Paz y desarrollos interiores de la Iglesia de Judea.
[Marginal: Año 38]
Desde el año 38 al 44 parece que no sufrió persecucion alguna la
Iglesia[585]. Tomaron los fieles precauciones que sin duda descuidaran
antes de la muerte de Estéban y evitaron hablar en público. Tal vez
tambien las desgracias de los judíos, que durante todo el segundo
período del reinado de Calígula, estuvieron en lucha con este príncipe,
contribuyeron á favorecer la secta naciente. Efectivamente, los judíos
perseguían más cuanto mayor era la armonía que reinaba entre ellos
y los romanos. Para asegurar ó recompensar su tranquilidad, estos
les aumentaron sus privilegios y en particular el que más querian,
el derecho de castigar á las personas que miraban como infieles á la
Ley.[586] Ahora bien, los años á que hemos llegado fueron de los más
tempestuosos para la historia, siempre turbulenta de aquel pueblo
singular.
La antipatía que los judíos por su superioridad moral, por sus nobles
costumbres y tambien por su dureza, excitaban en las poblaciones en
medio de las cuales vivian, habia llegado á su colmo, sobre todo en
Alejandría[587], y estos ódios acumulados pudieron al fin satisfacerse
al subir al imperio uno de los mayores locos que hayan reinado.
Calígula, despues de la enfermedad que alteró sus facultades mentales
(octubre, 37) daba el espantoso espectáculo de un furioso gobernando
el mundo con el poder más enorme que jamás hombre alguno ha tenido en
sus manos. La desastrosa ley del cesarismo hacia posibles é incurables
semejantes horrores, que duraron tres años y tres meses. Dá vergüenza
narrar en una historia séria lo que vamos á decir: antes de entrar
en la reseña de estas saturnales, es necesario repetir con Suetonio:
_Reliqua ut de monstro narranda sunt_.
El más inofensivo pasatiempo de aquel insensato, era ocuparse de su
propia divinidad[588], demostrando una especie de amarga ironía, una
mezcla de gravedad cómica (pues al mónstruo no le faltaba talento),
y de irrision profunda al hablar del género humano. Los enemigos de
los judíos comprendieron la inmensa ventaja que podian sacar de esta
manía. Era tal el estado religioso del mundo, que no se levantaba una
sola protesta contra los actos sacrílegos del César; y cada culto
se apresuró á conferirle los títulos y honores reservados á sus
dioses. La eterna gloria de los judíos es haber levantado el grito
de la conciencia indignada en medio de esta innoble idolatría. El
principio de intolerancia que les dominaba y que les conducia á tantas
crueldades aparecia aquí bajo su verdadero aspecto. Afirmando que era
absoluta su religion no se humillaron ante el odioso capricho del
tirano y esto fué el orígen de tantas persecuciones sin fin. Bastaba
que hubiese en una poblacion un solo hombre descontento de la sinagoga,
malvado ó simplemente espía, para sentir espantosas consecuencias.
Un día se encontraba un altar en honor de Calígula en sitio donde no
podian tolerarlo los judíos[589]: otro una multitud de chiquillos
escandalizaban porque sólo los judíos rehusaban colocar la estátua del
emperador en sus lugares de oracion; corríase entonces á las sinagogas
y á los oratorios; poníase en ellas el busto de Calígula[590] y
colocaban á los infelices en la alternativa de renunciar á su religion
ó de cometer un crímen de lesa majestad. De ahí originábanse espantosas
vejaciones.
Habíanse renovado varias veces semejantes actos, cuando se le sugirió
al emperador una idea todavía más diabólica, y fué la de colocar una
colosal estátua de oro en el santuario del templo de Jerusalem y hacer
dedicar el templo mismo á su divinidad[591]. Esta odiosa intriga
aumentó por treinta años la revolucion y ruina de la nacion judaica.
