antes debemos hacer mencion de otras obras ejecutadas por estos años. En
1507 se abrieron en la catedral dos puertas nuevas, una en el muro de
poniente para que el obispo pudiese mas cómodamente ir y volver á su
palacio, y otra junto á la fuente que llaman del _Caño gordo_ en el muro
septentrional del patio de los Naranjos. En 1510 el dean D. Fernando del
Pozo pidió al cabildo la capilla de los Stos. patronos de Córdoba
Acisclo y Victoria, que estaba arruinada, para reedificarla: el cabildo
se la concedió, y despues de reparada fundó el espresado dean en ella
dos capellanías y una sacristía, dejando al cabildo el patronato de
ellas por testamento que otorgó el año 1517.--En 1512 reedificaron los
descendientes de D. Pedro Muñiz de Godoy por intimacion del cabildo la
capilla de S. Pablo, que tambien amenazaba ruina. Pero de estas obras es
sin duda la mas notable la de las puertas. Ofrece en su ornamentacion la
del muro de poniente, frontera al palacio obispal y última en el
referido muro bajando de norte á mediodia, una preciosa combinacion de
los dos estilos morisco y gótico florido. La archivolta del arco de
herradura está adornada de arquitos de tracería trebolada que forman en
la caidas graciosas flores de lis. El dintel es árabe, de dovelas rojas
y blancas: las rojas de mosáico de ladrillo á manera de alicatado; las
blancas con labores de estuco realzadas formando flores bizantinas. No
es esta la única puerta que merece citarse por la galanura del estilo
mixto gótico-sarraceno; otra hay en el mismo muro de poniente en que el
arrabá, convertido en ligero recuadro de cañas, se entrelaza con las
molduras que perfilan las archivolta ultra-semicircular produciendo
bellísimo efecto. De esta manera, el ancho recuadro de orígen oriental
en que está inscrito el arco, pierde la pesadez que ofrece faltando el
afiligranado de su fondo, y esplica perfectamente la procedencia del
elegante lambel que suele encerrar el arco del décimoquinto siglo, y que
es uno de los mas característicos y graciosos ornamentos del gótico
florido.
Capilla de _Sta. Cruz de Jerusalen_. Se labró segun unos el año 1517 en
el sitio de la antigua puerta de Jerusalen, que cerró el cabildo dicho
año cuando hizo la estantería para colocar la numerosa librería que le
habia legado el obispo D. Martin Fernandez de Angulo. Segun otros no se
fundó hasta el año de 1578, en que se mudó la librería al lugar que hoy
ocupa en los cuartos altos. De todas maneras la puerta de Jerusalen, que
es la primera del muro de levante, subiendo de mediodia á norte, se
tapió en el siglo XVI, bien para hacer esta capilla, bien para colocar
la referida estantería, segun parece colegirse del acuerdo del cabildo
de 7 de enero de 1517 en que se mandó: que _la librería que agora se
hace en la capilla de Santiago, vaya continuando... hasta dar en el
adarve de la iglesia, que es enmedio de la puerta que dicen de
Hierusalem_.
Capilla _antigua de la Concepcion_. Se hizo en 1521, siendo su fundador
el canónigo Cristóbal de Mesa, en el tramo veintidos de la última nave
principal.
Así veinte y ocho capillas de fábrica modesta, en que alternaban los
estilos gótico y sarraceno marcando las vicisitudes del arte desde el
tiempo de S. Fernando hasta el de Cárlos I; todas ellas arrimadas á los
muros maestros de la gran mezquita, una sola al norte, nueve al
mediodia, nueve á levante, y nueve á poniente; unos cuantos altares en
los postes; una humilde iglesia de arquitectura ojival primaria, de una
sola nave, aunque elevada y gallarda, enclavada hácia una de las
estremidades del inmenso bosque de columnas del templo islamita, cuya
capilla mayor tenia á la espalda una Capilla Real de peregrina
decoracion africana, seguida de otra capilla de pertenencia particular;
una gran puerta de forma oriental; otras menores de estilo
gótico-sarraceno, y finalmente un átrio con pórticos árabes ataviados en
parte con la decoracion del sistema ojival terciario, completaban por
los años de 1522 el conjunto del insigne y heterogéneo monumento
cordobés, en el cual el arte occidental, tan magestuoso y soberbio en
otras ciudades, figuraba aun como un huésped tímido y encogido de su
émulo y predecesor, ya de toda Europa desterrado. ¿Por qué no habia de
ocupar el templo cristiano su lugar correspondiente implantándose
triunfante en el centro mismo de aquella gran selva silenciosa y muda y
despoblada de altares? ¿Por qué no habia de descollar por encima de su
estensa y rasa techumbre la emblemática mole de cuatro brazos, empinando
hasta las nubes su cimborio la gloriosa enseña de la redencion del
mundo? Este fué sin duda el pensamiento que animó al digno obispo D.
