lugares ocuparon dentro de la ciudad, y en aquella pintoresca sierra de
Córdoba, de donde bajaron un tiempo á la orgullosa corte de los amires
huestes enteras de mártires y confesores, todas las basílicas y
monasterios de que vamos hablando; qué se conserva hoy de las primeras
en las parroquias que la tradicion supone renovadas despues de la
reconquista sobre los primitivos muros, ó construidas de nueva planta en
los mismos solares de aquellas. Pero este estudio es hoy imposible: dia
llegará, al menos lo esperamos, en que cundiendo el amor á las
investigaciones relativas á la historia del arte nacional, la discreta y
prudente mano del arqueólogo pueda hacerse cargo de las mutilaciones y
renovaciones, sondear las gruesas capas de cal que ahora revisten por
dentro y fuera esos antiguos templos, y descubrir la verdadera forma de
los miembros arquitectónicos hoy dislocados, ó enmascarados con obras
que no ofrecen carácter alguno apreciable. Debemos en la actualidad
contentarnos con lo que buenamente puede deducirse de los escritos de
los coetáneos: de ellos se deduce la casi seguridad de que algunas de
las parroquias hoy existentes conservan los muros, la disposicion
interior y tal vez las mismas columnatas de las basílicas erigidas
durante la irrupcion sarracena. Con esta luz, y con la que nos
suministra la historia del arte monumental respecto de las formas
generales de la arquitectura religiosa y monástica del Occidente en los
siglos á que nos referimos, podremos presentar un cuadro aproximado del
aspecto interior y esterior de los templos y monasterios de los
mozárabes de Córdoba. Y con este motivo pasemos de la historia al arte:
de la razon filosófica á la forma.
Habia en la ciudad antes de la conquista gran número de basílicas:
despues de apoderados de ella los sarracenos, y reducidos los indígenas
á su barrio separado, muchas de ellas quedarian como la antigua catedral
convertidas en mezquitas[408]; las que subsistieron consagradas al culto
cristiano eran sin embargo no pocas, puesto que solo en las obras de S.
Eulogio y del abad Sanson se mencionan seis iglesias mozárabes; de otra,
que era la de _Sta. María_, dan noticias conformes historiadores que
probablemente no se han consultado, ni quizás oido nombrar[409]; y por
último puede sostenerse con muy sólidos argumentos que lo eran asímismo,
aunque quizás con otras advocaciones, las que hoy se denominan de _S.
Andrés_, de _la Magdalena_, de _S. Lorenzo_ y de _Sta. Marina_, todas
situadas en la Ajarquía ó parte baja de la ciudad[410], que era la que
habitaban los mozárabes, segun queda referido.
[Illustration: Dibº del natl y litº por F J Parcerisa _Lit de J Donon
Madrid_
PARROQUIA DE SANTA MARINA,
_PUERTA LATERAL_.
(Córdoba.)]
