diversas épocas y de opuestos sistemas, es fuera del buque de la nueva
catedral, en la sexta nave principal de la antigua mezquita, cortada en
una estension de trece naves trasversales para formar el trascoro. Abre
paso á este un grande arco de herradura, primorosamente cuajado de labor
gótica relevada, en su archivolta y en su intrados, y despues de
atravesarle se halla uno debajo de una bien perfilada bóveda ojival del
siglo XVI. Otro grande arco gótico, levemente apuntado, adornado de
molduras, cenefas y funículos, sobre pilares ornados de treboles,
cenefas y columnillas platerescas de estrías espirales en la parte baja
de su fuste, conduce á la fachada posterior del coro. Esta fachada ya no
es ni árabe, ni gótica, ni plateresca; como de la época en que se
terminaba la gran fábrica del _Escorial_, es puramente de aquel estilo
greco-romano desnudo y severo que estaba allí en boga, practicado por
Francisco de Mora, el discípulo predilecto de Herrera, y que era tambien
muy del gusto de Diego de Praves, quien pudiera quizá ser su autor[380].
La obra es toda de piedra franca: compónese de dos cuerpos, el inferior
de ocho columnas dóricas estriadas y pareadas. Las del centro, entre las
cuales se ven algunos recuadros resaltados, sostienen el segundo
cuerpo, formado por dos columnas jónicas, tambien estriadas, con su
correspondiente cornisamento y fronton triangular, sirviendo de templete
á una estátua del tamaño natural de S. Pedro sentado en actitud de
bendecir. Entre las columnas del centro y laterales del cuerpo inferior
estan los postigos del coro, de arco adintelado, con cornisa dórica
arquitrabada, sobre la cual carga un óvalo de jaspe azul sostenido por
genios, y un fronton triangular afianzado con mútulos. Del mismo estilo
que esta fachada es la entrada principal al trascoro, que está enfrente,
con un grande arco central de diez y seis piés de luz flanqueado de
hermosas pilastras dóricas, las cuales sostienen un cornisamento del
mismo órden, con un ático que sirve de base á un segundo cuerpo de arcos
adintelados y columnas jónicas estriadas, rematando el conjunto en un
tercer cuerpo de arcos y pilastras pareadas. No deja de producir efecto
en el ánimo esta composicion en cierto modo grandiosa, sea que realmente
exista en esta arquitectura el mérito que sus apasionados le atribuyen,
ó sea que en sus no interrumpidas y desnudas líneas descanse con placer
la vista despues de fatigada con la recargada decoracion de los estilos
gótico-florido y plateresco. Continuando nuestro paseo por el trascoro,
atravesaremos ahora por debajo de otro grande arco ojival, compañero al
que nos sirvió de ingreso al tramo de las dos portadas greco-romanas,
cubierto por la alta bóveda plateresca del coro, y volveremos á entrar
en la nave baja que circuye el gran buque de aquel, cubierta como
dejamos dicho de bóveda ojival del siglo XVI[381]. Nos hallamos en el
ángulo S-O. de la catedral nueva, y tenemos enfrente la fachadita
esterior del norte de la capilla de Villaviciosa, toda encerrada en un
arco de herradura, en cuya archivolta labró el genio paciente y
minucioso del renacimiento español veintidos compartimentos cuajados de
lindas figuritas en sus correspondientes nichos. Los galanos arreos del
renacimiento, empleados con sobriedad, hacen muy buena mezcla con las
líneas de la primera arquitectura árabe: así tambien los tres arcos de
herradura que presentan en ambos lados los brazos del crucero, llevan
con bellísimo efecto en sus archivoltas una cenefita de hojas gótica,
que no parece sino la marca de bautismo puesta al arte musulman por el
arte cristiano al prohijar una de sus mas graciosas invenciones. La
fresca y sencilla corona de azahar que ciñe la frente de la jóven
desposada, no tiene mas encanto y mas poesía que esa angosta cenefa en
aquellos garbosos arcos, limpios y desnudos de todo ornato, restos de un
monumento que puede considerarse como la creacion mas gallarda y robusta
del genio islamita en España.
