[410] Son de esta opinion el P. Roa, el Dr. Gomez Bravo, y otros

diligentes conservadores de las memorias sagradas de Córdoba. Pero no

son solo razones de autoridad las que nos inclinan á su sentir. La sana

crítica no buscará en vano fundamentos que persuadan la grande

antigüedad de los referidos templos. Sea el primero esa como marca ó

señal gloriosa que parece providencialmente conservada en ellos para que

puedan en todo tiempo ser reconocidos; á saber, el desmoche ó demolicion

de sus torres acaecido bajo las sangrientas persecuciones de Mohammed,

hecho singularmente notable que S. Eulogio testifica en dos de sus

obras. Han trascurrido siglos y siglos; pudo la brillante época de S.

Fernando haber erigido en su lugar nuevas torres, y aun parecia

necesario hacerlo; las basílicas sin embargo han subsistido con sus

torres desmochadas, como en memoria de aquella tempestad terrible

suscitada contra la verdadera fé que tronchó los sagrados mástiles de

las naves del Pescador sin sumergir estas; y si alguna se ha

reedificado, ha sido, como la de S. Lorenzo, en tiempos muy posteriores,

sin temor de que atribuya nadie á una época misma el cuerpo de la

iglesia y su torre.

Otro fundamento es la clase de construccion que en los muros maestros de

dichas parroquias se advierte, donde por rara casualidad la ha dejado

descubierta la _manía rebocadora_ de los señores rectores y obreros que

de tiempos atrás se han venido sucediendo, la cual cubre hoy

indistintamente con una capa de cal y ocre de medio pié de espesor así

los rústicos y lisos paredones, como las antiguas, menudas y prolijas

esculturas de las archivoltas, capiteles, cenefillas, repisas, etc. Este

género de construccion es por hiladas de sillares, en las que alternan

uno por largo y otro ú otros dos como de canto; y el escrupuloso

observador Diaz de Rivas lo hace peculiar de las fábricas arábigas.

Adviértese en S. Lorenzo, de la cual hay tradicion que ocupa el sitio

mismo de la basílica erigida en 262 por escitacion de S. Sixto II en el

solar donde habia nacido el santo mártir. Ahora bien, si esta práctica

es una importacion de los árabes, ¿cómo suponer que estuviese en uso en

tiempo de la reconquista, esto es, cuando ya apenas quedaba en Córdoba

un puñado de mudéjares, y cuando el nuevo estilo occidental triunfante

tenia mas proporcion de ostentar sus medios particulares? ¿No es mas

natural y sencillo colegir que los cristianos mozárabes la aprendieron

de sus dominadores, y la introdujeron en sus construcciones con todas

las otras innovaciones de carácter oriental que tambien tomaron de

ellos?

Otro fundamento por fin pudiera ser la ornamentacion arquitectónica de

las citadas parroquias, no como hoy se manifiestan al primer golpe de

vista, sino despues de buscar y contemplar sus partes mas antiguas.

