A 27 de octubre hizo tambien fiesta la catedral por la canonizacion de

S. Francisco de Borja, en memoria de haber predicado el santo en ella.

Los padres jesuitas, acompañados de las religiones, trajeron el santo el

dia antes hasta el _arco de las Bendiciones_, y le llevaron los

prebendados á la capilla mayor. Por la noche se iluminó la torre, y al

dia siguiente se celebró la misa, presentes los PP. que tuvieron su

asiento en el presbiterio.

1673. La misma fiesta que á S. Francisco de Borja se hizo este año á S.

Pedro Pascual, cuya imágen llevó á la catedral el convento de la Merced.

1675. El cardenal Aragon, arzobispo de Toledo, regaló á la catedral de

Córdoba en el mes de octubre dos blandones de plata y un cáliz, con su

patena, vinageras y salvilla para el culto divino en los dias clásicos.

1677. En este año se hicieron rogativas por causa de la peste que

padecian Cartagena y otros pueblos, y habiendo pedido el rey trigo para

socorrer la plaza de Orán, se le facilitaron 400 fanegas.

1678. Dieron á la iglesia, el arcediano de Córdoba D. Juan de Esquivel

un gran brasero de plata para que sirviese en las Pascuas en la capilla

mayor; y el Dr. Bañuelos un frontal de la misma materia para las

festividades del Santísimo Sacramento.

En este año volvió á pedir el rey dinero á las iglesias para los gastos

de la guerra de Sicilia.

1679. El rey Cárlos II participó al cabildo las bodas con la princesa

María Luisa de Orleans, y en la catedral se celebró este suceso haciendo

solemnes deprecaciones por la felicidad del reino.

1680 y siguientes. Fueron años de grandes calamidades para toda España y

particularmente para Córdoba, de manera que no cesaron en la catedral,

lo mismo que en las otras iglesias, las rogativas, las procesiones, las

deprecaciones, las fiestas á Nuestra Señora de Villaviciosa, al

Santísimo, á las santas reliquias de los mártires, etc. Ocurrió primero

la baja de la moneda de oro y plata; hubo un espantoso terremoto el 9 de

octubre de 1680, dia de S. Dionisio; hubo gran sequía, y luego lluvias

incesantes y tremendas avenidas, una de las cuales se llevó dos arcos

del puente; por último un contagio mortífero que duró largo tiempo. A

pesar de tan calamitosos tiempos halló medio el obispo Salizanes de

repartir grandes cantidades de dinero y de trigo, de erigir á Nuestra

Señora de la Concepcion una suntuosa capilla, de vestir lujosamente á

los niños de coro, de dotar doncellas huérfanas, de instituir

aniversarios, de hacer fundaciones pías grandes y costosas, de regalar á

su catedral reliquias, cálices, ornamentos, misales, blandones, lámparas

y otras alhajas de plata, y de socorrer toda clase de necesidades.

La rota de los turcos en Viena por las armas católicas fué el único

suceso próspero de estos años.

1693. Se hicieron en la catedral piadosas rogativas para que Dios

concediese sucesion al rey en su segunda mujer D.ª María Ana de Neuburg.

1694. Siendo muy estrecha la sacristía de la catedral para la cómoda

custodia de los ornamentos y vasos sagrados, por lo cual no correspondia

á la grandeza de la Fábrica, determinó el cardenal Salazar hacer otra

mas capaz, para cuyo objeto destinó el solar de las tres capillas de S.

Martin, S. Andrés y Sta. Bárbara.

1695. El famoso cardenal Belluga regaló al cabildo desde Roma, como

memoria de su afecto, un riquísimo terno bordado en tela blanca.

1696. Hizo el cabildo rogativas por el restablecimiento de la salud del

rey.

1698. Celebráronse nuevas rogativas por causa da la gran sequía que

afligia á la provincia, con fiestas á Nuestra Señora de Villaviciosa.

Desde este tiempo ha permanecido la milagrosa imágen en la catedral.

1700. Murió Cárlos II, y su sucesor D. Felipe V fué aclamado en Córdoba

á 3 de diciembre. El cardenal Salazar acompañado del cabildo, recibió á

la ciudad y bendijo el estandarte real. Debia hacerse la proclamacion en

la _torre del Homenage_ como era costumbre; pero por haber puesto el

Tribunal de la Inquisicion dosel en el Campo Santo, contra el uso de

ponerlo en las funciones celebradas con aparato de real representacion,

tuvo lugar aquel acto en la Plaza de la Corredera. Este suceso pareció

tan mal en la corte, que el inquisidor fué desterrado de los dominios de

España.

