La Iglesia considerada como una asociacion de pobres. -- Institucion
del diaconato. -- Las diaconesas y las viudas.
[Marginal: Año 36]
La historia comparada de las religiones, nos revela una verdad general;
todas las que han tenido un principio y que no son contemporáneas del
lenguaje mismo, se han establecido más bien por razones sociales que
teológicas. Así sucedió seguramente con el budismo; pues, la suerte
prodigiosa de esta religion, no fué debida á la filosofía nihilista
en que se basaba, sino á su parte social. Proclamando la abolicion
de las castas, y estableciendo segun su expresion «una ley de gracia
para todos», es como Çakya-Mouni y sus discípulos arrastraron en pos
de ellos, á la India primero, y luego á la mayor parte del Asia[380].
Del propio modo que el cristianismo, fué el budismo un movimiento
de pobres. El grande atractivo que les hizo adherirse á él, fué la
facilidad que se ofreciera á las clases desheredadas de rehabilitarse,
profesando un culto que les enaltecia y les presentaba infinitos
recursos de asistencia y de compasion.
En el primer siglo de nuestra era, abundaban muchísimo los pobres en
Judea, careciendo aquella comarca, por su naturaleza, de los recursos
que proporciona el bienestar. En aquel país sin industria, casi todas
las fortunas debian su orígen á instituciones religiosas ricamente
dotadas, ó á los favores del gobierno. Las riquezas del templo eran
desde luengos años herencia exclusiva de un corto número de nobles.
Los Asmoneos habian constituido en derredor de su dinastía un grupo
de familias ricas; así como los Herodes aumentaron muchísimo el lujo
y el bienestar en determinada clase de la sociedad; pero el verdadero
judío teócrata, al volver la espalda á la civilizacion romana, hízose
cada vez más pobre. Formóse entonces una clase numerosa de hombres
santos, piadosos, fanáticos, y rígidos observadores de la Ley, pero
totalmente miserables en su exterioridad, y en aquella clase fué donde
se reclutaron las sectas y los partidos fanáticos tan considerables
en aquella época. El delirio universal era conseguir el predominio
del judío proletario que habia permanecido fiel, y la humillacion del
rico, considerado como un tránsfuga, como un traidor que habia pasado
á la vida profana y á la civilizacion en la exterioridad. Jamás hubo
ódio alguno que igualara al de los pobres de Dios, en contra de las
espléndidas construcciones con que el país empezaba á cubrirse, no
menos que contra las obras de los Romanos[381]. Precisados, para no
perecer de hambre, á trabajar en aquellos edificios que les parecian
monumentos de orgullo y de lujo prohibido, creíanse víctimas de ricos
malvados, corrompidos é infieles á la Ley.
Concíbese con cuanto apresuramiento seria acogida una asociacion
de socorros mútuos, en semejante estado social. La pequeña Iglesia
debió parecerles un paraiso; así fué que aquella familia de hermanos,
sencillos y unidos, de todas partes se atrajo afiliados. En cambio
de lo que llevaban á la comunidad; aseguraban su porvenir, una
confraternidad dulcísima y lisonjeras esperanzas. Era costumbre general
que convirtieran sus bienes de fortuna en dinero antes de entrar en la
secta[382], consistiendo comunmente esos bienes en pequeñas haciendas
rurales poco productivas y cuya explotacion era incómoda. Las gentes
solteras no encontraban sino ventajas en cambiar aquellos terrones por
una colocacion de su valor en una sociedad de seguros, con pérdida del
capital, pero con la esperanza de alcanzar el reino de los cielos.
Algunos matrimonios solicitaron igualmente su participacion en este
órden de cosas; pero tomáronse precauciones para que los asociados
llevasen real y verdaderamente todo su haber á la comunidad, y no
guardasen nada para sí, fuera del fondo comun[383]. Efectivamente,
como cada cual no recibia en razon de la apuesta que habia hecho, sino
proporcionalmente á sus necesidades[384], toda reserva de propiedad
hubiera sido en realidad un robo hecho á la comunidad. En esto se
vé la sorprendente semejanza de los tales ensayos de organizacion
del proletariado con ciertas utopias que surgieron en una época no
muy distante de nosotros. Empero nótase una profunda diferencia, que
consiste en que el comunismo cristiano estribaba en una base religiosa,
mientras que el socialismo moderno carece de ella. Claro está que una
asociacion en que el dividendo se hace en razon de las necesidades de
cada uno, y no en proporcion del capital abonado al fondo comun, no
puede apoyarse sino en un sentimiento exaltadísimo de abnegacion, en
una ardiente fé y en un ideal religioso.