La moderacion del legado imperial, Publio Petronio y la intervencion
del rey Herodes Agrippa, favorito de Calígula, previnieron la
catástrofe; pero hasta el momento en que la espada de Querea libró á la
tierra del tirano más execrable que habia sufrido, los judíos vivieron
por todas partes bajo el terror. Philon ha conservado los detalles de
la inaudita escena que tuvo lugar, cuando una diputacion, de la cual
aquel era presidente, fué admitida á presencia del emperador[592].
Calígula les recibió mientras visitaba las poblaciones de Mecenas y
de Lamia, cerca del mar en los alrededores de Pozzuoli. Era un dia en
que estaba de buen humor: Helicon su primer bufon acababa de contarle
toda clase de bufonadas sobre los judíos. «¡Ah! ¿sois vosotros, les
dijo con amarga sonrisa y enseñándoles los dientes, los únicos que no
quereis reconocerme por Dios y preferís adorar á uno que ni siquiera
os atreveis á nombrar?» y acompañó estas palabras con una horrible
blasfemia. Los judíos temblaron y sus adversarios alejandrinos tomaron
la palabra: «Vos aborreceriais más, señor, á toda esa gente y á su
nacion si supierais la aversion que os profesan, pues son los únicos
que no han sacrificado por vuestra salud, cuando todos los demás
pueblos lo han hecho.» Á estas palabras, contestaron los judíos que
aquello era una calumnia y que ellos habian ofrecido tres veces para
la prosperidad del emperador los sacrificios más solemnes que les
permitia su religion. «Sí, dijo Calígula con seriedad cómica, habeis
sacrificado muy bien pero no es á mí á quien habeis sacrificado; ¿qué
ventaja he sacado yo?» y en seguida volvióles la espalda, empezó á
recorrer las habitaciones, dando órdenes para su reparacion, subiendo y
bajando sin cesar. Los desdichados diputados (entre los cuales figuraba
Philon, de ochenta años de edad, el más venerable de aquel tiempo
despues de la muerte de Jesús), le seguian por todas partes jadeantes,
temblando, ridiculizados por los criados. Calígula volvióse de repente
y dijo: «Á propósito, ¿por qué no comeis cerdo?» Los bufones se echaron
á reir y los oficiales con tono severo les advirtieron que faltaban
á la majestad del emperador con sus risas inmoderadas. Los judíos
balbucearon y uno de ellos dijo sencillamente: «Pero hay personas
que no comen cordero.--¡Ah! en esto, repuso el emperador, tienen
razon, pues es manjar que no tiene gusto alguno.» Fingió entonces
querer enterarse de su negocio, mas apenas empezaron la explicacion
interrumpióles su discurso, se fué á dar órdenes para la decoracion de
una sala que queria adornar con piedra lapidaria. Regresó afectando
cierta moderacion, preguntó á los enviados si tenian algo que añadir y
como estos reanudaran el discurso interrumpido, volvióles de nuevo la
espalda para ir á ver otra sala que hacia adornar con pinturas. Este
juego del tigre que se divierte con su víctima, duró horas: los judíos
solo esperaban la muerte, pero en el último momento la fiera escondió
sus garras: «¡Vamos! dijo Calígula decididamente, estas gentes son
más dignas de compasion que culpables por no creer en mi divinidad.»
Véase pues cómo se trataban las cuestiones más graves bajo el horrible
régimen que la humillacion del mundo habia creado, que una soldadesca
y una poblacion igualmente viles querian, y que la bajeza de todos
sostenia.
[Marginal: Año 39]
Se comprende que esta situacion tirante hubiese hecho perder á los
judíos del tiempo de Marulo mucha audacia de aquella que les hacia
hablar tan atrevidamente de Pilatos. Los cristianos, arrojados del
templo, debian estar menos espantados que los judíos de los proyectos
sacrílegos de Calígula ya que eran entonces poco numerosos para
que Roma pudiera conocer su existencia. La tempestad del tiempo de
Calígula, como la que precedió á la toma de Jerusalem por Tito, pasó
sobre su cabeza sin tocarles y aun á muchos de ellos les favoreció.
