Tampoco debemos sorprendernos de hallar en muchas construcciones de los

siglos XIV y XV la amalgama de los dos artes gótico y sarraceno. Las

artes, por lo que tienen de práctico y consuetudinario, se prestan á la

fusion de los mas opuestos caractéres; no son como las teorías

abstractas, entre las cuales puede haber antagonismo perpétuo sin

tentativas de aproximacion y concordia; y dos estilos arquitectónicos,

en su razon filosófica contrarios, apenas pueden coexistir sin una

recíproca inoculacion de formas. Así como el famoso alcaide de

Antequera[371] no dejaba de ser el terror de los agarenos por

presentarse en las lides _tocado á la morisca_, del mismo modo podia ser

cristiana la idea que motivaba la construccion de que vamos tratando, á

pesar de ser pagano el estilo en que se realizaba. La clase sacerdotal

sin embargo, mas unida en sus tendencias con la masa nacional que con la

corte, repugnaba estos recuerdos de cultura profana. Era el monarca el

que costeaba la obra y habia que aceptarla tal como se le daba; pero

siempre que el clero podia obrar con independencia, imponia como cánon

para las construcciones sagradas la severa y magestuosa forma ojival,

verdadero emblema de sus pasados triunfos. La arquitectura oriental en

la España reconquistada aparece pues dominadora y esclusiva en las

principales construcciones palatinas; en las religiosas, menos exigente,

tiende á combinarse con el estilo occidental, produciendo un estilo

híbrida; solo las fábricas propiamente monásticas la escluyen

completamente. Pero el estilo popular y el de la corte luchan en el

terreno del arte como en el de la política, en el de la religion y en el

de la literatura, hasta que en la gran contienda queda por fin el

principio espiritualista vencido en el siglo del _renacimiento_. Esto

hace que en las antiguas ciudades de Andalucía, donde la larga práctica

del pais favorece la conservacion del estilo oriental, y donde por

consiguiente es mas interesante y empeñada la lucha, sea mas dificil que

en el resto de la monarquía distinguir y caracterizar las diversas

épocas del arte monumental.

