Tambien hai brujas hechiceras.
¡Qué órden tan admirable reinaba en el pais de Espelunco! Allí estaba el
modelo del buen gobierno, no a lo Felipe II, que era lo que en otro
tiempo se llamaba buen gobierno, sino del buen gobierno a la moda, que
consiste en esclavizar al pueblo i en apretarlo hasta hacerle saltar la
sangre i las lágrimas a nombre de la libertad en el órden[12] i de los
progresos i felicidad universal. Bien decia Mefistófeles: «La
civilizacion que pule al mundo se ha estendido hasta el diablo: no se
trata hoi de cuernos, de cola, ni de garras.... A ejemplo de los
jóvenes, he adoptado, desde muchos años ha, la moda de las pantorrillas
postizas.»
[12] Este era el lema de la política de entónces.
Tal ha hecho el despotismo civilizado. Es preciso ser mui torpe para
despotizar hoi como el rei Bomba, para presentarse al pueblo con
cuernos, garras i cola, o con otras deformidades o adefesios a la laya,
cuando se puede dominar tan bien a la sombra de una palabrota,
como:--«El imperio es la paz;» «Viva la federacion, mueran los salvajes
unitarios;» «El principio de autoridad;» «La libertad en el órden i el
órden en la libertad;» o si no, gritando como los moros que invadian la
España:--«Viva la relijion, vamos robando.»
Los Jenios comprendian bien i hacian mejor su tarea. El barrio de los
imbunches era un gran seminario, donde se preparaban buenos ciudadanos,
pacíficos, modestos i mansos, como bueyes. A los tontos no hai necesidad
de prepararlos, a los egoístas tampoco, a los ignorantes ménos, a los
palomos basta arrojarles migajas; pero a los que nacen con el espíritu
chispeante, es necesario apagárselo, i para ello era un escelente medio
el imbuncharlos. Allí estaban los imbunches, inermes e inertes, andando
a tientas i a topetones, bajo la direccion de las brujas que los cosian
i que los dirijian en sus pasos dentro de aquel limbo de preparacion.
Mejores directores no podian haber hallado los Jenios, si es que
condicion de las brujas sea el ser engañadoras, embusteras, rabiosas,
envidiosas, cobardes i aleves.
Cuando Mr. Livingston cayó allí arrojado por los demonios, torbellinos
de brujas se revolvian a flor de tierra tirando hebras de hilo de una
madeja sin cuento que se disputaban, se quitaban, arrojaban i enredaban;
otras enhebraban convulsivamente sus agujas, i algunas las esgrimian en
ademan de dar puntadas, haciendo visajes horrendos. Todas chillaban como
micos, ahullaban como perros, mayaban como gatos, i gritaban i silbaban
i pifiaban.
Un enjambre de brujas se echó sobre don Guillermo, cuando le vieron caer
como llovido i en la misma situacion en que debió encontrarse el padre
Adan, cuando se halló de repente en el paraiso, estupefacto, abismado i
sin alientos para tener malicia, ni pudor, ni virtud, ni esperanza, ni
fé, ni caridad. Ese interregno del alma, esa evaporacion del espíritu
producida por el espanto, realzó la belleza natural del ingles,
bañándole de un candor apacible, de una inocencia inefable, como la que
forma aureola al niño hermoso que descansa desnudo en el regazo de su
madre.
Las brujas se lo arrebataron i disputaron con una algazara propia de
moros encarnizados en un combate: cual le tomaba en sus brazos, ésta le
hacia saltar por el aire, aquella le peloteaba, la de mas allá volaba
con él bien aferrado, hasta que una turba la alcanzaba i se lo quitaba
para volar con él en direccion opuesta. Todas preparaban sus agujas,
algunas le tiraban sus puntadas i todas se enredaban i estorbaban por
coserle las primeras.
Pero una bruja hermosa, que tambien las hai; bruja que no merecia el
nombre de tal, sino el de hechicera, porque cautivaba con sus ojos que
habian robado algo a la esmeralda, porque prestijiaba con sus
movimientos graciosos, i con una cabellera castaño claro capaz de
enredar el alma como una mosca en la telaraña, se apodera de repente del
neófito. La caterva la sigue con furor, pero ella con sus hechizos, con
sus untos o sus polvos, no se sabe cómo, se convierte, i metamorfosea al
ingles en un abrir i cerrar de ojos, en pájaro, i ámbos a dos tienden el
vuelo, dejando el torbellino de brujas viejas i de brujas niñas
revolcándose de rabia. Muchas repitieron la misma metamórfosis, pero
aunque hubieran volado como el halcon, ya no era posible alcanzar a la
bella pareja que se remontaba i se perdia de vista.