La antigua reina del Guadalquivir, que ya solo cobra de este gran rio el

tributo de sus aguas sin cansarle con sus bajeles, se ofrecerá á tus

ojos como un mayorazgo arruinado que pasa la vida en magestuosa holganza

instalado en su espaciosa casa solariega, de cuyas paredes penden

empolvadas, desgarradas y descoloridas tapicerías, en otro tiempo

magníficas, y entretenido con los ahumados retratos de sus abuelos

mientras las goteras acaban de arruinar sus artesones, y en tanto que

sus tierras yacen abandonadas á la cizaña, á la oruga y á la langosta.

Sube conmigo á esa enhiesta torre[466] y mira á tu alrededor: á tus piés

un gigantesco templo; á tu frente un caudaloso rio, ya despojado de las

frondosas alamedas de sus orillas; á tu derecha tristes reliquias de

suntuosos alcázares derruidos; á tu izquierda una dilatada y heterogénea

aglomeracion de edificios de todas las épocas, partidos en dos grandes

secciones por una larga y anchurosa via que marca las sinuosidades de

una antigua muralla divisoria, en la que descuellan á trechos algunos

torreones mutilados, últimos centinelas heridos de una hueste

esterminada. Esa espaciosa via es la calle de la Feria, arteria

principal de la industria y comercio de la antigua Córdoba, hoy sin

sangre apenas. Entre ese singular compuesto de todas las edades,

divisarás en miserables callejas y en plazoletas de forma irregular,

casas no pocas que por sus soberbias fachadas merecian, á no estar hoy

la mayor parte desiertas, el envidiado nombre de _palacios_; portadas

elegantes del estilo del _Renacimiento_ con esbeltas columnas estriadas

y medallones de gran relieve; graciosos ajimeces en paredones

carcomidos; altas galerías de aéreas arcadas moriscas sobre edificios

restaurados con bárbara simplicidad, sin una imposta, sin una faja, sin

una moldura, con agujeros cuadrangulares por ventanas, y de arriba

abajo enjalbegados; casuchas miserables con magníficos fragmentos de

jaspe y mármol embutidos en sus sarrosos tapiales:--allí un soberbio

capitel corintio sirviendo de piedra angular,--allá un hermoso fuste de

granito haciendo de escalon en un umbral,--acullá una basa de estátua

romana puesta como sillar á pesar de la borrosa inscripcion denunciadora

de su antiguo y noble empleo:--y esto á cada paso, en cada esquina, en

cada calle. Verás tambien como en posicion alegórica dos grandes

edificios, S. Francisco y S. Pablo, situados en línea en frente de la

Ajarquía, á guisa de paladines del cristianismo en avanzada contra los

errores que simboliza la Almedina. Eran conventos poderosos: hoy se

alberga en el uno como vergonzante la suprema autoridad política y

gubernativa de la provincia; el otro, medio arruinado, no tiene mas

morador que un pobre sillero, al cual le viene tan grande la regia

clausura, que como corrido de su pequeñez dentro de ella, se ha bajado á

un rincon de su inmenso patio á teñir sus palos y tejer sus eneas. Si

paras la atencion en las humildes fábricas que de trecho en trecho

despuntan, unas con torres, otras sin ellas, asomando sobre las

techumbres circunvecinas sus denegridas fachaditas angulares, cuál con

un santo en su vértice, cuál con una simple cornisilla de canes, cuál

entre dos robustos estribos, pero todas con su gran claraboya como el

ojo único de los cíclopes, facilmente reconocerás, aunque algo

disfrazadas, algunas de las basílicas mozárabes de que te he hablado en

el anterior capítulo. El clero parroquial ha carecido de medios para

enmascararlas con fachadas greco-romanas ó churriguerescas. ¡Feliz

pobreza, que nos las ha conservado libres de columnas panzudas y

guirnaldas de piedra! A tu espalda se dilata formando cien tortuosas

calles y otros tantos callejones la parte mas alta de la ciudad: en ella

habia repartido la arábiga dominacion setecientas mezquitas con sus

alminares, novecientas casas de baños, muchísimos mercados, bazares,

zocos, talleres, fábricas, posadas; pero de tan portentosa grandeza no

existe hoy ni la huella. Do quiera que vuelvas los ojos hallarás en suma

fachadas sin viviendas, entre cuyos sillares brotan el musgo y la malva,

por cuyas ventanas pasan revolando los pájaros amantes de las grandes

ruinas; monasterios inhabitados, templos desiertos, plazas donde crece

la grama, calles á todas horas silenciosas, mercados donde no se

trafica, talleres donde no se trabaja, tiendas donde no se vende; una

poblacion en fin inactiva, dormida, mermada, pobre, privada de las

delicias de la cultura islamita, divorciada con las dulzuras de la

progresiva civilizacion cristiana, y marcada con el estigma de una

dolorosa decadencia material y moral[467].