Solo en los tiempos de fé incontaminada y pura toma el arte aquel

carácter decidido y significativo que revela claramente á primera vista

la idea que le ha dado el ser. Pero ¿cómo prometerse semejante carácter

de pureza del arte de unos tiempos como aquellos en que manchaban el

solio de S. Fernando el concubinato, la tiranía, el fratricidio, la

disipacion, la impotencia, y desdoraban los timbres de los mas ilustres

linages la venalidad, la adulacion, la traicion, el lenocinio? El siglo

en que comienza para Europa la era de la division y del individualismo,

en que al grandioso pensamiento que llevó á S. Luis á morir en las

playas africanas, en defensa comun de la cristiandad, se sustituye la

mezquina política de rivalidades que termina en el sistema moderno del

equilibrio europeo; el siglo en que la humanidad, poseida de un vértigo

de independencia, rompe el áureo lazo de la fraternidad y unidad

católica y se entrega al inmoderado ejercicio de sus facultades

aisladas, no es siglo en que puede aspirar á grandes creaciones un arte

como la arquitectura, que há menester mas que otro alguno de esfuerzos

colectivos y de unidad de pensamiento. En España, ya lo hemos dicho, la

nacion y el gobierno siguen sistemas opuestos en política, en

literatura, en artes: D. Juan I, D. Enrique III, D. Juan II, D. Enrique

IV, que suceden á los dos hermanos enemigos D. Pedro y D. Enrique el

Bastardo, en cuyos reinados se marca mas particularmente el apego de la

corte á las costumbres y artes islamitas, erigen es cierto monumentos

religiosos muy notables en que brilla el sistema occidental denominado

_gótico_; pero para sus alcázares y construcciones palacianas prefieren

la arquitectura oriental. El mismo estilo gótico de estos tiempos se

muestra en visible decadencia, comparado con el sistema imponente,

augusto, sacerdotal y solemne de la época de S. Luis y S. Fernando, y

hasta la gala y riqueza de que aparece sobrecargado es seguro indicio de

que el antes sencillo y grave hijo del claustro se ha vuelto jactancioso

y presumido en el roce de la corte. El mundo europeo, insensible á las

cuestiones de causa comun, mal puede interesarse en el progreso de un

arte que nació y creció comun. La grande época de la arquitectura

occidental es el siglo XIII: los dos siglos que le siguen se consumen en

esfuerzos estériles, en agitaciones infecundas, en tentativas ilusorias,

contradictorias entre sí, sin carácter, sin plan, sin forma, en que todo

es indeciso é imprevisto. La época que media desde la última cruzada

hasta el descubrimiento del nuevo mundo es época de confusion y caos, en

cuyo fondo sin embargo duerme el sueño de la gestacion el mundo moderno.

Es por consiguiente de transicion el período que el arte va recorriendo

en todas las naciones europeas desde los tiempos del rey santo, y del

mismo modo que en el orbe político se van lentamente formando las

diversas nacionalidades, en el orbe artístico van pronunciándose

gradualmente las diversas fisonomías monumentales de las córtes ó

centros de gobierno, que sólidamente se constituyen y engrandecen á

costa del sistema general, católico y popular.

En una cosa convienen sin embargo todos los nuevos sistemas nacionales,

y es en la ausencia del carácter religioso. El interés religioso es en

este período de transicion el mas postergado por las naciones

cristianas, y la católica España, si no pierde de vista completamente

los deberes que su fé le impone, parece al menos no curarse de ellos

sino de tarde en tarde, cuando puede utilizarlos como derechos en pró de

su ambicion particular.

Este período interesante y trabajoso de la formacion de las

nacionalidades y su emancipacion del centro religioso, que abraza los

dos siglos XIV y XV, merecia un estudio especial á que no presta campo

la historia del monumento que estamos describiendo. Pero conviene no

perder de vista el espíritu de esta época singular, tan dramática en sus

diversas escenas, tan fatal por la uniformidad con que se cumplen los

designios de la Providencia en todas las naciones europeas á un mismo

tiempo, para saber apreciar los esfuerzos aislados de un arte que,

estraño ya al poderoso resorte de la civilizacion religiosa, tiende á

formularse de una manera local como los idiomas, como las costumbres,

como las legislaciones, á medida que el sentimiento nacional se exalta y

el individualismo político triunfa á costa de mil sangrientas batallas.

