CAPÍTULO VIII.

Primera persecucion. -- Muerte de Estéban. -- Destruccion de la primera

Iglesia de Jerusalem.

[Marginal: Año 36]

Era inevitable que las predicaciones de la nueva secta, aunque se

verificaran con toda reserva, despertasen los ódios que se habia

conquistado su fundador, y acabaron por amenazarle con la muerte.

Reinaba todavía la familia de Hanan que habia hecho matar á Jesús.

José Kaiapha ocupó, hasta el 36, el soberano pontificado, cuyo

poder efectivo abandonó á su abuelo Hanan y á sus parientes Juan

y Alejandro[415]. Estos hombres altivos y sin piedad, veian con

impaciencia un cuerpo de personas buenas y santas ganar, sin título

oficial, el favor de la multitud[416]. Una ó dos veces, Pedro, Juan y

los principales miembros del colegio apostólico, fueron puestos en la

cárcel y condenados á ser azotados. Este era el castigo que se imponia

á los herejes[417], para el cual no era necesaria autorizacion de

los romanos. Estas brutalidades no hacian más que excitar el ardor

de los apóstoles, saliendo de aquellos lugares llenos de gloria por

haber sido juzgados y sufrido una afrenta por aquel al cual amaban y

defendian[418]. ¡Eterna puerilidad de las represiones penales aplicadas

á las cosas del alma! Eran tenidos por hombres de órden, sabios y

prudentes, y sin embargo, los alborotadores del 36, creyeron acabar á

latigazos con el cristianismo.

Estas violencias provenian principalmente de los saduceos[419], es

decir, del alto clero, que rodeaba el templo y sacaba de ello inmensos

beneficios[420]. Los fariseos no desplegaron tanta animosidad contra la

secta como la habian desplegado contra Jesús. Los nuevos creyentes eran

gentes piadosas, rígidas, de un género de vida análogo al de los mismos

fariseos.

La rabia que estos últimos sintieron contra el fundador, provenia de

la superioridad de Jesús, superioridad que éste no tenia cuidado de

disimular. Sus finas atenciones, su espíritu, su talento, su aversion

contra los falsos devotos, habian alimentado ódios crueles. Por el

contrario, los apóstoles estaban limpios de corazon y jamás emplearon

la ironía. Los fariseos les fueron favorables por momentos, y hubo

muchos que hasta se hicieron cristianos[421]. Los terribles anatemas de

Jesús contra el fariseismo no estaban escritos todavía, y la tradicion

de las palabras del Maestro no era ni general ni uniforme[422].

Estos primeros cristianos eran entonces tan inofensivos que muchas

personas de la aristocracia judía, sin formar precisamente parte de

la secta, estaban bien dispuestos en su favor. Nicodemo y José de

Arimatea, que habian conocido á Jesús, permanecieron unidos á la

iglesia con lazos fraternales. El doctor judío más célebre de aquel

tiempo, Rabino Gamaliel el Viejo, nieto de Hillel, hombre de ideas

avanzadas y tolerantes, dícese que en el sanhedrin opinó en favor de la

libertad de los predicadores evangélicos[423]. El mismo autor de las

_Actas_, presenta un raciocinio que deberia ser la regla de conducta

de todos los gobiernos, siempre que se encuentran en presencia de

novedades en el órden intelectual ó moral. «Si esta obra es frívola,

dejadla, que ya caerá por sí sola; si es seria ¿cómo os atreveis

á oponeros á la obra de Dios? En todo caso no podreis detenerla».

Gamaliel no fué escuchado. Los espíritus libres colocados en medio de

fanatismos opuestos son siempre rechazados.

[Marginal: Año 37]

El diácono Estéban[424] con su predicacion, que obtuvo inmenso

éxito, dió lugar á un hecho terrible. La multitud se agrupaba á su

alrededor y sus contrarios entablaban vivas discusiones. Sobre todo

los helenistas y los prosélitos acostumbrados á la sinagoga llamada

de los _Libertini_[425], gentes de Alejandría, Cilicia y Éfeso, se

animaban con estas disputas. Estéban sostenia con pasion que Jesús era

el Mesías, que los sacerdotes habian cometido un crímen condenándole á

muerte, que los judíos eran rebeldes, hijos de rebeldes y personas que

negaban la evidencia. Las autoridades resolvieron perder á este audaz

predicador: fueron apostados testigos para coger en su discurso alguna

palabra contra Moisés y naturalmente encontraron lo que buscaban.