1701. Pidió Felipe V un donativo para socorrer á Ceuta, sitiada por el

rey de Mequinez, y obtuvo del cabildo 1000 pesos escudos.

1702. A peticion del cardenal Salazar fué declarado en Roma S. Januario

patrono menos principal de España, pero se suspendió este asunto por

intervencion de la iglesia de Santiago.

En este año imploró el cabildo con rogativas el socorro divino contra el

desembarco de los ingleses en Andalucía, y ofreció donativos á la reina

gobernadora para repelerlos: lo que tuvo feliz resultado con la

cooperacion de todas las personas notables de la provincia.

1704. Se hicieron rogativas para el feliz suceso de la campaña de

Portugal; mas para el objeto de recuperar á Gibraltar perdido hubo que

auxiliar al rey, y el cabildo de Córdoba le ofreció 800 fanegas de

trigo.

1705. Favoreció la fortuna á los ingleses, y fué menester levantar el

sitio de Gibraltar constituyéndose en la defensiva. Los enemigos

interceptaron la comunicacion entre Andalucía y Castilla, y á propuesta

del marqués de Villadarias, capitan general de las Costas, que pidió

gente y caudales para defenderlas, tuvieron que aprontar recursos el

cardenal, el cabildo y la ciudad. Al cabildo le correspondió dar 4000

ducados. Estas grandes turbaciones agravaron los habituales achaques del

cardenal y le ocasionaron la muerte.

1706. Con la feliz victoria de Almansa y el nacimiento de un príncipe

real, recobró el reino la esperanza de alcanzar dias mas bonancibles. La

iglesia de Córdoba celebró repetidas fiestas de accion de gracias en la

catedral y en el célebre santuario de la Fuen-Santa.

Por las grandes urgencias de la guerra pidió el rey un anticipo de dos

millones de escudos al estado eclesiástico á cuenta del subsidio y

escusado, y el obispo Bonilla sin esperar la aprobacion de S. S.

facilitó los 778449 reales que correspondian á la iglesia de Córdoba.

1708. Volvió á pedir el rey un nuevo subsidio, y el cabildo ofreció 150

doblones. Desagradaron en Roma el anticipo y el donativo, y les negó el

Papa su aprobacion; pero al propio tiempo concedió al rey católico _un

donativo honesto_, con lo cual se agravó la dificultad. Por parte de las

iglesias catedrales del reino se recurrió á la sagrada congregacion de

inmunidad: en vista de su declaracion, el rey y los ministros instaron á

los cabildos para que sostuviesen su prerogativa de dar ellos el

consentimiento. Nada se decidió sin embargo.

1709. A 2 de julio prohibió Felipe V todo comercio con la corte de Roma

por causa del referido altercado.

En este año se trajo en procesion á la catedral una reliquia de S. Zoilo

á 17 de junio. El obispo mandó hacer para ella un relicario de gran

riqueza. Se mantuvo en la catedral hasta el 14 de abril de 1714, en que

se llevó á la iglesia de S. Miguel.

Hubo en este año algunos dias de luto en los cuales se consideró perdido

el reino con los grandes progresos que volvió á hacer el enemigo.

Entonces todas las provincias acudieron al rey con donativos, y entre el

cabildo de Córdoba y su obispo le dieron 1000 fanegas de trigo y gran

cantidad de dinero. A 10 de diciembre consiguieron las armas reales la

famosa victoria de Viruega, que mudó el semblante de la guerra y aseguró

á Felipe V la corona.

1710. Se hicieron obras de consideracion en la capilla de Villaviciosa:

se hizo altar á Sto. Tomás, otro nuevo á S. Fernando, y se renovó

completamente el principal de Nuestra Señora.

1711. Mientras se hacia esta última obra fueron robadas en la noche del

3 al 4 de marzo todas las alhajas de la sagrada imágen de Villaviciosa,

que estaba provisionalmente depositada en la capilla de S. Pablo. Le

quitaron un rico pectoral de esmeraldas, otra joya de la misma piedra, y

un gran clavo de perlas. Además se llevaron otros objetos preciosos de

la capilla y cinco lámparas de plata. El obispo Bonilla cedió á la santa

imágen otro pectoral de esmeraldas que casualmente tenia, y otros

devotos le ofrecieron dos lámparas de plata.

