suscitada contra la verdadera fé que tronchó los sagrados mástiles de
las naves del Pescador sin sumergir estas; y si alguna se ha
reedificado, ha sido, como la de S. Lorenzo, en tiempos muy posteriores,
sin temor de que atribuya nadie á una época misma el cuerpo de la
iglesia y su torre.
Otro fundamento es la clase de construccion que en los muros maestros de
dichas parroquias se advierte, donde por rara casualidad la ha dejado
descubierta la _manía rebocadora_ de los señores rectores y obreros que
de tiempos atrás se han venido sucediendo, la cual cubre hoy
indistintamente con una capa de cal y ocre de medio pié de espesor así
los rústicos y lisos paredones, como las antiguas, menudas y prolijas
esculturas de las archivoltas, capiteles, cenefillas, repisas, etc. Este
género de construccion es por hiladas de sillares, en las que alternan
uno por largo y otro ú otros dos como de canto; y el escrupuloso
observador Diaz de Rivas lo hace peculiar de las fábricas arábigas.
Adviértese en S. Lorenzo, de la cual hay tradicion que ocupa el sitio
mismo de la basílica erigida en 262 por escitacion de S. Sixto II en el
solar donde habia nacido el santo mártir. Ahora bien, si esta práctica
es una importacion de los árabes, ¿cómo suponer que estuviese en uso en
tiempo de la reconquista, esto es, cuando ya apenas quedaba en Córdoba
un puñado de mudéjares, y cuando el nuevo estilo occidental triunfante
tenia mas proporcion de ostentar sus medios particulares? ¿No es mas
natural y sencillo colegir que los cristianos mozárabes la aprendieron
de sus dominadores, y la introdujeron en sus construcciones con todas
las otras innovaciones de carácter oriental que tambien tomaron de
ellos?
Otro fundamento por fin pudiera ser la ornamentacion arquitectónica de
las citadas parroquias, no como hoy se manifiestan al primer golpe de
vista, sino despues de buscar y contemplar sus partes mas antiguas.
Porque sucede con frecuencia hallar un edificio de estos medio
encubierto por defuera con miembros en diversos tiempos añadidos,
dejando apenas ver por encima de un tejado, ó donde menos se esperaba,
los indicios de una fachada inutilizada, los restos de un primitivo
ábside semicircular, ó cosas semejantes. Dicha ornamentacion es por sí
misma motivo de grandes dudas en Andalucía; no lo seria en cualquiera de
las provincias del norte ó del centro de España. Aquellas portadas de
una porcion de archivoltas concéntricas, de molduras grandemente
rehundidas, formando arco abocinado, y revestidas de dientes de sierra,
de puntas de diamante, de zig-zags, de graciosos pometados y de
menudísima follagería que deja modestamente campear las líneas sin
encubrirlas; aquellos capitelitos en forma de dados, aquellos lisos y
sencillos fustes que son como la prolongacion misma de los gruesos
resaltos ó molduras de la archivolta; aquellos cordones ó funículos que
á manera de collarines ciñen los fustes por debajo de los capitelillos,
sin interrumpirse de una á otra esbelta columnilla; aquellas lindas
repisas, todas trabajosamente esculpidas con caras, ó figurillas, ó
follage, que suelen ser el sosten de otros capitelillos intermedios que
forman con los de las columnas una faja contínua y apretada de preciosos
dados; finalmente, aquellos rústicos tejaroces que coronan las antiguas
portadas, y cuyos caprichosos y variados canes, á veces de espantables
monstruos, á veces de lisas y toscas molduras horizontales, casi nunca
caen simétricamente sobre las puertas: todos estos son caractéres
inequívocos del mas puro gusto bizantino segun se practicó en España
desde los tiempos de los sucesores de Carlomagno hasta fines del siglo
XIII. Pero son sumamente equívocos en toda Andalucía, dominada y
aleccionada por las gentes de levante, primero en el siglo VI por el
vergonzoso pacto de Athanagildo, luego desde el VIII en adelante por el
gran desastre de que fué causa la sensualidad de D. Rodrigo. Cabalmente
en ambas épocas despedia la mas codiciada luz, difundiéndola hasta las
gélidas regiones septentrionales, la escuela artística de Bizancio:
Justiniano y los Porfirogénitos fueron en ellas verdaderos faros para
los otros reyes de Europa. Ahora bien, si esta ornamentacion, cuyos
caractéres todos son neo-griegos, sin mas mezcla en apariencia
occidental que el arco levemente apuntado (que vimos en la catedral
empleado tambien por los arquitectos árabes como mero motivo de
decoracion mucho antes de formularse el gran sistema ojival en
Occidente); si esta ornamentacion, repetimos, era la que se usaba,
tomada de Oriente, por los españoles andaluces del siglo de S. Eulogio;
en este caso, no habria inconveniente para contar entre las antiguas
basílicas mozárabes las cuatro de que vamos hablando. Y no solamente
estas cuatro, sino tambien la que es hoy parroquia de Santiago, donde se
observa el mismo estilo decorativo que hemos ligeramente bosquejado.
