de los conventos y capillas. Aquellos soberbios edificios de S. Pablo y
S. Francisco, Stos. Acisclo y Victoria, Trinitarios Calzados, S.
Agustin, etc.[491], nada apenas conservan ya de su original belleza: la
cual se deduce de algunas escasas reliquias que ni el tiempo ni la
ignorancia con su accion corrosiva han logrado destruir. Con algun
trabajo sin embargo puede el pensamiento entresacar y reunir muy
preciosos fragmentos del interesante período del siglo XIII al XVI, y
formar con ellos un pequeño museo fantástico de la arquitectura
religiosa y monástica en Córdoba. Veamos, lector amigo, de agruparlos
brevemente haciendo abstraccion de las edificaciones insignificantes en
que estan perdidos. Mira desde la plaza de S. Salvador aquella fachada
angular que sobre los modernos tapiales de S. Pablo descuella: las
atrevidas restauraciones que desfiguraron el templo por dentro, han
respetado ese sencillo paredon del siglo XIII; en su vértice hallarás
metida aún en su nicho una linda estatuita de Sto. Domingo, que sin duda
por estar muy alta se ha librado de la injuriosa brocha de los
embadurnadores. Igual suerte ha tenido la portada del norte de este
mismo templo, y lo debe quizás á estar oscurecida en un patinillo del
convento. Desde este se registra cómodamente la obra antigua con su
alero de canes carcomidos, y el ábside octógono que forma la capilla de
Nuestra Señora del Rosario, del siglo XV. Nada mas gracioso que la
combinacion de nervios de la bóveda de esta capilla, cuya forma de
estrella cuadra tan perfectamente á una de las advocaciones mas ideales
que dá á Nuestra Señora su santa letanía. Los padres de Sto. Domingo han
sido los principales propagadores de una devocion muy acepta á la Madre
virginal de Jesucristo; y la huerta de su casa en Córdoba es todavía
célebre por la planta que allí sembraban, de la cual recogian la
frutilla redonda llamada _lágrimas de Moisés_, escelente para cuentas de
rosario: hacíanlos en tan gran cantidad, que cargando con ellos un
jumentillo, los iban repartiendo por los pueblos. En esta capilla de
Nuestra Señora del Rosario está sepultado el maestre de Calatrava y
Alcántara D. Martin Lopez de Córdova, criado del rey D. Pedro, que
habiéndose hecho fuerte en Carmona contra los parciales de D. Enrique,
fué por este mandado decapitar en Sevilla (A-D. 1370). Observando
cuidadosamente esta iglesia de S. Pablo, es fácil reconocer que sus tres
naves primitivas arrancaban desde el mismo muro del imafronte y formaban
cinco grandes arcos ojivos á cada lado. Al fin de la nave de la Epístola
hay una puerta con espaciosa escalinata, por donde se baja á la sala de
capítulos: contiguo á esta un recinto, que cubre un domo árabe octógono
decorado con ocho fajas, paralelas de dos en dos enlazándose bellamente,
y al cual se llega por debajo de dos arcos robustos y severos, apuntado
el uno, de herradura el otro. ¿Es este edificio anterior á la fundación
del convento? Parécelo en efecto; pero ¿cómo comprobarlo no
conservándose ninguno de los papeles antiguos de la órden anteriores á
la espulsion de los claustrales en el siglo XVI? Sábese por tradicion
inmemorial que en este sitio hubo cárcel romana, donde imperando
Diocleciano estuvieron encerrados los santos patronos de Córdoba
Acisclo y Victoria, primeros mártires de esta ciudad; y en el lugar
mismo donde se cree gemian aherrojados, hay en la actualidad una pequeña
capilla que mantenian los condes de Oropesa, alguno de los cuales dijo:
_la estimo mas que todos mis estados juntos_. ¿No pudo la cárcel romana
ser despues basílica, y esta con la irrupcion sarracena reedificarse
para mezquita siglos antes de recuperar la ciudad el santo rey?
