III

Esta figura trágica tenía también su lado cómico en la cátedra, no

por intento del catedrático, sino por la fuerza del contraste; como

es alegre, en un cielo negro y preñado de tempestades, la luz del

relámpago que en ocasiones mata.

Don Bernabé era hombre de cortísimos alcances, y esto se echaba de

ver en cuanto se salía de los carriles del _Arte_ señalado de texto.

En tales casos, hubiera sido, como ahora se dice, verdaderamente

delicioso, por la especialidad de los recursos que le suministraba la

angostura de su ingenio, si su lado cómico no hubiera estado tan cerca

del dramático.

Fuera de los poquísimos ejemplos que sacaba de Tácito ó de Tito Livio,

todas sus oraciones, propuestas muy lentamente y paseándose á lo largo

de la clase, tomando rapé, eran del género culinario, y, _mutatis

mutandis_, siempre las mismas.

--Estando la cocinera--díjome una vez, al llegar yo á hacer oraciones

de esta clase,--fregando los platos, los discípulos le robaban el

chocolate.

Puse en latín, y sin grandes dificultades, lo de la cocinera, lo de

fregar los platos y hasta lo del robo por los discípulos; pero llegué

al chocolate y detúveme.

--¿Qué hay por chocolate?--pregunté.

--Hombre--me respondió deteniéndose él también en su paseo, torciendo

la cabecita y tomando otro polvo,--la verdad es que los romanos no

le conocieron.--Meditó unos momentos, y añadió, con aquella voz

destemplada, verdadera salida de tono, que le era peculiar:

--Ponga _masa cum cacao, cum sácaro et cum cinamomo confecta_. (Masa

hecha con cacao, azúcar y canela).

Hízonos gracia la retahila, y reímonos todos; pero pudo haberme costado

lágrimas la dificultad en que me vi para acomodar tantas cosas en

sustitución del sencillísimo chocolate, sin faltar á la ley de las

concordancias en genero, número y caso.

Otra vez, y también á propósito de fregonas y de discípulos golosos,

salió á colación la palabra _arroba_.

--¿Qué hay por arroba?--preguntó el alumno.

Á lo que respondió don Bernabé, con la voz y los preparativos de

costumbre:

--La verdad es, candonga, que esa unidad no la conocían los romanos...

Ponga... _pondus viginti et quinque librarum_ (peso de veinticinco

libras).

Como en estos casos le daba por estirarse, en otros prefería encogerse.

--Voy á Carriedo,--mandó poner en latín en una ocasión; y como el

alumno vacilase,

--¡_Carretum eo_, candonga!--concluyó el dómine alumbrándole dos

estacazos.--¿Qué ha de haber por Carriedo sino _Carretum, carreti_?

Cuando un muchacho quería salir de la cátedra, obligado á ello por

alguna necesidad apremiante, ó fingiendo que la sentía, alzábase del

banco, cruzaba los brazos sobre el pecho, y quedábase mirando á don

Bernabé, con la cara muy compungida; hacía éste un movimiento expresivo

con la cabeza, y así concedía ó negaba el permiso que se le pedía.

Aconteció una vez que se alzó un muchacho; y después de haber estado

cerca de un cuarto de hora en la susodicha forma de interrogante, sin

obtener respuesta, díjole don Bernabé:

--¡Corre, que te pillan!

Y el chico apretó á correr hacia la puerta.

--¿Adónde va, candonga?--le gritó el dómine.--¡Vuelva, vuelva, y

póngamelo en latín!

Volvió el muchacho, y, torpe y atarugado, comenzó á decir:

--_Curre_... _quod_... _pillant_...

--¡No estás tú mal _pillo_, calabaza!--Y deslomóle de un bastonazo.--¡Á

ver, _el otro_!

Y como el otro no estuviese más acertado que su antecesor, continuó

el de más allá, y luego el que le seguía, y después el otro, y, por

último, los mayoristas, que tampoco supieron vencer la dificultad, con

lo que don Bernabé fué _entrando en calor_, y la bromita del «corre,

que te pillan» acabó en tragedia.

Tal era el lado cómico de este personaje. Fiar en sus _chistes_,

equivalía á retozar con el tigre. Al fin, siempre había zarpada.

Esbozos y rasguños · 第 55 / 63 题