_De la manera con que el Demonio procuró en Méjico remedar la fiesta de
Corpus Cristi, y Comunion que usa la Santa Iglesia._
Mayor admiracion pondrá la fiesta y semejanza de comunion que el
mismo Demonio, Príncipe de los hijos de soberbia ordenó en Méjico, la
cual, aunque sea un poco larga, es bien referirla como está escrita
por personas fidedignas. En el mes de Mayo hacian los Mejicanos su
principal fiesta de su Dios Vitzilipúztli; y dos dias antes de la
fiesta aquellas mozas, que dijimos arriba, que guardaban recogimiento
en el mismo templo, y eran como monjas, molian cuantidad de semilla
de bledos juntamente con maíz tostado, y despues de molido amasábanlo
con miel, y hacian de aquella masa un Idolo tan grande como era el de
madera: y ponianle por ojos unas cuentas verdes, ó azules, ó blancas,
y por dientes unos granos de maíz, sentado con todo el aparato que
arriba queda dicho. El cual, despues de perfeccionado, venian todos
los Señores, y traian un vestido curioso y rico, conforme al trage
del Idolo, con el cual le vestian: y despues de muy bien vestido y
aderezado sentábanlo en un escaño azul en sus andas, para llevarle en
hombros. Llegada la mañana de la fiesta, una hora antes de amanecer,
salian todas estas doncellas vestidas de blanco con atavíos nuevos,
y aquel dia las llamaban hermanas del Dios Vitzilipúztli. Venian
coronadas con guirnaldas de maíz tostado y reventado, que parece
azahar, y á los cuellos gruesos sartales de lo mismo, que les venian
por debajo de el brazo izquierdo, puesta su color en los carrillos;
y los brazos desde los codos hasta las muñecas emplumados con plumas
coloradas de papagayos; y así aderezadas tomaban las andas del Idolo
en los hombros, y sacábanlas al patio, donde estaban ya todos los
mancebos vestidos con unos paños de red galanos, coronados de la misma
manera que las mugeres. En saliendo las mozas con el Idolo, llegaban
los mancebos con mucha reverencia, y tomaban las andas en los hombros,
trayéndolas al pie de las gradas del templo, donde se humillaba todo
el pueblo; y tomando tierra del suelo se la ponian en la cabeza, que
era ceremonia ordinaria entre ellos en las principales fiestas de
sus Dioses. Hecha esta ceremonia, salía todo el pueblo en procesion
con toda la priesa posible, é iban á un cerro que está una legua de
la ciudad de Méjico, llamado Chapultepéc, y allí hacian estacion y
sacrificios. Luego partian con la misma priesa á un lugar cerca de
alli, que se dice Atlacuyavaya, donde hacían la segunda estacion: y
de allí iban á otro pueblo una legua adelante, que se dice Cuyoacán,
de donde partían, volviéndose á la ciudad de Méjico sin hacer pausa.
Hacíase este camino de mas de cuatro leguas en tres ó cuatro horas:
llamaban á esta procesion Ipayna Vitzilipúztli, que quiere decir, el
veloz y apresurado camino de Vitzilipúztli. Acabados de llegar al pie
de las gradas, ponian allí las andas, y tomaban unas sogas gruesas, y
atábanlas á los asideros de las andas, y con mucho tiento y reverencia
unos tiraban de arriba, y otros ayudando de abajo, subian las andas
con el Idolo á la cumbre del templo, con mucho ruido de flautas, y
clamor de bocinas, caracoles y atambores. Subíanlo de esta manera,
por ser las gradas del templo muy empinadas y angostas, y la escalera
bien larga, y así no podian subir con las andas en los hombros. Y al
tiempo que subian al Idolo, estaba todo el pueblo en el patio con
mucha reverencia y temor. Acabado de subirle á lo alto, y metido en
una casilla de rosas que le tenian hecha, venian luego los mancebos,
y derramaban muchas flores de diversas colores, henchiendo todo
el templo dentro y fuera, de ellas. Hecho esto, salian todas las
doncellas con el aderezo referido, y sacaban de su recogimiento unos
trozos de masa de maíz tostado y bledos, que era la misma de que el
Idolo era hecho, hechos á manera de huesos grandes, y entregábanlos
á los mancebos, y ellos subíanlos arriba, y poníanlos á los pies del
Idolo por todo aquel lugar, hasta que no cabian mas. A estos trozos de
masa llamaban los huesos y carne de Vitzilipúztli. Puestos allí los
huesos, salian todos los ancianos, del templo, Sacerdotes y Levitas, y
todos los demás Ministros, segun sus dignidades y antigüedades, porque
las habia con mucho concierto y órden, con sus nombres y dictados:
salian unos tras otros con sus velos de red de diferentes colores y
labores, segun la dignidad y oficio de cada uno, con guirnaldas en
las cabezas, y sartales de flores en los cuellos. Tras estos salian
los dioses y diosas, que adoraban en diversas figuras, vestidos de la
misma librea, y poniéndose en órden al derredor de aquellos trozos de
masa, hacian cierta ceremonia de canto y baile sobre ellos, con lo cual
quedaban benditos y consagrados por carne y huesos de aquel Idolo.