Todo lo que debilitaba la independencia judía les era favorable, puesto
que les libraba del poder de una ortodoxia supuesta apoyando sus
pretensiones con severas penas.
Este período de paz, fué fecundo en desarrollos interiores. La Iglesia
naciente se dividia en tres provincias: Judea, Samaria y Galilea[593],
á la cual sin duda pertenecia Damasco. Jerusalem tenia su primacia,
absolutamente incontestable. La Iglesia de esta ciudad cuyos habitantes
se habian dispersado despues de la muerte de Estéban se reconstituyó
pronto: los apóstoles no abandonaron jamás la poblacion y los hermanos
del Señor continuaban ejerciendo y gozando grande autoridad[594].
Parece que esta segunda Iglesia de Jerusalem no se organizó de una
manera tan rigurosa como la primera; la comunidad de bienes no fué
estrictamente restablecida y solamente se fundó una gran caja para
los pobres, donde debian depositarse las limosnas que las iglesias
particulares remitian á la Iglesia madre orígen y fin permanente de su
fé[595].
[Marginal: Año 40]
Pedro verificaba distintos viajes apostólicos alrededor de
Jerusalem[596] y gozaba todavía de una grande reputacion de milagrero.
En Lydda[597] sobre todo, pasaba por haber curado á un paralítico
nombrado Eneas, milagro que le valió numerosas conversiones en la
llanura de Saron[598]. De Lydda se volvió á Joppe[599] poblacion que
parece haber sido un centro para el cristianismo. Las poblaciones de
obreros, de marinos, de gente pobre, donde los judíos ortodoxos no
dominaban[600] eran los que ofrecian mejores disposiciones para la
nueva secta. Pedro permaneció mucho tiempo en Joppe en casa de un
curtidor llamado Simon que vivia cerca del mar[601]. La industria del
cuero era demasiado impura y no se visitaba á los que la ejercian,
aunque los blanqueadores estaban ya reducidos á vivir en un barrio
separado[602]. Escogiendo Pedro semejante morada, da una prueba de su
indiferencia por las preocupaciones de los judíos y trabaja para el
ennoblecimiento de las pequeñas industrias que entran por mucho en la
obra del espíritu cristiano.
La organizacion de las obras de caridad se proseguia con ardor.
La Iglesia de Joppe poseia una mujer admirable llamada en armenio
_Tabitha_ (señorita) y en griego _Dorcas_[603], que consagraba todos
sus cuidados á los pobres[604]. Parece que era rica y distribuia
sus bienes en limosnas. Esta respetable señora habia formado una
sociedad de viudas piadosas que se dedicaban[605] á tejer vestidos
para los pobres. Como la excision del cristianismo y judaismo no se
habia consumado, es probable que los judíos bendijeran estos actos de
caridad. «Los santos y las viudas»[606] eran piadosas personas que
hacian bien á todos, especie de mendicantes que solo eran sospechosos
á los rigoristas de una ortodoxia pedantesca, unos _fraticelli_ amados
del pueblo, devotos, caritativos y llenos de piedad.
El gérmen de estas asociaciones de mujeres que son una de las glorias
del cristianismo, existió de esta suerte en las primeras iglesias de
Judea. En Jaffa empezó la generacion de estas mujeres vestidas de
lino, que al través de los siglos debian continuar la tradicion de la
caridad secreta. Tabitha fué la madre de una familia que no acabará
mientras existan miserias que consolar, buenos deseos de mujer que
deban satisfacerse. Más tarde se dijo que Pedro la habia resucitado.