1712. Deseoso de hacer los últimos esfuerzos para asegurar una paz

ventajosa, resolvió el rey levantar un ejército muy poderoso, á cuyo fin

en 26 de abril escribió al cabildo que le auxiliase con lo que fuese de

su agrado. En esta ocasion la iglesia de Córdoba sirvió á S. M. con 800

fanegas de trigo.

A 20 de julio dió al cabildo el canónigo Cruz y Jimena una preciosa

estátua de plata de Santiago, patron de España, á caballo. El cabildo

mandó que todos los años se pusiese en el altar mayor en la festividad

del glorioso apóstol desde la víspera.

1713. El pintor D. Antonio Palomino, natural de Córdoba, ejecutó los

lienzos de la Asuncion y de los mártires del retablo de la capilla

mayor, y los de la sacristía que hizo el cardenal Salazar. Empezó en

Córdoba, y los acabó en Madrid.

En este año se empezó la custodia nueva para esponer el Santísimo en las

octavas del Corpus y Concepcion.

Tambien en este año se hicieron las bóvedas de las naves de la iglesia,

obra que continuó hasta el 1723.

1716. Murió el 13 de octubre el obispo D. Francisco Solís, y fué

enterrado en la nave de Villaviciosa, poniéndole en su sepultura un

largo y pomposo epitáfio.

1717. Reconciliadas ya las cortes de España y Roma, habia renovado S. S.

por otro quinquenio las gracias del subsidio y escusado cumplidas en

1712. Celebróse congregacion de iglesias en la corte para ponerse de

acuerdo con S. M. y remediar algunos perjuicios, y tuvo principio á 17

de agosto de este año de 1717. Pero en las sesiones de la congregacion

se agriaron tanto los ánimos, que hubo que disolverla, con gran

sentimiento del cabildo de Córdoba y otros que deseaban sinceramente la

union.

1724. Determinó el obispo Siuri acabar la custodia comenzada en 1713 y

suspendida por haber faltado la plata: llevóla á su palacio, allí la

terminaron, y se estrenó en la octava del Corpus de este año. Gastó en

ella 10000 pesos, y pesaba 800 marcos de plata.

Este mismo prelado habia dado el año anterior á la catedral 12000

ducados para redimir un censo en que estaba empeñado para continuar las

bóvedas.

El rey D. Luis I, aclamado en Córdoba á 20 de febrero con las

solemnidades acostumbradas, murió el 31 de agosto. Su padre D. Felipe

volvió á reinar sin preceder segunda aclamacion.

1727. Hubo el dia de S. Bartolomé una horrible tempestad, durante la

cual cayó en la torre un rayo que la causó notable daño: derribó algunas

de sus pirámides y chapiteles, arrebatándolos con tal brio, que sus

piedras maltrataron las casas vecinas.

1728. Concedió el Pontífice la union de la Capilla Real con la iglesia

colegial de S. Hipólito. Los cuerpos reales se mantuvieron en la capilla

hasta el 8 de agosto de 1736 en que fueron trasladados á la colegial

entre dos y tres de la mañana.

1729. Los infantes D. Luis y D.ª María Teresa, que iban á Sevilla,

fueron á su paso por Córdoba agasajados con festivas demostraciones. El

dia 5 de mayo el obispo y el cabildo los recibieron por la tarde en la

puerta de Sta. Catalina, de donde los llevaron por el _arco de las

Bendiciones_ á la capilla mayor. Cantó muy bien la música mientras

hacian oracion, el obispo les dió á besar las reliquias, y vieron

despues toda la iglesia y las alhajas. Fué muy notado en la ciudad que

el infantito D. Luis, que despues fué arzobispo de Toledo, al recibir la

visita del prelado, se apoderó de su sombrero y no se le quiso entregar.

1738. El obispo D. Pedro de Salazar, sobrino del célebre cardenal del

mismo nombre y continuador de su rica capilla de Sta. Teresa, agrandó la

capilla de S. Lorenzo y puso en ella altar á S. Pedro dotándole con

lámparas de plata, vasos, alhajas y ornamentos, y una sacristanía con su

competente cóngrua.

