¡Mi hijo! ¡ah! ¿vive aun o muere? Nada sé de él. ¿Se parecerá a su
padre? ¿Será bello, valiente, noble, como él? ¡Tener un hijo, saber que
vive, i no conocerlo, no saber como es, no haberle oido jamas!... ¿Hai
una cosa mas rara?
Mi voto mas ardiente es que mi hijo no sea jamas el satélite de un
déspota. El debe vengamos, i para vengamos tiene que ser el azote de
todos los tiranos, ¡el paladin de la inocencia i de la justicia!
¡Los tiranos! ¿Hai nada mas horrible? ¿Hai nada mas irracional? ¿Cómo es
necesario ser para vivir odiando, para vivir matando, para vivir en
lucha constante con todos i con todo, con la justicia, con la honra, con
la amistad, con el amor?... ¿Cómo se esplican esos odios tenaces,
fervientes, implacables, que la política aborta, i que, unidos en una
alma de fiera, producen lo que se llama un déspota? ¡I para estos locos
no hai hospicios! ¡Solo hai honores, riquezas, sumision, humillacion,
vileza! ¡Ah! ¡que mi hijo. Dios mio, no sea jamas, el siervo de una
locura semejante!...
Si él tiene en su alma una chispa de la mia, sabrá ántes morir que
someterse a esa infamia, que es propia, solamente de esa turba de tontos
i egoístas que llaman pueblo.
Yo, ¡jamas me sometí, jamas me humillé! Si el cielo no pone en mi camino
a un hombre de gran corazon, que, por amor o por lástima, me sacara de
la esclavitud; ¡juro que todavía jemiria en ella, pero sin someterme!
--Tu matrimonio esta arreglado, me dijo un dia mi hermano, ¡consiento en
él!...
--¡Hola! ¿Consientes? le contesté yo, lo mismo daria que no
consintieras, si él, tan caballero, como es, quiere salvarme de tu
opresion.
--¿Todavía estás loca? Yo no te oprimo.
--Pero has asesinado mi corazon, me has vuelto loca. Mi desgracia es tu
obra. Sacrificaste mi amor en aras de tus odios.
--Quise vengarte i salvarte de la perdicion.
--¿Vengarme? ¿de qué? ¿de ser amada? ¡Hipócrita! ¿Salvarme de la
perdicion? ¿Quién me perdió si fuí perdida?, sino tu infamia, tus odios,
¡tu venganza!...
--Te perdió quien te sedujo, i el que seduce a una niña es un criminal.
--Tú lo dices. ¿I el que seduce a las esposas de los servidores, de los
amigos? ¿I el que no se sacia jamas de seducir, prevalido del poder?...
--Ese tiene el derecho de hacer todo lo que dices, porque puede.
--¡Pero no debe asesinar a azotes al que supone amante de su mujer! ¡Ni
debe matar a sus propios hijos, por suponerlos de otro hombre! Ni debe
asesinar al esposo de la hermana...
--¡Estás mas loca que nunca! Te haré encerrar otra vez, en el acto,
hasta que te vuelva la razon...
--¡Oh! Nó; ahora no. Soi la prometida de un hombre jeneroso, que me
salvará, i ¡a quien tú no podrás asesinar!...
--¡Loca! ¡Necia! ¡Ese hombre sabrá tu historia repugnante i te
abandonará!
--Ya sabe mi historia desgraciada, no repugnante, i a pesar de eso me
toma por esposa i me salvo de tí...
--¿Quién se la ha referido, dí, habla?...
--Solo un infame puede imajinar que una mujer desgraciada sea capaz de
engañar al hombre noble que se compadece de ella i que liga a ella su
suerte. ¿Te imajinas que yo callaria i no revelara mi pasado al amigo
jeneroso que me ofrece su mano? ¿Crees que yo le haya mentido amores, o
le haya ocultado la verdad? Le he abierto mi corazon, le he presentado
mi pasado. ¡Todo lo sabe, ménos, sí, te lo juro, ménos tu crímen!...
--¡Ah! ¡Respiro! Has obrado como quien eres, como la hermana de un
hombre como yo...
--Si hubiera obrado como tu hermana, habria mentido, habria engañado,
habria traicionado, habria...
--Calla, Pepa. Tu odio a mí te pierde. Esa es tu locura. Sé racional por
tu propio interes. Vamos a separarnos. El dia de tu matrimonio será para
mí el principio de mi descanso. No volvamos a hablar. ¡Por nuestra santa
madre, te pido que me olvides!...
--¡Perdonarte, sí. Olvidarte, no! ¿Cómo puede olvidar la víctima a su
verdugo?
--Muriendo.
--Matándola. Tú debes saberlo. ¿Por qué no me has muerto a mí? Harto lo
he deseado. He deseado mas. He querido matarme yo misma. Desde que tú
asesinaste mi corazon, hace ya algunos años, no he tenido otro anhelo...
--No estarias ahora de novia.
--Sí, no estaria ahora obligada a asirme de esa única tabla de
salvacion. Si quieres, la trueco por la muerte. Me caso por salvarme de
tí. Por conseguir lo mismo, me mataria, dejaria con gusto que me
mataras; i talvez seria mejor. ¡Quién sabe lo que me va a suceder!
--¡Eso no me importa!--dijo él dando vuelta las espaldas, i retirándose
despechado, talvez furioso.
Yo quedé desahogada. Hacia años que no hablaba con él, que ni lo miraba
siquiera.
No sé cuánto tiempo habia pasada encerrada, sin mas asistencia que la de
dos cholas, que cuidaban de mí, i que a menudo lloraban conmigo...
Decian que estaba loca. Tomaban por locura mi dolor; pero era porque no
se queria que mis lamentos revelasen la verdad. Al fin me sacaron a la
sociedad. ¿Seria porque habia dejado de lamentarme? Talvez. Ya entónces
mi dolor era mudo, impotente, resignado, no hacia daño...
En la sociedad, fuí muda. Tenia la relijion del dolor i me encerraba
para rendirle culto, el culto de mis lágrimas. Todos me compadecian, i
no disimulaban su compasion. Cada cual se esmeraba en protestarme sus
buenos deseos. ¡Qué consuelo! El desgraciado sabe bien lo que valen los
buenos deseos de los felices. Le dan risa. Solo estima las simpatías de
otros desgraciados.
¿Mi marido lo seria? ¿Por qué simpaticé con él? ¿Por qué me comprendió
él, i se intimó conmigo? Tal vez porque era jeneroso, i no sabia mentir
los buenos deseos con que ofenden los afortunados.
El dia de nuestro enlace volví a hablarle, a decirle la verdad, porque
aun era tiempo de que desistiese de tomarme por esposa. El se reia con
aquella injenuidad que le hacia tan amable. Me dijo que le bastaba que
yo le tomase como libertador, aunque no lo amara, que su oficio era
libertar, i que en esta vez lo ejercia conmigo porque me amaba. Si soi
capaz de libertar a los que no conozco, me agregó, ¿con cuánta mas razon
no me sacrificaria por libertar a la mujer que amo i a quien elijo por
compañera de mi vida? Pepa, tranquilizaos, ¡me vais a deber amor i
libertad!
Así fué. Cumplió como caballero. Pero como el cielo no me ahorró
dolores, tambien me arrebató a mi libertador...