CAPÍTULO X.

Conversion de San Pablo.

[Marginal: Año 38]

El año 38 valió á la Iglesia naciente una conquista notable. Fué en

efecto en el transcurso de este año[487] cuando debió tener lugar,

poco más ó menos, la conversion de aquel Saulo que hemos encontrado

como cómplice de la lapidacion de Estéban, agente principal de la

persecucion del año 37, y que acababa de transformarse, por un

misterioso efecto de la gracia, en el más ardiente de los discípulos de

Jesús.

Saulo, nació en Tarso, en Cilicia[488] el año 10 ó 12 de nuestra

era[489]. Segun la moda del tiempo se habia latinizado su nombre con el

de _Paulo_[490] y no llevó este nombre de una manera continua, hasta

que hubo tomado el calificativo de apóstol de los gentiles[491]. Pablo

era de la más pura sangre judía[492]. Oriunda su familia, tal vez de la

poblacion de Giscala, en Galilea[493], pretendia pertenecer á la tribu

de Benjamin[494]. Su padre poseia el título de ciudadano romano[495].

Sin duda alguno de sus antecesores habia comprado este título, ó

lo habia adquirido con sus servicios. Puede suponerse que lo habia

obtenido su abuelo por haber ayudado á Pompeyo cuando la conquista

romana (63 años antes de J.-C.); su familia, como todas las buenas y

antiguas casas judías, pertenecia al partido de los fariseos[496].

Pablo fué educado en los principios más severos de esta secta[497] y

si repudió más tarde sus rígidos dogmas, guardó su ardiente fé y su

entusiasta exaltacion.

Tarso era en la época de Augusto, una poblacion muy floreciente. Los

habitantes pertenecian en su gran parte á la raza griega y armenia,

pero los judíos abundaban mucho como en todas las poblaciones

mercantiles.[498] Era muy extendida la aficion á las ciencias y á

las letras y ninguna poblacion del mundo, sin exceptuar Atenas y

Alejandría, poseia tantas escuelas é institutos científicos[499]. El

número de los sabios que produjo ó que hicieron sus estudios en Tarso,

es verdaderamente notable[500]. De esto no debe deducirse que Pablo

recibiera una educacion helénica señalada. Los judíos frecuentaban

raras veces los establecimientos de instruccion profana[501]. Las

escuelas más célebres de Tarso eran las escuelas de retórica[502]. Lo

primero que se aprendia en ellas era el griego clásico, y no es creible

que un hombre que hubiese aprendido aunque fuese elementalmente la

gramática y retórica de una lengua tan elegante, hubiese escrito tan

incorrectamente como lo hizo bajo el aspecto helénico las epístolas

de San Pablo. Él habla habitualmente y con facilidad en griego[503];

él escribe, ó mejor dicho, dicta[504] en esta lengua, pero su griego

es el de los judíos helenistas; un griego cargado de hebraismos y de

siriacismos que apenas debe ser inteligible para un literato de la

época y que no se comprende más que haciéndose cargo de la construccion

siriaca que Pablo, al dictar, formaba en su espíritu. Él mismo reconoce

el carácter popular y grosero de su lengua[505]. Cuando podia hablaba

el hebreo, es decir, el siro-caldeo de aquel tiempo[506]. En esta

lengua pensaba; en esta lengua le habló la voz íntima del camino de

Damasco[507].

Su doctrina no tiene ninguna relacion directa, ni copia nada de la

filosofía griega. La cita de un verso de _Thais_ de Menandro que se

encuentra en sus escritos[508], es uno de los proverbios monósticos

que sabia todo el mundo y que podian citarse muy bien sin haber leido

los originales. Otras dos citas, una de Epiménides y otra de Arato,

que figuran bajo su nombre[509] aunque seguramente no son suyas, se

explican tambien como copiadas de segunda mano[510]. La cultura de

Pablo es casi exclusivamente judía[511]; es más bien en el Talmud, que

en la Grecia clásica donde deben buscarse sus análogos. Algunas ideas

generales que la filosofía habia extendido por todas partes, y que

podian conocerse sin haber abierto un solo libro de los filósofos[512],

las hace tambien suyas. Su manera de raciocinar es de las más extrañas.

