_De los Monasterios de Doncellas que inventó el Demonio para su
servicio._
Como la vida religiosa (que á imitacion de Jesu-Cristo y sus Sagrados
Apóstoles han profesado y profesan en la Santa Iglesia tantos siervos y
siervas de Dios) es cosa tan acepta en los ojos de la divina Magestad,
y con que tanto su santo nombre se honra, y su Iglesia se hermosea;
así el padre de la mentira ha procurado, no solo remedar esto, pero
en cierta forma tener competencia, y hacer á sus Ministros que se
señalen en aspereza y observancia. En el Perú hubo muchos Monasterios
de Doncellas, que de otra suerte no podian ser recibidas; y por lo
menos en cada provincia habia uno, en el cual estaban dos géneros de
mugeres: unas ancianas, que llamaban Mamacónas, para enseñanza de
las demás: otras eran muchachas, que estaban allí cierto tiempo, y
despues las sacaban para sus Dioses, ó para el Inca. Llamaban esta
casa ó Monasterio, Acllaguáci, que es casa de escogidas; y cada
Monasterio tenia su Vicario ó Gobernador, llamado Apopanáca, el cual
tenia facultad de escoger todas las que quisiese, de cualquier calidad
que fuesen, siendo de ocho años abajo, como le pareciesen de buen
talle y disposicion. Estas encerradas allí eran doctrinadas por las
Mamacónas en diversas cosas necesarias para la vida humana, y en los
ritos y ceremonias de sus Dioses: de allí se sacaban de catorce años
para arriba, y con grande guardia se enviaban á la Corte: parte de
ellas se diputaban para servir en las Guácas y Santuarios, conservando
perpetua virginidad: parte para los sacrificios ordinarios que hacían
de Doncellas, y otros extraordinarios por la salud, ó muerte, ó guerras
del Inca: parte tambien para mugeres ó mancebas del Inca, y de otros
parientes ó Capitanes suyos, á quien él las daba; y era hacerles gran
merced: este repartimiento se hacía cada año. Para el sustento de estos
Monasterios, que era gran cuantidad de Doncellas las que tenian, habia
rentas y heredades propias, de cuyos frutos se mantenian. A ningun
padre era lícito negar sus hijas cuando el Apopanáca se las pedía para
encerrarlas en los dichos Monasterios, y aun muchos ofrecian sus hijas
de su voluntad, pareciéndoles que ganaban gran mérito en que fuesen
sacrificadas por el Inca. Si se hallaba haber alguna de estas Mamacónas
ó Acllas delinquido contra su honestidad, era infalible el castigo de
enterrarla viva, ó matarla con otro género de muerte cruel. En Méjico
tuvo tambien el Demonio su modo de Monjas, aunque no les duraba la
profesion y santimonia mas de por un año; y era de esta manera: dentro
de aquella cerca grandísima, que dijimos arriba, que tenia el templo
principal, habia dos casas de recogimiento, una frontero de otra; la
una de varones, y la otra de mugeres. En la de mugeres solo habia
Doncellas de doce á trece años, á las cuales llamaban las mozas de la
penitencia: eran otras tantas como los varones: vivian en castidad y
clausura como doncellas diputadas al culto de su Dios. El ejercicio
que tenian era regar y barrer el templo, y hacer cada mañana de comer
al Idolo y á sus Ministros de aquello que de limosna recogían los
Religiosos. La comida que al Idolo hacian eran unos bollos pequeños en
figura de manos y pies, y otros retorcidos como melcochas. Con este
pan hacían ciertos guisados, y poníanselo al Idolo delante cada dia,
y comíanlo sus Sacerdotes, como los de Bel, que cuenta Daniel[32].
Estaban estas mozas trasquiladas, y despues dejaban crecer el cabello
hasta cierto tiempo. Levantábanse á media noche á los maitines de los
Idolos, que siempre se hacían, haciendo ellas los mismos ejercicios
que los Religiosos. Tenian sus Abadesas, que las ocupaban en hacer
lienzos de muchas labores para ornato de los Idolos y templos. El traje
que continuamente traían, era todo blanco, sin labor, ni color alguna.
Hacían tambien su penitencia á media noche, sacrificándose con herirse
en las puntas de las orejas en la parte de arriba; y la sangre que se
sacaban, poníansela en las mejillas; y dentro de su recogimiento tenian
una alberca, donde se lavaban aquella sangre: vivian con honestidad
y recato. Y si hallaban que hubiese alguna faltado, aunque fuese muy
levemente, sin remision moria luego, diciendo que había violado la
casa de su Dios; y tenian por agüero y por indicio de haber sucedido
algun mal caso de estos, si veian pasar algun raton ó murciélago en
la capilla de su Idolo, ó que habian roído algun velo; porque decian,
que si no hubiera precedido algun delito, no se atreviera el raton
ó murciélago á hacer tal descortesía. Y de aquí procedian á hacer
pesquisa; y hallando el delincuente, por principal que fuese, luego le
daban la muerte. En este Monasterio no eran admitidas Doncellas sino
de uno de seis barrios, que estaban nombrados para el efecto; y duraba
esta clausura, como está dicho, un año, por el cual ellas ó sus padres
habian hecho voto de servir al Idolo en aquella forma; y de allí salian
para casarse. Alguna semejanza tiene lo de estas Doncellas, y mas lo
de las del Perú, con las Vírgenes Vestales de Roma, que refieren los
Historiadores, para que se entienda como el Demonio ha tenido codicia
de ser servido de gente que guarda limpieza, no porque á él le agrade
la limpieza, pues es de suyo espiritu inmundo, sino por quitar al sumo
Dios, en el modo que puede, esta gloria de servirse de integridad y
limpieza.