Porque sucede con frecuencia hallar un edificio de estos medio

encubierto por defuera con miembros en diversos tiempos añadidos,

dejando apenas ver por encima de un tejado, ó donde menos se esperaba,

los indicios de una fachada inutilizada, los restos de un primitivo

ábside semicircular, ó cosas semejantes. Dicha ornamentacion es por sí

misma motivo de grandes dudas en Andalucía; no lo seria en cualquiera de

las provincias del norte ó del centro de España. Aquellas portadas de

una porcion de archivoltas concéntricas, de molduras grandemente

rehundidas, formando arco abocinado, y revestidas de dientes de sierra,

de puntas de diamante, de zig-zags, de graciosos pometados y de

menudísima follagería que deja modestamente campear las líneas sin

encubrirlas; aquellos capitelitos en forma de dados, aquellos lisos y

sencillos fustes que son como la prolongacion misma de los gruesos

resaltos ó molduras de la archivolta; aquellos cordones ó funículos que

á manera de collarines ciñen los fustes por debajo de los capitelillos,

sin interrumpirse de una á otra esbelta columnilla; aquellas lindas

repisas, todas trabajosamente esculpidas con caras, ó figurillas, ó

follage, que suelen ser el sosten de otros capitelillos intermedios que

forman con los de las columnas una faja contínua y apretada de preciosos

dados; finalmente, aquellos rústicos tejaroces que coronan las antiguas

portadas, y cuyos caprichosos y variados canes, á veces de espantables

monstruos, á veces de lisas y toscas molduras horizontales, casi nunca

caen simétricamente sobre las puertas: todos estos son caractéres

inequívocos del mas puro gusto bizantino segun se practicó en España

desde los tiempos de los sucesores de Carlomagno hasta fines del siglo

XIII. Pero son sumamente equívocos en toda Andalucía, dominada y

aleccionada por las gentes de levante, primero en el siglo VI por el

vergonzoso pacto de Athanagildo, luego desde el VIII en adelante por el

gran desastre de que fué causa la sensualidad de D. Rodrigo. Cabalmente

en ambas épocas despedia la mas codiciada luz, difundiéndola hasta las

gélidas regiones septentrionales, la escuela artística de Bizancio:

Justiniano y los Porfirogénitos fueron en ellas verdaderos faros para

los otros reyes de Europa. Ahora bien, si esta ornamentacion, cuyos

caractéres todos son neo-griegos, sin mas mezcla en apariencia

occidental que el arco levemente apuntado (que vimos en la catedral

empleado tambien por los arquitectos árabes como mero motivo de

decoracion mucho antes de formularse el gran sistema ojival en

Occidente); si esta ornamentacion, repetimos, era la que se usaba,

tomada de Oriente, por los españoles andaluces del siglo de S. Eulogio;

en este caso, no habria inconveniente para contar entre las antiguas

basílicas mozárabes las cuatro de que vamos hablando. Y no solamente

estas cuatro, sino tambien la que es hoy parroquia de Santiago, donde se

observa el mismo estilo decorativo que hemos ligeramente bosquejado.

Es cierto que el estilo que hemos denominado bizantino y neo-griego, y

que otros llaman _románico_ y romano-bizantino, no empezó á prevalecer

en la generalidad de los Estados europeos hasta el XI siglo,

perpetuándose despues, en unos hasta fines del XII, en otros hasta el

último tercio del siglo XIII, como sucedió en muchas provincias de

España. Pero ¿quién negará por eso que las provincias del mediodia de

nuestra península pudieron bajo la influencia arábiga adelantarse en las

prácticas del estilo bizantino mas de dos siglos á las demas naciones de

Europa, apegadas á sus usos antiguos? ¿Se ignora por ventura que Córdoba

y Bizancio daban leyes de cultura y buen gusto al Occidente todavía

semi-bárbaro en la época floreciente de Abde-r-rahman _el Grande_?

Nótese que el siglo de S. Eulogio fué aquel en que el arte arábigo, hijo

primogénito del bizantino, segun queda latamente demostrado en el

capítulo anterior, alcanzó su mayor grado de esplendor; y que el arte

mozárabe, cualquiera que fuese, no podia permanecer estraño á sus

atractivos.

Pero supongamos que se mantuviese puro é incontaminado en sus antiguas

prácticas romanas: todavia quedan en pié los dos primeros fundamentos

que hemos esplanado para persuadir la antigüedad de las cuatro

parroquias referidas; y en este caso lo único que concederemos será, que

esa ornamentacion bizantina (practicada en casi toda España durante el

siglo XIII juntamente con la ojival primaria) ha sido añadida despues de

la reconquista para engalanar mas las basílicas ó parroquias que ya

existian. De todas maneras, cualquiera que compare la portada de la

fachada antigua de _Santiago_ con la lateral de _Sta. Marina_ publicada

en este tomo, advertirá desde luego una gran diferencia: la de Santiago

con sus capitelitos cúbicos esculpidos, con aquel funículo corrido que

sirve de astrágalo á los fustes de las columnillas, con aquella

rusticidad de canes fantásticos colocados sin ninguna simetría, revela

al primer golpe de vista una época muy anterior á la de la reconquista.