Ciertamente ignora por completo la lógica peripatética. Su silogismo no

es como el de Aristóteles, y por el contrario, su dialéctica tiene la

mayor semejanza con la del Talmud. En general, se deja Pablo conducir

más bien por las palabras, que por las ideas. Una palabra que tenga

en su espíritu le domina y le lleva á un órden de ideas distintas

del punto principal. Sus transiciones son bruscas; sus demostraciones

interrumpidas; sus períodos con frecuencia cortados. Ningun escritor

ha sido más desigual. Inútilmente se buscaria en todas las literaturas

un fenómeno tan notable como el capítulo 13 de la primera epístola á

los Corintios, página sublime, al lado de débiles argumentos de penosas

reticencias, de fastidiosas sutilezas.

Su padre le destinó desde muy jóven á ser rabino, pero segun la

costumbre general[513], dióle una profesion. Pablo fué tapicero[514],

ó si se quiere trabajador en aquellas telas ordinarias de Cilicia

que se llamaban _cilicium_. En distintas épocas dedicóse á este

trabajo[515], pues carecia de fortuna patrimonial y tuvo una hermana,

cuyo hijos vivieron en Jerusalem[516]. Los indicios que se tienen de un

hermano[517] y de otros parientes[518] que abrazaron el cristianismo,

son muy vagos y muy inciertos.

Si hemos de creer que los buenos modales y la finura están en relacion

con la fortuna de cada uno, debemos figurarnos á Pablo como un

hombre del pueblo mal educado y sin distincion. No obstante, esta

apreciacion no es exacta, porque era extremada su finura y sus manos

delicadas cuando él queria. Á pesar de su incorreccion de estilo, sus

epístolas revelan un hombre de grande imaginacion,[519] encontrándose

en sus elevados pensamientos expresiones muy felices. Jamás

correspondencia alguna, ha revelado atenciones más rebuscadas, maneras

más finas, reconvenciones más amables. Una ó dos de sus fórmulas

nos desagradan[520], pero ¡qué facilidad! ¡qué riqueza de frases

deliciosas! ¡qué naturalidad! Se comprende bien que su carácter en los

momentos en que la pasion no le volvia irascible y duro, debia ser el

de un hombre fino, emprendedor, afectuoso, perfectamente susceptible y

un poco celoso. Inferiores ante el público[521], estos hombres tienen,

en el seno de las pequeñas iglesias, inmensas ventajas por el respeto

que inspiran por su aptitud y su práctica y por su hábil manera de

salir de las más grandes dificultades.

El aspecto de Pablo era repugnante y su semblante no correspondia á

la grandeza de su alma. Era feo, de baja estatura y medio jorobado.

Sus fuertes hombros sostenian una cabeza pequeña y calva; su semblante

ostentaba una barba poblada y espesa; tenia la nariz aguileña; los ojos

penetrantes y eran negras las cejas que delineaban su frente[522]. Su

palabra no ofrecia nada de particular ni imponia[523]: una especie

de temor, de embarazo, de incorreccion, daba frecuentemente una pobre

idea de su elocuencia[524]. Como hombre de tacto, insistia él mismo

sobre sus defectos exteriores, sacando de ellos ventajas[525]. La raza

judía tiene de notable que presenta tipos de la más grande belleza y de

una fealdad completa; pero la fealdad judía es una cosa completamente

especial. Unas facciones extrañas, que con frecuencia excitan la

sonrisa, y toman, cuando se iluminan, una especie de resplandor

profundo y de majestad.