¡Ah! la muerte por insensata que sea, por injusta que fuese en este
caso, es inflexible. Cuando el alma más sublime se ha exhalado, el
decreto permanece irrevocable; la mujer más excelente, como la más
vulgar, no responde á las voces amigas que la llaman. Pero la idea no
está sujeta á las condiciones de la materia. La virtud y la bondad
escapan de las garras de la muerte: Tabitha no tenia necesidad de
resucitar. Por pasar algunos dias más en esta triste vida, ¿habia
necesidad de hacerla salir de su dulce é inmutable eternidad? Dejadla
descansar en paz, ya llegará el dia de los justos.
En aquellas poblaciones tan mezcladas, el problema de la admision de
paganos al bautismo se ofrecia á cada momento y convenia resolverlo
con urgencia. Esto preocupaba mucho á Pedro. Estaba un dia orando
sobre el terrado de la casa del curtidor, viendo ante él aquel mar
que iba á llevar pronto la fé nueva á todo el imperio y tuvo un
éxtasis profético. En medio de aquel débil sueño á que se hallaba
entregado, creyó experimentar una sensacion de hambre y pidió alguna
cosa. Mientras se lo estaban preparando, vió el cielo abierto y una
canasta atada por sus cuatro lados que descendia. Habiendo mirado
al interior de la canasta, vió animales de toda especie y creyó oir
una voz que le decia: «Mata y come.» Objetando que varios de estos
animales eran impuros, le repuso la voz: «No llames impuro lo que Dios
ha purificado.» Esto le fué repetido tres veces seguidas. Pedro se
persuadió de que estos animales representaban simbólicamente la masa de
los gentiles, que Dios mismo acababa de declarar aptos para la comunion
de su santo reino[607].
Pronto se presentó la ocasion de aplicar estos principios. Desde Joppe,
Pedro se volvió á Cesarea, donde se puso en relacion con un centurion
llamado Cornelio[608]. La guarnicion de Cesarea estaba formada en gran
parte por una de aquellas cohortes compuestas de voluntarios italianos
que se llamaban _Italicæ_[609]. El nombre completo de esta ha podido
ser _cohors prima Augusta Italica civium romanorum_[610]. Cornelio
era centurion de esta cohorte y por consiguiente italiano y ciudadano
romano. Era un buen hombre, que despues de largo tiempo se sentia
atraido por el culto monoteista de los judíos, oraba, hacia limosnas, y
en una palabra, practicaba todos los preceptos de la religion natural
que supone el judaismo; pero no habia sido circuncidado y por esto no
era prosélito de grado alguno; era solo un pagano piadoso, un israelita
de corazon, y nada más[611]. Toda su casa y algunos soldados de su
compañía estaban, segun se decia, en las mismas disposiciones[612].
Cornelio quiso entrar en la nueva Iglesia, y Pedro cuyo carácter
era franco y bondadoso acordóle lo que deseaba, y el centurion fué
bautizado[613].
Tal vez Pedro no encontró de pronto dificultad alguna; sin embargo, á
su regreso á Jerusalem se le dirigieron graves cargos. Habia faltado
abiertamente á la ley, habia estado entre los incircuncisos y habia
comido con ellos. La cuestion era efectivamente capital; se trataba
de saber si la ley estaba abolida, si era permitido violarla por
proselitismo y si los gentiles podian ser recibidos de hecho en la
Iglesia. Para defenderse contó Pedro su vision de Joppe y más tarde
el hecho del centurion sirvió de argumento para el bautismo de los
incircuncisos. Á fin de darle más fuerza se supuso que en este grave
asunto mediaba la intervencion del cielo; se explicó que Cornelio,
despues de fervientes oraciones, habia visto á un ángel que le habia
ordenado fuese á Joppe á llamar á Pedro; que la vision simbólica de
Pedro, tuvo lugar á la misma hora en que llegaban los emisarios de
Cornelio, y que desde entonces se habia encargado Dios de legitimar
todo lo que se habia hecho, puesto que el Espíritu Santo, habiendo
descendido sobre Cornelio y sobre las personas de su casa, estos habian
hablado la lengua, y recitado los salmos á la usanza de los otros
fieles. Y ¿era natural rehusar el bautismo á las personas que habian
recibido el Espíritu Santo?