1740. Se hicieron obras de consideracion en el antiguo acueducto de la

catedral, con lo cual aumentaron las aguas y se embelleció el patio de

los Naranjos.

Las magníficas cañerías y atageas construidas por los sarracenos fueron

siempre objeto de muy especial atencion para la ciudad y el cabildo de

la iglesia mayor. Puede en rigor decirse que el agua de la mezquita era

la que abastecia á toda la poblacion. El cabildo eclesiástico era

propietario por concesion del rey S. Fernando de toda el agua de las dos

huertas de la Sierra denominadas de _Sta. María_ y del _Hierro_.

Habiéndola conservado siempre cuidadosamente, ayudado en gran parte de

las contribuciones que para este efecto se habian impuesto desde el

tiempo de D. Alonso el Sabio (Arch.: _libro de las tablas, caj. N_, núm.

271, fol. 17; _caj. Q_, núm. 379), se halló en el siglo XVII en

situacion de vender mucha agua á los particulares, como en efecto lo

verificó. En el año 1752 mandó formar un libro que describe

minuciosamente todas las cañerías del cabildo y contiene un gran mapa

iluminado que manifiesta por dónde va la atagea del agua de la huerta de

Sta. María y dónde comienzan los encañados (_Caj. Q_, núm. 334). Al

folio 7 de dicho libro se esplica el repartimiento que se hace en el

arca próxima al convento de la Merced. Segun los diversos conductos por

donde llega el agua, así varía de nombre: hay agua de _Sta. Clara_, agua

de la _Albayda_ ó de la _Fábrica_, agua del _Arroyo del Moro_, agua del

_Arroyo de Pedroche_; y aun se cree que hay en la campiña otras aguas

perdidas, de las que en tiempo de los árabes fertilizaban sus hoy áridas

llanuras. En el citado caj. Q del archivo, bajo los números 40, 321,

359, 379, 380 y 390, hallará el curioso muy interesantes noticias acerca

de esto.

1742. Murió el obispo Salazar y dejó á la catedral una imágen grande de

plata de S. Sebastian valuada en mas de 800 pesos, y á su capilla de S.

Pedro (que como dejamos dicho estaba incorporada con la de S. Lorenzo)

un lagar muy productivo en la Sierra. Fué enterrado en su fundacion y

tiene en una losa de jaspe negro un buen epitáfio.

1748. Empezó á construirse en este año la sillería del coro nuevo, obra

del escultor D. Pedro Cornejo, toda de rica caoba, que duró nueve años y

se estrenó en 17 de setiembre de 1757. Es en su línea, y prescindiendo

de su estilo, la primer sillería de España por el primor de su talla en

medallones, estátuas y demas escultura. Contribuyeron á costearla el

obispo Cebrian, y su testamentaría despues, con 417091 reales; el

cabildo con 60000; la fábrica con 276796; el arcediano Recalde con

120000; la obra pia del Sr. Mardones con 40000. Su autor fué sepultado

en la catedral honoríficamente.

1750. Fué este año de grande esterilidad y hambre en toda Andalucía.

Estimulado el cabildo de Córdoba con los ejemplos de la caridad insigne

de su obispo Cebrian, á las muchas limosnas individuales unió las

colectivas, formó un acervo comun de varias distribuciones que le

pertenecian y de algunas obras pias de su patronato, y habiendo así

reunido un copioso depósito, acabadas las vísperas de los santos

patronos niños Acisclo y Victoria, vistió en la catedral hasta 1000

niños, la mitad de cada sexo, dedicándolos á estos santos. Formada así

una procesion que llenó de ternura y lágrimas al gran gentío que habia

acudido á verlos, fueron cantando la letanía á la capilla de Nuestra

Señora de Villaviciosa, conducidos de los mismos capitulares que por sus

propias manos los habian vestido. Los trages eran talares, con divisa

azul que distinguia á los varones de las hembras. Desde aquel dia cada

capitular abrió su casa á un número determinado de niños, los que

concurriendo allí una hora antes de mediodia, recibian del prebendado y

de sus criados una leccion de doctrina cristiana, y despues la comida,

que se reducia á un cuarteron de buen pan y una porcelana de acemite:

limosna que duró hasta la nueva cosecha.

