Los imbunches.
¡Feliz mil veces el que nace con alma de cántaro! Para ese, el coser i
hacer albardas todo es dar puntadas; i no ha menester de que a él le
peguen ninguna para ajustarle a un molde. El que tiene el alma vacía se
amolda a todas las ideas, o mejor dicho, recibe en su vacuidad cuanto le
derraman. ¿Qué mas le da que el mundo marche al oriente que al poniente,
que triunfe Dios o Lucifer, que el hombre viva en libertad o muera en la
esclavitud? Para él todo es uno, porque en este número se encierra toda
su filosofía.
En la Cueva del Chibato no se hacia imbunches a esa clase de hombres,
porque los jenios del pasado encuentran en ellos su mejor cosecha. La
gran mayoría de los seres humanos nace para la esclavitud, o por lo
ménos para servir de pasto o de sosten a los tiranos. ¡Qué amarga es
esta verdad! ¡Qué terrible! ¡Qué ofensiva al orgullo del hombre! ¿Pero
se puede acaso dudar de ella en presencia de los millones que viven
sometidos a la voluntad de un déspota, i de los millares de servidores,
santificadores i cantores que halla el despotismo donde quiera que el
infierno lo vomite?
Deciamos, pues, que contra esa gran mayoría no ejercian su poder los
jenios de Espelunco, sino contra los rebeldes que naciendo un poco mas
alumbrados, se enamoran de la libertad i sirven a su triunfo. Pero como
entre éstos hai variantes, como en todas las plantas de una misma
familia, sucede que muchos de los que no nacen para esclavos, son
palomos a nativitate, porque tienen la condicion de seguir al primero
que les hace _pió, pió, pió_ i les arroja algunas migajas. Admirable
poder del hambre sobre la naturaleza, poder que modifica hasta los
instintos de la organizacion. Para éstos no habia en el pais de
Espelunco ni costuras, ni suplicios, sino migajas i buen grano, pues los
palomos tienen alas para trasmigrar de rama en rama en busca de su
alimento.
Las costuras se reservaban solo para los espíritus fuertes, para
aquellos que conciben la verdad, que la aman i la proclaman, que la
sirven i se hacen crucificar por ella.
En esto estaban perfectamente de acuerdo los usos de la Cueva con los
del mundo que habitamos. Alguien ha dicho con mucho acierto que en todos
tiempos se ha sacrificado o quemado a los pocos hombres que han sabido
alguna cosa i que han sido bastante locos para dejar desbordar sus almas
i para revelar al pueblo sus sentimientos i sus miras; i no hai nada de
estraño en ello, puesto que en todos los tiempos los sacrificadores i
los quemadores no han podido sostener su autoridad sino a la sombra de
la mentira.
El buen corazon revela la verdad a los ignorantes, i la ciencia descubre
a los sabios la razon de las cosas; pero como el poder de los reyes i de
los presidentes no tiene corazon, o si lo tiene, lo tiene malo i
corrompido; i como anda siempre atras de la ciencia, ha sucedido siempre
que los amantes de la verdad i de la razon han sido despreciados i
sacrificados como locos o perturbadores del órden de cosas que se apoya
en la mentira i en el mal. No parece sino que los gobiernos tuviesen
constantemente a su oreja un Mefistófeles que les estuviera gritando a
toda hora:--«Despreciad la razon i la ciencia, esas fuerzas supremas del
hombre; dejad al espíritu de la mentira que os afiance en sus obras de
ilusiones i de encantamentos;»--pues vemos en todas partes i en todos
tiempos, que los que mandan se esfuerzan por sostener el error, cerrando
los ojos a la luz de la ciencia que les descubre la verdad i que les
revela la injusticia de sus leyes i de sus actos. ¡Ai del que tiene
espíritu fuerte para proclamar la verdad! La persecucion i el sacrificio
son su lote, i si tiene bastante fortuna para escapar con vida, el
desencanto i el cansancio completan la obra, agotando su fé,
inhabilitándole para siempre: son raros los que salvan de ese naufrajio.
Ese es el mundo; pero en Espelunco se habia perfeccionado el sistema:
allí se habia sustituido la aguja a los medios ordinarios de persecucion
usados por el despotismo vulgar. La aguja, este antiquísimo
instrumentillo, que en los tiempos modernos ha sido tan perfeccionado,
servia a los jenios del pasado para secuestrar completamente, para
anular a los hombres animosos que no nacieron para la esclavitud, ni
para ceder al hambre como los palomos. ¡Cuánto ganarian los gobiernos si
adoptaran ese plan! Anulando a los amigos de la verdad i de la justicia,
anularian tambien la libertad; secuestrándolos, no en una cárcel, sino
en la sociedad misma, inhabilitándolos por medio del desprecio i del
olvido, convirtiéndolos en verdaderos párias, los desarmarian i se
ahorrarian de sacrificarlos pomposamente en un destierro, en un calabozo
o en un patíbulo. Allá en la Cueva se hacia esto fácilmente imbunchando
a los rebeldes: acá, al aire libre, se puede tambien imbuncharlos, sin
coserlos, pues basta agotarles el espíritu por medio de una perpetua
hostilidad.[11]
[11] Esto era lo que sucedia en Chile a la época en que se
escribia esta pájina, i es lo que sirve de tema a la alegoria del
cuento.
No sino, cosed a un infeliz mortal todas sus avenidas, todas sus
entradas i salidas. Mantenedle así algun tiempo contrariado en todos sus
instintos naturales, en todos los usos i costumbres que su organizacion
le imprime, i vereis cómo su espíritu se agota, su fé se disipa, sus
fuerzas se aniquilan. Esa era la suerte a que estaba sentenciado nuestro
valiente don Guillermo, i los demonios, ayudantes de la justicia
ordinaria de aquel pais embrujado, le habian arrancado del De Profundis
en que fué interrogado para conducirle al barrio de los imbunches.