La de Sta. Marina al contrario está pregonando su orígen septentrional:

las columnillas que sostienen la sencilla archivolta llevan esbeltos

capiteles de follages como los que se ven en las construcciones ojivales

del siglo XIII, y la portada se corona con un alto y agudo gablete, muy

sencillo y muy saliente, flanqueado de dos estribos á modo de agujas que

rematan en una especie de flor de lis, formando un conjunto que

constituye una muestra perfecta del primer estilo ojival implantado en

España. Esta sí que es una restauracion hecha en la basílica antigua

despues de la reconquista.

Pero ¿quién se atreverá hoy á clasificar con seguridad la arquitectura

de las interesantísimas parroquias de Córdoba? El indiferentismo

artístico, y las mas de las veces una crasa ignorancia, oponen

dificultades inmensas al observador concienzudo para reconocer,

desenmascarar y examinar cómoda y detenidamente sus partes. A los

señores rector y beneficiados poco les importa que su iglesia sea ó no

visitada y elogiada por los arqueólogos. Con tal que esté bien

enjalvegada por fuera, y por dentro bien blanqueada y clara, les es de

todo punto indiferente que se vean ó no los antiguos ornatos esculpidos;

que pueda ó no estudiarse en ella el aparato de la construccion, su

corte de piedras, etc.; que se le atribuya ó no una remota antigüedad

(cuando no es para ellos esta antigüedad la causa misma de su

indiferencia). ¡Como si fuera negocio de poca monta y sin influencia

para avivar el celo religioso de sus feligreses, el saber de positivo

que esas mismas paredes y ese mismo recinto habian albergado en otro

tiempo á aquellos ilustres mártires de los siglos IX y X, y resonado con

los himnos de dolor y de júbilo de la desgraciada grey mozárabe, unas

veces atribulada por las persecuciones, otras regida en paz y justicia

al cesar aquellas!

[411] D. Francisco Sanchez Feria en su obra inédita citada: _Descripcion

moderna y antigua de la ciudad de Córdoba_, pág. 40.

[412] Dos iglesias hay en la villa ó parte alta muy curiosas por lo

claramente que indican haber servido de mezquitas: es la una aquella

misma iglesia de S. Jorge, hoy monasterio de Sta. Clara, en cuya torre

se advierte por la parte inferior la manera de construir de los árabes,

con sillares alternados á lo largo y de canto; otra es la iglesia de S.

Miguel, que conserva de estilo morisco una lindísima fachada lateral con

portada de ojiva túmida, ceñida por un arrabá de bellas fajas

esculpidas, y flanqueada de esbeltas columnillas con capiteles

bizantinos; y además una magnífica claraboya de arquitos de herradura

sobre columnitas que parten del centro como otros tantos radios.

[413] Lo demuestra el sabio anticuario romano _Ciampini_ en varias obras

de grande erudicion, una de las cuales se titula _Vetera monimenta_: en

dos tomos en folio.

[414] L. May: _Des temples anciens et modernes_.

[415] El pueblo longobardo, que era menos civilizado que el nuestro, vió

en el siglo VI, en tiempo de su reina Teodelinda, cubrir de pinturas las

paredes de la basílica de Monza, representando las proezas de todos los

reyes de aquella raza hasta Agilulfo. Paul. Diac. _Historia de los

longobardos_, cap. 23, lib. 4.º

[416] Habia particulares que fundaban iglesias y monasterios, y los

dotaban, y estos conservaban en la España mozárabe los mismos derechos

de patronato que les habian reconocido las leyes visigodas. Como

ejemplos de monasterios fundados por particulares, solo en la Sierra de

Córdoba y sin salir del IX siglo, podemos citar dos: el _Tabanense_ y el

de _Peñamelaria_, costeados, el primero por los piadosos cónyuges

Jeremias é Isabel, y el segundo por los padres de la mártir Sta.

Pomposa.