Las arquerías de la antigua Aljama que no alcanzaron el privilegio de
entrar en el recinto de la gran cruz que forma la planta de la catedral,
no por esto dejan de contribuir á una bellísima perspectiva desde el
interior; el dicho vulgar de que la mezquita de Córdoba parece un bosque
de piedra nunca es mas exacto que cuando registra la vista las largas
calles en que estan dispuestas sus numerosas columnatas, mirando por los
gigantescos arcos del presbiterio y del crucero[382]. Esta perspectiva
sería infinitamente mas vistosa si se conservasen los preciosos alfarges
árabes que cubrieron las naves hasta los primeros años del siglo pasado,
en que por no hacer el debido aprecio del artesonado antiguo, se
sustituyó el embovedado de mal gusto que hoy tienen[383].
Pasamos por alto la descripcion de muchas cosas que como obras del arte
no podemos elogiar, ni aisladamente, ni en su relacion con el edificio:
tales son, el retablo de la capilla mayor, en que solo nos es dado
encarecer el escelente trabajo manual de los jaspes en sus lechos y
juntas, superficies planas y molduras; el tabernáculo, en que solo
admiramos el perfecto ajuste y bruñido de los mármoles; los púlpitos de
Verdiguier, _borrominescos_, y no obstante grandiosos; últimamente la
sillería del coro, obra del escultor D. Pedro Duque Cornejo, recargada
de adornos, estatuitas y medallones del estilo amanerado que privaba en
la segunda mitad del siglo XVIII, con su elevada silla episcopal llena
de figuras de gran tamaño, composicion en alto grado churrigueresca. Y
sin embargo de merecer poco encomio como objetos artísticos, no puede
negarse que la sillería del coro con su profusa talla, los púlpitos de
caoba con sus grupos de pulido mármol al pié, el tabernáculo con sus dos
cuerpos y cúpula de variados jaspes, y el retablo con su séria riqueza,
forman un conjunto magestuoso, augusto, lleno de pompa, realzados con el
oro prodigado en toda la arquitectura del templo, con la espaciosa
escalinata del presbiterio, con las losas de Génova del pavimento, con
las verjas, postigos y balaustradas de bronce, con la gran lámpara de
plata que pende en la capilla mayor, y el altar calado de bronce y
plata, cuando antes de analizar una por una las partes de la moderna
catedral, se percibe de golpe la primera impresion producida, no por las
formas, sino por la nobleza de la materia.
Hemos querido presentar en un cuadro general la marcha del arte en todo
el siglo XVI para que resultase mas fácil la clasificacion filosófica de
los diferentes estilos que en la obra de la nueva catedral se advierten.
Ahora, continuando la interrumpida historia cronológica de las capillas
y demas obras, cada cual podrá formarse idea de su carácter
arquitectónico con solo tener presente la época de su edificacion.
El obispo D. Fr. Juan de Toledo, á quien hemos visto promover con ardor
la obra del nuevo crucero desde el segundo año de su inauguracion, ya
que no podia dejar un recuerdo de lo que alcanzaba la composicion
arquitectónica de su época dentro del templo, por hallarse este apenas
comenzado, quiso dejarlo en su portada principal mirando al átrio, y
quizás con este intento mandó construir el cuerpo de piedra que hoy
existe sobre el arco llamado _de las bendiciones en la Puerta de las
Palmas_, que dá ingreso á la nave central y mayor de la mezquita
primitiva[384]. Reconócese en esta obra á la primera ojeada la
arquitectura del tiempo de Cárlos V, aun sin necesidad de leer la
inscripcion dedicatoria del referido prelado á la salutacion angélica de
nuestra Señora, que ocupa en ella un lugar muy preferente. Sobre el
grande arco de herradura de la puerta árabe se labró á modo de tejaroz
una cornisa saliente sostenida en modillones e molduras horizontales,
muy juntos y con un escudito en su frente, y sobre esta cornisa se
levantó á guisa de espadaña un paralelógramo rectángulo con dos
pilastrones ó antas á los lados, decoradas en su grueso de floroncillos
de relieve. En la parte alta de este cuerpo rectangular hay dos nichos,
entre columnas balaustradas, sobre grandes repisas de follagería con
ancho tablero, unidas entre sí por una imposta. Descansa sobre las
columnas un arquitrabe con su cornisa, que sobresale de la cornisa
general; ocupan los nichos las imágenes de nuestra Señora en el misterio
de la Anunciacion, y el ángel Gabriel, y sobre el centro de la imposta
que une las dos repisas descansa un jarron de azucenas. En la parte baja
se ve un escudo con las armas del prelado, y á los lados dos cartelas de
elegante forma con la inscripcion siguiente: «_Hoc Sacrum opus angelicæ
salutationis divæ Mariæ Virgini dicatum, Frater Joannes á Toleto
sculpendum curavit, episcopatus sui anno decimo, nativitatis vero domini
nostri MDXXXIII._» Sirve de remate á este cuerpo una hilera de escudos y
balaustres á modo de jarrones.