Tiene un no sé qué la holgazanería que á primera vista se confunde con

la dignidad; pero, sea ó no holgazana, es indudable que la moderna

Córdoba arrastra con decoro los girones de la toga pretexta romana, del

tiráz musulman, y de la cota española. Contenta con los timbres

heredados, los deja subsistir hasta que se le caen á pedazos: no aspira

presuntuosa á sustituir al arte monumental de los tiempos que fueron

otro arte nuevo; y sin embargo no vive sin arte como otros pueblos.

Conserva hoy cuidadosa sus lápidas latinas, sus reliquias arábigas, sus

edificios ojivales: bien quisiera ella tener medios para realizar

empresas mayores; pero como caballero pobre se pasa con digna

resignacion sus hambres sin pedir á nadie prestado. Cuando necesita un

edificio lo labra á la antigua usanza, haciendo en sus patios graciosas

y esbeltas arcadas sobre bien torneadas columnillas decoradas con

capiteles moriscos; y no incurre en plágios insípidos y de mal gusto, ni

comete el crímen de copiar la irracional arquitectura de la coronada

villa de Madrid[468].

¡Salve, pues, noble y magestuosa cuna de Lucano, de los Sénecas, de

Osio, de Averroes, de S. Eulogio, de Juan de Mena, del Gran Capitan, de

Morales, de Góngora, de Céspedes, de tantos insignes varones! Inspírame

con las memorias de tu pasada grandeza para descubrir á mis lectores en

cuadros verídicos, aunque fugaces, el sumo interés histórico que en sí

llevan algunas de las reliquias que cubren tu suelo.

_La muralla y sus puertas._ Esos muros que cercan la ciudad,

fortalecidos á trechos con gallardas torres, cilíndricas unas, cuadradas

otras, y algunas ochavadas, fueron obra de muchos siglos, pero toda de

sarracenos y cristianos; de los romanos quedarán quizá cimientos. Lo mas

notable en ellos son las puertas, y algunas torres desviadas de la

cerca, y unidas á ella con pasadizos, que los árabes solian construir en

vez de baluartes para señorear mejor la muralla, y que luego

construyeron tambien los cristianos[469]. Son principalmente dignas de

observarse, la puerta _de Sevilla_ por la elegancia de su labor

almohadillada; la _de Almodovar_ por lo bien que se marca en ella la

diferencia entre la obra morisca y la renovacion hecha despues en la

parte alta del muro; la puerta _del Osario_, obra de la reconquista,

edificada segun la manera comun de la edad media con dos robustas torres

que la flanquean; la puerta _de Colodro_, célebre no como obra del arte,

sino por haberle dado su nombre el valiente almogavar que con Benito

Baños escaló el muro de la Ajarquía dando ocasion á que ganaran esta

parte de la ciudad las huestes de S. Fernando; la _de la Misericordia_,

llamada antes _puerta Escusada_ por cierto dicho oportuno del rey moro

que perdió á Córdoba, conservado por la tradicion[470]; la _del Sol_,

antes _puerta de Martos_, y en tiempo de romanos puerta _Piscatoria_,

famosa por haber sido la primera que se abrió al adalid Domingo Muñoz y

á los capitanes Argote y Tafur, en aquella noche oscura y lluviosa en

que los dos terribles almogavares nombrados, y otros bravos, precedidos

de sus guias, iban recorriendo en silencio como indignadas sombras toda

la muralla oriental, sus torres y puertas, degollando á los centinelas y

guardias muzlemitas[471]. Finalmente la puerta _del Puente_, que se cree

diseñada por el célebre Juan de Herrera, y que indudablemente lleva el

sello de su escuela[472] en la severidad y buenas proporciones de sus

cuatro columnas dóricas y de su cornisamento. Dos bajo-relieves de

mérito sobresaliente, atribuidos al Torrigiano, ocupan la parte superior

de sus intercolumnios. Donde se halla esta puerta habia en tiempo de los

árabes otra, llamada del mismo modo (_babu-l-kantarah_): la de Sevilla

se denominaba vulgarmente _puerta de los Drogueros_ (_babu-l'-attarin_):