Acompáñame ahora, la calle abajo, al destrozado convento de S.
Francisco, digno rival un tiempo del de S. Pablo, y como él poderoso
antemural del catolicismo por la religiosa órden fecunda en santos que
allí se albergaba. Hay en un ángulo de su espacioso claustro bajo, una
fuente, cubierta con pequeña cúpula pintada por dentro, que denota
grande antigüedad. Los robustos arcos que la sostienen descansan en
columnas de fustes y capiteles desiguales, romanos unos, árabes otros.
La pintura de la bóveda, casi del todo destruida, representaba la bajada
del Espíritu Santo en lenguas de fuego. La pila ochavada de la fuente, y
su tazon de forma tosca, sostenido en cuatro fustes cilíndricos sin
ninguna moldura, que son evidentemente trozos de columnas antiguas,
parecen reliquias de un bautisterio mozárabe.
Pues vamos ahora á contemplar el arte cristiano del siglo XV con toda la
gala de sus cenefas caladas, conopios, agujas y frondarios. Al norte de
un patio silencioso y tranquilo que por un gracioso vestíbulo de estilo
latino abre paso á un claustro de religiosas, hay una pequeña joya de
ese tiempo, que es una portada de iglesia, adornada con todos los
caprichos que distinguen la decoracion gótica del estilo terciario, y
flanqueada de dos elegantes estribos que rematan en agujas prismáticas y
pináculos. Lleva sobre el dintel de su puerta un arco apuntado de varias
molduras con una ancha y hermosa cenefa de hojas y animales. Sobre el
arco apuntado un conopio, y bajo el tope de este encaramados dos gimios,
como en actitud de ir á saltar sobre el que los mira. Es la iglesia del
convento de Sta. Marta.
Junto al palacio episcopal, frente á una de las puertas de la catedral,
hay otra perla de este mismo género arquitectónico. Es la fachada del
Hospital de Niños Espósitos. No te la describo porque te la doy
dibujada[492], y sales ganancioso. Observa las estátuas que coronan su
dintel, su noble actitud, el grandioso estilo de sus ropages; las
repisas en que estriban, las caladas umbelas que las cobijan; las
cenefas de hojas y animales que contornan sus arcos, que tapizan las
agujas de sus estribos.
[Illustration: _Dib.ª. del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa Lit. de.
J. Donen, Madrid._
CLAUSTRO DEL CONVENTO DE FRANCISCANOS.
(_Córdoba._)]
[Illustration: _Dib.º del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa Lit. de
Donen, Madrid._
HOSPITAL DE ESPÓSITOS.
(_Córdoba._)]
[Illustration: _Dib.º del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa._
_Lit. de J. Donen, Madrid_
DETALLES DE LA FACHADA DEL HOSPITAL DE ESPÓSITOS.
(_Córdoba._)]
[Illustration: Sacado del natural y lit.ª por F. J. Parcerisa. Lit. de
J. J. Martinez. Madrid.
DETALLES DEL HOSPITAL DE ESPOSITOS Nº 2.
(Córdoba.)]
Mira una feliz combinacion de este estilo con el árabe en la casa
llamada de D. Juan Conde, que perteneció á la Hermandad del Sagrario; en
cuyo frente verás tres lindos balcones, el del centro en forma de ajimez
con garbosos calados de crestería y lambel que le contorna.
Y por último observa otra combinacion no menos pintoresca de estos dos
estilos con el greco-romano en los patios interiores del convento de los
santos mártires Acisclo y Victoria, reedificado en tiempo de Felipe II.