1755. El sábado 1.º de noviembre, dia de Todos Santos, fué el gran

terremoto, y el mas violento y general que se esperimentó jamás en

España. Empezó en Córdoba á las 10 dadas de la mañana con un estruendo

terrible. Estaban en la catedral celebrándose los divinos oficios, con

un inmenso concurso de fieles: acababa el sermon, y empezaron de repente

sordos estampidos, el crujir de los retablos y de las bóvedas, el

repetido vibrar de las paredes y columnas, el golpear de los sillares

que caían desprendidos de la torre y el de los remites que se desgajaban

del crucero. Las gentes aterradas se dieron a huir sin tino, unos hácia

el presbiterio, otros al Sagrario, los mas á las calles inmediatas. La

mayor parte de los capitulares y ministros del coro huyeron tambien

sobrecogidos de pavor. El preste asistido de los diáconos, que acababa

de entonar el Credo, viendo la continuacion del terrible fenómeno sacó

del depósito el Santísimo y lo espuso al corto número de personas que

habian quedado presentes, sin que hubiese para esta sagrada ceremonia

otro cántico que los clamores de los presentes. Dos veces se repitió

durante el sacrificio esta tremenda al par que memorable escena: dos

veces el preste espuso el Santísimo permaneciendo impávido en el altar

como su leal ministro, dispuesto á dejarse sepultar bajo la desquiciada

mole del templo, mientras todo á su alrededor era terror de muerte,

tropel y gritería. El crucero y coro quedaron muy quebrantados: la torre

sufrió tales vaivenes, que despues de haberse desplomado de ella una

gran cornisa, un barandal de piedra y diferentes piezas de su adorno, se

abrió por los cuatro frentes de su segundo cuerpo y destejió todas las

claves de sus arcos, claraboyas y ventanas.

Con motivo de este gran terremoto creció la devocion al arcángel

custodio de Córdoba S. Rafael, determinando el cabildo que se hiciese

todos los años procesion á la ermita de su advocacion el dia 7 de mayo,

en que se celebra la aparicion del santo patrono.

1756. La plaga de la langosta afligia á muchas provincias de España, por

lo cual determinó S. M. que fuese llevada la cabeza de S. Gregorio

Ostiense, abogado especial contra aquel azote, por todos los paises que

lo padecian, conducida por cuatro cofrades del Santo, tren eclesiásticos

y uno seglar á expensas de su real hacienda. Llegaron los comisionados á

Córdoba en enero de 1757 con la santa reliquia: salió á recibirla una

diputacion de la ciudad, y encaminada derechamente á la catedral la

recibió otra del cabildo, compuesta de ocho capitulares, que la

condujeron á la sacristía mayor en procesion, asistidos de muchos

capellanes y de la música. A la tarde siguiente la trajo el cabildo al

altar mayor, y se dijeron vísperas solemnes, y al siguiente dia se

celebró con todo aparato misa, asistiendo la ciudad, y á la tarde se

hizo la bendicion. Llevóse en procesion general al campo de la Verdad,

conduciéndola en medio del cabildo los capellanes de la veintena en

andas, á que seguia el prelado D. Martin de Barcía de capa magna, y

cerraba la ciudad. Al costado izquierdo de la iglesia del Espíritu

Santo, mirando á poniente, se habia formado un gran retablo y altar con

sus ornamentos, donde el obispo de pontifical hizo la bendicion del agua

con inmersion de la santa cabeza, y despues la de los campos, formando

los dos cabildos en el teatro dos alas: hecho lo cual volvió á llevarse

la reliquia á la catedral y á colocársela en el altar mayor, y aquella

noche fué devuelta á los comisionados, á quienes el cabildo y la ciudad

dieron buenas limosnas en dinero y el prelado un rico ornamento con

cáliz y patena.

1761. Con motivo de la consagracion del magistral de esta catedral para

obispo de Canarias, se estrenó un riquísimo terno regalado al cabildo

por el mismo D. Martin de Barcía. Habialo este prelado mandado hacer en

Roma á toda costa, y se componia de capa pluvial, casulla, dalmáticas,

dos paños de púlpito y seis capas, todo de lama de plata bordada de oro,

con las correspondientes albas de esquisitos encajes, á que acompañaban

sacras de plata de moderna hechura, trabajadas tambien en Roma.

