Primer cuadro.
--_Grandes voces_. ¡No hai que salir! ¡De aquí no nos moverémos!
¡Estamos en paz! ¡aquí no hai riñas ni bulla! Afuera los brujos; ¡Muera
la policía![19]
[19] En este cuadro se representa una escena de las que suelen
suceder entre el bajo pueblo i la policía, i en ella se hacen
notar dos hechos de la época que el cuento describe, los cuales
por su singularidad no se han repetido despues. Es el primero la
devocion al gobierno absoluto de los comerciantes ingleses,
residentes en el pais, los cuales habian hecho causa comun con el
partido dominante, hasta el estremo de contarse algunos de ellos
que se habian constituido en jefes del partido en Valparaiso, i
se entendian como tales con los gobernantes. Esta intervencion de
los ingleses se hizo notar en muchos sucesos graves, i aun de
carácter oficial, los cuales no se han escapado a la historia; i
era corriente en la vida ordinaria. Por ejemplo, cuando llegó a
Valparaiso la noticia de que el intendente de Copiapó habia hecho
azotar por mano del verdugo a varios ciudadanos que habia
encarcelado por venganzas personales, el pueblo estaba
consternado, i los ingleses llenaban el salon de la Bolsa,
aplaudiendo el atentado, i condenando a los liberales. El autor
de este libro estaba allí, i escandalizado por la insolencia,
sacó su cartera para anotar el hecho. Un viejo residente ingles
se le acercó preguntándole qué escribia.--«Anoto, le respondió,
los nombres de los ingleses que tanto celebran la brutalidad del
intendente, para tratarlos como merecen el dia en que triunfemos
los liberales.» Este dicho se divulgó; los ingleses callaron i
principiaron a despejar a toda prisa.
El segundo hecho es el de los garitos que entónces mantenia la
policía para enganchar soldados i protejer a sus espías, que eran
los que obtenian la ganancia.
--_Un jefe._ ¡Sí saldrán! ¡No se permiten reuniones! ¡Afuera, afuera!
Suenan los sablazos. Un gran grupo de hombres sin armas se echa sobre
los sableadores, que retroceden.
--_Algunas voces de estranjeros._ ¡Por aquí, por aquí! ¡Viva la
autoridad! ¡Favor a la lei! ¡Rodeadlos, tomadlos presos...!
Reforzados los brujos por los estranjeros, dispersan el gran grupo en
fracciones que huyen, i aprehenden a varios hombres que amarran i
conducen a la prision. Los ausiliadores quedan en el mismo sitio i dos
jóvenes, al parecer estranjeros tambien, se acercan i les hablan en
lengua estraña.
--_Varias voces._ Tienen razon esos pobres diablos. Estaban quietos i no
daban motivo.
--_Uno de los jóvenes._ ¿Entónces, por qué ayudasteis a perseguirles?
--_Una voz._ Porque es necesario apoyar a la autoridad.
--_El otro jóven._ ¿Aunque no tenga razon?
--_Otra voz._ Ciertamente.
--_Primer jóven._ Habria sido mejor no mezclarse. Nosotros debemos
prescindir i mantener neutralidad en todos los asuntos del pais.
--_Otra voz._ Ménos cuando se altera el órden i se pone en peligro
nuestra propiedad.
--_Segundo jóven._ Podemos defender nuestra propiedad, no hai duda; pero
cuando se halle atacada. La lei i el gobierno nos protejen, i es preciso
confiar en esa proteccion, ántes de anticiparnos a su accion. Si con el
pretesto de evitar un peligro, nos creemos autorizados para tomar parte
en las cuestiones intestinas, podremos equivocamos mui a menudo i nos
espondrémos a atacar a nuestra vez el derecho de otros.
--_Otra voz._ No importa: lo que nos conviene es la estabilidad del que
manda, sea quien fuere, i cualquiera que sea su conducta. Nosotros no
debemos mezclamos en las cuestiones intestinas para averiguar quién
tiene razon o a qué lado está la justicia; pero sí debemos en todas
circunstancias apoyar a la autoridad, reforzar el poder, aunque sea el
de Lucifer, porque eso es lo que conviene a nuestros intereses.
--_Otra voz. ¡All right!_ No discutamos al aire: ¡vamos!
Los dos jóvenes se separaron i siguieron hasta entreverarse en los
grupos de jente del pueblo que llenan una espaciosa calle, i que marchan
cabizbajos en una misma direccion.
--_Un hombre._ ¡Buen dar, amigos, que no podamos divertirnos onde nos dé
la regalada gana!
--_Otro._ Ni cuando ni como queremos, sino como quieren los brujos.