Alonso Manrique al proponer al cabildo la construccion de un nuevo coro
con su capilla mayor y crucero en el centro mismo de la mezquita. La
idea fué buena, por mas que en nuestros dias sea moda censurarla
afectando tal vez mas amor al arte del que se tiene: porque ni á un
obispo le es permitido postergar el interés religioso al interés
arqueológico, ni es probable que la suntuosa Aljama de los Umeyas
hubiese subsistido contra los embates del tiempo, del fanatismo, y del
esclusivismo artístico de algunas épocas pasadas, á no hallarse bajo la
egida del culto católico, que, aun en los dias de mayor intolerancia y
barbarie, solo ha consentido se alterase una parte mínima de sus
bellezas. Lo que mas debemos deplorar á fuer de amantes de las artes, no
es que la nueva catedral haya venido á interrumpir en el centro de la
mezquita la monótona repeticion de sus interminables arquerías, sino que
la idea de erigir el gran monumento cristiano no hubiese ocurrido un
siglo ó siglo y medio antes que el arte ojival llegase á su decrepitud.
«No pareció bien á nuestro prelado D. Alonso, dice un acreditado
historiador cordobés, que estuviese el coro á un lado de la iglesia; y
así propuso en cabildo el chantre y provisor D. Pedro Ponce á 22 de
julio de 1521, que la voluntad del señor obispo era que el coro de esta
iglesia se hiciese en el altar de Sta. Catalina, porque venia en compás
en medio de la iglesia, y que estaria mejor que no donde agora estaba
por ser al rincon de la iglesia, y que queria inviar por maestros de
cantería, para lo facer con su consejo, y que el cabildo viese y
diputase personas para que entendiesen en ello. Este gran intento se
pensó y consideró muy despacio, y últimamente se resolvió emprender obra
tan suntuosa y costosa como se ve; y así en setiembre del año de 23 tuvo
principio el crucero, que en cien años no se pudo acabar. Viendo la
ciudad la obra empezada, hizo un requerimiento al cabildo, sábado 2 de
mayo, ante Antonio de Toro, escribano público, _sobre el edificio nuevo
que en esta iglesia se face del altar mayor, y coro, y entre coro; con
que se pretendió estorbar_. Siempre las obras grandes padecen varios y
opuestos dictámenes para emprenderse. La ciudad pretendia conservar la
antigüedad y fábrica particular que no habia en otra parte. El obispo y
cabildo solicitaban hacer un crucero magestuoso aunque pereciese parte
de lo antiguo. Subió esta contienda al emperador, y decidió que se
hiciese la obra; pero habiendo venido á Córdoba, y visto la iglesia año
de 1526, dijo: _Yo no sabia que era esto; pues no hubiera permitido que
se llegase á lo antiguo; porque haceis lo que puede haber en otras
partes, y habeis deshecho lo que era singular en el mundo._» Si el César
hubiese podido prever la infeliz suerte que los siglos posteriores
tenian reservada á tantos preciosos monumentos de la España musulmana y
cristiana, hoy reducidos á polvo por no haberlos protegido una idea
poderosa, cualquiera que fuese, de seguro no habria desconocido la
conveniencia de la obra que estaba llevando á cabo el cabildo de
Córdoba, conservador inadvertido é involuntario del arábigo edificio,
puesto que el sacrificio de una pequeña parte iba á asegurar la duracion
del todo.