El temperamento de Pablo, no era menos singular que su exterior. Su

contextura vigorosa y fuerte, se hallaba alterada por una vida llena

de fatigas y de sufrimientos. Sin cesar alude él mismo á su debilidad

corporal y se presenta como un hombre demacrado, enfermo, tímido, sin

esperanza, sin prestigio, sin nada de lo que hace efecto, si bien tiene

el mérito de no hacer aprecio de estas miserias[526]. Á veces habla con

misterio de una prueba secreta, «de una espina clavada en su carne,»

que compara á un ángel de Satán, ocupado en molestarle y al cual Dios

ha permitido que se le uniera para que no se enorgulleciese[527]. Tres

veces ha pedido al Señor que le librara de esta pena; tres veces el

Señor le ha contestado: «Mi gracia te basta.» Esta era sin duda una

debilidad suya, pues el atractivo de las voluptuosidades carnales no

pareció agitarle nunca puesto que él mismo nos enseña á ser insensible

á las mismas[528]. Parece que no se casó[529]; la frialdad de su

temperamento, consecuencia de los ardores espirituales de su cerebro,

se muestra durante toda su vida; se envanece de ello con tanta

seguridad que es probable no esté exenta de cierta afectacion y que en

todo caso tiene para nosotros algo repugnante[530].

Fué muy jóven á Jerusalem[531] y dícese que entró en la escuela

de Gamaliel el Viejo[532]. Gamaliel era el hombre más ilustre de

Jerusalem. Como el nombre de fariseo se aplicaba á todo judío notable

que no era de familia sacerdotal, Gamaliel pasaba por un miembro de

esta secta, pero no era exclusivista ni pobre de espíritu como aquella.

Era un hombre liberal, ilustre, que comprendia á los paganos y sabia

el griego[533]. Tal vez las grandes ideas que profesó San Pablo al

convertirse, fueron una reminiscencia de lo que le enseñó su primer

maestro; es necesario, sin embargo, confesar que no fué la moderacion

lo que del mismo aprendió. En la atmósfera cálida de Jerusalem llegó á

un grado extremo de fanatismo. Figuraba á la cabeza del jóven partido

fariseo, rigorista y exaltado que estaba unido á su pasado nacional

hasta el último extremo[534]. Él no conoció á Jesús[535] ni asistió á

la escena sangrienta del Gólgota, pero le hemos visto tomando una parte

activa en la muerte de Estéban y figurar en primera línea entre los

perseguidores de la Iglesia. Solo respiraba muerte y amenazas y corrió

á Jerusalem escudado de una órden que autorizaba todos sus excesos. Iba

de sinagoga en sinagoga, forzando á los tímidos para que renegaran del

nombre de Jesús, y haciendo apalear ó encerrar á los otros[536]. Cuando

la Iglesia de Jerusalem se dispersó, las poblaciones vecinas fueron

víctimas de su rabia[537], desesperándole los progresos de la nueva fé,

hasta que habiendo sabido que un grupo de fieles se habia constituido

en Damasco, pidió al gran sacerdote Teófilo, hijo de Hanan[538], cartas

para la sinagoga de esta poblacion, que le confiriesen el poder de

prender á las personas creyentes y de llevarlas atadas á Jerusalem[539].

El desórden de la autoridad romana en Judea, despues de la muerte de

Tiberio, explica estas arbitrarias vejaciones que tenian lugar bajo el

mando del insensato Calígula. La administracion estaba desarreglada

en todas partes, y el fanatismo habia ganado lo que habia perdido el

poder civil. Despues del mando de Pilatos, y las concesiones hechas á

los indígenas por Lucio Vitelio, se adoptó el principio de dejar al

país abandonado á sus leyes especiales, y entonces se ejercieron mil

tiranías locales aprovechando la debilidad de un poder insuficiente.

Por aquella época Damasco habia pasado al poder del rey Hartat ó Hareth

cuya capital era Petra[540].

Este príncipe poderoso y valiente, despues de haber derrotado á

Herodes Antipas y puéstose al frente de las fuerzas romanas mandadas

por el legado imperial Lucio Vitelio, se habia visto maravillosamente

favorecido por la fortuna. La noticia de la muerte de Tiberio (16 marzo

37) habia detenido repentinamente á Vitelio[541]. Hareth, aprovechando

esta oportunidad se apoderó de Damasco, estableciendo en esta poblacion

un _etnarca_ ó gobernador.[542] Cuando tuvo lugar esta conquista, la

mayor parte de los habitantes de dicha ciudad eran judíos que ejercian

el proselitismo y muy particularmente las mujeres[543]. El modo de

contentarles, el medio de ganarles, era hacer siempre concesiones á

su autonomía; y toda concesion á su autonomía era un permiso para

entregarse á violencias religiosas[544]. Castigar y matar á los que no

pensaban como ellos: hé aquí lo que llamaban independencia y libertad.