Es cierto que el estilo que hemos denominado bizantino y neo-griego, y
que otros llaman _románico_ y romano-bizantino, no empezó á prevalecer
en la generalidad de los Estados europeos hasta el XI siglo,
perpetuándose despues, en unos hasta fines del XII, en otros hasta el
último tercio del siglo XIII, como sucedió en muchas provincias de
España. Pero ¿quién negará por eso que las provincias del mediodia de
nuestra península pudieron bajo la influencia arábiga adelantarse en las
prácticas del estilo bizantino mas de dos siglos á las demas naciones de
Europa, apegadas á sus usos antiguos? ¿Se ignora por ventura que Córdoba
y Bizancio daban leyes de cultura y buen gusto al Occidente todavía
semi-bárbaro en la época floreciente de Abde-r-rahman _el Grande_?
Nótese que el siglo de S. Eulogio fué aquel en que el arte arábigo, hijo
primogénito del bizantino, segun queda latamente demostrado en el
capítulo anterior, alcanzó su mayor grado de esplendor; y que el arte
mozárabe, cualquiera que fuese, no podia permanecer estraño á sus
atractivos.
Pero supongamos que se mantuviese puro é incontaminado en sus antiguas
prácticas romanas: todavia quedan en pié los dos primeros fundamentos
que hemos esplanado para persuadir la antigüedad de las cuatro
parroquias referidas; y en este caso lo único que concederemos será, que
esa ornamentacion bizantina (practicada en casi toda España durante el
siglo XIII juntamente con la ojival primaria) ha sido añadida despues de
la reconquista para engalanar mas las basílicas ó parroquias que ya
existian. De todas maneras, cualquiera que compare la portada de la
fachada antigua de _Santiago_ con la lateral de _Sta. Marina_ publicada
en este tomo, advertirá desde luego una gran diferencia: la de Santiago
con sus capitelitos cúbicos esculpidos, con aquel funículo corrido que
sirve de astrágalo á los fustes de las columnillas, con aquella
rusticidad de canes fantásticos colocados sin ninguna simetría, revela
al primer golpe de vista una época muy anterior á la de la reconquista.
La de Sta. Marina al contrario está pregonando su orígen septentrional:
las columnillas que sostienen la sencilla archivolta llevan esbeltos
capiteles de follages como los que se ven en las construcciones ojivales
del siglo XIII, y la portada se corona con un alto y agudo gablete, muy
sencillo y muy saliente, flanqueado de dos estribos á modo de agujas que
rematan en una especie de flor de lis, formando un conjunto que
constituye una muestra perfecta del primer estilo ojival implantado en
España. Esta sí que es una restauracion hecha en la basílica antigua
despues de la reconquista.
