_De la Confesión y Confesores que usaban los Indios._
Tambien el Sacramento de la Confesion quiso el mismo padre de mentira
remedar, y de sus idólatras hacerse honrar con ceremonia muy semejante
al uso de los fieles. En el Perú tenian por opinion, que todas las
adversidades y enfermedades venian por pecados que habian hecho, y para
remedio usaban de sacrificios; y además de eso también se confesaban
vocalmente cuasi en todas las Provincias, y tenian confesores diputados
para esto mayores y menores, y pecados reservados al mayor, y recibian
penitencias, y algunas veces ásperas, especialmente si era hombre
pobre el que hacia el pecado, y no tenia que dar al confesor; y este
oficio de confesar tambien lo tenian las mugeres. En las Provincias de
Collasuyo fué y es mas universal este uso de confesores hechiceros,
que llaman ellos Ichúri ó Ichúiri. Tienen por opinion, que es pecado
notable encubrir algun pecado en la confesion, y los Ichúris ó
confesores averiguan, ó por suertes, ó mirando la asadura de algun
animal, si les encubren algun pecado; y castíganlo con darle en las
espaldas cuantidad de golpes con una piedra hasta que lo dice todo,
y le dan la penitencia, y hacen el sacrificio. Esta confesion usan
tambien cuando estan enfermos sus hijos, ó mugeres, ó maridos, ó sus
Caciques, ó cuando estan en algunos grandes trabajos; y cuando el Inca
estaba enfermo se confesaban todas las Provincias, especialmente los
Collas. Los confesores tenian obligacion al secreto, pero con ciertas
limitaciones. Los pecados de que principalmente se acusaban, eran: lo
primero, matar uno á otro fuera de la guerra: item, hurtar: item, tomar
la muger agena: item, dar yerbas ó hechizos para hacer mal; y por muy
notable pecado tenian el descuido en la reverencia de sus guácas, y el
quebrantar sus fiestas, y el decir mal del Inca, y el no obedecerle.
No se acusaban de pecados y actos interiores; y segun relacion de
algunos Sacerdotes, despues que los Cristianos vinieron á la tierra,
se acusaban á sus Ichúris ó confesores, aun de los pensamientos. El
Inca no confesaba sus pecados á ningun hombre sino solo al Sol, para
que él los dijese al Viracócha, y le perdonase. Despues de confesado el
Inca hacia cierto lavatorio, para acabar de limpiarse de sus culpas;
y era en esta forma, que poniéndose en un rio corriente decía estas
palabras: Yo he dicho mis pecados al Sol, tú, rio, los recibe, llevalos
á la mar, donde nunca mas parezcan. Estos lavatorios usaban tambien
los demas que se confesaban, con ceremonia muy semejante á la que
los Moros usan, que ellos llaman el Guadoi, y los Indios los llaman
Opacúna; y cuando acaecia morirsele á algun hombre sus hijos, le tenian
por gran pecador, diciendole, que por sus pecados sucedia que muriese
primero el hijo que el padre; y á estos tales, cuando despues de
haberse confesado, hacian los lavatorios llamados Opacúna, segun está
dicho, los habia de azotar con ciertas ortigas algun Indio monstruoso,
como corcovado ó contrahecho de su nacimiento. Si los hechiceros ó
sortílegos por sus suertes ó agüeros afirmaban, que habia de morir
algun enfermo, no dudaba de matar su propio hijo, aunque no tuviese
otro; y con esto entendia que adquiria salud, diciendo, que ofrecia
á su hijo en su lugar en sacrificio; y despues de haber Cristianos
en aquella tierra, se ha hallado en algunas partes esta crueldad.