El patio principal que hoy subsiste, aunque ya muy arruinado, se
presenta rodeado de ligera arquería latina de dos cuerpos: el inferior
con capiteles dóricos, el superior con capiteles árabes y un antepecho
corrido y perforado que conserva restos de azulejos de relieve. A la
parte del rio hay un pequeño recinto con la bóveda desplomada y el
pavimento cubierto de espesa yerba; y en él una preciosa portadita de
ladrillo agramilado, obra de albañilería limpia y hermosa en que se ven
mezclados con gracia los tres estilos: es un arco de angrelado menudo,
corre sobre él una cornisa romana, y está flanqueado de dos delgadas
columnillas góticas. Bien conocemos la falsedad de este estilo mixto y
los inconvenientes del sistema de decoracion por hiladas horizontales
cuando se usa en grande escala en los templos ojivales; pero tiene un no
sé qué indefinible que seduce aquella especie de juguete arquitectónico,
en aquel solitario recinto arruinado, donde el solemne murmullo del rio
quebrado en la presa de Martós parece arrullar el eterno y feliz sueño
de los dos hermanos mártires. ¿Será quizá porque el santo espíritu de
paz y concordia del cristianismo se halla como simbolizado en la union
de todos los estilos pasados? La iglesia de este monasterio debió ser
notable por mas de un concepto; hoy solo para angustiar el corazon del
que la visita conserva los soberbios escudos de armas de sus patronos en
el muro de su presbiterio, y una riquísima techumbre de madera pintada y
dorada, de peregrina labor morisca, que tal vez al trazar yo estas
líneas será en vano objeto de tu curiosidad ansiosa. Hoy cerrado al
culto, profanado, despojado, convertido en almacen de maderas, ofrece
dificil paso á la célebre capilla de los mártires patronos de Córdoba
este templo, cuyo pavimento cruzaba de rodillas desde la entrada un
monarca tan prepotente como Felipe II cuando iba á venerar las santas
reliquias de aquellos.
_Edificios árabes y moriscos._ Cuando el hagib Almanzor usurpando al
menguado Hixem II su autoridad gobernaba la monarquía cordobesa, tenia
su palacio al norte del alcázar real, y sus jardines se estendian á todo
lo que es hoy _huerta del rey_, entre el _arroyo del moro_ y las _heras
de la salud_. Ese palacio tenia su correspondiente mezquita, y esta
mezquita subsiste hoy casi intacta por dentro, aunque convertida en
capilla cristiana por el santo rey con la advocacion de S. Bartolomé. Su
fachada indica claramente el cambio de destino que en ella se verificó
entonces[493]. El interior es una _cella_ ó cámara con bóveda ojival de
nervios que arrancan de sendas repisas bizantinas. Su decoracion forma
dos zonas: la primera de alicatado dibujando entrelazados florones; la
segunda de delicada labor morisca en la disposicion siguiente. Primero
tres fajas de inscripciones de caractéres africanos sobre fondo de
ataurique; luego otra de recuadros con escudos de armas, sin mas blason
que la banda diagonal usada por algunos reyes islamitas; despues un
entrepaño menudamente trabajado de laceria formando estrellas y
rosetones, en que alternan escudos y estrellas en escaques; encima una
hermosa faja de lazo-laberinto, y por remate almenitas dentadas
ornamentales. Es capilla de hospital desde que fundó el que lleva su
nombre el cardenal D. Fr. Pedro de Salazar, obispo de Córdoba.
[Illustration: VISTA DE CORDOBA.
(desde _los Mártires_.)]
[Illustration: _Dib.º del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa. Lit. de
J. Donen, Madrid._
CAPILLA DEL HOSPITAL DEL CARDENAL.