Con semejante constitucion social, las dificultades administrativas
habian de ser numerosísimas, cualquiera que fuese el grado de
fraternidad que reinara en la asociacion. Entre las dos fracciones
de la comunidad, cuyo idioma era distinto, los malentendidos eran
inevitables. Difícil era que los judíos de raza no se mostrasen algo
desdeñosos con aquellos de sus correligionarios, que eran menos
nobles. Efectivamente no tardaron en oirse quejas y murmuraciones;
lamentábanse los «helenistas,» cuyo número iba aumentando diariamente,
de que sus viudas fuesen menos bien tratadas en las distribuciones
que las de los «hebreos»[385]. Hasta entonces habian cuidado
los apóstoles de la administracion de caudales; pero en vista de
semejantes reclamaciones, conocieron les era preciso delegar esta
parte de sus poderes. Propusieron por lo tanto á la comunidad, que
confiase el cuidado de la administracion á siete hombres entendidos
y considerados; y habiendo sido aceptada la proposicion, procedióse
á elegirlos. Los siete nombrados para aquel cargo fueron Stephano ó
Estéban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timon, Pármenas y Nicolás. Este
último era natural de Antioquía y simple prosélito, y Estéban era tal
vez de igual condicion[386]. Parece que procediendo inversamente de la
práctica observada en la eleccion del apóstol Matías, se impusieron
la obligacion de elegir los siete administradores, no ya en el grupo
de los discípulos primitivos, sino entre los nuevos convertidos y
especialmente entre los helenistas; así es que todos ellos tienen
nombres puramente griegos. Estéban era el más importante de los siete,
y en cierto modo su jefe. Los presentaron á los apóstoles, quienes,
segun mérito consagrado ya, oraron sobre sus cabezas, posando sus manos
en ellas.
Dióse á los administradores así designados el nombre sirio de
_Schammaschin_, en griego Διάκονοι. Llamábanlos á veces «los Siete»
para oponerlos á los «Doce»[387]. Tal fué pues el orígen del diaconato,
que viene siendo el empleo eclesiástico más antiguo en las sagradas
órdenes. Todas las iglesias que con el tiempo se organizaron,
tuvieron sus diáconos, á imitacion de la de Jerusalem. La fecundidad
de esta institucion fué maravillosa: representaba la asistencia del
pobre elevada al nivel de un servicio religioso; era la proclamacion
de esta verdad, que las cuestiones sociales son las primeras de
que hay que preocuparse; viniendo á ser tambien la fundacion de la
economía política en cosas religiosas. Los diáconos fueron los mejores
predicadores del cristianismo, y pronto veremos cuál fué su oficio como
evangelistas; siendo mucho más importante todavía el que les cupo como
organizadores, ecónomos y administradores. Aquellos hombres prácticos,
que se hallaban en perpétuo contacto con los pobres, los enfermos y
las mujeres, penetraban en todas partes, todo lo veian, y exhortaban y
convertian con la mayor eficacia[388]. Hicieron más que los apóstoles,
inmóviles en Jerusalem, en su puesto de honor. Ellos fueron los
verdaderos creadores del cristianismo en su parte más sólida y duradera.