Las iglesias de que nos dejaron memoria los antiguos y santos escritores
nombrados, son: la de _los tres Stos. Mártires_ Fausto, Januario y
Marcial, hoy S. Pedro, que como queda referido sirvió de basílica
catedral desde que los cristianos, vendiendo á los muzlemitas la parte
que de la catedral primitiva retenian segun las estipulaciones de la
conquista, reedificaron con autorizacion del amir Abde-r-rahman I aquel
templo para erigirlo en catedral. La de _S. Zoilo_, que algunos creen
sea la de S. Miguel de ahora, aunque no nos parece probable por la razon
de hallarse esta parroquia en la Almedina ó parte alta de la ciudad, y
no en la Ajarquía. La de _S. Acisclo_, que ha debido en muchas épocas
sufrir grandes modificaciones hasta llegar á ser un grande y magnífico
monasterio: lo que hoy por desgracia escasamente se presume, atendido el
bárbaro deterioro que en él se ha causado incluyéndolo en los
inventarios de la desamortización. La de _S. Cipriano_, que no se sabe
qué lugar ocupó; célebre por haberse educado en ella los mártires Emila
y Jeremías; por haber tenido de presbítero al ilustre Leovigildo,
escritor del tratado _de habitu clericorum_, compuesto por escitacion de
sus compañeros los otros clérigos de la misma iglesia; célebre tambien
por haber sido hospedage de los monges Usuardo y Odilardo del monasterio
de S. German de Paris, cuando vinieron á Córdoba en demanda de las
santas reliquias de los mártires Jorge y Aurelio enterradas en el
monasterio de Peñamelaria. La de _S. Ginés mártir_, que supone el P. Roa
se hallaba situada donde está ahora el hospital llamado _de la lámpara_,
y que S. Eulogio pone en el arrabal de _Tercios_, del cual hoy nadie dá
razon. En esta iglesia estuvo sepultada la célebre Sta. Leocricia,
discípula de S. Eulogio y su compañera en el martirio, hasta que sus
reliquias fueron llevadas con las de su insigne maestro á la Cámara
Santa de Oviedo por el presbítero Dulcidio, enviado espresamente por el
rey D. Alonso al califa Mohammed para este objeto. Ultimamente la de
_Sta. Olalla_, ó _Eulalia_, que refiere S. Eulogio estaba situada en el
arrabal _Fragelas_, estramuros de la ciudad, del cual hoy nadie conserva
memoria. Dícese sin embargo[411] que el antiguo templo y monasterio de
Sta. Olalla fué dado á S. Pedro Nolasco en 1252 por S. Fernando para que
fundase en él el convento de padres mercenarios, los cuales fueron
vulgarmente llamados por mucho tiempo _los frailes de Sta. Olalla_.
Segun esto, ya es fácil señalar hácia qué parte caía el arrabal
_Fragelas_.
Otras iglesias habia en Córdoba durante la ocupacion sarracénica, pero
por lo visto no merecieron la celebridad que estas, ni se conservó la
memoria de sus respectivas dedicaciones. Cuando S. Fernando conquistó la
ciudad, puede decirse que la poblacion cristiana habia ya faltado de
allí por ciento y doce años, y así por sola la tradicion tomada de los
cautivos, ó por conjeturas razonables, podian deducirse algunas
advocaciones. Sabríanse las de muy pocos templos; las de la mayor parte
no; _S. Acisclo_, los _tres Stos. Mártires_, y _Sta. Olalla_,
conservaron sus antiguas denominaciones; los demas recibieron
dedicaciones nuevas. Esto debió suceder con mucha mas razon en las
iglesias de la Almedina ó parte alta de la ciudad que habian conservado
los sarracenos convirtiéndolas en mezquitas[412].
No se crea que los templos de los visigodos anteriores á la invasion
islamita eran pobres y de tosca arquitectura. En toda la cristiandad se
habian erigido iglesias cristianas antes del siglo de Constantino[413];
de consiguiente el arte religioso podia hallarse en un alto grado de
esplendor en la Europa meridional, que era sin disputa la mas culta,
cuando todavía el arte musulman no habia sacudido el envoltorio de la
barbarie. Ahora bien, ¿cuál era la forma de las basílicas de Córdoba
antes de la ocupacion sarracena? Probablemente la misma que la de todas
las iglesias del Occidente. Los primeros fieles se congregaban, segun se
nos refiere en los _Hechos de los apóstoles_, en las casas de los
últimos convertidos. Un acreditado historiador de la Iglesia nos dice
que los lugares donde se reunian los primeros cristianos parecian mas
escuelas públicas que templos. Adriano, tolerante con la ley de Cristo
desde que leyó la apología de S. Cuadrato, permitió á sus adeptos la
construccion de ciertos templos, que llevaban el nombre de _Adrianéos_,
y cuya forma era próximamente la de las basílicas paganas. Pero hasta la
época feliz en que, proclamado el cristianismo religion del Estado por
Constantino, pudo el culto de la ley de gracia y de amor desplegarse
libremente saliendo de sus lóbregas criptas y catacumbas, no hubo en
realidad plan fijo y uniformidad en la construccion de los edificios
religiosos. Al glorioso vencedor de Magencio, alistado bisoño de
Jesucristo, fué á quien principalmente se debió que los templos del
Crucificado adquiriesen en lo sucesivo la planta sencilla y simbólica
