Huyen á mi extasiada vista de repente todas las importunas

construcciones, reformas y mutilaciones consumadas por el fervoroso celo

de los cristianos triunfadores para convertir en templo del Crucificado

la suntuosa aljama; renueva mi enardecida mente las deslumbradoras

escenas de la dominacion del Islam en la mas florida region de España, y

llegan á mi embelesado oido los mágicos acentos que Azazil[26] dirigió

sin duda al hijo de los califas[27] Abde-r-rahman ben Moavia, cuando á

los treinta y un años de haber derrotado al rebelde Jusuf el Jehri en la

famosa batalla de Musara, robustecido ya su poder con otras insignes

victorias, hechos tributarios los cristianos de Castilla[28], desarmados

los sediciosos walís de las provincias, y dilatada la fama de su

fortaleza, de su clemencia y de su justicia desde la aterrada

Cairvan[29] hasta la amedrentada corte de Carlomagno[30], resolvió

poner un espléndido sello á las obras aceptas al Todopoderoso, que hasta

entonces habia llevado á cabo, erigiendo en su deliciosa Córdoba una

casa de oracion que le asegurase un puesto en el Paraiso. Recorro aquel

encantado bosque de columnas, silencioso y sombrío como las poéticas

florestas del Eufrates; respiro la fragancia del ámbar y del aloe

quemado bajo sus incorruptibles techumbres de alerce, suave al

embriagado olfato como el aroma que exhala de sus verjeles la gran

ciudad edificada sobre las ruinas de Seleucia y Ctesifon reunidas;

báñome todo en la templada luz que por las naves difunden multitud de

lámparas reflejando en el terso pavimento, en los bruñidos jaspes de las

columnas y en las portentosas labores del santuario; no diviso ya ni

aquella catedral, obra de nazarenos, que un momento há se alzaba en

medio de la gran mezquita, interceptando mi vista ansiosa de abarcar su

primitivo conjunto; ni aquella multitud de capillas y altares, obra

indiscreta y confusa de todas las épocas y gustos reunidos, capillas y

altares odiosos al fiel muslim que ve erigidos en ellos otros tantos

ídolos; ni los infinitos sepulcros que profanaban la santa casa donde no

osó mandarse enterrar ningun Califa: veo la gran rival de las mezquitas

de Damasco, Bagdad y Jerusalen, restituida por ensalmo á su primitivo

destino, y dando al olvido mi orígen, mi siglo y mi fé, me encuentro

trocado en fervoroso y entusiasta islamita.

Por una rápida sucesion de recuerdos y sensaciones vive mi mente en

pocos instantes un período de dos siglos, y desde el reinado del ilustre

Omeya proscripto hasta el gobierno del altivo Al-Mansúr, todos los

timbres de gloria y grandeza de los hijos de Moavia que tienen relacion

con la célebre aljama pasan por ante mis ojos como fantásticos cuadros

de un largo delirio de sensualismo que quizá no volverá á reproducirse

en el mundo.

Oye, pues, amado lector, la historia probable de la gran mezquita, y

acoge con tu benevolencia acostumbrada la restauracion descriptiva que

te ofrezco de tan inestimable monumento, segun las tradiciones de los

que lo conocieron, ó intacto, ó menos desfigurado que está hoy.

Hallábase Abde-r-rahman en su predilecto palacio de Ruzafa. Aunque veía

por fin cumplidos los deseos de paz que siempre habia abrigado su

magnánimo corazon, la tristeza hacia inclinar su gloriosa frente, porque

en medio de uno de sus jardines se alzaba esbelta y gallarda una

solitaria palma que, como nacida en el Occidente, lejos de la region de

las palmeras, le traía á la memoria su propio destino.

Recordaba que él tambien vivia en un suelo estraño separado de sus mas

queridos Coraixis, desterrado del dulce clima de la Siria donde tan

alegremente habia trascurrido su primera juventud; deploraba el hado

fatal que le hacia enemigos los parientes y deudos á quienes habia

sacado de la proscripcion colmándolos en su reino de beneficios, hado

sangriento que le habia obligado á quitar la vida á dos de sus sobrinos

y á desterrar á Africa á su propio hermano Al-walíd, con cuyo auxilio,

si no hubieran sido ingratos y rebeldes, habria podido tal vez invadir

la Siria y lavar con la sangre de los aborrecidos Abbassides el polvo de

la proscripcion que afrentaba á los hijos de Moavia; pensaba en suma que

con la defeccion de los caudillos y tribus árabes no podria arribar en

la colosal empresa de fundar en Andalucía un Califato para los Omeyas, á

pesar de la lealtad y pujanza de sus asalariados Berberiscos, y aquel

mismo Azazil, que fingiendo la voz del ángel Gabriel habia dictado el

Koran á Mahoma, tomando ahora el acostumbrado disfraz, murmuró

suavemente al oido de Abde-r-rahman El-Dakhel estas palabras:

