VII.

Llorente se adelantó al sillon en que Luisa reposaba, i tomándole con

cariño la mano, le preguntó por qué lloraba, llamándola Luisa querida.

--¡Ah!... No lo sé, respondió ella, levantando sobre él su lánguida

mirada, todavía velada por el lloro; i luego agregó:--Hablábamos con

este caballero sobre mi situacion, sobre nuestra situacion, Pedro...

Llorente estaba perturbado. No respondió, i tomó asiento al lado de

Luisa. Entre tanto don Sebastian habia entrado haciendo esclamaciones de

contento, al hallar a su hijo, a quien decia estaba buscando una hora

hacia en toda la ciudad; i luego, dirijiéndose a la hermosa niña,

esclamó:

--¡Qué tal, Luisita! Siempre llorando ¿eh? Ud. señor don Pedro parece

que está algo atufado!...

--No hai de qué estar contentos, señor don Sebastian, replicó Llorente;

i miéntras don Sebastian retiraba de un brazo a su hijo hácia un estremo

del salon, se puso a conversar en voz baja con Luisa.

Padre e hijo hablaron con animacion i en secreto, sin que se dejase de

percibir que el anciano decia que esos niños habian dispuesto su viaje a

Europa para el dia siguiente, en el vapor ingles que debia salir para

Panamá; i ordenaba al hijo salir para el Callao inmediamente.

--¿Con qué objeto? dijo éste.

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 108 / 113 题