que se ha venido despues perpetuando hasta nuestros dias. Así es en
efecto: autorizados por él los obispos de Roma á elegir entre los
edificios públicos los mas adecuados al ejercicio del nuevo culto; las
basílicas claras y espaciosas, destinadas hasta entonces á las
transacciones comerciales y á la decision de las contiendas jurídicas,
fueron instantáneamente convertidas en iglesias. Allí mejor que en los
lujosos templos del paganismo, manchados con los mas vergonzosos é
impuros misterios, hallaba cómoda acogida la muchedumbre cristiana; no
en los lóbregos aunque magníficos receptáculos de los antiguos dioses,
donde, segun la feliz espresion de un escritor moderno, podia
desaparecer el ídolo con el humo de un solo grano de incienso.[414] Eran
las basílicas por lo comun de planta cuadrangular y oblonga, terminada
en un hemiciclo, con dos hileras de columnas que dividian
longitudinalmente su espacio en tres secciones ó naves, la central mas
elevada que las laterales. Estas construcciones, severas y sencillas al
esterior, é interiormente decoradas con magestuoso y no profuso ornato,
eran muy aplicables al nuevo culto: en el centro del hemiciclo, donde
estaba antes el tribunal, se colocaba el ara consagrada, en la que
celebraba el obispo, ocupando los lados la clerecía; las tres naves del
edificio se destinaban al pueblo, el cual, como es sabido, nunca habia
penetrado en los templos del paganismo; y ocupaban, los hombres la nave
de la derecha, las mujeres la de la izquierda, y los catecúmenos que aun
no tomaban parte en la celebracion de los divinos misterios, la seccion
inferior de la nave central en las horas dedicadas á su instruccion.
Esta nave, dividida por lo comun en su altura en dos cuerpos, formaba
una especie de galería alta ó tribuna, que se reservaba para las viudas
y las vírgenes particularmente consagradas á la oracion. Entre el ábside
donde residia el tribunal, y las naves, ocupadas por el pueblo que
acudia á sus diferentes negocios, habia en las basílicas romanas un
espacio privilegiado, separado del cuerpo de las naves por una
balaustrada ó cancel, y reservado á los abogados y gente de la curia:
este espacio, al convertirse la basílica en iglesia, se destinó á los
cantores, y tomó el nombre de _coro_. A su entrada se colocaron como dos
pulpitillos á modo de cátedras, con gradería para subir á ellos á leer
al pueblo reunido la Epístola y el Evangelio; y estos púlpitos se
llamaron _ambones_. Adaptábase pues la basílica antigua á las
principales necesidades del culto cristiano; pero es claro que cuando la
iglesia se alzaba de nueva fábrica, al reproducir en su planta general
la forma de aquellos edificios tan cómodos y apropiados, habia de
procurar el arte satisfacer además otras exigencias. Entonces la
basílica (que este nombre pagano, equivalente á _morada_ ó _casa real_,
adoptó el templo cristiano como agradecido á la acogida que en ella
habia encontrado al salir de los subterráneos de Roma) se erigia con el
ábside al oriente, y marcando bien en su planta la forma simbólica de la
cruz del Redentor. Las arquerías que la dividian en tres naves nunca
invadian el espacio destinado al coro, sino que la central y el
presbiterio formaban con este una verdadera cruz latina. Cubríase el
edificio con techumbre de madera y tejas planas, adaptando interiormente
á los pares un entablado pintado, ó dejando descubierta la armadura. El
coro, que se llamó despues _crucero_ en su interseccion con la nave
central, solia revestirse de mármoles: separábale del presbiterio un
segundo cancel, cuyas puertas custodiaban los acólitos. Una escalinata
conducia al santuario ó presbiterio. Alzábase en este el altar, con su
tabernáculo encima (_ciborium_), y debajo de él abríase una especie de
cripta (_confessio_) donde se custodiaban las reliquias amadas de los
mártires. Detrás del altar, á modo de corona, se sentaban en coro los
presbíteros, con los obispos á la derecha, y la silla pontifical en el
lugar preeminente. Esta silla era por lo comun de preciosos mármoles,
tenia sus cojines, y estaba mas alta que las otras sillas del coro de
sacerdotes, y cubierta con su correspondiente paño (_thronum... linteo
ornatum_). Al pié del cancel del presbiterio tenian puesto separado á un
lado los príncipes y magnates (se llamaba _senatorium_), y las matronas
al lado opuesto. Exornábase el ábside con profusion de mármoles, estucos
y mosáicos, y de su semi-bóveda ó cascaron pendian para mayor adorno
lámparas circulares, vasos (_coronæ et calices pendentiles_) y otros
objetos preciosos. El tabernáculo que se alzaba sobre el altar estaba
sostenido por cuatro columnas (_umbraculum_, _propiciatorium_), y sus
lados cubiertos con cuatro cortinas (_tetravela cuadruplicia_). Tambien
tenian grandes cortinas las puertas de la basílica. La sacristía
(_secretarium_) tenia su lugar en la parte inferior de la nave del
mediodia, y en ella ó en el presbiterio solian celebrarse los concilios.