Pero ¿quién se atreverá hoy á clasificar con seguridad la arquitectura
de las interesantísimas parroquias de Córdoba? El indiferentismo
artístico, y las mas de las veces una crasa ignorancia, oponen
dificultades inmensas al observador concienzudo para reconocer,
desenmascarar y examinar cómoda y detenidamente sus partes. A los
señores rector y beneficiados poco les importa que su iglesia sea ó no
visitada y elogiada por los arqueólogos. Con tal que esté bien
enjalvegada por fuera, y por dentro bien blanqueada y clara, les es de
todo punto indiferente que se vean ó no los antiguos ornatos esculpidos;
que pueda ó no estudiarse en ella el aparato de la construccion, su
corte de piedras, etc.; que se le atribuya ó no una remota antigüedad
(cuando no es para ellos esta antigüedad la causa misma de su
indiferencia). ¡Como si fuera negocio de poca monta y sin influencia
para avivar el celo religioso de sus feligreses, el saber de positivo
que esas mismas paredes y ese mismo recinto habian albergado en otro
tiempo á aquellos ilustres mártires de los siglos IX y X, y resonado con
los himnos de dolor y de júbilo de la desgraciada grey mozárabe, unas
veces atribulada por las persecuciones, otras regida en paz y justicia
al cesar aquellas!
[411] D. Francisco Sanchez Feria en su obra inédita citada: _Descripcion
moderna y antigua de la ciudad de Córdoba_, pág. 40.
[412] Dos iglesias hay en la villa ó parte alta muy curiosas por lo
claramente que indican haber servido de mezquitas: es la una aquella
misma iglesia de S. Jorge, hoy monasterio de Sta. Clara, en cuya torre
se advierte por la parte inferior la manera de construir de los árabes,
con sillares alternados á lo largo y de canto; otra es la iglesia de S.
Miguel, que conserva de estilo morisco una lindísima fachada lateral con
portada de ojiva túmida, ceñida por un arrabá de bellas fajas
esculpidas, y flanqueada de esbeltas columnillas con capiteles
bizantinos; y además una magnífica claraboya de arquitos de herradura
sobre columnitas que parten del centro como otros tantos radios.
[413] Lo demuestra el sabio anticuario romano _Ciampini_ en varias obras
de grande erudicion, una de las cuales se titula _Vetera monimenta_: en
dos tomos en folio.
[414] L. May: _Des temples anciens et modernes_.
[415] El pueblo longobardo, que era menos civilizado que el nuestro, vió
en el siglo VI, en tiempo de su reina Teodelinda, cubrir de pinturas las
paredes de la basílica de Monza, representando las proezas de todos los
reyes de aquella raza hasta Agilulfo. Paul. Diac. _Historia de los
longobardos_, cap. 23, lib. 4.º
[416] Habia particulares que fundaban iglesias y monasterios, y los
dotaban, y estos conservaban en la España mozárabe los mismos derechos
de patronato que les habian reconocido las leyes visigodas. Como
ejemplos de monasterios fundados por particulares, solo en la Sierra de
Córdoba y sin salir del IX siglo, podemos citar dos: el _Tabanense_ y el
de _Peñamelaria_, costeados, el primero por los piadosos cónyuges
Jeremias é Isabel, y el segundo por los padres de la mártir Sta.
Pomposa.
[417] En cuanto á esta dependencia subsistia el mismo régimen de la
España goda. El obispo era el principal administrador de todas las
rentas eclesiásticas, que se componian: de los diezmos y oblaciones
gratuitas de los fieles, y del producto de las haciendas y demas
inmuebles. Cuidaba de ellas un _ecónomo_, nombrado por el obispo. Los
diezmos y oblaciones se dividian en tres partes: una para el prelado,
otra para los presbíteros y diáconos, otra para los subdiáconos y demas
clérigos. Otras tres partes se hacian del rendimiento de los inmuebles:
la primera para el obispo, la segunda para los beneficiados, la tercera
para la manutencion y conservacion de la iglesia de que procedian,
estando particularmente prevenido que si alguna parroquia necesitaba
hacer obra y no tenia bastante dinero, la costease el obispo. Para
impedir que los prelados se apoderasen de cosa alguna de la iglesia, ó
apropiasen á su catedral lo que era de las parroquias ó monasterios,
estaba mandado que todo obispo despues de su consagracion se hiciese
cargo con inventario formal y delante de cinco testigos de lo que se le
entregaba en bienes raices y muebles, y en su archivo tuviese nota
auténtica de las haciendas y haberes de todas las iglesias de su
diócesi.
