No lo está menos esa otra gran llanura elevada que se estiende á oriente

entre el tronco principal de la Sierra y el ramal que limita por el

norte la provincia. Ese dilatado valle formado por las montañas á una

elevacion de mas de mil quinientos piés sobre el nivel del mar, es el de

_los Pedroches_, que comprende siete villas habitadas por pastores.

Verás toda esa tierra, cuya riqueza mineral se esconde en muy profundos

criaderos de diferentes metales y carbon de piedra, cubierta de dehesas,

de encinares, chaparros, charnecas, brezos y mata prieta, poblada de

rebaños y piaras, sin mas industria que el tejido de bayetas y la

alfarería. Vista la atrevida torre de la iglesia parroquial de

_Pedroche_, que forma un gracioso obelisco de doscientos piés de altura

con su segundo cuerpo circular, invencion caprichosa del célebre Hernan

Ruiz el viejo, autor del insigne crucero de la catedral de Córdoba,

pasemos adelante: y cruzando el puerto Calatraveño vamos por Espiel y

Belmez al castillo de Cuzna describiendo una espiral en nuestro vuelo.

Es rara la poblacion de la Sierra que no tiene su castillo: el de

_Espiel_, en lo alto del cerro á cuya falda está la villa del mismo

nombre, se muestra ya tan arruinado que no se reconoce lo que fué: solo

se divisa á su pié la boca de una gran cisterna; el de _Belmez_ era muy

principal, está situado en la cumbre de otro cerro: su posicion es tan

ventajosa, y tan escarpada por todas partes la peña que le sirve de

base, que parece como que brindaba á construir en ella una fortaleza. Es

una torre cuadrada con habitaciones de bóveda, de fábrica sarracena,

tiene un muro guarnecido de cubos cilíndricos y otras obras ya muy

deterioradas. Fué adjudicado en el siglo XV al gran maestre de Calatrava

D. Pedro Tellez Giron, el cual lo cedió con Fuenteovejuna á su órden en

el cambio que hizo por Cazalla y Osuna. Desde su torre se divisaba el

castillo de Fuenteovejuna por una parte, por otra el de Névalo en

término de Villaviciosa, el cual le ponia en comunicacion con el de

Almodovar del Rio: por otra finalmente el castillo de Espiel, desde el

cual se verian tambien torres de otra línea. El castillo de _Cuzna_

levantado en lo mas áspero de la Sierra comunicaria al propio tiempo con

las alturas de Hinojosa, los Pedroches, Santofimia y la Alcudia; así

toda Andalucía estaba ramificada bajo la dominacion islamita, y aun

muchos siglos despues, por líneas de atalayas que formaban el

imperfecto sistema telegráfico de aquellos tiempos.

Vamos ahora por entre los dos rios Guadiato y Guadalbarbo bajando al

Guadalquivir, y al pasar por encima de _Trassierra_ consagremos una

mirada de interés á las misteriosas ruinas que al pié de sus escabrosas

laderas nos hablan de una antigua poblacion cuyo nombre se sepultó ya en

el mar de hielo del olvido.