[417] En cuanto á esta dependencia subsistia el mismo régimen de la

España goda. El obispo era el principal administrador de todas las

rentas eclesiásticas, que se componian: de los diezmos y oblaciones

gratuitas de los fieles, y del producto de las haciendas y demas

inmuebles. Cuidaba de ellas un _ecónomo_, nombrado por el obispo. Los

diezmos y oblaciones se dividian en tres partes: una para el prelado,

otra para los presbíteros y diáconos, otra para los subdiáconos y demas

clérigos. Otras tres partes se hacian del rendimiento de los inmuebles:

la primera para el obispo, la segunda para los beneficiados, la tercera

para la manutencion y conservacion de la iglesia de que procedian,

estando particularmente prevenido que si alguna parroquia necesitaba

hacer obra y no tenia bastante dinero, la costease el obispo. Para

impedir que los prelados se apoderasen de cosa alguna de la iglesia, ó

apropiasen á su catedral lo que era de las parroquias ó monasterios,

estaba mandado que todo obispo despues de su consagracion se hiciese

cargo con inventario formal y delante de cinco testigos de lo que se le

entregaba en bienes raices y muebles, y en su archivo tuviese nota

auténtica de las haciendas y haberes de todas las iglesias de su

diócesi.

[418] «Cada cura, dice Masdeu (Hist. crít. etc., tomo XI, _España goda_,

lib. III), tenia para el servicio del coro y de su iglesia un número de

clérigos á proporcion de las rentas, pues con estas debia vestirlos y

mantenerlos con la debida decencia, teniendo derecho al mismo tiempo

para castigarlos y aun azotarlos si no cumplian con su obligacion.» Esta

costumbre de la España goda persistió bajo la dominacion sarracena, y en

todas las iglesias, fuesen ó no monasterios, hacia el clero vida regular

y conventual bajo la direccion de su cura ó rector, llamado tambien

_abad_. Así lo aseveran Morales y otros diligentes historiadores.

[419] Véase pág. 95, nota 3.

[420] Ibid., nota 2.

[421] S. Isidoro: _Operum_, tomo 2. _De Ecclesiasticis officiis_, lib.

II, cap. 2.

[422] Esta creemos sea la interpretacion que deba darse al pasage en que

S. Eulogio refiere (_Mentor. Sanctor._, lib. II, cap. 10) que los Stos.

Aurelio y Félix resolvieron declarar abiertamente su fé haciendo que sus

esposas fuesen á la iglesia _sin llevar cubierto el rostro_. Es claro

que esta mera circunstancia las hacia aparecer cristianas, puesto que

todas las mujeres entre los sarracenos, casadas, solteras y viudas,

llevaban tapado el rostro con solos los ojos descubiertos.

[423] En la Galia Narbonense, menos modestos, solian los clérigos

cubrirse de púrpura, distintivo de los magistrados. Los nuestros no

incurrieron jamás en semejante vanidad, si bien fué necesario que el

presbítero Leovigildo con su libro _de habitu clericorum_ pusiese

correctivo á ciertos abusos en no mantener como era debido la insignia

de los órdenes mayores.

[424] Los legos dejaban crecer la barba; los eclesiásticos la raían

segun la costumbre antigua del clero de Occidente, contraria á la del

clero griego; así lo afirma S. Gregorio VII, lib. 8, Epist.

[425] Cerca del pueblo de Trasierra, que pertenecia al antiguo condado

de Espiel, se encontró limpiando un pozo una campana del tiempo de que

vamos hablando. Era un donativo ofrecido por el célebre abad Sanson,

rector de la basílica de S. Zoil y abad del monasterio pinamelariense, á

una iglesia titulada de S. Sebastian, de la cual no queda hoy mas

memoria sino que estaba en la Sierra de Córdoba á tres leguas de la

ciudad. Consérvase esta campana en el Museo provincial de la misma: es

de bronce, tiene un solo palmo de diámetro y no tanto de alto; por de

fuera es próximamente hemisférica, y tiene en su borde una inscripcion

grabada con muchas abreviaturas, que dice así: OFFERT HOC MUNUS SANSON

ABBATIS IN DOMUM SANCTI SABASTIANI MARTYRIS CHRISTI. ERA DCCCC ET XIII.

Esta campana singular, que se conserva sin badajo, de seguro no tiene

mas sonido que un buen cencerro de los llamados _zumbones_, y es

materialmente imposible que pudiese servir para el oficio que hoy entre

nosotros tienen las campanas, no estando acompañada de otras varias y

formando con ellas una cosa parecida al juego de repique que los

franceses llaman _carrillon_.

[426] Alvaro: _Indículo luminoso_, núm. 3.

[427] Así lo testifica S. Eulogio en su Epist. 2.ª á Alvaro.