(_Córdoba._)]
Del estilo musulman africano existen, además de esta mezquita, otros
restos de bellísimo carácter. Frente á la parroquia de Santiago hay una
casa de humilde apariencia: por encima de sus paredes asoma una gallarda
palma; dentro resuenan veinte ó treinta voces argentinas que con unísono
tonillo recitan oraciones. En todas partes tiene Córdoba reservadas para
el amante del arte gratas sensaciones: ahora las encontramos en una
escuela de niñas. Abre ese portal y entra: te hallarás desde luego en un
espacioso zaguan morisco, al pié de una galana arquería á cuyos tres
vanos hace alegre fondo un fresco jardinillo. El arco del centro es de
medio punto: su intrados forma un calado primoroso sobre ataurique
picado; los laterales son ojivales angrelados, de finísimo ladrillo:
todos estan encerrados en recuadros, cuyas fajas perpendiculares
descansan en lindas repisas de cuatro cañas horizontales; y sus enjutas
descubren, á pesar de las repetidas manos de cal con que han procurado
obstruir sus labores, la mas delicada filigrana de vástagos y postas. En
el piso superior se conservan otros arcos mas pequeños y una puertecilla
de dintel trebolado en muro macizo y denegrido. Lleva este edificio el
nombre de _casa de las Campanas_. Las niñas que allí aprenden la costura
y la doctrina cristiana, familiarizadas con la belleza de aquellos arcos
y columnas, no comprenderán tu ansiosa curiosidad, y clavarán en tí como
admiradas sus negros ojos. No las compadezcas: la rosa silvestre que
nace á orilla de un fragante naranjal no sabe tampoco por qué agrada su
sencillez y por qué aquellos árboles son tan hermosos; pero esto no
impide que ella sea flor, y que otro terreno menos privilegiado solo
produzca espinos.
Semejante á la arquería que dejamos descrita es otra que se ve dentro de
la casa del _conde del Aguila_ (_plaza de Anton Cabrera_), con la
diferencia de ser cuatro los arcos que la componen, y todos
ultra-semicirculares. Descansan en columnas de mármol con capiteles
moriscos de selectas formas, todos entre sí diversos. La entrada á este
resto de patio islamita es un magnífico arco con un arrabá de florones
de tracería rectilínea de estilo africano.
De los novecientos baños públicos que es fama habia en Córdoba en los
tiempos de su mayor esplendor, solo dos han quedado, y estos soterrados
bajo otros edificios modernos[494]. No creais que vais á poder templar
en ellos el ardor que comunica á vuestra sangre el sol de Andalucía. Los
baños árabes de Córdoba no tienen pilas, ni albercas, ni agua: figuráos
un sótano de bóveda sumamente baja, sostenida en macizas arcadas de
herradura, lisas, sin adorno alguno en su paramento, y sobre robustas
columnas de jaspe, que contornan un espacio rectangular, cuyo centro
ocupaba en otro tiempo un estanque. Lo único que revela su antiguo
destino son las lumbreras ó respiraderos que de trecho en trecho
atraviesan la bóveda de piedra. Por allí se exhalaban los vapores y los
perfumes.
_Edificios del Renacimiento._ Eran muchos los que dejaron en Córdoba
aquellos ilustres caballeros en ella nacidos que militaron bajo los dos
primeros monarcas de la casa de Austria en Alemania, en Flandes y en
Italia: de quienes se propagó el gusto italiano á otros hombres
poderosos. Hoy la mayor parte de estos edificios estan reducidos á sus
simples fachadas: el empeño de sus dueños de residir en la corte los ha
tenido abandonados, y por otra parte la mala calidad de la piedra franca
empleada en su construccion ha contribuido mucho á su pronta ruina. Pero
las reliquias de las casas de renacimiento italiano é ítalo-hispano[495]
son en Córdoba tan frecuentes como los fragmentos arábigos y moriscos,
como los capiteles, fustes y lápidas romanos. En la plazuela llamada de
_D. Gerónimo Paez_ está la mas notable de estas grandes casas[496]. Esta
tambien la de _Villaseca_ en la calle de _Sta. Clara_, en cuya portada,
de piedra arenisca deleznable, parece ya irónico el sentido del lema
_non nobis sed saltem posteris_ que lleva al frente. En su patio hay
otra fachada de gusto italiano muy selecto, y en ella una galería en
cuya base se lée esta otra sentencia que el tiempo ha hecho igualmente
inadecuada en su segunda parte: _vivimus sicut altera die morituri,
ædificamus quasi semper in hoc sæculo visuri_.