Admitióse desde luego á las mujeres en este empleo[389]; llevando
como en la actualidad el nombre de «hermanas»[390]. Al principio lo
desempeñaban las viudas[391]; pero dióse más adelante la preferencia á
las vírgenes para este oficio[392]. El tacto que guió en todo esto á la
primitiva Iglesia fué admirable. Aquellos hombres buenos y sencillos
asentaron con profunda ciencia, porque emanaba del corazon, las bases
de la gran cosa cristiana por excelencia; la caridad. En ninguna parte
hubieron de encontrar el modelo de estas instituciones, y sin embargo,
de aquellos dos ó tres primeros años de afanes y trabajo, surgió una
santa creacion, un vasto ministerio de beneficencia y de socorros
mútuos, en el que empleando los dos sexos sus diversas cualidades,
concertaban sus esfuerzos para aliviar las miserias humanas. Aquellos
fueron los años más fecundos en la historia del cristianismo. Concíbese
que el pensamiento todavía palpitante de Jesús inspirara á sus
discípulos y los dirigiera en todos sus actos con maravillosa lucidez.
Obrando en justicia, es efectivamente á Jesús á quien debemos tributar
el honor de cuanto bueno y grande hicieron los apóstoles, siendo muy
probable que durante su vida asentara las bases de los establecimientos
que surgieron y se desarrollaron con tan feliz éxito, poco tiempo
despues de su muerte.
Las mujeres acudian naturalmente presurosas á una comunidad en que el
débil se encontraba amparado con tantas garantías, pues la posicion
que venian ocupando en la sociedad de aquella época era harto humilde
y precaria[393]; la viuda, sobre todo, á pesar de algunas leyes
protectoras, veíase frecuentemente entregada á la miseria y poco
respetada. Muchos doctores pretendian que no habia de darse á la mujer
ninguna educacion religiosa[394]. El Talmud pone al mismo nivel, entre
las calamidades públicas, á la viuda habladora y curiosa que pasa su
vida chismeando y murmurando con la vecindad, así como á la vírgen
que malgasta su tiempo en oraciones[395]. La nueva religion creó para
aquellas pobres desheredadas un asilo honroso y seguro[396]. Algunas
mujeres ocupaban un rango muy elevado en la Iglesia, sirviendo su
casa de punto de reunion[397]. En cuanto á las que no tenian casa,
las constituyeron en una especie de órden, ó de cuerpo presbiteral
femenino[398], que comprendia tambien, probablemente, á las vírgenes,
y cuyo oficio fué de la mayor importancia en la organizacion de la
limosna. Las instituciones que se consideran como el fruto tardío del
cristianismo, como son las congregaciones de mujeres, ciertas beatas
(_beguines_), y las hermanas de la caridad, fueron una de sus primeras
creaciones, el principio de su fuerza y la más perfecta expresion de
su espíritu. Observaremos aquí particularmente que es completamente
cristiana la admirable idea de consagrar con una especie de carácter
religioso, y de sujetar á una disciplina regular á las mujeres que no
están sujetas por los lazos del matrimonio. La palabra «viuda» vino á
ser sinónima de persona religiosa, entregada á Dios, y por consiguiente
«Diaconesa»[399]. En aquellos países donde la esposa de veinticuatro
años está ya ajada, donde no hay casi intermedio entre la niña y
la vieja, era como una nueva vida que se creaba para la mitad de la
especie humana más capaz de afecto.
El tiempo de los Seleúcidas habia sido una época terrible de desenfreno
femenino. Jamás se habian visto tantos dramas domésticos, tantas
envenenadoras y adúlteras. Los sabios de entonces debieron considerar
á la mujer como un azote de la humanidad, como un principio de bajeza
y de vergüenza, como un genio malévolo cuyo oficio era únicamente
combatir todas las nobles aspiraciones del otro sexo[400]. Empero el
cristianismo lo cambió todo; pues en la edad que para nosotros es
todavía la juventud, y que en la vida de la mujer de Oriente es tan
triste, tan fatalmente entregada á las sugestiones del mal, sin más que
rodear su cabeza con un chal negro[401], podia la viuda convertirse
en una persona respetable, dignamente ocupada, una diaconesa, que
igualaba á los hombres más estimados. El cristianismo elevó, é hizo
santa[402] la posicion tan espinosa de la viuda sin hijos, pues esta
vino á ser casi igual á la de la vírgen. Fué la _calogría_ ó «bella
anciana»[403], venerada, útil, tratada como madre. Esa clase de mujeres
que iban y venian incesantemente[404], eran admirables misioneras para
el nuevo culto, y los protestantes se equivocan, queriendo apreciar
estos hechos con nuestro espíritu moderno de individualidad. Cuando se
trata de historia cristiana, ha de reconocerse que el socialismo y el
cenobitismo fueron primitivos.