--¿Es posible, descendiente de Merwan, que tan facilmente hayas perdido

de vista el objeto con que el omnipotente Allah te salvó por mi mano del

sangriento banquete en que fueron traidoramente inmolados tus

parientes[31]? Ya has olvidado sin duda aquel beneficio: yo te le

recordaré. Cuando despues de la usurpacion de As-Seffáh acudías

diligente al llamamiento del pérfido Addullah Ibn Alí, gobernador de

Palestina, fiado en la falsa promesa de paz y de perdon con que fueron

engañados tantos Omeyas, un ángel, revistiendo la forma de un amigo

tuyo, te salió al camino y te dijo:--«Obedéceme hoy, y en el dia del

juicio hazme el cargo que quieras. Huye, huye de aquí: marcha al

Occidente, donde te espera un reino: el convite de As-Seffáh es una

traicion para aniquilar de un solo golpe á toda tu familia.» Ese ángel

era yo. «¿Qué será de mí siguiendo tu consejo? me dijiste.»--Entonces te

hice descubrir la espalda buscando en ella la señal que para reconocerte

me habia dado tu tio Moslemah, el sabio versado en el _libro de los

sucesos futuros_; mal podia yo engañarme, vi en efecto el gran lunar

negro que matiza tu cuerpo, y te repetí: «¡huye, huye! vete al

Occidente, donde te aguarda el reino de Andalucía: yo te acompañaré

parte del camino: veinte mil dineros traigo para tí de orden de

Moslemah: tómalos, y sígueme pronto.» La profecía del _Kitábu-l-hodthán_

se ha cumplido; pero no te condujo Allah al Occidente para darte de por

vida estériles conquistas. ¿Qué has hecho para asegurar á tu posteridad

este nuevo imperio? ¿Qué podrán prometerse tus sucesores si decae la fé

de los muslimes? ¿Te imaginas por ventura cumplido tu destino dejándote

morir sepultado en el harém de tu Ruzafa sin haber dado á los andaluces

una aljama digna en la corte de tu reino? No en vano, hijo de Moavia,

mecían las feris tu cuna en los verjeles del Forat aquel año en que otro

caudillo islamita de tu mismo nombre era derrotado en tierra de

Afranc[32] por un rey de nazarenos. Medio siglo no ha transcurrido desde

aquel ultraje, y has visto al nieto de ese mismo rey, al emperador mas

grande de las gélidas regiones de algufia[33], amedrentarse al rumor de

tus victorias, perder la color al asomar allende el Ebro tus

campeadores, y solicitar tu amistad ofreciéndose á emparentar contigo.

Pero entre el Islam y la Cruz la alianza es imposible, porque es preciso

que el Occidente se prosterne bajo la ley del Profeta. Mira como por

todas partes erigen templos á sus ídolos los sectarios de Jesus: sus

reyes desafian tu poder fundando en sus estados basílicas y monasterios.