--_Un viejo._ Toa la via ha sio lo mesmo: no hai mas que aguantar. Para
morir nacimos i para sufrir vivimos.
--_Una vieja._ Como los burros: en eso nos parecimos i en la paciencia.
Bienaventurados los que lloran.
--_Un mozo._ Porque llorarán siempre.
--_La vieja._ Bienaventurados los que han hambre i sed de la justicia
porque ellos serán hartos.
--_El mozo._ Para allá me las guardes. Somos pocos todavía; cuando
seamos hartos se nos quitará la sed.
--_El hombre._ No hai mas que ir al garito: allí sí que es permitido
divertirse.
--_El otro._ ¡I caer en el garlito! ¡Qué se ha de hacer!
--_Uno de los jóvenes._ ¿Por qué no les permiten divertirse donde
ustedes quieran?
--_El viejo._ Así está mandao, señor.
--_El jóven._ ¿Quién lo manda?
--_La vieja._ ¡Quien puede! Aquí manda no quien quiere, sino quien
puede.
--_El otro jóven._ ¿Quién es el gobernador de esta ciudad?
--_Un hombre._ ¡Quién sabe! Yo no lo conozco ni sé quién es.
--_Varias voces._ Ni yo tampoco. Yo ménos.
--_La vieja._ Yo no conozco mas que a algunos de los brujos que cuidan
del órden.
--_El mismo jóven._ ¿Pero sabrán ustedes por qué les permiten ir al
garito i no a otra taberna?
--_El mozo._ ¡Miren qué gracia! Porque si allí pierde uno la plata que
le adelantan, tiene que quedar obligao a servir!
--_El mismo jóven._ ¿En qué?
--_La vieja._ ¡Preguntón es el jutre!
--_El hombre._ En ir afuera a trer niños.
--_El otro._ I hombres que hacer imbunches.
--_El viejo._ Para aumentar los vasallos.
Una vocería interrumpe el diálogo: es orijinada por una riña que se
traba entre varios grupos. Todo se conmueve: los niños silban, las
mujeres chillan i los hombres gritan, se revuelven, se entreveran, se
golpean. Ayes i blasfemias se perciben en medio de la grita. Algunos
hombres ensangrentados huyen. El tumulto se aplaca poco a poco; pero la
policía no parece. Solo quedan hombres jadeantes i de miradas atroces.
Algunos arreglan sus vestidos, otros rien a carcajadas, i no pocos hai
sérios i tristes.
Los jóvenes que se habian visto envueltos en el torbellino, reconocen
que han sido despojados por manos diestras de los adminículos que
guardaban sus faltriqueras. Pero continúan mezclados con los grupos i
siguen la marcha, anudando su diálogo, o mas bien empezando otro,
porque sus interlocutores han desaparecido.
--_Primer jóven._ ¿Por qué ha sido la riña?
--_Una mujer._ Porque un hombre quiso vengarse de otro.
--_El segundo jóven._ Contadnos eso.
--_Un hombre._ ¡Con cuánto lo manda!
--_Primer jóven._ Lo suplicamos: no tendriamos con qué mandarlo. Nos han
dejado los bolsillos pelados.
Una carcajada universal estalló al oir esta gracia.
--_Otro hombre._ ¡Chuparse el deo no mas! Otra risotada acompañada de
rechifla casi hizo avergonzarse a los preguntones. Una mujer comprendió
la situacion de los jóvenes i se interesó por ellos, esclamando:
--Yo les contaré, pero vamos andando. Todos se pusieron en marcha. A los
lados de los jóvenes caminaban mujeres i niños que los miraban con
curiosidad. A alguna distancia iban hombres silenciosos que los miraban
de reojo.
--_La mujer._ No era naa, sino que un hombre habia jurao que otro se la
habia de penar; lo encontró agora, i le metió el belduque.
Los amigos salieron a la defensa i se formó el pleito.
--_El segundo jóven._ ¿Qué le habia hecho el otro?
--_La mujer._ Le habia levantao el testimonio de que era desertor, i por
eso le habian pegado muchos palos i lo habian tenio preso hasta agora.
--_El primer jóven._ ¿I le habian tomado preso por el falso testimonio?
--_La mujer._ No, señor, aquí agarran jente para que sirva, i así lo
habian tomao.
--_Otra mujer._ Pero como cualquiera puede libertarse, dando un tanto en
plata, éste iba a dar lo que le tocase, i entónces el otro, que es un
testimonero, lo acusó en falso.
--_El primer jóven._ ¿Por qué fuerzan así a la jente?
--_Un hombre de atras._ Porque somos pobres, i para el pobre no hai mas
que zanja i horca.
