1510. Murió á 21 de mayo el obispo D. Juan Daza, y fué enterrado en el

coro viejo al lado de D. Iñigo Manrique. Sucedió á D. Juan Daza D.

Martin Fernandez de Angulo, á cuyos procuradores dió posesion del

obispado el cabildo con presencia de las Bulas en 4 de diciembre con la

solemnidad acostumbrada. Era docto, virtuoso y laboriosísimo, y dice

Cristóbal de Santisteban en el libro _Mar de historias_ que le dedicó,

que los dias del obispo parecian mas largos que las noches de Noruega,

segun las cosas que hacia y despachaba. En su tiempo se empezó la

magnífica _Custodia vieja_ de la catedral, obra del ingenioso platero

Enrique de Arfe, que merece describirse detalladamente por no constarnos

se haya descrito jamás. Su planta es un duodecágono regular, de un pié

cada lado, sostenido en ruedecillas interiores. Sobre el platillo de

doce lados de la planta, en cuyas esquinas hay lindas cabecitas de

serafines, se levanta un cuerpo de tres zonas: la primera, de ángulos

entrantes y salientes, deja francos seis de los lados del duodecágono

para la colocacion de las asas ó agarraderos por donde se sostiene la

custodia. Esta primera zona viene á formar un zócalo de seis estribos,

en cuyas caras estan representadas escenas alegóricas, alternando en

andanas de graciosos relieves danzas grotescas y pastoriles con pasos de

la Biblia relativos á la conduccion del tabernáculo. Remata esta zona

con una preciosa crestería dorada. En los bajo-relieves mencionados

alternan la plata y el oro. Segunda zona: fórmanla un zocalito pequeño,

luego una cenefa de hojas y figuritas, luego una crestería dorada,

despues otra cenefa mas ancha de hojas sutiles, de plata mate con

figuras doradas. Esta segunda zona va en disminucion, y sostiene la

tercera, que se compone de los cuerpos siguientes. Tercera zona: basa

saliente, que sirve de cornisa á la cenefa de la zona inferior. Esta

basa está adornada de crestería dorada. Sobre ella sube un cuerpo de

doce lados, siguiendo la misma disposicion de ángulos entrantes y

salientes de las zonas inferiores. Este cuerpo presenta en cada espacio

entrante tres compartimentos, y en cada cara saliente tiene frontera una

torrecilla ó estribo, que arranca de la base de esta tercera zona sobre

una linda repisa de cenefa dorada. Ofrece pues el cuerpo que vamos

describiendo seis caras salientes detrás de las seis torres ó estribos,

y seis espacios de á tres compartimentos francos á la vista. En estos

compartimentos, divididos uno de otro por pequeños estribos con sus

delicadas agujitas, hay otros tantos espacios rehundidos, de una pulgada

de profundidad, en que se representan de alto relieve escenas de la vida

y pasion de N. S. Jesucristo, en figuras de dos pulgadas, primorosamente

trabajadas. Son estas escenas diez y ocho. Sobre este cuerpo hay una

cornisa saliente, adornada por la parte inferior con una cenefa de plata

mate. Es de notar, que á medida que el todo va disminuyendo desde la

primera zona de la custodia, los espacios entrantes van

proporcionalmente ensanchando: manera artificiosa de conseguir que

campee el cuerpo interior y principal sobre que se levanta el viril.

Forma este cuerpo principal un machon cilíndrico de cristal (en que se

contiene el SSmo.) que descansa en una basa tambien cilíndrica, cuya

parte inferior reviste una ancha cenefa exagonal, en disminucion,

formada de sutiles hojas y figuras por el estilo de las cenefas

inferiores. Del machon trasparente en que se encierra el viril sale en

forma de rotonda, y como derramándose á modo de penacho circular, la

bóveda gótica, que recae en las torrecillas que ocupan los espacios

salientes de la planta de este cuerpo principal. Estas torrecillas estan

en la misma disposicion y lados que las otras que vimos arrancar de la

base de la zona tercera del primer cuerpo, y se hallan entre sí unidas

con sutiles arbotantes que rematan en figurillas. La bóveda circular que

asegura el cuerpo cilíndrico del viril, y que recuerda desde luego la de

la rotonda que dedicó Constantino como capilla fúnebre á su hija Sta.