La Iglesia de Jerusalem estaba todavía compuesta de judíos y de
prosélitos: que el Espíritu Santo descendiera sobre los incircuncisos,
antes del bautismo, parecia un hecho muy extraordinario y es probable
que desde entonces existiera un partido opuesto, en principio, á
la admision de los gentiles, y que no todo el mundo aceptara las
explicaciones de Pedro. El autor de las _Actas_[614] quiere que la
aprobacion haya sido unánime; pero dentro de algunos años, veremos
renacer la cuestion con mayor empeño[615]. Tal vez se acepta el hecho
del buen centurion como el del eunuco de Etiopía, á título de hecho
excepcional justificado por una revelacion y una órden expresa de Dios,
pero el asunto está lejos de quedar resuelto. Esta fué la primera
controversia en el seno de la Iglesia; el paraiso de la paz interior
habia durado seis ó siete años.
Desde el año 40, poco más ó menos, la grande cuestion, de la cual
dependia el porvenir del cristianismo, parece haber quedado resuelta.
Pedro y Felipe con su buen juicio, entrevieron la verdadera solucion y
bautizaron á los paganos. Sin duda en las dos reseñas que el autor de
las _Actas_ nos da sobre este asunto y que están en parte calcadas la
una sobre la otra, es difícil desconocer su sistema. El autor de las
_Actas_ pertenece á un partido de conciliacion favorable á la entrada
de los paganos en la Iglesia y no quiere confesar las divisiones que
la violencia de la cuestion ha producido. Se conoce perfectamente que
este autor, al narrar los episodios del eunuco, del centurion y de las
conversiones de los samaritanos, no quiere dar más que los detalles
referentes á una sola opinion; y por otro lado tampoco podemos admitir
que invente los hechos que explica. Las conversiones del eunuco y del
centurion Cornelio, son probablemente hechos reales presentados y
transformados segun las exigencias de la tésis, en vista de la cual ha
sido compuesto el libro de las _Actas_.
[Marginal: Año 41]
Aquel que diez ú once años más tarde debia dar á este debate un golpe
decisivo era Pablo, el cual no se habia mezclado en ello todavía ya
que se hallaba predicando en Haurán y en Damasco, refutando á los
judíos y defendiendo á la nueva fé con tanto entusiasmo cuanto mayor
era el que habia desplegado para combatirla. El fanatismo del cual
habia sido instrumento, á su vez, no tardó en perseguirle. Los judíos
resolvieron perderle obteniendo del _etnarca_ que gobernaba en Damasco
en nombre de Hareth, una órden para prenderle. Pablo se escondió: al
saberse que habia de salir de la poblacion, el gobernador que queria
complacer á los judíos, puso guardias en todas las puertas con órden de
arrestarle, pero los hermanos le hicieron escapar de noche bajándole
por una ventana que caia al otro lado de la muralla[616]. Libre de este
peligro, Pablo dirigió sus pasos hácia Jerusalem. Hacia tres años[617]
que era cristiano y aún no habia visto á los apóstoles. Su carácter
duro, poco expansivo, y retraido, le habia hecho volver la espalda,
bajo cierto aspecto, á la grande familia en la cual á su pesar acababa
de entrar, y prefirió para su apostolado un país nuevo donde no pudiese
encontrar colega alguno. Sin embargo, el deseo de ver á Pedro se habia
apoderado de él[618], reconocia su autoridad, y como todo el mundo, le
designaba con el nombre _Kepha_, «la piedra». Regresó pues á Jerusalem
siguiendo en sentido contrario el camino que tres años antes habia
recorrido bajo disposiciones muy distintas.