A la unidad ha sucedido la diversidad en la Europa toda: al sentimiento

religioso el sentimiento patriótico: decaen las enseñanzas de la escuela

católica, y empieza á surgir el racionalismo en los nebulosos cerebros

de Juan de Paris y Guillermo de Occam; ocupan los reformadores la brecha

abierta por los racionalistas, y á los atrevidos vuelos de la teología

se sustituyen las maravillas de la física, alternando con los delirios

de la alquimia y de la astrología. Arnaldo de Villanueva, Raimundo

Lulio, Rogerio Bacon, Pedro de Ailly, degradan su elevada inteligencia

por penetrar los misterios de las ciencias ocultas; las universidades,

obsequiosas con la ambicion de los príncipes, empiezan á combatir con

los recuerdos de Roma antigua la supremacía de la Santa Sede, tomando

parte en la deposicion de los pontífices, exagerando las regalías,

dejando perder la escolástica y abandonando el cetro de la ciencia, que

hasta entonces con tanta dignidad habian llevado, por mezclarse en las

contiendas de los reyes con la Iglesia. Fórmanse las literaturas

nacionales: la clásica pagana, infecta de libertinage y seductora por su

belleza, se va restaurando á medida que el comercio del Bósforo reune

sus dispersos fragmentos y que las galeras bizantinas depositan en

Italia á los intérpretes prófugos de la antigua cultura. Las deleitosas

formas de la poesía gentílica van cautivando los corazones, y todos en

las córtes de los príncipes pugnan por desterrar el rústico y severo

atavío de la inesperta musa cristiana. Mientras Juan de Mena, Juan de la

Encina y Guevara continúan en España el impulso pedantesco y mitológico

de D. Enrique de Villena y su discípulo el marqués de Santillana, la

poesía cristiana y pura se refugia en las obras religiosas de Fernan

Perez de Guzman. Así las literaturas nacionales, desfloradas en su cuna

por innumerables legiones de poetas materialistas que invaden las

regiones del mediodia de Europa, la Italia, la Provenza, el Condado de

Barcelona, Aragon y Castilla, arrastrando como bagage la artificiosa

insipiencia y los afectados suspiros del coro de Helicona, fomentan la

general corrupcion de las costumbres. A este renacimiento de las ideas,

de la enseñanza y de la literatura paganas, se agregan las heregías y el

cisma para acabar con la supremacía espiritual de la Iglesia. El cisma,

inaugurado por la ambicion de los príncipes y por la arrogancia de los

pueblos, se perpetúa por la malhadada intervencion de las iglesias

nacionales. La heregía, armada é impetuosa al abrigo de los magnates

codiciosos, truena por boca de Wiklef, de Juan de Huss y de Gerónimo de

Praga, y conquista cómplices en todos los Estados. Fuerza es confesarlo,

aunque con dolor profundo: todo contribuía al progreso de las ideas

reformadoras. La disciplina eclesiástica estaba relajada; los altos

dignatarios daban muy funesto ejemplo; las cosas santas no eran ya

respetadas; en las relaciones internacionales habia sucedido á la

sinceridad y franqueza la diplomacia; desaparecian lentamente las

gerarquías sociales; violábase la fé del juramento, grande y solemne

garantía de la edad media; el interés personal, el egoismo, eran la

norma de los pueblos y de los reyes; todos estos elementos de disolucion

reunidos minaban el órden social, y anunciaban grandes catástrofes. Dios

de vez en cuando amonestaba á la Europa prevaricadora con tremendos

castigos. Solo en la segunda mitad del siglo XIV visitó cuatro veces la

escuálida y mortífera peste la floreciente region de Andalucía: la

primera vez hizo presa real matando sobre Gibraltar al orgulloso

vencedor de Benamarin; las otras tres produjo tan grande mortandad, que

para repoblar el reino yermo de gente, fué preciso revocar en el año

1400 la ley antigua que prohibia á las mujeres contraer nuevas nupcias

antes de cumplir el año de viudez. No crecía menos amenazante como

castigo de la Europa pervertida la barbarie otomana. El imperio

Tártaro-Mongol, perseguidor del islamismo, que por mano del formidable

Genghiz-Khan habia desgarrado las páginas del libro de Mahoma, y que

habia coadyuvado á la grande obra de los cruzados de Occidente,

abandonaba los destinos del mundo oriental. En vano el horrible

Tamorlan, semejante á un lúgubre metéoro, azotando al orbe incrédulo á

diestro y siniestro, desde Samarcanda hasta Delhy, y desde Moscovia

hasta la China, cubre los páramos del Asia de ruinas y de sangre; los

batallones turcos bajan de la region de los _Lobos_ como los aludes que

se desprenden de las montañas de nieve, y sojuzgan brevemente la Persia,

el Asia menor, el Asia central. La raza invencible de los hijos de

Othman se precipita sobre Constantinopla, y dispersa por toda la

cristiandad sus ricos despojos. Los pueblos heróicos de la Hungría y de

la Albania, aunque nuevos en el gremio del cristianismo, se aprestan á

repeler á las impetuosas hordas turcas; y entre tanto ¡oh vergüenza!