VUELO POR LA RIBERA. Lo empezaremos en _Aldea del Rio_, que solo

nombramos por respeto á la autoridad de Plinio, que con el nombre de

_Sicia_ la menciona entre los lugares de la jurisdiccion de Córdoba,

orillas del Bétis. Este en efecto la fecunda por el poniente. Una legua

mas abajo tenemos un gran pueblo, república _Eporense_ para los romanos,

para nosotros _Montoro_; villa cercada por el Guadalquivir, fundada

sobre tres cerros de peña viva y otros tantos valles, toda de casas de

piedra, con un puente soberbio costeado por sus vecinos antes del año

1500, para cuya obra, cuentan ellos con entusiasmo, se desprendieron las

señoras de sus alhajas de oro, plata y piedras preciosas. No acertaré á

decir si debe su nombre á sus famosos olivares, que hacen de ella un

verdadero _monte de oro_, ó al toro que sobre un monte campea en sus

armas simbolizando sin duda la fortaleza de su sitio. Los musulmanes la

convirtieron en castillo ciñendo sus riberas con altos muros y

torreones, y cerrando su única salida á la campiña con el fuerte de la

_Cava_, llamado despues de _Julia_, del que es reliquia ese grueso

baluarte que ahí ves. Antes que la ganase S. Fernando por las pujantes

embestidas del capitan D. Domingo de Lara, de quien conserva aun el

nombre un barrio de la villa, habian otros dos reyes de Castilla,

Alfonsos ambos, arrojado de ella á los agarenos en 1155 y 1190, poniendo

el último de ellos por alcaide y adelantado de su frontera á D. Nuño de

Lara[531].

Vamos al _Carpio_ (antiguo _Martialum_), villa que como un ginete

siempre dispuesto á romper lanzas cabalga sobre un cerro, en cuya

cúspide bizarrea como enhiesto airon un fuerte y hermoso castillo.

Construyóle para los célebres varones Sotomayores, señores de esta

villa y de Jodar, gloriosos en Gibraltar y Algeciras, en Antequera y en

Huéscar, un maestro moro llamado Mohammad por los años de 1325[532]. Su

forma revela desde luego ser obra sarracena. No olvidará este castillo

los alegres dias que estuvo hospedado en él el rey D. Felipe IV (en

febrero del año 1624), durante los cuales su dueño el marqués del Carpio

agasajó y festejó al monarca con una gran cacería en los montes de su

estado. Yendo del Carpio á Almodóvar del Rio dejamos á la derecha del

Guadalquivir la antigua _Onova_, hoy _Villafranca_; luego, á una y otra

márgen, á _Casablanca_ y _Alcolea_; mira en las _Ventas_, donde pastan

las célebres yeguadas de _la Regalada_, el suntuoso y moderno puente de

mármol negrizco que escitaba la admiracion del viajero Ponz, y del cual

dicen los andaluces para ponderar su lindeza, que cuando los soldados de

Napoleon lo vieron preguntaron _si estaba hecho en Francia_. Queda

despues sobre la márgen derecha la ciudad de CÓRDOBA. No nos detengamos

ya en ella; pasemos adelante dejando un suspiro de dolor en las

solitarias y empobrecidas alamedas del gran rio histórico que la baña.

Dejamos atrás tambien la confluencia de este con el Guadajoz, y despues

de algunas revueltas llegamos á la villa de _Almodóvar_, en cuyo

formidable castillo sufrieron rigores de injusta saña D.ª Juana de Lara

y Haro, señora de Vizcaya, por órden de su cuñado el rey D. Pedro el

Cruel, y el esforzado señor de Luque D. Egas Venegas, con sus hijos y un

hermano, por disposicion del prepotente D. Alvaro de Luna, como pago de

sus heróicas correrías en tierras de moros. Atravesando el rio tenemos

ahora en frente á _Guadalcázar_, antigua _Carbulo_, donde hoy no

advertimos mas objeto digno de atencion que un palacio medio arruinado.

Sus señores los marqueses de Guadalcázar perpetúan en Córdoba la

descendencia de aquel famoso condestable de Castilla Ruy Lopez Dávalos,

cuya estrepitosa caida á impulsos de la ambicion de D. Alvaro de Luna

cuenta la crónica de D. Juan II. Por redundar en gloria de otro

esclarecido linage de Córdoba, será bien recordemos que quien hizo

restituir al desgraciado condestable la honra y la hacienda perdidas,

fué su criado Alvar Nuñez de Herrera, dechado de lealtad y fidelidad

acrisoladas, el cual se dió tan escelente traza en la buena obra que se

propuso desde que el condestable se refugió en Aragon, que descubrió y

probó haber sido falsificados por el secretario del de Luna todos los

documentos en cuya virtud habia sido condenado su señor como traidor á

la corona.

