XVI.

Primer cuadro.

--_Grandes voces_. ¡No hai que salir! ¡De aquí no nos moverémos!

¡Estamos en paz! ¡aquí no hai riñas ni bulla! Afuera los brujos; ¡Muera

la policía![19]

[19] En este cuadro se representa una escena de las que suelen

suceder entre el bajo pueblo i la policía, i en ella se hacen

notar dos hechos de la época que el cuento describe, los cuales

por su singularidad no se han repetido despues. Es el primero la

devocion al gobierno absoluto de los comerciantes ingleses,

residentes en el pais, los cuales habian hecho causa comun con el

partido dominante, hasta el estremo de contarse algunos de ellos

que se habian constituido en jefes del partido en Valparaiso, i

se entendian como tales con los gobernantes. Esta intervencion de

los ingleses se hizo notar en muchos sucesos graves, i aun de

carácter oficial, los cuales no se han escapado a la historia; i

era corriente en la vida ordinaria. Por ejemplo, cuando llegó a

Valparaiso la noticia de que el intendente de Copiapó habia hecho

azotar por mano del verdugo a varios ciudadanos que habia

encarcelado por venganzas personales, el pueblo estaba

consternado, i los ingleses llenaban el salon de la Bolsa,

aplaudiendo el atentado, i condenando a los liberales. El autor

de este libro estaba allí, i escandalizado por la insolencia,

sacó su cartera para anotar el hecho. Un viejo residente ingles

se le acercó preguntándole qué escribia.--«Anoto, le respondió,

los nombres de los ingleses que tanto celebran la brutalidad del

intendente, para tratarlos como merecen el dia en que triunfemos

los liberales.» Este dicho se divulgó; los ingleses callaron i

principiaron a despejar a toda prisa.

El segundo hecho es el de los garitos que entónces mantenia la

policía para enganchar soldados i protejer a sus espías, que eran

los que obtenian la ganancia.

--_Un jefe._ ¡Sí saldrán! ¡No se permiten reuniones! ¡Afuera, afuera!

Suenan los sablazos. Un gran grupo de hombres sin armas se echa sobre

los sableadores, que retroceden.

--_Algunas voces de estranjeros._ ¡Por aquí, por aquí! ¡Viva la

autoridad! ¡Favor a la lei! ¡Rodeadlos, tomadlos presos...!

Reforzados los brujos por los estranjeros, dispersan el gran grupo en

fracciones que huyen, i aprehenden a varios hombres que amarran i

conducen a la prision. Los ausiliadores quedan en el mismo sitio i dos

jóvenes, al parecer estranjeros tambien, se acercan i les hablan en

lengua estraña.

--_Varias voces._ Tienen razon esos pobres diablos. Estaban quietos i no

daban motivo.

--_Uno de los jóvenes._ ¿Entónces, por qué ayudasteis a perseguirles?

--_Una voz._ Porque es necesario apoyar a la autoridad.

--_El otro jóven._ ¿Aunque no tenga razon?

--_Otra voz._ Ciertamente.

--_Primer jóven._ Habria sido mejor no mezclarse. Nosotros debemos

prescindir i mantener neutralidad en todos los asuntos del pais.

--_Otra voz._ Ménos cuando se altera el órden i se pone en peligro

nuestra propiedad.

--_Segundo jóven._ Podemos defender nuestra propiedad, no hai duda; pero

cuando se halle atacada. La lei i el gobierno nos protejen, i es preciso

confiar en esa proteccion, ántes de anticiparnos a su accion. Si con el

pretesto de evitar un peligro, nos creemos autorizados para tomar parte

en las cuestiones intestinas, podremos equivocamos mui a menudo i nos

espondrémos a atacar a nuestra vez el derecho de otros.

--_Otra voz._ No importa: lo que nos conviene es la estabilidad del que

manda, sea quien fuere, i cualquiera que sea su conducta. Nosotros no

debemos mezclamos en las cuestiones intestinas para averiguar quién

tiene razon o a qué lado está la justicia; pero sí debemos en todas

circunstancias apoyar a la autoridad, reforzar el poder, aunque sea el

de Lucifer, porque eso es lo que conviene a nuestros intereses.

--_Otra voz. ¡All right!_ No discutamos al aire: ¡vamos!

Los dos jóvenes se separaron i siguieron hasta entreverarse en los

grupos de jente del pueblo que llenan una espaciosa calle, i que marchan

cabizbajos en una misma direccion.

--_Un hombre._ ¡Buen dar, amigos, que no podamos divertirnos onde nos dé

la regalada gana!

--_Otro._ Ni cuando ni como queremos, sino como quieren los brujos.