¡una de las naciones primogénitas de la Iglesia, muellemente adormecida

al son de las zambras moriscas, no se cuida de cerrarles la via al

corazon de Europa por el califato granadino! ¿Qué hubiera sido de la

monarquía española, qué del catolicismo entero, si los sucesores de D.

Pedro, de los Juanes y de los Enriques, hubiesen seguido la funesta

política de aquellos, y no hubieran producido Castilla y Aragon primero,

luego España y Alemania de consuno, reyes que hiciesen frente á las

pujantes embestidas del otomano, triunfante en Belgrado y en Rodas,

jactancioso en Viena, tremebundo en Lepanto?

Hemos procurado abarcar con una rápida ojeada la vida pública de las

sociedades europeas en un espacio de dos siglos. Bastan estos ligeros

trazos para delinear el triste fondo sobre que figuran las obras

artísticas del período indicado. Con este tracto del siglo XIV al primer

tercio del XVI coincide próximamente la historia de la catedral de

Córdoba desde la obra de la Capilla Real hasta la ereccion del nuevo y

grandioso crucero.

Conocida la época en general, la correspondencia entre las ideas y los

hechos tiene que resultar forzosamente. Estos hechos, públicos y

privados, constituyen la historia civil y religiosa, política, militar,

legislativa, administrativa: historia de las creencias, de la ciencia,

del arte, de la literatura, de todo lo que tiene vida y accion en el

cuerpo social, su inteligencia y sus pasiones. Los hechos del arte son

los que narramos, y solo para darles vida, color y voz, los colocamos

sobre el campo de las ideas y costumbres. Últimamente, nuestra tarea

ahora se circunscribe al arte en un monumento determinado, y por la

misma razon le conviene al lector, si es posible, evocar todos los

recuerdos notables de la historia de este monumento[372]:

Podemos ya limitarnos á una rápida reseña cronológica de las obras

ejecutadas en la catedral durante el período referido.

En el año 1377 fué restaurada la puerta principal del recinto esterior

de la mezquita, llamada _del Perdon_. De esta obra, hecha segun el

estilo árabe-africano, tan grato á la corte en tiempo de los Enriques,

hablaremos detenidamente al tratar de la decoracion mixta de otras

puertas.

Capilla de _S. Agustin_. La fundaron Ruy Gonzalez Mesia, comendador de

Segura en la órden de Santiago, y su mujer D.ª Leonor Carrillo por los

años de 1384, arrimada al muro de poniente, ocupando los dos tramos

cuarto y quinto de la primera nave principal. En la pared que cierra

esta capilla por el lado de mediodia se ve al esterior un arco árabe con

inscripcion al rededor y muy delicadas labores, ya casi borradas con

las repetidas enjalbegaduras á que son por desgracia tan aficionados los

andaluces de nuestros tiempos. Creemos este arco resto de la primitiva

fábrica de la capilla.

Capilla de _S. Antonio Abad_. Fué fundada en 1385 por Ruy Fernandez de

Córdoba, hermano de D. Gonzalo, primer señor de Aguilar, en la misma

nave principal que la anterior y contra el mismo muro, ocupando los

tramos catorce y quince. Yacen en ella el célebre veinticuatro Fernando

Alonso de Córdoba, primer señor de Belmonte, y su segunda mujer D.ª

Constanza de Baeza y Haro.

Capilla de _la Cena_. Es la primera á levante de las tres cámaras que

constituían en tiempo de los árabes el vestíbulo del _Mihrab_, y fué

Sagrario desde la reconquista hasta el año de 1583 en que se acabó el

que hay hoy. En 1393 á 7 de febrero dió el cabildo la propiedad de esta

capilla á D. Diego Gutierrez de los Rios, señor de Fernan Nuñez.