Capilla de _S. José_ y _Sta. Úrsula_. La erigió á levante el canónigo D.
Alonso Sanchez Dávila entre la antigua de nuestra Señora de la
Concepcion y una puerta, en el año 1550, tomando el tramo veintitres de
la última nave principal.
Capilla de la _Resurreccion_. Fué fundada, no se sabe precisamente en
qué año, por el prior y familiar del obispo D. Leopoldo de Austria, el
aleman D. Matías Muitenhoamer, que murió en 1569 y yace enterrado en
ella. Ocupa un pequeño espacio al levante entre el postigo del
_Sagrario_ y la capilla de los _Stos. Acisclo_ y _Victoria_.
Capilla de la _Asuncion de nuestra Señora_. Es fundacion del
maestrescuela D. Pedro Fernandez de Valenzuela, quien la labró en 1554
al otro lado del postigo del _Sagrario_.
Capilla del _Espíritu Santo_, ó de los _Obispos_. El arcediano de
Córdoba D. Francisco de Simancas, en nombre de su hermano D. Diego
Simancas, obispo de Ciudad-Rodrigo y electo de Badajoz, acudió al
cabildo representando que deseaba fundar y dotar una capilla para su
entierro y el de sus padres, cuyos cuerpos habian estado depositados en
otra debajo de la de los Reyes. Pedia al efecto que se le señalase sitio
para labrarla, y el cabildo en 4 de setiembre de 1568 concedió la
capilla y señaló para ella el espacio de una puerta del muro de levante
que quedaba entre la _antigua de la Concepcion_ y otra titulada de la
_Expectacion_, fundada á mediados del siglo XIII por el chantre D. Pedro
Hoces. Hízosele esta concesion _con tanto_ (dice el acta capitular) _que
se cierre la puerta en manera, que por fuera de la dicha iglesia se
quede muy formada y señalada_. Así se cumplió; hoy sin embargo, por de
fuera, no se ven de la puerta árabe que entonces se tapió mas que las
jambas: el gallardo arco de herradura está sin duda sepultado, con los
ajimeces que tendria probablemente á cada lado en la parte superior,
bajo las gruesas capas de cal y ocre con que el moderno vandalismo ha
presumido hermosear todos los antiguos monumentos de España. La capilla
de que hablamos se llama tambien de los _Obispos_ por estar sepultados
en ella el mencionado D. Diego Simancas, y su hermano D. Juan, obispo de
Cartagena en Indias[385].
Quizás no estaba acabada esta capilla cuando á fines de diciembre del
año 1569 se aderezaba con toda premura para que sirviese de salon de
córtes la Sala Capitular, que, como queda dicho en su lugar
correspondiente, se hallaba establecida en la capilla de S. Clemente,
fundada por el rey S. Fernando[386]. Diremos sumariamente por qué iban á
reunirse aquí las córtes del reino.
La parte meridional de la herencia de Cárlos V atravesaba uno de sus
mas dificultosos períodos. Balanceábase magestuosa en un mar lleno de
escollos la nave del Estado regida por la inflexible mano de Felipe II,
cuya severidad escesiva embravecia los ánimos de los hereges flamencos y
traía alterados y en declarada rebelion á los moriscos granadinos.