Aunque las paredes de las naves solian estar desnudas de todo ornato
artístico, sin embargo no es probable que esta desnudez fuese regla
invariable en todas las iglesias de la España goda, erigidas por un
pueblo tan sensible al halago de lo bello. La monarquía de Rodrigo era
al comenzar el VIII siglo una de las mas cultas y florecientes del orbe:
quien lo dude no tiene mas que recordar el testimonio de los mas
respetables historiadores coetáneos. _Obras maravillosas y elegantes_
llama S. Isidoro á las construcciones de Wamba en Toledo. Iguales
encomios hace S. Eulogio de la basílica de Sta. Leocadia de la misma
ciudad, y de la de S. Félix de Córdoba, renovada y embellecida por el
obispo Agapio II antes del año 618 para que sirviese de sepultura al
cuerpo del mártir S. Zoil. Por S. Gregorio Turonense sabemos que la
iglesia erigida por Carrarico á S. Martin en la ciudad de Orense era una
construccion _admirable_ (_miro opere expedita etc._). Paulo Diácono nos
habla de un baptisterio en la iglesia de S. Juan de Mérida, todo
cubierto de pinturas... ¿ A qué amontonar citas? Todos los que han
escrito de nuestras antiguas cosas sagradas se han deshecho en alabanzas
de la hermosura y riqueza, de la magnificencia y fasto de muchos templos
erigidos durante los siglos VII y VIII por nuestros reyes, prelados y
magnates. Ellos nos pintan á la imaginacion espaciosos atrios sostenidos
de columnas, encumbradas torres, muros cubiertos de bruñidos mármoles;
¿qué mucho, pues, que se decorasen alguna vez con frescos ó mosáicos
simbólicos las naves de aquellas basílicas españolas compañeras de las
que á S. Eulogio le merecieron tantos encomios?[415] La regla general,
no obstante, era que solo se adornasen con obras artísticas la
semi-cúpula del ábside, el presbiterio con los objetos que incluía, como
el altar y el tabernáculo, y el coro ó escuela de los cantores. Tambien
la pila bautismal solia decorarse con bajo-relieves y pinturas.
Pero en la desemejanza de las iglesias cristianas con las basílicas
antiguas, el fenómeno artístico de mas interés y trascendencia es la
sustitucion del arco descansando sobre los capiteles, al arquitrave
horizontal, para las columnatas que dividen á lo largo el edificio:
innovacion que puede atribuirse, ya á la falta de materiales para hacer
una construccion romana regular, ya á la prisa con que á la sazon se
edificaba, que no permitia reunir muchas columnas de proporciones
iguales, ya por fin á la necesidad misma de variar y presentar cosas
nuevas, que tan natural es en el hombre en las épocas de grandes
revoluciones sociales. Todas las nuevas basílicas en efecto aparecieron
con sus ligeras arquerías volteando de capitel en capitel, sin
arquitrave que les sirviese de nivel comun, y este sistema inventado por
los cristianos, sea ó no preferible al de la antigua arquitectura
clásica, es el que desde entonces ha prevalecido en las edades media y
moderna: en la arquitectura bizantina; en la musulmana que la reconoce
por madre, ó cuando menos por nodriza; en la románica del Occidente; en
la ojival llamada gótica, y por último en la del renacimiento, con la
cual parecen agotarse todas las combinaciones de las formas
monumentales.