1766. En este año murió la reina madre D.ª Isabel Farnesio, y en la

catedral se hicieron las correspondientes demostraciones fúnebres.

Este mismo año se trató de hacer nuevos púlpitos, á cuyo fin por

disposicion del obispo Barcía se compraron caobas, se formaron proyectos

y se entregó al obrero mayor libramiento de 4000 fanegas de trigo, que

produjeron 8000 pesos. Depositóse esta suma para asegurar en todo tiempo

la conclusion de la obra, y para los gastos de esta iba dando libranzas

la tesorería. Murió el obispo Barcía sin verlos concluidos, y el

continuador anónimo de Gomez Bravo que puso fin á su Apéndice en 1777,

espresa que aun se seguia trabajando en ellos cuando él escribia: de

aquí deducimos que debió esta obra sufrir largas interrupciones, porque

de otra manera no se concibe que pudiese durar mas de once años.

[399] D. Francisco Sanchez de Feria en su obra inédita _Descripcion

moderna y antigua de Córdoba_, que hemos citado otras veces, dice

solamente que era propia del vínculo que poseía en su tiempo D. Manuel

Serrano de Rivas, abogado de los Reales Consejos.

[400] Véase pág. 225.

[401] Nada dice de esta restauracion el minucioso Bravo en su _Catálogo

de los obispos_, etc. Solo nos hablan de ella el capellan Moreno en su

obra inédita ya citada _Antigüedad y grandezas_, etc., y el Sr.

Casas-Deza en su _Indicador cordobés_, quien no nos dice de dónde ha

tomado tal noticia. Conviene advertir que la obra de Moreno, como

escrita muy á la ligera, contiene varias inexactitudes; sin embargo, hay

una circunstancia que en el caso presente puede dar fuerza á su aserto,

y es, el añadir que en la clave del arco principal de la referida

capilla mayor antigua se hallan esculpidas las armas del obispo D.

Iñigo. Nuestro descuido en verificar este hecho cuando visitamos la

catedral, nos impide sacar al lector de dudas.

[402] Hemos tenido la curiosidad de contar las veces que para impetrar

del cielo lluvias ó serenidad fué llevada la Vírgen de Villaviciosa

desde su ermita á la iglesia mayor solo en el decurso de los 170 años

que median del 1529 al 1699; y resulta que esta traslacion tuvo lugar

una vez bajo el reinado de Cárlos V, nueve veces bajo el de Felipe II,

dos en tiempo de Felipe III, doce reinando Felipe IV, y cinco durante el

reinado de Cárlos II, en cuyo último año de vida se hizo la postrera

traslacion.

[403] Véanse las pág.ª 199 y siguientes.

[404] _Ahlu-dh-dhimmah_ era el nombre que daban los sarracenos á los

cristianos y judíos mozárabes, y significa _pueblo constituido en

patrocinio ó protegido_.

[405] Escribiéronle, enviando tambien cartas para los obispos y próceres

de aquel reino. La dirigida al rey llevaba, segun los _Anales

Bertinianos_, la data del año 847.

[406] No era dificil que estos concilios fuesen autorizados con

metropolitanos, porque estos estaban bajo la jurisdiccion del rey de

Córdoba, como lo esplica Florez, _España Sagrada_, trat. 33, cap. 10.

[407] Acaeció este hecho memorable el año 883 con motivo de la irrupcion

que hicieron en los dominios cristianos los ejércitos sarracenos, bajo

el califato de Almundhyr, cumplida la tregua pactada entre D. Alfonso y

Mohammed.

[408] La basílica ó iglesia de _S. Jorge_, de que habla el moro Rasis,

debia ser una de estas, atendidas las robustas presunciones que hay de

que fuese el actual monasterio de religiosas de Sta. Clara aquel templo

fuerte donde se defendieron por espacio de tres meses los cristianos de

Córdoba contra las huestes sitiadoras de Mugueith, despues de la muerte

de D. Rodrigo. Véase la nota de la pág. 91, al final.

[409] Salviato en la Vida de S. Martin de Soure, y el árabe Al-Makkarí

en su Historia tantas veces citada; ambos hacen memoria de una iglesia

dedicada á la Vírgen María, que no nombran S. Eulogio, ni Alvaro, ni el

abad Sanson.

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