_Del gobierno de los Reyes Incas del Perú._
Muerto el Inca que reinaba en el Perú, sucedia su hijo legítimo, y
tenian por tal el que habia nacido de la muger principal del Inca, á
la cual llamaban Coya; y ésta, desde uno que se llamó Inca Yupángui,
era hermana suya, porque los Reyes tenian por punto casarse con sus
hermanas; y aunque tenian otras mugeres ó mancebas, la sucesion en
el Reino era del hijo de la Coya. Verdad es, que cuando el Rey tenia
hermano legítimo, antes de suceder el hijo, sucedía el hermano, y
tras éste, el sobrino de éste, é hijo del primero; y la misma órden
de sucesion guardaban los Cúracas y Señores en las haciendas y
cargos. Hacíanse con el difunto infinitas ceremonias y exequias á su
modo excesivas. Guardaban una grandeza, que lo es grande, y es, que
ningun Rey que entraba á reinar de nuevo, heredaba cosa alguna de la
vajilla, tesoros y haciendas del antecesor, sino que habia de poner
casa de nuevo, y juntar plata y oro, y todo lo demás de por sí, sin
llegar á lo del difunto; lo cual todo se dedicaba para su adoratorio ó
guáca, y para gastos y renta de la familia que dejaba, la cual con su
sucesion toda se ocupaba perpetuamente en los sacrificios, ceremonias
y culto del Rey muerto, porque luego lo tenian por Dios, y habia sus
sacrificios y estatuas, y lo demás. Por este órden era inmenso el
tesoro que en el Perú habia, procurando cada uno de los Incas aventajar
su casa y tesoro al de sus antecesores. La insignia con que tomaba la
posesion del Reino era una borla colorada de lana finisima, mas que de
seda, la cual le colgaba en medio de la frente, y solo el Inca la podia
traer, porque era como la corona ó diadema Real. Al lado colgada hácia
la oreja, si podían traer borla y la traían otros Señores; pero en
medio de la frente solo el Inca, como está dicho. En tomando la borla,
luego se hacian fiestas muy solemnes, y gran multitud de sacrificios,
con gran cuantidad de vasos de oro y plata, y muchas ovejuelas pequeñas
hechas de lo mismo, y gran suma de ropa de cumbí muy bien obrada,
grande y pequeña, y muchas conchas de la mar de todas maneras, y muchas
plumas ricas, y mil carneros, que habian de ser de diferentes colores,
y de todo esto se hacia sacrificio; y el sumo Sacerdote tomaba un niño
de hasta seis ú ocho años en las manos; y á la estatua del Viracocha
decia juntamente con los demas ministros: Señor, esto te ofrecemos,
porque nos tengas en quietud, y nos ayudes en nuestras guerras, y
conserves á nuestro Señor el Inca en su grandeza y estado, y que vaya
siempre en aumento, y le des mucho saber para que nos gobierne. A esta
ceremonia ó jura se hallaban de todo el Reino, y de parte de todas las
guacas y santuarios que tenian; y sin duda era grande la reverencia
y aficion que esta gente tenia á sus Incas, sin que se halle jamás
haberles hecho ninguno de los suyos traicion, porque en su gobierno
procedian, no solo con gran poder, sino tambien con mucha rectitud y
justicia, no consintiendo que nadie fuese agraviado. Ponia el Inca
sus Gobernadores por diversas Provincias, y habia unos supremos é
inmediatos á él: otros mas moderados; y otros particulares con extraña
subordinacion, en tanto grado, que ni emborracharse, ni tomar una
mazorca de maiz de su vecino se atrevian. Tenian por máxima estos
Incas, que convenia traer siempre ocupados á los Indios; y así vemos
hoy dia calzadas, caminos y obras de inmenso trabajo, que dicen era
para ejercitar á los Indios, procurando no estuviesen ociosos. Cuando
conquistaba de nuevo una Provincia, era su aviso luego, luego pasar lo
principal de los naturales á otras Provincias, ó á su Corte; y éstos
hoy dia los llaman en el Perú Mitimas, y en lugar de estos plantaba de
los de su nacion del Cuzco, especialmente los orejones, que eran como
caballeros de linage antiguo. El castigo por los delitos era riguroso.
Así concuerdan los que alcanzaron algo de esto, que mejor gobierno para
los Indios no le puede haber, ni mas acertado.