Otras dos veces vamos á cruzar el Guadalquivir para hacernos cargo de

_Peñaflor_ y de _Palma del Rio_. Es la antigua _Ilipa_ (hoy Peñaflor)

mas nombrada y famosa entre los antiguos que todos los otros pueblos de

la Campiña. Allí se veían en tiempo de Ambrosio de Morales las ruinas de

la antigua ciudad y su famoso puerto. Hasta él, dice Estrabon, llegaban

las naves cargadas de mercaderías. Desde Obulco (hoy _Porcuna_) hasta

Cádiz, por Córdoba, Peñaflor y Sevilla, se hacia en la Bética un activo

comercio, porque acudian de naciones estrangeras á contratar á Cádiz,

subian hasta Córdoba navegando[533], y se llevaban la plata y demas

metales preciosos de la Sierra dejando en cambio sus manufacturas. Desde

allí, añade el geógrafo griego, comienzan á levantarse los Montes

Marianos cargados de plata, y á mano izquierda se tiende la Campiña. A

poca distancia de Peñaflor, en la márgen opuesta, se descubre la villa

de _Palma del Rio_, que hicieron famosa en la edad media los grandes

hechos de armas de sus señores los Bocanegras y los Portocarreros. Fué,

si bien lo recuerdo, rico-hombre y señor de Palma el famoso almirante D.

Gil Bocanegra, hermano del duque de Génova, que sirvió á D. Alonso XI en

Gibraltar y Algeciras sosteniendo con muy pocos bajeles contra un

emjambre de galeras moriscas uno de los combates navales mas tremendos

que ensangrentaron las ondas del Mediterráneo. Fuélo tambien el alcaide

de Alhama Luis Fernandez Portocarrero, que murió en Nápoles, adonde le

enviaba el Rey Católico á compartir con el Gran Capitan el cargo de

general en gefe.

VUELO POR LA CAMPIÑA. Dividida esta en dos por la corriente del

Guadajoz, caen á la derecha _Castro el Rio_, _Bujanlance_, _Cañete_, y

otras poblaciones de escasa importancia histórica.