Estéban fué arrestado y se le llevó á presencia del sanhedrin. La

palabra de que se le acusó era casi la misma que condenó á Jesús[426].

Se le acusó de decir que Jesús de Nazaret destruiria el templo y

cambiaria las tradiciones que se atribuian á Moisés. Es efectivamente

posible que Estéban usara semejante lenguaje, por más que un cristiano

de esta época no hubiese tenido idea de hablar directamente contra la

ley, ya que todos la observan todavía; pero en cuanto á las tradiciones

podia muy bien combatirlas, como lo habia hecho el mismo Jesús, ya que

estas tradiciones se referian con entusiasmo á Moisés por los ortodoxos

y se las atribuia igual valor que á la ley escrita[427].

Estéban se defendió exponiendo la tésis cristiana con gran lujo de

citas de la Ley y salmos de los profetas, y terminó echando en cara

á los miembros del Sanhedrin el homicidio de Jesús. «Cabezas duras,

corazones insensibles, les dijo, ¿resistireis todavía el Espíritu

Santo, como lo hicieron vuestros padres? ¿Á cuál de los profetas no han

perseguido vuestros antecesores? Han castigado á los que anunciaron la

venida del Justo, que vosotros habeis librado y del cual habeis sido

despues los verdugos. ¡Esta ley que vosotros habeis recibido de la boca

de los ángeles,[428] y no la habeis guardado!...» Al oir estas palabras

interrumpiéronle con un grito de rabia, y Estéban exaltándose más,

entró en uno de esos accesos de entusiasmo que llamaban la inspiracion

del Espíritu Santo. Sus ojos se fijaron en el cielo; vió la gloria de

Dios y á Jesús al lado de su Padre y exclamó: «¡Yo veo el cielo abierto

y al Hijo del hombre á la derecha de Dios!» Todos los asistentes

taparon sus oidos y se lanzaron sobre él rechinando los dientes:

atáronle, condujéronle lejos de la poblacion y empezó el martirio. Los

testigos que segun la ley[429] debian arrojarle las primeras piedras,

arrancáronle los vestidos y los pusieron á los piés de un jóven

fanático llamado Saulo ó Pablo, el cual consideró con una especie de

secreta alegría los méritos que adquiria contribuyendo á la muerte de

un blasfemador[430].

En todo esto se observaron las prescripciones del Deuteronomio, c.

XIII; pero mirado bajo el aspecto civil, esta tumultuoria ejecucion

llevada á cabo sin el concurso de los romanos, no era regular[431].

Para Jesús, hemos visto que era necesaria la aprobacion del

procurador. Tal vez tambien se obtuvo esta rectificacion para Estéban

y la sentencia no tuvo lugar tan pronto como dice el autor de las

_Actas_, ó quizás la autoridad romana se habia relajado en Judea.

Pilatos habia sido ó iba á ser suspendido en sus funciones. La causa

de su desgracia fué casualmente la firmeza que habia mostrado en su

administracion[432]. El fanatismo judío le habia hecho insoportable la

vida: tal vez habia rehusado á esos frenéticos las violencias que le

pedian, y la familia de Hanan habia llegado á no tener necesidad de

permiso para pronunciar sentencias de muerte. Lucio Vitelio, el padre

de aquel que fué emperador, era entonces legado imperial de Siria.