Acabada la bendicion y ceremonia de aquellos trozos de masa, con que
quedaban tenidos por huesos y carne del Idolo, de la misma manera los
veneraban que á su Dios. Salian luego los Sacrificadores, y hacían el
sacrificio de hombres en la forma que está referida arriba, y eran
en este sacrificados mas número que en otro dia, por ser la fiesta
tan principal. Acabados, pues, los sacrificios, salian luego todos
los mancebos y mozas del templo, aderezados como está dicho: puestos
en órden y en hileras, los unos en frente de los otros, bailaban y
cantaban al son de un atambor que les tañian en loor de la solemnidad,
y del Idolo que celebraban, á cuyo canto todos los Señores, y viejos, y
gente principal respondian, bailando en el circuito de ellos, haciendo
un hermoso corro como lo tienen de costumbre, estando siempre los
mozos y las mozas enmedio, á cuyo espectáculo venía toda la ciudad.
En este dia del Idolo Vitzilipúztli era precepto muy guardado en toda
la tierra, que no se habia de comer otra comida, sino de aquella masa
con miel, de que el Idolo era hecho; y este manjar se habia de comer
luego en amaneciendo, y que no se habia de beber agua, ni otra cosa
alguna sobre ello, hasta pasado medio dia, y lo contrario tenian por
gran agüero y sacrilegio: pasadas las ceremonias podian comer otras
cosas. En este ínterin escondian el agua, de los niños, y avisaban á
todos los que tenian uso de razon, que no bebiesen agua, porque vendría
la ira de Dios sobre ellos, y moririan: y guardaban esto con gran
cuidado y rigor. Concluídas las ceremonias, bailes y sacrificios,
íbanse á desnudar; y los Sacerdotes y dignidades del templo tomaban el
Idolo de masa, y desnudábanle de aquellos aderezos que tenia, y así
á él, como á los trozos que estaban consagrados, los hacian muchos
pedazos; y comenzando desde los mayores, repartíanlos, y dábanlos
á modo de comunion á todo el pueblo, chicos y grandes, hombres y
mugeres; y recibianlo con tanta reverencia, temor y lágrimas, que ponía
admiracion, diciendo, que comian la carne y huesos de Dios, teniéndose
por indignos de ello: los que tenian enfermedades pedian para ellos,
y llevábanselo con mucha reverencia y veneracion: todos los que
comulgaban quedaban obligados á dar diezmo de aquella semilla de que
se hacía el Idolo. Acabada la solemnidad de la comunion, se subía un
viejo de mucha autoridad, y en voz alta predicaba su ley y ceremonias.
¿A quién no pondrá admiracion, que tuviese el Demonio tanto cuidado
de hacerse adorar, y recibir, al modo que Jesu-Cristo, nuestro Dios,
ordenó y enseñó, y como la santa Iglesia lo acostumbra? Verdaderamente
se echa de ver bien lo que al principio se dijo, que, en cuanto puede,
procura Satanás usurpar y hurtar para sí la honra y culto debido á
Dios, aunque siempre mezcla sus crueldades y suciedades, porque es
espíritu homicida é inmundo y padre de mentira.