Constanza, sostiene otras torrecillas mas delgadas, que alternan con las

inferiores, y en vez de levantarse en los lados salientes se elevan en

los entrantes y sostienen otra bóveda, plana y calada, bajo la cual se

cobija una graciosa estatuita de N.ª S.ª en su Asuncion. Sobre esta

bóveda se levanta una especie de domo calado, formado por un vistoso

conjunto de agujas y arbotantes de segmentos de círculo que entre sí las

unen por la parte superior, y sobre el domo descuella una corona

terminada en una estatuita del Salvador triunfante con la cruz. Las dos

bóvedas ó baldaquinos, la que gira en torno del machon del viril, y la

otra superior que cobija la imágen de N.ª S.ª, estan en la parte

esterior disfrazadas con elegantes arcos conopiales, con sus grumos y

preciosa crestería. Y las torrecillas que suben de los cuerpos bajo y

principal estan cuajadas de estatuitas sobre sus lindas repisas y bajo

caladas marquesinas. Alternan en esta bellísima pieza el oro, la plata

bruñida y la plata mate, y parece al sol una maravillosa cristalizacion

de sal gema, brillantes y oro. Pesa 532 marcos de plata, y para ella

contribuyó con 100 marcos el arcediano de Córdoba D. Francisco de

Simancas. Desgraciadamente no se mantiene hoy en su primitiva pureza de

estilo esta joya artística, porque se renovó siendo gobernador del

obispado D. Pedro de Salazar y Góngora en el año 1735, y entonces sin

duda alguna se le añadieron algunas piezas de mal gusto que es lástima

la desfiguren. No se terminó esta obra en vida de D. Martin Fernandez de

Angulo, pero dejó este piadoso prelado en su testamento, otorgado á 20

de junio de 1516 (que existe en el Archivo, caj. I, núm. 133, legajo 5),

500 ducados para que se acabase.

En el Archivo (Caj. M, leg. 9, núm. 230) se contiene un instrumento

curioso sobre cierto lance ocurrido entre el cabildo y los religiosos

del convento de S. Pablo del órden de Sto. Domingo. «En 31 de octubre de

1510 el cabildo de esta santa iglesia celebró capítulo espresando que

despues de muchas honras, así espirituales como temporales que habia

hecho á los priores y religiosos del convento de S. Pablo, ingratos y

desconocidos á dichos beneficios, habian tenido atrevimiento de procurar

con todas sus fuerzas en los tiempos pasados y presentes algunas ofensas

en menosprecio de dicho cabildo y su prelado sin tener para ello razon

ni justicia; y especialmente contra el Illmo. Sr. D. Juan Daza, obispo

de esta santa iglesia, ejerciendo su oficio pastoral en la villa de D.ª

Mencia de esta diócesis, donde la iglesia parroquial está inclusa en un

monasterio de la órden. Queriendo visitar el Sagrario y las otras cosas

conforme á un proceso y sentencia determinada por el Sr. D. Iñigo

Manrique, obispo que asímismo fué desta ciudad, en menosprecio de su

dignidad procedieron por censuras, hasta querer poner entredicho no solo

en las iglesias, sino tambien por las plazas, y despues porque el

procurador del cabildo pidió los diezmos á Maria y Catalina Ortiz,

beatas, que se decian de la dicha órden ser terceras, el prior y los

religiosos de ella las defendian por usurpar los diezmos. Siguieron las

referidas censuras con invocacion del brazo seglar contra el cabildo, y

viendo no poderlo conseguir se quejaron de él ante S. M., quien declaró

por nulas dichas sentencias. Y lo peor era que los citados religiosos

decian no eran obligados á guardar los entredichos que esta iglesia

matriz conserva y guarda, en cuyo menosprecio admitian los descomulgados

que ella repelia, á la suya y á los divinos oficios, por lo que, y para

que no fuese adelante su osadía, deliberó el cabildo que sus capitulares

se apartasen de la conversacion y trato con dichos religiosos, y que la

procesion general que el cabildo hacia el dia 1.º de las letanías en S.

Pablo, se hiciese de allí adelante en la iglesia de S. Pedro; ni menos

vaya el cabildo en procesion á dicho convento ni á sus religiosos se les

encomiende sermon alguno así de tabla como de otros. Lo que se guardase

en todo tiempo.»

1512. Habiendo ofrecido el chantre D. Pedro Ponce de Leon 10000

ladrillos y 600 cahices de cal para la fábrica del nuevo hospital de S.