Capilla de _Sta. Úrsula_ ó de las _Once mil Vírgenes_. La fundó en 1398

el Dr. D. Miguel Bermudez, racionero de la santa iglesia, por donacion

del cabildo, arrimada al muro del norte, en el tramo primero de la

décimosexta nave principal, pagando la fiesta á las Once mil Vírgenes el

obispo Gonzalez Deza.

[Illustration: _Dibº. del nat.l y litª. por F. J. Parcerisa Lit. de

J. Donon, Madrid._

PUERTA DEL PERDON.

(_Catedral de Córdova._)]

Capilla de _S. Acacio_. Fué fundada por el obispo D. Fernando Gonzalez

Deza en el año 1400, junto al muro de poniente, mas abajo de la de S.

Antonio Abad, ocupando otros dos tramos de la misma nave principal, y

dejando entre ambas un espacio igual. El fundador fué enterrado en ella.

Su sobrino el piadoso chantre D. Fernando Ruiz de Aguayo la mejoró, y

trasladó á ella los cuerpos de su madre y hermanas que yacian en la

capilla de las _Once mil Vírgenes_, dotando en febrero de 1460 doce

memorias por las ánimas de su tio, de sus padres y hermanos, que se

habian de cumplir sobre la sepultura de dicho señor obispo. En esta

capilla se venera una devota imágen de _Ecce Homo_ que el fundador trajo

de Roma. De aquí, segun algunos, el llamarse comunmente esta capilla _de

la Sangre_; pero hay quien escribe que es debida esta advocacion á un

triste caso de tremenda profanacion ocurrido por los años de 1482 con el

tesorero de la catedral D. Pedro Fernandez de Alcaudete, que habiendo

escondido en el Sacrificio la Hostia Sacramentada en un zapato, fué

sorprendido en este abominable delito por el rastro de sangre que dejó

su pié en dicha capilla.

Capilla de _S. Antonio de Pádua_. Es fundacion de Alonso Fernandez de

Córdoba, quien la labró en el año 1400, contra el muro de levante, en el

cuarto tramo de la última nave principal, ocupando parte de los dos

tramos adyacentes. En 1532 la dotó D.ª Beatriz de Sotomayor, su patrona.

Terminan con esta capilla las obras ejecutadas durante el siglo XIV

dentro del templo. Tambien al esterior dejó su huella el arte morisco

bastardo, tan grato á los Enriques, con la reforma que el segundo de

este nombre mandó ejecutar en la puerta llamada _del Perdon_, que es la

entrada principal al _patio de los Naranjos_. Debió entonces variarse

mucho de como habia estado desde el tiempo de los árabes. Dejando su

forma al arco primitivo de herradura, se le adornó de menudas y

delicadas labores de estuco, esculpiendo en los lados los escudos de

Castilla y Leon; y sobre el grande arco labraron otros cinco pequeños,

ornamentales y trebolados, sostenidos por seis columnas de seis piés de

altura, formando cinco nichos en que se pintaron al fresco otras tantas

imágenes. Esta galana y sencilla decoracion superior varió mucho en los

tiempos posteriores. Eran las seis columnas referidas de finísima

turquesa, segun testimonio del concienzudo Ambrosio de Morales;

singularidad que merece notarse por la dificultad de hallar piezas de

turquesa de tan grandes dimensiones, lo cual haria creer que estas

columnas se trajeron de muy lejos, de Grecia tal vez, ó del Oriente,

donde han solido hallarse masas voluminosas de dicha sustancia. Al

rededor del arco principal se léen estas dos inscripciones en hermoso

carácter gótico: «_Dias dos del mes de marzo de la era del César de mil

et quatrocientos et quince años, reinante el muy alto et poderoso D.