En la calle _del Sol_, entre la parroquia de Santiago y la romántica
puerta de Baeza, se conserva el segundo cuerpo de otra bella portada de
escuela bramantesca. Es de graciosas proporciones, tiene columnillas
estriadas de órden compuesto sobre pedestales adornados con bustos de
gran relieve de buena escultura, y lleva en su cornisamento la fecha del
1520, que es la mejor época del arte plateresco.
En la cuesta del Bailío hay una buena muestra de aquella feliz
combinacion de estilos gótico é italiano que usaron algunos arquitectos
españoles del siglo XVI.--Dos columnas de estrias espirales flanquean
una puerta cuadrangular. De sus capiteles arrancan un arco conopial con
frondario y tope, y el lambel que le cobija: entre el dintel y el
conopio resulta un témpano adornado de grutescos realzados, y entre el
conopio y el lambel resultan como dos enjutas que llevan círculos
tambien reelevados, destinados al parecer á trabajos de escultura, como
bustos ó escudos. De este gracioso estilo del renacimiento hay otros
muchos ejemplares en ajimeces esquinados, en galerías, ventanas,
aldabones y otros resíduos de construcciones palacianas[497], que
vió erigir Córdoba en aquellos dias, para ella mas afortunados, en que
los nobles de su tierra no se desdeñaban de habitar una ciudad de
provincia despues de haber adquirido fama, riquezas y nuevos blasones en
sangrientas campañas de mar y tierra lejos de su patria.
[Illustration: _Dib.º del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa._
_Lit. de J. Donen, Madrid._
CASA DE GERÓNIMO PAEZ.
(Córdoba.)]
Capítulo quinto.
_Medina-Azzahra._
El grande y generoso Abde-r-rahman An-nasír tenia una concubina que dejó
al morir una ingente riqueza, y el califa dispuso que se emplease toda
en redimir muzlimes cautivos. Cuentan los escritores árabes que en
cumplimiento de este mandato se enviaron pesquisidores á los dominios
cristianos, y regresaron á Córdoba sin haber encontrado en las cárceles
de _Afranc_[498] un solo islamita. Despues de haber dado gracias
An-nasír al Todopoderoso por la señalada merced que esta grata noticia
le habia revelado, estaba un dia pensando qué uso haria de aquel tesoro,
cuando se le presentó la hermosa Azzahra, á quien amaba con pasion, y le
dijo: ¿Por qué no edificas con ese dinero una ciudad para mí, y que
lleve mi nombre? Y An-nasír, que aventajaba á sus ilustres predecesores
en magnanimidad y gusto artístico, empezó á edificar desde luego á la
falda del _Monte de la novia_ (_giebal-al-arús_), á unas tres millas de
distancia al N-O. de Córdoba, el soberbio palacio que, unido luego á la
ciudad paulatinamente formada á su alrededor, tomó el nombre de la
esclava predilecta y se llamó _Medina-Azzahra_. Redujéronse al principio
las obras á una elegante casa de recreo para la amada del califa, pero
este se prendó tanto del nuevo edificio y su deliciosa situacion, que
pronto se convirtió en vasto alcázar, donde empezó á residir con su
familia y mujeres, colocando en desahogadas dependencias toda su
servidumbre y guardia. Era este alcázar de piedra, mármoles y jaspes, de
hermosa traza, y por dentro espléndidamente decorado: y la imágen de la
esclava lucia esculpida de relieve sobre su puerta principal[499].
Cuentan tambien las historias arábigas que cuando Azzahra se vió por
primera vez sentada junto á su glorioso dueño en uno de los salones de
aquella especie de palacio encantado, estuvo largo tiempo recostada en
un ajimez contemplando embebecida la bella perspectiva que desde allí se
ofrecia á su vista; é hiriendo de repente su imaginacion el contraste
que presentaba la blancura y alegría de las nuevas construcciones con el
sombrío cerro que les servia de fondo, esclamó: ¡Mira, y cuán linda
parece esta doncella en brazos de ese etíope! Oido lo cual, mandó al
instante An-nasír que se allanase aquella montaña; si bien, convencido
luego de que esta empresa era superior á todo humano poder, revocó sus
órdenes y dispuso que se talasen sus pinares y encinas y se plantasen en
su lugar almendros, higueras y otros árboles de mas grata sombra y mas
risueño aspecto.