la del Sol llevaba el nombre de _puerta de Algeciras_

(_babu-l-jezirati-l-khadrá_). Habia además otras puertas: la _de los

Judíos_ (_babu-l-yahud_); la _de Talavera_ (llamada asímismo _de Leon_);

la _del amir Koreixí_; y la _de los Nogales_ (por otro nombre _puerta de

Badajoz_). ¿Qué puertas eran estas? No es fácil ya averiguarlo. La de

Almodovar quizás podrá haberse llamado puerta de los Judíos, por caer

hácia aquella estremidad el barrio de estos, como lo indica la calle que

aun conserva su nombre. Allí continuaron morando despues de la

reconquista, y allí erigieron recien ganada la ciudad la suntuosa

sinagoga[473] que mandó demoler el papa Inocencio IV[474]. Allí tambien

sufririan la gran matanza del año 1392.

Al estremo septentrional de la Ajarquía, entre las puertas del Rincon y

de Colodro, se eleva una gran torre de planta octógona, unida á la

muralla por un arco de medio punto, bajo el cual se ve una lápida

borrosa, en que se dice habia una inscripcion por donde constaba haberse

hecho la obra desde el año 1406 al 1408, de órden del rey D. Enrique

III. Acerca de esta torre circulan diversas tradiciones; pero la mas

válida cuenta que se labró á costa de un caballero, que, habiendo

asesinado á su esposa, obtuvo del monarca, necesitado á la sazon de

hombres y dinero, la gracia de poder rescatar con ella la pena de muerte

merecida por su crímen.

_El alcázar._ El antiguo alcázar de Córdoba debia ser un edificio

inmenso, ó mas bien un conjunto de varios y magníficos edificios, porque

en su irregular recinto se comprendia todo lo que es hoy palacio

episcopal, alcázar viejo y nuevo, caballerizas, y huertas del alcázar.

Cae á la parte occidental de la ciudad, teniendo por límites á levante

la catedral, al mediodia el rio y su ribera, á occidente y norte el

_arroyo del Moro_; y en este sitio estuvo erigida desde la dominacion

romana la principal fortaleza de la ciudad, permaneciendo en los

tiempos sucesivos como baluarte y defensa de la poblacion. Los godos

tuvieron allí el palacio de Teodofredo, padre del rey D. Rodrigo; los

árabes se encontraron el palacio construido, y los califas de la casa de

Merwan se instalaron en él. Propensos á poetizarlo todo con misteriosos

orígenes, sus escritores en la edad media le supusieron obra de los mas

remotos tiempos, descubierta casualmente por un antiguo rey, de esos que

como los de los cuentos de las nodrizas no tienen nombre ni época en la

historia[475]. Pero el diligente y verídico Ibnu Bashkuwal, que le vió

en la época mas brillante del califado, nos dá á entender que se

juntaban en él reliquias arquitectónicas de cuantas gentes habian

dominado la Andalucía desde los persas y griegos. Este historiador, sin

describirlo minuciosamente, habla en general de muchas bellezas

atesoradas en sus salones y jardines por los amires de la dinastía de

los Umeyas, y dando luego razon de sus magníficas entradas, dice así:

«Entre las puertas de este palacio, que Dios omnipotente abrió para

reparacion de las injurias, auxilio de los oprimidos y declaracion de

justas sentencias, es la principal una sobre la cual campea un terrado

saliente sin igual en el mundo. Esta puerta abre paso al alcázar, y

tiene sus hojas revestidas de hierro, con un anillo de bronce de labor

esquisita, en figura de hombre con la boca abierta: obra de mérito

estraordinario que trajo de una de las puertas de Narbona un califa. En

la misma línea de esta hay otra puerta, llamada _de los Jardines_

(_babu-l-jennan_), y al lado opuesto, en un terrado que domina al

Guadalquivir, dos mezquitas, famosas por los muchos milagros obrados en

ellas, y en las cuales el sultan Mohammed, hijo de Abde-r-rahman II, se

sentaba á administrar justicia á sus súbditos. Las puertas tercera y

cuarta, llamadas _del Rio_ (_babu-l-wadi_) y _de Coria_

(_babu-l-koriah_), daban salida al norte. La quinta y última, denominada

_de la Mezquita mayor_ (_babu-l-jamí_), era la que se abria á los

califas cuando iban los viernes á la azala de la Aljama; cuyo tránsito

se cubria todo de alhombras[476].» Nada mas sabemos del soberbio alcázar

árabe. ¿Qué queda hoy de él? Poco mas que una especie de fortaleza

cuadrada que el rey D. Alfonso XI reformó á su manera (denominada hoy

_el alcázar nuevo_), y algunos torreones desmochados y ruinosos que se

divisan como perdidos en la grande area desierta que se estiende detrás,

donde ya no es posible conjeturar lo que allí existió. Créese que el

palacio episcopal conserva algunos muros de aquel gran palacio: debe

serlo forzosamente el que mira á levante y sirve de fachada, pues hasta

el siglo XVI estuvo unido á la mezquita por medio del pasadizo ó

tránsito mencionado[477].

Tenian los alcázares unos deliciosos baños, que se surtían del agua del

Guadalquivir por medio de una grande azuda. Esta máquina, sostenida en

un elegante edificio de ladrillo, cuyos restos aun subsisten con el

nombre de Albolafia, en la orilla del rio al pié del muro que limita por

el sur la Huerta del alcázar, subia el agua á un recipiente ó depósito,

del cual pasaba sobre un arco al cauce abierto en dicho muro, y por

encima de este corría hasta verter en el baño, del cual tambien se ven

las ruinas allí cerca. En el baño habia una torre, memorable por

haberse parado en ella despues que la ahuyentaron, segun cuenta la

piadosa leyenda, la paloma blanca que se dejó ver sobre el cadáver del

mártir S. Eulogio arrojado al rio. En el ángulo S-E. del alcázar había

otra torre, llamada _de la Vela_, tambien célebre por la misma

leyenda[478]. Ambas sin embargo han sido demolidas sin escrúpulo despues

que la reina D.ª Isabel la Católica, estando en Córdoba ocupada en

proveer lo necesario para la guerra de Granada, dió el mal ejemplo de

hacer desbaratar el galano artificio de la Albolafia porque su ruido le

quitaba el sueño.

Pero ¿cómo es que ni el _alcázar nuevo_, hoy cárcel, que sirvió de

residencia al terrible Tribunal del Santo Oficio, ni el _campillo del

rey_ saturado de sangre de mártires mozárabes, han hallado á los ojos de

los cordobeses gracia suficiente para eximirse de la dura ley del

abandono? Siquiera por el singular contraste que en aquel parage

ofrecian la ominosa fortaleza, donde el falso celo religioso habia

perpetrado por obra del malvado Luzero tantos crímenes horrendos[479], y

aquella sagrada palestra, donde el verdadero amor de Jesucristo habia

recogido tantas celestiales palmas; por esto solo parece que debieran

los hijos de Córdoba haber mantenido con esmero aquel edificio

libre de la devoradora carcoma de las cárceles, conservando en él hasta

los muebles del tiempo del pérfido inquisidor: é intacto el sencillo

monumento que la piedad discreta, generosa y tierna de Ambrosio de

Morales, consagró á la legion de mártires que desde aquella esplanada se

habia elevado triunfante al Empíreo[480].

[Illustration: ALAMEDAS DEL GUADALQUIVIR.

(_Córdoba._)]

_El puente y la Calahorra._ Algunos historiadores árabes atribuyen á

Octaviano Augusto la construccion del antiguo puente de piedra.

Destruida la obra romana, los sarracenos la reedificaron sobre sus

mismos cimientos[481], y todos los califas de la dinastía de Merwan se

esmeraron en su conservacion. Consta de diez y seis arcos, volteados

sobre pilares que fortalecen robustos estribos cilíndricos coronados de

chapiteles semicónicos. A modo de cabeza de puente se eleva en su

estremo opuesto á la ciudad una fortaleza con su barbacana, una

verdadera Calahorra, que el vulgo, aficionado á estropearlo todo, llama

la _Carraola_. Forma la planta de este castillo una especie de cruz,

cuyos brazos y cabeza son en el alzado tres severos torreones

cuadrangulares almenados, que llevan en su interseccion otros dos

cuerpos cilíndricos de igual altura[482]. La barbacana es poligonal, con

estribos cilíndricos, en dos ángulos. En la defensa de la ciudad contra

el rey D. Pedro de Castilla, el puente y su Calahorra fueron teatro de

heróicas lides.