--_Un viejo._ Toa la via ha sio lo mesmo: no hai mas que aguantar. Para

morir nacimos i para sufrir vivimos.

--_Una vieja._ Como los burros: en eso nos parecimos i en la paciencia.

Bienaventurados los que lloran.

--_Un mozo._ Porque llorarán siempre.

--_La vieja._ Bienaventurados los que han hambre i sed de la justicia

porque ellos serán hartos.

--_El mozo._ Para allá me las guardes. Somos pocos todavía; cuando

seamos hartos se nos quitará la sed.

--_El hombre._ No hai mas que ir al garito: allí sí que es permitido

divertirse.

--_El otro._ ¡I caer en el garlito! ¡Qué se ha de hacer!

--_Uno de los jóvenes._ ¿Por qué no les permiten divertirse donde

ustedes quieran?

--_El viejo._ Así está mandao, señor.

--_El jóven._ ¿Quién lo manda?

--_La vieja._ ¡Quien puede! Aquí manda no quien quiere, sino quien

puede.

--_El otro jóven._ ¿Quién es el gobernador de esta ciudad?

--_Un hombre._ ¡Quién sabe! Yo no lo conozco ni sé quién es.

--_Varias voces._ Ni yo tampoco. Yo ménos.

--_La vieja._ Yo no conozco mas que a algunos de los brujos que cuidan

del órden.

--_El mismo jóven._ ¿Pero sabrán ustedes por qué les permiten ir al

garito i no a otra taberna?

--_El mozo._ ¡Miren qué gracia! Porque si allí pierde uno la plata que

le adelantan, tiene que quedar obligao a servir!

--_El mismo jóven._ ¿En qué?

--_La vieja._ ¡Preguntón es el jutre!

--_El hombre._ En ir afuera a trer niños.

--_El otro._ I hombres que hacer imbunches.

--_El viejo._ Para aumentar los vasallos.

Una vocería interrumpe el diálogo: es orijinada por una riña que se

traba entre varios grupos. Todo se conmueve: los niños silban, las

mujeres chillan i los hombres gritan, se revuelven, se entreveran, se

golpean. Ayes i blasfemias se perciben en medio de la grita. Algunos

hombres ensangrentados huyen. El tumulto se aplaca poco a poco; pero la

policía no parece. Solo quedan hombres jadeantes i de miradas atroces.

Algunos arreglan sus vestidos, otros rien a carcajadas, i no pocos hai

sérios i tristes.

Los jóvenes que se habian visto envueltos en el torbellino, reconocen

que han sido despojados por manos diestras de los adminículos que

guardaban sus faltriqueras. Pero continúan mezclados con los grupos i

siguen la marcha, anudando su diálogo, o mas bien empezando otro,

porque sus interlocutores han desaparecido.

--_Primer jóven._ ¿Por qué ha sido la riña?

--_Una mujer._ Porque un hombre quiso vengarse de otro.

--_El segundo jóven._ Contadnos eso.

--_Un hombre._ ¡Con cuánto lo manda!

--_Primer jóven._ Lo suplicamos: no tendriamos con qué mandarlo. Nos han

dejado los bolsillos pelados.

Una carcajada universal estalló al oir esta gracia.

--_Otro hombre._ ¡Chuparse el deo no mas! Otra risotada acompañada de

rechifla casi hizo avergonzarse a los preguntones. Una mujer comprendió

la situacion de los jóvenes i se interesó por ellos, esclamando:

--Yo les contaré, pero vamos andando. Todos se pusieron en marcha. A los

lados de los jóvenes caminaban mujeres i niños que los miraban con

curiosidad. A alguna distancia iban hombres silenciosos que los miraban

de reojo.

--_La mujer._ No era naa, sino que un hombre habia jurao que otro se la

habia de penar; lo encontró agora, i le metió el belduque.

Los amigos salieron a la defensa i se formó el pleito.

--_El segundo jóven._ ¿Qué le habia hecho el otro?

--_La mujer._ Le habia levantao el testimonio de que era desertor, i por

eso le habian pegado muchos palos i lo habian tenio preso hasta agora.

--_El primer jóven._ ¿I le habian tomado preso por el falso testimonio?

--_La mujer._ No, señor, aquí agarran jente para que sirva, i así lo

habian tomao.

--_Otra mujer._ Pero como cualquiera puede libertarse, dando un tanto en

plata, éste iba a dar lo que le tocase, i entónces el otro, que es un

testimonero, lo acusó en falso.

--_El primer jóven._ ¿Por qué fuerzan así a la jente?

--_Un hombre de atras._ Porque somos pobres, i para el pobre no hai mas

que zanja i horca.

--_El mismo jóven._ Se reclama......