Notable cosa es cierto que haya prevalecido esta costumbre de confesar
pecados secretos, y hacer tan rigurosas penitencias, como era, ayunar,
dar ropa, oro, plata, estar en las sierras, recibir recios golpes en
las espaldas; y hoy dia dicen los nuestros, que en la Provincia de
Chicuito encuentran esta pestilencia de confesores ó ichúris, y que
muchos enfermos acuden á ellos. Mas ya, por la gracia del Señor, se
van desengañando del todo, y conocen el beneficio grande de nuestra
confesion sacramental, y con gran devocion y fé acuden á ella. Y en
parte ha sido providencia del Señor, permitir el uso pasado para que
la confesion no se les haga dificultosa: y así en todo, el Señor es
glorificado, y el Demonio burlador queda burlado. Por venir á este
propósito referiré aquí el uso de confesion extraño, que el Demonio
introdujo en el Japon, segun por una carta de allá consta, la cual
dice así: En Ozaca hay unas peñas grandísimas, y tan altas, que hay
en ellas riscos de mas de doscientas brazas de altura, y entre estas
peñas sale hácia fuera una punta tan terrible, que de solo llegar los
Xamabújis (que son los Romeros) á ella, les tiemblan las carnes, y se
les despeluzan los cabellos, segun es el lugar terrible y espantoso.
Aquí en esta punta está puesto con extraño artificio un grande baston
de hierro, de tres brazas de largo ó mas, y en la punta de este baston
está asido uno como peso, cuyas balanzas son tan grandes, que en una de
ellas puede sentarse un hombre: y en una de ellas hacen los Goquís (que
son los Demonios en figura de hombre) que entren estos peregrinos uno
por uno, sin que quede ninguno, y por un ingenio que se menea mediante
una rueda, hacen que vaya el baston saliendo hácia fuera, y en él la
balanza va saliendo, de manera, que finalmente queda toda en el aire,
y asentado en ella uno de los Xamabújis. Y como la balanza en que está
asentado el hombre, no tiene contrapeso ninguno en la otra, baja luego
hácia abajo, y levántase la otra hasta que tropieza en el baston,
y entonces le dicen los Goquís desde las peñas, que se confiese, y
diga todos sus pecados, cuantos hubiere hecho y se acordáre. Y esto
es en voz tan alta, que lo oigan todos los demás que allí estan. Y
comienza luego á confesarse; y unos de los circunstantes se rien de
los pecados que oyen, y otros gimen. Y á cada pecado que dicen, baja
la otra balanza un poco, hasta que finalmente, habiendo dicho todos
sus pecados, queda la balanza vacia igual con la otra en que está el
triste penitente. Y llegada la balanza al fin con la otra, vuelven
los Goquís á hacer andar la rueda, y traen para dentro el baston, y
ponen á otro de los peregrinos en la balanza, hasta que pasan todos.
Contaba esto uno de los Japones despues de hecho Cristiano, el cual
habia andado esta peregrinación siete veces, y entrado en la balanza
otras tantas, donde públicamente se habia confesado. Y decia, que si
acaso alguno de estos, puesto en aquel lugar, deja de confesar el
pecado como pasó, ó lo encubre, la balanza vacia no baja, y si despues
de haberle hecho instancia que confiese, él porfia en no querer
confesar sus pecados, échanlo los Goquís de la balanza abajo, donde al
momento se hace pedazos. Pero decíanos este Cristiano llamado Juan,
que ordinariamente es tan grande el temor y temblor de aquel lugar
en todos los que á él llegan, y el peligro que cada uno ve al ojo,
de caer de aquella balanza, y ser despeñado de allí abajo, que cuasi
nunca por maravilla acontece haber alguno, que no descubra todos sus
pecados: llámase aquel lugar, por otro nombre, Sangenotocóro, que
quiere decir lugar de confesion. Se ve por esta relacion bien claro,
como el Demonio ha pretendido usurpar el culto divino para sí, haciendo
la confesion de los pecados que el Salvador instituyó para remedio de
los hombres, supersticion diabólica para mayor daño de ellos, no menor
en la gentilidad del Japon, que en la de las Provincias del Collao en
el Perú.