Habia brindado aquel malvado rey con el saco de Córdoba al rey moro de

Granada si le ayudaba á conquistarla. Accediendo Mohammed, juntáronse

los ejércitos de ambos, y el castellano puso cerco á la ciudad con

ochenta mil moros de á pié y siete mil de á caballo, y unos siete mil

cristianos. Combatiéronla los moros con corage, y al primer asalto

entraron por fuerza el castillo de la Calahorra. Pasaron el puente,

abrieron seis portillos en la muralla del alcázar viejo, y por ellos

penetraron en la ciudad una porcion de compañías ganando rápidamente las

calles con banderas desplegadas y estruendo de lelilíes. El Adelantado

D. Alonso Fernandez de Córdoba, los maestres de Santiago y Calatrava D.

Gonzalo Mesía y D. Pedro Muñiz de Godoy, y otros caballeros, Córdobas y

Guzmanes, estaban dentro indignados de ver que los soldados cristianos

se dejaban arrollar por la morisma; y mientras se esforzaban inútilmente

en contenerlos, las matronas y doncellas mas principales salieron sin

tocas por las calles, dando animosos y dolientes gemidos, escitando con

varonil ademan á sus hijos y esposos á la pelea. Produjo esto tanto

entusiasmo, que los soldados cristianos, convertidos repentinamente en

leones, cerraron con tanto brío con aquel enjambre de moros que los

tenia acosados, que los obligaron á huir, arrojándose muchos por la

muralla al rio para salvar la vida, y abandonando el ejército sitiador

el puente y su fortaleza. Los dos coligados repitieron la embestida por

separado al siguiente dia, pero en vano; y al cabo volvieron unidos

sobre la ciudad, que asediaron con nuevo ardimiento. Los sitiados

resolvieron salir á darles batalla, y eligieron por su general al

Adelantado, á quien de derecho tocaba serlo. Juntóse un lucido escuadron

de caballeros y gente ciudadana, decididos todos á morir ó vencer; pero

divulgóse entre el pueblo crédulo la calumnia de que el Adelantado

tramaba la entrega de la ciudad al rey de Castilla, y al salir la hueste

cordobesa al puente se presentó al caudillo su madre D.ª Aldonza de

Haro, y le dijo: _mirad, hijo, que me dicen salís á entregar la ciudad á

nuestros enemigos; recordad que en vuestro linage no ha habido

traidores: no hagais menos que vuestros pasados_. Y D. Alonso respondió:

SEÑORA, EN EL CAMPO SE VERÁ LA VERDAD[483]. Pasó el escuadron el puente,

hizo el Adelantado cortar dos de sus arcos, y dijo á los suyos: _¡pensad

que salimos á vencer ó morir!_ Trabóse la batalla, y puso Dios tal brío

en los corazones cordobeses, que sin reparar en la muchedumbre de los

contrarios los embistieron de tropel, con tanto denuedo, tanta furia y

vocería, tan recio herir y golpear, que al punto se cubrió la llanura de

cadáveres de infieles y castellanos mezclados; visto lo cual, las

haces enemigas aterradas volvieron las espaldas, y á mas correr se

encaminaron á Castro el Rio, dejando ricos de despojos á los cordobeses.

Estos regresaron á la ciudad por el vado que hoy llaman _del

Adelantado_.

[Illustration: _Dib.º del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa._

_Lit. de J. Donen, Madrid._

IGLESIA DE S.ta MARINA.

(_Córdoba._)]