Pablo salió de Jerusalem, siguiendo sin duda el camino ordinario y

pasó el Jordan por el puente llamado de las _Hijas de Jacob_. No

tenia límites la exaltacion de su cerebro y por momentos parecia

estar loco y desvanecido. La pasion no puede ser una regla de fé:

el hombre apasionado va de una creencia á otra distinta llevando á

ella únicamente el mismo fuego. Como todas las almas fuertes, Pablo

estaba muy cerca de amar lo que odiaba. Por otra parte, ¿estaba

seguro de no contrariar la obra de Dios? Las ideas mesuradas y justas

de su maestro Gamaliel[545], le venian sin duda á la memoria y es

de advertir que almas ardientes como la de Pablo sienten á veces

terribles remordimientos. Debia tener presentes las lágrimas de los

que torturaba;[546] el cariño de sus buenos sectarios, quienes le

amaban tanto más á medida que iban conociéndole; y sin embargo, nadie

les conocia tanto á ellos como su perseguidor. Por momentos creia

ver la figura de su Maestro, que tanta paciencia inspiraba á sus

discípulos, mirarle con aire de piedad y reconvenirle dulcemente. Lo

que se explicaba de las apariciones de Jesús, concebido como un sér

aéreo y perfectamente visible, le afectaba mucho, pues en las épocas

y en los países en que se cree lo maravilloso, las narraciones de

milagros imponen igualmente á los de partidos opuestos, teniendo por

ejemplo, miedo los musulmanes de los milagros de Elías y pidiendo como

los cristianos curaciones sobrenaturales á San Jorge y á San Antonio.

Pablo, despues de haber atravesado la Iturea, entró en la llanura de

Damasco, aproximóse á la poblacion y estaba ya probablemente á la

entrada de los jardines que la rodean. Era medio dia[547] y viajaba

á pié en union de varios compañeros[548].

El camino de Jerusalem á Damasco no ha cambiado todavía: es el que

partiendo de esta última ciudad en la direccion del Sud-oeste,

atraviesa la hermosa llanura regada á la vez por los rios afluyentes

del Abana y de Farfar y sobre la cual se extienden hoy las poblaciones

de Dareya, Kaukab y Sasa. No puede buscarse el punto de que hablamos,

y que fué teatro de uno de los hechos más importantes de la historia

de la humanidad, sino cerca de Kaukab á cuatro horas de Damasco[549].

Tambien es probable que el punto en cuestion fuera más cercano á la

poblacion y en este caso se estaria en lo cierto colocándolo cerca de

Dareya, hora y media de Damasco, ó entre Dareya y el último confin de

Meidan[550]. Pablo tenia delante de sí la poblacion cuyos edificios

debian ya divisarse por entre los árboles; detrás la majestuosa

altura del Hermon con sus nevadas crestas que le asemejaban á la

cabeza de un anciano; á su derecha el Haurán, las dos pequeñas

cordilleras paralelas que cierran el camino inferior de Farfar[551]

y los túmulos[552] de la region de los lagos; á su izquierda los

contrafuertes del Ante-Líbano que se unen al Hermon. La impresion

que se siente al divisar aquellos campos ricamente cultivados, y

aquellas deliciosas vegas separadas unas de otras por frondosos

árboles, cargados de sabrosos frutos, es la de la calma y la felicidad.

Figuraos un camino sombrío abriéndose paso entre la enramada, cruzado

sin cesar por canales de riego, serpenteando al través de olivares,

nogales, albaricoques, y otros árboles unidos entre sí por las ramas

de espesas cepas, y tendreis una idea del lugar donde aconteció el

hecho extraño que ha ejercido tanta influencia sobre la fé del mundo.