Sebastian, con otras rentas vitalicias que gozaba, resolvió el cabildo á

13 de febrero que se hiciese dicha fábrica nueva, y nombró al referido

chantre para cuidar de ella: lo que se hizo con gran magnificencia.

1513. En ocasion de hallarse predicando de ceniza Fr. Luis Collado,

guardian de S. Francisco, y celebrando la Misa el arcediano de Pedroche,

invadió el pueblo la catedral clamando que se iban de la ciudad los

frailes predicadores del convento de S. Pablo. Suspendió el orador su

sermon para pedir al cabildo, al provisor del obispo y á todos los

presentes, que saliesen á remediar aquel escándalo, y muchos prebendados

fueron con el provisor á contener á los religiosos. Ibanse estos en

efecto con sus talegas y báculos, precedidos de un religioso con la cruz

cubierta de negro, cantando el salmo _In exitu Israel_; y era el motivo

que el corregidor Hernan Duque de Estrada, llevado de la ojeriza y mala

voluntad que les tenia, por haber castigado con demasiado rigor á un

sobrino suyo fraile de la misma órden, habia mandado no se les vendiesen

los comestibles necesarios: de manera que sitiados por hambre los buenos

frailes no tenian mas arbitrio que abandonar la ciudad. Consiguieron

detenerlos en el campo de la Verdad, y luego por mediacion de personas

piadosas y prudentes se logró que volviesen á Córdoba y que el

corregidor cesase en su tema.

1515. Habiendo querido visitar el obispo el hospital de S. Sebastian y

el santuario de la Fuensanta, se opuso el cabildo como patrono y

fundador. Insistió el obispo y llevo á cabo su propósito, y en señal de

haberlos visitado se llevó un cáliz de S. Sebastian y una lámpara del

santuario. El cabildo apeló y se quejó al Papa, y en agosto de 1519

obtuvo sentencia favorable.

En 19 de marzo se presentó en cabildo la Bula de Leon X concediendo al

rey D. Fernando la gracia de la Cruzada para que mantuviese las plazas

tomadas en Africa é hiciese al turco la guerra que intentaba. El cabildo

la celebró mucho y mandó que el dia 21, fiesta de S. Benito, se trajese

en procesion la Bula desde el Salvador por los beneficiados y religiosos

de S. Pablo, S. Francisco, Trinidad, S. Agustin, Merced, y S. Acisclo y

Victoria; y que el cabildo saliese á la puerta del Perdon á recibirla;

pero que si no venian las seis religiones en la procesion, solo saliese

hasta el arco que dá al patio de los Naranjos.

1516. Murió á 23 de enero el rey D. Fernando el Católico en Madrigalejo,

y dejó mandado se le sepultase en Granada. Al pasar su cadáver por

Córdoba, salieron a recibirle el obispo, el cabildo, las religiones, la

ciudad y los caballeros con todo el pueblo, y el marqués de Priego,

conde de Cabra, y otros grandes señores, le condujeron en hombros hasta

la catedral, donde se celebraron suntuosas exequias.

En este mismo año murió el obispo, volviendo de acompañar el cadáver del

rey á Granada. Se le sepultó al lado izquierdo del sepulcro de D. Iñigo

Manrique en el coro viejo. Dejó á la iglesia su pontifical y su

librería, que era muy numerosa y selecta, especialmente en manuscritos.

Tambien dejó algunos legados para la obra de la iglesia, y así se ven en

algunas partes del templo las armas de este prelado.

Nombrado y consagrado sucesor en el obispado D. Alonso Manrique, tomó en

su-nombre posesion el licenciado Pedro de Buezo en 9 de diciembre.

Hallábase D. Alonso en Flandes acompañando al príncipe D. Cárlos con

grande estimacion, y en su corte se mantuvo hasta la muerte del rey D.

Fernando, siendo él quien dijo la Misa en Bruselas en las exequias que

se le hicieron, y quien bendijo el estoque real cuando D. Cárlos fué

aclamado por rey con su madre D.ª Juana en la misma ciudad.

1517. Llegó el obispo D. Alonso á España, y el rey le mandó llevar á

Portugal á su hermana la infanta D.ª Leonor, que casó con el rey D.

Manuel, en cuya corte permaneció el prelado como embajador hasta fin de

1518.