Encomendó An-nasír los planos del palacio de Azzahra al arquitecto mas
afamado que habia á la sazon en Constantinopla, emporio de las artes en
aquel tiempo. Distribuyóse la obra en tres partes ó secciones. La que
apoyaba en la misma montaña para los alcázares del califa: en los cuales
se alojaban además del dueño 6300 mujeres entre concubinas de mayor ó
menor categoría, criadas y sirvientes; y donde habia para ellas 300
baños. La inmediata al mediodia para las viviendas de su servidumbre,
eunucos y guardias: comprendia 400 casas: los pages y eslavos que
mantenia el sultan en ellas eran 3750, los eunucos y guardias 12000,
magníficamente vestidos, con espadas y cinturones dorados; á los pages
se pasaban diariamente 13000 libras de carne, sin contar las gallinas,
perdices y otra volatería, además de muchas especies de pescados. La
tercera y mas desviada de la montaña para jardines y huertas que
dominaban los alcázares. Ocupáronse en estas grandes obras desde el año
325 de la Egira (A-D. 936-7), por espacio de muchos años, el mismo
Abde-r-rahman en persona, su hijo Al-hakem, varios arquitectos, y doce
artífices cristianos de grande habilidad; y habia además tres hombres
entendidos comisionados para traer mármoles de Africa, que eran
Abdullah, el inspector principal de las obras, Hasan Ibn Mohammad, y Alí
ben Ja'far, á quienes pagaba An-nasír 10 dinares de oro por cada trozo ó
fuste de mármol, grande ó pequeño, puesto en Córdoba. Era tan grande el
placer que el califa esperimentaba en dirigir por sí mismo las
construcciones, que entregado á su pasion de lleno, llegó en una ocasion
á faltar tres viernes consecutivos á la azala de la Aljama, y al
presentarse el cuarto viernes, el austero teólogo Mundhir ben Sa'id que
predicaba aquel dia, aludió á él en su plática, y delante de todo el
gentío le amenazó con el fuego del infierno. Gastábanse en la
edificacion diariamente 6000 sillares de todos tamaños y formas,
labrados y sin labrar, sin contar el ladrillo y la piedra tosca
empleados en los cimientos: conducian los materiales 1400 acémilas, y
400 camellos del sultan, y 1000 mulas de alquiler. Cada tres dias se
consumian 10,000 cargas de cal y yeso. Columnas, grandes y pequeñas, de
sosten y de peso, entraron mas de 4300, traidas algunas de Roma, 19 de
tierra de cristianos, probablemente de Narbona, 140 regaladas por el
emperador griego, 1013 de mármol verde y rosa de Cartagena de Africa,
Tunez y otras plazas de allende el Estrecho; las demas sacadas de las
canteras del Andalús, como las de mármol negro y blanco de Tarragona y
Almería, y las de _mármol de aguas_ de Raya. Los operarios y eslavos
empleados diariamente eran 10,000; tenian de jornal, unos un adiram y
medio, otros dos adirames y un tercio. El gasto hecho en las obras de
Azzahra ascendió anualmente á 300,000 dinares durante el reinado de
An-nasír, y habiéndose formado el cómputo de su costo total en los
veinticinco años trascurridos desde el 325 al 350 en que murió el
califa, resultó haber gastado en aquellos palacios siete millones y
medio de dinares ó pesantes de oro. Asegúrase que las hojas de sus
puertas, de todas dimensiones, eran 15,000, revestidas de hierro bruñido
ó cobre dorado y plateado. Sufragóse este inmenso gasto con el tercio de
las rentas del imperio destinado á las construcciones y obras
públicas[500].