[418] «Cada cura, dice Masdeu (Hist. crít. etc., tomo XI, _España goda_,
lib. III), tenia para el servicio del coro y de su iglesia un número de
clérigos á proporcion de las rentas, pues con estas debia vestirlos y
mantenerlos con la debida decencia, teniendo derecho al mismo tiempo
para castigarlos y aun azotarlos si no cumplian con su obligacion.» Esta
costumbre de la España goda persistió bajo la dominacion sarracena, y en
todas las iglesias, fuesen ó no monasterios, hacia el clero vida regular
y conventual bajo la direccion de su cura ó rector, llamado tambien
_abad_. Así lo aseveran Morales y otros diligentes historiadores.
[419] Véase pág. 95, nota 3.
[420] Ibid., nota 2.
[421] S. Isidoro: _Operum_, tomo 2. _De Ecclesiasticis officiis_, lib.
II, cap. 2.
[422] Esta creemos sea la interpretacion que deba darse al pasage en que
S. Eulogio refiere (_Mentor. Sanctor._, lib. II, cap. 10) que los Stos.
Aurelio y Félix resolvieron declarar abiertamente su fé haciendo que sus
esposas fuesen á la iglesia _sin llevar cubierto el rostro_. Es claro
que esta mera circunstancia las hacia aparecer cristianas, puesto que
todas las mujeres entre los sarracenos, casadas, solteras y viudas,
llevaban tapado el rostro con solos los ojos descubiertos.
[423] En la Galia Narbonense, menos modestos, solian los clérigos
cubrirse de púrpura, distintivo de los magistrados. Los nuestros no
incurrieron jamás en semejante vanidad, si bien fué necesario que el
presbítero Leovigildo con su libro _de habitu clericorum_ pusiese
correctivo á ciertos abusos en no mantener como era debido la insignia
de los órdenes mayores.
[424] Los legos dejaban crecer la barba; los eclesiásticos la raían
segun la costumbre antigua del clero de Occidente, contraria á la del
clero griego; así lo afirma S. Gregorio VII, lib. 8, Epist.
[425] Cerca del pueblo de Trasierra, que pertenecia al antiguo condado
de Espiel, se encontró limpiando un pozo una campana del tiempo de que
vamos hablando. Era un donativo ofrecido por el célebre abad Sanson,
rector de la basílica de S. Zoil y abad del monasterio pinamelariense, á
una iglesia titulada de S. Sebastian, de la cual no queda hoy mas
memoria sino que estaba en la Sierra de Córdoba á tres leguas de la
ciudad. Consérvase esta campana en el Museo provincial de la misma: es
de bronce, tiene un solo palmo de diámetro y no tanto de alto; por de
fuera es próximamente hemisférica, y tiene en su borde una inscripcion
grabada con muchas abreviaturas, que dice así: OFFERT HOC MUNUS SANSON
ABBATIS IN DOMUM SANCTI SABASTIANI MARTYRIS CHRISTI. ERA DCCCC ET XIII.
Esta campana singular, que se conserva sin badajo, de seguro no tiene
mas sonido que un buen cencerro de los llamados _zumbones_, y es
materialmente imposible que pudiese servir para el oficio que hoy entre
nosotros tienen las campanas, no estando acompañada de otras varias y
formando con ellas una cosa parecida al juego de repique que los
franceses llaman _carrillon_.
[426] Alvaro: _Indículo luminoso_, núm. 3.
[427] Así lo testifica S. Eulogio en su Epist. 2.ª á Alvaro.
[428] La legacía de S. Juan Gorziense es uno de los sucesos mas curiosos
que puede presentar la historia diplomática de la edad media. Labbe,
Mabillon y Pagi nos dan de ella estensas noticias, que hallará el lector
habilmente recopiladas en Gomez Bravo, _Catálogo de los obispos_, etc.,
tomo I, pág.ª 206 y siguientes.