El obispo y el sacerdote, tales como el tiempo los ha hecho, no
existian todavía; pero, el ministerio pastoral, esa íntima familiaridad
de las almas, independiente de los lazos de la sangre, estaba ya
fundado. Ese ha sido siempre el don especial de Jesús, y como una
herencia legada por él. Jesús repitió frecuentemente que él era para
cada uno más que su padre, más que su madre, y que era preciso para
seguirle, separarse de los séres más queridos. Por encima de la familia
colocaba el cristianismo una cosa, creaba la fraternidad y el consorcio
espirituales. El matrimonio antiguo, que entregaba la esposa al esposo,
sin contrapeso alguno, era una verdadera esclavitud. La libertad de
la mujer data del dia en que la Iglesia le dió un confidente, un guia
en Jesús, quien la dirige y la consuela, quien la escucha siempre y
á veces la invita á la resistencia. La mujer necesita ser gobernada,
y no es dichosa sino cuando está gobernada; pero, es preciso que
ame á quien la gobierna. Hé aquí lo que las sociedades antiguas, el
judaismo, y el islamismo, nunca han podido conseguir. La mujer no ha
tenido hasta ahora una conciencia religiosa, una individualidad moral,
una opinion suya propia, sino profesando el cristianismo. Gracias á
los obispos y á la vida monástica, una Radegunda sabrá encontrar los
medios de sustraerse de los brazos de un esposo bárbaro. Siendo lo más
importante la vida del alma, es justo y racional que el sacerdote que
sabe hacer vibrar las cuerdas divinas, el consejero secreto que tiene
la llave de las conciencias, sea más que el padre, más que el esposo.
En cierto modo, el cristianismo fué una reaccion contra la constitucion
demasiado mezquina de la familia en la raza ariana. No solamente las
viejas sociedades arianas no admitian casi más que al hombre casado,
sino que comprendian el matrimonio en el sentido más estricto. Era
una cosa análoga á la familia inglesa, un círculo estrecho, cerrado,
sofocante, un egoismo entre varios, que desecaba tanto el alma,
como el egoismo de uno solo. El cristianismo, con su divina nocion
de la libertad del reino de Dios, corrigió esas exageraciones, y en
primer lugar se guardó bien de hacer pesar sobre todos los deberes
de la generalidad de los hombres. Comprendió que la familia no es
el marco absoluto de la vida, ó por lo menos el marco en que han de
encerrarse todos, que el deber de reproducir la especie humana, no
habrá de imponerse á todos, que ha de haber personas exentas de esos
deberes, bien que sean sagrados, pero no convenientes para todos.
La excepcion que hizo la sociedad griega en favor de las _héteras_,
á la manera de Aspasia; que la sociedad italiana admitió para la
_cortigiana_, á la manera de Imperia, para satisfacer las necesidades
de la sociedad culta; hízola el cristianismo para el sacerdote, la
religiosa y la diaconesa, proponiéndose el bien general, admitiendo
diversos estados en la sociedad; pues hay almas que encuentran más
dulzura y satisfaccion en amarse entre quinientos, que entre cinco
ó seis, y para las cuales la familia, en sus condiciones ordinarias,
seria insuficiente, fria y fastidiosa. ¿Por qué pues aplicar á todos
las exigencias de nuestras empañadas y medianas sociedades? La familia
temporal no satisface completamente al hombre; necesita hermanos y
hermanas fuera de los lazos carnales.
Con su gerarquía de los diferentes empleos sociales[405], la Iglesia
primitiva pareció conciliar por el pronto estas exigencias opuestas.