Con ellos dan pábulo á su falsa religion y aumentan el número de los

ilusos cenobitas que huyen los placeres y se imaginan hallar la

felicidad en el propio sacrificio. No les bastan ya á los infieles los

templos de ricos mármoles y vistosas pinturas de los vencidos godos,

cuya mentida santidad ha seducido á los incultos bárbaros: á las

fundaciones de Sisebuto, Chindasvinto, Wamba, y de los activos pastores

del descarriado rebaño de Cristo, agregan hoy nuevas fundaciones los

tenaces hijos de Pelayo[34]: el mismo impulso da la Iglesia en Afranc,

en Italia, en Alemania, á los sucesores de Carlos Martel, y el

infatigable Carlomagno, que ya se presume emperador de Occidente con

afrenta tuya y de tu raza predestinada, presume levantar en la sombría

Aquisgram un gigantesco domo revestido de pinturas y mosáicos[35] que

rivalice con el que erigió Justiniano sobre el azulado espejo del

Bósforo. Los infieles, que trabajan afanosos por cubrir la tierra de

cruces, van estendiendo la colmena de la Iglesia, y como las abejas á la

floresta acuden en tropel á Bizancio en busca de nuevas artes y

fascinadoras invenciones. Antes que los domos de mosáico y las

refulgentes manzanas de oro que intentan erigir los del Rhin cautiven el

corazon de los pobladores de España, apresúrate á desplegar ante sus

ojos el lujo seductor del Oriente; erige un santuario en que reunas á la

disposicion perfecta que prescribe la Sunnah toda la belleza que la

exaltada imaginacion de tus árabes sea capaz de concebir, auxiliada de

las mas esquisitas formas del arte asiático, y una riqueza tal que cause

maravilla á los infieles españoles, no familiarizados aun con las galas

del imperio griego[36]. Carlomagno echará mano para su construccion de

las columnas y esculturas de los edificios de Roma y de Ravena[37]: tú

tienes para la tuya los suntuosos monumentos antiguos de Mérida,

Itálica, Tarragona, Narbona y otras ciudades grandes. Dedica al santo

libro de Othman una maravilla que haga acudir los cristianos convertidos

á su recinto como las bandadas de palomas á los alminares, y que desde

sus mimbares se reparta á esos incultos sectarios del Evangelio,

obstinados en la mortificacion de los sentidos, el grano fecundo de la

_Sunnah_[38], abriendo sus almas de hierro á las inefables delicias que

promete á los fieles la única religion verdadera. Este obsequio debes á

la mision civilizadora que te trajo á Andalucía, porque no fué tu

destino el de conquistador solamente, sino tambien el de propagador del

Islamismo: la Meka gime cautiva bajo el yugo de hierro de los

usurpadores, y el alhige[39] á la Caaba es peligroso para tu autoridad:

Allah consiente en favor tuyo la relajacion de aquel precepto, y el

Profeta verá gozoso desde su etéreo trono que para preservar á tus

súbditos del contagio de los pérfidos _Schiitas_ sustituyes á la

trabajosa peregrinacion impuesta á los de Oriente la visita á un nuevo

santuario, á la casa cuadrada de Abraham una suntuosa aljama, y á la

piedra negra de Gabriel[40] una copia del libro santo que le fué enviado

del cielo en la mística noche del Al-Kadar[41]. ¡Animo, pues, hijo de

Moavia! Acompañe al descanso de las espadas la obra de la predicacion;

suceda al tráfago de la guerra y al clamor de los combates la agitacion

pacífica de los ingenios; enmudezcan en buen hora los atabales, pero

óigase por do quiera el rumor de la gente consagrada al trabajo de la

palanca, de la fragua, del cincel y del martillo: para el grandioso

objeto á que eres llamado Allah te permite tambien esplorar y remover

las secretas entrañas de los montes: haz abrir las canteras de la vecina

sierra, haz amasar la tierra regada con la sangre de los infieles y

rebeldes, haz cortar los árboles de los bosques en que fueron clavados

los caudillos traidores; yo te inspiraré la forma que has de ordenar

para la Caaba del Occidente, y cuando ya la tengas erigida, la poderosa

voz de los lectores y alkhatibes[42] arrullará el sueño de los leones

africanos, y el armonioso concierto de los almuedanes[43] lanzado á los

cuatro vientos desde el enhiesto alminar, hará enmudecer cinco veces

cada dia el importuno clamor de las campanas de Cristo[44]. «Dios es

grande. No hay mas Dios que Dios. Mahoma es su Profeta. Venid á orar;

venid á adorarle. ¡Dios es grande, Dios es único!» entonarán con

acordadas voces, y yo encomendaré á las auras la propagacion del sagrado

llamamiento. Tú quizás no llegarás á ver la santa obra terminada, pero

la verá tu amado Hixem, en quien sobrevivirán tu esfuerzo y tus

virtudes; y cuando Allah fuere servido llamarte á juicio, pondré yo en

la balanza de tus buenas obras tu piadosa fundacion, por sus méritos

pasarás el Sirath como relámpago apenas visto[45], y llegarás feliz y

triunfante al jardin de los eternos placeres, donde te saldrán á recibir

los setenta almalekes encargados por Allah de darte la posesion de sus

ansiadas promesas[46].