Apenas se cree el viajero estar en Oriente al cruzar los alrededores de

Damasco,[553] y sobre todo al salir de las ásperas y cálidas regiones

de la Gaulanítide y de la Iturea lo que más satisface al alma es la

alegría de encontrar los trabajos del hombre y las bendiciones del

cielo. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros dias, toda aquella

zona que rodea á Damasco de frescura y bienestar, no ha tenido más que

un nombre, no ha inspirado más que un sueño, el de _paraiso de Dios_.

Si Pablo encontró allí visiones terribles, es que las llevaba en

su espíritu. Cada paso que dirigia hácia Damasco despertaba en

él curiosas incertidumbres. El odioso papel de verdugo que iba á

representar se le hacia insufrible: las casas que empezaba á divisar

eran tal vez morada de sus víctimas y este pensamiento le detenia, le

agitaba; queria no avanzar, le parecia resistir á un aguijon que le

oprimia[554]. La fatiga del camino[555] uniéndose á esta preocupacion

le venció: tenia segun parece los ojos inflamados[556], tal vez

un principio de oftalmia. En las marchas prolongadas, las últimas

horas son las más penosas, ya que se acumulan en ellas todas las

causas debilitantes de los dias pasados y las fuerzas nerviosas se

extinguen, verificándose una sensible reaccion. Tal vez tambien la

brusca transicion de pasar de una llanura caldeada por el sol, á las

frescas sombras de los jardines, determinó un acceso en su organismo

enfermo[557] y quebrantado por su fanático viaje. Las calenturas

perniciosas acompañadas de ataques cerebrales, aparecen de una manera

rápida en aquellos lugares. En pocos minutos se encuentra el viajero

delirando: cuando ha pasado el ataque se conserva la impresion de una

noche oscura y parece que se han visto dibujarse imágenes en su negro

fondo[558]. Lo cierto es que una conmocion terrible quitó á Pablo lo

que le restaba de conciencia distinta y le derribó por tierra privado

de conocimiento.

Es imposible conocer, por las narraciones que tenemos de este hecho

singular[559], si alguna otra causa exterior dió lugar á la crísis que

valió al cristianismo su más ardiente apóstol; sin embargo, el hecho

exterior significa aquí poca cosa. El estado del alma de san Pablo,

sus remordimientos, el acercarse á la poblacion donde iba á cometer

sus abusos, fueron las verdaderas causas de su conversion[560]. Por mi

parte prefiero la hipótesis de un hecho personal á Pablo; de una cosa

sentida por él solo[561]. No es por esto inverosímil que estallara

de repente una tempestad:[562] las faldas del Hermon son el punto de

formacion de los temporales cuya violencia nada puede igualar. Las

almas más frias, no atraviesan sin terror esas espantosas lluvias de

fuego. En la antigüedad, los accidentes de este género se consideraban

como revelaciones divinas, toda vez que por la idea que se formaban

entonces de la Providencia, nada era fortuito, y cada individuo debia

atribuir como dirigidos á él los fenómenos naturales que tenian lugar

á su alrededor. Para los judíos en particular, los truenos eran la

voz de Dios, el rayo, el fuego de Dios. Pablo estaba dominado por la

mayor agitacion y era natural que prestara oido á la voz de la tormenta

y á la de su propio corazon. Que un delirio febril, causado por el

sol ó por una oftalmia se apoderó de repente de Pablo; que una luz

produjera su desvanecimiento; que un rayo le derribara y le causara una

conmocion cerebral que le hiciera olvidar por un momento el sentido

de la vida, poco importa. Los recuerdos del Apóstol, acerca de este

particular, parecen estar algo confusos; estaba persuadido de que el

hecho habia sido sobrenatural, y semejante opinion no le permitia tener

conciencia plena de las circunstancias materiales. Estas conmociones

cerebrales producen á veces una especie de efecto retroactivo y turban

completamente los recuerdos de los momentos que han precedido á la

crísis[563]. Desde luego el mismo Pablo nos dice que estaba sujeto á

visiones[564] y cualquiera circunstancia insignificante á los ojos de

otro, debe bastar para que él la dé importancia.

En medio de las alucinaciones contrarias á todo buen sentido, ¿qué vió?