Es de suponer, pues, que siendo en aquellos siglos homogénea la
arquitectura cristiana en el Occidente, las basílicas de Córdoba
anteriores á la irrupcion sarracena y las erigidas luego por los
mozárabes, presentasen todas con cortísimas diferencias la disposicion
interior que acabamos de describir. Su conjunto esterior tenia tambien
que ser próximamente el mismo en todas partes: en el imafronte ó
fachada, remate angular, marcando la declinacion de los pares de la
armadura ó techumbre de la nave principal; luego las verticales de los
muros de esta en su parte superior, por donde recibe las luces; luego
las otras dos vertientes de la armadura de las naves colaterales,
descansando sobre los muros de estas; últimamente, portada mas ó menos
rica de ornamentacion, compuesta de un arco de plena cimbra, bajo un
tejaroz sostenido en mútulos de formas caprichosas, y en lo alto un
_oculus_ ó claraboya, de sencilla forma, destinado a dar mayor luz al
cuerpo de la iglesia. En los costados, muros lisos, sin estribo ni
refuerzo alguno, por considerarse suficientes á contrarestar el leve
empuje de aquellas pequeñas armaduras; descollando sobre el tejado de
cada nave colateral el cuerpo de luces de la nave del centro; y las
ventanas, todas de medio punto, con mas ó menos ornato en las
archivoltas. En la parte posterior, que mira á oriente, una especie de
media torre de planta semicircular ó poligonal, con ventanas de la forma
misma que en los costados, revelando la presencia del ábside ó
presbiterio. Al edificio de la basílica propiamente dicha, se agregaban
otras construcciones indispensables. La forma de estas no sabemos que
estuviese sujeta á plan determinado; segun el número de personas que
hubiesen de vivir en ellas, y segun la mayor ó menor liberalidad con que
se hubiese la iglesia fundado[416], serian mas ó menos cómodas y
espaciosas, mas ó menos suntuosas, y si se quiere mas ó menos humildes,
las dependencias de cada parroquia mozárabe. Considerábanse estas como
esencialmente sujetas á la catedral, y reconocíase la Iglesia Mayor como
madre aun de aquellas mismas que gozaban de alguna independencia por
derechos ó privilegios de patronato[417]. Así el clero parroquial hacia
una vida análoga á la del cabildo de canónigos; esto es, los
beneficiados y clérigos que le componian, vivian como regulares bajo la
autoridad del rector ó abad de la parroquia[418], el cual, con la parte
que le tocaba de las rentas de la misma, tenia que vestirlos y
mantenerlos con la debida decencia, estando al propio tiempo autorizado
para castigarlos si no cumplian con su obligacion en el servicio del
coro y de la iglesia. Además del edificio que para este objeto se
necesitaba, con sus aposentos separados, su refectorio comun, sus aulas
para la enseñanza, y lugar á propósito para la pequeña biblioteca[419]
que en aquellos tiempos y aquellas ciudades era dado reunir, debia tener
la iglesia mozárabe alojamiento aparte para los niños _oblatos_[420],
para los esclavos que constituían parte de su riqueza, para los pobres y
peregrinos á quienes debia dar hospedage. Estas construcciones
adicionales, por grande que fuese la munificencia de los fundadores, se
hacian todas con la mayor sencillez: paredes lisas, con lucientes
alizares á lo sumo, despues que el gusto oriental se fué infiltrando en
el arte cristiano; pavimentos de piedra comun, techos de madera,
descubriendo la armadura del comblo, ó de bóveda latina; ventanas poco
rasgadas con arco de medio punto; puertas cuadradas ó de plena cimbra,
con escasísimo ornato, reducido por lo comun á un simple cordon de
piedra ó de ladrillo marcando la curva de la archivolta.