En 7 de setiembre de 1523 se comenzó pues la nueva fábrica, dirigida por
Hernan Ruiz, maestro de arquitectura el mas afamado que habia por aquel
tiempo en Andalucía. El obispo D. Alonso Manrique, promotor de la obra,
habia sido ya presentado por el emperador para el arzobispado de
Sevilla: tambien habia sido presentado para sucederle en el obispado de
Córdoba D. Fr. Juan Alvarez de Toledo, hijo de los duques de Alba D.
Fadrique Alvarez de Toledo y D.ª Isabel de Zúñiga. El nuevo obispo fué
confirmado en Roma á 8 de setiembre, y á 26 de noviembre del mismo año
1523 dió el cabildo la posesion del obispado á sus procuradores el
canónigo D. Juan de Córdoba y el reverendo P. Fr. Gregorio, prior del
convento de S. Pablo. Entró D. Fr. Juan de Toledo en su obispado en
febrero de 1525: ya el año anterior, estando ausente, habia dado impulso
á la obra comenzada, momentáneamente paralizada con la promocion de D.
Alonso Manrique; prosiguieron los cimientos aquella primavera, y luego,
habiéndose dedicado con empeño el obispo y cabildo á buscar caudales,
con gran fervor continuó la obra sin interrupciones por espacio de trece
años. Contribuyeron con sus rentas la Fábrica y el cabildo, y con
pingües donativos la ciudad, el duque de Cardona y otros varios
personages; el duque de Sesa, que se hallaba en Roma, pidió y obtuvo que
aplicase el Papa por veinte años las vacantes de todos los beneficios de
la ciudad y obispado, y que para el dia 8 de setiembre se publicase en
la catedral un jubileo, á fin de que la limosna y producto de todo
sirviese para continuar la nueva fábrica. Tambien se dispuso que se
beneficiasen á favor de la obra todos los Misales y Breviarios con los
demas libros sagrados que se habian impreso en Sevilla el año 1524, y
que los vasos de plata que no eran necesarios en la iglesia se vendiesen
para el mismo fin. Con este poderoso fomento avanzó rápidamente la obra
hasta llegar á las cornisas que estan encima de los arcos de las naves,
y mas todavía hubiera adelantado si hubiese confirmado S. S. un Estatuto
que hicieron el obispo y cabildo en enero de 1529 aplicando á la Fábrica
de la iglesia para siempre los frutos de seis meses de todos los
beneficios y prestameras de la ciudad y obispado vacantes por muerte de
los poseedores.
[Illustration: PLANTA DE LA CATEDRAL DE CÓRDOBA.
a _Oficinas del Cabildo._
b _Puerta del perdon._
c _Puerta de la grada redonda._
d _Puerta del caño gordo._
e _Postigo de la leche._
f _Puerta de los deanes._
g _Puerta de S.ta Catalina._
h _Postigo de los juanes._
i _Postigo._
j _Postigo sin uso._
k _Postigo del Sagrario._
l _Postigo de S.n Esteban._
m _Postigo de S.n Miguel._
n _Postigo de palacio._
o _Puerta de las bendiciones ó de las palmas._
p _Puerta principal del sagrario._
_CAPILLAS._
1 _Altar mayor de la Catedral._
2 _San Eulojio._
3 _San Esteban._
4 _La Magdalena._
5 _N. S. de la Antigua._
6 _San Miguel._
7 _La Epifania._
8 _Del Rosario._
9 _De las animas._
10 _Santa Ursula._
11 _Descendimiento._
12 _San Antonio de Padua._
13 _Santa Ana._
14 _La Concepcion._
15 _S.n Juan Bautista._
16 _Paptisterio._
17 _S.n Nicolás obispo._
18 _La Anunciacion._
19 _De los obispos._
20 _La Concepcion._
21 _San José._
22 _La Natividad._
23 _La Asuncion._
24 _La Resureccion._
25 _San Acisclo y Victor._
26 _S.ta Elena._
27 _Del Sagrario._
28 _S.n Clemente._
29 _La Encarnacion._
30 _San Antonio._
31 _Santa Ynes._
32 _Del cardenal salazár hoy sacristía mayor._
33 _La Cena._
34 _S.n Pedro vulgo el Zancarron._