Sería cosa interminable el referir una por una todas las bellezas que el
arte y la naturaleza de consuno habian aglomerado en el delicioso
recinto de Azzahra: bellezas realzadas con el esplendor de la corte, la
muchedumbre de soldados, pages, eunucos y eslavos, de todos paises y
religiones, costosamente vestidos de seda y brocado, que circulaban por
sus anchas calles, y los grupos de jueces, katibes, teólogos y poetas
que gravemente paseaban aquellos suntuosos salones, aquellos espaciosos
vestíbulos y antecámaras. Habia allí, además del régio alcázar,
viviendas magníficas para hospedar á los altos funcionarios del Estado;
allí acueductos que mantenian con el agua de la sierra en perpétuo
verdor las huertas y vergeles; allí jardines con toda clase de flores y
boscages de azahar, de mirto y de laurel; allí sorprendentes juegos de
aguas, y fuentes, estanques y lagunas de todas formas; allí cenadores y
deliciosas umbrías en que guarecerse de los ardores del estío. Los
historiadores de aquel tiempo, los oradores y poetas, agotaron los
raudales de su elocuencia describiendo aquellas maravillas. Cuantos
forasteros las visitaban en los dias de Al-hakem, cuando ya la nueva
ciudad habia llegado á su apogeo, confesaban no haber otras semejantes
en los vastos dominios del Islam. Los viajeros de lejanas tierras, los
príncipes, los embajadores, los traficantes, peregrinos, teólogos y
poetas mas familiarizados con las construcciones de aquella especie,
todos reconocian no haber visto nada comparable en el mundo. Y en verdad
que solo el terrado de mármol pulido que se elevaba en su alcázar al
mediodia dominando sus jardines, los pabellones de oriente y occidente
que sobre él descollaban, el salon dorado del pabellon circular que
ocupaba el centro; solo las incomparables labores de su arquitectura, la
belleza de sus líneas y proporciones, la riqueza de su ornamentacion
interior, ya de mármol luciente, ya de oro deslumbrador con columnas de
caprichosos jaspes, con pinturas émulas de los mas floridos vergeles;
solo su lago de líquida plata, sus cisternas perpétuamente llenas de
purísimas aguas, sus preciosas fuentes ornadas de bajo-relieves; cada
uno de estos objetos de por sí hubiera sido suficiente para hacer los
palacios de Azzahra superiores á los de Bagdad, Damasco y
Constantinopla.
Entre sus maravillas se distinguian el pabellon central, las fuentes y
la mezquita. Estaba el mencionado pabellon sostenido en columnas de
mármol _de aguas_, taraceadas de rubíes y perlas, con capiteles de oro:
llevaba el nombre de Salon de los Califas (_Kasru-l-kholafá_), porque en
el advenimiento de estos al trono debia hacerse allí su jura y
proclamacion. Sus paredes estaban cubiertas de oro y mármoles
trasparentes de diversos colores: su techo de lo mismo, y pendia de su
centro una perla de incomparable tamaño y valor que entre otros
preciosos dones habia regalado á An-nasír el emperador Constantino
Porfirogénito. Las tejas de este pabellon eran de plata y oro
alternadas. Ocupaba el centro del mágico recinto un estanque de pórfido,
lleno de purísimo azogue, que limitaba una arquería poligonal de ocho
arcos de herradura de ébano y marfil, incrustados de oro y piedras
preciosas, sobre columnas de mármol pulido y cristal. Cuando penetraba
el sol por ellos, solo el reflejo que producian sus rayos en el techo y
las paredes bastaba para cegar á cualquiera; así, cuando An-nasír queria
intimidar á algun personage de cuya lealtad no estaba seguro, con una
seña que hiciese á uno de sus eslavos, al punto la masa de azogue
empezaba á moverse, y sus vívidos reflejos producian en todo el salon
unas luces como relámpagos deslumbradores.