Su posicion en Jerusalem fué extremadamente falsa y embarazosa. Habíase
dicho en esta poblacion que el perseguidor se habia convertido en
el más celoso de los evangelistas y en el primer defensor de la fé
que intentara antes combatir[619], pero existian contra él notables
prevenciones: muchos le suponian algun horrible proyecto. Se le habia
visto tan encolerizado y tan cruel penetrar en las casas, violando
los secretos de familia para encontrar alguna víctima, que se le
creia capaz de representar semejante papel para perder mejor á los
que odiaba[620]. Parece que vivió en casa de Pedro[621]: pero varios
discípulos permanecian sordos á su voz y se separaban de él[622].
Bernabé, hombre de corazon y de voluntad, desempeñó en aquella ocasion
un papel importante.
En su calidad de chipriota y de nuevo convertido comprendió mejor que
los discípulos galileos la posicion de Pablo. Presentósele delante;
cogióle la mano de algun modo, le presentó á los más reticentes y
salió garante de él[623]. Por este acto de sabiduría y de penetracion,
Bernabé mereció el más elevado puesto en el cristianismo. Él fué
el que comprendió á Pablo; á él es á quien la Iglesia debe el más
extraordinario de sus fundadores. La fecunda amistad de estos dos
hombres apostólicos, amistad que no empañó nube alguna, á pesar de
sus divergencias, fué más tarde causa de la asociacion para las
misiones contra los gentiles. Esta grande asociacion data de la primera
permanencia de Pablo en Jerusalem. Entre las causas de la fé del mundo
es necesario contar el generoso movimiento de Bernabé tendiendo la mano
á Pablo sospechoso y despreciado; la profunda intuicion que le hizo
descubrir un alma de apóstol bajo aquel aspecto humilde, la energía con
que venció los obstáculos que presentaban los repugnantes antecedentes
del converso, y tal vez ciertos rasgos de su carácter, que se habian
interpuesto entre él y sus nuevos hermanos.
Por otra parte, Pablo evitaba sistemáticamente ver á los apóstoles.
Él mismo dice, y lo afirma bajo juramento, que solo veia á Pedro y á
Jacobo, hermano del Señor[624]. Su permanencia allí, solo duró dos
semanas[625]. Es posible que cuando Pablo escribió la epístola á los
Galatas (vers. 56) se hubiese encontrado, por las circunstancias del
momento, obligado á falsear un poco el carácter de sus relaciones con
los apóstoles y les presentara más secos, más imperiosos de lo que
fueron en realidad; pero el versículo 56 tiende esencialmente á probar
que nada habia recibido de Jerusalem y que en manera alguna era el
mandatario del consejo de los Doce establecido en aquella poblacion.
Su actitud en Jerusalem era la de un maestro altivo que evita las
relaciones con los otros maestros para no estar subordinado á ellos,
y no la actitud humilde de un culpable arrepentido de su pasado, como
supone el autor de las _Actas_. Nosotros no podemos creer que desde el
año 41 estuviera Pablo animado de esta especie de celo de conservar su
propia originalidad que mostró más tarde. La rareza de sus entrevistas
con los apóstoles y la brevedad de su permanencia en Jerusalem,
reconocian por causa probablemente la cortedad que experimentaba
delante de personas de naturaleza distinta á la suya y llenas de
prejuicios contra de él, más bien que una política sagaz que le hubiese
hecho comprender con quince años de anticipacion los inconvenientes que
podia encontrar en sus relaciones.
En realidad lo que debia levantar una barrera entre los apóstoles
y Pablo, era sobre todo la diferencia de carácter y de educacion.
Los apóstoles eran todos Galileos y no habian estado en las grandes
escuelas judías; habian visto á Jesús y se acordaban de sus palabras;
eran de naturaleza buena y piadosa, y á veces ingénuos y graves.