[429] Llamábase monasterio dúplice ó mixto aquel en que hacian vida
reglada y monástica personas de ambos sexos, si bien con la debida
separacion interior, la cual era sumamente rigurosa, como se verá mas
adelante. Estos monasterios fueron muy comunes en la Bética, y aun en
toda España, desde que se introdujo la vida monacal en ella. En el
concilio segundo hispalense celebrado bajo el reinado de Sisebuto, esto
es, en el primer tercio del siglo VII, se dictaron reglas muy prudentes
sobre esta clase de monasterios.
[430] Véase pág. 142.
[431] Ibid., nota 1.
[432] «_Vastissimam horret inter deserta montium solitudinem._» (S.
Eulogio. Memor. Sanctor., lib. II, cap. IV.) Ambrosio de Morales en sus
escolios á esta obra dice que cerca de este antiguo monasterio se
edificó despues el de S. Francisco del Monte, distante veinticuatro
millas de Córdoba, á la márgen del Guadamellato. Bien advierte Florez en
su _España Sagrada_ que esta distancia no concuerda con la de treinta
millas, que es la que asigna S. Eulogio al monasterio Armilatense; pero
haciéndose cargo de que podria tal vez haber error en los números, añade
«que aunque el lugar no sea idéntico, es tan notable la observancia de
los venerables padres franciscanos en aquella soledad, que pueden
decirse herederos del espíritu y vigor de los antiguos.»
[433] Acerca del sitio que ocupaba este insigne monasterio nada se sabe
de positivo. Hay tradicion de que estuvo en el mismo lugar donde
floreció despues otro famoso santuario, titulado de _Sta. María de las
Huertas_, que existia en pié cuando la ciudad fué conquistada por S.
Fernando en 1236, y que adquirió tierras en el ruedo ó repartimiento
hecho por este rey, segun puede verse en Gomez Bravo, _Catálogo de los
obispos_, etc., al año 1250. No todos los que han escrito de
antigüedades cordobesas se acomodan con esta tradicion. Morales, Gomez
Bravo y otros la sostienen; D. Bartolomé Sanchez Feria en su _Palestra
Sagrada_ (nota 2 al dia 7 de junio) la impugna; y despues de esplicar la
inteligencia que debe darse al breve texto de S. Eulogio que sirve á
aquellos de fundamento: _in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte
occidentali enitescit_: concluye que _Cuteclara_ estuvo donde hoy
_Córdoba la vieja_. Esta conclusion de Sanchez Feria es errónea, porque,
como mas adelante veremos en el capítulo sobre _Medina Az-zahra_, ni
_Córdoba la vieja_ está al occidente de Córdoba, ni hubo jamás en ese
terreno otras construcciones que las de aquel famoso palacio árabe cuyas
ruinas se ven todavía. D. Pedro de Cárdenas y Angulo (_Vida del ermitaño
Francisco de Sta. Ana_), describiendo el sitio de la Albayda, dice:
_Aquí fué el antiguo convento de Sta. María de Cuteclara_. Tambien esta
aseveracion es equivocada: en primer lugar la Albayda está al norte de
la ciudad, no al occidente, como era menester que estuviese para dejar
ileso el texto de S. Eulogio; en segundo lugar, en la Albayda no se han
descubierto jamás rastros de edificacion que puedan suponerse de aquella
fecha. Allí no hay mas edificio que un castillo, hoy propiedad del conde
de Hornachuelos, cuya construccion es moderna comparativamente á la
época de que se trata, aunque en él se descubran cimientos y muros del
tiempo de los árabes.
A falta, pues, de mas sólidas razones con que destruir la piadosa
tradicion, séanos dado seguirla.