_Iglesias, conventos y capillas._ Cuando S. Fernando conquistó á

Córdoba, los cristianos habian ya casi perdido la memoria de las

advocaciones de sus basílicas; algunas sin embargo subsistian aunque

deterioradas por el largo abandono, y solo de dos ó tres de estas se

sabian por tradicion las primitivas dedicaciones[484]. A las otras que

hallaron en pié aplicaron advocaciones nuevas[485]. Reparáronse las que

amenazaban ruina, las ya asoladas se volvieron á levantar; las torres

que los sarracenos habian desmochado quedaron truncadas como glorioso

testimonio de las persecuciones sufridas. Catorce parroquias resultaron

de esta obra de restauracion tan meritoria: siete en la Ajarquía, siete

en la Almedina, uniformes en las líneas generales de sus sencillas y

humildes fachaditas, en un todo acomodadas á la forma comun de las

primitivas basílicas cristianas del Occidente, en que se dibujan las

tres naves, central y laterales, y sus vertientes. En la parte

decorativa conservaron las parroquias de la Almedina algunos rasgos muy

marcados de su profana destinacion mientras sirvieron de mezquitas; en

algunas de la Ajarquía quedó también sellada con reminiscencias del

estilo árabe la larga dominacion padecida. Ved esa adusta mole que se

levanta en la plazoleta del conde de Priego, de fachada desnuda de

ornato y sombría, pero bien razonada y de carácter profundamente

cristiano: esa es Sta. Marina, tipo de los primitivos templos ojivales

de nuestra nacion. Alienta en ella cierto espíritu de magestad, de

fortaleza, de santa sobriedad cristiana que cautiva[486]. Falta en las

zonas que dividen sus estribos la simetría, de la cual somos hoy

esclavos; pero, ¿qué importa? Este defecto, dado que lo sea, no se

advierte siquiera; y en cambio su deliciosa portada de molduras lisas,

su claraboya de anillos concéntricos, su puerta del norte con las dos

severas agujas que la flanquean, los chapiteles piramidales de su

imafronte, constituyen un precioso modelo de arquitectura religiosa,

económica en su coste, y popular como adaptable á toda clase de

poblaciones desde la poderosa ciudad hasta la humilde aldea. Una

fisonomía menos adusta presentaria la fachada de S. Lorenzo antes que

levantase en 1555 su rector y obrero Alonso Ruiz la torre que tanto

desdice del carácter primitivo de esta basílica[487]. Tenia entonces un

gracioso pórtico cuyas arcadas se ven cegadas hoy: era la pared de su

imafronte enteramente lisa, y en ella un grande roseton calado, al cual

no hay otro comparable en Córdoba, inundaba de luz la nave central.

Aumentaban su claridad las ventanas de los muros laterales de la misma

nave, de forma estraña y caprichosa, á manera de ajimeces sin parteluz,

en que el rosetoncillo del vértice está como sujeto por un cordon

ondulante. Casi todas las parroquias de Córdoba presentan en sus

portadas antiguas gran semejanza: unas sin embargo son mozárabes, otras

son obra posterior á la reconquista. Esto consiste sin duda en que el

arte mozárabe que desaparece, coincide con el arte cristiano del norte

que viene á ocupar su puesto, en muchos elementos que uno y otro

conservan del bizantino; pero por regla general creemos poder

establecer, que cuando las archivoltas de muchas molduras ó toros van

exornadas de puntas de diamante, de zigzags y dientes de sierra, de

pometados y otros objetos de procedencia oriental, descansando además en

columnillas de capiteles cúbicos y orlados de funículos, debe

sospecharse sea esta decoracion anterior á la época de S. Fernando[488].

Lo que indudablemente pertenece á su tiempo es el embovedado ojival de

todas ellas. Pero la deplorable comezon de greco-romanizarlo todo que

empezó en el siglo XVII, tiene á estas interesantísimas parroquias

completamente estropeadas por dentro. En la mayor parte han desaparecido

los nervios de las bóvedas, los capiteles y repisas de donde partian,

los nudos y florones en que remataban; las arcadas de las naves llevan

encima ridículos cornisamentos, los esbeltos pilares de piedra estan

sepultados en la pesada masa de cal y canto que sostiene los modernos

arcos de medio punto, y estos arcos suelen estar flanqueados de

pilastras romanas de risibles proporciones. Las hermosas claraboyas del

siglo XIII, tan primorosamente trabajadas y á tanta costa, se han

reputado inútiles, y estan la mayor parte tapiadas por el interior[489].

El siglo XV, aunque menos tolerante de lo que se cree, demostraba mas

genio en sus restauraciones. Dígalo la graciosa torre de _S. Nicolás de

la villa_[490], que pareceria un elegante alminar árabe á no haberle

añadido el rústico campanario que la afea.

[Illustration: _Dib.º del nat.l y lit.ª por F. J. Parcerisa_

_Lit. Donen, Madrid._

TORRE DE S.n NICOLAS.

(_Córdoba._)]

[Illustration: _P. P. del._

ROSETON DE LA IGLESIA DE S.n MIGUEL.]

[Illustration: _J. S. del._

Lab. de G.D.Marimes, Madrid

CAPITEL ÁRABE BIZANTINO.]

[Illustration: _G. D. P. del._

ID. AFRICANO.]

[Illustration: _Dib.º del nat.l y por F. J. Parcerisa. Lit. de J.

Donen._

IGLESIA DE S.^N LORENZO.

(_Córdoba._)]

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