35 _S.n Felipe y Santiago._
36 _S.n Bartolomé._
37 _S.n Ildefonso._
38 _S.n Lorenzo._
39 _S.n Acacio._
40 _La Trinidad._
41 _S.n Antonio abad._
42 _N. S. de la Concepcion._
43 _S.n Simon y Judas._
44 _N. S. de las Nieves._
45 _S.n Agustin._
46 _S.n Ambrosio._
47 _El Cristo de las penas._
48 _S.n Andres._
49 _La Concepcion._
50 _Capilla de villaviciosa._
51 _S.n Pablo._
52 _S.n Cristobal._
53 _Sin uso._
54 _Del Angel de la Guarda._
55 _S.ta Barbara._
56 _S.ta Cruz._
57 _S.ta Maria._
58 _S.n Felipe y Santiago._
59 _S.ta Lucia._
60 _S.to Cristo del punto._
_Puntos de donde se han sacado las láminas que acompañan este tomo._]
La obra que se hacia formaba en su planta una gran cruz latina por la
interseccion de dos naves, tendida la mayor de oriente á poniente
cortando perpendicularmente las nueve naves del centro de las diez y
nueve principales de la mezquita, y tendido el crucero de norte á sur,
en el ángulo mismo que forma el muro de refuerzo de Al-hakem con el muro
de refuerzo de Almanzor. Enclavada la nueva catedral dentro de la
mezquita, y en exacta correspondencia sus pilares con las arquerías
existentes, no debia ser muy dificultoso desenlazar las naves antiguas
para unirlas con los mencionados pilares, ni muy espuesto el levantar
las bóvedas bajas, puesto que se podian dirigir todos los empujes en el
mismo sentido longitudinal haciéndolos recaer en pilares que enfilasen
con las largas arquerías árabes. Para mayor solidez existia ya á la
parte del mediodia la fila de machones que marcaban una de las
ampliaciones verificadas en la mezquita, los cuales podian servir de
contraresto á la bóveda del trascero y trasaltar por este lado:
construyendo á la parte del norte otra fila de pilares correspondiente,
conformados á modo de estribos, se apeaban las bóvedas de aquel otro
lado. La dificultad debia aparecer mas adelante, cuando se tratase de
levantar las bóvedas de la capilla mayor, crucero y coro, á la altura
proyectada.
El obispo D. Leopoldo de Austria, hijo del emperador Maximiliano I, y
tio por consiguiente de Cárlos I, prelado de grandes ánimos y no menos
grande celo asociados con gustos y flaquezas de príncipe, así que tomó
posesion de su obispado se propuso adelantar todo lo posible la obra
comenzada; llevó á cabo las bóvedas de las naves inferiores que rodean
la gran fábrica y aseguran su solidez, y para que sirviesen de
contraresto por el poniente al empuje de la bóveda del coro, levantó dos
gruesos pilares, de quince piés en cuadro en su planta, unidos por medio
de sendos arcos con los dos recios machones angulares de la fachada del
trascoro. Aunque este obispo tenia á la puerta de su palacio una
numerosa guardia de soldados con alabardas y armas de fuego á imitacion
de lo que en su época solo estilaban los reyes, no le bastó el augusto
aliento para dar cima á la gran catedral comenzada. No hizo poco sin
embargo, pues ademas de lo indicado, para que no se gravase la Fábrica y
continuase la obra, ofreció dar cada año seis mil maravedís para los
cantores que hasta entonces se habian pagado de los fondos de aquella;
adelantó ademas la construccion del muro del coro, demoliendo la capilla
del obispo D. Fernando de Mesa que la impedia, y fabricó en el mismo
muro por la parte de afuera un gran mausoleo de alabastro con cinco
nichos para los cuerpos de los cinco obispos enterrados en dicha
capilla.
Sucedióle el obispo D. Diego de Alava y Esquivel, bajo cuyo episcopado
se acabó en 1562 la bóveda del crucero del lado del Evangelio.