[428] La legacía de S. Juan Gorziense es uno de los sucesos mas curiosos

que puede presentar la historia diplomática de la edad media. Labbe,

Mabillon y Pagi nos dan de ella estensas noticias, que hallará el lector

habilmente recopiladas en Gomez Bravo, _Catálogo de los obispos_, etc.,

tomo I, pág.ª 206 y siguientes.

[429] Llamábase monasterio dúplice ó mixto aquel en que hacian vida

reglada y monástica personas de ambos sexos, si bien con la debida

separacion interior, la cual era sumamente rigurosa, como se verá mas

adelante. Estos monasterios fueron muy comunes en la Bética, y aun en

toda España, desde que se introdujo la vida monacal en ella. En el

concilio segundo hispalense celebrado bajo el reinado de Sisebuto, esto

es, en el primer tercio del siglo VII, se dictaron reglas muy prudentes

sobre esta clase de monasterios.

[430] Véase pág. 142.

[431] Ibid., nota 1.

[432] «_Vastissimam horret inter deserta montium solitudinem._» (S.

Eulogio. Memor. Sanctor., lib. II, cap. IV.) Ambrosio de Morales en sus

escolios á esta obra dice que cerca de este antiguo monasterio se

edificó despues el de S. Francisco del Monte, distante veinticuatro

millas de Córdoba, á la márgen del Guadamellato. Bien advierte Florez en

su _España Sagrada_ que esta distancia no concuerda con la de treinta

millas, que es la que asigna S. Eulogio al monasterio Armilatense; pero

haciéndose cargo de que podria tal vez haber error en los números, añade

«que aunque el lugar no sea idéntico, es tan notable la observancia de

los venerables padres franciscanos en aquella soledad, que pueden

decirse herederos del espíritu y vigor de los antiguos.»

[433] Acerca del sitio que ocupaba este insigne monasterio nada se sabe

de positivo. Hay tradicion de que estuvo en el mismo lugar donde

floreció despues otro famoso santuario, titulado de _Sta. María de las

Huertas_, que existia en pié cuando la ciudad fué conquistada por S.

Fernando en 1236, y que adquirió tierras en el ruedo ó repartimiento

hecho por este rey, segun puede verse en Gomez Bravo, _Catálogo de los

obispos_, etc., al año 1250. No todos los que han escrito de

antigüedades cordobesas se acomodan con esta tradicion. Morales, Gomez

Bravo y otros la sostienen; D. Bartolomé Sanchez Feria en su _Palestra

Sagrada_ (nota 2 al dia 7 de junio) la impugna; y despues de esplicar la

inteligencia que debe darse al breve texto de S. Eulogio que sirve á

aquellos de fundamento: _in vico Cuteclara non longe ab urbe in parte

occidentali enitescit_: concluye que _Cuteclara_ estuvo donde hoy

_Córdoba la vieja_. Esta conclusion de Sanchez Feria es errónea, porque,

como mas adelante veremos en el capítulo sobre _Medina Az-zahra_, ni

_Córdoba la vieja_ está al occidente de Córdoba, ni hubo jamás en ese

terreno otras construcciones que las de aquel famoso palacio árabe cuyas

ruinas se ven todavía. D. Pedro de Cárdenas y Angulo (_Vida del ermitaño

Francisco de Sta. Ana_), describiendo el sitio de la Albayda, dice:

_Aquí fué el antiguo convento de Sta. María de Cuteclara_. Tambien esta

aseveracion es equivocada: en primer lugar la Albayda está al norte de

la ciudad, no al occidente, como era menester que estuviese para dejar

ileso el texto de S. Eulogio; en segundo lugar, en la Albayda no se han

descubierto jamás rastros de edificacion que puedan suponerse de aquella

fecha. Allí no hay mas edificio que un castillo, hoy propiedad del conde

de Hornachuelos, cuya construccion es moderna comparativamente á la

época de que se trata, aunque en él se descubran cimientos y muros del

tiempo de los árabes.

A falta, pues, de mas sólidas razones con que destruir la piadosa

tradicion, séanos dado seguirla.