Procuraba ganar la gracia de las poblaciones, é hizo devolver á los

judíos los vestidos pontificales que desde Herodes el Grande, estaban

guardados en la torre Antonia[433]. Lejos de apoyar á Pilatos en sus

actos de rigor, atendió á las quejas de los indígenas y mandó á Pilatos

á Roma para contestar á las acusaciones de sus administrados (principio

del año 36.) La queja principal era que el procurador no se prestaba

de buena gana á sus deseos de intolerancia[434]. Vitelio le reemplazó

provisionalmente con su amigo Marcelo, que tuvo sin duda más cuidado

de no descontentar á los judíos y por consiguiente no se opuso á

concederles muertes religiosas. La muerte de Tiberio (16 marzo del año

37) comunicó nuevo valor á Vitelio para proseguir esta política. Los

dos primeros años del reinado de Calígula solo sirvieron para disminuir

el poder de la autoridad romana en Siria. La política de este príncipe,

antes de perder su razon, fué devolver á los pueblos de Oriente su

autonomía y sus jefes indígenas. Por esto estableció los reinados de

Antíoco, Comagena, Herodes Agrippa, de Soheym, de Cotys, y de Polemon

II, permitiendo que se engrandeciese el de Hareth[435]. Cuando Pilatos

llegó á Roma, acababa de empezar el nuevo reinado. Es probable que

Calígula le dejara burlado, puesto que confió el gobierno de Jerusalem

á un nuevo funcionario llamado Marulo, el cual parece que no excitó

por parte de los judíos las violentas recriminaciones que pusieron en

apuros al pobre Pilatos y le colmaron de disgustos[436].

En todo caso, lo que importa hacer notar, en la época en que estamos,

es que los perseguidores del cristianismo, no eran los romanos,

sino los judíos ortodoxos. Los romanos, en medio de su fanatismo,

conservaban un principio de tolerancia y de razon. Si se puede censurar

algo á la autoridad imperial, es haber sido demasiado débil y no haber

limitado las consecuencias civiles de una ley sanguinaria, ordenando

la pena de muerte por delitos religiosos. Sin embargo, la dominacion

romana no era todavía un poder completo como lo fué más tarde; era solo

una especie de protectorado ó de soberanía. Llevóse la condescendencia

de no poner el busto del emperador en las monedas acuñadas bajo el

poder de los procuradores á fin de no chocar con las ideas judías[437].

Roma, al menos en Oriente, no intentaba todavía imponer sus leyes, sus

dioses y sus costumbres, á los pueblos vencidos, sino que les dejaba

con sus prácticas locales prescindiendo del derecho romano. Su media

independencia probaba su inferioridad. El poder imperial de Oriente en

aquella época, se asemejaba bastante á la autoridad turca; y el estado

de las poblaciones indígenas al de los _raias_. La idea de los derechos

y garantías iguales para todos, no existia. Cada grupo provincial tenia

su jurisdiccion como la tienen hoy las diversas iglesias cristianas

y los judíos en el imperio otomano. Hace pocos años que en Turquía

los patriarcas de diversas comunidades de _raias_, por poco que se

entendieran con la Puerta, eran soberanos delante de sus subordinados y

podian pronunciar contra ellos las más crueles penas.

Habiendo ocurrido la muerte de Estéban por los años 36, 37 ó 38,

no sabemos si Kaiapha debe ser el responsable de la misma. Kaiapha

fué depuesto por Lucio Vitelio el año 36, poco tiempo despues de

Pilatos,[438] pero el cambio fué poco considerable. Tuvo por sucesor

á su buen hermano Jonatán, hijo de Hanan. Este á su vez tuvo por

sucesor á su hermano Teófilo, hijo de Hanan[439], el cual continuó el

pontificado en la casa de Hanan hasta el año 42. Hanan vivia todavía

y dueño del poder, mantenia contra los innovadores los principios de

orgullo, de dureza y de ódio que eran bajo cierto aspecto hereditarios

en la familia.

La muerte de Estéban produjo una grande impresion. Los prosélitos le

hicieron funerales acompañados de llanto y gemidos[440]. La separacion

entre los nuevos sectarios y el judaismo, no era todavía absoluta. Los

prosélitos y los helenistas, menos severos en cuanto á la ortodoxia

que los judíos puros, creyeron su deber rendir público testimonio á un

hombre que honraba su corporacion y que sus particulares creencias no

habian colocado lejos de la ley.