En el año 1333 el rey moro de Granada, aprovechando la coyuntura de

hallarse D. Alfonso XI con los pendones y caballeros de casi toda

Andalucía entretenido en Gibraltar contra los ejércitos invasores de

Marruecos, puso cerco á Castro el Río con muy poderosa hueste. Receloso

Payo Arias de Castro que estaba en Córdoba, de que le quitase de rechazo

su villa de Espejo, allí cercana, partió con Martin Alonso de Montemayor

y otros caballeros á socorrer á los sitiados, los cuales, perdida la

villa y dejando el vestíbulo de su iglesia cubierto de cadáveres, se

habian refugiado en el castillo tapiando la puerta á piedra y lodo. Payo

Arias y otros, á quienes pareció temeridad querer en tal estado recobrar

el lugar, se quedaron en Espejo; el señor de Montemayor siguió adelante

solo con treinta caballeros: llegó á Castro con gran secreto, halló á

los moros descansando con los portillos abiertos, y pidiendo favor á

Dios y á su Santa Madre, se arrojó como un leon sobre ellos y penetró en

la poblacion. No habia dentro mas que sesenta soldados útiles, los demas

habian muerto ó estaban mal heridos; juntos con los de Córdoba

repartiéronse todos con buen órden en los puestos mas peligrosos y

reparáronlos con maderaje lo mejor que pudieron. Pero ¿cómo defender un

lugar tan mal guarnecido contra un ejército tan formidable como el del

rey de Granada, que le combatia con mas de cien mil lanceros,

ballesteros y honderos, multitud de picos y azadones y toda clase de

máquinas de guerra? El ingenio y el valor unidos triunfaron de todo: mal

disfrazado á propósito y con poca cautela, despachó Martin Alonso á

Córdoba un hombre avisando que viniesen sobre los moros la noche

siguiente, y brindando á sus caballeros con una grande y fácil

carnicería: salió bien la traza, porque el correo fué hecho prisionero,

y temiendo por su declaracion el rey de Granada verse envuelto al otro

dia por un ejército auxiliar, que en realidad no existia, resolvió

apresuradamente aprovechar el tiempo que le quedaba para dar al lugar

una embestida decisiva. Otro aviso bien dirigido llegaba entre tanto á

los de Espejo. Pujante fué la acometida: valerosa, heróica la

resistencia. La presencia del señor de Montemayor engrandecia los

corazones y comunicaba á los sitiados sobrenatural aliento. No ganaron

los infieles un palmo de terreno: acabábase el dia y los últimos rayos

del sol poniente arrancaban rojizos destellos á los yelmos de una

pequeña hueste procedente de Espejo, que iluminada de espaldas aparecia

en el horizonte como un enlutado escuadron de gigantes. Por seguro tenia

el granadino que se hubiese alzado contra él toda la tierra: abandonó el

cerco, levantó el campo dejando en él muchos muertos, y á marchas

forzadas se volvió á su tierra. Agradeció el rey D. Alonso el gran

servicio que le habia prestado el señor de Montemayor, y le autorizó

para que añadiese á sus armas la divisa de la banda entre bocas de

dragantes, que es la misma que has visto esculpida en el sepulcro de su

hijo el señor de Alcaudete en la famosa capilla antigua de S. Pedro de

la catedral. _Castro el Rio_, _Castra Postumia_ en los escritos de

Hircio y en los comentarios de Julio César, solo conserva de sus

reliquias romanas una lápida de jaspe encarnado que se cree pertenecia á

un templo consagrado á Augusto[534]; hoy su aspecto es en todo

sarraceno. Su parte antigua, cercada de murallas ya medio arruinadas,

con una sola puerta, ocupa un pequeño cerro. Defendia aquella única

entrada el castillo de que hemos hecho mencion, unido entonces á la

muralla por medio de un arco que ya no existe. Durante las turbulencias

del reinado de Enrique IV por los años de 1466 lo reparó el conde de

Castro.

En _Bujalance_, que no es en nuestra humilde opinion la _Betis_ de

Estrabon, ni la ciudad de los _Bursavolenses_ de Hircio, ni la _Vogia_

de Ptolomeo, sino la _Sacili_ del itinerario de Antonino, solo es bella

y artística para nosotros la gran fortaleza árabe que la domina,

edificada por mandado de Abde-r-rahman An-nasír. Forma una plaza de

armas cercada con un muro fortalecido á trechos con siete torres, en que

se advierten lastimosas ruinas, y reparaciones del tiempo de la reina

D.ª Juana.

En _Cañete de las Torres_, señorío de los duques de Medinaceli, hallamos

descollando en medio de la plaza de la villa otro soberbio castillo con

sus torres derruidas, en que se marcan todos los modos de construccion,

el romano, el godo, el sarraceno, el cristiano de la edad media. Tres

veces la ocuparon los muzlimes: primero en la invasion general que

arrancó de sus cimientos el trono de Rodrigo, luego en el siglo XIV,

últimamente á fines del siglo XV cuando los moros llevaron á Granada

todo su vecindario en cautiverio. Otras tres veces la recobraron y

repoblaron los cristianos: en 1330 bajo D. Alonso XI, en 1407 durante la

menor edad de D. Juan II, y en tiempo de los Reyes Católicos D. Fernando

y D.ª Isabel.