Enrique, rey de Castilla._» «_Visita quæsumus Domine habitationem istam

et omnes insidias enemici ab ea longe repelle, et angeli tui habitantes

in ea nos in pace custodiant et benedictio tua._» Las hojas de esta

puerta, obra de la misma época, aunque posteriormente restauradas, estan

chapadas de láminas de bronce primorosamente trabajado, formando

artesoncillos relevados de figura exágona irregular que componen una

ingeniosa labor. Sus aldabones figuran una cinta enlazada con florones

enmedio, y en ella esta letra: _Benedictus Dominus Deus Israel_. Esta

puerta, llamada _del Perdon_ por las indulgencias que en ella se

ganaban, conduce á un vestíbulo magestuoso de bóveda esférica sostenida

en arcos, y de este vestíbulo se baja al patio de los Naranjos por nueve

espaciosas gradas de jaspe azul, modernamente labradas.

Continuemos la reseña de las obras interiores en el siglo XV.

Capilla de la _Santísima Trinidad_. Se formó entre las dos capillas de

S. Antonio Abad y de S. Acacio, costeándola en 1401 Fernan Ruiz de

Aguayo y María García, su mujer, señores de los Galapagares. En ella

está enterrado un caballero de la familia de Aguayo y Manrique, que

siendo marqués de Santaella y señor de Villaverde y los Galapagares,

despreciando las vanidades y honores mundanos, se retiró al desierto y

ermitas de la Sierra de Córdoba, donde vivió santamente con el nombre de

Juan de Dios de S. Antonino, y murió en olor de santidad siendo allí

hermano mayor, en febrero de 1788. Hubo en esta capilla un monumento

curioso de la dominacion sarracena. Eran dos piedras que cubrian una

sepultura, las cuales por la cara interior tenian grabada una larga

inscripcion cúfica, denotando haber servido de losas en un sepulcro

donde se habian mandado enterrar juntos dos jóvenes guerreros, que

habian sucumbido peleando contra los cristianos en el año 345 de la

Egira, bajo el califato de Abde-r-rahman An-nasír. El orientalista D.

Miguel Casiri tradujo y anotó esta inscripcion, dando algunas noticias

interesantes sobre la lengua africana mixta de árabe en que está

concebida.

Capilla de _S. Simon y S. Judas_. Fué labrada á espensas de Ruy Mendez

de Sotomayor y su mujer D.ª Leonor Sanchez de Cárdenas, en el sitio que

les dió al efecto el cabildo en 9 de diciembre de 1401, contiguo al

primitivo bautisterio por el lado del norte, contra el muro de poniente

de la iglesia, ocupando los dos tramos noveno y décimo de la primera

nave principal.

Capilla de _S. Matías_. Hoy bautisterio. La erigió en 19 de marzo de

1411, contra el muro de levante y en los tramos doce y trece de la

última nave principal, acupando parte de las adyacentes, el canónigo y

arcediano D. Gonzalo Venegas. Dícese que esta capilla quedó desierta por

_cierto acontecimiento que ocurrió en ella_, si bien no nos refiere qué

acontecimiento fué el autor de quien tomamos esta noticia; y en 1679 la

pidió al cabildo para trasladar á ella la pila bautismal, D. Fr. Alonso

de Salizanes. Entonces las memorias de la capilla de S. Matías fueron

trasladadas por el cabildo á la _del Punto_.

Capilla de _Sta. Ana_. Se labró junto á la anterior por el lado del

norte: fué su fundador y la dotó el racionero Gaspar de Ganza en 1470.

Tiene dos lápidas de jaspe azul colocadas en 1.º de agosto de 1622 y

dedicadas por el Dr. Cristóbal de Mesa Cortés, canónigo é inquisidor de

Córdoba y el racionero Andrés de Mesa, su hermano, á la memoria del

caballero D. Andrés de Mesa, del hábito de Santiago y gobernador de

Puerto Hércules en Toscana, su tio, sepultado en esta capilla, y á la

del pontífice Gregorio XIII, protector de los mismos.

Capilla de _S. Antonino_. La reedificó el canónigo Diego Sanchez de

Castro en el año 1497, y no se sabe quién la fundó. Su situacion es

contigua á la de Sta. Inés, contra el muro de mediodia, en los dos

tramos últimos de la undécima nave principal.