De esta manera se abrió la era de los mártires del cristianismo. El

mártir no era una cosa enteramente nueva. Sin hablar de Juan Bautista y

de Jesús, el judaismo en la época de Antíoco Epifano, tuvo sus testigos

fieles hasta la muerte; pero la série de animosas víctimas, que

empiezan en San Estéban, ha ejercido una influencia particular sobre la

historia del espíritu humano: ha introducido en el mundo occidental un

elemento que le faltaba, la fé exclusiva y absoluta: la idea de que hay

una sola religion buena y verdadera. Bajo este supuesto los mártires

empezaron la era de la intolerancia. Puede afirmarse que aquel que da

la vida por su fé, seria intolerante si fuera jefe. El cristianismo que

habia atravesado trescientos años de persecuciones, fué dominador á su

vez y fué más perseguidor que no lo habia sido religion alguna. Cuando

se ha derramado la sangre por una causa, se vé uno inclinado á hacer

derramar la de los otros para conservar el tesoro que se ha conquistado.

La muerte de Estéban no fué un hecho aislado, sino que aprovechándose

los judíos de la debilidad de los funcionarios romanos, hicieron

pesar sobre la Iglesia una verdadera persecucion[441]. Parece que las

vejaciones se dirigieron principalmente sobre los helenistas y los

prosélitos cuyos libres actos exasperaban á los ortodoxos. La Iglesia

de Jerusalem, fuertemente organizada, tuvo necesidad de dispersarse.

Los apóstoles segun un principio que parece grabaron profundamente

en su espíritu[442] no abandonaron la poblacion, y lo mismo haria el

grupo puramente judío, es decir, el que llamaban los _hebreos_[443],

pero la gran comunidad, con sus comidas en compañía, sus servicios

de diáconos y sus ejercicios variados, cesó desde entonces y no se

volvió á formar bajo su primer modelo. Habia durado tres ó cuatro

años y fué una fortuna sin igual para el cristianismo naciente que

sus primeros ensayos de asociacion esencialmente comunista fracasaran

tan pronto. Los ensayos de este género, engendran tan extraños abusos

que los establecimientos comunistas están condenados á hundirse en

poco tiempo[444] si no quieren desconocer pronto el principio que

los ha creado[445]. Gracias á la persecucion del año 37, la Iglesia

cenobítica de Jerusalem no tuvo que sufrir tan ruda prueba, pues murió

en flor antes de que la hubiesen minado los contratiempos interiores,

convirtiéndose en un espléndido sueño cuyo recuerdo animó la vida

de todos aquellos que formaron parte de ella, en un ideal al que

aspirará volver el cristianismo sin conseguirlo jamás[446]. Aquellos

que comprenden el inapreciable tesoro que es todavía para los miembros

existentes de la Iglesia Sansimoniana, el recuerdo de Ménilmontant, qué

amistad ha criado entre ellos, qué alegría brilla en sus ojos cuando

hablan del mismo, comprenderán cuán poderoso fué el lazo que se creó

entre los nuevos hermanos por haber amado y sufrido juntos. Las grandes

vidas han tenido casi siempre por principio algunos meses durante los

cuales se ha sentido á Dios y cuyo perfume ha bastado para llenar años

enteros de fuerza y de suavidad.

El primer papel en la persecucion de que acabamos de hablar pertenece

al jóven Saul, que hemos encontrado ya tomando parte, tanto como

podia, en la muerte de Estéban. Este furioso, provisto de un permiso

de los sacerdotes, entraba en las casas donde se sospechaba que habia

cristianos, se apoderaba violentamente de las mujeres y de los hombres

y les reducia á prision presentándolos al tribunal[447]. Saul se

vanagloriaba de que ninguno de su generacion habia sido tan celoso como

él de las tradiciones[448]. Es verdad que con frecuencia la dulzura

y la resignacion de sus víctimas le espantaban y sentia terribles

remordimientos, imaginándose oir á las mujeres piadosas que esperaban

el reino de Dios, repetirle durante la noche con voz dulce: «¿Por qué

nos persigues?» La sangre de Estéban que habia casi caido sobre él,

empañaba su vista: varias cosas que habia oido decir de Jesús herian

directamente su corazon. Este sér humano que al parecer abandonaba la

region eterna algunas veces para presentársele en cortas apariciones,

le espantaba como un espectro. Sin embargo, Saul rechazaba con horror

tales pensamientos y se afirmaba con una especie de frenesí en la fé

de sus tradiciones y soñaba nuevas crueldades contra aquellos que la

atacaban. Su nombre era el terror de los fieles; temíanse por su parte

las más duras violencias, las perfidias más repugnantes[449].

Los Apóstoles · 第 13 / 43 题