A la izquierda del Guadajoz, entre este rio y el Genil, tenemos el gran

teatro de muchas proezas consumadas en la secular contienda de España

contra el islamismo y en sus deplorables guerras civiles, y los señoríos

de los mas ilustres guerreros cordobeses. _Luque_, rodeada de cerros

entre el Marbella y el Salado, con su castillo árabe de dos torreones y

el antiguo palacio de sus señores, nos habla todavía de los Venegas y

Mendozas, ilustres en Antequera, en Huescar, en las márgenes del Darro y

del Gareilano. _Zuheros_ y _Doña Mencía_, esta con su castillo, aquella

al pié de una elevada cordillera de rocas y montañas, conservan celosas

la memoria de un alcaide, Diego de Cabrera, y de un señor, Alonso de

Córdoba, que se coronaron de gloria en la prision del rey chico de

Granada. La villa antigua de _Baena_, en un cerro que lame tímido el

Marbella, sobre el cual parece haberse empinado para señorear gran parte

de la campiña hasta divisar las crestas de Sierra-Morena, lleva escritas

en sus edificios, ya magníficas, ya sangrientas páginas históricas. Allí

la _Baniana_ romana descubre la veneranda toga de sus ediles y duunviros

en un panteon subterráneo donde se hallaron en nuestros dias urnas

cinerarias pertenecientes á la familia Pompeya. Allí ostenta la

arquitectura cristiana de los siglos medios sus esbeltas curvas ojivales

en las iglesias de Sta. María y S. Bartolomé; allí el castillo y palacio

de los condes de Altamira nos trae á la memoria la magnánima defensa

que contra la acometida del rey moro Mohammad hicieron los caballeros

Alonso Perez de Saavedra su alcaide, el señor de Cañete Fernando Alonso

de Córdoba, Payo Arias de Castro, señor de Espejo, y Juan Martinez de

Argote, señor de Lucena. Háblanos este castillo, mas bien alcázar, de la

traicion horrenda cometida por D. Pedro el Cruel con el rey Bermejo de

Granada y los caballeros moros de su séquito, á todos los cuales hizo

matar en un festin nocturno; háblanos de la prision que entre sus muros

padeció en 1483 otro rey de Granada, Muley-Baha-dalí; háblanos por fin

del famoso mariscal de Castilla Diego Fernandez de Córdoba, que con sus

valerosos hechos dió principio á la ilustre casa de los condes de Cabra

y duques de Baena. La villa por su parte nos recuerda además de sus

gloriosas defensas y arrancadas contra los moros granadinos, uno de los

accidentes mas dramáticos de la menor edad del rey D. Alonso XI (año

1319). Los infantes D. Pedro y D. Juan gobiernan juntos el reino: el

infante D. Juan, envidioso de los lauros que ciñe D. Pedro, le propone

hagan juntos una algarada por tierra de moros para que la gloria de

ambos sea igual. Admite D. Pedro, pero lo que los hombres disponen suele

desbaratarlo el cielo. Sale D. Juan de Baena con muy lucida hueste

formando la vanguardia; D. Pedro sale de Córdoba cubriendo la

retaguardia con sus caballeros y pendones. Afortunados en sus correrías

y talas, recogen gran botin, y al cabo de tres dias resuelven regresar á

su tierra, D. Juan de retaguardia, y delante con los suyos D. Pedro. Lo

que D. Juan se propone con esta inversion del órden de marcha, Dios lo

sabe. Noticiosos los granadinos de que la sed acosa á la hueste

cristiana, salen á picarles la retirada, y sin propósito deliberado de

trabar batalla la comienzan, con tan buena suerte, que el infante D.

Juan se ve en el mayor aprieto. Acude á socorrerle el leal D. Pedro: con

la espada desnuda procura detener á su gente que se desbanda y huye, y

no pudiendo conseguirlo, tal pasion de ánimo le sobrecoge que se le

tulle el cuerpo, pierde el habla, y cae muerto del caballo. Avisado D.