1518. El dia del Corpus de este año salió por primera vez en la

procesion la custodia que hemos descrito arriba.

Por este tiempo se habia introducido un nuevo género de resigna de las

prebendas y beneficios, con reserva de todos los frutos, asiento, voz y

nombre _ad vitam resignantis_: y así solamente gozaba el resignatario

del derecho de suceder. Pero en este año, á 7 de setiembre, Francisco de

Simancas, de edad de 8 años, presentó en cabildo unas Bulas en que

mandaba el Papa darle la posesion del arcedianato de Córdoba y de una

racion que habia resignado en él su tio D. Francisco de Simancas con las

mismas reservas; pero que, consintiendo su tio, pudiese asistir al coro

y cabildo y llamarse arcediano: en lo que luego al punto consintió el

arcediano viejo. Así en realidad vino á ser este niño el primer

coadjutor que hubo en la iglesia, y de 8 años tuvo voto en cabildo con

las demas preeminencias y honores. Tanta era la facilidad de conceder

Bulas y despachos en la curia romana, que era raro el prebendado que no

padecia molestias sobre su prebenda.

1519. El 22 de enero por la tarde entró en Córdoba el obispo D. Alonso y

se dirigió en derechura á la iglesia, donde fué recibido con todas las

cruces á la puerta del Perdon, y despues de haber jurado guardar los

Estatutos y costumbres de la misma, fué conducido cantando el _Te-Deum_

á la capilla mayor, donde oró y dió a todos la bendicion. Se retiró á su

palacio ya de noche, y el cabildo le hizo un gran regalo de aves,

jamones y cabritos, al estilo de aquel tiempo. A 27 del mismo mes volvió

al cabildo á dar las gracias y razon de su venida, y habló _muy copioso,

y bien dicho, con mucho halago_.

En este año puso dos veces S. S. entredicho y cesacion _à divinis_ en

Córdoba y otras ciudades, primero por haber rehusado dar posesion á

Gonzalo de Carvajal de la Encomienda de Frejenal de la órden de S. Juan,

y despues por resistir el pago de una décima del estado eclesiástico á

favor del rey D. Cárlos: entredicho que se llevó á cabo con grande

escándalo de todo el reino, pues en el tiempo que duró no se celebraron

los oficios divinos aunque ocurrieron las festividades de Espíritu Santo

y Corpus. El obispo sin embargo determinó con el cabildo que se

predicase en las iglesias en este tiempo para que no careciesen los

fieles de todo pasto espiritual, ya que faltaban los oficios divinos, el

Sacrificio y los Sacramentos.

1521. En atencion á la grande esterilidad que se padeció este año, el

cabildo y la ciudad idearon muchas providencias para mantener á los

pobres y ayudar á los labradores. Habiéndose hallado tres niños muertos

de frio en la Corredera, determinó el cabildo que se juntasen un

beneficiado y el rector de cada collacion y visitasen con el jurado de

la misma todos los hospitales, haciendo que en cada uno se recibiesen

todos los necesitados que se pudieran. La obra pia del chantre Aguayo

daba cada dia á los pobres dos fanegas de pan.

Habiendo vacado la dignidad de inquisidor general por ascenso del

cardenal de Tortosa á la silla de S. Pedro, nombró el emperador para

ella al obispo D. Alonso.

En este mismo año se celebró por varias ciudades y villas de Andalucía

la santa y real confederacion de la paz contra los comuneros en

obediencia del emperador. Los capítulos que en ella se estipularon y

juraron se hicieron saber á la ciudad de Córdoba á 1.º de febrero, y

existen en el _Archivo_, caj. I, leg. 10, núm 391.

[373] Véase la pág. 177.

[374] La imprudencia de un predicador de gran fama, cual era el P.

Presentado Fr. Cristóbal de Torres, habia dado ocasion en el año de 1614

á grandes ruidos y escándalos que despues trascendieron por todo el

reino. El dia de la Concepcion de nuestra Señora predicó en la catedral

contra la inmunidad de la culpa original, tan desembozadamente, que el

cabildo y auditorio quedaron escandalizados de su atrevimiento.