¿qué oyó? Vió la figura que le perseguia hacia dias, vió el fantasma

acerca del cual se explicaban varias historias, vió á Jesús mismo[565]

que le decia en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» Las

naturalezas impetuosas pasan violentamente de un extremo á otro[566].

Para ellas hay lo que no existe para las naturalezas frias, momentos

solemnes, minutos que deciden todo el resto de su vida. Los hombres

reflexivos no cambian jamás y solo se transforman. Por el contrario los

hombres ardientes cambian y no se transforman nunca. El dogmatismo es

como un vestido de Nesso que no puede arrancarse. Les falta pretexto

para amar y odiar: solo nuestras razas occidentales han podido producir

estos espíritus delicados, fuertes y flexibles que ninguna ilusion

momentánea tiraniza, que ninguna vana afirmacion seduce. El Oriente

no ha producido jamás hombres de esta especie. En pocos segundos

se agolparon á la imaginacion de Pablo todos sus más profundos

pensamientos. Se le mostró vivamente el horror de su conducta: se vió

cubierto con la sangre de Estéban, mártir que se le apareció como su

padre, su iniciador: conmovióse su fibra más sensible y se operó en él

un cambio, pero este cambio no fué más que para abrazar otro fanatismo.

Su sinceridad, su deseo de fé absoluta le privaban de aceptar el

término medio y es claro que debia desplegar algun dia en la defensa de

Jesús el celo ardiente que empleara antes para perseguirle.

Pablo entró en Damasco con la ayuda de sus compañeros que le llevaban

de la mano[567], y le dejaron en casa de un tal Judas que vivia en la

calle Derecha, grande via de columnas de más de una milla de largo y

cien piés de ancho, que cruzaba la poblacion de este á oeste y cuyo

trazado forma todavía hoy, salvo algunas desviaciones, la principal

arteria de Damasco[568]. El desvanecimiento[569] y la agitacion

cerebral no disminuian de intensidad. Durante tres dias, abatido por

la fiebre, Pablo no comió ni bebió. Lo que pasó durante esta crísis

en una cabeza ardiente, agitada por una violenta conmocion se adivina

fácilmente. Hablóse delante de él de los cristianos de Damasco y

particularmente, de cierto Hanania que parecia haber sido el jefe de

la comunidad[570]. Pablo habia oido hablar del poder milagroso de

los nuevos creyentes, para curar las enfermedades, y la idea de que

la imposicion de las manos de aquel, le sacaria del estado en que

se hallaba se apoderó de su espíritu. Sus ojos estaban siempre muy

inflamados, y entre las imágenes que se sucedian en su cerebro[571]

creyó ver á Hanania que entraba y le saludaba familiarmente segun

costumbre de los cristianos, y se persuadió que á él solo deberia su

curacion. Hanania fué llamado y fué á hablar cariñosamente al enfermo;

le llamó hermano suyo y le impuso las manos. Desde este momento renació

la calma en el alma de Pablo, creyóse curado, y la enfermedad, siendo

principalmente nerviosa, desapareció. Algunas lágrimas cayeron de sus

ojos[572], comió y recobró sus fuerzas.

Casi al momento recibió el bautismo[573] y eran tan sencillas las

doctrinas de la Iglesia que nada nuevo tuvo que aprender: marchó al

campo cristiano perfectamente convertido. ¿De quién habia entonces de

recibir lecciones? Jesús mismo se le apareció: tuvo la vision de Jesús

resucitado, como Jacobo, como Pedro. Todo lo aprendió por revelacion

inmediata: la ruda é indomable naturaleza de Pablo reaparece aquí.