Estas palabras de Azazil avivan en el pecho del Coreixí la amortiguada

llama del entusiasmo: hierve de nuevo en sus turgentes venas la sangre

del impetuoso Merwan, y al pensar en las delicias del _Genna_[47], en la

deleitosa sombra del granado inmortal plantado cabe el trono invisible

del Eterno, en los cuatro místicos rios que brotan de su pié, y en las

hurís etéreas nacidas de sus incomparables frutos[48]; al recordar que

su muerte está tal vez próxima y que solo le falta emprender aquella

grande obra para asegurarse la posesion del Paraiso y el don de la

perpetua juventud en brazos de aquellas encantadoras vírgenes, sacude el

letargo y la tristeza, y resuelve inmediatamente seguir la inspiracion

del ángel que ha hablado á su oido.

Era la hora de _adohar_[49], y Abde-r-rahman, que á pesar de su edad

avanzada solia dejar el blando lecho al alba para recrearse con sus

favoritos en la caza de aves, no habia aun salido de su apartamiento.

Cinco horas hacia que sus halconeros le esperaban con los caballos y los

perros en el límite de la Ruzafa, cuando les despachó por uno de sus

esclavos la orden de retirarse. Mandó á su eunuco Mansur, hagib á la

sazon por muerte de Abde-r-rahman Ibn Mugheyth, que convocase á los

jeques de su consejo[50] y á los secretarios de su mayor confianza, y

despues de referirles la sugestion que aquella mañana le habia ocupado,

les habló así en tono inspirado y solemne:

«Dos gigantes aspiran á dominar el mundo; el tercero que rivalizaba con

ellos no lleva en sus entrañas corazon ni culto[51]. El dragon imperial

que habia trabado alianza con la Cruz[52] está herido de muerte. ¿Quién

dudará de la victoria del leon del desierto?

»El cristiano idólatra dice: Europa es la reina, Asia su sirviente. El

fiel musulman esclama: del Oriente sale la luz, Algufia duerme en las

tinieblas.

»La Iglesia y el Islam se miran frente á frente como el leon y el tigre

despues de la primera embestida: dos barreras que antes los separaban

ceden ya al poder de Allah clemente y misericordioso: en las montañas de

Afranc deja el tigre cauteloso la presa por la vuelta[53]: en la ciudad

de Constantino devoran las hogueras los monasterios, los monges y los

ídolos, y á los golpes del martillo Isáurico se va desmoronando Santa

Sofía[54].

»Los bárbaros de las regiones del hielo se estremecen de placer en sus

pellizas esperando que un pontífice romano ponga en la diestra de

Károloh[55] el globo de Constantino; pero las hermosas hijas del Yemen

celebran con las zambras y cantares de sus alméas las victorias de los

hijos de Ismael, que por la virtud del Koran se abren las puertas del

Oriente y del Occidente.

»La perla de la Propóntide no pasará á ornar la sien del Franco, aunque

la amedrentada Irene le brinde con su mano y su diadema[56]. Bizancio

aborrece los ídolos y se entregará en brazos de los Emires.

»Los hijos de Odino se han cubierto de ignominia doblando las cervices

bajo la maza Carlovingia: Witikindo se ha sostenido solo contra el

bárbaro de Austrasia, los demas caudillos germanos han palidecido como

mugeres y revestido en Paderborn las blancas túnicas de los Catecúmenos

incircuncisos[57].

»Pero los hijos del Yemen han sombreado con el velo del Islam la parte

mejor de la tierra, desde el Thibet hasta el Pirineo, y á impulso de la

cimitarra de los fieles espiran el dragon imperial en los páramos de

Sem[58], la escuela de Cristo en los verjeles de Japhet.

»Los Salvages, cubiertos de pieles, aullaron como lobos hambrientos con

la esperanza del botin durante las disensiones de los hijos de Ismaël:

vieron que sobre las orillas del Eufrates se cernia el fatídico cuervo,

y que la blanca paloma habia desamparado su antiguo nido, y se

imaginaron cebarse en las riquezas y placeres; mas estaba escrito que no

sería para ellos la hermosa tierra del azahar y de la oliva, y el pastor

del rebaño del Profeta los hizo rodar perniquebrados por las vertientes

de sus ásperas montañas[59].

»Entonces cantaron las vírgenes y los ancianos del Hedjaz: no hay mas

Dios que Dios, ¡Mahoma es su Profeta! Poderosa es la raza Coreixí: Dios

clemente ha vinculado en ella el precioso collar de Cosroës y las veinte

y cinco coronas de los reyes de Iberia[60].