Juan de tan repentina desgracia, desvanécese con el sobresalto, y cae

tambien muerto en tierra. Cubre la noche el campo, cesa el combate: el

cadáver de D. Pedro, colocado en una mula enlutada, pasa por Baena con

direccion á Córdoba en medio de su escuadron que le tributa lágrimas y

lamentos. El cadáver de D. Juan quedó en poder de los infieles; pero el

rey de Granada lo envió á su hijo con acompañamiento de luces y lutos, y

fué llevado á enterrar á Burgos.

_Espejo_, _Fernan-Nuñez_ y _Montemayor_ eran como tres guerrilleros

avanzados puestos en emboscada por Córdoba detrás de una sierra que les

servia de barrera contra las acometidas del granadino; así como tenia

destacadas delante de esa misma sierra, con el Genil por foso, otras

muchas villas. _Espejo_ debe a su señor Payo Arias un castillo adornado

de vistosos torreones, hoy propiedad de los duques de Medinaceli;

_Fernan-Nuñez_ ostenta dos grandes timbres: haber prestado asilo en su

antiguo castillo á los mozárabes fugitivos en los dias de persecucion y

martirio, y ser el primitivo solar de la gran casa de CÓRDOBA por la

donacion que hizo el santo rey á su primer señor Fernan-Nuñez de Temez.

Un vasto palacio, adornado de pinturas y esculturas, que en el siglo

pasado edificó el conde D. Cárlos José Gutierrez de los Rios siendo

embajador de España en Lisboa, sirve como de engaste al único torreon

que queda de aquella preciosa antigualla. _Montemayor_ desde la cima de

un cerro árido, donde tiene otro castillo con tres preciosas torres

góticas, está clamando á las presentes generaciones contra el olvido que

la injuria. A la orilla del arroyo Carchena que le baña el pié por

levante, yacen las ruinas del castillo antiguo de _Dos Hermanas_, que

dió el rey al famoso D. Martin Alonso de Córdoba, fundador del estado de

Montemayor[535]. El renombre de sus esforzados condes[536] vuela desde

esas poéticas llanuras hasta las enriscadas cumbres de Alcaudete y de

Antequera, ilustradas con la generosa sangre de sus guerreros.

Siguen al sur de la mencionada sierra _Montilla_, _Aguilar_, _Cabra_ y

_Lucena_, que con la Rambla, Montalvan, Santaella, Monturque, Puente Don

Gonzalo, Castillo-anzur, Benamejí, Priego y Carcabuey, completan el

cuadro de los grandes recuerdos históricos de la provincia. Si

_Montilla_ es la antigua _Ulia_, ó bien el _Monte de Ulia_ (_Mons

Uliæ_), ó como otros pretenden aquella _Munda_ (_Munda illa_) tan famosa

por haber ganado en su campo Julio César contra los hijos de Pompeyo el

imperio del mundo, es cuestion que dejaremos ventilar á los mas peritos

en corografía romana. De todas maneras la orla de la toga pretexta le

asoma por debajo de su paludamento cristiano en los notables vestigios

de baños romanos que ofrecen al arqueólogo las fuentes del _Álamo_ y de

la _Higuera de Belen_, y la llamada _Canteruela de Sta. María_. Tiéndese

esta ciudad como perezosa bajo la influencia del sol de Andalucía, sobre

dos elevadas colinas, desde donde registra un vistosísimo horizonte todo

ceñido de sierras, pues del norte al sur por la parte de levante la

contemplan Sierra-Morena, las sierras de Jaen, de Martos, de Alcaudete,

de Doña Mencía, de Priego, de Rute, de Loja, de Lucena, de Cabra y de

Archidona; y del sur al norte por el lado de poniente la recrean con sus

azulados festones la peña _de los enamorados_, las alturas de Colmenar,

de Antequera, Teba, Estepa, Osuna, Medina-sidonia, Écija, Carmona,

Constantina y Cazalla. Tuvo en su parte mas alta un hermoso castillo,

edificado por D. Pedro Fernandez de Córdoba, padre del Gran Capitan, y

en el cual nació este invicto héroe; pero el rey D. Fernando el Católico

lo mandó demoler para castigar al marqués de Priego por haber tenido

preso en él á Fernan Gomez de Herrera. Dícese que tenia treinta torres y

que era una de las fortalezas mas insignes de Andalucía. Fué Montilla

señorío de los marqueses de Priego, de la casa de Aguilar, que produjo

varones tan distinguidos en las campañas contra los moros de Antequera y

de Granada.

