IX.

¡Oh, qué sublime! ¡Todo está iluminado por la luz de la borrasca!

Son las dos de la mañana. Es imposible dejar de contemplar este

espectáculo, por mas que el doctor me ordene dormir en paz toda la

noche, sin levantarme.

La tempestad asusta. A mí me deleita. Una luz verdosa, pero vivamente

ajitada, intermitente, fosfórica ilumina todo el horizonte. Es un

relámpago perpetuo. El trueno no acaba, redobla en todos los ámbitos, i

solo es sobrepujado por el estampido de los rayos que caen acá, allá,

mas léjos, en todas direcciones, describiendo violentos ángulos con su

fuego, i bordando las nubes con cintas i culebrillas rojas i azuladas.

Es un solo trueno, un solo relámpago, pero los rayos i centellas son a

millares.

El mar ajita sus olas, que parecen de fuego i de esmeralda. Es una

esmeralda en combustion, que se liquida i hierve. Sus resplandores

dibujan la ribera, e inundan los edificios i los árboles, que parecen

fantasmas que danzan i se ajitan convulsivamente.

La lluvia es un torrente que se desploma. ¿Por qué no hunde este asilo i

la ciudad misma bajo su peso? ¡Cómo reiria el _Gigante_! ¡Ese Gigante

recostado sobre la sierra que circunda la bahía! ¿Estará en este momento

siempre tendido, siempre dormido? ¿No se ajitan, ni se desplegan su

enorme nariz i su puntiaguda barba con una risa atroz?

¡No, ya el cielo se apaga, el trueno se retira, la tempestad corre, i

solo deja en pos el torrente que se desprende de las nubes!

¡El pecho se ensancha! ¡Qué grato es respirar este ambiente húmedo i

fresco! ¡Qué léjos se oye el trueno! ¿Por qué pasa con tanta lijereza

la borrasca? Ya el mar no se vé. ¡Se oye solamente, como se oyen rodar

los torrentes que bajan de la montaña!...

¡Imájen de la vida! El cielo tropical es el remedo de nuestra vida.

Aunque seamos de los polos, de las alturas o del llano, nuestra vida

tiene borrascas como las de este cielo. ¡Cuando las borrascas son

perpétuas, oh, viene la locura!...

¿No ha bastado para enloquecerme una sola que demoró sobre mí mas de lo

que debiera? ¡I aun hoi todavía pesa sobre mi corazon!

Ayer escribia para mi doctor la historia de mi matrimonio. Ese episodio

fué en la borrasca de mi vida el viento que refresca, pero el trueno no

cesó. Aunque a lo léjos, su estampido no se apagó, como se ha apagado

ahora el de la borrasca que acaba de pasar.

El cambio de vida, la variacion de la escena reaccionaron en mí

favorablemente. Viví consolada, pero siempre triste. El bullicio de la

sociedad me distrajo, sin impresionarme. Las nuevas relaciones me

impusieron deberes que me fastidiaron i que por lo mismo distrajeron mi

dolor.

Mi llegada al Plata fué de buen agüero. Llegué en dias de fiesta, que a

mí me parecieron de alarma, de conflicto. Las calles se veian llenas de

jentes que corrian, de corrillos que discutian, de transeuntes que se

atropellaban, de pesados carretones que asordaban el aire, de carruajes

que volaban. Todo era por que se aproximaban las dos de la tarde, hora

en que el cañon del Parque anunciaba que estaba abierto el carnaval.

Aquellos dias de agua, de ruido i de algazara, de mascaradas, de bailes

i saraos me impresionaron vivamente; pero me iniciaron en la vida alegre

de aquella risueña cuidad, vida que restituyó la calma a mi espíritu,

aunque no cauterizó jamas su herida.

Cuando pasó la novedad de mi instalacion, cuando mis ojos se habituaron

a aquel inmenso horizonte, cuando se me hicieron familiares el rio, la

pampa, los boscajes de la ribera, entónces mi imajinacion me trasportó

al Illimani. Yo no veia lo que me rodeaba. Solo veia a mi patria, sus

altas cumbres, sus torrentes, sus profundos senos... Una cruel memoria

volvió a atormentar a mi pobre corazon.

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 73 / 113 题