--_Una voz._ ¡A quién!

--_Otra voz._ ¡Contra quién!

--_Muchas voces._ ¡Para el pobre no hai justicia!

--_Uno de los jóvenes al otro._ Silencio, mas cautela, porque aunque

éstos no conocen a la autoridad, sino que la aborrecen, nunca falta

entre ellos algun traidor que la busca para denunciar estas

conversaciones, pues saben que esos denuncios se pagan jenerosamente.

Estas palabras no fueron oidas mas que por el otro jóven. El silencio

sucedió por algunos momentos. Un silbido trajo otros, una palabra

lanzada al aire provocó otras, i sin embargo de que todos marchaban en

paz, comenzaron a elevarse algunos terrones i piedrecitas que caian

perpendicularmente sobre los jóvenes.

Así continuaron hasta que fueron desapareciendo casi todos por la puerta

de una fonda, dentro de la cual habia gran ruido i movimiento.

Los dos jóvenes que habian entrado tambien tranquilamente, sin hacer

caso de las provocaciones, se instalaron en una mesa que estaba sola;

pero los circunstantes no podian reconocer en ellos a los que les habian

hecho compañía por la calle, pues eran enteramente distintos en

fisonomía.

--_Uno de los jóvenes al otro._ ¿Observas a algunos de esos hombres que

entran a aquel caramanchel i salen de allí contando dinero?

--_El otro jóven._ Si, he visto a varios. ¿Se da acaso dinero en ese

cubichete?

--Nó, se presta, con la condicion de devolverlo ántes de salir de este

sitio. El que recibe se pone a probar fortuna en el juego, i si pierde,

tiene que pagar el préstamo con su persona.

--¿Cómo así?

--Quedando obligado a servir en todo lo que lo ocupen los Jenios,

principalmente en perseguir i cazar mas hombres en el mundo para

aumentar el número de los que aquí sufren.

--¿No acaban de quejársenos esos mismos porque no se les hace justicia?

¿No deploran su situacion, mostrando su odio contra la opresion que

sufren? ¿Cómo es entónces que lo olvidan todo por satisfacer un vicio, i

venden su misma libertad?....

--¿No comprendes que todas esas contradicciones i esas miserias son

efecto puro de la ignorancia? Esos hombres no conocen el poder de los

Jenios, sino por el mal que les hace; i, sin embargo, olvidan ese mal,

por dar rienda a su egoismo, i sirven lo mismo que aborrecen.

--¡La ignorancia!

--Sí: observa la verdad de lo que te he dicho ya. Aquellos monstruos que

encantan i aprisionan a la libertad, no son sino una alegoria de la

verdad. Esos monstruos existen en la sociedad, son la sociedad misma,

porque en ella están la ignorancia, la mentira, el fanatismo i la

ambicion: circulan en su sangre. Recuerda lo que has visto, observa lo

que ves. ¿No viste ya la ambicion entronizada, trabajando por sostener

su imperio? ¿No viste ya la mentira infiltrada en la prensa i en la

sociedad? Vé ahora la ignorancia encarnada en el pueblo mismo: observa

mas i la irás encontrando en todas partes entrelazada fuertemente, de un

modo indisoluble, con la mentira i el fanatismo. ¿Comprendes ahora cómo

es que esos monstruos no pueden ser combatidos ni vencidos con el hierro

i el fuego? ¿Comprendes que para vencerlos por la fuerza seria preciso

decapitar a la sociedad entera?

--¡Sí, Lucero: tú me iluminas, pero abates mi espíritu con tan terribles

verdades, que me dan a conocer que la libertad no puede salvarse de sus

enemigos, que la libertad es imposible!....

--No, Guillermo:¡la libertad no es imposible! ¿Por qué desesperas? La

libertad es la justicia misma i existe en la naturaleza del hombre. Es

cierto que ella aborrece la violencia, porque su triunfo no es la

fuerza; pero aunque lentamente, tarde o temprano, se abre paso ayudada

por la ilustracion que mata la ignorancia, alumbrada por la verdad que

ahuyenta la mentira. Cuando la accion de estos ajentes es dirijida por

el patriotismo, ese amor celestial, esa caridad fecunda, que armoniza

nuestro interes con el de todos i que enjendra la noble ambicion de

enaltecer la patria que nos dió el ser, entónces no se hace esperar el

triunfo de la justicia; de la justicia que, inspirando seguridad a

todos, derrama en la sociedad la confianza, la tranquilidad i el

contento, que dan dignidad al hombre i brillo a las naciones. ¡Ese es el

imperio de la libertad!

Antaño i Ogaño: Novelas i Cuentos de la Vida Hispano-Americana · 第 55 / 113 题