Baja ahora recto al sur, y en cuanto cruces el rio Cabra verás alzarse á

tu frente, formidable todavía aunque desmantelado, el castillo árabe de

_Aguilar_ sobre el cimiento de la antigua fortaleza romana de _Ipagro_,

y en la cumbre de una de las cuatro colinas por las cuales se dilataba

la villa sarracena de _Poley_. Cuando los Aguilares[537], los

Coroneles[538] y los Fernandez de Córdoba[539] habitaban este castillo,

resonaban en su torre de homenage ¡cuántos juramentos de fidelidad

noblemente cumplidos; en sus altos salones cuántos clamores de júbilo

los dias de cacería, de fiestas, de bodas; cuántas bendiciones en su

soportal embovedado, adonde acudian los pobres de la comarca; cuántos

gritos de victoria y sinceros parabienes por todo su ámbito, desde los

baluartes esteriores hasta los elevados chapiteles de las torres, cuando

sus dueños volvian triunfantes de las sangrientas lides con los

infieles! ¡y cuántos ayes lastimeros no se habrán exhalado de sus

fuertes muros cuando murieron uno tras otro en Algeciras aquellos dos

hermanos, los ricos-hombres D. Gonzalo y D. Fernando Ibañez de Aguilar,

sus bizarros señores! No hacia menos interesante este castillo la

malhadada suerte de su dueño D. Alonso Fernandez Coronel, sitiado en él

por el rey D. Pedro en persona y por el maestre de Alcántara D. Juan

Nuñez de Prado, vencido tras una obstinada defensa y en sus propios

estados degollado. Pero los vandálicos agentes del positivismo moderno,

para quienes estos monumentos de nuestra antigua historia feudal solo

son tolerables en las novelas, han desbaratado por muchas partes esta

insigne fortaleza teatro de sucesos tan importantes, cuna de tantos

esclarecidos varones. ¡Sus sillares ¡profanacion inaudita! han venido á

tierra derrumbados para mejorar el piso de las aceras de la

poblacion!... ¿Qué juzgarian de las autoridades _ilustradas_ que tales

cosas mandan los hombres de aquellos siglos que llamamos de ignorancia y

oscurantismo, si pudieran en sus empolvados sepulcros interrumpir su

sueño de muerte? Pero las autoridades _ilustradas_ se rien de los

difuntos. Bajando de Aguilar hácia el Genil se encuentra á cosa de una

legua el maravilloso _Lago de Zoñar_ en un valle abierto que forman unos

cerros de poca altura, ocupando de septentrion á mediodia mas de un

cuarto de legua. Su agua es salobre y su hondura muy grande, sin que se

comprenda de dónde le viene aquel caudal. Dícese que un año de copiosas

lluvias creció mucho y anegó las tierras circunvecinas, y los

labradores, temiendo otro daño semejante, lo sangraron haciéndole canal

hasta el rio de Aguilar que pasa harto mas bajo. Por ese canal empezaron

á subir peces, y holgándose en aquella anchura, hicieron en breve

considerable cria, que fomentó luego el marqués de Priego D. Alonso de

Aguilar, señor del estado. Edificó este tambien una linda casa sobre el

lago, adornándola con jardin, huerta y bosque, y otros deliciosos

atractivos. Dirijamos el vuelo derecho á levante hácia el nacimiento del

Monturque.

Córdoba · 第 34 / 53 段