Esta figura trágica tenía también su lado cómico en la cátedra, no
por intento del catedrático, sino por la fuerza del contraste; como
es alegre, en un cielo negro y preñado de tempestades, la luz del
relámpago que en ocasiones mata.
Don Bernabé era hombre de cortísimos alcances, y esto se echaba de
ver en cuanto se salía de los carriles del _Arte_ señalado de texto.
En tales casos, hubiera sido, como ahora se dice, verdaderamente
delicioso, por la especialidad de los recursos que le suministraba la
angostura de su ingenio, si su lado cómico no hubiera estado tan cerca
del dramático.
Fuera de los poquísimos ejemplos que sacaba de Tácito ó de Tito Livio,
todas sus oraciones, propuestas muy lentamente y paseándose á lo largo
de la clase, tomando rapé, eran del género culinario, y, _mutatis
mutandis_, siempre las mismas.
--Estando la cocinera--díjome una vez, al llegar yo á hacer oraciones
de esta clase,--fregando los platos, los discípulos le robaban el
chocolate.
Puse en latín, y sin grandes dificultades, lo de la cocinera, lo de
fregar los platos y hasta lo del robo por los discípulos; pero llegué
al chocolate y detúveme.
--¿Qué hay por chocolate?--pregunté.
--Hombre--me respondió deteniéndose él también en su paseo, torciendo
la cabecita y tomando otro polvo,--la verdad es que los romanos no
le conocieron.--Meditó unos momentos, y añadió, con aquella voz
destemplada, verdadera salida de tono, que le era peculiar:
--Ponga _masa cum cacao, cum sácaro et cum cinamomo confecta_. (Masa
hecha con cacao, azúcar y canela).
Hízonos gracia la retahila, y reímonos todos; pero pudo haberme costado
lágrimas la dificultad en que me vi para acomodar tantas cosas en
sustitución del sencillísimo chocolate, sin faltar á la ley de las
concordancias en genero, número y caso.
Otra vez, y también á propósito de fregonas y de discípulos golosos,
salió á colación la palabra _arroba_.
--¿Qué hay por arroba?--preguntó el alumno.
Á lo que respondió don Bernabé, con la voz y los preparativos de
costumbre:
--La verdad es, candonga, que esa unidad no la conocían los romanos...
Ponga... _pondus viginti et quinque librarum_ (peso de veinticinco
libras).
Como en estos casos le daba por estirarse, en otros prefería encogerse.
--Voy á Carriedo,--mandó poner en latín en una ocasión; y como el
alumno vacilase,
--¡_Carretum eo_, candonga!--concluyó el dómine alumbrándole dos
estacazos.--¿Qué ha de haber por Carriedo sino _Carretum, carreti_?
Cuando un muchacho quería salir de la cátedra, obligado á ello por
alguna necesidad apremiante, ó fingiendo que la sentía, alzábase del
banco, cruzaba los brazos sobre el pecho, y quedábase mirando á don
Bernabé, con la cara muy compungida; hacía éste un movimiento expresivo
con la cabeza, y así concedía ó negaba el permiso que se le pedía.
Aconteció una vez que se alzó un muchacho; y después de haber estado
cerca de un cuarto de hora en la susodicha forma de interrogante, sin
obtener respuesta, díjole don Bernabé:
--¡Corre, que te pillan!
Y el chico apretó á correr hacia la puerta.
--¿Adónde va, candonga?--le gritó el dómine.--¡Vuelva, vuelva, y
póngamelo en latín!
Volvió el muchacho, y, torpe y atarugado, comenzó á decir:
--_Curre_... _quod_... _pillant_...
--¡No estás tú mal _pillo_, calabaza!--Y deslomóle de un bastonazo.--¡Á
ver, _el otro_!
Y como el otro no estuviese más acertado que su antecesor, continuó
el de más allá, y luego el que le seguía, y después el otro, y, por
último, los mayoristas, que tampoco supieron vencer la dificultad, con
lo que don Bernabé fué _entrando en calor_, y la bromita del «corre,
que te pillan» acabó en tragedia.
Tal era el lado cómico de este personaje. Fiar en sus _chistes_,
equivalía á retozar con el tigre. Al fin, siempre había zarpada.