Pablo era un hombre de accion, lleno de fuego, medianamente místico,
impulsado como por una fuerza superior á formar parte de una secta que
no era en manera alguna la de su primitiva adopcion. La revolucion, la
protesta, eran sus habituales sentimientos[626]. Su instruccion judía
era mucho más profunda que la de todos sus nuevos hermanos; pero no
habiendo oido á Jesús, no habia sido instituido por él; en esto era
muy inferior, segun las doctrinas cristianas, y sin embargo, Pablo no
habia nacido para aceptar un lugar secundario: su altiva individualidad
exigia un sitio á parte. Probablemente por aquel tiempo concibió la
atrevida idea de que despues de todo nada tenia que envidiar á aquellos
que habian conocido á Jesús y que habian sido elegidos por él, puesto
que tambien él mismo habia visto á Jesús, habia recibido una revelacion
directa y el mandato de su apostolado. Aun aquellos que fueron honrados
con una aparicion personal de Cristo resucitado, podian suponerse más
privilegiados que él, pues por haber sido su vision la última, no por
eso valia menos, puesto que se produjo en circunstancias que le daban
un carácter particular de importancia y de distincion[627]. ¡Oh error!
el eco de la voz de Jesús se encontraba en el discurso del más humilde
de sus discípulos. Con toda su ciencia judía, Pablo no podia salvar
la inmensa desventaja que resultaba para él de su tardía iniciacion.
El Cristo que habia visto en el camino de Damasco no era, como decia,
el Cristo de Galilea; era el Cristo de su imaginacion, de su propio
sentido. Aunque estuviera atento para recoger las palabras de su
Maestro[628], es evidente que no era más que un discípulo de segundo
órden. Si Pablo hubiese encontrado á Jesús en vida, puede dudarse que
se le hubiese unido. Su doctrina será la suya propia, no la de Jesús;
las revelaciones de que habla con entusiasmo son el fruto de su cerebro.
Estas ideas que aún no se atreve á propagar le hacen incómoda su
estancia en Jerusalem. Á los quince dias se despide de Pedro y parte.
Habia visto tan poca gente que se atreve á decir que nadie en las
iglesias de Judea habia visto su semblante y que lo que sabian de él,
era solo de oidas[629]. Más tarde atribuyó él mismo á una revelacion
esta brusca partida. Contó que un dia orando en el templo, tuvo un
éxtasis y que vió á Jesús en persona y recibió la órden de abandonar
pronto á Jerusalem «puesto que no estaban dispuestos á recibir su
testimonio.» En cambio de la ciudad, Jesús le prometia el apostolado
de las naciones lejanas y un auditorio sumiso á su voz[630]. Los
que quieren ahogar el recuerdo de las disensiones y disgustos que la
entrada de este indócil discípulo causó en la Iglesia, aseguran que
Pablo pasó largo tiempo en Jerusalem viviendo con los hermanos bajo la
más completa libertad, pero que habiendo querido predicar á los judíos
helenistas, fué amenazado de muerte por ellos, y los hermanos que
velaban por su seguridad le hicieron conducir á Cesarea[631].
Es probable que de Jerusalem fuese á Cesarea, pero estuvo allí poco,
pues marchó á recorrer en seguida la Siria y despues la Cilicia[632].
Sin duda desde entonces empezó á predicar, pero solo por cuenta
propia y sin acuerdo de persona alguna. Tarso, su patria, fué su
morada habitual durante este período de su vida apostólica, que puede
graduarse en dos años[633]. Es posible que las iglesias de Cilicia le
deban sus primicias[634]; sin embargo, la vida de Pablo no fué en esta
época tal como la vemos más tarde. Él no tomó el título de apóstol,
reservado únicamente á los _Doce_[635]. Á partir de su asociacion con
Bernabé (año 45) es cuando entra en esta carrera de peregrinaciones
sagradas y de predicaciones, que le convierten en un tipo del misionero
viajante.