--_El mismo jóven._ Se reclama......
--_Una voz._ ¡A quién!
--_Otra voz._ ¡Contra quién!
--_Muchas voces._ ¡Para el pobre no hai justicia!
--_Uno de los jóvenes al otro._ Silencio, mas cautela, porque aunque
éstos no conocen a la autoridad, sino que la aborrecen, nunca falta
entre ellos algun traidor que la busca para denunciar estas
conversaciones, pues saben que esos denuncios se pagan jenerosamente.
Estas palabras no fueron oidas mas que por el otro jóven. El silencio
sucedió por algunos momentos. Un silbido trajo otros, una palabra
lanzada al aire provocó otras, i sin embargo de que todos marchaban en
paz, comenzaron a elevarse algunos terrones i piedrecitas que caian
perpendicularmente sobre los jóvenes.
Así continuaron hasta que fueron desapareciendo casi todos por la puerta
de una fonda, dentro de la cual habia gran ruido i movimiento.
Los dos jóvenes que habian entrado tambien tranquilamente, sin hacer
caso de las provocaciones, se instalaron en una mesa que estaba sola;
pero los circunstantes no podian reconocer en ellos a los que les habian
hecho compañía por la calle, pues eran enteramente distintos en
fisonomía.
--_Uno de los jóvenes al otro._ ¿Observas a algunos de esos hombres que
entran a aquel caramanchel i salen de allí contando dinero?
--_El otro jóven._ Si, he visto a varios. ¿Se da acaso dinero en ese
cubichete?
--Nó, se presta, con la condicion de devolverlo ántes de salir de este
sitio. El que recibe se pone a probar fortuna en el juego, i si pierde,
tiene que pagar el préstamo con su persona.
--¿Cómo así?
--Quedando obligado a servir en todo lo que lo ocupen los Jenios,
principalmente en perseguir i cazar mas hombres en el mundo para
aumentar el número de los que aquí sufren.
--¿No acaban de quejársenos esos mismos porque no se les hace justicia?
¿No deploran su situacion, mostrando su odio contra la opresion que
sufren? ¿Cómo es entónces que lo olvidan todo por satisfacer un vicio, i
venden su misma libertad?....
--¿No comprendes que todas esas contradicciones i esas miserias son
efecto puro de la ignorancia? Esos hombres no conocen el poder de los
Jenios, sino por el mal que les hace; i, sin embargo, olvidan ese mal,
por dar rienda a su egoismo, i sirven lo mismo que aborrecen.
--¡La ignorancia!
--Sí: observa la verdad de lo que te he dicho ya. Aquellos monstruos que
encantan i aprisionan a la libertad, no son sino una alegoria de la
verdad. Esos monstruos existen en la sociedad, son la sociedad misma,
porque en ella están la ignorancia, la mentira, el fanatismo i la
ambicion: circulan en su sangre. Recuerda lo que has visto, observa lo
que ves. ¿No viste ya la ambicion entronizada, trabajando por sostener
su imperio? ¿No viste ya la mentira infiltrada en la prensa i en la
sociedad? Vé ahora la ignorancia encarnada en el pueblo mismo: observa
mas i la irás encontrando en todas partes entrelazada fuertemente, de un
modo indisoluble, con la mentira i el fanatismo. ¿Comprendes ahora cómo
es que esos monstruos no pueden ser combatidos ni vencidos con el hierro
i el fuego? ¿Comprendes que para vencerlos por la fuerza seria preciso
decapitar a la sociedad entera?
--¡Sí, Lucero: tú me iluminas, pero abates mi espíritu con tan terribles
verdades, que me dan a conocer que la libertad no puede salvarse de sus
enemigos, que la libertad es imposible!....
--No, Guillermo:¡la libertad no es imposible! ¿Por qué desesperas? La
libertad es la justicia misma i existe en la naturaleza del hombre. Es
cierto que ella aborrece la violencia, porque su triunfo no es la
fuerza; pero aunque lentamente, tarde o temprano, se abre paso ayudada
por la ilustracion que mata la ignorancia, alumbrada por la verdad que
ahuyenta la mentira. Cuando la accion de estos ajentes es dirijida por
el patriotismo, ese amor celestial, esa caridad fecunda, que armoniza
nuestro interes con el de todos i que enjendra la noble ambicion de
enaltecer la patria que nos dió el ser, entónces no se hace esperar el
triunfo de la justicia; de la justicia que, inspirando seguridad a
todos, derrama en la sociedad la confianza, la tranquilidad i el
contento, que dan dignidad al hombre i brillo a las naciones. ¡Ese es el
imperio de la libertad!