Nunca podremos comprender cuán felices fueron los que se sujetaron á
aquellas reglas santas, que sostenian la libertad sin restringirla,
haciendo posibles á la vez las dulzuras de la vida en comunidad y las
de la vida privada. Era lo contrario de la mezcolanza de nuestras
sociedades artificiales y destituidas de amor, en las que el alma
sensible se encuentra á veces tan cruelmente aislada. La atmósfera
era cálida y suave en aquellos pequeños asilos que se llamaban
iglesias. Vivíase en comunidad, animados de la misma fé y de las mismas
esperanzas; pero claro es tambien que semejantes condiciones no eran
aplicables á una gran sociedad. Cuando países enteros se hicieron
cristianos, convirtióse la regla de las primeras iglesias en una
utopia, refugiándose en los monasterios. La vida monástica no es en
este sentido sino la continuacion de las iglesias primitivas[406].
El convento es la consecuencia necesaria del espíritu cristiano, y no
hay cristianismo perfecto sin convento, puesto que solo allí puede
realizarse el ideal evangélico.
Habrá de concederse seguramente una gran participacion al judaismo
en estas magnas creaciones; pues cada una de las comunidades judías,
dispersas en las costas del Mediterráneo, era ya una especie de Iglesia
con su caja de socorros mútuos. La limosna recomendada siempre por
los hombres caritativos y virtuosos y por los sabios,[407] se habia
convertido en precepto y se levantaba un templo en las sinagogas[408]
y era considerada como el primer deber del prosélito[409]. En todos
tiempos el judaismo se distinguió por el cuidado de sus pobres y por el
sentimiento de caridad fraternal que inspira.
Es una suprema injusticia oponer el cristianismo al judaismo, puesto
que todo lo que está dentro del cristianismo primitivo ha sido como
complemento del judaismo. Examinando el mundo romano, es cuando se
notan los milagros de caridad y de asociacion libre operados por la
Iglesia. Jamás sociedad humana que solo haya reconocido por base la
razon, ha producido efectos tan admirables. La ley filosófica de toda
sociedad profana, en lo antiguo, ha sido la libertad y perfecta
igualdad, pero jamás la fraternidad. La caridad, bajo el aspecto del
derecho, nada tiene obligatorio; no mira á los individuos, encuentra
en ellos ciertos inconvenientes y se deshace de los mismos. Toda
tentativa para aplicar los fondos públicos al bienestar de los
proletarios, parece el comunismo. Cuando un hombre muere de hambre,
cuando clases enteras languidecen en la miseria, la política declara
que es inevitable; que no puede existir estado civil ni político
sin la libertad y que consecuencia de la libertad es que aquel que
nada tiene y que nada puede ganar, muera de hambre: esto es lógico
y nadie puede atentar contra los abusos de la lógica. Los deseos de
las clases numerosas acaban siempre por sofocarlos, y demuestran que
las aspiraciones sociales y religiosas tienen tambien derecho á una
legítima satisfaccion, ya que las instituciones puramente políticas y
civiles no son suficientes.
La gloria del pueblo judío, es haber proclamado este principio con
toda energía, saliendo de la postracion en que se hallaban los Estados
antiguos. La ley judía es social y no política; los profetas, los
autores del Apocalipsis son promovedores de las revoluciones sociales,
no motores de revoluciones políticas. En la primera mitad del primer
siglo, colocados en presencia de la civilizacion profana, veremos que
los judíos no tienen más que una idea, esto es, la de rehusar los
beneficios del derecho romano, de este derecho filosófico, ateo, igual
para todos y proclamado por la excelencia de su ley teocrática, que
forma una sociedad religiosa y moral. La ley constituye la felicidad;
hé aquí la idea de todos los pensadores judíos tales como Philon y
Josefo. Las leyes de los otros pueblos procuran que se cumpla la
justicia; poco les importa que los hombres sean buenos y felices: la
ley judía desciende á los últimos detalles de la educacion moral. El
cristianismo no es más que el desarrollo de esta misma idea. Cada
iglesia es un monasterio y todos tienen derecho sobre todos, no
pudiendo haber pobres ni malos ya que todos velan los unos por los