Personificacion terrible de la autoridad y de la razon de estado, reunia
este monarca, como condiciones para reconstituir con la fuerza la
disuelta union de la cristiandad, al celo religioso el arte de
sacrificar á la política todo humano instinto. Del pantano de sangre en
que habia convertido los Paises-Bajos, revolvia ahora amenazante hácia
la parte donde retoñaba bajo la influencia otomana el peligroso
proselitismo islamita. Córdoba y Sevilla le preparaban arcos triunfales
y emblemáticas adulaciones aunque le sospechaban parricida: temianle las
mismas ciudades ortodoxas que defendia, y es de creer que al recibirle
en su Puerta Real la reina del Guadalquivir, de mejor gana que el
Parnaso y el coro de Helicona[387], le hubiera presentado alguna otra
alegoría mas acomodada á sus empresas; por ejemplo, el carro triunfal de
la España católica conducido hácia la gran fantasma de la monarquía
universal, llevando por guiones la _Inquisicion_ y el _Consejo de
justicia_[388], por un campo lleno de hogueras, destrozos, poblaciones
asoladas, familias diezmadas y despavoridas; sobre el carro la Fé
católica desfigurada y abatida, condenada por el rey á un triunfo
forzado, y en torno por el aire, en vez de divinidades protectoras y
genios, de una parte el espantable espectro del príncipe D. Cárlos, de
otra los de los malhadados condes de Egmont y de Horn acaudillando una
interminable legion de indignadas sombras. Como quiera que fuese, las
dos principales ciudades de Andalucía rivalizaban en la manera de
obsequiarle y de granjearse su sonrisa, porque aunque los hereges
vencidos le llamasen el _demonio del mediodia_, el poderoso clero de
España le llamaba el _piadoso_ y el _prudente_, y aunque la nacion se
empobrecia, y se dejaba arrebatar los últimos restos de sus antiguos
fueros y libertades, la aparente riqueza de las Américas la alucinaba, y
las gloriosas hazañas de D. Juan de Austria, del duque de Alba, del de
Parma y del de Saboya, entretenian su imaginacion aventurera. Que entre
los moriscos de la Alpujarra y del Albaicin y el Imperio turco habian
mediado tratos, era cosa indudable. Pudo Selim II dejar á los de Granada
comprometidos, sin mas apoyo que el que les mandó el rey de Argel; pero
de todos modos el rey católico obró con cordura y como agente
providencial al dar una importancia máxima á aquella insurreccion,
puesto que era un anuncio de la grande amenaza que al año siguiente le
iba á arrastrar á un combate glorioso contra el turco, y porque contra
ella iba á ensayar su militar pericia el glorioso jóven destinado á
hundir la arrogancia de la media luna en las aguas de Lepanto. Además,
entre las fuerzas del rebelde Aben Humeya habia considerable número de
otomanos y socorros cuantiosos de Berbería, capitanes prácticos en su
manera particular de hacer la guerra, armas y vituallas en abundancia.
Veía por otra parte el rey que la reunion de gente y de provisiones se
hacia muy despacio, y pareciéndole que con acercarse él mas al reino de
Granada daria mas eficaz impulso á las ciudades y señores, y que con la
fama y autoridad de su venida andarian mas retenidos los príncipes de
Berbería en dar auxilios, resolvió pasar á Andalucía y llamar córtes en
Córdoba para dia señalado, convocando á los procuradores de las ciudades
y mandando disponer aposentos.
Sabido es lo que eran las córtes en España bajo la casa de Austria. La
guerra de los _comuneros_ habia sido la última llamarada deslumbradora
de la antigua representacion nacional: despues de ella nada quedó del
principio democrático, nada de la independencia nobiliaria, nada del
predominio del alto clero. Lo que ahora se llamaba córtes era la reunion
de diez y ocho ó veinte diputados para aprobar cuanto mandaba el rey. No
debe por lo tanto estrañarse que una sala capitular de sesenta piés de
longitud se considerase parage muy adecuado para celebrar sus córtes el
reino con toda comodidad y decoro. Preparóse para aposento del rey el
palacio del obispo, pasando este su habitacion al hospital de S.