Capilla de los _Stos. Acisclo y Victoria_. No se sabe con seguridad la

época en que se fundó; pero debió ser ciertamente antes de espirar el

décimoquinto siglo, porque en los primeros años del XVI estaba ya

ruinosa. Se labró en los tramos treinta y treinta y uno de la última

nave principal, arrimada al muro de oriente, entre el postigo del

Sagrario y la puerta de Jerusalen hoy tapiada.

Vemos que la brillante centuria que hizo florecer en todas las ciudades

de España la última trasmutacion del estilo llamado gótico, nada notable

dejó dentro de la catedral de Córdoba. Los estilos en las artes tienen

como las plantas sus estaciones, sus épocas de crecimiento y

florescencia; pero á ninguno se puede con mas propiedad aplicar esta

similitud con las vicisitudes del desarrollo vegetal, que al estilo

gótico arquitectónico, pues de tal manera se advierte la riqueza de

hojas y flores de su forma terciaria apuntar en la ornamentacion de la

forma secundaria, y esta insinuarse en la primaria, que no parece la

decoracion gótica sino un compuesto de tallos, que durante la primera

época contornan sencillamente la estructura ojival, durante la segunda

se llenan de brotones y capullos, y en la tercera se cuajan de hojas y

flores, torciendo con su peso la direccion de los vástagos, y hasta

albergando en ellos caprichosos seres animados. Pues este rico y

exuberante estilo, que cubrió de frondas de piedra los botareles y

pináculos de nuestras antiguas ciudades, é hizo que, trasformadas las

puertas y ventanas y cornisas y postes de los edificios en glorietas de

florecidas enramadas, acudieran á alojarse en ellas ángeles y pájaros, y

jimios, y animalillos de fantásticas formas; este estilo, repetimos, no

visitó con su magnífica si bien decadente pompa el interior del gran

templo cordobés; solo en su átrio dejó una ligera huella. En el siglo

XV, en efecto, debieron construirse los machones que sirven de refuerzo

en los dos pórticos de oriente y occidente, y que cortan ambas arquerías

árabes en tres crujías de á tres arcos cada una; la mayor parte de la

cornisa que sostiene el alero, en que solo se conservan á trechos

algunos canes ó modillones de la fábrica primitiva, alternando con las

molduras del estilo ojival; y por último las repisas del mismo estilo

que sostienen las canales de desagüe de los estribos, entre las cuales

se distinguen tres preciosas gárgolas de ingeniosa forma, y sobre todo,

un ángel que sirve de ménsula, con las rodillas dobladas y las manos

juntas, tan bello por su espresion y por el estilo de su ropage, que á

no estar en aquel silencioso y místico paraiso del _patio de los

Naranjos_, donde parece imposible se hagan sentir jamás las inclemencias

del invierno, causaria lástima verlo espuesto á la accion destructora de

las brumas y las nieves. Linda creacion de un genio ignorado, ó quizás

de un mero artífice rutinero, ¡cuánta animacion dás tú á ese humilde

rincon en que nadie repara, y cuánto hablas al alma del viajero

creyente, que así como suele encontrar los destellos de la virtud en los

mas pobres hogares, halla á veces las perlas del arte en los olvidados

escondrijos, donde solo las acompañan las sencillas aves y los aromas de

las silvestres flores!

[Illustration: Dibdo del nat.al y lit.do por F X Parcerisa Lit

de J J Martinez Madrid

PATIO DE LA CATEDRAL.

(Cordoba.)]

Capilla de _S. Ambrosio_. Fué fundada y dotada por D. Juan Ruiz de

Córdoba, maestrescuela de la catedral, el año 1501, contigua á la de S.

Agustin en los tramos segundo y tercero de la primera nave principal.

Córdoba · 第 20 / 53 段