otros. El cristianismo primitivo puede definirse diciendo que es una
grande asociacion de pobres, un esfuerzo heróico contra el egoismo
fundado sobre la idea de que cada uno solo tiene derecho sobre lo que
necesita y que lo supérfluo pertenece á los que no tienen. Se vé sin
dificultad, que entre semejante espíritu y el espíritu romano, se
establecerá una lucha á muerte y que el cristianismo, por su lado, no
llegará á reinar, á dominar el mundo más que á condicion de modificar
profundamente sus tendencias naturales y su programa original. Sin
embargo, los deseos que representa durarán eternamente. La vida comun,
desde la segunda mitad de la edad media, ha servido para los abusos
de una Iglesia intolerante, y habiéndose transformado con frecuencia
el monasterio en un castillo feudal donde existia la guardia de una
milicia perjudicial y fanática, el espíritu moderno se ha demostrado
demasiado severo al aspecto del cenobitismo. Nosotros hemos olvidado
que en la vida comun es donde encuentra el alma humana el más grato
placer. Aquel cántico que dice «¡oh qué bueno y agradable es á los
hermanos vivir juntos!»[410] ha dejado de ser el nuestro; mas cuando
el individualismo moderno haya dado sus últimos frutos, cuando la
humanidad entristecida y pisoteada sea impotente, renacerán las grandes
instituciones y las estrechas disciplinas; cuando nuestra mezquina
sociedad, digo mal, nuestro mundo de pigmeos haya sido dispersado á
latigazos por los individuos heróicos é idealistas de la humanidad,
entonces recobrará todo su valor la vida comun. Una multitud de grandes
cosas, tales como la ciencia, se reorganizarán bajo la forma monástica,
recobrada en una herencia de sangre: la importancia que nuestro siglo
atribuye á la familia disminuirá; el egoismo, ley esencial de la
sociedad civil, no ahogará á las grandes almas: todas desde puntos
opuestos se unirán contra la vulgaridad: se encontrará el verdadero
sentido á las palabras de Jesús y á las ideas de la edad media acerca
de la pobreza; se comprenderá, en fin, que poseer cualquier cosa, ha
podido considerarse como una inferioridad, ya que los fundadores de la
vida mística, han disputado varios siglos para saber si Jesús poseia,
al menos, «las cosas que se consumen por el uso». Estas sutilezas
franciscanas volverán á ser grandes problemas sociales. La espléndida
idea trazada por el autor de las _Actas_, será inscrita, como una
revelacion profética, á la entrada del paraiso de la humanidad: «¡La
multitud de los fieles solo poseia un corazon y un alma y ninguno de
ellos miraba lo que poseia como propiedad suya ya que de ello gozaban
todos en comun. No habia pobres entre ellos; los que tenian campos y
casas las vendian y llevaban el precio á los piés de los apóstoles
y despues se distribuian segun las necesidades de cada uno, y cada
dia comian el pan en medio de la mayor tranquilidad y sencillez de
corazon[411]!»
No adelantemos el tiempo: hemos llegado, poco más ó menos, al año 36.
Tiberio en Capri no apercibia al enemigo del imperio. En dos ó tres
años la nueva secta habia hecho sorprendentes progresos. Contaba ya
muchos miles de fieles[412]. Era fácil preveer que sus conquistas
se efectuarian sobre todo entre los helenistas y prosélitos. El
grupo galileo que habia oido al Maestro, guardando su primacia, era
incomprensible y podia fácilmente preveerse que la victoria pertenecia
á los últimos. Á la hora en que estamos, ningun pagano, es decir,
ningun hombre sin lazo anterior con el judaismo, habia entrado en
la Iglesia, pero desempeñaban en ella papeles importantes varios
prosélitos[413]. El círculo de los discípulos se habia tambien alargado
y no era ya un simple colegio de Palestinos, sino que habia varios
hijos de Chipre, Antioquía y Cirene[414] y en general de casi todos
los puntos de las costas orientales del Mediterráneo, donde se habian
establecido colonias judías. El Egipto solo faltaba á esta primitiva
Iglesia, y es probable le falte mucho tiempo. Los judíos de este país
estaban en lucha con la Judea. Vivian de su vida propia, superior bajo
todos conceptos á la de Palestina, y les afectaba débilmente el impulso
de los movimientos religiosos de Jerusalem.