El santuario _de las Huertas_ y la imágen que en él se veneraba eran

objeto de una muy asídua y particular devocion de parte de los

cordobeses al tiempo de la reconquista, y de este culto hay abundantes

memorias en los siglos siguientes, así en mandas de testamentos, como en

procesiones y plegarias motivadas por varias necesidades públicas. De

uno de estos instrumentos, que es la disposicion testamentaria del dean

D. Ruy Perez otorgada en 1391, se colige que el santuario de la Vírgen

_de las Huertas_, sin mudar su título, se habia convertido ya en

beaterio y clausura de mujeres devotas, que llamaban _emparedadas_; y

así se le nombra constantemente en otros testamentos posteriores. Luego

vemos establecida en este santuario una cofradía con el título de

Nuestra Señora de _Roque-Amador_ ó _Rocamador_, fundada en época

incierta. Ultimamente, en 1510, por donacion hecha á los religiosos de

S. Francisco de Paula ó de la Victoria, de esta santa casa con todas sus

pertenencias, la cofradía de Rocamador se trasladó al hospital de S.

Hipólito, dentro de la ciudad, hoy ermita de Nuestra Señora de la

Alegría; las emparedadas pasaron tambien á otra casa, y la iglesia del

antiguo santuario se conservó unida á modo de capilla al nuevo templo

que los religiosos de la Victoria levantaron. Tienen este templo y

convento de Mínimos, ya desierto, su situacion extramuros de la ciudad,

cerca de la puerta Gallegos y Almodovar, y en la escritura de donacion á

que debió su existencia se lée la condicion de que habia de titularse

_Monasterium Sanctæ Mariæ de Victoria de hortis_, para que se perpetuase

la memoria de santuario tan antiguo. Así pues, segun la piadosa

tradicion, la iglesia del antiguo y célebre monasterio _cuteclarense_

habia estado donde estaba ahora la del nuevo convento.

Hasta la entrada de los franceses en el presente siglo subsistió al lado

del altar de S. Francisco de Paula, donde se habia colocado tambien la

antigua imágen de Nuestra Señora, una tabla que á la letra decia así:

«Por la mucha humedad y oscuridad de la capilla que está á espaldas de

esta obra, y por el poco culto y escasa decencia con que en ella se

servian el depósito del Santísimo Sacramento y las sagradas imágenes de

Nuestra Señora _de las Huertas_ ó _de Cuteclara_, y de nuestro glorioso

padre S. Francisco de Paula, se sacaron y colocaron en este retablo y

altar, que se les construyó el año de 1715.» Al cerrarse esta iglesia al

culto con la supresion de los regulares, la imágen de Nuestra Señora fué

llevada á la colegial de S. Hipólito y puesta en el altar de Jesus

Crucificado.--Nosotros hemos tenido ocasion de contemplarla de cerca y

detenidamente en la sacristía del referido templo, donde se hallaba no

sabemos por qué motivo; y observamos en ella algunas de las

incorrecciones que caracterizan las obras de escultura de los mas

remotos siglos de la edad media. Estremos grandes y desproporcionados,

formas cuadradas y sin esbeltez, miembros cortos y abultados que hacen

aparecer las figuras enanas, pliegues en cuya disposicion se advierten

reminiscencias del clásico antiguo, y por lo tanto mucho mas correctos

que los de la escultura de los siglos X, XI y XII, puramente

convencionales y bárbaros: todas estas son facciones propias de una

creacion goda, y confirman hasta cierto punto la tradicion de ser

aquella imágen la misma que veneraron los santos mártires del monasterio

_cuteclarense_. Es de piedra, está sentada con el niño Jesus en el

regazo, en el cual por cierto se halla el divino infante como hundido; y

parece escusado añadir que ambas figuras han sido repetidamente

acariciadas en estos últimos siglos por las brochas de los _pintadores_.

[434] Así lo atestiguan Beda y Mabillon.

[435] Véase Flores, _España Sagrada_; Masdeu, _Hist. crít._, etc.

[436] Véase el comentario á los cánones ó capítulos del concilio de

Aquisgran que publicó Yepes al fin del tomo III de su interesante

_Crónica de S. Benito_: en el cual se citan de contínuo ejemplos de

prácticas y usos observados en los monasterios de España, en especial en

el de S. Benito de Valladolid, en cumplimiento de lo preceptuado en

dichas constituciones.

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