Sebastian, que pidió al cabildo, trasladando los enfermos al de Anton
Cabrera; y para que S. M. pudiera ir desde el templo á su palacio sin
que le importunase el gentío, se engalanó como era regular el pasadizo
por donde los reyes árabes se trasladaban de uno á otro edificio. En la
puerta del Perdon aderezó el cabildo un altar con una imágen de nuestra
Señora y una reliquia. Tambien la ciudad se esmeró en disponer un
recibimiento digno del augusto huésped y de su corte. Hizo blanquear la
torre de la Puerta Nueva, por donde debia entrar el rey, y lo mismo
todas las otras torres vecinas y parte de muralla que desde allí se
descubren. Ensanchó considerablemente la puerta, renovó la imágen grande
de nuestra Señora que estaba encima, y puso en lo alto de la torre un
escudo con las armas reales y dos con las de la ciudad á los lados. En
la _Corredera_, que es la plaza principal, por donde habia de pasar
igualmente la regia comitiva, acababa de hacer construir el corregidor
D. Francisco Zapata de Cisneros, conde de Barajas, una hermosa fuente de
jaspes encarnados y negros, de tres cuerpos con pilon ochavado y dos
tazones de elegante forma, que llamó despues la atencion del rey. Llegó
el dia señalado para la entrada, lunes 20 de febrero: ya el viernes
antes habia hecho la suya el cardenal Espinosa con muy solemne
recibimiento. Ahora la Puerta Nueva estaba lujosamente revestida con los
paños del cabildo concejil, de terciopelo carmesí y amarillo, bordadas
en medio las armas de la ciudad; al lado derecho habia un dosel de
brocado, muy espacioso para que debajo de él pudiera situarse el rey á
caballo á prestar su juramento de guardar á la ciudad sus preeminencias
y libertades; habia tambien muchos tablados, ricamente guarnecidos, para
las damas ansiosas de presenciar tan solemne acto; todas las calles de
la carrera estaban colgadas vistosamente, y por último tenia preparados
la ciudad seis castillos con grandes luminarias para despues de
anochecer, á mas de las caprichosas iluminaciones de las casas
particulares, muchas de las cuales debieron malograrse con el aguacero
que descargó aquella noche misma desde las nueve en adelante[389]. Salió
la ciudad á recibir á Felipe II, vestidos los jurados de amarillo con
ropones de terciopelo verde y vueltas de raso amarillo, los
veinticuatros de blanco con ropas de terciopelo carmesí y vueltas como
el vestido, sus maceros delante con ropas de damasco carmesí: todos
cabalgando. Apeáronse en el campo del Marrubial, y cuando llegó el rey,
uno á uno le fueron besando la mano. Lo mismo hicieron el obispo y el
cabildo eclesiástico, con el entretenimiento consiguiente á la gran
muchedumbre de gente de á pié y á caballo que allí habia acudido.
Prosiguiendo luego el rey su entrada, al llegar á la puerta de la ciudad
se situó bajo el dosel que le estaba preparado, prestó su juramento,
entró despues bajo el palio de brocado que tenian enfrente el corregidor
y otros veinticuatros, y tomando con su numeroso y lucido cortejo la
calle derecha, llegó á S. Pedro, se enderezó á la Corredera, subió los
Marmolejos arriba, bajó por la calle de la Feria, y salió por la
platería al ángulo S-E. de la iglesia mayor[390]. Recorriendo toda su
fachada oriental, se apeó en la puerta del Perdon, donde le esperaban ya
á pié el obispo con asistentes y diáconos, la procesion de todo el clero
y cruces de las parroquias, y los prebendados con sobrepellices y capas
de brocado. Arrodillóse ante el altar que allí se habia colocado, el
cardenal le dió el agua bendita, el obispo le dió á besar la reliquia, y
entonando la música el responsorio _elegit Deus_, caminó la procesion al
altar mayor antiguo, donde dijo el obispo las oraciones que previene el
Pontifical y dió la bendicion solemne al rey, á la ciudad y á la corte.
Era este obispo D. Cristóbal de Rojas y Sandoval, que estaba en esta
misma época grandemente consagrado á dar impulso á la obra del nuevo
crucero, como dijimos en su lugar oportuno.[391]
Acudieron á Córdoba además de los procuradores de las ciudades, muchos
señores y caballeros de toda Andalucía, con no pocos personages notables
de la corte. El rey se detuvo dos meses tomando con sus córtes las
providencias convenientes para la reduccion de los moriscos, y antes de
pasar á Sevilla recibió un fastuoso homenage del duque de Medinasidonia,
quien desde sus estados fué á Córdoba á besarle la mano, con tan lucido
acompañamiento que ocupó las lenguas de la fama por mucho tiempo[392].
Capilla de _Nuestra Señora de la Concepcion_. Fué esta capilla fundada
por un racionero hácia el año de 1571, contra el muro de levante, entre
la capilla de Sta. Ana y el postigo llamado _de los Juanes_, que es el
mas próximo al patio de los Naranjos por aquel lado.