Alborotóse el concurso, dió cuenta el cabildo á su prelado, y el obispo

reprendió públicamente con aspereza al predicador prometiendo que no

volveria á oirse su voz en la iglesia. El padre, irritado, atrajo y

encendió á otros, de forma que no se oian en la ciudad mas que porfiadas

disputas y temosos altercados sobre la pureza original de nuestra

Señora, con general escándalo que en breve cundió por toda España. El

obispo Mardones mandó publicar un edicto prohibiendo que se celebrasen

juntas para tratar y discutir esta materia; pero no agradó al cabildo el

silencio de la opinion pia, y así apeló del mandamiento del obispo para

ante S. S. y su Santa Sede. En la espectativa de la declaracion de S. S.

acordó y votó una solemnísima fiesta á la Concepcion de nuestra Señora,

á que convocó á la ciudad y pueblo para demostrar su ardiente devocion á

misterio tan pio: con cuya ocasion se señaló mucho el Dr. D. Alvaro

Pizaño de Palacios, canónigo lectoral, porque imprimió en Sevilla (año

de 1615) dos discursos en defensa del sagrado misterio. Ya la Inmaculada

Concepcion tenia fiesta dotada en la catedral desde el año 1350 por obra

del obispo D. Fernando de Cabrera. El Pontífice mandó á 3 de agosto de

1617 que en actos públicos ninguno pudiese decir _que la Santísima

Virgen habia sido concebida con mancha de pecado original_, con lo cual

cesaron en parte las disputas y escándalos. Despues publicaron sus

decretos favorables Gregorio XV á 24 de mayo de 1622, Alejandro VII á 8

de diciembre de 1661, y otros pontífices hasta Benedicto XIII. No consta

en qué año antes del 1350 se empezó á celebrar en la iglesia de Córdoba

la fiesta de la Concepcion; por el Breviario antiguo de la misma se sabe

que tenia octava, procesion y seis capas; pero desde el año 1615 se

empezó á celebrar con repiques desde primeras vísperas, luminarias en la

torre, asistencia de la ciudad, y procesion general por el patio de los

Naranjos, que es la mayor solemnidad que se acostumbra en las grandes

festividades.

La capilla mayor antigua se habia destinado á la imágen maravillosa de

Villaviciosa, y en ausencia de esta se colocaba allí otra de nuestra

Señora. Ahora se aplicó á una imágen de la Concepcion Inmaculada, y se

determinó que todos los sábados despues de completas fuese el coro á

cantarle una antífona y oracion. Con tanto fervor tomó el cabildo de

Córdoba la veneracion y culto de este sagrado misterio.

[375] De las interesantes notas con que ilustró Cean Bermudez los

apuntes de Llaguno sobre los _arquitectos y arquitectura de España_,

sacamos la siguiente noticia: Cuando el obispo Mardones intentó hacer el

retablo de la catedral nueva de Córdoba, le inclinaron á que fuese de

madera y dorado, como son casi todos los de las demas catedrales de

España, diciéndole que seria menos costoso y se ejecutaria mas presto.

El Hermano Matías, para persuadirle á que le hiciese de jaspes y

bronces, escribió dos largos papeles, probando todo lo contrario. Ellos

convencieron de tal modo al obispo y al cabildo, que acordaron se

construyese el retablo como proponia el Hermano Alonso, y prefiriendo la

traza que habia hecho á otras que tambien se habian presentado, le

nombraron superintendente de la obra con 1500 reales al año y 500 para

vestuario, pagándole además los gastos de los viajes á las canteras y de

disponer la conduccion de las piedras. Aunque se empezó á tratar de

hacer el retablo en 1614, no se comenzó á trabajar en él hasta el año

1618; y á poco tiempo de estar principiado, escribió el Hermano Matías

otro papel sobre el modo de ejecutarle. Cansado el cabildo con las

repetidas y largas ausencias del superintendente á causa de las

contínuas obras de su Instituto, en que le ocupaba la obediencia de sus

superiores, y despues de haberle reclamado en balde con repetidas

cartas, se vió en la necesidad de nombrar en 19 de marzo de 1626 á Juan

de Aranda Salazar para que dirigiese la obra; y desde entonces cesó el

Hermano Alonso de asistir del todo á ella. Se concluyó el retablo el dia

27 de abril de 1628, y los diputados del cabildo mandaron gratificar á

Aranda con 150 ducados por lo bien que lo habia hecho, por la priesa que

se habia dado, y por la satisfaccion que el cabildo tenia en verle

concluido.