D. Cristóbal de Rojas y Sandoval atendió tambien muy particularmente á
la continuacion de la obra; la catedral en su tiempo gozó para la
Fábrica de cierto aumento en las rentas de pan y maravedís, llamadas
_escusados_, que pagaban las parroquias desde el año 1487 á proporcion
de los diezmos de cada una. La fábrica de la capilla mayor y crucero
marchaba no obstante con gran lentitud por falta de caudales. El coro
estaba descubierto hacia algunos años, y padecia gran daño con los
temporales. En semejante situacion, representó el cabildo al rey para
que permitiese volver á publicar el Jubileo antiguo, que estaba
suspenso, para continuar la obra con las limosnas de los fieles; y
acudió tambien al Pontífice para que concediese al obispo la facultad de
absolver los casos reservados á los que contribuyesen con alguna limosna
para la obra de la iglesia. Ambas gracias se obtuvieron, pero por breve
tiempo; mas se recogió con ellas un buen socorro para adelantar la
construccion, porque estaba suspensa la cruzada. Tambien solicitaron el
obispo y cabildo que concediese el Papa las annatas de los beneficios á
la Fábrica de la iglesia, en atencion á la cortedad de rentas y muchos
gastos que tenia; pero no se consiguió que esta gracia fuese perpétua
como se deseaba. El rey D. Felipe II presentó á D. Cristóbal de Rojas
para el arzobispado de Sevilla, y habiendo sido confirmado declaró el
cabildo la Sede vacante el 26 de junio de 1571. Antes de retirarse de
Córdoba dejó techada la capilla mayor de la nueva catedral, y cerrados
los grandes arcos que sirven de entivo y fuerza para el crucero, como
hoy aparece por sus armas labradas en la clave del arco inmediato al
altar de Sta. Lucía. Liquidada ademas la cuenta de las limosnas
recogidas en virtud de la Bula de la absolucion de casos reservados,
dejó al cabildo una libranza de un millon ciento veintisiete mil y
ochenta y ocho maravedís en que resultaba alcanzado, para que los
cobrase de sus rentas la Fábrica de la catedral.
Aunque la capilla mayor se habia techado, no estaba concluida. Esta obra
y la del crucero continuaban lentamente por falta de medios, y deseando
el obispo D. Antonio de Pazos y Figueroa que se terminase, el dia 9 de
enero de 1584 se presentó en el cabildo á tratar este asunto. Para ello
se congregaron en la sala capitular el clero catedral y los enviados de
la ciudad, que tambien deseaba ver finalizada la grande obra.
Propusiéronse varios medios por ambos cabildos, y todo bien discutido,
pareció lo mas prudente recurrir al rey; y á 27 de febrero nombraron el
obispo y cabildo al Dr. Diego Muñoz, canónigo magistral, para que
juntamente con los diputados que tenia la ciudad en la corte se hiciesen
presentes á S. M. y sus ministros los arbitrios que podrian tomarse para
llevar á cabo la empresa. Se trató de mudar los cuerpos reales de D.
Fernando IV y D. Alfonso XI á la capilla mayor nueva, y de otras
providencias útiles; pero nada tuvo el efecto que se deseaba, y fué muy
corto el socorro que se logró para la obra.