»Se imagina el gigante idólatra ser el sucesor de César: no advierte que

sobre el plátano se ha levantado la palma en el Andalús[61], y que á su

gallardo columpio acuden hoy de Africa y Asia las aves vocingleras.

»Nuestro es en verdad lo mas aventajado de la tierra: en nuestro

dominio se crian las aves de mas vistoso plumage, las piedras preciosas

de mas valor, y las plantas de mas fragancia. Es el predilecto del sol

que le da fuego fecundo, del mar que siempre le arrulla enriqueciéndole

con el coral y la perla.

»El idólatra de algufia no ha abierto aun los ojos: la Iglesia le educa

y ya le enseña á deletrear con su dedo[62]; pero el sucesor del Profeta

ha gozado las delicias del saber y mojado el labio en las límpidas aguas

de la elocuencia y de la poesía. No tiene, pues, que temer que el

bárbaro rey de Afranc rivalice con él en virtud, magnificencia y

cultura.

»No entregará Dios el mundo á los que se embriagan predicando

penitencia, y se enriquecen ensalzando la pobreza, y se dan al

libertinage recomendando la castidad[63]; mas nosotros, que buscamos la

dicha en la tierra y la felicidad en el cielo, bendeciremos á Allah

porque nos ha dado la miel dulce, la rosa balsámica, el rubí encarnado,

la seda joyante y la muger hermosa.

»Para ellos los monasterios pobres y sombríos; para nosotros los

verjeles, el harem, los baños y las aljamas: aljamas revestidas en lo

interior de bruñidos jaspes y esplendorosos estucos, que con su luz y su

fragancia transportan al fiel muslim á la casa celeste de la

Adoracion[64] construida de jacintos rojos y cercada de lámparas

inextinguibles.

»Para ellos claustros lóbregos y silenciosos, para nosotros las

cristalinas fuentes y verdes arrayanes de los jardines; para ellos la

vida triste y recelosa del castillo, llena de privaciones; para nosotros

la existencia risueña y tranquila de la academia; para ellos la

intolerante y suspicaz tiranía; para nosotros la monarquía clemente y

paternal; para ellos la ignorancia popular; para nosotros la

instruccion, pública y gratuita; para ellos los yermos, el celibato, el

sacrificio, el martirio voluntario; para nosotros los campos fértiles,

el amor, la fraternidad, la bienandanza, las comodidades y deleites;

para ellos los penosos preceptos de la Iglesia, las enconadas disputas

de los concilios; para nosotros los fáciles mandatos de la Sunnah y los

entretenidos certámenes de los sabios y poetas.

»¡Gran contienda se inaugura entre la barbarie y la cultura, entre las

sombras y la luz, entre Cristianos y Muslimes! Preparado está el mundo y

dispuesto para grandes cosas, como el hierro que sale de la fragua

enrojecido y solo espera la nueva forma que van á darle sobre el yunque.

»El Franco y el Arabe son la tenaza que le tiene asido, y cada cual

levanta sobre él su martillo.

»Pero el Franco habrá de volver la maza á menudo contra otros bárbaros

procedentes de los vastos páramos de hielo[65], y al Arabe le bastará

sacudir con el ruido de sus corceles el indolente sueño del Ganges y del

Indo que se mueren sobre las flores.

»No resta mas que vigorizar el brazo del forjador donde mas tenaz es la

resistencia: un esfuerzo mas, y la vida del Oriente trasmigra al

magestuoso Guadalquivir; un acto más de fé, y la magestad de Bagdad se

humilla ante la reina del Andalús, y el Godo casto y salvage que hoy

proclama rey la enriscada Asturias[66], hunde entre sus pobres templos

de cal y piedra tosca[67] la férrea corona de puntas heredada de

Pelayo.

»Alcemos, pues, á Allah que ha protegido nuestras armas; alcémosle sobre

el gran rio del Andalús una aljama que supere en magnificencia á las de

Bagdad y Damasco, solo comparable á la santa Alaksa de Jerusalem; y los

legítimos sucesores en la herencia de Othman impíamente sacrificados,

exultarán aunque insepultos.

»Levantemos la Caaba del Occidente[68] en el solar mismo de un templo

cristiano que tengamos que derruir, para que caiga la Cruz entre

escombros y sobre su polvo descuelle el Islam radiante.

»Ostentará la gran mezquita todas las galas del mediodia y del Oriente:

su arquitectura será un espléndido compuesto de todos los estilos, para

que en ella puedan leer los venideros todas nuestras conquistas.