Entre los documentos pertenecientes al Hermano Matías publicó el mismo

anotador de Llaguno los papeles de que se ha hecho mérito; son dos

representaciones dirigidas al obispo para persuadirle á que mandase

labrar el retablo de jaspes y bronces, y demostrarle que podria hacerse

mas presto y mas barato que de madera, y una esposicion sobre el modo y

economía con que se debia trabajar dicha obra: documentos del mayor

interés por las noticias que contienen sobre los inconvenientes que se

ofrecen en los retablos dorados, sobre el modo de dividir y ajustar la

obra manual en aquel tiempo, sobre los precios corrientes de las labores

en talla de madera y en mármol, y sobre otros muchos objetos propios del

arte, con prevenciones utilísimas acerca del modo de contratar la obra,

de lo que se ha de dar á los artífices, y de las obligaciones de estos.

[376] Véase en comprobacion la sabia y juiciosa crítica que hace Mr.

Viollet-le-Duc de la restauracion de la catedral de Reims verificada en

tiempo de Luis XI. _Dictionnaire raisonné de l'architecture_ etc. Art.

_Architecte_.

[377] Enrique Egas es el autor del colegio mayor de Sta. Cruz de

Valladolid y del hospital de niños espósitos de Toledo, ambas

fundaciones del cardenal de España D. Pedro Gonzalez de Mendoza,

terminadas la primera en 1492 y la segunda en 1514. Pedro de Ibarra

construyó en 1521 para el obispo D. Alonso de Fonseca el colegio mayor

de Santiago el Zevedeo de Salamanca. Estas obras, de estilo del

Renacimiento español, que Ponz llama _plateresco_, son anteriores al

célebre palacio de Ecouen, que construyó para el condestable de

Montmorency el arquitecto francés Juan Bullant, primero que en su pais

practicó para la arquitectura civil el estilo italiano por los años de

1540. El colegio de Cuenca, la casa de las Salinas, la puerta de Zamora

y otros edificios construidos en Salamanca por este tiempo, son tambien

semi-góticos ó platerescos. Finalmente, son asímismo anteriores á la

citada obra de Bullant, y de carácter greco-romano ya mas decidido, el

palacio de Cárlos V en la Alhambra, edificado por Pedro de Machuca en

1527, la catedral de Granada comenzada por Diego de Siloe en 1529, la

capilla de los Reyes nuevos de Toledo trazada por Alonso de Covarrubias,

y otros edificios que podriamos añadir á estos.

[378] No atreviéndose á despojar repentinamente sus fábricas de aquella

infinidad y prolijidad de adornos (dice en uno de sus artículos del

_Artista_ el Sr. Carderera resumiendo perfectamente los caractéres de

este nuevo estilo), y pareciendo por una costumbre de tantos años pobre

y austera la arquitectura greco-romana á causa de su noble sencillez,

adoptaron el medio término de reducir las dimensiones de esta;

aumentaban los cuerpos de arquitectura, multiplicaban las columnitas,

balaustradas, recargando los frisos y pedestales de labores y demas

adornos caprichosos de que tanto abundaba la decoracion gótica. A esta

clase de arquitectura mixta, que estuvo muy en boga en España por todo

el reinado de Cárlos V, se ha dado en Italia y en Francia el nombre

conveniente de arquitectura del _renacimiento_. Entre nosotros se ha

llamado arquitectura _plateresca_, quizá por el gran número de obras en

este género que en aquella edad de opulencia emprendieron nuestros

plateros, tanto de objetos para el culto, como de vasos, jarrones y

otras alhajas para príncipes y particulares ricos que se cincelaban con

suma inteligencia y pericia.

[379] Véase la lámina que representa el _Interior de la catedral_.

[380] Recordará el lector que Diego de Praves fué llamado á Córdoba por

el obispo Reinoso en 1597 para que diese su opinion sobre el modo de

concluir la fábrica. Este arquitecto fué el encargado de las obras del

palacio y de la catedral de Valladolid, trazadas por Francisco de Mora y

por Juan de Herrera, cuando se trasladó la corte de aquella ciudad á

Madrid. Llaguno le iguala en mérito, y lo mismo á su hijo Francisco, con

el citado Mora, y segun esto parece muy probable que sea de traza suya

la fachada de que hacemos mencion, que en su género es indudablemente de

lo mas correcto que puede verse.

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