Poco adelantaria esta cuando nueve años despues (en 1593) estaba aun
lejos de terminarse el crucero. El coro nuevo se hallaba tambien muy
atrasado; sin embargo leemos que en este año fué preciso abandonar el
coro viejo, y que el clero empezase á residir provisionalmente en las
naves del altar de S. Sebastian, y no sospechamos la causa. La obra mas
notable de este tiempo fué la de la torre. Ya dijimos atrás que esta
fábrica era una elegante zoma ó alminar de setenta y dos codos de
altura, obra del tiempo de Abde-r-rahman An-nasír, y que el siglo XVI la
habia notablemente quebrantado por poner en ella su mano profana. Una
gran tempestad acababa de completar en 1589 el acto del vandalismo
artístico, que no merece otro nombre á pesar de llamarse su autor Hernan
Ruiz; y el peregrino edificio ya disfrazado, mutilado, desfigurado y
feamente cubierto con un chapitel ochavado de madera y hoja de lata, á
guisa de caperuza, y despues descaperuzado por el referido temporal,
estaba amenazando ruina. Reunido el cabildo en Sede vacante por muerte
de su obispo D. Gerónimo Manrique y Aguayo, determinó en 4 de mayo de 93
que se restaurase la torre conforme al modelo y traza que el maestro
mayor de las obras, Hernan Ruiz, nieto del otro del mismo nombre, le
habia presentado; para lo cual se libraron de pronto mil y quinientos
ducados del caudal de las Fábricas de las iglesias. Figuraba la traza
ciento veinte piés de altura sobre los ciento cinco que tenia la torre,
aumentando el grueso de los muros desde los cimientos por la parte
esterior hasta los sesenta piés, y cerrando como caja lo antiguo del
alminar que podia conservarse. De este modo se empezó la obra, y para
mayor seguridad fueron llamados Asensio de Maeda, maestro mayor de la
iglesia de Sevilla, y otros oficiales con Juan de Ochoa y Juan Coronado,
vecinos de Córdoba, quienes reconocida la construccion la aprobaron y
dieron por firme y sólida, segun resulta del acuerdo capitular de 24 de
julio del mismo año. No se acabó de una, sino que tambien esta fábrica
sufrió interrupciones, y solo llegó á su término en 1664 bajo la
direccion de Juan Francisco Hidalgo. No te describo, amigo lector, su
pesadísima arquitectura: en la lámina que representa la _puerta de las
Palmas_ puedes á tu sabor contemplarla, bien seguro de que yo no te
envidio este deleite.
Promovido al obispado de Córdoba D. Francisco Reinoso, en cuanto dijo la
primera misa en su iglesia y recibió la visita del cabildo, pasó á ver
la obra nueva del crucero y la fábrica toda, y admirado de la bella
arquitectura del templo, se condolió de ver parada y espuesta á
sensibles deterioros la nueva construccion. Aunque la capilla mayor,
como queda dicho, estaba ya cubierta, el crucero y el coro iban
sumamente atrasados, pues por falta de caudales y por diversas
dificultades propuestas sobre la firmeza del edificio, no tenia cerrado
de bóveda mas que el brazo del Evangelio, y lo demás no pasaba de las
cornisas. Pero ni las dificultades ni la falta de medios pecuniarios
arredraron á este animoso prelado, y así manifestó desde luego al
cabildo su deseo de acabar la obra. Pidió que nombrase diputados para
conferenciar con ellos, lo que ejecutó el cabildo en 23 de diciembre
(del año 1597), y de la conferencia resultó que se celebrase una junta
de los maestros mas afamados del arte para que reconociesen lo
construido y trazasen el proyecto para la continuacion. En cuanto á
medios, ofreció el obispo dos mil ducados en el acto, y otros dos mil
cada año, con otros arbitrios que procuraria aplicar de otras fábricas.
Tambien cedió tres mil ducados que debia dar su antecesor para las obras
del palacio y posesiones propias de la dignidad. El cabildo en vista del
fervor del prelado, y tocado de generosa emulacion, determinó en 12 de
enero del siguiente año (1598) que por tres años se diese una prebenda
entera para la obra, á pesar de que los años habian sido muy faltos y
los prebendados se hallaban, dice Bravo, _muy gastados_. Lo peor era que
todos tenian por defectuosa la obra, y que si esta general opinion se
confirmaba, de nada iban á servir tan generosos sacrificios. Florecia á
la sazon en Valladolid un maestro de obras de gran fama, llamado Diego
de Praves: era reputado por el mejor arquitecto de su tierra. Mandóle á
llamar el obispo secretamente: acudió, diligente, y habiendo considerado
despacio la obra en presencia del venerable prelado, presentóse en la
junta de alarifes y maestros del arte, ya congregados, y les dió á
entender cómo se podia proseguir y llevar á término el grande edificio.
No nos dicen en verdad los analistas cordobeses en qué se fundaba la
vulgar opinion de no poderse continuar la fábrica tantos años atrás
comenzada: veamos si el edificio mismo nos lo revela.