Hemos hecho mérito de un acuerdo del cabildo, de enero de 1517[393], del
que se colige que en este año se destinaba á la librería el local de la
antigua y espaciosa capilla de Santiago. Posteriormente, en la sede
vacante del obispo D. Fr. Bernardo de Fresneda (año de 1577), determinó
el cabildo hacer de la librería un nuevo Sagrario, por ser pequeño el
antiguo que estaba en la capilla de la _Cena_. Esta obra se continuó con
ardor por el obispo D. Fr. Martin de Córdoba; mas con su muerte,
acaecida en junio de 1581, quedó suspendida, hasta que en agosto de 1583
la continuó y acabó el obispo Pazos y Figueroa. Hízose el _Sagrario_
propiamente dicho al fondo de la nave central de las tres que contenia
la mencionada capilla de Santiago, rozando el muro en todo su espesor
para abrir en él una especie de camarin entre las dos torres árabes que
sirven de contraresto á las dos arquerías tendidas de norte á sur. Estas
dos torres quedaron por su haz esterior unidas con un fuerte muro, segun
aparece hoy. Ciérrase este camarin con una puerta de talla dorada; á sus
lados hay dos altares, en que se ven pinturas al fresco representando á
dos profetas; en las naves laterales hay tambien altares; las paredes
estan todas cubiertas de pinturas al fresco de los mártires de Córdoba,
costeadas por el obispo Pazos y ejecutadas por el italiano César Arbasi,
pintor de la escuela de Leonardo de Vinci[394]. La puerta principal de
esta capilla es una verja de hierro muy bien trabajada por Fernando de
Valencia: en su parte superior campean las armas del obispo D. Fr.
Martin de Córdoba. Sobre las puertas laterales por la parte interior se
léen los siguientes versos:
«_Consecrata solo coelo exaltata triunphat
Corduba tot tantis inclyta martyribus._»
«_Concives Sancti vos Corduba vestra precatur
Sit vestro semper salva patrocinio._»
Yacen en ella sepultados varios obispos, pero solo D. Antonio de Pazos
tiene delante del comulgatorio una lápida de jaspe rojo con inscripcion
que él mismo dictó en vida.
Capilla de _Nuestra Señora la Antigua_. En 1597 la labró el jurado
Alonso Cazalla en el ángulo N-E. de la mezquita primitiva anterior al
ensanche dado por Almanzor. Puso en ella una imágen de Nuestra Señora,
pintada al parecer sobre fondo dorado y menudamente labrado que le dá
ciertos visos de verdadera antigualla. Apenas hay ciudad importante
donde no se venere alguna de estas imágenes, que la tradicion supone
reliquias de la España visigoda, milagrosamente salvadas durante la
dominacion sarracena y restituidas con la reconquista á la pública
devocion. Ofrecen por lo general un carácter evidentemente bizantino;
pero esto no obsta para que la piadosa tradicion prevalezca si se
considera que los griegos de Constantinopla eran los únicos pintores en
los primeros siglos de la Iglesia. Esta capilla es la postrera huella
artística del siglo XVI en la catedral de Córdoba.
Habiendo de mencionar ahora las obras ejecutadas en el siglo XVII y
primera mitad del XVIII en que terminan las fundaciones hechas en
nuestra catedral, diremos antes en pocas palabras el carácter de la
arquitectura en este período. Aquella severa grandiosidad, aquel purismo
clásico que distinguia las construcciones de los restauradores de la
arquitectura greco-romana, y que tanto agradaron durante el reinado de
Felipe II y la mayor parte del de Felipe III, empezaron á abandonarse
desde los primeros años del siglo XVII. Comenzaba desgraciadamente para
España la época de su gran decadencia en política, en armas, en letras:
¿cómo no habia de languidecer un arte como la arquitectura que necesita
mas que otro alguno para desarrollarse, la juventud, la energía y la
vida de la inteligencia? Cuando declinan las ideas decaen necesariamente
las formas: así el que quiera estudiar _à priori_ las vicisitudes del
arte bajo los últimos monarcas de la casa de Austria, no tiene mas que
hojear los libros de los prosadores y poetas contemporáneos.