»Sea su planta parecida á la de las basílicas del Crucificado, para que

la casa de Dios oprima la casa de los ídolos: atrio, pórtico, naves y

santuario; todo en un recinto de cuatro ángulos y cuatro lados, como la

santa casa de la Meka[69].

»Sea el atrio vasto, espacioso, desahogado: con abundantes y puras aguas

para tas abluciones: tal que despues de edificado no haya lengua que

ensalce el atrio de Santa Sofía. Descanse todo él sobre una anchurosa

cisterna de bóveda subterránea, de modo que el peregrino de tierras de

Asur, al refrescarse á la sombra de sus naranjos se crea transportado á

los pensiles de Babilonia.

»Ábrase paso el gentío de los creyentes al cuerpo de la mezquita por

once puertas circulares que correspondan á otras tantas naves, tendidas

del algufia á la quibla[70], y la nave central sea mas espaciosa que las

laterales, descubriendo en su fondo á los extasiados ojos de los

muslimes la maravilla nunca vista.

»El cuerpo de la aljama aventajará por lo sorprendente de su perspectiva

á la famosa mezquita de Amrú y á la santa casa de Jerusalem[71], porque

sus once naves estarán cruzadas en ángulo recto por treinta y tres mas

angostas: todas sostenidas en ricas columnas de mármoles variados, que

al que las mire le representarán la imágen de una lucida hueste en

simétrica formacion y belicosa apostura.

»Verdaderamente se asemejarán esas mil columnas al bosque de lanzas que

presentaban en el inolvidable dia de las Víctimas mis leales

Zenetes[72], fundamento de mi poderío. Sobre esas columnas voltearemos

arcos que imiten sutiles banderas henchidas por el viento de la fortuna,

y sobre el conjunto descansará una rica techumbre de alerce

incorruptible, así como en mis soldados descansa en España la

incontaminada Sunnah, que á todos nos ampara.

»¿Qué espectáculo será semejante al de esos mil arcos ligeros descritos

en el espacio, apenas sostenidos en sus arranques y dejando pasar la

luz, como un bosque ornado de guirnaldas que sacude y levanta la brisa?

No sabrán las gentes á qué compararlo, porque no habrá monumento antiguo

ni moderno que ofrezca tan original combinacion.

»No profanarán nuestro templo simulacros groseros, no tendrán en él

cabida los ídolos de los adoradores de los astros y del fuego, ni los

emblemas impuros de la India y del Egipto, ni los perecederos dioses de

Grecia y Roma. Ormuz y Siva, Venus y Rea, Jesus y María, no recibirán de

los Muslimes idolátrico culto; el único símbolo que en nuestra aljama

pondremos será esa gallarda curva sostenida en el aire, que recordará á

los verdaderos creyentes la afortunada huida del Profeta á Medina.

«Esa es la mística forma que en aquella memorable noche dibujaron en el

cielo la luna nueva que le iluminó el camino, y en la tierra el poderoso

casco de su caballo[73].

»Como en la marea creciente dibuja la ola en la arena de la playa su

círculo, pasando sobre la huella de la oleada anterior, así el dichoso

flujo de nuestras conquistas fué pasando triunfante sobre los pueblos

sojuzgados. Quiero, pues, que nuestro rápido crecimiento marque sus

grados en esas suntuosas columnatas, y que los arcos que lleven la

incorruptible techumbre se levanten sobre otros arcos inferiores.

»Espanto y lágrimas producirá en los Cristianos la amenaza de esa

creciente marejada; pero los que se conviertan verán en esos arcos el

iris de la paz y de la bonanza.

»Coronarán los pulidos fustes de mármol y jaspe elegantes capiteles en

que alternen el gracioso canastillo corintio y el magnífico compuesto

romano; los arcos de la nave central aparecerán ricamente ataviados, y

en el vestíbulo del mihrab prodigará la exuberante imaginacion del Arabe

las encantadoras y lujosas combinaciones de la ornamentacion asiria y

griega. En él se elevará la magestuosa cúpula bizantina, que protegerá

la tranquilidad del hijo de los Califas durante sus oraciones[74].

Cerrarán esta incomparable aljama cuatro altos y gruesos muros

fortalecidos con torreones, cuya solidez desafiará á la de las insignes

obras romanas de Africa y España, y cuyas endentadas almenas traerán á

la memoria nuestras lejanas conquistas[75].

Córdoba · 第 6 / 53 段