El santuario _de las Huertas_ y la imágen que en él se veneraba eran
objeto de una muy asídua y particular devocion de parte de los
cordobeses al tiempo de la reconquista, y de este culto hay abundantes
memorias en los siglos siguientes, así en mandas de testamentos, como en
procesiones y plegarias motivadas por varias necesidades públicas. De
uno de estos instrumentos, que es la disposicion testamentaria del dean
D. Ruy Perez otorgada en 1391, se colige que el santuario de la Vírgen
_de las Huertas_, sin mudar su título, se habia convertido ya en
beaterio y clausura de mujeres devotas, que llamaban _emparedadas_; y
así se le nombra constantemente en otros testamentos posteriores. Luego
vemos establecida en este santuario una cofradía con el título de
Nuestra Señora de _Roque-Amador_ ó _Rocamador_, fundada en época
incierta. Ultimamente, en 1510, por donacion hecha á los religiosos de
S. Francisco de Paula ó de la Victoria, de esta santa casa con todas sus
pertenencias, la cofradía de Rocamador se trasladó al hospital de S.
Hipólito, dentro de la ciudad, hoy ermita de Nuestra Señora de la
Alegría; las emparedadas pasaron tambien á otra casa, y la iglesia del
antiguo santuario se conservó unida á modo de capilla al nuevo templo
que los religiosos de la Victoria levantaron. Tienen este templo y
convento de Mínimos, ya desierto, su situacion extramuros de la ciudad,
cerca de la puerta Gallegos y Almodovar, y en la escritura de donacion á
que debió su existencia se lée la condicion de que habia de titularse
_Monasterium Sanctæ Mariæ de Victoria de hortis_, para que se perpetuase
la memoria de santuario tan antiguo. Así pues, segun la piadosa
tradicion, la iglesia del antiguo y célebre monasterio _cuteclarense_
habia estado donde estaba ahora la del nuevo convento.
Hasta la entrada de los franceses en el presente siglo subsistió al lado
del altar de S. Francisco de Paula, donde se habia colocado tambien la
antigua imágen de Nuestra Señora, una tabla que á la letra decia así:
«Por la mucha humedad y oscuridad de la capilla que está á espaldas de
esta obra, y por el poco culto y escasa decencia con que en ella se
servian el depósito del Santísimo Sacramento y las sagradas imágenes de
Nuestra Señora _de las Huertas_ ó _de Cuteclara_, y de nuestro glorioso
padre S. Francisco de Paula, se sacaron y colocaron en este retablo y
altar, que se les construyó el año de 1715.» Al cerrarse esta iglesia al
culto con la supresion de los regulares, la imágen de Nuestra Señora fué
llevada á la colegial de S. Hipólito y puesta en el altar de Jesus
Crucificado.--Nosotros hemos tenido ocasion de contemplarla de cerca y
detenidamente en la sacristía del referido templo, donde se hallaba no
sabemos por qué motivo; y observamos en ella algunas de las
incorrecciones que caracterizan las obras de escultura de los mas
remotos siglos de la edad media. Estremos grandes y desproporcionados,
formas cuadradas y sin esbeltez, miembros cortos y abultados que hacen
aparecer las figuras enanas, pliegues en cuya disposicion se advierten
reminiscencias del clásico antiguo, y por lo tanto mucho mas correctos
que los de la escultura de los siglos X, XI y XII, puramente
convencionales y bárbaros: todas estas son facciones propias de una
creacion goda, y confirman hasta cierto punto la tradicion de ser
aquella imágen la misma que veneraron los santos mártires del monasterio
_cuteclarense_. Es de piedra, está sentada con el niño Jesus en el
regazo, en el cual por cierto se halla el divino infante como hundido; y
parece escusado añadir que ambas figuras han sido repetidamente
acariciadas en estos últimos siglos por las brochas de los _pintadores_.
[434] Así lo atestiguan Beda y Mabillon.
[435] Véase Flores, _España Sagrada_; Masdeu, _Hist. crít._, etc.
[436] Véase el comentario á los cánones ó capítulos del concilio de
Aquisgran que publicó Yepes al fin del tomo III de su interesante
_Crónica de S. Benito_: en el cual se citan de contínuo ejemplos de
prácticas y usos observados en los monasterios de España, en especial en
el de S. Benito de Valladolid, en cumplimiento de lo preceptuado en
dichas constituciones.