_De los Sacerdotes y oficios que hacian._
En todas las naciones del mundo se hallan hombres particularmente
diputados al culto de Dios verdadero ó falso, los cuales sirven
para los sacrificios, y para declarar al pueblo lo que sus Dioses
les mandan. En Méjico hubo en esto extraña curiosidad; y remedando
el Demonio el uso de la Iglesia de Dios, puso tambien su orden de
Sacerdotes menores, mayores y supremos, y unos como Acólitos, y otros
como Levitas. Y lo que mas me ha admirado, hasta en el nombre parece
que el Diablo quiso usurpar el culto de Cristo para sí, porque á los
supremos Sacerdotes, y como si dijésemos Sumos Pontífices, llamaban
en su antigua lengua Papas los Mejicanos, como hoy dia consta por sus
historias y relaciones. Los Sacerdotes de Vitzilipúztli sucedian por
linages de ciertos barrios diputados á esto. Los Sacerdotes de otros
Idolos eran por eleccion ó ofrecimiento desde su niñez al templo. Su
perpetuo ejercicio de los Sacerdotes era incensar á los Idolos, lo cual
se hacia cuatro veces cada dia natural: la primera en amaneciendo: la
secunda al medio dia: la tercera á puesta del Sol: la cuarta á media
noche. A esta hora se levantaban todas las Dignidades del templo, y en
lugar de campanas tocaban unas bocinas y caracoles grandes, y otros
unas flautillas, y tañían un gran rato un sonido triste; y despues de
haber tañido, salia el Hebdomadario ó Semanero, vestido de una ropa
blanca como Dalmática, con su incensario en la mano lleno de brasa,
la cual tomaba del brasero ó fogon que perpetuamente ardia ante el
altar, y en la otra mano una bolsa llena de incienso, del cual echaba
en el incensario y entrando donde estaba el Idolo, incensaba con
mucha reverencia. Despues tomaba un paño, y con la misma limpiaba el
altar y cortinas; y acabado esto, se iban á una pieza juntos, y allí
hacían cierto género de penitencia muy rigurosa y cruel, hiriéndose
y sacándose sangre en el modo que se dirá, cuando se trate de la
penitencia que el Diablo enseñó á los suyos: estos maitines á media
noche jamás faltaban. En los sacrificios no podian entender otros sino
solos los Sacerdotes, cada uno conforme á su grado y dignidad. Tambien
predicaban á la gente en ciertas fiestas, como cuando de ellas se trate
diremos: tenian sus rentas; y tambien se les hacían copiosas ofrendas.
De la uncion con que se consagraban Sacerdotes, se dirá tambien
adelante. En el Perú se sustentaban de las heredades, que allá llaman
Chácaras de sus Dioses, las cuales eran muchas, y muy ricas.