Abatido en medio del camino, quiso someterse, pero someterse á Jesús

solo, á Jesús, que habia abandonado la derecha de su padre para venir

á convertirle é instruirle. Tal es la base de su fé; tal será un dia

el punto de partida de sus pretensiones. Él sostendrá que no tuvo

intencion de ir á Jerusalem despues de su conversion para entrar

en relaciones con aquellos que eran apóstoles antes que él; que ha

recibido su revelacion particular y que nada debe á persona alguna;

que es apóstol como los Doce por institucion divina y por intervencion

directa de Jesús, y que su doctrina es la buena sin que un ángel

siquiera pueda decir lo contrario[574]. Al oir á este orgulloso, un

inmenso temor se apoderó de la pequeña sociedad de pobres de espíritu

que ha constituido hasta aquí el cristianismo. Será un verdadero

milagro si sus violencias y su inflexibilidad personal no lo destruyen

todo; pero tambien su atrevimiento, su fuerza de iniciativa, su

decision, van á ser un elemento precioso al lado del espíritu mezquino,

tímido, é indeciso de los santos de Jerusalem. Seguramente que si

el cristianismo no hubiera salido de entre aquellas buenas gentes,

permaneciendo encerrado en un círculo de iluminados, que vivian en

comunidad, se hubiera extinguido sin dejar apenas recuerdo.

Pero el indómito san Pablo es quien contribuirá á su engrandecimiento y

desafiando todos los peligros se dirigirá atrevidamente á través de los

mares para propagar su doctrina. Al lado del fiel sumiso, recibiendo su

fé del superior sin decir una palabra, estará el cristiano desprovisto

de toda autoridad que solo creerá por conviccion personal. El

protestantismo existió ya cinco años despues de la muerte de Jesús. San

Pablo fué su ilustre fundador. Jesús, sin duda no habia previsto tales

discípulos que son tal vez los que más contribuyeron á dar vida á su

obra y le aseguraron la eternidad.

Las naturalezas violentas conducidas al proselitismo no cambian más que

el objeto de su pasion. Tan entusiasta por la nueva fé como lo habia

sido por la antigua, san Pablo, lo mismo que Omar, trocó en un dia

el papel de perseguidor por el de apóstol. No volvió á Jerusalem[575]

donde su posicion cerca de los Doce hubiera sido muy delicada, sino

que permaneció en Damasco y en el Haurán[576] predicando durante

tres años (38-41) que Jesús era hijo de Dios[577]. Herodes Agrippa

I era soberano de Haurán y de los países vecinos, pero su poder era

inferior en varias partes al del rey nabateano Hareth. La decadencia

del poder romano habia cedido al ambicioso árabe la grande y rica

poblacion de Damasco, así como una parte de las orillas del Jordan y

del Hermon que nacian entonces á la civilizacion[578]. Soheym[579],

otro emir y tal vez pariente ú oficial de Hareth, se hacia dar por

Calígula la investidura de la Iturea. En medio de aquella grande

efervescencia de la raza árabe[580] en aquel extraño suelo, donde una

raza enérgica desplegaba su actividad febril, Pablo dió á conocer la

fogosidad de su alma de apóstol[581]. Tal vez el movimiento material y

brillante que transformaba al país se debia al éxito de una predicacion

completamente idealista y fundada sobre la creencia de un cercano fin

del mundo. No se encuentra en la Arabia vestigio alguno de Iglesia

fundada por san Pablo. Si la region de Haurán fué hácia el año 70

uno de los centros más importantes del cristianismo, lo debe á la

emigracion de cristianos de la Palestina, que son justamente los

enemigos de san Pablo, los ebionitas que tienen en aquella comarca su

principal establecimiento.

En Damasco donde habia muchos judíos[582], Pablo era más escuchado:

entraba en las sinagogas presentando vigorosas argumentaciones

para probar que Jesús era el Cristo. La sorpresa de los fieles era

extremada al ver que el que habia perseguido á sus hermanos y que iba á

encadenarles, acababa de convertirse en su primer apologista[583]. Su

audacia y su singularidad tenian algo que les espantaba: estaba solo y

no se aconsejaba de nadie[584]; no formaba escuela y le miraban con más

curiosidad que simpatía: conocian que era un hermano pero un hermano

de una especie particular. Creíasele incapaz de una traicion, pero las

tímidas naturalezas experimentan todavía un sentimiento de desconfianza

y de temor al lado de las naturalezas poderosas y originales porque

conocen que algun dia dejarán de tenerlas á su lado.

Los Apóstoles · 第 15 / 43 题