VIII.

¡Mi hijo! ¡ah! ¿vive aun o muere? Nada sé de él. ¿Se parecerá a su

padre? ¿Será bello, valiente, noble, como él? ¡Tener un hijo, saber que

vive, i no conocerlo, no saber como es, no haberle oido jamas!... ¿Hai

una cosa mas rara?

Mi voto mas ardiente es que mi hijo no sea jamas el satélite de un

déspota. El debe vengamos, i para vengamos tiene que ser el azote de

todos los tiranos, ¡el paladin de la inocencia i de la justicia!

¡Los tiranos! ¿Hai nada mas horrible? ¿Hai nada mas irracional? ¿Cómo es

necesario ser para vivir odiando, para vivir matando, para vivir en

lucha constante con todos i con todo, con la justicia, con la honra, con

la amistad, con el amor?... ¿Cómo se esplican esos odios tenaces,

fervientes, implacables, que la política aborta, i que, unidos en una

alma de fiera, producen lo que se llama un déspota? ¡I para estos locos

no hai hospicios! ¡Solo hai honores, riquezas, sumision, humillacion,

vileza! ¡Ah! ¡que mi hijo. Dios mio, no sea jamas, el siervo de una

locura semejante!...

Si él tiene en su alma una chispa de la mia, sabrá ántes morir que

someterse a esa infamia, que es propia, solamente de esa turba de tontos

i egoístas que llaman pueblo.

Yo, ¡jamas me sometí, jamas me humillé! Si el cielo no pone en mi camino

a un hombre de gran corazon, que, por amor o por lástima, me sacara de

la esclavitud; ¡juro que todavía jemiria en ella, pero sin someterme!

--Tu matrimonio esta arreglado, me dijo un dia mi hermano, ¡consiento en

él!...

--¡Hola! ¿Consientes? le contesté yo, lo mismo daria que no

consintieras, si él, tan caballero, como es, quiere salvarme de tu

opresion.

--¿Todavía estás loca? Yo no te oprimo.

--Pero has asesinado mi corazon, me has vuelto loca. Mi desgracia es tu

obra. Sacrificaste mi amor en aras de tus odios.

--Quise vengarte i salvarte de la perdicion.

--¿Vengarme? ¿de qué? ¿de ser amada? ¡Hipócrita! ¿Salvarme de la

perdicion? ¿Quién me perdió si fuí perdida?, sino tu infamia, tus odios,

¡tu venganza!...

--Te perdió quien te sedujo, i el que seduce a una niña es un criminal.

--Tú lo dices. ¿I el que seduce a las esposas de los servidores, de los

amigos? ¿I el que no se sacia jamas de seducir, prevalido del poder?...

--Ese tiene el derecho de hacer todo lo que dices, porque puede.

--¡Pero no debe asesinar a azotes al que supone amante de su mujer! ¡Ni

debe matar a sus propios hijos, por suponerlos de otro hombre! Ni debe

asesinar al esposo de la hermana...

--¡Estás mas loca que nunca! Te haré encerrar otra vez, en el acto,

hasta que te vuelva la razon...

--¡Oh! Nó; ahora no. Soi la prometida de un hombre jeneroso, que me

salvará, i ¡a quien tú no podrás asesinar!...

--¡Loca! ¡Necia! ¡Ese hombre sabrá tu historia repugnante i te

abandonará!

--Ya sabe mi historia desgraciada, no repugnante, i a pesar de eso me

toma por esposa i me salvo de tí...

--¿Quién se la ha referido, dí, habla?...

--Solo un infame puede imajinar que una mujer desgraciada sea capaz de

engañar al hombre noble que se compadece de ella i que liga a ella su

suerte. ¿Te imajinas que yo callaria i no revelara mi pasado al amigo

jeneroso que me ofrece su mano? ¿Crees que yo le haya mentido amores, o

le haya ocultado la verdad? Le he abierto mi corazon, le he presentado

mi pasado. ¡Todo lo sabe, ménos, sí, te lo juro, ménos tu crímen!...

--¡Ah! ¡Respiro! Has obrado como quien eres, como la hermana de un

hombre como yo...

--Si hubiera obrado como tu hermana, habria mentido, habria engañado,

habria traicionado, habria...

--Calla, Pepa. Tu odio a mí te pierde. Esa es tu locura. Sé racional por

tu propio interes. Vamos a separarnos. El dia de tu matrimonio será para

mí el principio de mi descanso. No volvamos a hablar. ¡Por nuestra santa

madre, te pido que me olvides!...

--¡Perdonarte, sí. Olvidarte, no! ¿Cómo puede olvidar la víctima a su

verdugo?

--Muriendo.

--Matándola. Tú debes saberlo. ¿Por qué no me has muerto a mí? Harto lo

he deseado. He deseado mas. He querido matarme yo misma. Desde que tú

asesinaste mi corazon, hace ya algunos años, no he tenido otro anhelo...

--No estarias ahora de novia.

--Sí, no estaria ahora obligada a asirme de esa única tabla de

salvacion. Si quieres, la trueco por la muerte. Me caso por salvarme de

tí. Por conseguir lo mismo, me mataria, dejaria con gusto que me

mataras; i talvez seria mejor. ¡Quién sabe lo que me va a suceder!

--¡Eso no me importa!--dijo él dando vuelta las espaldas, i retirándose

despechado, talvez furioso.

Yo quedé desahogada. Hacia años que no hablaba con él, que ni lo miraba

siquiera.

No sé cuánto tiempo habia pasada encerrada, sin mas asistencia que la de

dos cholas, que cuidaban de mí, i que a menudo lloraban conmigo...

Decian que estaba loca. Tomaban por locura mi dolor; pero era porque no

se queria que mis lamentos revelasen la verdad. Al fin me sacaron a la

sociedad. ¿Seria porque habia dejado de lamentarme? Talvez. Ya entónces

mi dolor era mudo, impotente, resignado, no hacia daño...

En la sociedad, fuí muda. Tenia la relijion del dolor i me encerraba

para rendirle culto, el culto de mis lágrimas. Todos me compadecian, i

no disimulaban su compasion. Cada cual se esmeraba en protestarme sus

buenos deseos. ¡Qué consuelo! El desgraciado sabe bien lo que valen los

buenos deseos de los felices. Le dan risa. Solo estima las simpatías de

otros desgraciados.

¿Mi marido lo seria? ¿Por qué simpaticé con él? ¿Por qué me comprendió

él, i se intimó conmigo? Tal vez porque era jeneroso, i no sabia mentir

los buenos deseos con que ofenden los afortunados.

El dia de nuestro enlace volví a hablarle, a decirle la verdad, porque

aun era tiempo de que desistiese de tomarme por esposa. El se reia con

aquella injenuidad que le hacia tan amable. Me dijo que le bastaba que

yo le tomase como libertador, aunque no lo amara, que su oficio era

libertar, i que en esta vez lo ejercia conmigo porque me amaba. Si soi

capaz de libertar a los que no conozco, me agregó, ¿con cuánta mas razon

no me sacrificaria por libertar a la mujer que amo i a quien elijo por

compañera de mi vida? Pepa, tranquilizaos, ¡me vais a deber amor i

libertad!

Así fué. Cumplió como caballero. Pero como el cielo no me ahorró

dolores, tambien me arrebató a mi libertador...

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 72 / 113 题